Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Cassandra Clare y a Rick Riordan.

Yo solo me entretengo escribiendo esta historia.

Nota:

¿Alguien lee esto?

¿Hola?

Bueno… espero que os guste.

¡Eres azul!

Max estaba de mal humor. Bueno… no exactamente de mal humor, pero sí estaba molesto.

Su hermano Rafe le había encasquetado la vigilancia de una zona aburrida de Nueva York.

A penas pasaban mundanos por ahí.

-Para que no te distraigas mirándolos. -Le había dicho.

Se había quejado a su padre Alec, pero como Max había perdido una apuesta con el idiota de su hermano, el hombre no pudo intervenir.

-Será bueno para entrenar tus poderes. -Le había dicho su padre Magnus con sorna.

Ya tenía veintiún años y sus poderes aún se le descontrolaban cuando sentía emociones fuertes.

-Estúpidos Nefilim… -Dijo entre dientes.

Llevaba vigilando esa sección durante días y no había aparecido demonio alguno.

Solo un perro abandonado que había llevado a casa.

Magnus le había mirado con desconcierto y le pidió que se deshiciera de él.

Discutieron arduamente y al final Max se salió con la suya.

Hacía unos años que Presidente Miau había fallecido y Alec no había tenido reparos en que su hijo se quedara con el pobre animal.

Rafe también se había encariñado con él y casi todas las mañanas se lo llevaba a correr.

Lo habían llevado a un veterinario mundano, cosa que había exasperado a Magnus, y les habían dicho que el perrito tenía aproximadamente un año.

Según los exámenes, al pobre animal le habían maltratado y estaba desnutrido.

Les dieron una serie de pautas para cuidarlo y ahora estaba mejor.

Su padre se había quejado de que soltaba mucho pelo.

Rafe se había reído y le había dicho que con magia podía limpiar la casa y su brillante ropa.

-Pasas mucho tiempo con el rubio teñido. -Se había quejado el asiático.

Max estaba jugando con una esfera de luz que había conjurado, cuando escuchó un ruido a sus espaldas.

Se giró rápidamente y vio varios demonios con forma humana.

Tenían una pata de burro y su otra pierna era de un metal muy raro.

El joven brujo había entrenado con los cazadores de sombras y aunque no podía usar algunas armas porque tenían runas angelicales o porque estaban hechas de Adamas, sabía luchar bastante bien.

Siempre llevaba una serie de dagas y cuchillos hechos de un metal que también destruía a los demonios.

-¡Mierda! ¡Empusas! -Escuchó de repente.

Un chico alto, atlético, con el pelo negro apareció delante de él.

Ambos se enzarzaron en una lucha con esos monstruos.

Cuando acabaron con ellos, aparecieron mujeres con la piel cubierta de escamas.

-¿En serio? ¿Dracaenae? ¡Por los dioses! ¿Pero qué pasa hoy?

Un bicho de esos casi había mordido a Max pero con un mandoble, el otro chico la había hecho desaparecer.

Al terminar, ambos estaban algo cansados.

El brujo se fijó en que el otro joven llevaba una camiseta naranja en la que ponía Campamento mestizo y que su espada se había convertido en un bolígrafo.

Llevaba un glamur para que los mundanos no vieran su piel azul ni sus cuernos de carnero.

-Hola soy Percy.

-Yo soy Max.

Ambos se dieron la mano.

-¿Qué te ha pasado? -Quiso saber Percy.

Miraba al brujo con extrañeza.

-¿Perdón?

-¿Has cabreado a los hijos de Hécate?

-¿Hécate?

-Sí, la diosa de la magia.

-No sé de qué me hablas.

-¿No te has dado cuenta de que tienes la piel azul?

Percy rozó con un dedo el brazo del brujo.

-¿Qué haces?

El hijo de Poseidón no contestó.

En lugar de eso dijo:

-¿Cómo es que siendo un sátiro sabes luchar? ¿Eres familiar del entrenador Hedge o algo así?

El joven se echó a reír.

-¿Sátiro? ¡Yo no soy un sátiro!

-Pero tienes cuernos.

-No sé de qué me hablas.

-Oye… La niebla no funciona conmigo.

-¿Niebla? ¿De qué hablas?

