Disclaimer: Ya saben que su fuera JK Rowling hubiera habido Dramione hasta por los codos en Harry Potter, así que, como no es así significa que no soy JK y que no me pertenece HP.

Tampoco soy psicologa ni nada parecido y espero me perdonen mis fallos en esta materia, aunque hago un esfuerzo para que sea creible.

Aclarado esto, quiero dedicar este cap a aquellos que se toman un momento para comentar, me hacen enormemente feliz :3

MARUVTA, Parejachyca, Tsuki, johannna, Susee, emmaaa

Ahora, a leer ;)


Capítulo 4: Cercanía

Blaise Zabini había sido un purista de la sangre, amigo de Draco Malfoy, aunque nunca tomó partido en la guerra. Su familia destacaba por mantenerse al límite de la ley. Su madre era una mujer de dudosa moralidad, aunque nadie podía dar pruebas de aquello, viuda de siete esposos y casada hace un par de años con el octavo. Residía en Italia, el conflicto en Inglaterra la había alejado del país.

Blaise también se había ido a Italia después que uno de sus amigos saliera de Azkaban. Zabini no era cercano a Theodore Nott, sin embargo, verse solo ante la tragedia del resto de sus amigos le hizo reflexionar y decidir que los quería de vuelta. Fue paciente. Un año después del fin de la guerra, Nott había quedado libre y él no dudó en esperarlo frente al ministerio –donde aparecería tras el fin de su condena- y llevárselo a su casa. No fue difícil convencerlo de abandonar la isla e irse al continente.

Los años estrecharon la amistad que no habían tenido en Hogwarts para convertirlos en amigos inseparables, esos a los que les confías tu vida. Razón por la que no dudaban en seguir al otro en una aventura, aunque habían mantenido un bajo perfil, al menos hasta que decidieron volver a Londres. Ninguno imaginaba lo que encontrarían en la ciudad.

Blaise se sentó en el sofá frente a la chimenea, con un vaso de whiskey de fuego en la mano, su mente divagaba en los recuerdos de hace dos años, cuando habían decidido volver por primera vez a ese país. Habían tenido una razón en concreto, la misma que ahora, y se habían llevado un chasco que esperaba no se volviera a repetir.

Bebió de su copa, pensando en Draco Malfoy. Él había sido uno de sus mejores amigos, razón por la que deseaba volver a verlo, razón por la que habían vuelto con Theo hace dos años dispuestos a encontrarlo, sin éxito.

Un plop lo distrajo y su mirada se aventuró a buscar el origen del sonido. Theodore había vuelto. El mago de ojos azules se encaminó a la licorera sin mirar a su amigo, el moreno lo siguió con la mirada, esperando pacientemente a que el otro chico hablara.

― ¿Cuántas sesiones quedan?― consultó al final, no se sentía con la paciencia necesaria para que Nott hablara primero.

― La mitad ― dijo el otro mago, vaciando su vaso de un solo trago.

― ¿Tan duro estuvo?― preguntó Blaise, frunciendo el ceño ante el arrebato de Nott, él no solía beber de esa forma.

― Exasperante― contestó Theo, rellenando su vaso.

― ¿Averiguaste algo interesante? ― La sonrisa de Theodore se esparció por su rostro con rapidez y Blaise hizo eco de ella.

― No mucho, pero es un avance. ― Otro trago y Blaise frunció el ceño ante el secretismo del Nott quien avanzó hasta el sillón junto al moreno, sentándose en él.

― Suéltalo ya, no hagas que me aburra. ― La risa de su amigo no se hizo esperar y su ceño se profundizó.

― No lo he visto― confesó el castaño―. Pero las escuché hablando de él, no escuché todo, simplemente oí su nombre y vi a Luna agarrando las manos de Granger. Lucía un poco angustiada o todo lo angustiada que puede lucir alguien como ella.

El moreno mantuvo su ceño fruncido y su mirada se perdió en las llamas de la chimenea, la actitud de esas mujeres no parecía ser una buena señal.

― ¿Qué opinas? ―preguntó, inseguro―. No me gusta la actitud de esas dos, no es un buen indicio.

