Disclaimer: Estos maravillosos personajes tan sexis, le pertenecen a Cassandra Clare. Si fueran míos, uffff. No sé qué haría con ellos. Seguramente, cositas malas.
El brujo y los nefilim.
Jace estaba deprimido.
Hacía dos meses que se había encontrado una escena horrible.
Era incluso peor que ver a su parabatai tener sexo con el purpurinoso y extravagante brujo de Brooklin. Y sí, si tenéis curiosidad, los había pillado una vez.
Alec se había puesto muy colorado y le había lanzado una daga.
(asaber por qué tenía una daga mientras tenía sexo con el brujo.)
La escena que había presenciado, era mucho peor que un pato. sí, como lo estáis leyendo, Jace Sexi Herondale, consideraba que había algo peor que un pato.
Pues bien, os explicaré de qué trataba esa escena.
*Dos meses antes.*
Jace estaba entrenando con Alec.
Le había dicho a Clari que se verían en dos horas en la casa de su madre.
Pero lo que ella no sabía, era que Jace junto con Luke, le habían preparado una sorpresa.
La pelirroja estaría en una clase de arte hasta las seis y después iría a casa de Jocelin a esperar a Jace.
El rubio había convencido a Alec para que le ayudara con la sorpresa para su novia.
Se dirigieron a casa de la madre de Clari, (Luke le había dejado a Jace previamente la llave,) y cuando llegaron, sin saber bien por qué, abrió la puerta con sigilo.
Se escuchaban sonidos de golpes y algo como…
-Emmm… ¿Eso que se escucha son gemidos? -Preguntó Alec sonrojado.
-Luke me ha asegurado que él y su mujer estarían fuera. -Contestó Jace.
-No tengo ganas de verlos…
El arquero se estremeció.
El rubio sonrió y entró a la casa.
-¿Qué haces? -Susurró el moreno escandalizado.
Su parabatai no contestó.
Se dirigió al lugar de donde provenían los gemidos.
Abrió la puerta de la habitación de golpe y gritó mientras encendía la luz:
-¡Sorpresa!
Sin envargo, el que se llevó una enorme sorpresa fue él.
Dos personas se habían sobresaltado y le miraban. El chico con fastidio y la chica con horror.
Alec al ver la escena jadeó.
Jace se quedó sin palabras. No comprendía lo que estaba viendo.
El chico que se encontraba desnudo en la cama era alto, con algo de músculo, con el pelo castaño oscuro y los ojos marrones.
Y la chica… La chica era… Alguien muy parecido a Clari… Sí, eso era.
-(Tal vez, si cierro los ojos, la imagen desaparezca.) -pensó. Y eso hizo.
Pero al abrirlos, seguía teniendo delante la misma escena.
-Ella no… Ella… ¿No es ella verdad? -Preguntó.
Alec no contestó. Lo que hizo fue adelantarse y atravesar el cuarto.
Cuando estuvo a los pies de la cama gritó:
-¡Clarisa!
La chica, que seguía estática en su lugar, dio un brinco y se puso de pie tapándose con una sábana.
-No hace falta que te tapes. Ya te he visto. -Escupió el ojiazul.
-No es lo que…
El arquero rió con ganas.
-¿Vas a decirme que no es lo que parece?
-Oliver solo es un compañero de la academia. Estudiamos juntos.
-¿Y qué estábais estudiando? ¿La anatomía humana?
Clari estaba muy sorprendida. El de los comentarios hirónicos y sarcásticos era Jace. Alec se limitaba a mirar a todo el mundo con irritación.
-(Aunque al principio, era muy despectivo conmigo.) -Recordó.
-¿Y a ti no te da vergüenza acostarte con una chica que tiene novio?
-Le pregunté si tenía pareja y me contestó que no.
-Vístete y sal de aquí. ¡Ahora!
El chico obedeció. Era consciente de que el moreno podría con él sin esfuerzo alguno.
-¿Es la primera vez que os acostáis? -Preguntó el rubio.
Oliver se estremeció.
Esos ojos dorados daban miedo.
El chico parecía un león a punto de saltar sobre su presa. Y el castaño tenía la sensación de que la presa sería él.
Clari abrió la boca para contestar, pero Alec la detuvo con un gesto de la mano.
-Que conteste él. -Espetó.
