Disclaimer: El universo le pertenece a Suzanne Collins. Algunos personajes son míos, otros de Soly Ruh y si hay alguno de alguien que no haya mencionado, sus créditos.
Nota: Este fic está dedicado para Soly Ruh. Espero que te guste porque es para ti.
Quise hacer tu primera petición, pero salió esto.
Que lo disfrutes.
Así comenzó todo.
Despierto sobresaltado en mi cama. O para ser más exactos, en la cama en mi habitación en el tren. Otra vez he tenido una pesadilla con la arena de la que salí. Al menos, he conseguido aprender a tragarme los gritos porque a Sonya la alteraban mucho y sufría por mí al igual que mi madre.
Sinceramente, hubo días en los que pensé que no saldría vivo de allí y cuando lo hice, Dorcas Steele me dejó un recuerdo permanente.
Me apuñaló el ojo izquierdo con una daga y lo reemplazaron por un ojo biónico color rojo sangre aunque si quisiera, podría cambiarle el color aunque no comprendo el punto de hacerlo.
Este año era mi segundo como mentor y el año pasado había sido duro porque salieron cosechados dos niños que eran hermanos. ¿Cuántas probabilidades había de que eso pasara? Pues para el Capitolio no había nada improbable aunque según me dijo Doreen, la otra mentora, muchas veces amañaban las cosechas.
Si para mí fue duro perder a dos tributos, ¿cómo debió ser para sus padres? Era algo en lo que no quería pensar pero a menudo no podía evitarlo.
Este año teníamos a dos tributos bastante fuertes y grandes. Ella venía de una familia trabajadora pero próspera y él de los suburbios pero era de mi tamaño.
Sheila y Damen se llamaban.
Yo ayudaría a Damen y Doreen a Sheila y al día siguiente hablaríamos de estrategias.
Traté de dormir durante otra hora más y algo molesto por no haberlo conseguido, me levanté.
La fiesta de la paz había comenzado tras el desfile.
Habían vestido a los tributos de mi distrito de ovejas y parecían cosas adorables y tiernas en palabras de Ambrose.
Doreen había fruncido los labios y había jurado contra todos y cada uno de los estilistas y preparadores por ineptos y por no tener imaginación.
Los tributos del distrito uno iban vestidos con opulencia recordando a los antiguos generales persas o eso era lo que había dicho Vania, una de las preparadoras.
Los del distrito dos era un soldado romano él y una amazona ella.
Los del distrito tres parecían personajes de los videojuegos que tanto le gustaban al vencedor más reciente de ese mismo distrito.
la lista seguía y seguía y mis ojos no se habían alejado del desfile en ningún momento.
Era un buen modo de observar a los trivutos y tratar de dilucidar sus creencias o incluso si ya llevaban máscaras de antemano.
Jason Green se me acercó casi al inicio de la fiesta con el chico que mentorearía detrás.
Doreen y yo estábamos comparando impresiones con nuestros chicos y cuando vi a la chica fruncir el ceño, me di la vuelta y lo vi.
-Green... -Le saludé.
-Avercrombie... -Devolvió.
-Lo aces aposta, ¿cierto? -Gruñí.
Le había dicho un montón de veces cual era mi apellido real pero parecía darle igual.
-Lo que sea. -Se encogió de hombros. -Él es Dean Illoy, el chico al que mentoreo este año. Tal vez... ¿Podríamos concretar una posible alianza? -Miró evaluador a los tributos de mi distrito y pareció gustarle lo que veía.
Doreen frunció el ceño.
-¿Qué saben hacer tu chico? -Quiso saber. -Porque si es un simple...
Jason chasqueó la lengua.
-Sabe más cosas de lo que imaginas pero si lo quieres saber... -Dejó las palabras suspendidas en el aire.
-Lo pensaremos. -Dijo ella sin comprometerse. -Mientras tanto, yo iré a por una copa y vosotros podéis ver como interactúan nuestros chicos.
Los tres tributos se miraban entre sí sin saber que hacer.
Más tarde, cuando paseaba por la gran sala, noté por el rabillo del ojo que alguien me observaba.
Me di la vuelta y descubrí al chico del distrito uno mirándome sin disimulo.
Los que supuse sus aliados, puesto que estaba con los miembros del distrito dos, su compañera y los del cuatro, estaban hablando pero él no parecía muy interesado en sus palabras.