― Tampoco me agrada, no he visto a Malfoy, pero debe ocurrirle algo. Te lo aseguro. ― Theo se calló, pensativo, la actitud de ellas le hacía pensar que algo malo le sucedía al rubio que alguna vez fue su amigo. ― Intentaré toparme con él la próxima vez.

― Sólo quiero volver a charlar con él ― confesó el moreno, con voz queda, como si no estuviera realmente ahí ―. Quiero a mi amigo de vuelta, hace dos años no pudimos contactarlo y eso aún me deja un mal sabor de boca.

― Blaise, para eso volvimos. Estamos aquí para verlo y recuperar algo que ambos anhelamos, yo también lo he echado de menos. ― La voz de Nott se extinguió y Blaise no pudo más que levantar su vaso y hacer un silencioso brindis.

― Hemos hecho bien al pensar que después de terminada la condena de Lucius volverían a Londres. ― Theo lo miró y asintió en silencio, bebiendo un sorbo del licor.

Ambos se perdieron en sus pensamientos, ambos recordaban esos años juntos y cómo habían añorado a su amigo. Draco no era muy cercano a Nott, pero siempre habían podido hablar de todo y Theo admitía que en Hogwarts sólo había podido mantener una conversación inteligente con él y con Blaise. El moreno siempre había sido partidario del rubio y, aunque no era parte del círculo más cercano de él, nunca estuvo muy lejos y añoraba la compañía de Draco, era algo que siempre le había dado normalidad a su extraña vida llena de un padrastro tras otro.

Se habían ido a Italia, jurando que vivirían al máximo, cuidándose el uno al otro y jurando que volverían por Draco. Aquel que había tenido la parte más difícil de los tres en la guerra había sido el rubio y Theodore Nott sabía que le debía el no haberse visto obligado a convertirse en un mortífago. Si Draco Malfoy no hubiera tomado la Marca Tenebrosa, habría sido él quien la tendría en su lugar. El rubio los había mantenido lejos de ese mundo y ambos deseaban agradecerle.

― ¿Por qué fue exasperante tu sesión?― Blaise cambió de tema bruscamente, haciendo que el otro mago suspirara antes de tomar asiento.

― Le conté a Granger que he tenido pesadillas ―confesó Nott, perdiéndose en el licor entre sus manos. Blaise compuso una mueca de confusión en su rostro.

― ¿Pesadillas? ¿Otra vez?, pensé que ya no tenías. ― Estaba preocupado, Theo había sufrido de pesadillas una vez salido de Azkaban y las habían erradicado gracias a unas potentes pociones para dormir sin sueños.

Blaise sabía que el castaño había sufrido de ellas en la prisión, pero el tema era tabú y él nunca lo había confirmado, aunque podría asegurarlo. El estado de Theodore tras salir de prisión era peor que lamentable.

― Sí, volvieron desde que llegamos.― Blaise frunció su ceño ante la confesión, su amigo no le había dicho nada. ― No te preocupes, Granger me ha dado una serie de cosas por hacer para evitarlas.

― ¿Además de poción para dormir sin sueños?― sonó desconcertado y Theo no hizo más que sonreír socarronamente ―. Oh, deja de tenerme en ascuas.

El joven de ojos azules rió, era muy fácil sacar de sus casillas a Zabini. A pesar que tenía una gran paciencia, Blaise era como una vieja cotilla, no se podía la curiosidad.

― Eres una maldita vieja copuchenta, Blaise ― dijo el castaño, provocando que el otro mago formara un puchero lamentable. Theo volvió a reír antes de contestar ―. No me ha dado ninguna poción, me dijo que debía hacer ejercicio, dejar el café y el alcohol antes de acostarme.

Zabini quedó atónito ante la respuesta de su amigo y, sin poderse resistir, terminó carcajeándose de forma escandalosa.

― ¡Debe ser una broma! ¡Tú! ―dijo, señalando a Theo―. ¡Sin café y haciendo ejercicio! ― Otro ataque de risa. ― ¡Y sin alcohol!

