A mí me gustan mayores
La Idol de la secundaria Karakura se ha ganado el apodo simplemente por ser hermosa. ¿Cómo no serlo con unas curvas de reloj de arena, un cabello que recuerda el atardecer y una sonrisa que resplandece como el sol? Incluso pueden pasar por alto su apetito que de seguro puede comer dos banquetes enteros ella sola. Quizás más.
Pero también se lo ha ganado gracias a que no ha salido con ningún chico.
—Lo siento. — Dice ella a un chico de cabello negro. — No puedo salir contigo, no me interesas.
Por romperles a todos el corazón y el orgullo.
Luego del rechazo, Inoue Orihime se va sin mirar atrás de vuelta a su salón.
Le siente mal, lo admite, pero no tiene la culpa que ella tenga otros... gustos.
Unos que si saben cómo usar su salchicha.
Entra al salón y se junta con sus amigas: Apache, Mila Rose, Sun-Sun, Harribel y Nelliel. Ellas también tienen su fama de Idol, en especial Harribel, aun cuando ya se sabe que sale con un mecánico de nombre Stark. Las saluda con su sonrisa deslumbrante de siempre.
—¿A quién has matado ahora?— Se burla la chica de cabello azul y peculiares ojos amarillos.
—No lo digas de esa manera Rose-chan. — Orihime infla sus mejillas al mismo tiempo que apoya las manos en las caderas. — El chico tiene emociones.
—Claro, no tiene la culpa que tengas otras preferencias de madurez. — Bromea su amiga de piel y cabello del color del chocolate.
—Mis gustos de hombres no son de tu incumbencia, Apache.
—Cierto. — Le apoya la amiga de larga cabellera verde oscura y con rasgos de la India. — Ustedes dos lucen como esas viejas cincuentonas que no tienen nada más que hacer.
—¡Repite eso Sun-Sun!— Gritaron tanto Mila Rose como Apache, llamando la atención de los demás estudiantes.
—Silencio. — Murmura Harribel, otra mujer de piel chocolatada, curvas matadoras y el pelo dorado. No es necesario alzar la voz para ser escuchadas.
—Eso, eso. — Otra estudiante despampanante, larga cabellera verde claro, alza las manos en son de paz. — Es temprano para empezar las peleas.
—Gracias Nelliel. — Orihime agradece a su amiga su apoyo. Ve a Harribel. — A ti también.
—Como sea. — Dice la rubia mientras se encoge de hombros.
—¿Al final si nos juntaremos a comer después de clases?— Sugiere Nelliel, cambiando el tema con el fin de calmar las aguas.
—Sí. — Dijeron Apache y Mila Rose nuevamente sincronizadas.
—No veo por qué no. — Dice Sun Sun
—Estoy ocupada. — Dice Harribel. De seguro con su novio pero ninguna le dice algo al respecto.
—Lo siento, tengo trabajo. — Se disculpa Orihime juntando las manos.
—¿El sobrino mocoso de Ishida?— Pregunta Mila Rose.
—Kurosaki Satoshi. — Escuchan una voz masculina. — Ese es su nombre.
—Hola Uryuu — Saludaron Nelliel y Orihime.
—Todos los niños son iguales para mí. — Dice la peliazul.
—Como tú. — Remata Ishida subiéndose los lentes.
—No le veo fallas a su lógica. — Murmura Sun-Sun con una sonrisa divertida por el enojo de Mila Rose.
El timbre de la campana interrumpe el Infierno que se podía desatar y Orihime suspira de alivio.
—¿De verdad vas a casa de mi primo?— Pregunta Ishida, el presidente estudiantil, cruzándose de brazos.
—Ah, sí... él y Rukia-san tienen una cena de negocios. — Técnicamente es solo Rukia quien tiene la reunión de empresarios e Ichigo solo va por ser el esposo. — Me entere recién hoy, fue sorpresivo.
—¿No te están sobreexplotando? Con gusto golpeo a Ichigo.
—Oh, no lo hacen... prácticamente me lo han suplicado. — Sonríe traviesa. — Acepte porque Ichigo-san me prometió mi comida favorita de cena y me gusta estar con Satoshi.
Ishida alza una ceja ante sus palabras. No deja de mirarla de esa forma fija y acusatoria hasta que llega el profesor. Se encoge de hombros y va a su pupitre.
Orihime suspira de alivio, aunque igual temerosa.
Y que Harribel la vea de la misma manera no ayuda.
Anuncia al departamento vacio que ha llegado.
