Capítulo Quince:


[EL TESORO]


Hinata se despertó con el sonido de una risa afuera de su prisión en la torre. Desorientada, tardó en recordar todo lo que había sucedido el día anterior. Cuando tomo conciencia un grito de espanto escapo de sus labios. Era prisionera de Hidan.

Su escolta Namikaze compartía su cautiverio, al igual que el Padre Lachlan. Vio la comida congelada en la bandeja y recordó que se había negado a comer la noche anterior cuando un adulador Hidan la había traído.

La risa se hizo más fuerte. Entonces la puerta se abrió. No le sorprendió ver a su hermanastro y Õtsutsuki de pie en la apertura. Levantó la barbilla con un ángulo desafiante.

—Espero que estén temblando en sus botas. Mi marido va a tomar represalias en cuando se entere de esto.

—Tu ya no tienes marido, Hinata —, dijo Toneri. —eres libre para casarte conmigo como hace mucho debimos haberlo hecho.

Hinata enderezó los hombros.

— No puedes forzarme.

— Oh, sí, puedo. Y lo harás con mucho gusto.

—Exactamente, ¿cómo tienes la intención de que eso suceda?

—¿valoras la vida de tus guardias?

Hinata palideció.

—No te atreverías.

—Me atrevo mucho, señora.

—El rey te va a castigar.

Las risas de ambos se unieron.

—El rey nos da las gracias a nosotros por revelar los actos de traición contra él

—¿No temes que pueda colocar un hechizo en ti? Una vez amenace con marchitar tu virilidad. Todavía puedo.

Toneri se movió incómodo. —No me amenaces, señora. Si tratas de poner un hechizo sobre mí, matare primero al padre.

Horrorizada, espetó: —¿Qué es exactamente lo que quieres de mí? ¿Cómo pueden mis poderes ayudarte?

—Una vez casados te lo diré.

—No me casare contigo.

—Hidan —, dijo Õtsutsuki, —podéis empezar a ejecutar a los hombres de Naruto. Os recomiendo empezar con el sacerdote.

—¡No!— Declaró Hinata. —¿No tienes corazón?

—Obedece y todo estará bien. Nadie va a ser lastimado, y el Padre Lachlan podrá acompañar a los Namikaze a su fortaleza después de la boda.

—Voy a ir contigo pero sin casarme.

Õtsutsuki negó con la cabeza. —El matrimonio es la única manera en que puedo obligarte a ir.

—Salva mi escolta y me comprometo a permanecer contigo hasta que obtengas lo que quieres de mi.

—No vamos a caer en tus trucos—, advirtió Hidan.

Hinata señaló con el dedo a Hidan y lentamente lo movió hacia abajo. Cerrando los ojos, empezó a cantar, consciente de que lo que tenía no era más que una táctica de miedo. Mas Hidan debió haber pensado lo contrario, porque se agarro la ingle y soltó un chillido agudo.

—¡Maldita sea! Retira el hechizo.

Consciente de que ahora tenía el sartén por el mango, Hinata dijo: —Libera a los hombres de Naruto.

—Después de la boda—, repitió Õtsutsuki. —Tengo que usar tus poderes para encontrar algo que perdí hace mucho tiempo. Las cejas de Hinata se alzaron hacia arriba. Finalmente Õtsutsuki le había dado una razón, aunque no la satisfacía. ¿Qué estaba buscando?

—Te dije mis condiciones. Te ayudare a encontrar lo que has perdido. Si tengo éxito, tienes que dejarme volver a mi marido.

—¡Olvídate de Õtsutsuki! Retira el hechizo! —Declaró Hidan con miedo — Sí a todo lo que decís. No quiero ser un eunuco.

—Seras un cobarde—, se burlaba Õtsutsuki. —En el momento en que los liberes nuestro control sobre la bruja se habrá ido.

—Bastardo egoísta. Tu no tienes el hechizo encima.

—Puedes dejarlos en libertad al día siguiente de nuestra partida.

—Elimina el hechizo, Hinata,— gritó Hidan. —Me comprometo a liberarlos.

Hinata pretendía considerar la propuesta de Hidan. Al fin dijo:—No me casare con Õtsutsuki, y si me obligas no te quitare el hechizo.