-Entonces… ¿No eres un sátiro?

-¡Claro que no! ¿Cuántas veces tengo que decírtelo?

-¿Y qué eres? ¿Y por qué eres azul?

-¿A ti qué más te da mundano?

Percy miraba su piel embelesado.

-No soy eso que dices.

-¿Entonces qué eres tú?

-No voy a decírtelo si no me dices tú lo que eres.

Max sonrió ampliamente.

Se dio la vuelta y se marchó.

-¡Adiós chico azul!

-¡Adiós chico no azul!

Al llegar a casa, Max encontró a su padre Magnus en el salón acariciando al perro.

-Hola mi Arándano. ¿Qué tal te ha ido hoy?

-Me he encontrado con demonios extraños. ¿Cómo los ha llamado el chico…? Empusas y Dracaenae… Creo.

Magnus le miró con curiosidad.

-¿Qué chico?

-Uno que al parecer ve a través del glamur. Sin embargo él lo ha llamado niebla.

-¿Niebla dices?

-Sí. También me ha preguntado que si era un sátiro por mis cuernos y que si los hijos de Hécate me habían hecho algo debido a mi piel azul.

El vrujo mayor se quedó pensativo.

-¿Tenía algo distintivo? ¿Algo peculiar?

-Tenía una espada que se convirtió en bolígrafo. También llevaba una camiseta naranja en la que ponía Campamento Mestizo.

-Es un semidiós. -Dijo el asiático después de un rato.

-¿Un qué?

-Un semidiós griego. Los dioses griegos aún existen y tienen hijos con mortales. Tienen dos campamentos. El Mestizo que está en Nueva York, y el Júpiter que está en San Francisco.

-¿Entonces el chico es mitad dios mitad humano?

-Sí. Les da clases un centauro llamado Quirón.

-¿Cómo el de la mitología?

Max estaba atónito.

-Es el mismo que el de la mitología.

El menor asintió despacio.

***PJ***

Percy estaba muy sorprendido.

Ese chico se movía muy rápido al luchar como si hubiera estado entrenando toda su vida.

-(Si no es un sátiro… ¿Entonces qué es?

***MLB***

Al día siguiente, Max estaba en otra zona diferente.

Su tío Jace le había pedido que vigilara la zona porque habían avistado extraños demonios con forma cuadrúpeda.

Estaba solo porque los cazadores de sombras estaban ocupados con una revolución de las hadas.

Al parecer habían discutido con los licántropos por algo.

Más tarde, los demonios en forma de enormes perros aparecieron en su rango de visión.

El chico del día anterior estaba corriendo y tropezó con él por no mirar por donde iba.

-¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!

Max rodó por el suelo y se levantó justo cuando uno de esos bichos se abalanzaba sobre el… Semidiós. Aún le costaba asimilar que los dioses griegos existían.

Cortó la cabeza del demonio en un movimiento rápido y se apresuró a acabar con otro.

Percy se levantó y luchó con él.

Terminaron con los cinco monstruos y se miraron exhaustos.

-¿Vas a decirme lo que eres chico azul?

-¿Vas a decirme lo que eres tú?

Percy se ruborizó.

-¿Por qué me miras tan intensamente?

El hijo de Poseidón giró la cara.

-M me gusta tu piel azul…

-(Oh por Poseidón… ¿Qué he dicho? Nico tiene razón. Hablo antes de pensar.)

Se tapó la boca con una mano y se puso aún más colorado.

Las mejillas de Max se oscurecieron.

-¿Gracias?

-B bueno… Nos volvemos a encontrar…

-Ya me he dado cuenta… -Dijo Max aún sorprendido.

Normalmente, su piel producía rechazo en vez de admiración.

-Sé lo que eres. -Le susurró Max a Percy en el oído.

Después, se dio la vuelta y se marchó tras despedirse con la mano.

-Adiós Max. -Dijo Percy suspirando.

Se levantó y se marchó pensando en las palabras de ese atractivo chico de ppiel azulada.

Los encuentros se repitieron todos los días durante un mes.

Cada día, luchaban con diferentes monstruos y hablaban unos minutos.

Max le había contado a Percy que tenía un hermano y dos padres adoptivos.

Percy le había hablado al brujo de su madre y de sus amigos del campamento.

