Mil gracias por el apoyo brindado! :3
En especial a quienes se toman un tiempo para dejar review, capitulo dedicado a ustedes:
Parejachyca, Thop001, Tsuki, johannna, LittleVampireSexy, Mari Puente
Espero que les guste ;)
Disclaimer: No soy rubia, ni escribí Harry Potter, esa fue JK Rowling y yo uso sus personajes sin animos de lucro ;) sólo diversión. Aclaro que tampoco soy Psicologa y espero perdonen mis faltas en esa materia
A leer
Capítulo 2: Primera Sesión
Hermione Granger era una heroína de guerra, amiga de Harry Potter –el salvador- e hija de Muggles. También conocida como la bruja más inteligente de su generación. Ella había luchado por los derechos de las criaturas mágicas -cómo los elfos domésticos- y conseguido leyes justas para ellos; en paralelo, había decidido estudiar una carrera Muggles que había creído que sería de utilidad en la sociedad Mágica post guerra. Se había graduado con honores de la Universidad de Oxford, en la cual había cursado la carrera de Psicología, posteriormente había vuelto a Londres Mágico y propuesto el programa de terapias para ex convictos reinsertos en la sociedad. Programa que llevaba cinco exitosos meses de implementación.
Ahora, Hermione tendría que enfrentarse a un reto nunca antes visto en el Mundo Mágico.
La puerta de su consulta había sido abierta y en el umbral pudo observar a Luna Lovegood –su amiga y secretaria-. Hermione suspiró, sabía lo que vendría. No se sorprendió al ver a Draco Malfoy detenerse en el umbral de la puerta y musitar su apellido. Hermione se levantó de su asiento con parsimonia, sin alejar su mirada del joven mago.
Su antiguo compañero de colegio lucía impecable en su traje negro sin túnica, sin embargo, un segundo vistazo al mago hizo que la castaña se mordiera el interior de su mejilla para controlar su sorpresa. El cabello rubio del joven llegaba a la altura de los hombros y estaba claramente enmarañado, su rostro era más anguloso de lo que recordaba ella, su cuerpo más delgado y su palidez sólo acentuaba las grandes ojeras debajo de sus ojos grises deslavados.
Lo que más impactó a la castaña heroína de guerra eran los ojos del ex Slytherin, ella los recordaba grises y brillantes, de un color tan claro y limpio que a veces se asemejaba a la plata o tan duros como el hierro, pero ahora lucían como un fierro en proceso de oxidación –tan opacos cómo las nubes de una tormenta- y Hermione sintió pena por el chico que había conocido y que le había hecho la vida imposible en Hogwarts. Él parecía no tener vida.
― Draco, entra por favor ― Le pidió la castaña, consciente de que era la primera vez que usaba el nombre del mago. Se sintió extraña al hacerlo, pero se había obligado a pronunciarlo: era parte de las habilidades blandas que manejaba para hacer sentir más cómoda y en confianza a la gente que trataba.
El rubio se tensó de forma evidente ante su nombre en labios de la bruja, pero hizo lo que se le pidió. Ingresó al interior de la oficina y se quedó a un par de pasos de la puerta. Observó cómo Granger salía detrás de su escritorio de madera –el cual estaba al frente de la puerta- y se acercaba a él. La proximidad de la mujer no le agradó y dio un paso hacia atrás, provocando que ella se detuviera.
Hermione retrocedió hasta apoyarse en su escritorio –aún de frente a Malfoy- y observó al desmejorado mago. Él, sintiéndose lejos de la presencia de la castaña, procedió a investigar ese lugar. Detrás del gran escritorio había un gran ventanal que dejaba pasar los rayos del sol, frente al escritorio habían dos sillas de aspecto cómodo.
Draco miró a su izquierda, ahí había un diván de color crema y una silla al lado de la cabecera de éste, en la pared en que estaba el gran ventanal había un librero lleno de distintos tomos. La vista del rubio se dirigió a la derecha, topándose con dos sillones –uno frente al otro- con una mesita de centro entre ellos. Otro librero cubría la pared de al fondo –al lado del ventanal- y en la pared lateral había una pequeña y alargada mesa que contenía artefactos para el café y té. La visión del mago siguió vagando en todas direcciones, grabando en su memoria la posición de todos los objetos de esa habitación.