—No —, dijo Hidan. —De cualquier manera la dote sigue bajo mi control. No sera difícil encontrar lo que Õtsutsuki ha perdido. Prometo que la escolta será liberada sano y salvo cuando te marches con el.

—Si te niegas los ejecutaremos—, agregó Õtsutsuki. —Yo no quiero casarme contigo ni tener que llevarte a la cama.

—¡Espera!—, Exclamó Hinata. Esto se está saliendo de control.

La mente era un arma poderosa. A pesar de que no había hecho nada más que un canto de unas pocas palabras confusas, Hidan había creído de verdad que había colocado un hechizo sobre él. Ahora tenía que hacer que pensar en sus poderes eran aún más fuertes.

— Estoy dispuesta a acompañar a Õtsutsuki si me prometes que liberaras a los hombres del clan de Naruto el día después de nuestra partida. Sólo entonces el hechizo se levantara.

Hinata contuvo la respiración, observando muy de cerca a Hidan mientras reflexionaba sobre sus palabras. Todo dependía de su creencia en sus poderes mágicos.

—Estoy de acuerdo. Los soltare en cuanto te vea partir.

— ¿Estás listas para viajar?—, Preguntó Toneri, al parecer impaciente.

—Sí. Cuanto más pronto llegue más pronto podre encontrar lo que perdiste. Quiero volver a mi marido sin demora.

—Olvidas el edicto del rey—, Dijo Hidan. —Ya no estas casada con Namikaze. Soy tu tutor legal y el guardián de tu dote. Dado que ningún otro hombre en su sano juicio va a casarse contigo, no me importa lo que hagas después de Õtsutsuki. Vuelve con Naruto Namikaze y se su puta, si te place.

Agarrándola del brazo, la obligó seguir a Õtsutsuki a la puerta.

—Nuestros caballos están a la espera en el patio.

—Quiero llevar mis cosas—, dijo Hinata, señalando la cesta que contenía sus medicinas.

—Pero date prisa. Quiero llegar a mi fortaleza antes de caiga la noche. — Hinata cogió sus pertenencias, y luego siguió a Õtsutsuki abajo. Una docena de Õtsutsukis se arremolinaban en el patio. Su caballo había sido ensillado. Toneri dio la orden de montar y Hinata fue alzada agarró las riendas cuando marcharon a un ritmo acelerado.

—¡No olvides tu promesa!— Dijo Hinata por encima del hombro a Hidan.

—No olvides la tuya—, Gritó Hidan a su espalda.

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La ansiedad atrapo a Naruto. No debía haber dejado salir a Hinata. ¿Qué había estado pensando?.

Shikamaru le dio una palmada en el hombro.

—No te preocupes, Naruto. Estoy seguro que pronto tendremos noticias.

—Iré a Byakugan Tower. Enfermedad o no, no confío en Hidan MacHyuga.

—Me parece que os habéis enamorado de la muchacha—, dijo Shikamaru — Te ha hechizado, nunca pensé llegar a ver el día en que había de verte bebiendo los vientos por una mujer. Has cambiado desde que volviste de Francia. Ya no parece afectarte la muerte de Sakura.

—Sakura es mi pasado, Hinata es mi futuro—, dijo Naruto, sorprendido por su disposición a revelar tanto a su primo.

—¡Es verdad!—, dijo Shikamaru, —¿Amas a la muchacha?

—No quería. Me negaba a creer en profecías, pero Hinata hizo un creyente de mí. Ella dice que me ama, y de acuerdo con la profecía, si su amor es correspondido sus poderes crecerán. Si ella mantiene sus poderes, no podre impedirle utilizarlos. Y si los usa, la gente seguirá temiendole. Sabes lo peligroso que es eso.

—Quieras o no, la amas — Naruto negó con la cabeza, negándose a reconocerlo.

—Siempre has sido un bastardo testarudo—, dijo Shikamaru cuando el silencio se extendía entre ellos.

—No puedo esperar más—, anunció Naruto, cambiando abruptamente el tema. —Me voy a Byakugan para reclamar a mi esposa. Quiero una docena de hombres armados y listos para que me acompañara en una hora.

—Sus deseos son ordenes mi Laird — dijo Shikamaru.

Naruto giró alrededor, casi chocando con Amaru.

—Fuera de aquí, mujer.