Estaba de vacaciones.

Estudiaba biología marina en California.

Al parecer, Percy era tres años mayor que Max.

Según había descubierto, su novia le había dejado hacía cinco años por otro chico.

Ese día, después de haberse enfrentado a un demonio con forma de bola y espinas por todo su cuerpo, Max decidió hablarle de quién era.

-Soy un brujo. Hijo de un demonio y una mujer humana. Me abandonaron de bebé y mis padres me adoptaron.

-Yo soy hijo de poseidón. El único que existe.

-Tengo que irme. le prometí a Rafe que le acompañaría al centro.

Antes de que Max se marchara, Percy le acarició la mejilla con dulzura.

***MLB***

Aquel día, Max había sido gravemente herido por un demonio con tentáculos.

Sentía su sangre hervir y sus huesos quebrarse.

Percy le partió por la mitad pero ya era tarde.

-¿Max? ¿Estás bien? ¡Max!

El joven brujo no contestó.

-Vamos Max. Quédate conmigo. Venga chico azul. No puedes morirte. No sin que sepas lo que quiero decirte.

El brujo abrió un poco los ojos.

-Me gustas chico azul. Sé que nos conocemos desde hace mes y medio, pero lo que siento… Nunca había sentido esto por nadie.

-Percy… -Susurró el brujo.

-Max quédate conmigo. Por favor. No te vayas. No me dejes.

Lágrimas caían por el rostro del semidiós.

Acunaba al brujo entre sus brazos. No le importaba estar cubierto de sangre.

-¿Me darías un beso?

El menor respiraba con dificultad. No podía curarse con magia. Aún no había aprendido a curar heridas graves. Lo había intentado, pero no daba resultado.

El hijo de Poseidón acercó sus labios a los del otro chico y le dio un beso desesperado.

-Sabía que me gustarían tus besos. -Susurró el ojiverde.

Max sonrió levemente antes de cerrar los ojos.

Una luz púrpura cubrió al brujo y segundos después el joven se desvaneció de los brazos del semidiós.

-¿Max? ¿Max? ¡Maaaaaaaaax! ¡Maaaaaaaaaaaax! ¡Maaaaaaaaaaaaaaaaaaaax! ¡Vuelveeeeeeeeeeeeeeeeee! ¡No me dejes solo! No quiero estar solo. -Susurró.

Se quedó allí durante horas llorando y gritando.

Nico le encontró y se lo llevó al campamento.

Tenía la garganta desgarrada debido a los gritos y sollozos.

No dejaba de repetir el nombre del joven brujo.

Cuando se recuperó, salió del campamento para buscarlo.

Todos los días salía y le buscaba sin éxito.

Gritaba su nombre e iba a los sitios en donde sabía que habría monstruos.

Una vez vio al hermano de Max.

le conocía porque una vez se habían encontrado con él mientras acababan con una hidra.

-¿Raphael?

El joven se dio la vuelta.

-¿Parker?

-Soy Percy.

El cazador le quitó importancia con un movimiento de la mano.

-¿Qué quieres?

-¿Dónde está Max?

El joven le miró muy serio y le dijo:

-Mi hermano se ha ido.

Después de eso, se marchó saltando por los edificios hasta perderse de la vista del semidiós.

-¿Qué significa eso? -preguntó.

Pero no recibió respuesta.

Percy se negaba a creer que el chico azul hubiera muerto.

Días después tuvo que volver a Nueva Roma.

Él no quería hacerlo, pero se había comprometido con su madre a que acabaría los estudios.

Durante el curso, el joven semidiós a penas se concentraba.

A menudo se le veía solo mirando al horizonte.

Les había hablado a sus amigos sobre Max y por eso no le molestaban.

Ahora, cada vez que veía la comida azul, se acordaba del brujo.

Uno de esos días en los que el chico estaba mirando hacia la nada, Annabeth le encontró.

-Percy deberías dejar esta actitud.

-¿Disculpa?

-Nosotros somos semidioses y también hemos perdido a muchos. Él no era mestizo como nosotros.

-¿Y qué? ¿Es que acaso no tengo derecho a amar a alguien que no sea un semidiós?

-¿Amar? Si solo le conocías de hacía un mes.