Hermione observó cómo Malfoy escudriñaba el lugar y descubrió con cierta congoja que él se centraba mucho en el ventanal cerrado detrás de ella. Él estaba actuando de forma inesperada y ella sólo fue capaz de determinar lo que él hacía en el momento en que el mago se giró para ver la pared en la que estaba la puerta. El pecho de la castaña sintió un peso que hace mucho no tenía.
Él estaba determinando las vías de escape de ese lugar.
Hermione se mordió el labio inferior –acción que realizaba cada vez que estaba nerviosa o preocupada- esa conducta sólo la había visto en gente específica y jamás en el mundo Mágico. Esa era una actitud propia de veteranos de guerra del mundo Muggle –siempre asegurar una salida- y que le causaba desazón al presenciarla en un mago tan joven y al cual conocía, cómo Draco Malfoy.
― Draco, toma asiento donde gustes, por favor― Le pidió al rubio, con voz suave y contenida. Él se dio vuelta, la observó un total de dos segundos y volvió a vagar la vista.
El rubio se acercó con pasos vacilantes a los dos sillones del lado derecho de la habitación y se sentó en el que daba cara hacía el ventanal. La bruja se sentó en el sillón opuesto, Hermione sabía que la mesa entre ambos sillones era una barrera que le impedía llegar a la persona que se sentaba en frente, sin embargo, estaba ubicada ahí justamente para ello. Algunas personas necesitaban la seguridad de esa barrera para hablar.
La castaña se sentó, con la espalda recta, las piernas estiradas y los brazos descansando en los apoya brazos del sillón, su rostro estaba elevado lo suficiente para que su interlocutor no se sintiera agraviado. Si bajaba su mentón entonces su frente quedaba hacía su paciente cómo si lo estuviera embistiendo con ella –una actitud claramente agresiva- tampoco podía elevar su mentón mucho sino también sería un signo de agresión, por eso lo tenía paralelo al suelo, era lo indicado. Todo su cuerpo estaba entrenado para hacer sentir cómodo y en confianza a sus pacientes.
― Draco, ¿Cómo te encuentras en Londres? ― Le preguntó, sintiendo que el nombre de él salía con mayor facilidad cada vez que lo pronunciaba. Observó al rubio, notando que él la miraba por un par de segundos antes de desviar la mirada hacía su izquierda.
Hermione no pasó por alto la postura de él. Malfoy estaba sentado a la orilla del sillón, con las manos agarrando con fuerza los extremos de los apoya brazos y el cuerpo inclinado hacia adelante. Toda su postura indicaba que él estaba listo para tomar impulso y salir disparado de ahí, posiblemente en dirección al ventanal –el cual no dejaba de mirar cada dos por tres-. Él lucía inquieto y la castaña sólo pudo imaginar el motivo.
― Si quieres, puedo abrir el ventanal― Ofreció la joven, esperando que eso lo alentara a hablar, él enfocó sus ojos en los de ella y, tras unos largos segundos, él asintió con su cabeza.
Hermione no forzó la situación, simplemente se levantó y con pasos firmes se dirigió al lugar indicado, hizo lo que Draco le pidió silenciosamente, separando levemente los vidrios que conformaban el ventanal y volviendo a su asiento. El mago parecía levemente aliviado, la única pista de ello fue la disminución del agarre de sus manos en los apoyabrazos.
― Draco, ¿Quieres té?― La mirada de él voló a la café de ella y negó con la cabeza antes de perder el contacto.
La castaña no insistió; el lenguaje corporal del rubio era abundante y explicito, a pesar que él se negaba a hablar. Hermione no entendía por qué el mago lucía cómo un veterano de guerra Muggle, nunca lo había visto en los magos a pesar de haber tratado a Mortífagos de la Primera Guerra Mágica. Era, por lo bajo, una curiosidad que a ella no le agradaba.
― Draco― Comenzó ella y los ojos opacos del mago la miraron de forma impenetrable― ¿Cómo te sientes en Londres?
Las preguntas abiertas eran las mejores para comenzar una charla y ella esperó los 90 segundos reglamentarios a que él hablara. La gente no soportaba el silencio y, en su mayoría, lo llenaban en un lapso de 90 segundos, por lo que, que Malfoy no haya dicho nada una vez cumplido ese plazo sólo provocó el fruncimiento ligero del ceño de la bruja. Él iba a ser un paciente difícil.