A Oliver no se le pasó por la cabeza mentir a pesar de que la pelirroja le hacía gestos disimulados para que lo hiciera.
-Hace seis meses que lo hacemos.
Jace no se permitió llorar.
-Bien. -Dijo. -Clarisa, hemos terminado. No me hables, ni me escribas, ni siquiera te atrevas a acercarte a mí.
-Pero Jace, yo te quiero.
-No me hagas reír.
-Jace…
-¡Cállate! ¡Te he dicho que no me hables!
-Puedo esplicártelo. -Dijo ella desesperada.
-¿Qué me vas a decir? ¿Que fue un accidente? ¿Que no es lo que parecía? ¿Que estás arrepentida?
-Yo…
-Hey tú. Quédatela.
-No… Yo no la quiero. Para mí era solo sexo. Quería saber lo que se sentía al penetrar a una chica. Ni siquiera me gustan las mujeres. Pero ella me ayudaba con la teoría de las clases.
-¿Oliver cómo has podido?
-Te lo dije desde un principio. Que solo era sexo. Además, no tienes derecho a reprocharme nada cuando tú me mentiste al ocultarme que estabas con ese pedazo de rubio. no entiendo por qué le engañaste conmigo la verdad.
El castaño miró a Jace de arriba abajo.
-Si yo tuviera a un tío así para mí, te aseguro que no le dejaría salir de la cama.
Tras decir esto, cogió su mochila y se marchó.
El de ojos dorados se sintió alagado pero no tuvo ganas de alardear.
-Vámonos. -Dijo Alec.
Ambos chicos se fueron dejando sola a la pelirroja.
Horas más tarde, Izzi se enteró y no estuvo nada contenta.
Durante los entrenamientos aprovechaba y peleaba con saña.
*Actualmente.*
El rubio se dirigía a casa de su parabatai.
Había quedado con él y con Magnus.
En realidad, el brujo le había obligado a ir.
-Si no, llenaré tu habitación de patos. -le había dicho.
Jace había refunfuñado, pero finalmente aceptó.
No quería dormir con una de esas bestias cerca.
Llegó al portal y tocó al timbre.
-¿Quién osa interrumpir al Gran brujo de Brooklin?
-Ábreme brillitos.
-Ah. Eres tú. El rubio teñido.
La puerta se abrió y el cazador de sombras subió las escaleras.
Entró a la casa, y tras saludar a Presidente Miau, dijo:
-Yo no soy teñido. Mi color de pelo es natural.
Magnus le miró con escepticismo.
-¿A que no soy teñido?
-A mí no me metas. -Contestó Alec.
-vaya parabatai eres. -Refunfuñó.
Magnus sonrió y besó a su novio apasionadamente.
-¡Delante de mí no! ¡Mis virginales ojos! ¡Mis virginales e inocentes ojos!
El brujo sonrió ampliamente.
Jace se acercó a un enorme sofá y se repantingó en él.
Magnus hizo aparecer tres vasos y una botella con un líquido azul en su interior.
El rubio sonrió.
-licor de hadas. Perfecto.
-Recuerda, que con este licor, no puedes mentir. -Previno Alec.
-No tengo nada que esconder. -Dijo Jace.
-Bebamos pues. -Intervino Magnus.
Horas más tarde…
Alec y Magnus estaban sentados en un sofá en frente de Jace.
La pareja había empezado a besarsi y acariciarse sin importarles que el otro cazador de sombras estuviera allí.
El brujo había desabrochado el pantalón a su novio y había colado una de sus manos bajo su ropa interior.
Alec tenía la vista fija en el estómago descubierto de Jace.
Seguía con los ojos una fina línea de bello dorado que bajaba desde el esternón y se perdía bajo la ropa.
Por su parte, el rubio contemplaba a la pareja con los ojos vidriosos.
-M Magnus. Jace… Jace podría vernos. -Gimió el moreno.
-Corrección. Os estoy mirando.
El arquero, que ya había recuperado algo de lucidez, intentó apartarse de las traviesas manos de su brujo.
debido al forcejeo, Magnus hizo un gesto con su mano libre y la ropa de Alec desapareció dejándolo totalmente desnudo.
-¡Mags! -Chilló.
El brujo se inclinó sobre Alec y capturó sus labios sin dejar en ningún momento de acariciar su miembro.
-¿Jace por qué me miras?
