Disclaimer: los personajes le pertenece Rowlin.

Caramelos de limón.

Albus Dumbledore era un hombre bastante mayor. Algunos especulaban que tenía ciento cincuenta años.

Había personas que le llamaban: "Viejo loco," "Viejo comecaramelos," "Vieja cabra," "Pasa arrugada…

"

Bueno, esta pequeña historia que os voy a contar, es algo muy gracioso que ocurrió una vez.

La Orden del Fénix estaba luchando contra los mortífagos. Era la época de la primera guerra mágica.

Dumbledore y Voldie se batían en duelo. Muchos dejaban de pelear para contemplar semejante despliegue de poder.

De repente y sin venir a cuento, Albus pidió tiempo.

Sí, mis queridos lectores, como habéis leído aquí, el director de Hogwarts pidió tiempo muerto.

Voldemort le miró muy sorprendido y sin saber muy bien por qué, aceptó.

Albus colocó un fuerte escudo a su alrededor. Al fin y al cabo, no era idiota.

Rebuscó algo en su túnica y cuando lo encontró, sus ojos brillaron más de lo normal y su sonrisa se ensanchó.

Después, muy contento preguntó:

-¿Un caramelo de limón?

-¡Albus! -Gritó McGonagall atónita.

-¿Qué ocurre mi querida Minerva.

-Este no es momento para caramelos.

-Siempre es un buen momento para comer estos exquisitos dulces.

Alargó la mano en dirección a Tom y le ofreció un caramelo.

-Y luego dicen que yo estoy loca. -Murmuró Bélatrix.

-Esto no es serio. ¡Nos largamos! -Gritó el "Sin nariz."

Los mortífagos que no habían sido atados ni desmayados se desaparecieron.

-Si me lo encuentro de nuevo, le haré aceptar un caramelo. Es muy testarudo, pero lograré que los pruebe.

Los miembros de la Orden se fueron minutos después.

Nota: Vale, sé que no tiene naaaaada de sentido, pero quería escribir algo así desde hace mucho tiempo.