― Puedes recorren la oficina si quieres― Ofreció la castaña, dispuesta a observar la conducta del muchacho y descubrir más de él de esa manera. El rubio volvió a centrar la mirada en ella, luego se levantó –impulsándose con sus manos- y rápidamente se acercó al ventanal. Hermione se levantó y se fue a la esquina donde estaba la cafetera, deseaba tener una vista privilegiada.
La bruja tuvo que socavar la alarma que sintió al verlo abrir el ventanal por completo. Malfoy había salido de la consulta de la mujer y pasado al pequeño balcón detrás del ventanal. Hermione lo siguió apresuradamente y notó cómo él observaba la calle con ojos alertas. Estaba segura que él seguía calculando su mejor vía de escape.
Permanecieron varios minutos en el balcón, antes de que Draco volviera a entrar y se dedicara a investigar los tomos de la castaña, sin detenerse en ninguno en particular.
La bruja observó el reloj de pared sobre el marco de la puerta, sólo faltaban cinco minutos para que terminara la sesión y ella se sentía frustrada por no haber hecho que él hablara.
― Puedes llevarte el libro que quieras, me lo puedes devolver después― Le propuso, pensando que algo podría sacar de ello. Sin embargo, él siguió investigando los tomos como si no la hubiera escuchado y el tiempo se le fue de las manos de esa forma.
Luna tocó suavemente la puerta una vez se cumpliera la hora de terapia y, una vez abierta, Draco Malfoy no esperó ni un segundo antes de salir de ahí hecho un vendaval. Luna le sonrió con dulzura a la castaña antes de volver a cerrar la puerta y dejarla sola. Hermione se sentó en su escritorio, dispuesta a hacer sus anotaciones sobre Draco Malfoy.
Tenía por costumbre no hacer anotaciones frente a sus pacientes, eso sólo era otra barrera entre ellos y Hermione ya había comprobado que era más perjudicial que beneficioso.
Cinco minutos después, la puerta volvió a abrirse y la castaña vio a Narcissa Malfoy en el umbral.
― Narcissa, pasa por favor ― Le pidió a la mujer y ella obedeció sin rechistar. Mientras tanto, Hermione había salido a su encuentro.
― Señorita Granger― Le dijo la rubia, acercándose a saludarla. Dándole dos besos a la castaña- uno en cada mejilla-, al más puro estilo Europeo ― ¿Aún es Granger?― Preguntó la mujer mayor y Hermione no pudo evitar sonreír, era bueno tener un paciente que sí hablara.
― Aún es Granger― Confirmó la castaña― Toma asiento donde gustes, Narcissa.
La rubia aristocrática observó la habitación y se decantó por el mismo sillón que su hijo, tan sólo que ella se sentó en él con una gracia natural que a Hermione le pareció encantadora. Cualquier cosa sería encantadora después de atender al menor de los Malfoy.
― ¿Podrías cerrar la ventana? ― Le pidió la rubia y Hermione asintió antes de hacer lo que le pedían.
― ¿Quieres un poco de té?― Preguntó la joven, pensando que Narcissa parecía dueña de ese lugar, sentada con las piernas cruzadas al nivel de sus tobillos y las manos entrelazadas sujetando sus rodillas.
― Oh, eso sería agradable ― Le contestó la rubia, palmeando sus manos en señal de entusiasmo. Hermione sonrió antes de preparar el té, su imagen de la señora Malfoy no era tan agradable cómo la mujer que se le estaba presentando.
La bruja de más edad lucía impecable en su túnica esmeralda y su pelo lustroso atado en una cinta del mismo color. La coleta de Narcissa seguía los movimientos de su cabeza, haciéndola lucir encantadora.
Hermione ocupó su lugar, dejando las tazas de té en la mesita de centro, sin poder sacarse de la cabeza que aquello parecía más una reunión social que una consulta.
― Narcissa, ¿Cómo te encuentras en Londres?― Preguntó la castaña, usando la misma pregunta que le había hecho al hijo de la mujer. Teniendo mucho más éxito con la matriarca Malfoy.
― Oh, me adapto bien, he estado actualizándome respecto a los cambios en la sociedad. Me sorprendió todo tu trabajo con los elfos domésticos y de inmediato lo implementé con mi elfina- Bliss- aunque debo agregar que fue todo un desafío. Ella pensaba que estaba dándole su libertad y se negaba rotundamente a usar la ropa que había comprado para ella. Al final logré convencerla de recibir todo, pero me tomó un par de días ― La rubia sorbió de su té y le dio una sonrisa un poco forzada a Hermione. Narcissa no podía olvidar a la chiquilla que la castaña había sido y todo el mal que había recibido por su culpa o por culpa de sus familiares.