-¡Y a ti qué te importa! ¡Vete con tu novio y con tus edificios! ¡Déjame en paz.

-¡lárgate Chase! ¡Ahora!

meses más tarde, el joven logró graduarse.

Aún estaba decaído, pero sus amigos le distraían.

Volvió a casa de su madre y compartieron una rica cena.

Paul y su hermana habían ido a casa de un primo y solo estaban Sally y él.

***NdA***

Nico estaba cansado.

Llevaba dos días buscando unas almas fugitivas que Melinoe había dejado escapar.

hacía un tiempo, había ido a preguntarle a su padre sobre los brujos.

Hades le dijo que las almas de los brujos casi siempre iban a Edom que era donde habitaban sus padres demonio.

Sonrió amargamente al recordar la cara de Percy cuando les habló de Max.

Solo Jason, Frank, Will, Reina, Leo, Piper, Hazel y él sabían que Max era un brujo.

A Annabeth le había dicho que era un chico mortal que había conocido por ahí.

Encontró a las cinco almas que debía devolver al territorio de su padre.

Éstas al verlo trataron de huir pero di Angelo no se lo permitió.

Tocó a todas ellas con su espada y desaparecieron con un sonido sivilante como el de un globo al desinflarse.

Se frotó los ojos cansado y se dispuso a volver al campamento. Will le estaría esperando y estaría preocupado.

-¡Cuidado! -Escuchó que alguien gritaba a la distancia.

El hijo de Hades se dio la vuelta instintivamente y vio un enorme ser con tres brazos, tres piernas y una extraña cabeza acabada en punta.

-¿Qué Hades es eso?

-Nnnnnico ddddddddi Angelo.

-¿pero qué…?

Sacó su espada y se dispuso a luchar.

-Así que el joven semidiós quiere mandarme de vuelta? Ya lo veremos.

Unas garras negras y afiladas le salieron de los nudillos.

Soltaban una sustancia biscosa y anaranjada.

Otros dos monstruos similares a ese se acercaron rodeando al joven.

El chico estaba agotado y dudaba que pudiera luchar contra los cuatro a la vez.

Trató de hacer un viaje sombra, pero los monstruos no se lo permitieron.

-Vamos pequeño semidiós. ¿No vas a luchar con nosotros?

De una rápida estocada, acabó con uno de ellos.

Los otros tres se abalanzaron sobre él y trataron de agarrarle.

-¡No dejes que las garras te rocen la piel! ¡Una herida, y estás muerto! -le gritó alguien.

Sintió que se colocaban a su lado y cómo esa persona le ayudaba con esos monstruos.

Al acabar, Nico se dejó caer al suelo apoyándose contra una pared.

Tenía los ojos cerrados y la cabeza echada hacia atrás.

-¿Campamento Mestizo?

Di Angelo usualmente iba de negro pero en esa ocasión, se había puesto una camiseta naranja porque la anterior había quedado desgarrada.

-¿Conoces a Percy Jackson?

Sin abrir los ojos todavía, el joven preguntó:

-¿Y qué si lo hago? ¿Quién eres tú de todas formas?

-Soy Max.

Ante esas palabras, Nico abrió los ojos y contempló al joven que tenía delante.

Era un chico azul y con cuernos. Justo como Percy se lo había descrito.

-De verdad eres azul. -Dijo incrédulo.

-¿Entonces le conoces?

-Sí. ¿Por qué?

-Querría hablar con él. Rafe me dijo que había preguntado por mí hacía varios meses y…

-¿Rafe? ¿Te refieres a Raphael?

-Sí. Por lo Visto, Percy te ha hablado de mí.

-¿No se suponía que estabas muerto?

-No. Casi muero. Estuve muy cerca pero logré salvarme.

-Te acompañaría a verlo, pero estoy muy cansado. ¿Qué te parece si te doy su dirección y vas a verlo?

-¿Su dirección? ¿De su casa?

Max le miraba muy sorprendido.

-Claro.

Nico le dio la dirección y tras despedirse del brujo, utilizó el viaje sombra para llegar al campamento.

En la enfermería, Will estaba atendiendo a un hijo de Némesis cuando le vio.

-¡Nico!

Acabó de vendarle la herida, y se acercó a su novio con rapidez.

