Capítulo Diecisiete:


[PREMONICIÓN]


Hinata se despertó con un día gris y tormentoso como el anterior. Pero no le importaba. Se sentía demasiado feliz para preocuparse por el tiempo. Aunque Naruto no había dicho aun las palabras que ansiaba, sabía que la amaba. Sonriendo alargó el brazo buscándolo, sorprendiéndose al encontrar su lado de la cama fría.

— ¿Me estabas buscando?

Siguió la dirección de su voz y lo vio sentado en una silla junto a la chimenea. Llevaba su falda escocesa lo que le ofrecía una visión de sus largas piernas desnudas.

— ¿Cuánto tiempo has estado sentado allí?

— Lo suficiente. Mirándote dormir. Eres tan hermosa dormida como despierta.

— Voy a vestirme para que podamos ir al salón y desayunar juntos

— levantándose de la silla caminó hacia la cama y se sentó a su lado. —Tenemos que hablar, amor. Quiero saber todo lo que sucedió. —le dirigió una mirada severa. —Si Õtsutsuki te toco tendré que matarlo.

Hinata se sentó en la cama y tiró de la manta hasta la barbilla.

— Nada de eso tiene importancia estoy a salvo —, admitió tímidamente, —le dije a Hidan que le quitaría su hombría y lo haría impotente si no liberaba a tus hombres ¿Regresaron a salvo?

— Sí. Estaban molestos por haber caído en la trampa. Chõji no sospecho del truco hasta que fue demasiado tarde. Hubo una batalla corta pero intensa. Fueron superados en número desarmados y encarcelados.

— Y el padre Lachlan ¿Está en Konohagakure?

— Ha estado de rodillas en la capilla desde que llegó. Podrás verlo pronto, pero cuéntame primero lo que pasó en la fortaleza.

— Õtsutsuki quería algo de mí—, comenzó a decir Hinata. Naruto escupió una maldición. — No lo que tu piensas — aclaró — ¿Jamas escuchaste hablar del tesoro Õtsutsuki?

— He oído un cuento, pero jamás lo creí. Se decía que un antepasado de los Õtsutsuki escondía una fortuna en oro y joyas cuando la sitiaron. Por lo que yo sé, ese tesoro no existe.

— Oh, si existe. Õtsutsuki quería casarse conmigo porque quería explotar mi capacidad para satisfacer su codicia. Él me ordenó encontrar el tesoro. Se comprometió a liberarme si yo lo hallaba.

— Así que en realidad hay un tesoro. ¿Lo has encontrado?

— Oh, si, estaba escondido en el fondo de un pozo abandonado en el patio. Cuando le dije a Õtsutsuki inmediatamente puso a los hombres a cavar.

— ¿Quedo Õtsutsuki decepcionado con el contenido?

— No, el cofre contenía una fortuna en oro y joyas. Le pedí una parte de el. Quedamos en una cantidad de acuerdo.

Naruto sonrió.

— Me imagino que Õtsutsuki no quiso hacerlo, ¿Qué que pasó? ¿Renegó de su promesa?

— Algo extraño me hizo cambiar de opinión. Cuando Õtsutsuki abrió el cofre, oí voces que clamaban por la justicia y supe que todas esas riquezas eran de forma mal habida. Fue aterrador. Las voces hablaron de seres asesinados a sangre fría por antepasados Õtsutsuki. Hay una maldición sobre aquellos que cojan el tesoro. Le dije a Õtsutsuki que no quería parte de eso y le advertí sobre la maldición.

— No te quiso creer,— adivino Naruto.

— Quizá lo hizo, pero no iba a dejar de reclamar el tesoro. Su codicia lo venció. Sabía que no iba a liberarme como lo había prometido. Quería más, y mas que ese tesoro.

— Así que huiste—, dijo Naruto.

— Sí, pero estaban sobre mis talones.

— Así que usaste tu magia y llamaste a los rayos del cielo.

— No es magia. Utilice mis poderes para salvarme a mí misma.