-Atractivo, ¿eh? -Dijo una voz a mi lado.
Jason sonreía y miraba al chico con total descaro.
-¡Por dios Green! Él podría morir en unos días y...
Él levantó las manos en señal de paz.
-Tranquilízate Avercrombie. Ni siquiera voy a acercarme a él. Solo he hecho una observación sin otras intenciones.
-Es Avercowney. -Gruñí.
-Lo que digas. pero tu chico viene hacia aquí.
-¡No es ni chico! Y tiene dieciocho años... Y es un tributo.
-Tú solo tienes veinte y en serio Avercrombie, parece que te estés justificando ante mí de todas las personas.
-No estoy...
Golden se plantó delante de nosotros con una pose despreocupada y una sonrisa jugueteando en sus labios.
No pude evitar mirarlo a pesar de mi repulsa hacia los profesionales.
-¿Y tu mentora? -Pregunté.
-Por ahí. ¿Qué importa de todos modos? No soy su perro para seguirla a todas partes.
Miré a Jason con desconcierto preguntándome lo que querría este chico de mí en particular o si simplemente se aburría.
-Bueno Lev. Me iré a vigilar a mi tributo. No vaya a ser que arme un desastre con las luces.
Le vi ocultar la risa y quise matarlo lentamente. Tal vez matarlo no, pero sí estrangularlo un poco.
-Lev... -El chico del uno parecía paladear mi nombre.
Lo había pronunciado como algo sucio, algo prohibido... Sensual.
Decidí que habían sido imaginaciones mías al igual que la mirada de deseo en sus ojos.
-No debí haber aceptado la copa que Madara Greyarm e había ofrecido.
Hablando de copas...
-¿No se supone que no deberías beber eso? -Señalé el contenido del vaso de Stark.
-Tengo dieciocho años y tal vez muera en los próximos días. ¿Qué más da si me emborracho?
No pude discutir con su lógica aunque me pregunté si debería quitarle la copa.
-¿Y qué quieres? Porque dudo que vayas a solicitar alianza con uno de mis chicos. Porque... ¿Cómo es? Los profesionales no buscan aliados, son los otros quienes buscan a los profesionales.
-Ahí lo tienes. -Sonrió. -lo sabes bien.
-¿Entonces? Dudo que hayas venido simplemente para mirarme todo el tiempo.
Golden ladeó la cabeza fingiendo pensarlo.
-Tal vez sea eso a lo que haya venido.
-¿Y por qué un profesional tan preparado, porque supongo que lo estás puesto que te has presentado voluntario, iba a querer compartir espacio con un simple chico de distrito como yo? -Interrogué sarcástico.
-Venciste así que algo has de tener. -Me contestó.
Alcé una ceja.
-Dudo que eso sea suficiente.
-Me gustan las cosas bonitas y tú lo eres de una manera peculiar.
Me habían dicho todo tipo de cosas desde que vencí en los juegos, sobre todo capitolinos y capitolinas que buscaban algo de mí, pero nunca un tributo y menos aún un profesional. ¿Qué buscaba? ¿Qué quería?
Ese chico seguía mirándome todo el tiempo como si pudiese extraerme todos mis secretos si lo intentaba lo suficiente.
Se acercó a mí de manera resuelta y fingió tropezar con una alfombra.
El vaso que llevaba en la mano se volcó sobre mi camisa haciéndome maldecir y retroceder.
Fue algo muy torpe y descuidado por mi parte, puesto que resbalé con el amplio vestido de la escolta del distrito ocho y estuve a punto de caer al suelo.
Christian Stark se jactaba de ser un chico preparado y controlado.
Le gustaba divertirse y disfrutar de placeres mundanos propios de un adolescente de su edad.
Ni siquiera le hacía caso a su padre, el cual le había hecho un sin fin de prohibiciones desde que le pillara con menos edad haciendo algo que Jerry Stark clasificaba de inmoral y ofensivo para el género masculino.
Tanto había sido así, que le obligó a entrenar el doble o incluso el triple para evitar que se descarrilara y tomase un desvío en el camino que le tocaba seguir.
Habían tenido varias peleas al respecto, pero después de haber vivido dos meses en la calle debido a una discusión, Christian decidió ser menos impulsivo al menos delante de su padre.