Blaise volvió a señalar a Theo antes de levantarse y arrebatarle el trago que tenía en sus manos.

― ¡No más alcohol!― declaró, con una sonrisa sádica extendiéndose por su boca. Sabía que el castaño era un aficionado al café y al alcohol. Obviamente, tampoco hacía ejercicio.

― ¡Antes de dormir! ¡El resto del día puedo tomar sin problemas!― gritó el castaño, levantándose para arrebatarle el vaso, sin embargo, el moreno no estaba por la labor.

Blaise se tomó el trago de su amigo y le devolvió un vaso vacío, sonriendo ampliamente por su travesura. Theo frunció su ceño, pensando seriamente en sacar su varita y maldecir a su amigo, pero el rostro del moreno había vuelto a ponerse serio.

― ¿Tus pesadillas son sobre Azkaban?― La pregunta fue suave y Theo no pudo más que cerrar los ojos con cansancio. Sabía que su amigo estaba preocupado, pero no estaba seguro de poder hablar ese tema con él, había tenido suficiente con Granger.

― Con la noche en que ataqué a mi padre ― contestó, aún mantenía los ojos cerrados y no deseaba abrirlos y ver la expresión de Blaise ―. No deseo hablar de ello.

― Está bien ― dijo Zabini y el castaño sintió un peso en sus hombros.

Theo abrió los ojos y se encontró con que el moreno de ojos oscuros lo tenía abrazado por el cuello. El mago de ojos azules abrió la boca para decir algo, pero la sonrisa que se extendió por el rostro del otro mago lo acalló.

― Entonces ― comenzó Zabini, haciendo que las alarmas de Theo comenzaran a sonar ―. Ejercicio, no más café ni alcohol.

La sonrisa del moreno se ensanchó y Nott supo que había sido muy mala idea contarle aquello a Zabini.

― Me encargaré personalmente de ayudarte con todo eso. ― Un escalofrío surcó la espalda del castaño y Blaise se carcajeó, dispuesto a divertirse a costa de su amigo. ― Iremos inmediatamente a conseguir algunas pesas y comenzaremos a trotar todas las mañanas. Oh, sí, voy por mi capa y nos vamos.

Blaise lo liberó y Nott se hundió, había sido muy mala idea contarle todo aquello a Zabini. Su vida sería un infierno.

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Habían pasado dos días desde que los Malfoy hubieran estado en su consulta, Hermione no sabía qué esperar de este nuevo encuentro. Simplemente, deseaba que las cosas hubieran mejorado un poco, aunque no albergaba muchas esperanzas.

Le había pedido a Luna que hiciera pasar primero a Narcissa, quería comenzar con la más comunicativa de la familia para saber a qué atenerse. Dejaría a Draco para el final. Le parecía un buen plan.

Un golpe en la puerta la distrajo, se levantó inmediatamente y en el umbral apareció Luna con sus ojos más abiertos de lo normal. La castaña frunció el ceño, pero no pudo articular palabra, Lucius Malfoy acababa de entrar en la habitación.

― Señor Malfoy ― saludó, todo lo cordial que podía ser con aquel sujeto ―. Tome asiento donde guste.

Él la observó por un segundo con aquellos ojos de acero inoxidable, haciéndola sentir vulnerable. Esos ojos nunca le habían agradado, sobre todo porque solían despreciarla con una intensidad que ella no lograba entender y a Hermione Granger no le gustaba no entender. Aunque, en aquel momento, esos ojos parecían suplicarle ligeramente y eso la desconcertó.

Malfoy se sentó frente al escritorio y la castaña tomó su lugar detrás de éste.

― He hecho lo que me pediste ― comenzó él y Hermione no pudo más que alzar sus cejas, él le había dicho que pondría de su parte, pero nunca esperó que fuera tan rápido ―. Logré convencer a mi hijo de jugar ajedrez mágico.

La castaña sonrió ante la revelación, pero Lucius estaba serio, incluso preocupado y eso la desconcertó. Su sonrisa vaciló antes de que la voz del patriarca Malfoy volviera a resonar en la estancia.