Suspirando Orihime deja sus cosas sobre la cama de su cuarto y busca rápido la ropa que se pondrá durante el resto del día. Opta por medias negras, mismo color de sus botas cortas con tacón bajo; falda color rojo estilo de animadora y un suéter de rayas negras y blancas. Peinándose el cabello va a la cocina en busca de algunos dulces con el fin de degustar una vez Satoshi se haya ido a la cama (no puede comer dulces después de la cena y no tiene corazón de negárselos) y nota algo peculiar en el refrigerador.
Regreso mañana en la noche.
Asunto del trabajo.
Nada de chicos en la casa.
Una nota de Sora.
Sonriendo con malicia, Orihime corre a su cuarto, tira su peineta y agarra el celular. Saca una fotografía a la nota que su hermano mayor ha dejado y se lo envía a un contacto que sólo tiene el icono de una salchicha en vez de un nombre.
No tarda en llegar de respuesta una respuesta que la hace jadear de placer y se muerde el labio inferior.
Vuelve a su cuarto para ponerse su perfume favorito (y no es la única persona que le encanta olerlo en su piel), se protege del frío con un abrigo rojo hasta las rodillas, recoge su bolso con sus documentos, dulces, lápices, cuadernos y un libro y sale de su departamento tarareando de felicidad.
Claro que va a ser una hermana buena y obedecer las indicaciones de Sora.
Porque él ha dicho que no quiere chicos en el departamento.
Nunca dijo algo al respecto de un hombre.
La casa de sus jefes se encuentra en la parte alejada de Karakura, en donde vive la gente con sus buenos billetes, por eso debe ir a trabajar en un taxi. Normalmente toma el autobús y camina o simplemente se dedica a la caminata de una hora pero como el tiempo juego en contra del matrimonio, se ha ido en un taxi para llegar rápido. Por cortesía de sus jefes.
El taxi la deja en una casa de tres pisos y con estilo victoriano. Colores blanco y negro, de seguro cortesía de Rukia. El jardín prueba que la señora de la casa le gusta la perfección y solo contrata al mejor jardinero para que le dé el aspecto de ser más grande de lo que ya es. La reja ya está abierta por lo que no debe tocar el timbre, saca la llave del escondite y abre la puerta.
Encontrándose gritos de discusiones.
Siente vergüenza ajena nuevamente de pillar a Ichigo y Rukia discutir por algo que había olvidado el marido. Al parecer se olvido de arreglar el traje que ella había elegido para la cena de negocios y que ahora iban a quedar mal vistos. Mal que piense eso porque cualquier cosa le queda bien.
Calma tus pensamientos.
—Buenas tardes Rukia-san, Ichigo-san. — No la escuchan por seguir hablando del asunto del traje. Pero no le da importancia al asunto, ya los conoce y sabe que luego se olvidaran del asunto.
Sigue su camino y descubre sentado en la escalera con mirada desanimada a un niño de siete años. Cabello castaño, parecido al trigo, gracias a su abuela, corto y revuelto como su padre. Tiene los mismo ojos violetas de su madre pero no muestran seriedad o enojo como sus progenitores, más bien un poco de tristeza y resignación. La piel blanca como la nieve, otro rasgo del lado materno. Viste una pollera con el estampado de los Karakuraizer, unos shorts color vino y sus zapatillas de futbol. De seguro viene de jugar a la pelota con los demás niños del barrio.
Sonriendo sube unos escalones y se sienta a su lado.
—Hola Satoshi.
—Hola Orihime-neechan.
—¿A qué se debe ahora? — Señalando a los padres del niño con el mentón.
—Mamá está estresada con el negocio y el tío Byakuya salió de la nada con esa cena… y que papá no haya tenido el traje que ella quería listo desato su ira. — Suspira. — Y que tenga que irse a Osaka por su editor no ayudó mucho.
Orihime, en señal de camarería, le rodea los hombros con su brazo derecho en un gesto de apoyo. Satoshi lo acepta y se lo agradece apoyando la cabeza en su pecho.
—Ojala mi tío Byakuya dejase de meterse. — Vuelve a suspirar. — Quizás así mi madre sería más feliz y ella y papá dejasen de pelear tanto.
—O quizás les daría la oportunidad de separarse. — Tantea el terreno, no quería un enojo por parte del niño. — Antes que se maten.
—Quizás… pero no quiero eso.
Antes que Orihime pudiera darle algún comentario, se escucharon bocinas afuera, de seguro de la limusina, cortesía por Byakuya, que venía por Ichigo y Rukia.