Granger había sido torturada en su casa por amor a Merlín y Narcissa Malfoy nunca se había perdonado por haberla reconocido frente a su hermana y haber permitido la tortura de la joven, sin haber levantado su varita para ayudarla.
― Es bueno saber aquello, las reacciones de los elfos domésticos ha sido algo difícil de solucionar, pero creo que con el tiempo mejorará― Hermione estaba sorprendida de la historia de aquella mujer, nunca pensó que la misma mujer que la miraba por sobre el hombro y con la nariz arrugada cómo si oliera mierda, en su época escolar, pudiera acatar las nuevas leyes respecto a las criaturas mágicas sin siquiera chistar.
Narcissa llenó el silencio que se estaba expandiendo con más historias de su adaptación a la nueva sociedad mágica. Su ánimo se mantuvo en todo momento, hasta que llegaron al tema de su hijo. La rubia había dejado de lado su taza de té y juntado sus manos –apretándolas histéricamente- su rostro se había descompuesto y un sollozo escapó de sus labios.
Hermione decidió que lo mejor era no tocar ese tema aun y Narcissa le agradeció mientras se secaba sus ojos con un pañuelo blanco bordado en verde.
― No estoy lista para hablar de él o Lucius o de los anteriores cinco años. No aun. ― Le aseguró la bruja y la castaña no forzó más esa situación, aun le quedaban muchas sesiones para hablar de ello.
Luna tocó la puerta, cómo si presintiera que debía detener esa sesión y Narcissa salió de la consulta más repuesta de lo que Hermione había imaginado que ella estaría. La puerta volvió a cerrarse y la castaña suspiró antes de ponerse a anotar sus observaciones de la rubia.
Cinco minutos después, Lucius Malfoy entraba en su consulta cómo si fuera el dueño del mundo. Siempre con su bastón por delante y su porte aristocrático impecable. Hermione tuvo que observarlo con detenimiento para notar la pérdida de peso, las ojeras y la palidez anormal en él.
La castaña se levantó de su asiento, tras su escritorio, y le ofreció su mano al mago frente a ella.
― Señor Malfoy, tome asiento donde guste ― Le dijo ella, consciente de haberlo llamado por su apellido y no por su nombre. Sabía que estaba mal, sin embargo, ese hombre era más de lo que podía soportar y, decir su nombre, estaba fuera de toda categoría. Al menos por el momento. Con Narcissa había sido natural, con Draco lo hizo con dificultad, pero pensando en que él lucía demasiado inalcanzable para agregar más lejanía al usar su apellido. Lucius, él era otro cuento, y su historia de enemistad con él era más poderosa que con su hijo, ya que ella sabía que si no fuera por la forma de ser de aquel hombre, su hijo podría haber sido distinto y no una copia barata de su padre.
― Señorita Granger, esta es una sorpresa…inesperada― Le dijo el mago, sentándose en una silla frente al escritorio. Hermione no contestó, simplemente se sentó frente al rubio, con el gran escritorio de por medio. Era una gran barrera y Hermione era consciente que eso parecía más un trato de negocios que una sesión psicológica.
― Espero que no tenga inconvenientes con ello ― Hermione le sonrió afiladamente y Lucius hizo eco de su sonrisa.
― Para nada ― Contestó el mago, torciendo la sonrisa que le estaba brindando a la bruja.
― Señor Malfoy, dígame ¿Cómo se encuentra en Londres?― Preguntó la castaña, yendo directo al grano.
― Es bueno volver, olvidarme de usar ropas Muggles y de estar entre personas que hablan un idioma más barbárico que civilizado ― Contestó el hombre, provocando que Hermione alzara una de sus cejas. Él seguía siendo el mismo engreído de siempre.― Es bueno poder estar con mi familia en nuestra casa. Narcissa ha hecho cambios que son agradables. Sin embargo, Draco sigue sin querer hablar.
Lucius frunció su ceño y se perdió en sus recuerdos. Hermione se sorprendió por las palabras de él, al parecer había más en Lucius Malfoy que un bastardo egoísta.