― Jugamos, le gané con facilidad, eso me hace pensar que no jugó con toda sus fuerzas. No he podido ganarle desde que cumplió los catorce. ― Hermione asintió, no estaba sorprendida de que él no jugara con todas sus ganas, pero el hecho de haber aceptado era todo un avance. Hizo un gesto con su mano para que el rubio continuara. ― Creí que era un progreso, fue una tarde tranquila. No hablaba, pero escuchaba a Narcissa y había jugado conmigo, parecía más presente que antes.

― ¿Ocurrió algo malo? ― Se atrevió a consultar la castaña, con el entrecejo fruncido. El cariz de la conversación no le estaba agradando.

― Estábamos a punto de irnos a dormir, escuchamos gritos provenientes de la habitación de Draco. ― La voz de Lucius se fue debilitando y la mirada del hombre se perdió en sus recuerdos. ― No podíamos despertarlo…Narcissa lo intentó, realmente lo intentó…y él, Draco la atacó. ¡Estaba ahorcándola! Tuve que detenerlo, le lancé un hechizo para alejarlo, saqué a Narcissa de ahí, estaba bastante mal.

Su voz se apagó por completo y sus ojos se cerraron con fuerza. Hermione no pudo evitar sentir lástima por el hombre frente a ella, nadie se merecía esa vida.

― ¿Ha vuelto a ocurrir algo así?― No pudo evitar la pregunta, debía saber con qué estaba tratando y esa era una manera de acercarse.

― No, Draco no ha vuelto a atacarla. ― Lucius se frotó el puente de la nariz, cansado con toda esa situación. ― Hay algo más, esa noche Draco habló.

Hermione alzó sus cejas, no esperaba esas palabras.

― Narcissa insistió en volver con Draco, lo encontramos en el suelo echo un ovillo, murmuraba algo. Creo que era una disculpa ― continuó el rubio, sacando fuerzas de flaqueza ―. No lo he vuelto a oír decir una palabra. Está más encerrado en sí mismo que antes, pasa la mayor parte de su tiempo en el jardín o en su habitación, nos evita.

― Es un gran retroceso ― concluyó la castaña―. ¿Sientes que es una amenaza para tu familia?

― Él es parte de mi familia ― puntualizó el mayor y Hermione tuvo que morderse la lengua para no decirle que Bellatrix Lestrange también era parte de su familia y, aun así, era una amenaza ―. Creo que él teme que vuelva a suceder lo mismo y por eso nos evita. No creo que sea una amenaza, creo que debo ayudarlo a superar cualquier cosa que lo esté afectando, pero no sé cómo hacerlo.

― Lo mejor es darle su espacio unos días, que el suceso se distancie y después acercarse de a poco. ― Hermione frunció el ceño, no le gustaba lo que había sucedido. ― El terreno perdido se debe recuperar paso a paso. Señor Malfoy, ¿Hay algo más que quiera contarme?

― Sí, esa noche mi hijo estaba durmiendo en el suelo. No lo entiendo, tiene una excelente cama y estaba en un rincón del piso, prácticamente helándose ― contestó, intrigado y disgustado a partes iguales.

― Eso es…peculiar ― dijo la castaña, sacudiendo la cabeza para quitarse la imagen de Draco Malfoy prefiriendo un suelo duro en lugar de una cama blandita en la que dormir ―. Quiero que lo dejen tranquilo la mayor parte del tiempo, pero deben procurar desayunar, almorzar y cenar juntos. Tomar el té lo dejo a su criterio. No quiero que pierdan eso, deben reforzarlo.

El rubio asintió, por alguna extraña razón estaba confiando en esa muchacha a la que había llamado sangre sucia con una facilidad equiparable al respirar. Una parte de él se negaba a dejarse influenciar por ella, pero la otra aceptaba que sin esa chiquilla su familia estaría más perdida. Al menos ella le marcaba una forma en la que actuar, evitando que la desesperación lo inundara.