—He oído lo que Shikamaru te decía—, confió Amaru. —No creo que ames a Hinata. Te ha embrujado. —Ella se deslizó cerca, presionando sus pechos contra su brazo. —Déjame ayudarte a romperlo. Llévame a tu dormitorio ahora. Se que hacer para hacerte olvidar a tu esposa.

—No pierdas el tiempo, Amaru—, aconsejó Naruto. —No voy a romper mis votos matrimoniales. Uno de los elegidos de Dios me enseñó el significado de la fe.

—Eres un tonto—, escupió Amaru. —Debiste casarte conmigo Naruto Namikaze. Todo el mundo creía que nos casaríamos cuando volviste de Francia.

—Tú fuiste la única que lo pensó, Amaru— empujándola siguió su camino. Armado con su espada, escudo y puñal, Naruto se unió a sus guardias en el patio. Vestidos con idénticos cuadros Namikaze.

—Vamos a seguirte a donde vayas—, dijo Shikamaru, llegando a su lado. —Tenemos ganas de una buena pelea.

—Espero no llegar a eso—, dijo Naruto lacónicamente. —Quizá mis temores son en vano.

Y diciendo esto, dio la señal para montar y precedió a sus hombres a través de la puerta. El destino quiso que, Naruto se encontrara con la escolta de Hinata mucho antes de llegar a Byakugan. Espoleó a su caballo a su encuentro. Sus hombres siguieron.

—¡¿Dónde está Hinata?!—, Gritó Naruto, frenando bruscamente. —¿Qué sucedió en Byakugan?

—Perdóname, Naruto—, dijo Chõji. —Debería haber esperado un truco. Nada en el interior del torreón parecía fuera de lugar cuando llegamos. El mayordomo de MacHyuga se ofreció a mostrarnos a nuestros aposentos. No teníamos idea de que eramos conducidos directamente a una trampa. No importa que tan valientemente se luchó. Nos superaban en número y fuimos desarmados y encarcelados en la mazmorra.

—El padre Lachlan nos engañó—, escupió Naruto.

—No, él se unió a nosotros en el calabozo. Aquí se encuentra ahora.

—Les ruego su perdón—, dijo el sacerdote. —Jamas tome parte en las maquinaciones de Hidan.

La expresión de Naruto se ensombreció.

—¿Dónde está mi esposa?—preguntó.

—Sólo sé lo que Hidan me dijo — explico el padre Lachlan— me entrego esto para vos. Le entregó un pergamino enrollado. Naruto lo abrió, el miedo le revolvió las entrañas mientras revisaba las palabras.

—¡Maldito hombre del infierno!—, Gritó Naruto cuando llegó al final del documento.

—¿Qué es?—, Preguntó Shikamaru.

—MacHyuga y Õtsutsuki han convencido al rey a anular mi matrimonio con Hinata. ¡Los hijos de puta!. Les voy a retorcer el cuello.

—Cálmate, muchacho—, aconsejó el padre Lachlan. —Vamos a volver a Konohagakure y pensar en esto. No importa cómo Hidan haya obtenido este documento, parece legal.

—¿Esta Hinata todavía en Byakugan?

—No, Õtsutsuki se la llevó.

—¡Õtsutsuki! ¡No! —Sacando su espada, Naruto la esgrimió en el aire. —¡Para la fortaleza Õtsutsuki!

—Atiende a la razón—, advirtió Shikamaru. —Vamos a reducir nuestras fuerzas si tratamos de tomar por asalto el castillo. Es casi inexpugnable.

—¿Estás sugiriendo que le deje mi esposa a Õtsutsuki?

—Ella ya no es tu esposa,— le recordo Shikamaru.

Naruto se volvió hacia el padre Lachlan, con una expresión sombría. ¿Sabes si el hermanastro de Hinata la obligo a casarse con Õtsutsuki?

—No que yo sepa. Me dijeron que se fue voluntariamente con Õtsutsuki. Cuando le pregunté a uno de los guardias, MacHyuga amenazó con ejecutarnos si ella se negaba a ir. El hombre no sabía nada acerca de un matrimonio.

—¿Qué es lo que Õtsutsuki quiere de ella?— Murmuró Naruto. —¿Por qué MacHyuga quiere dejar de lado nuestro matrimonio?