Pasaba la mayor parte de los días en casa de su hermano Emerald cuando no estaba entrenando y eso le daba un respiro.
Jerry había tratado de que su hijo mayor se pusiese de su lado al contarle las depravaciones de Christian, pero lo que había logrado había sido cabrearlo aún más y que Emerald lo cubriera cuando se iba con sus amigos.
Todos le llamarían superficial y frívolo por disfrutar de lo que la vida tenía para ofrecer sin embargo, solo había tomado alcohol a escondidas y siempre rechazó la droga. Esa era una línea que no cruzaría.
Cuando se presentó voluntario, o para ser más exactos cuando sus instructores lo votaron para representar al distrito uno, no supo como sentirse.
Él nunca había querido ir a los juegos y menos aún cuando su padre había querido que lo hiciera para darle más prestigio a su apellido pero no tuvo más opciones.
Había calificado como el mejor de la academia y sería una vergüenza no presentarse si había sido elegido.
Pensó en no hacerlo muchas veces y permitir que otro saliera en su lugar.
Pero al ver al chico que salió cosechado, un niño de doce años que no era ni un tercio de su tamaño se decidió. Si lo habían votado por algo sería y se mandaban voluntarios para impedir que precisamente niños pequeños fuesen mandados a morir debido a su inexperiencia.
Christian no quería manchar su alma con asesinatos, pero no era tonto y sabía que eran ellos o él.
Fue en la fiesta de la paz donde su vida se tambaleó.
Algunos podrían tacharlo de cursi y exagerado, pero al verlo sintió algo diferente.
Había deseo, claro, pero también algo más. Un interés y curiosidad que no sentía en mucho tiempo y decidido a averiguar lo que le ocurría, se acercó a él.
A Golden le atraían las cosas bonitas y él claramente lo era.
Tuvieron una conversación sin importancia y harto de todo aquello, Christian decidió hacer su siguiente movimiento el cual no era ni por asomo lo que aconteció.
Estaba mirando sus labios mientras hablaba, y cuando me acerqué más, tropecé con una estúpida alfombra que no había visto.
Mi vaso se derramó sobre la camisa de Lev y yo casi morí de vergüenza ahí mismo.
Sobre todo cuando una señora muy pomposa con un vestido que llegaba hasta el suelo en varias capas, le hizo tropezar y le sujeté.
Ella, muy indignada, le empujó haciendo que mi copa terminara por derramarse y los dos terminamos manchados de azul.
El atractivo vencedor del distrito diez me miró con desconcierto e indignación y tiró de mí hacia un pasillo que conducía a un baño de hombres.
-¿En qué estabas pensando? -Jadeó. -¿Qué pretendías exactamente?
Con furia, se quitó la camiseta y yo me descubrí mirándolo como un perro mira un hueso.
-¡Stark! ¿Qué haces? Anda y sácate la mancha del traje antes de que alguien venga y esto se vuelva más vergonzoso de lo que es ya.
Iba a darle con agua y jabón a la mancha, cuando él me apartó las manos exasperado y cogió una toallita rociándola con un líquido rosado de otro dispensador.
-Quita. Yo me encargo porque si no...
Le dejé hacer mientras lo observaba y sentía sus manos sobre mí trabajando en la mancha.
Más rápido de lo que me hubiese gustado, se retiró y se ocupó de su camisa.
-Ha desaparecido. -Dije estúpidamente mirando mi traje.
-La mancha...
-De eso se trata, ¿no? De que la mancha se vaya.
Me molestó que hablara conmigo como si le molestara, como si yo no fuese más que un simple chico sin importancia.
También me cabreó que no me mirara y que incluso hubiese desdén en sus palabras. ¿Pero quién se creía que era? ¿Cómo se atrevía a no mirarme?
Christian no comprendía por qué se sentía tan desairado ante la no atención de Lev pero sentía que tenía que hacer algo, lo que fuera para captar su interés o al menos, su mirada.
Entonces, cuando vio que había terminado con su camisa y se disponía a ponérsela, el menor se la quitó de las manos de un tirón y la escondió tras su espalda en un fluido movimiento.
La boca del vencedor se abrió en sorpresa no esperándose aquello.
Se giró dispuesto a gritarle y a recuperar su prenda y mientras forcejeaban,Christian lo acorraló contra una pared y lo besó.
Así, se dijo, tendría una razón para mirarlo como era debido.