Un golpe en la puerta les anunció a ambos que la sesión había terminado y Lucius no pudo evitar sentirse un poco decepcionado por la rapidez en que el tiempo había pasado. Luna asomó su rostro con una sonrisa soñadora en él, Hermione asintió con la cabeza antes de levantarse y despedir a Malfoy. El hombre se levantó a su vez y con un asentimiento hacia la castaña, se dio vuelta y salió de la habitación. Siempre con su bastón por delante.

― Luna entra por favor ― pidió la de rizos, la rubia obedeció, entró y cerró la puerta tras de sí ―. ¿Qué ha pasado?

― Ha insistido en entrar primero, no tuve tiempo de pedirle a Narcissa Malfoy que entrara. Él simplemente se paró frente a mí y dijo que entraría ― contestó la ex ravenclaw ―. Lo siento, Hermione, sé que querías hablar primero con ella.

― No te preocupes, Luna, todo ha salido bien. Gracias. ― Luna sonrió con sus labios juntos y salió de la consulta, dejando sola a la castaña para hacer sus anotaciones.

Cinco minutos después, la puerta volvía a abrirse, revelando a una impecable Narcissa Malfoy. Hermione se levantó y le indicó con un gesto de su mano que entrara. La rubia no se hizo de rogar, entró y la puerta se cerró atrás suyo.

― Siéntate donde gustes, Narcissa― pidió la castaña.

― Gracias, señorita Granger. ― La rubia se sentó en su sitio predilecto con la misma delicadeza que la castaña ya había observado anteriormente.

Hermione se sentó frente a ella, con la mesa de café entre ellas, y notó que el cuello de la rubia despedía cierta magia. «Debe estar cubriendo los moratones que su hijo le dejó» pensó la muchacha, siendo consciente del hechizo para ocultar cicatrices y moratones. Era el mismo que ella usaba en su brazo derecho sobre la cicatriz que le había dejado Bellatrix.

― ¿Cómo han sido estos días?― consultó la castaña.

― Sé que Lucius ya la ha informado ― dijo la rubia, sus manos estaban inquietas, alisaban compulsivamente la túnica de su regazo ―. No culpo a Draco, él no está bien, además pude escuchar su voz disculpándose.

― Entiendo. ― La castaña suspiró, era una situación difícil. ― ¿Y el resto de los días?

― Ha estado distante, no come con nosotros. Pasa sus días en su habitación o en el jardín. ― La voz de la mujer se extinguió y la joven notó la angustia de la rubia. ― Sólo deseo que mi hijo esté bien.

Narcissa se cubrió la cara con sus manos, ahogando un sollozo. No notó el momento en que la castaña se levantó de su sillón, ni cuando se arrodilló frente a ella, sólo fue consciente que unas manos cálidas estaban en su regazo. La rubia liberó su rostro de sus manos lentamente, las bajó hasta su regazo y se encontró con la mirada de Hermione Granger, observándola desde donde estaba acuchillada.

― No estás sola en esto, Narcissa ― dijo la de rizos, tomando las manos de la otra mujer entre las suyas ―. Tienes a Lucius y ambos me tienen a mí para ayudarlos en esto. Es un trabajo difícil, pero lo lograremos. No te dejes derrumbar, Draco ha hablado más que en todos estos años. Dale espacio, pero no dejes que se salte las comidas junto a la familia.

La matriarca Malfoy asintió al tiempo que apretaba las manos cálidas de esa muchacha que tanto daño había recibido de parte de su familia. No lograba entender por qué los ayudaba tanto, además de que fuera su trabajo, todo parecía ir más allá de una labor profesional. La muchacha le sonrió antes de soltar sus manos y Narcissa no pudo más que devolverle la sonrisa antes de sacar un pañuelo para enjuagarse las lágrimas.

― Haré todo lo que esté a mi alcance para no perder a mi familia ― aseguró la rubia y Hermione sintió cierto orgullo, esa familia podía ser cualquier cosa, pero se amaban mutuamente.

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Fuera de la consulta, Draco Malfoy se sentía frustrado. Había lastimado a su madre, razón por la que se había enclaustrado nuevamente, no quería dañar a nadie más y lo más efectivo era mantenerse alejado de todos. Sin embargo, ahí estaba, rodeado de gente en la consulta de una mujer que no soportaba por el simple hecho que ella le recordaba sus errores. Granger representaba todo lo que había odiado y lo que lo había llevado a lugares oscuros que él aún no había abandonado, no del todo.