— Eso no importa siempre y cuando estés conmigo ahora. ¿Por qué Hidan se convirtió en aliado de Õtsutsuki en esto?

— Los dos sabemos la respuesta a eso. Hidan no quiere entregarte mi dote, y Õtsutsuki prometió que podía mantenerla si me casaba con él. Por esa razón Hidan convenció al rey de deshacer nuestro matrimonio.

— Tengo un plan—, dijo Naruto. —El rey ha ordenado que todos sus terratenientes reúnan hombres y armas para unirse a él en Hawick. También ha exigido dinero para pagar su rescate. Todavía debe la mayor parte de los sesenta mil marcos que el Inglés pidió por su liberación.

— Sí, lo he oído. Õtsutsuki planea ir pronto a unírsele.

— Lo que sabemos es que muy pocos acudirán a su llamado. Le he prometido hombres y dinero si restaura nuestro matrimonio.

La emoción oscureció los ojos plateados de Hinata.

— ¿Crees que este de acuerdo?

— Cuento con él.

Hinata frunció el ceño.

— Pero eso significa que va a haber una guerra. Podrías salir herido o muerto. No lo hagas Naruto, te lo ruego. No me importa si estamos casados o no. Con mucho gusto, o mejor dicho, afortunadamente, seré tu amante.

— Te quiero como mi esposa no como mi puta.

— Y yo te quiero vivo.

— Soy un guerrero. Sé cómo protegerme. —le dio un beso en la frente —Debo consultar con Chõji y Shikamaru. Voy a enviar a Natsu a ayudarte.

Naruto se apresuró hacia el pasillo. El padre Lachlan fue el primero en darle la bienvenida.

— ¿Cómo esta nuestra muchacha?—, Preguntó el sacerdote.

— Hinata está bien—, dijo Naruto. —Nadie le ha hecho daño.

— Mis oraciones han sido escuchadas—, dijo Lachlan fervientemente.

Un grupo de parientes se acercó a unirse a ellos.

— Dinos lo que pasó —, dijo Shikamaru.

— Lo haré mientras desayuno —dijo Naruto. — Pero en primer lugar, ¿Saben donde esta Natsu?

— La voy a encontrar—, dijo un sirviente corriendo.

— Otro sirviente se acerco con un un plato de comida para Naruto, y él comió con avidez. Jiraya se unió y luego llego Natsu también, Naruto les contó todo, excepto la parte del rayo y las voces. Su público escuchó absorto, sin atreverse a interrumpir hasta que Naruto había terminado de hablar.

— La chica tiene agallas —dijo Shikamaru. —¿Que hacemos ahora?

— Esperamos tener noticias del rey. Mientras tanto hay que enviar un mensaje a los a miembros del clan para saber si contamos con ellos.

— Ellos estarán dispuestos a combatir— aventuró Chõji.

— Como ustedes bien saben, el Inglés no es querido en las tierras altas.

— Bueno,— contestó Naruto. —Vamos a comenzar el entrenamiento inmediatamente para perfeccionar nuestras habilidades.

Todos se fueron, excepto el Padre Lachlan, que se acerco a Naruto con curiosidad.

— ¿Qué pasa? ¿Hay algo en su mente?

— Sí, muchacho. ¿Qué haréis si el rey se niega a vuestro acuerdo? Él tiene el poder de dar a Hinata a cualquier persona que designe. Incluso a Õtsutsuki.

Las manos de Naruto se crisparon.

— No permitiré que eso suceda.

— Ustedes no tendrán otra opción. Siempre existe la posibilidad de que el rey tenga suficientes hombres entre los miembros del séquito.

— No quiero pensar en eso—, dijo Naruto. —Si el rey se niega no tengo otro plan. Hinata me dijo algo acerca de Õtsutsuki que al rey le gustaría saber.

— ¿Vais a decirme?

— No, todavía no.

Hinata entró en la sala y se deslizó en la silla al lado de Naruto.

— ¿Has comido?

— Sí, estaba a punto de salir, pero el padre Lachlan te hará compañía.