-Vamos acuéstate. Enseguida te ayudo.

Le dio un suave beso en los labios y obedeció.

***PJ***

El hijo de Poseidón estaba en la cama.

Había pasado una noche fantástica con su madre pero tenía sueño.

Escuchó que llamaban a la puerta y se levantó.

Cogió a Anaklusmos de encima de la mesita y se acercó al recibidor.

Abrió la mirilla pero no vio nada.

Su madre estaba detrás de él con bata y zapatillas de estar en casa.

La puerta volvió a sonar y el chico transformó el bolígrafo en espada.

Con el arma en la mano, abrió la puerta y esperó.

Parpadeó un par de veces y volvió a mirar.

Cerró los ojos y al abrirlos, vio lo mismo que había visto antes.

-Percy… ¿Es un chico azul? ¿Y tiene cuernos? ¿Como tu amigo Max?

-¿Estás viendo lo mismo que yo?

Su madre asintió.

-¿Max? ¿Eres tú?

-Sí.

Percy guardó la espada y se apartó para que el chico pasara.

Sally se fue a su habitación dejándoles a solas.

-¿Cómo es que estás aquí? Pensé… Creí que habías muerto. Te busqué durante meses y no te encontré. Después me encontré con Raphhael y me dijo que te habías ido y…

Max y Percy estaban en la habitación del hijo de Poseidón.

-Rafe tiene la sensivilidad emocional de una taza.

El brujo tiró de Percy haciendo que se colocara sobre su regazo.

-Chico azul… Eres tú de verdad.

El ojiverde no aguantó más y le dio un beso en los labios.

Max correspondió con igual pasión y deseo.

Al separarse, Percy preguntó:

-¿Cómo es que estás aquí? ¿Por qué desapareciste en ese fogonazo de luz? ¿Por qué no apareciste en todos estos meses?

-Mi padre Magnus, tiene una piedra mágica que le avisa cuando mi padre Alec, mi hermano Rafe o yo estamos en peligro mortal. Cuando vio que estaba a punto de morir, me teletransportó a casa. Rápidamente avisó a Catarina, mi tía bruja. Ella evitó que muriera pero después tuve que ir al laberinto espiral porque mi magia se había descontrolado. Los brujos de allí me ayudaron a sellar mis poderes hasta que el veneno de ese demonio hubo desaparecido totalmente de mi sangre. Cuando ya no quedaba veneno en mí, desbloquearon mis poderes y tuve que practicar hasta poder controlarlos de nuevo. Volví a casa hace una semana. Rafe me dijo que habías preguntado por mí y salí a buscarte. No sabía si aún querrías verme pero tenía que intentar encontrarte. Hoy me topé con… ¿Nico?

Percy asintió.

-Le ayudé con unos Mekaion y al ver que tenía una camiseta naranja del ccampamento mestizo me emocioné y le pregunté por ti.

-Y aquí estás.

-Y aquí estoy.

Compartieron otro beso largo y dulce.

Percy acarició los cuernos de Max con la yema de los dedos.

-¿Sientes si los toco?

-Sí.

El brujo se acercó más hacia la mano del semidiós.

-¿Te gusta?

-Mucho.

El ojiverde sonrió.

-Percy… Tengo que decirte algo…

-¿Qué pasa?

-Estoy enamorado de ti. No sé si tú aún…

-¿Bromeas? No he dejado de pensar en ti ni un solo momento. Todavía te quiero.

Ahora fue el turno del brujo de sonreír.

Compartieron varios besos y un rato después, Percy se quedó dormido.

Al despertar, el semidiós al no ver ni rastro de Max ni siquiera una nota, creyó que había sido un sueño y se estremeció.

Se enjugó las lágrimas que le habían caído por la cara y salió a desayunar. No quería preocupar más a su madre.

Al llegar al salón, una silueta azul captó su atención.

-¡Max! ¡Estás aquí!

-Claro que sí.

Percy se acercó a él y le abrazó.

-No ha sido un sueño. -Susurró.

El brujo le levantó la barbilla y mirándole a los ojos le dijo:

-No ha sido un sueño cariño. Estoy aquí y no voy a irme a ningún lado.

Compartieron un beso profundo y unos minutos después se sentaron a desayunar cogidos de la mano.