Esperaba que ella llenara los silencios en la conversación y que el tiempo pasara rápido, para él era una pérdida de tiempo estar en ese lugar. No necesitaba la ayuda de esa mujer y no deseaba verla, era un recordatorio de épocas que no deseaba recordar.

El tiempo había dejado de hacer efecto en él años atrás. Dos años sin tener idea del día que vivía, sin saber cuándo había dejado de ser de día y cuando había llegado la noche. En prisión, no sabía el tiempo que había pasado desde su condena ni mucho menos cuanto le quedaba. Sin embargo, una vez libre había logrado recuperar la noción del tiempo aunque su significado seguía eludiéndolo. Todos los días se parecían y él se levantaba con la idea de volver a acostarse en un rato más, pero –por alguna extraña razón- en Londres el tiempo volvió a significar.

Todos los días habían sido distintos, volvió a saber cuál era la sensación de que un segundo se convirtiera en un minuto y un minuto en una hora. Recuperó la sensación del tiempo escurriéndose de sus manos. Por ejemplo, el tiempo le parecía eterno en esa consulta, mientras que la noche en que atacó a su madre, todo había sido muy rápido. A Draco no le gustaba esa nueva forma de correr del tiempo y por eso sólo podía esperar que la consulta con Granger pasara rápido.

Lovegood se acercó a la puerta de la consulta y Draco supo que pronto sería su turno de entrar en esa habitación asfixiante.

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Hermione terminó de escribir el informe sobre Narcissa Malfoy justo cuando la puerta se volvía a abrir. Suspiró, ahora venía el más difícil de sus pacientes y ella no dudaba que él volvería a pasar una hora en silencio. Pensó en acortar el tiempo de consulta de Draco Malfoy, pero no sería ético y aún pensaba que tendría éxito con él.

Sabía que el muchacho dormía en el suelo y eso volvió a hacerla pensar en los veteranos de guerra. «Debo volver a estudiar sobre los veteranos» pensó al tiempo que su paciente entraba en la habitación.

Draco observó la habitación en búsqueda de cambios, la castaña lo notó de inmediato. El escrutinio de él era sistemático y eficiente.

― Toma asiento donde gustes ― pidió la joven, haciendo que él la observara por unos segundos antes de sentarse en el sillón en el que había estado Narcissa.

Hermione se dirigió al gran ventanal y lo abrió levemente antes de sentarse frente al rubio que mantenía una postura alerta. «Debe ser cansador nunca poder relajarse» pensó la castaña mientras analizaba la postura del joven.

― Draco, sé que no te interesa hablar conmigo ― comenzó la bruja, cambiando su enfoque ―. No pido que lo hagas, pero quiero que sepas que estoy para ayudarte aunque no lo creas.

El joven arrugó su entrecejo en claro desacuerdo con la ayuda que ella quería brindarle. Granger suspiró, no necesitaba que le dijera nada, sólo quería que la escuchara y no la desechara tan rápido.

― No tengo idea que sucedió para que no quieras que la gente se acerque a ti, tampoco necesito saberlo. Son tus secretos ― continuó, notando que tenía la atención de él ―. Quiero que tengas claro que tu familia no va a dejarte solo y quieren estar a tu lado, tienes la oportunidad de estar junto a ellos, no lo desaproveches. Deberías permitirte cenar con ellos, compartir aunque sea en silencio. No pierdas lo que tienes por miedo a dañarlos. Ambos son muy fuertes.

La respiración del rubio se volvió irregular y su mirada comenzó a dirigirse al ventanal. Hermione se mordió el labio, tal vez no debió haber dicho esas cosas. ¡No! Debía ayudarlo, no podía hacerse a un lado y dejarlo caer en la oscuridad sin darle una salida.

― Draco ― lo llamó, levantándose de su sillón, dispuesta a acercarse a él.