— Oh, sí—, dijo Lachlan —Voy a quedarme con la muchacha.

— ¿Se quedara en Konohagakure con nosotros, Padre?—, Preguntó Hinata después de que Naruto se había marchado. —Necesitamos un sacerdote.

— Sí, ya que no soy bienvenido en Byakugan.

— Va a tener un lugar con nosotros por el tiempo que desee.

Antes de Lachlan pudiera responder, Chiyo entro apresuradamente en la cocina envolviendo a Hinata en sus brazos.

— Ah, muchacha, estoy feliz de que estés de nuevo con nosotros. Voy a traeros de comer inmediatamente.

— Te dejare tomar tu desayuno a solas—, dijo Lachlan. —Si voy a estar aquí necesito arreglar la capilla.

El apetito de Hinata huyó cuando vio a Amaru entrando en la sala con la comida. Golpeó sobre la mesa, luego dio un paso con las manos apoyadas en las caderas generosas.

— Ahora, ¿quién es la puta?— Incitó a ella. —Tu no estas casada con él. No les une ningún lazo sagrado. Naruto puede mandarte a trabajar a la cocina sí le nace hacerlo ¿O entretendrás a sus hombres cuando se canse de ti?

— Tu charla me está dando un dolor de cabeza, deseo comer el desayuno en paz.

— Disfrútalo mientras puedas. Pronto vas a comer en la cocina con el resto de los sirvientes. O quizá —, dijo Amaru con astucia—, Naruto te envíe de vuelta a Õtsutsuki. —Ella disparó el último dardo antes de salir. —Compartí su cama mientras estuviste fuera— sacudió la cabeza y salió.

Hinata tomó su comida, mientras consideraba la advertencia. Naruto nunca iba a despedirla, ¿verdad? No quería creer que había compartido la cama con ella durante su ausencia, pero podría haber sucedido. Después de todo, tuvo una visión.

Hinata se alegró de que Natsu se uniera a ella, porque sabía que ella no le mentiría.

— Voy a hacerte una pregunta, Natsu, y quiero la verdad. —las cejas de Natsu se dispararon hacia arriba.

— ¿Cuándo te he mentido?

— Perdóname por dudar de tu lealtad. Acabo de hablar con Amaru y...

— Amaru—, escupió Natsu. —¡Esa puta! No creo en nada de lo que dice.

— Naruto y yo ya no estamos casados. Él puede dormir con quien se le antoje ahora.

— ¿Eso te dijo Amaru? Miente, muchacha. Tu marido no cabía en sí de dolor. El no miro siquiera a otra mujer mientras planeaba tu rescate. Es verdad que Amaru revoloteaba a su alrededor como una yegua en celo, pero el jamás le presto atención.

Hinata apretó la mano de Natsu.

— Gracias. No debería haber creído nada salido de la boca de Amaru. Sé que Naruto me ama. Sólo una vez, me gustaría oírle decir esas palabras.

— No tenéis más que la mayoría de las mujeres—, la regañó Natsu.

— ¿Qué pasa si el rey se niega?

— ¿Qué te dicen los espíritus?

— Nada. No han hablado conmigo desde que huí de Õtsutsuki.

— Quizá debas preguntarles.

Hinata se levantó tan rápido que la silla detrás de ella se tambaleó.

— Venid a la despensa conmigo, Natsu.

Natsu siguió a Hinata por la escalera a la despensa.

La puerta se abrió al tacto de Hinata y ella entró, respirando en el aroma reconfortante de hierbas secas. El aroma acre tenía un efecto tranquilizador. La tensión la invadía mientras caminaba alrededor de la mesa.

— Trae las velas, Natsu.

Natsu puso las velas en un círculo y espolvoreo las hierbas en el interior.

Una vez que Hinata se coloco dentro del círculo, Natsu encendió las velas y se alejó. Frente a la ventana abierta, Hinata se dio la vuelta tres veces y levantó los brazos. Entonces comenzó a cantar, implorando a los espíritus para concederle una visión.