El rubio no contestó. Siguió contemplando el cuerpo desnudo de su parabatai.
Finalmente, detuvo su vista en la mano color caramelo que bombeaba el grueso pene del arquero.
Por mucho que lo intentara, Alec no podía evitar gemir.
-¿Te gusta lo que ves? -Preguntó Magnus.
-Sí.
Jace se retorcía en el enorme sofá. Quería tocarse pero no sabía si sería apropiado.
-Mira cariño.
Alec siguió el dedo de Magnus a duras penas. Debido al placer que estaba sintiendo, no era capaz de enfocar la mirada.
Al ver lo que su novio le había señalado, el arquero no pudo evitar relamerse los lavios.
Un enorme vulto se destacaba debajo de los pantalones vaqueros de su parabatai.
Alec tiró de la camisa del brujo y cuando éste se inclinó, le susurró algo. Magnus sonrió y asintió.
Chasqueó los dedos y Jace sintió un escalofrío.
-¿Pero qué…?
El rubio jadeó de asombro al darse cuenta de que estaba completamente desnudo.
Miró a Magnus y Alec, los cuales le miraban como lobos hambrientos.
El más alto de los tres, volvió a chasquear los dedos y los sofás en los que estaban él, el ojiazul y el rubio, se transformaron en una enorme cama.
-¿Algo que decir Herondale?
-Tienes demasiada ropa.
Alec asintió de acuerdo con su parabatai.
Ambos cazadores de sombras miraron a Magnus.
-¿Qué? -Preguntó.
Alec le señaló la ropa que llevaba puesta.
El asiático no se movió así que tras recibir un asentimiento del arquero, Jace se acercó y le quitó la camiseta.
Alec se ocupó de sus zapatos, sus calcetines, los pantalones de cuero y de la ropa interior.
El ojiazul gateó hasta quedar al lado derecho de Jace, dejando a Magnus en el izquierdo.
-Ya sé que soy hermoso, pero tampoco hace falta que me miréis así.
-¿Así cómo? -Preguntó Alec.
-Como si quisiérais devorarme.
Los novios se miraron entre sí y sonrieron.
-No pareces molesto. -Intervino Magnus.
-No lo estoy.
Ambos morenos volvieron a compartir una mirada.
Jace estaba boca arriba con las piernas algo abiertas al igual que los brazos permitiendo así que sus dos acompañantes miraran todo lo que les apeteciera.
Le excitaba bastante la forma en la que le observaban.
-Respóndeme algo rubio.
-¿Um?
-¿En qué piensas ahora mismo?
-¿Seguro que quieres saberlo?
-Sí.
-Estoy pensando en que me gustaría saber lo que se siente al tener sexo con un hombre.
Los morenos compartieron una larga mirada.
-¿Querrías probar? -Preguntó Alec con curiosidad.
-Sí.
El ojiazul se ruborizó.
Jace decía lo que pensaba y no le importaba si a alguien le molestaba.
Siempre había sentido curiosidad por el sexo gay y ahora que no estaba con Clari, podía experimentar.
-(¿pero con quién?) -Se había preguntado.
Él no quería hacerlo con un desconocido. Pero le había dado vergüenza pedírselo a su parabatai y a brillitos.
pero ahora, estando los tres desnudos en la cama, no perdería la oportunidad. No estaba tan hebrio. Él sabía aguantar el alcohol.
Sonrió y preguntó:
-¿Queréis enseñarme?
Magnus Y Alec, un día que habían bebido, hablaron sobre Jace. El ojiazul había tenido fantasías sexuales con el rubio, y lejos de ponerse celoso, Magnus se excitó.
Entonces, ambos decidieron que si algún día se daba la oportunidad, no la desaprovecharían y probarían al rubio.
-Solo si lo deseas. -Contestó Alec.
Jace, muy atrevido, cogió una de las manos de su parabatai y la condujo hasta su gran erección.
-¿Tú qué crees? -Preguntó.
Hizo subir y bajar ambas manos por su miembro soltando suspiros de placer.
Alec sonrió.
-Soy todo vuestro. -Gimió.
Alec se inclinó sobre Jace y le besó con pasión.
Cuando Alec descendió por el cuello del rubio, Magnus le besó.
los dos morenos besaron, lamieron y mordieron el cuerpo de Jace.