—Yo puedo responder a la última pregunta— replicó el sacerdote — Hidan no quiere desprenderse de la dote de Hinata. Una vez que su matrimonio se disuelva, recuperara el control de su riqueza. En cuanto a Õtsutsuki, su conjetura es tan buena como la mía.

Naruto se irguió en la silla, volvió su rostro hacia el Bastión de Õtsutsuki y gritó: —¡Muerte a los Õtsutsuki!

—No, muchacho—, exhortó el padre Lachlan. —Tiene que haber otro modo. Solo una persona puede devolveros lo que habéis perdido.

—¡El rey!— Escupió Naruto.

—Dios, no el rey—, respondió el sacerdote.

—Me niego a sentarme a esperar la intervención divina— dijo Naruto — Dios ayuda a aquellos que se ayudan.

—Los hombres están ansiosos, Naruto—, dijo Chõji. —¿Nos vamos a la fortaleza Õtsutsuki o regresamos a casa?

Naruto sabía lo que quería hacer, pero se dio cuenta de que no era la elección más sabia. Hinata era una muchacha de recursos, tenía que confiar en ella para prevenir que Õtsutsuki le hiciera daño. Después de todo, sus poderes no podían ayudar a Õtsutsuki si no existían.

—Vamos a volver a Konohagakure—, dijo Naruto inexpresivo — De alguna manera, tengo que convencer al rey para restablecer mi matrimonio con Hinata.

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Hinata había sido encerrada en una cámara con pocos muebles a la llegada al bastión Õtsutsuki. No tenía idea de lo que Õtsutsuki quería de ella y estaba impaciente por descubrirlo. ¿Habría Hidan liberado a los miembros del clan de Naruto como le había prometido?

Si Hidan había cumplido su palabra, a Naruto ya le habían dicho que ya no tenía una esposa. No había nada que pudiera hacer al respecto del edicto del rey. Hinata pasó todo un día y la noche en una celda antes de ser llamada por su captor. Hinata se levantó para saludarlo.

—¿Qué es lo que quieres de mí?—, Desafió ella.

—Baja la barbilla, Hinata. No me das miedo.

—¿No tienes miedo de mi magia?. —Õtsutsuki retrocedió un paso. —Dime lo que quieres.

Toneri se acercó a la ventana y miró hacia afuera.

—Hace muchos años, durante el reinado de mi bisabuelo, el castillo fue objeto de estado de sitio. El castillo no estaba fortificado como lo es ahora, y mi ancestro temía que cayera en manos del enemigo.

—¿Qué tiene eso que ver conmigo?—, Preguntó Hinata.

—Estoy llegando a eso. Durante el asedio, mi bisabuelo escondió la riqueza que había acumulado a través de los años y no se lo contó a nadie. No confiaba en nadie para rebelarle la ubicación del escondite. Por desgracia, mi bisabuelo cayó bajo la de su enemigo. El tesoro nunca se ha encontrado, aunque no por falta de búsqueda.

—¿Quieres que te diga dónde está escondido el tesoro de tu ancestro?— supuso Hinata. Õtsutsuki sonrió.

—Yo sabía que eras una chica inteligente. Localizar ese tesoro debe ser una tarea fácil para alguien con talento. No importa cómo lo hagas sólo dame lo que quiero.

Hinata negó con la cabeza.

—No tengo poderes, no hay magia. No soy nada más que una sanadora.

— vi hacer magia ayer en Hidan.

—Era una farsa. Mentí sobre el hechizo.

Una feroz expresión se marco en el rostro desencajado de Õtsutsuki.

—¡Busca mi tesoro, bruja! Si no lo haces deberás atenerte a las consecuencias.

—¿Me dejaras irme si puedo encontrar el tesoro?

—Sí, tienes mi palabra. Después de que tenga mi tesoro, te podrás marchar. Mis gentes no te quieren aquí.

Hinata suspiró.

—Voy a necesitar tiempo para encontrarlo. Y se me debe permitir explorar el castillo.

—¿Tengo tu palabra de que no trataras de escapar?

—Sí, la tienes.

—Esta bien, dejare la puerta abierta. También podrás comer con los demás en la sala. Busca mi tesoro en un plazo de tiempo razonable, de lo contrario voy a encontrar una manera de castigarte. Hidan juró que tenías poderes y ahora los utilizaras.