El calor bañaba su cuerpo como una brisa agitó los árboles y le rozó la mejilla. Una visión empezó a formarse detrás de los párpados. Se veía con Naruto en un hermoso lugar que le daba una sensación de calma y tranquilidad. Estaban tumbados en la hierba y mirando hacia el cielo. Un instante después, Naruto estaba tirado en el suelo, acostado en un charco de sangre. Ella gritó.

—¡No!— Las voces hicieron eco en su cabeza. —¿Él va a morir si me salva?. Dime lo que debo hacer.

—Tienes el poder, sabes lo que tienes que hacer. El retoño que crece en tu interior tendrá a su padre.

La mano de Hinata voló a su estómago.

— Yo sospechaba, pero no estaba segura.

— El peligro todavía les acecha.

— ¿Quién quiere hacerme daño?

— Pronto se pondrá a prueba otra vez. Fuego, agua, piedra. Aun no has terminado. Ten cuidado con las falsas acusaciones.

— ¡Espera! Debes responder a mi pregunta. ¿Quién quiere hacerme daño? — De repente, la vela se encendió, y luego salió en una nube de humo.

Natsu se apresuro a sostener a Hinata cuando se tropezó desde el círculo. Apenas era capaz de llegar al banco más cercano.

— ¿Estáis bien, muchacha?—, Preguntó Natsu con ansiedad. —¿Qué pasó?.

Hinata convocó a una sonrisa. —Estoy esperando un bebe de Naruto.

— ¡Ja! Dime algo que no deba saber.

— ¿Lo sabías? Yo estaba empezando a sospechar.

— ¿Se lo has dicho a tu marido?

— No. Quería estar segura primero.

— ¿Qué otra cosa te dijeron?

— Todavía estoy en peligro.

— ¿De quién?

— No lo se, me advirtió que tengan cuidado con la piedra. La última prueba. Ya he sobrevivido al fuego y el agua.

— ¿Los espíritus no dijeron nada de tu matrimonio? ¿El rey dejara que sigas casada con el Laird Naruto?

— No dijeron nada al respecto.

— ¿Tienes fuerzas para salir de la despensa?

— Sí. Tengo mucho que pensar. Si no estoy casada, mi bebe nacerá como ilegítimo y necesitara mi protección.

— Laird Naruto lo reclamara—, sostuvo Natsu. —es necesario que le digas.

—Lo haré cuando sea el momento adecuado. No quiero preocupar a Naruto cuando se que tiene mucho en su mente.

Naruto la vio entrar en la sala y la saludo.

— Decidí volver al castillo antes de la comida del mediodía—, explicó. —Los hombres se merecen el descanso y una comida caliente después de pasar la mañana en la lluvia. Pareces cansada, Hinata.

Ella le dio una sonrisa triste.

— No, Naruto. No debes de preocuparte, voy a estar bien después de una breve siesta.

Levantó la barbilla y la besó en la boca.

— Cuídate te alcanzare mas tarde.

Hinata subió las escaleras hasta la habitación principal. Acababa de llegar al piso superior, cuando Amaru salió de las sombras. La sorpresa causo que se balanceara sobre los talones, se aferró a la pared para evitar caer.

— Te he oído hablar con Natsu—, se burló de Amaru. — Quizá te falta sobrevivir a una última prueba. Fuego, agua y piedra —, gritaba ella.

— ¿Has estado espiándome? Escuchar detrás de las puertas es malo.

— Las he seguido a la despensa—, admitió Amaru. —No podías saber que era lo que estaba pasando adentro, pero he oído lo suficiente como para saber que eres una bruja.

— Tienes una imaginación muy viva—, denunció Hinata. —Hazte a un lado.

— ¿Son estas escaleras de piedra, no?—, Dijo Amaru con insinuaciones escondidas —Sobreviviste al fuego y el agua, quién sabe si a una caída contra las piedras.

Aturdida Hinata miró a Amaru.

— ¿Qué sabes tú acerca de la Profecía?