La conversación, contra todo pronóstico, fue civilizada. Él le habló de su regreso a Londres, los cambios en la sociedad y la Mansión. Además, compartió alguna que otra preocupación respecto a su hijo. Hermione fue capaz de ver la preocupación de aquel hombre por su vástago y el trato más amable que parecía que poseía, no estaba segura si todo era una fachada o no, pero tenía nueve sesiones más para averiguarlo. Él le contó que desde que Draco había ido a buscarlos a su destierro, no había dicho ni una palabra y que cada vez que lo veía sentía cierta incomodidad incapaz de disimular.
― Él ha pasado por mucho ― Indicó la castaña ― De a poco iremos trabajando con él y con la relación de ustedes, por ahora pido que intente hacer alguna de las actividades que hacían antes. Volar en escoba o jugar al ajedrez mágico o cualquier actividad que solían hacer juntos. No hay que forzarlo, pero puede invitarlo a acompañarlo. Él sigue siendo su hijo…
La voz de la bruja se apagó, en todo su monólogo no pudo evitar preguntarse qué actividades eran normales para esa familia. Y si habían actividades que no involucraran despreciar al resto y sentirse superiores o hacer cosas de Mortífagos. Sabía que estaba siendo prejuiciosa y lo odiaba, pero era incapaz de contener sus pensamientos sobre ellos. Los Malfoy habían visto cómo Bellatrix la torturaba y no habían hecho nada por evitarlo, sabía que era poco profesional tener cierto resentimiento con sus pacientes, pero el sólo ver a Lucius Malfoy había provocado que la cicatriz que Bellatrix le había dejado en su brazo derecho picara. Había hecho todo por mantenerse profesional, sin embargo, ver a tres Malfoy's en el mismo día había sobrepasado su límite.
Lucius dio una cabezada, indicando que entendía lo que ella quería decir. El rubio miró su reloj de bolsillo y suspiró aliviado, faltaba un minuto para cumplir la hora de sesión y poder salir de esa oficina asfixiante. Aún sentía remordimientos al ver a la muchacha frente a él y su vista no dejaba de desviarse al antebrazo derecho de ella, tan pulcramente cubierto con la manga de su blusa blanca. Sabía que la muchacha era consciente de su constante escrutinio, pero ella se mantuvo profesional en todo momento, llegando a servirle una taza de café durante el transcurso de esa sesión, un café de excelente sabor, debía reconocer el mago.
― Es una buena idea― Reconoció Lucius tras un suspiro agotado ― A Draco le gustaba que jugáramos al ajedrez mágico, a veces volábamos en escoba, aunque la última vez que lo hicimos fue cuando tenía 13 años, no sé si resulte ahora, pero lo intentaré.
La castaña no pudo evitar sonreír ante esas palabras, él podía ser un bastardo en todo lo demás, pero amaba a su hijo. No había que ser adivina para saberlo. Justo en ese momento tocaron la puerta y Luna apareció en el umbral indicando en fin de la sesión.
― Nos veremos pronto ― Se despidió Hermione, ofreciendo nuevamente su mano al hombre.
Lucius asintió, tomó la mano de la castaña y se retiró sin mirar hacia atrás. Luna sonrió a Hermione antes de cerrar la puerta y dejarla hacer sus anotaciones.
Los Malfoy's se despidieron de la muchacha de aspecto soñador y se retiraron del lugar sin mediar palabra. Ese día había sido agotador.
Diez minutos después, la castaña salió de su oficina para encontrarse con Luna.
― ¿Aún no llega nuestro siguiente paciente?― Preguntó
― No, él siempre llega al límite de la hora ― Sonrió la rubia, mientras ordenaba su escritorio y tarareaba una canción.
― ¿Qué piensas de los Malfoy?― Preguntó la castaña, consciente de que Luna había desarrollado una capacidad especial para ver a través de la gente.
― Mmmm ― La rubia se llevó su varita detrás de su oreja derecha y la dejó ahí mientras ordenaba sus pensamientos ― Ellos sufren, Narcissa Malfoy es fuerte, aunque puede que se derrumbe en cualquier momento si su situación no cambia, ella ama a su familia.
Luna sonrió y Hermione asintió con su cabeza, ella pensaba lo mismo de la mujer.
― Luce más cálida ― Acotó la castaña y Lovegood amplió su sonrisa de labios juntos.
― Lucius Malfoy está cansado de todo, sólo quiere vivir el resto de su vida junto a su familia y sin tener que dejar la seguridad de lo que conoce… me refiero a su hogar, no a la sociedad. Ya no tiene la cabeza infestada de Torposoplos.