Dio un par de pasos cautelosos, él comenzó a hiperventilar de manera evidente y la castaña se detuvo. Claramente, su cercanía lo alteraba, pero no podía detenerse ahora.

― Draco. ― Volvió a llamarlo, dando un nuevo paso hacia él.

― ¡No! ― gritó el muchacho, alzando su mano izquierda, con rapidez, frente a su rostro.

La castaña sintió como era impulsada hacia atrás con fuerza. Su espalda golpeó el librero con fuerza para terminar cayendo al suelo sin gracia. Draco ahogó un grito ante su magia sin varita y corrió en dirección al ventanal, salió al balcón dispuesto a irse de ese lugar. Sin embargo, terminó agarrando firmemente el barandal, luchando entre su sentido de supervivencia y sus ganas de ver cómo estaba Granger. ¡Él la acababa de lastimar! No pudo evitar recordar el daño que le hizo a su madre.

El rostro del rubio se contorsionó en una mueca desagradable antes de soltar con rabia el barandal y girarse para volver a entrar a la habitación. Hermione logró ponerse de rodillas, apoyando su peso en sus manos, su cuerpo se sentía adolorido y no era capaz de levantarse aún.

La castaña escuchó unos pasos amortiguados y levantó su rostro para observar a Malfoy. Draco se había preparado para ver los ojos de ella llenos de miedo y pánico, sin embargo, ella le devolvía una mirada llena de sorpresa.

Hermione miraba al rubio con ojos enormes, no le tenía miedo, simplemente estaba sorprendida por el hecho que él realizara magia sin varita –no parecía haber sido magia accidental- y que hubiera vuelto a la habitación. Ella pensaba que él había huido.

Draco observó los libros que había caído al suelo por el choque de la castaña con el librero, luego la observó, ella no parecía poder ponerse aún de pie. En un arrebato, estiró su brazo izquierdo, ofreciéndole su mano para que se levantara.

La boca de Hermione se abrió ligeramente, no podía creer que él estuviera ofreciéndole su mano. Sin embargo, los ojos grises de él no habían abandonado sus ojos y ella dejó de lado sus reservas y tomó la mano que él le ofrecía. Con movimientos vacilantes, los dedos de ella rodearon los del rubio, quien no pudo evitar sentir cierto cosquilleo ante el contacto.

― Lo…siento― dijo Malfoy con voz ronca por la falta de uso. Hermione buscó los ojos de él, pero el joven los había cerrado.

Ella se encontraba de pie, lo sabía, el calor que emanaba de la muchacha lo había alcanzado. «Es tan cálido» pensó el rubio «tan distinto al frío que acostumbro a sentir». Draco no se atrevía a abrir los ojos, ella estaba muy cerca de él y eso lo estaba afectando más de lo que creía que haría. Resistió el impulso de alejarse apenas ella lo había tocado, él la había lastimado y debía enmendarlo.

Draco jaló suavemente su brazo, para posicionarlo a su costado, pero no contaba con que la castaña no lo soltaría. Hermione dio un paso más cerca de Malfoy, sólo un palmo los separaba, estaba perdida en él.

― Draco ― llamó la castaña y él abrió lentamente sus ojos.

El rubio se tensó al encontrarse más cerca de lo que creía de ella. Su respiración se hizo irregular y Hermione se mordió el labio inferior por la actitud de él. Las pupilas del muchacho se habían dilatado hasta que no quedó más que un pequeño halo gris en sus ojos.

Permanecieron mirándose uno al otro por más tiempo del socialmente aceptado. Ninguno había soltado la mano del otro, sin embargo, Draco no estaba acostumbrado a tanta cercanía. El calor de la joven penetraba su piel a pesar de los centímetros que lo separaban y estaba muy asustado por su reacción. Hermione prefirió no presionar, con dificultad soltó la mano fría del ex Slytherin y se alejó un paso de él.

― No te preocupes ― dijo, por decir algo ―. Por favor, toma asiento.