—Ya llegaron. — Gruñe Ichigo revolviéndose el pelo.
—¡No hagas eso o no quedaras presentable! — Regaña Rukia dándole un golpe en el brazo. — ¡Y Orihime no ha llegado aún!
—Aquí estoy Rukia-san. — Sonríe ante el brinco de susto que hicieron el matrimonio. — Llevo diez minutos aquí.
—Oh Dios, lo siento. — Dice ella, aun molesta de lo que está pasando en esa noche.
—No hay problema, entiendo.
De nuevo la bocina e Ichigo suelta un gruñido. Es fácil saber que no le agrada su cuñado.
Ichigo, profesor de literatura y célebre escritor, busca el abrigo de su esposa y la ayuda a vestirse; luego se pone el propio en lo que Rukia sale a la puerta mientras le grita a Satoshi que lo quiere. No se ha oído sincero pero el niño sabe que es por las prisas y el estrés del trabajo, así que piensa en dejarlo pasar.
—¿De verdad tienes que ir a Osaka, papá?
—Lo siento Satoshi. — Dice apoyando la mano en su cabeza, de verdad culpable de verlo así de desanimado. Sospecha que no lo está pasando bien. — Ya verás que para cuando vuelva, Rukia estará mejor de ánimo… y te prometo que te compensare.
—Llevas diciendo eso ya tres veces. — Acusa, sus palabras han sido puñaladas. — Y me cambias por el trabajo. También mamá.
Ichigo echa un vistazo rápido a Orihime, quien había sido amable en fingir no oír con los ojos en su celular. Apoya las rodillas en el escalón y quedar más cerca y al mismo nivel de Satoshi.
—Lo sé, lo siento… y tú mamá también lo siente… no hemos sido buenos contigo. Debemos ser agradecidos de tener a un niño paciente y comprensivo. — Sonríe y le da un leve apretón en el hombro. — ¿Sabes qué? Mañana, en cuando regrese, no trabajare, nos iremos tú y yo a pasarlo bien por ahí.
—¿De verdad? — Lo mira con sospecha, no quería ilusionarse otra vez.
E Ichigo lo entendía.
—Sí, te lo prometo… y para que veas que es cierto. — Ignora el tercer bocinazo mientras saca el celular y le enseña su agenda virtual para que sea testigo de cómo pone en el día sábado en mayúscula: TODO EL DÍA CON SATOSHI. — Y… se lo envío a mi editora ahora mismo.
La sonrisa que refleja el rostro de Satoshi tras ver aquel mensaje enviado no tiene precio. Y la de Orihime no se queda atrás, la atrapa mirándolo y sonriendo con orgullo.
—De nuevo gracias por tu tiempo Orihime.
—¿Cómo no negarse si me propuso una cena? Y me encanta cómo cocina, Ichigo-san.
—Ha hecho tu favorito. — Acusa Satoshi queriendo molestar.
—¿De verdad? — Lo mira emocionada.
—Sí, yo… — Otro bocinazo y suspira. — Será mejor que vaya de una vez.
—Que les vaya bien. — Dice ella y Satoshi la secunda.
—Gracias. — Nuevamente revuelve el pelo de su hijo y sale corriendo.
En cuando quedan solos, Satoshi cambia su sonrisa por una mirada de tristeza y oculta la cara entre sus rodillas. Orihime lo vuelve a rodear con sus brazos, dándole palabras de aliento apenas lo escucha sollozar mientras le frota la espalda.
—Eres el niño más fuerte que conozco Satoshi.
Ichigo entra al cuarto de Satoshi y se encuentra a Orihime dormida en el sillón con un libro en su regazo. De seguro vigilando que el niño se duerma sin trucos, debió dormirse en algún momento en lo que leía.
Se acerca despacio a ella y apoya su mano en el brazo de la adolescente. Susurra su nombre hasta que consigue despertarla. Capta que se ha sonrojado y que desvía la mirada. De seguro le fue sorpresivo abrir los ojos y ser Ichigo lo primero que ve.
—¿La encontraste? — La voz de Rukia se hace presente. — Ah, aquí estas Orihime. No estabas abajo.
—Lo siento… vigilaba a Satoshi y me dormí sin querer. — Apenada de admitirlo.
—Al menos cerraste las puertas. — Rukia le resta importancia encogiéndose de hombros.