— ¿Pensáis que soy estúpida? Todo el mundo ha oído hablar de la Profecía MacHyuga.

Amenazadoramente se adelantó. Hinata se movió hacia atrás en la medida que pudo, sin caer por las escaleras. Cuando ella trató de huir de Amaru, la mujer celosa le cortó el paso.

— Soy más grande y fuerte que tú.

Hinata sabía que tenía que hacer algo para evitarla, Amaru actuaba llevada por los celos y el odio. Los labios de Hinata comenzaron a moverse en un ruego silencioso, pidiendo a los espíritus la salvaran a ella y a su hijo.

— ¿Qué estáis haciendo?— Gritó Amaru.

Hinata sonrió.

— Trata de hacerme daño, y te darás cuenta.

Amaru retrocedió, una mirada de horror cruzo su rostro.

— ¡No vas a echar un maleficio sobre mí, bruja!

— Estas equivocada, Amaru. Si me lastimas te prometo que no vas a vivir para lamentarlo.

Amaru se retiró más lejos en las sombras. Hinata añadió al dramatismo una señal con el dedo. Gritando palabras incomprensibles, con la esperanza de asustarla para que se fuera.

— ¡No!—, Exclamó Amaru, levantando su falda se abrió paso entre Hinata y huyó por las escaleras. Con un suspiro de alivio, Hinata se apresuró a su habitación y cerró la puerta detrás de ella. Si ella todavía fuera la ama despediría a Amaru a la vez. Por desgracia, ella ya no era la esposa de Naruto.

Hinata abrió el panel y Natsu pasó por delante de ella, equilibrando una bandeja en las manos.

— Te he traído la cena—, dijo Natsu mientras dejaba la bandeja en la mesa. Come de todo. Necesitas las fuerzas. Recuerda que ahora comes por dos.

— No has dicho nada ¿verdad?

— No, no haría tal cosa sin tu permiso.

— Voy a comer y tomar una siesta.

— Bien. Nona Namikaze tiene una tos, y le di una mezcla para aliviarla.

— Hinata se quedo mirando a Natsu y le pregunto:— ¿No te gustaría pasar el resto de tus días con alguien?.

— Te tengo a ti, pronto vas a tener un niño. ¿Qué más puedo querer?

— Un hombre que te ame—, sugirió Hinata.

— Qué tontería—, resopló Natsu, animada desde la puerta.

Hinata sonrió para si misma cuando Natsu hizo una salida precipitada. Termino con la bandeja y se acostó con la ropa puesta, tirando de una manta sobre ella misma. Cayo dormida en el momento en que su cabeza toco la almohada. El sueño comenzó poco después.

Estaba en un valle hermoso rodeado de rocas salpicadas de colinas. Naruto estaba con ella. El lugar era el mismo que había visto en la visión anterior. Era un hermoso día con un cielo azul claro, pocas nubes mullidas flotando por encima y el olor del brezo en el aire. Si acababa de hacer el amor con Naruto no lo sabía pero sentía su cuerpo saciado de las consecuencias de placer.

Entonces, de repente todo cambio. El sol desapareció y el peligro llenaba el aire. Naruto yacía en un charco de sangre. Despertó gritando.

Momentos más tarde, Naruto irrumpió en la cámara.

— ¡Hinata! ¿Estás bien?

Tan pronto como él la tomó en sus brazos, su mundo se enderezó.

— Estaba en mi habitación cuando te he oído gritar. ¿Te encuentras mal?

Hinata negó con la cabeza.

— Era un sueño.

Naruto puso los ojos en blanco.

— ¿Premoniciones?

— Tal vez, pero espero que no.

— Cuéntame.

— No, no puedo.

¿Había visto su muerte? Si ella estaba en el sueño, entonces no podría haber sido soldados con el Rey. El peligro existía aquí mismo, en Konohagakure.

— Hinata, habla conmigo. Háblame de tu visión.

— Sólo abrázame, Naruto. Abrázame y nunca me dejes ir.