Él agradeció interiormente el término del contacto y, vacilante, se volvió a sentar. El frío habitual lo cubrió y sintió la pérdida del calor de la mujer. Draco cerró sus ojos para calmarse, «el frio es más seguro» pensó, antes de volver a abrir los ojos. No notó que sus ojos se habían llenado de lágrimas hasta que su visión se volvió borrosa. Cerró sus ojos con fuerza, sintiendo como todo volvía a volverse más frío de lo habitual.

― Draco ― escuchó la voz de ella muy cerca.

El rubio se obligó a abrir sus ojos ante la dulzura de esa voz y se encontró con Hermione Granger acuchillada a su lado. Ella actuó rápido y, un segundo después, las manos del joven estaban entre las de ella. Malfoy se tensó, pero esa calidez había vuelto y decidió no luchar contra esa mujer. «Ella es la persona más terca que he conocido» se resignó.

― Por favor, no alejes a aquellos que te aman, no alejes a aquellos que quieren ayudarte ― pidió la joven y él no pudo evitar desear que ella perteneciera a ambas categorías. A aquellos que lo aman y lo quieren ayudar ―. ¿Me darías una oportunidad para ayudarte?

La pregunta fue suave y, tras un segundo de vacilación, él asintió. Granger le regaló una sonrisa enorme, antes de levantarse lentamente. Ella mantuvo sus manos entre las suyas hasta que terminó de levantarse, momento en que las soltó suavemente y el frío volvió a Draco Malfoy.

Ella siguió hablando, pero Draco no pudo hacerle caso. Su mente estaba demasiado alterada por el contacto con esa mujer. Tuvo la impresión que ella le pedía interactuar más con sus padres, aunque no fuera para hablar, él había asentido. Sin embargo, no se había enterado de nada más, sus ojos no dejaban sus manos –que estaban inquietas en su regazo-.

― Draco ― llamó Hermione y él se tensó al verla acuchillada a su lado. Su respiración se hizo irregular, pero el calor que provenía de ella lo fue calmando ―. Esto es una poción para dormir sin sueños. Esta alterada para hacerla más potente, por favor, úsala.

Cuando la castaña terminó su explicación, le dejó la botellita con la poción entre sus manos. Él asintió, observando a la joven alejarse. En ese momento, un golpe se escuchó desde la puerta y Malfoy parpadeó reiteradamente al darse cuenta que la sesión había terminado. No supo qué sentir, eso había sido muy rápido.

Luna apareció en el umbral y el rubio se apresuró a salir, guardando la poción en el bolsillo de su túnica. No miró a Hermione, deseaba escapar, tenía mucho en qué pensar.

Salió de la habitación y se sintió más estable. Lovegood le regaló una de sus sonrisas y él alzó su ceja, desconcertado.

― ¡Draco! ― escuchó que lo llamaba una voz masculina. Se giró y se sorprendió al verlo.

― Theo ― susurró, la sonrisa del mago de ojos azules se amplió.

Theodore Nott había encontrado al amigo que había estado buscando hace tanto tiempo.


Nadie dijo que esto iba a ser fácil.

Por otro lado, quiero decirles que no soy capaz de mantener 3 fics actualizados a la vez. Por lo mismo, me gustaría preguntarles cuales prefieren que actualice, puedo con dos.

Personalmente, actualizaría este fic y Cuentos para un Malfoy. Para Cherry Kisses necesito más tiempo, pero me ateneré a lo que ustedes prefieran ;)

¿Merece Review?

Tsuki: Querida, lamento la demora, pero la vida real llama. Ah, me rompió le cucharon escribir el ataque a Narcissa, pero ella antes de cualquier cosa, es madre y debía volver con su hijo para asegurarse de que estuviera bien y, sino, calmarlo. Theo tiene un pasado oscuro, pero Blaise está ahí para ayudarlo y fastidiarlo jiji. Espero te gustara ;)

emmaaa: No sabes lo importante que es leer que esta historia es realista y atrapante. Me deja con la sensación que estoy haciendo las cosas bien. ¡Muchas gracias! Lamento la demora. Por otro lado, muchas gracias por todo el cariño que me profesaste en Chocolate jejejeje me alegro mucho que amaras la historia :3 es una historia bien dulce, tan distinta a esta. Nuevamente, ¡muchas gracias!