Hinata se dejó caer sobre la cama. ¿Qué hacer cuando Õtsutsuki se enterara que no tenía poderes?. Los había perdido al enamorarse de Naruto. El único poder que le quedaba era su inteligencia. Había comprado algo de tiempo y tenía la intención de usarlo.

Empezaría por buscar el castillo de arriba a abajo. Si el tesoro existe, lo encontraría.

Hinata se alisó la falda y dejo la cámara. Cuando llegó a la sala, toda conversación se detuvo. La gente se volvió y la miró fijamente. Sentía el miedo en ellos su aura combinado era oscuro y amenazante. Ellos no la querían mas de lo que ella deseaba estar ahí. Quería ir a casa a su hogar en Konohagakure, a Naruto, incluso si ya no era su marido.

Hinata tomó un asiento en uno de los cuadros inferiores y se sirvió comida de la bandeja que se pasaba alrededor. Inmediatamente los demás se levantaron y se trasladó a otras mesas. Mortificada, Hinata ignoró el insulto y siguió comiendo como si no pasara nada. Mientras comía, se dio cuenta de un hombre con la mandíbula hinchada. Supo de inmediato que el pobre tenía un absceso dental y quería ayudarle.

Cuando pasó cerca, dijo:

—Yo puedo ayudarle si me lo permite. Un pose de hierba en el diente hará bajar la hinchazón, y un té de las mismas hierbas debe aliviar el dolor.

El hombre retrocedió con miedo.

—Eres una bruja señora. —Luego se volvió y se fue.

—Hombre tonto—, murmuró Hinata que terminó su comida. —Sufre. A continuación, Hinata tomó el asunto en sus propias manos y buscó al ama de casa. Su nombre era Hilda, y aunque ella no huyó, Hinata podía adivinar que estaba asustada.

—No te haré daño, Hilda, ni a ninguno de sus parientes. Soy una curandera, no una bruja. Mientras estoy aquí, quiero ayudar.

—Yo... no sé, señora, —tartamudeó Hilda — Toneri dijo que eras una bruja. Él os ha traído aquí para encontrar el tesoro que su antepasado escondió.

—¿Me veo como una bruja?

Hilda miró fijamente.

—No, pareces un ángel.

—No puedo cambiar la opinión de los demás. Pero quiero que sepas que no hago mal. La razón por la estoy aquí es porque Õtsutsuki dijo que podía buscar en el castillo, y me gustaría hacerlo.

—Duncan es el administrador de Laird. Voy a buscarlo— se apresuró a marcharse. Hinata se dio cuenta de que vivir entre los Õtsutsukis no iba a ser fácil. Esperaba encontrar el tesoro para poder regresar a casa el hogar de Naruto.

Una visión de Amaru íntimamente entrelazada con Naruto apareció ante sus ojos. Se llevó la mano a la boca, ahogando el grito que se alojaba en su garganta. ¿Sus poderes habían regresado? ¿O era su visión producto de su imaginación? Por favor, Dios, rezaba, que la visión sea mi imaginación.

Hilda regresó con Duncan. Quiso la suerte que fuera el hombre con la mandíbula hinchada que se había ofrecido a ayudar.

—Toneri dijo que podría buscar en el castillo. Me gustaría comenzar en la parte superior y continuar hasta la mazmorra. Quiero a inspeccionar cada cámara, no importa cuán pequeño o insignificante sea.

Con el rostro contorsionado por el dolor, Duncan le dio un guiño triste.

—Sígueme, señora.

Hinata saltó para ponerse al parejo con sus pasos.

—¿Tienes dolor todavía, Duncan?

La respuesta amortiguada de Duncan le dijo a Hinata que aún sufría. Si tuviera sus poderes podría sanarlo, con un toque.

—¿Me dejas ver tu diente?—, Preguntó Hinata. —no soporto ver a un hombre con dolor.

Duncan se detuvo abruptamente. Él se volvió para mirarla.

—El dolor es terrible, señora. ¿Podéis usar la magia para curarme?

—No tengo magia, Duncan, pero soy una sanadora. ¿Me permite aliviar tu dolor?

Duncan dio marcha atrás, el miedo grabado sus ojos.

—¿Sabes lo que es una mujer del País de las Hadas?—, Preguntó.

—Sí. Según la leyenda, las mujeres son sanadoras.