Los tres salen del cuarto de Satoshi y en el pasillo Orihime capta, por millonésima vez, una foto del matrimonio de Ichigo y Rukia. ¿Cómo es que los invitados han pasado por alto que esos dos se veían como amigos cerrando un negocio que amantes felices de estar juntos toda la vida? De seguro lo han hecho pero como son unos millonarios, lo pasan por alto porque el dinero es más importante que los sentimientos.
La vida es injusta como la mierda.
— Ya son más de las once. ¿Quieres un taxi?
—No es necesario. — Ichigo habla antes que Orihime tenga oportunidad de hablar. — La llevo yo en mi camino a Osaka… si no te importa esperar a que me cambie de ropa.
—Claro, sé un asaltacunas infiel delante de tu esposa. — Se mosquea Rukia sin tapujos y Orihime se sonroja.
—Basta Rukia, no te desahogues conmigo solo porque no puedes pararle el carro a tu hermano.
—¿Cómo te at-…?
—Eeeh. — Rápido Orihime se interpone, seria muy malo que Satoshi se despierte y escuche todo ese jaleo. — No quiero causar problemas, Ichigo-san.
—No es problema alguno. ¿Para qué ir con un desconocido tan tarde si te puedo ir a dejar? Me queda de pasada en todo caso.
—Bueno… si no causo un problema a ustedes dos, se lo agradecería.
—No. — Dice Rukia huraña, frotándose la cien con el dedo índice. — No me molesta… me iré a dormir. Adiós Orihime y gracias.
—Que descanse Rukia-san.
—Espérame abajo. — Dice Ichigo apoyando su mano ahora en el hombro de la niñera. — Me cambio y nos vamos.
—Claro… recogeré mis cosas mientras tanto.
La espalda de Orihime golpea la puerta principal de su departamento a causa de estar más preocupada en comerse a besos a su jefe mientras alza una pierna para rodearle la cintura.
La falta de aire los obliga a cortar el beso, pero no se separan tanto sus labios, por lo que sus caras sienten el aliento del otro. En segundos vuelven a besarse, como si eso fuese más importante que el oxígeno para vivir. Ella abre su boca, dándole permiso de meter su lengua y él se lo agradece con un gruñido casi animal.
¿Cómo es posible que la temperatura suba tan rápido con solo un beso? Tan asfixiante como el interior de un sauna tanto tiempo, sin embargo ahí está uno, buscando más calor o iban a morir.
En especial si su coño no tenia satisfacción con lo mojada que se ha puesto en el instante que se besaron en el primer semáforo en rojo.
Con los pulgares en el cuello, Ichigo le alza el rostro, teniendo mayor acceso al largo de ese cuello níveo que lo vuelve loco y besa y muerde. Todo en ella lo vuelve loco. De verdad. Desde sus jodidos quince años y cuánto dolor ha sido satisfacerse en la ducha y no lanzarse encima como un viejo rabo verde de treinta años en ese entonces (treinta y dos ahora). Escucharla jadear y como se queda sin aliento es tan erótico y suficiente para estar duro como una piedra.
—Hay que parar unos segundos o terminaremos haciéndolo aquí. — Susurra Orihime apenas, concentrada en luchar en contra de la lujuria un momento.
—No sería la primera vez. — Le dice burlón.
—Y casi nos pillan. — ¿Cómo puede hablar de esas cosas como si en realidad te dijese la hora? Ella tiembla y jadea como un animalillo indefenso y el canalla de su jefe tan indiferente.
Pero vaya como lo recompone con su polla.
Agarrándola bien del cabello, acaricia su oreja con esos labios gruesos que la hacen ver las estrellas hasta perder la cuenta solo en tres horas (para que tengan una idea de lo que puede hacer si le dan más tiempo) y susurra sensual, ronco, animal:
—Tienes quince segundos para abrir o los vecinos tendrán un porno en vivo.
Gimiendo entre protesta y éxtasis por imaginárselo, Orihime lo aparta y busca, torpe por el temblor de las ansias, sus llaves en los bolsillos de su abrigo. Maldice que se le hayan caído por las prisas y se agacha en recogerlos.
—¿Tan pronto quieres una mamada?— Escucha a Ichigo burlarse.
—Calla. — Reprocha ella ya de pie y metiendo la llave en la cerradura.
Apenas la puerta es abierta, la niñera es atacada. Su trasero siente la polla dura a pesar de las prendas que los separan; las manos de Ichigo presionan sus senos y sus dientes le muerden el lóbulo. Todo eso sin dejar de avanzar al interior del departamento. Orihime apenas retiene la información que Ichigo ha cerrado con su pie y que le habían quitado el abrigo y la cartera.
