Ninguno de los personajes en esta historia me pertenece.
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La caja de Pandora
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Lo malo de los sábados era que no había absolutamente nada que ver en la televisión.
Sí, muchos preferirían salir y disfrutar del día. El sol, el aire fresco, los amigos, y demás tonterías. Hiro no era de esos. Estar afuera era incluso más aburrido que quedarse dentro porque entonces no tenía nada que hacer, solo sentarse con sus pensamientos y para eso prefería utilizar su habitación. En cuanto a las amistades: las pocas que tuvo se habían perdido cuando se egresó antes que los demás chicos de su edad. La mayoría en su clase lo había considerado engreído (simples palabras de envidia) y los pocos que lo toleraban lo habían despedido con promesas de mantenerse en contacto que ninguno pensaba cumplir.
El precio de la inteligencia.
Así que, para distraerse, prefería encender el televisor y observar con ojos vacíos la caricatura que ya había visto más de tres veces; dejar que su mente descansara de un modo que solo la pantalla del televisor podía permitir, perdida en un mundo abstracto y nulo. Era así como lograba "apagar" los pensamientos que usualmente se arremolinaban en su cabeza sin forma de escapar. Cuando podía, los dejaba fluir en forma de proyectos y planes, pero había momentos como ese en donde no quería nada más que calmar su cabeza y relajarse.
No pensar en nada.
La puerta interior del garaje, la que conectaba la cocina con el mismo, se abrió. Hiro no apartó la mirada del aparato pero por el rabillo del ojo pudo diferenciar a Tadashi. No le prestó atención siquiera cuando su hermano se acercó hasta detenerse junto al sillón en donde Hiro se encontraba recostado despreocupadamente, con la cabeza sobre un apoyabrazos y las piernas estiradas hasta el otro.
—Vaya, esto sí que es vida, ¿hm?
Hiro respondió con un sonido gutural que no transmitía nada más que reconocer que el otro le había hablado.
—¿Qué estás mirando? —Tadashi inclinó el cuerpo (innecesariamente, si Hiro debía decirlo) para observar la pantalla—. Ah, el viejo He-man. Clásico.
Por fin Hiro apartó la vista del televisor luego de lo que parecieron horas y miró a su hermano con una mueca sarcástica; sonrió de medio lado. Tadashi también sonreía, pero era aquella sonrisa ligera acompañada por unos párpados relajados, casi entrecerrados, que él nunca sabía descifrar. La propia sonrisa de Hiro se tornó insegura cuando los ojos negros del mayor se desviaron hacia abajo, recorriendo su cuerpo con una mirada veloz antes de regresar al rostro de Hiro como si nunca se hubieran apartado de ahí.
—¿Qué sucede? —preguntó Hiro, aún sonriendo con la misma duda.
—Hazme un lugar.
—No, estoy cómodo.
—Ya qué.
Antes de que Hiro pudiera reaccionar, se inclinó, le tomó por las piernas, las levantó y se sentó. En vez de empujarlo, Tadashi reposicionó las piernas más delgadas sobre sus muslos. Hiro se removió con una queja de indignación, pero Tadashi apoyó las manos sobre sus piernas y lo sostuvo en el lugar.
—Oye —renegó. Ante la mirada que su hermano le dedicó (la misma de antes solo que con una sonrisa más prominente) resopló—. Cómo quieras, eres tú el que hace de mueble.
—Hmm.
Regresó la mirada a la pantalla. Las manos de Tadashi continuaban reposando sobre su rodilla pero no tardaron en tornarse un peso ornamental, fácil de ignorar, así como lo era la tela de la ropa alrededor de su cuerpo o el almohadón que había quedado bajo su espalda. Se concentró en la mezcla de colores chillones, opacos y las luces blancas en intervalos que caracterizaban las animaciones de los 80's hasta el punto de dañar la vista. Un rato después, ignorarlo no fue tan sencillo. Las manos de su hermano se hicieron notar cuando se deslizaron por su pierna con un tacto suave, ligero. Aquello apartó su vaga concentración de la pantalla. Su mente, que había estado al borde de sumirse una vez más en el dócil abandono, se activó como si una alarma sonara dentro de su cabeza.
En un principio trató de ignorarlo, pensando que Tadashi solo estaba acomodando sus manos, pero la caricia persistió. Arriba y abajo, una y otra vez en el mismo movimiento delicado. Hiro le lanzó una mirada descubriendo que su hermano mantenía la vista fija en el televisor, los ojos abiertos y perdidos, sin pestañear.
—Oye, ¿qué pasa con esos mimos? No soy Mochi, sabes —bromeó.
Tadashi pareció sobresaltarse, girando a verle como si se hubiera olvidado que Hiro estaba ahí. Se mostró confundido antes de bajar la mirada hacia sus manos; al ver lo que hacía las apartó con una exclamación ahogada.
—¡Ah! Claro, no… lo siento… —balbuceó—. Estaba concentrado en el dibujo —murmuró quitándose la gorra, pasando una mano por su cabello y volviéndola a colocar.