—Soy una mujer de País de las Hadas, Duncan. Mi vida está dedicada a ayudar a otros. Yo trabajo en formas misteriosas, pero no estoy mal, ni hago daño a nadie.

—Es lo que vos decís— resopló Duncan. —Sígueme, señora.

—Duncan.

Se volvió lentamente.

—¿Sí?

Hinata se le acercó con cautela. Tendió la mano, le tocó la mandíbula, pasando sus dedos por la hinchazón. Sintió en sus dedos una sensación de hormigueo, sintió la ráfaga de calor conocido por su brazo, seguido por una sacudida de dolor.

Sus ojos se abrieron. ¿Cómo podía ser eso? Había perdido sus poderes. Buscando la cara de Duncan, no veía diferencia alguna en su expresión. Su imaginación debe estar trabajando horas extras.

Duncan simplemente le envió una mirada extraña y continuó su camino. Los siguientes días, Hinata hurgó en las cámaras frigoríficas del castillo y continúo en las dependencias. Sus sentidos permanecían apagados.

Sin sus poderes, ella no tenía la menor idea de dónde encontrar el tesoro, a pesar de que pasó varios días poco a Toneri. Iba y venía de su negocio de la ganadería. Una semana después de que ella llegara al castillo, el terrateniente irrumpió en su habitación y exigió respuestas. Por supuesto, Hinata no tenía nada y le pidió más tiempo.

—Necesito ese tesoro ahora—, gruñó Õtsutsuki. —El rey exige dinero a los jefes de las Highlands para ayudar a pagar su rescate, y mis arcas están vacías. Tienes dos días más para encontrar el tesoro.

Hinata pensó inmediatamente en Naruto y oró por su seguridad. Ella sabía que él era un guerrero experimentado, pero incluso los guerreros caían en la batalla.

—¿Todos los terratenientes responderán al llamado de las armas y el dinero?— Õtsutsuki resopló. — Lo dudo. Están descontentos con el rey. Fue demasiado lejos cuando ejecuto a cinco de sus miembros.

—Seis, si Naruto hubiera ido—, le recordó Hinata.

—Sí, seis. Naruto Namikaze tiene más suerte de la que merece. Considera esta posibilidad, Hinata. Si no encuentras mi tesoro, no creo que ha nadie de aquí le disguste la idea de verte quemada en la hoguera.

Hinata se paseó por la cámara después de que Õtsutsuki se fue, atormentando su cerebro para buscar una respuesta a su dilema. No tenía la menor idea de dónde podía estar el tesoro. Un golpe en la puerta la distrajo de su ensoñación. Lo abrió para encontrar a Duncan en el umbral. La hinchazón ya no era evidente.

—Señora, perdóneme—, dijo Duncan, retorciéndose las manos.

—¿Por qué?

—Por dudar de vos. Vos me sanasteis. La hinchazón ha desaparecido y mi diente ya no me duele. Me has curado con un simple toque. Sois realmente una mujer del país de las Hadas, y lo siento por dudar de vos.

—¿Cuándo se llevo a cabo esta curación?—, Preguntó Hinata, confundida. ¿Cómo podrían sus poderes haber regresado?.

—Después de que me has tocado.

—¿Por qué esperó tanto tiempo para decírmelo?

—Tenía miedo, señora. Al principio no quería creerlo, pero ya no puedo negarlo. Gracias a vos, señora.

Hinata no podía hablar, sólo pudo asentir con la cabeza cuando Duncan se marchó.

¿Qué significaba esto? ¿Habían regresado a sus poderes? Hinata se fue a la cama esa noche con la mente perturbada. Se despertó durante la parte más oscura de la noche con voces resonantes a través de su cabeza. Confundida al principio, pero al final comprendió las palabras. Los espíritus querían que ella fuera a la ventana.

Ignorando el frío que se filtraba a través de sus huesos, se levantó y descalza avanzo a la ventana. Había luna llena, iluminando el patio de abajo con la luz brillante.

—¡Es ahí!—, susurró la voz.

—¿Qué? ¿Qué estás tratando de decirme?

—El tesoro. Esta allí, bajo el árbol de serbal, enterrado en el fondo de un pozo abandonado.

Una ola de mareo se extendió por Hinata. La negrura se cerró en torno a ella y no supo más.

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Continuará...