—Como te encanta tentarme con esas medias.
—¿No dijiste que te gustaba quitármelas con tus dientes? — Tanteando el terreno.
Sus osadas palabras consiguieron que su jefe y amante la estampe en la pared más cercana. Lejos de asustarse, sus labios delatan con una sonrisa antes que vuelvan a asaltar su boca. Despreocupada de su "agresivo ataque", le muerde el labio, tentándolo más mientras ya le desabrocha el cinturón.
Dios, han sido dos semanas.
—¿Ansiosa mi amor? — Le escucha gruñir.
—Quiero un balance justo. — Lo mira en reproche como una niña que le quitaron sus dulces. — Me arrebataste las bragas en el auto después de todo.
Lo escucha reír, ronco y ansioso como ella.
—No puedo argumentar en contra de una declaración verídica. — Admite en lo que tira su propio abrigo.
No tarda en seguirle la camisa, el suéter de Inoue como su sostén.
Impaciente se come un pezón mientras una mano atiende el otro. La mano desocupada no se quiere quedar atrás, acaricia su pierna endemoniada con esas medias. Sube lentamente a los muslos y no tardan en retumbar los gemidos de la niñera por el departamento una vez sus dedos al encontrado el clítoris y los labios vaginales totalmente mojados.
—Que sorpresa. — Murmura él, enseñándole travieso sus propios dedos cubiertos por los jugos de Orihime. — Pero si ya estas lista.
—Entonces deja de hacerme esperar. — Ordena, con urgencia en la voz, sosteniéndolo luego de su cabellera naranja y lo atrae en otro beso.
Sin cortar el beso, Ichigo le sube una pierna al mismo tiempo que se baja el cierre y saca su pene, rozando la entrada a su paraíso personal. En cuando por fin la penetra, de una estocada, ambos gruñeron entre besos.
¿Cómo los chicos de su escuela se les han pasado por la cabeza que tienen alguna oportunidad? De seguro si lo presumiera como Harribel a Stark, dejarían de estarla fastidiando todos los días por una cita.
La realidad es una perra.
Sabe que debería sentirse mal por follar a escondidas con un hombre casado.
O ser la causa que Satoshi no tenga a su padre esa noche.
Pero Dioses, si no tiene su dosis de buen sexo se iba a volver loca.
Por eso es mejor no pensar en nada ni nadie mientras sucumbe por la lujuria personificada en Kurosaki Ichigo.
—Más... — Con un brazo le rodea el cuello y con la otra mano se mantiene apoyada en la pared. Sus ojos fijos en los de Ichigo. — Más fuerte...
Como siempre, él la complace. Bien sujeta de su trasero la embiste con tanta fuerza que a la niñera no le sorprende si los ojos le llegasen a salir. Sus uñas se clavan con fuerza en la piel del hombro pero el escritor no parece afectarle, más concentrado en derrumbarla de placer y que no pare de pensar solo en él.
—I-Ichi-... — Su orgasmo vino tan potente e inesperado que se salva de caer solo por estar bien sujeta. Grita el nombre de su amante en lo que éste le muerde el cuello.
Sin darle algún respiro le alza la otra pierna y bien sujeta, entre besos más hambrientos, la lleva a su cuarto sin chocar contra ningún obstáculo.
Orihime pasa de sentir la dureza de una pared a la suavidad de un colchón. Gime en protesta en cuando en cuando su coño está vacío otra vez y observa a Ichigo (quien sonríe arrogante) en busca de respuestas.
—Aún tenemos ropas que quitarnos.
Y a eso se dedicó. Primero se quita los zapatos lustrosos y calcetines, finalizando con sus jeans y bóxer. Orihime se muerde el labio ante la imagen de su Adonis perfecto, en especial en su enorme polla dura que ya quiere saborear en su coño otra vez... y en la boca.
Vuelve a posicionarse de rodillas en la cama, entre las piernas, y procede en ayudarla a quitarse la falda y las botas.
Las medias de quedan.
Porque, como ya se ha dicho, Ichigo le gusta usar los dientes en aquella labor.
Pero primero lo primero.
Se muere de sed.
—¡Ichigo!— Exclama la niñera, arqueando la espalda. Sus manos agarrándose del pelo de su amante, como si con eso consigue que la lengua del hombre vaya más profunda.