Sus brazos se apretaron alrededor de ella.

— Nunca te dejaré ir, mi amor. Siempre serás mía.

— ¿Despedirías a Amaru de inmediato si te lo pido?

— ¿Te Ha hecho algo?

Hinata no tenía la intención de decirle acerca de su enfrentamiento con ella, pero decidió que tenía que proteger a su bebé.

— Sí, Amaru me amenazó. Creo que está loca. Me sentiría más segura si ella se fuera muy lejos de mí.

La furia endureció las facciones de Naruto.

— La chica se ira esta noche. Lo siento, si no actué antes. Pensé que era inofensiva. Esperaba que la llevara a la cama después de que nos casamos.

— Recé porque no lo hicieras.

— Tú eres la única mujer que yo quiero en mi cama.

— ¿Adónde irá?

— La familia de Amaru vive en el pueblo. Son capaces de proveerla mientras encuentra un trabajo.

El alivio de Hinata era palpable.

— ¿Seguro que no recuerdas el sueño?— persistió.

Hinata se negó a cumplir con su mirada.

— ¿No has oído hablar del rey todavía?

— No, pero espero alguna palabra pronto.

— Si vas a la guerra, solo ten cuidado.

— Sabes que lo haré. Yo no podría soportar la idea de no volver a verte de nuevo. — Estoy encantado.

Ella presionó sus dedos contra sus labios y lanzó un suspiro.

— Te amo, Naruto.

— Yo sé—, contestó Naruto después de una larga pausa.

El silencio se extendía entre ellos.

— Yo sé que me amas, aun si no quieres reconocerlo — dijo Hinata. —Mis poderes están todavía conmigo, eso lo demuestra.

— Quizás la profecía es falsa—, sugirió Naruto.

No tenía idea por qué se negaba a reconocer sus sentimientos. Tal vez todavía temía el peligro de sus poderes. Hinata cogió el rostro entre sus manos, negándose a permitir que huyera de ella.

— ¿Me amas, Naruto?

Naruto incapaz de mirarla a los ojos, pensó en mentir acerca de sus sentimientos.

— Ay, Hinata, Te amo, Te amo sí, pero conozco la profecía y soy consciente de lo que significa.

Hinata suspiró y se acurrucó contra él.

— No sabes cuanto he ansiado oír esas palabras.

— ¿Ahora me dices de tu sueño?

Hinata negó con la cabeza.

— No puedo recordar.

Naruto sabía que los sueños de Hinata eran a menudo una premonición del futuro.

— Esta bien, vuelve a dormir, amor. Vuelve a dormir.

Empezó a levantarse pero Hinata lo detuvo.

— No te vayas. Te necesito, Naruto. Hazme el amor.

— Mi amor, estas agotada.

Ella lo arrastró a su lado y le pasó la mano por el torso. Su mano encontró su virilidad, y la lujuria lo atravesó. A medida que lo acariciaba se sentía endurecer.

Se quito su falda y la arrojó a un lado. Seguida de la camisa. Luego la besó a su manera por el cuello y apretó sus labios contra su clavícula. Siguiendo con los labios la punta de su pecho erguido. Sintió temblar el pezón con la lengua. Ella gritó su nombre y noto como su lengua rodeaba su ombligo. La besó en el vientre hasta encontrar la suavidad de rizos oscuros en la unión de sus muslos y la besó allí.

Hinata sollozaba suplicándole que la poseyera. Él sonrió y negó con la cabeza. Deslizando sus manos por debajo de su trasero, la levantó y apretó su boca en contra de su feminidad dulce. Luego separo los pliegues con su lengua y se adentró en el interior de su centro blando. Hinata se volvió loca. Entonces su cuerpo se arqueo en su caricia íntima.

Todavía estaba temblando cuando se deslizó dentro de ella, apurando su clímax hasta su propia liberación que los llevó al olvido.

— No vas a morir—, susurró Hinata, sujetándolo cerca. —Te lo juro, no voy a dejarte morir.

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Continuará...