Disclaimer: Los personajes y el universo le pertenece Rowlin. La trama es mía. No gano beneficio económico al escribir esto.

Espero que guste este pequeño especial navideño.

Feliz navidad para mí.

-¿En serio tengo que ir? -Preguntó Severus. -Sé de sobra que no soy bienvenido allí.

-Es importante para mí que estés. -Su pareja suspiró mirándolo con ojos suplicantes.

-No pongas esa cara. -Gruñó el mayor.

-¿Por favor?

-Sabes que iré, mocoso. Ahora, deja que me vista antes de que me arrepienta.

-¡Gracias Sev! ¡Te quiero! -Le besó en los labios.

-Niño ingrato. Haces conmigo lo que quieres.

Su relación había comenzado dos años después de la guerra. Dio la casualidad de que ambos estaban apuntados a una especie de citas a ciegas vía lechuza. Escribías una carta y una poción especial evitaba que supieras el remitente. Había un problema con ello, porque los criminales podrían utilizar el método para cometer delitos, pero los aurores tenían un hechizo que eliminaba la poción.

Comenzaron a escribirse al principio tímidamente, escépticos de que el método de citas funcionara para ellos.

Él, un profesor de Hogwarts que casi había muerto por la mordedura de una letal serpiente de un loco. Y el otro, el salvador del mundo mágico.

La primera vez que decidieron quedar en una cafetería muggle, al verse se miraron con recelo, hubo gritos, increpaciones, acusaciones e incluso hechizos.

Después de desahogarse y destrozar varios establecimientos teniendo que desmemorizar a varios muggles y reparando los desperfectos, decidieron darse una oportunidad más que nada por curiosidad.

Desde aquella cita habían pasado casi dos años.

Harry recordaba bien la cara de los Weasley cuando apareció por allí con Severus Snape.

Ginny le llamó traidor y otras muchas cosas los demás fueron corteses pero no agradables. Tenían la esperanza de que aquello duraría poco.

Sirius Black, al que habían rescatado del velo con runas antiguas y un hechizo que casi termina con el núcleo mágico de Harry y Remus, dramatizó murmurando que su ahijado quería que muriera por segunda vez.

Aquel día era la cena de navidad y Harry había insistido para que su novio fuera con él.

Si todos sus amigos irían con sus respectivos, ¿por qué él no? ¡Por Merlín! Charlie Weasley llevaría a Draco Malfoy.

Snape aceptó con el pretexto de que no permitiría que un Slytherin entrara solo en guarida de leones.

Harry había decidido que iba a pensar en su felicidad de una vez por todas.

Por eso, tras la cena, la cual fue algo tensa y un poco dramática, Ginebra tenía que dar la nota siempre, al ver a su pareja bajo el muérdago, no dudó en acercarse y besarlo apasionadamente delante de todos.

Después, lo cogió de la mano y se desapareció sin despedirse.

Severus y él acabarían la noche de una manera más agradable.