El escritor sonríe arrogante sin dejar su labor. ¿Cómo no sentirse la persona más poderosa del mundo si consigues doblegar a tu merced a una ninfa de Afrodita?
Sus labios capturan su clítoris sin piedad y con eso ya fue la gota que derramo el vaso y Orihime se corre en su cara mientras su hermoso y pequeño cuerpo se convulsiona. Solo puede repetir el nombre de Ichigo una y otra vez.
Se limpia las lágrimas que le entorpecen la visión y ve a su amante lamerle los labios vaginales antes de besar y morder su muslo izquierdo. Observándola.
—Oh, solo... solo acaba con... esta tortura...
—¿Por qué la prisa? — Como ama y odia al mismo tiempo que Ichigo le hable con ese tono bromista arrogante. — Tenemos toda la noche. — Cierra sus palabras con otra mordedura en el muslo.
Luego de minutos (o quizás horas) de tortura (en el cual se corrió varias veces), Ichigo por fin le da las ganas de quitarle una media. Con sus dientes. Mientras con sus manos va acariciando la piel expuesta y la oye gemir una y otra vez. Sigue el mismo procedimiento con la otra.
Entonces empieza a recorrer literal el camino que consiste el cuerpo de Orihime desde la punta de los pies hasta la boca. Con sus labios, lengua y dientes. Lento, placentero y tortuoso para ella. En especial cuando se demora a propósito en los senos.
Por un momento, pero no por primera vez, ha pensado en botar todo e irse con Orihime a otro país. No le importa que sea menor de edad (diecisiete). Compraría una casa en el campo y se encerraría con ella, nadie en la redonda que escuche sus gritos de placer y cómo suplica por más.
Por desgracia la realidad es una perra.
En cuando llega a sus labios, ella le responde con la misma hambre y entusiasmo que él; las manos enredadas en el pelo del otro; y las piernas de la niñera rodean al escritor, moviendo inquieta sus caderas con el fin que sus sexos se rocen.
—Por favor... — Suplica ella entre besos. — Por favor.
Gruñendo Ichigo cumple su petición. Mordiéndole el labio, su pene vuelve a invadir la vagina de su amante y niñera de su hijo. Contenta por ello Orihime echa su cabeza atrás mientras su cuerpo nuevamente se adapta al esperado invitado. Que sus piernas presionen más a su prisionero es toda la señal que éste necesita para moverse sin compasión.
La primera vez que lo hicieron ha sido toda una sorpresa no solo que la niñera se adapte rápido a su pene, también que siempre le pida fuerte y rápido. Sin clemencia.
Su cabello y sonrisa no es lo único relacionado con el fuego. Su cuerpo también. Siempre ardiendo y dispuesta a todo con tal de apagarlo. Aunque sea un poco.
Ella lo mira otra vez a los ojos, todo un milagro que no rompan el contacto a pesar del calor de las penetraciones. Joder, si hay algo que ama en el sexo más que follar a esa mujer es la manera en cómo lo mira durante el coito. Con esos ojos vidriosos por la lujuria, satisfecha que le cumplan sus exigencias sensuales y segura que puede obtener más.
—Orihime. – Gruñe él apenas a causa de la concentración en llevarla a lo más profundo.
—¡Ichigo!— Dioses, como siempre, la punta golpea su útero con ganas. Cuanta suerte tiene del buen ginecólogo y medicamento que su jefe le ayuda a comprar o hace mucho que estaría embarazada. Posiblemente con un segundo hijo en camino. —¡Me voy a...!
—Lo sé. — Gruñe otra vez. Las paredes vaginales le presionan el pene con una delicia tortuosa. — Yo también.
—Por favor... por favor, co-... ¡Córrete conmigo! — Una estocada brusca la dejó sin aliento y se golpeó con fuerza en el respaldo de la cama.
Desesperados buscan sus labios y, mientras se quedaban sin aire en los pulmones por sus besos hambrientos, sin soportarlo más, se corrieron.
Luego del caos llega la calma. Jadeando y satisfechos de haber sobrevivido una vez más, revisan el desastre de sudor, jugos vaginales y semen en las sabanas.
—Si no limpio esto pronto, Sora va a matarme. — Jadea ella ya malhumorada de la idea.
—Luego. — Como todo un embustero, Ichigo roba su boca nuevamente y le borra toda preocupación y pensamiento. — Ya lo dije, ¿No?— Sin perder el contacto visual, le acaricia un pezón con el pulgar. — Tenemos toda la noche.
¿FIN?