El arquero estaba lamiendo con gula el pene de su parabatai.
Se lo metió en la boca por completo sorprendiendo al rubio gratamente.
Magnus se había colocado detrás de Alec y estaba lamiendo su entrada con fruición.
El ojiazul gemía ante las atenciones de su novio y Jace, debido a las vibraciones, gritaba descontroladamente.
El arquero dejó que envistiera su boca.
El asiático dejó caer un pequeño frasco de lubricante sobre una de las manos de Alec. Él colocó una almohada debajo de las caderas de Jace y mientras atendía su miembro con la boca, comenzó a prepararlo.
Magnus ya había metido tres dedos en la entrada de su novio y envestía con ellos dándole en la próstata.
Jace miraba con curiosidad lo que hacía Magnus. Así que apenas se dio cuenta del primer y segundo dedos que entraron en él.
con el tercero, sintió una leve punzada pero nada que no pudiera soportar.
-M mi Estela. -pidió Alec separando brevemente la boca del falo del rubio.
Magnus la hizo aparecer y el arquero se encargó de dibujarle a Jace una runa de resistencia.
-Haz tú lo mismo.
El ojidorado cogió el instrumento y le dibujó la runa a su parabatai.
Con un movimiento de la mano, Magnus mandó la estela a una mesita.
El ojiazul hizo que Jace levantara las rodillas y sacó los dedos de su interior.
Magnus también los sacó del interior de Alec.
-Ahora, voy a metértela.
El rubio asintió.
El moreno se huntó bien el miembro de lubricante y colocó la punta en la entrada de su parabatai.
Magnus ya había entrado en Alec y esperaba impaciente a que su novio terminara de introducirse en el otro nefilim.
Jace soltaba suaves gemidos de dolor y placer.
Alec le distraía besando sus labios, su cuello y acariciando su pene.
Minutos después, Jace movió las caderas.
Los tres comenzaron un baibén lento.
Después, las envestidas se hicieron más profundas y cada vez más rápidas.
Los tres se corrieron a la vez con un grito ronco.
Tuvieron sexo toda la noche hasta el amanecer.
Jace penetró a Alec y después a Magnus.
los tres se turnaron hasta que todos lo hicieron con todos.
Se tumbaron exaustos en la enorme cama y se durmieron sin haberse limpiado.
Despertaron horas después en un lío de brazos, torsos y piernas.
Lograron desenredarse entre risas y algún que otro quejido.
Jace fue a levantarse pero una punzada de dolor le hizo caer de nuevo en la cama.
-¿Quieres una Iratze? -Preguntó Alec aguantando la risa.
-¿Solo una? -Se quejó el rubio.
Magnus se frotó los ojos y atrajo a Alec hacia sí.
Compartieron un beso tierno bajo la atenta mirada de Jace.
-¿Tú también quieres? -Le preguntó Magnus.
Jace tenía dos opciones. Negarse y sonreír, dejando la noche pasada atrás prometiéndose no volver a repetir, o aceptar y besar esos labios que le encantaban.
Decidió no contestar.
Estiró el brazo y atrajo al ojiazul contra su pecho.
Buscó sus labios y le besó con suavidad.
Luego, capturó los labios de Magnus y los mordisqueó un poco.
Más tarde, Jace se miraba al espejo.
-¡Por el ángel! Estoy lleno de marcas, semen y purpurina.
-Así es como acabo yo siempre. Bueno… Definitivamente, con menos marcas. -Intervino Alec.
Tras ducharse y vestirse, los tres desayunaron animadamente.
Después, Alec y Jace se marcharon al instituto.
No volvieron a hablar de la noche que pasaron hasta dos meses después cuando tuvieron una noche similar.
A veces, Jace se presentaba en casa de la pareja y tenían sexo toda la madrugada.
Cada vez las visitas se hicieron más frecuentes hasta que un día, casi sin darse cuenta, los tres vivían juntos.
Mantuvieron una relación de tres.
La clave acabó enterándose porque había mucho cotilla por ahí. Pero como a ninguno les importaba realmente lo que los demás pensaran, siguieron adelante con su relación.
-(¿Quién me habría dicho a mí que terminaría enamorado de mi parabatai y de brillitos?) -Se preguntaba Jace. -Si se lo hubiesen dicho años atrás, les habría atravesado a todos con una espada poco afilada.