Movió las manos en el aire buscando dónde apoyarlas sin tocar a Hiro; ningún lugar parecía adecuado así que al final optó por cruzar los brazos con las manos bien seguras bajo las axilas. Como si estuvieran fuera de su control y ese fuera el único modo de mantenerlas quietas. Su boca se curvó hacia abajo en un gesto agrio, como si hubiera hecho algo malo y eso le hubiera supuesto una reprimenda.
—Ey, está bien —dijo Hiro, aunque no tenía idea de por qué sintió el impulso de tranquilizarlo.
Los ojos de Tadashi se movieron en su dirección pero no le miró directamente a la cara. Se aclaró la garganta y su cuerpo se relajó de forma artificial.
—¿No deberías estar afuera? Ya sabes, hacer actividad y disfrutar de la naturaleza. —Cambió de tema—. Así como todos los niños deberían.
—Ja-ja —burló Hiro—. Nah. Eso es aburrido.
—No te veo más divertido aquí adentro.
—Hablando de salir… —Hiro se incorporó hasta sentarse con las piernas cruzadas—. ¿Listo para tu viaje?
Ahora que las piernas ya no estaban sobre sus muslos, Tadashi liberó sus manos y las llevó tras su nuca en una pose relajada.
—Por supuesto. Aunque no confió en qué tan preparado vaya a ir Fred.
—Cómo sea, seguro lo pasarás fenomenal. La montaña, tus amigos… —Se inclinó hacia adelante para decirle al oído con tono burlón—: tu nooooviaaaa.
Se hizo hacia atrás con una risita al tiempo que Tadashi le propinaba un empujón en juego. También sonreía, así que Hiro pensó lo mismo que había pensado la noche de la exposición: no debía estar lejos de la verdad.
—Qué va. Somos solo amigos, ya basta con eso. —Se mordió el labio inferior con la vista clavada en la madera del techo.
Hiro se preguntó si acaso estaría pensando en Honey y en las cosas que harían durante ese viaje. Ciertas ideas, no tan inocentes, asomaron a la mente de Hiro que intentó apartarlas tan rápido como se habían formado. Su hermano era casi un adulto, esas cosas pasaban, pero no significaba que Hiro quisiera pensar en ellas. No era asunto suyo. Lo que tal vez sí le incumbía era que Tadashi se iría en un divertido viaje mientras él se quedaba allí solo. Sí, Cass le haría compañía, pero no era lo mismo.
—Ey, ¿qué sucede? —preguntó Tadashi notando su expresión.
—Nada. Es solo… —Agachó la cabeza con pena—. Te voy a extrañar.
Tadashi le dio unos toques en el mentón instándole a levantar la mirada. Le sonreía con dulzura y sus ojos no emitían más que cariño; así era su hermano: bondad y amor puro.
—Me iré cuatro días, eso es todo. No te angusties, ¿de acuerdo?
—No me angustio. Solo…
Se encogió de hombros rehuyendo la mirada del mayor. Tadashi soltó un suspiro antes de estirarse y rodearle los hombros en un abrazo reconfortante. Hiro lo devolvió sin dudar, adorando que su hermano no se reservara el contacto físico ni fuera de esos que dejaban de mostrar cariño a sus parientes solo porque lo veían como una muestra de "debilidad". Incluso abrazarlo era una experiencia distinta a la de abrazar a cualquier otra persona; parecía que el cuerpo de Tadashi hubiese sido creado para dar afecto. Había algo en sus músculos al sentirlos, en la calidez corporal que emanaba, en el modo en que sostenía a los demás en brazos, que simplemente dejaban a uno contento y seguro. O al menos, así era para Hiro. Pero supuso que el resto de las personas debía sentirlo también.
Así era Tadashi.
Perfecto. Perfecto. Perfecto. Canturreó en su cabeza.
En algún momento había cerrado los ojos para disfrutar de la sensación, porque cuando Tadashi comenzó a apartarse lentamente Hiro tuvo que abrirlos una vez más. Tadashi no se apartó mucho: solo lo suficiente como para mirarle a la cara. Sus narices prácticamente se rosaban y, aunque había una extraña vacilación en la expresión del mayor, Hiro no dejó de sonreír. Era el "efecto Tadashi", como le gustaba llamarlo en privado.
Por un momento creyó que su hermano sería tan ridículamente tierno como para darle un beso esquimal, pero el único movimiento que realizó fue el de sus ojos cuando se desviaron por una fracción de segundo hacia la boca de Hiro. Al instante se apartó, alejándose y frotando las manos contra sus piernas.
—De acuerdo, sí. —Se aclaró la garganta poniéndose de pie—. Bueno, tú sigue aquí pudriendo tu gran cerebro…
—¡Esto me ayuda!
—… y yo iré a preparar mi bolso y ver si Cass necesita algo.
Volvió a aclararse la garganta antes de voltear y dirigirse a la puerta. De espaldas a Hiro se frotó la nuca y luego el rostro antes de que la puerta se cerrara tras su paso.
Hiro miró el televisor pero de pronto no era tan agradable estar allí solo.