Hermione no pudo evitar parpadear repetidamente ante ese comentario, Luna seguía siendo tan extravagante como en sus años de escuela y la castaña aún no lograba aceptar los animales imaginarios de los que ella hablaba. Sin embargo, desde que la muchacha hubiera demostrado la existencia de alguno de ellos, Hermione no se molestaba en cuestionarla, tal vez Luna sí tenía razón sobre todos ellos.
― Draco Malfoy es todo un caso ― Comenzó a decir la rubia y Hermione no pudo más que bufar, él era mucho más que un caso, era todo un problema y un rompecabezas ― Él quiere que la gente esté lo más lejos posible de él
― ¿A qué te refieres? ―
― Normalmente las personas requieren un metro cuadrado para sentirse cómodas, él necesita al menos siete metros cuadrados ― La castaña abrió sus ojos llena de sorpresa ― No quiere a nadie cerca, sólo quiere que lo dejen en paz para vivir de la manera que quiera… si no deja a nadie entrar en sus siete metros cuadrados, se va a hundir y esa distancia va a ser mayor, cada vez necesitará más. Hasta que desee aislarse por completo.
Los ojos de Luna lucían preocupados y Hermione no dudó en hacerle caso, ella tenía la capacidad de sentir y entender a las personas, razón por la que Hermione le había pedido que la ayudara en sus consultas en su tiempo libre. Luna había accedido de inmediato, dándose un tiempo de su profesión de Naturista para ayudar a su amiga a consolidar ese método Muggle dentro de la sociedad mágica.
― Si no logras llegar a él se va a perder, Hermione, y ya hay mucho dolor en él como para soportar tanta lejanía. Ha pasado por mucho y sé que aún puede ser salvado ― Le dijo la muchacha menuda, tomando sus manos en un gesto de súplica que Hermione nunca había visto en Luna.
― Haré lo que esté a mi alcance para que eso no suceda, para salvarlo ― Y Hermione lo decía en serio, a pesar del escalofrío que recorrió su espalda al pensar que estaba intentando salvar a Draco Malfoy y, de paso, a toda su familia.
― Oh, que escena más conmovedora ― Una voz profunda y sarcástica envolvió la recepción y unos pasos suaves y medidos lo acompañaron ― ¿Por qué las manos unidas? ¿Acaso estaban rogando para que llegara?
Una risa medida acompañó esas palabras y Hermione rodó los ojos antes de soltar las manos de Luna y enfrentar a su siguiente paciente.
― Justo a tiempo, Theodore ― Le dijo Hermione, con los ojos endurecidos y una sonrisa afilada en los labios ― Luna te hará pasar en unos segundos.
Acto seguido, la castaña se dirigió a su consulta y se encerró en ella. Luna observó al mago de pelo castaño y ojos azules y le sonrió con los labios cerrados.
― ¿Cómo estás? Theodore Nott― Le preguntó la muchacha de aspecto soñador, con su voz melodiosa.
― ¿Cuándo me llamarás Theo?― Le preguntó él, sonriéndole de lado y suavizando su expresión. Luna sólo amplió su sonrisa y le indicó que la siguiera.
― No hoy, Theodore Nott― Theo rió, se esperaba esa respuesta. Ella le había dicho eso desde que él le comenzó a pedir que lo llamara simplemente Theo, manteniéndose bastante profesional para el gusto de él, y lo había repetido cada vez que él le hacía la misma pregunta.
Luna abrió la puerta de la oficina y el mago entró en ella, no sin antes guiñarle un ojo a la rubia, haciendo que ella riera levemente antes de cerrar la puerta.
Theo observó el lugar, como siempre hacía, la castaña estaba en medio de la habitación sonriéndole de forma desafiante. El mago no pudo evitar replicar la sonrisa de ella, al fin y al cabo, sus sesiones eran todo un espectáculo.
Una primera sesión que acerca a Hermione a los Malfoy (y de paso prueba su paciencia), un nuevo personaje aparece (amo a Theo, debía estar si o si xd)
Espero les gustara y no se sientan decepcionadas, para mi fue un gusto escribir el cap y lamento la demora (he estado con varios turnos noche y he llegado a morir al dia siguiente)
Besoooosss
¿Merece review?
Tsuki: muchas gracias, espero estar a la altura de las espectativas, la relacion de ellos se desarrollará lenta, pero será algo genial (espero) y todo a su tiempo, sabremos que se trae Draco, pero aún no. Como dije, lamento la demora y espero que el capitulo haya sido de tu agrado ;) saludooos y besos
