Hello! No, aun no he muerto y sigo con mis fics. Pido discupas por la demora, pero Noviembre y Diciembre fueron meses donde no tuve vida, entre la pega y cursos que estuve haciendo que se alargaron hasta Enero que ha sido bien mala onda conmigo, pero seguimos al pie del cañon en este nuevo año. Y aquí estoy con un nuevo cap que espero sea del agrado de ustedes o al menos las mantenga en vilo ;)

Feliz año ultra atrasado

Un cap dedicado a las que siempre se toman un momento para comentar:

Parejachyca, emmaaa, Jenniferaca, Alrak990, Mary Malfoy Mellark, damalunaely, natascha Malfoy, Any

Espero que lo disfruten!

PD: Ya saben que JK es la creadora de Harry Potter y yo solo uso sus personajes para jugar!

A leer!


Capítulo 6: La unión de los condenados

Draco no supo cuánto tiempo estuvo tirado en el suelo de piedra de su celda, el hombretón de pelo al raso se había ido hace mucho. Aunque bien podían haber sido sólo cinco minutos, el tiempo era más relativo de lo que le gustaría admitir y odiaba haber llegado recién y ya ser víctima de la desorientación. El cuerpo le ardía, pero debía reconocer que los Crucios de su tía Bella eran más potentes y ni hablar de los del Lord Oscuro.

El rubio se levantó, gruñendo por el esfuerzo, cayendo rendido en la cama de metal. Agradeció el calor de la única manta que tenía. Si esa había sido su bienvenida no quería imaginar cómo sería el resto de su instancia en esa prisión, casi deseó tener a los dementores de custodios. Casi.

Su cuerpo dejó de resentirse a las horas de haber recibido la maldición torturadora, sin embargo, Draco no podía especificar cuánto tiempo había pasado realmente. Comenzó a contar los días por las comidas que recibía. Ese primer día había llegado a las siete de la mañana y tiempo después había aparecido una bandeja en su cama, agradecía que nadie se la hubiera tenido que llevar. Eso sin duda hubiera dado paso a más tortura y humillación.

Los días constaban de tres comidas o eso supuso. Después de ese primer desayuno, constituido en pan duro y agua, había recibido una ración de sopa de dudosa procedencia y más pan y agua. Para lo que él supuso era la cena, obtuvo un trozo de carne dura y más agua. Todo lo vio con ojos de desconcierto y asco, pero tras varias horas de negarse a probar bocado, su orgullo quedó de lado y el instinto de supervivencia tomó el control. «Haré todo lo que tenga que hacer para sobrevivir» pensó Draco e hizo de esa frase su mantra personal en el tiempo que pasó en Nurmengard.

Una vez terminada la cena, se acostó en la dura cama de metal y sus ojos se cerraron, Draco cayó en un sueño profundo rápidamente. Un ruido metálico lo sacó de su pequeño descanso, abrió los ojos con pesadumbre y escuchó unas risas burlonas a su alrededor.

― ¡Oh! El nuevo cree que puede dormir ― dijo una voz gruesa y áspera―.

Un sujeto con barba insipiente estaba frente a Draco, quien se incorporó raudo y con todos sus sentidos alertas.

― ¡Mira, Jackson! ¡Que crio más guapo tenemos aquí! ― Una risa burlesca abandonó los labios del segundo sujeto, uno con apariencia amanerada. ― Que ganas de degustarte, chiquillo.

Draco sintió un escalofrío surcar su espalda ante la imagen de ese sujeto repasando sus labios con su lengua. El asco se apoderó del rubio y tuvo que reprimir una arcada. Frente a él había tres sujetos, el último de ellos no había hablado y se mantenía en las sombras, sin entrar en su celda.

― ¿Qué quieren? ― preguntó Malfoy, imponiéndose con su voz. Sin embargo, los dos sujetos que habían hablado rieron, formando una sonrisa cruel en su rostro ―.

― Que gatito más impertinente, ¿No crees? Zupy. ― El de la barba habló sin despegar sus ojos del rubio, quien estaba acorralado. ―

― Los ingleses creen que el mundo les pertenece ― contestó el otro, acercándose a Draco, quien retrocedió por instinto ―. Démosle una lección a este Mortífago de pacotilla.

El tal Zupy se abalanzó sobre Draco quien lo esquivó sin dificultad, pero el de la barba lo atacó por la espalda con un barrote de metal. El rubio gritó, desplomándose contra la cama, y Zupy aprovechó para enterrarle un trozo de metal afilado entre las costillas.

El dolor no lo dejó respirar por unos segundos. Tiempo que sus atacantes usaron para patearle el cuerpo. Draco no lograba entrar aire a sus pulmones y el dolor le impedía levantarse y protegerse. Había sido atacado a traición y, aunque sus reflejos no le habían fallado, su cuerpo no estaba acostumbrado a la lucha cuerpo a cuerpo. Él dependía de su magia para luchar y ya no la podía exteriorizar ― jamás había aprendido magia sin varita―.

― Suficiente, muchachos ― habló el tercer hombre y Draco reconoció al guardia que lo había encerrado ese día ―. Este es el Mortífago más patético que he visto, al menos los otros sabían defenderse.

Los golpes cesaron y el rubio pudo dar una sola inspiración angustiada antes que lo dejaran solo en su celda. Malfoy sintió la sangre bajar por su costado y, con dificultad, pudo sentarse en la cama y apoyar la espalda en la fría pared. Con su mano izquierda apretó su costado derecho, justo sobre el punto en que la hemorragia estaba. Su respiración era dificultosa y no pudo evitar pensar en que su pulmón había sido perforado o, que algo le impedía respirar con normalidad.

Toda la noche estuvo agonizando en esa posición, incapaz de respirar bien e imposibilitado de dormir para descansar. La angustia se sumaba a la desesperación de no poder respirar bien, al menos el dolor había remitido lo suficiente para olvidar una de sus preocupaciones.

Las horas se hicieron eternas y Draco no pudo precisar el momento en que su celda se volvió a abrir y por ella apareció su carcelero.

― Así que has sobrevivido, escoria ― espetó El Oso, quien dejó la bandeja de comida que traía en el suelo ―. Eres más resistente de lo que pensaba. Al parecer me divertiré contigo por más tiempo.

La risa del Oso inundó la estancia, mientras Draco luchaba por enfocar su vista ― estaba seguro que la cantidad de sangre perdida lo haría desmayarse en cualquier minuto ―. El Oso apuntó su varita al rubio, quien se puso en tensión a pesar de no ser capaz de huir del hechizo del mago frente a él.

El carcelero sanó la herida del rubio, quien sintió un alivio extremo al poder llenar sus pulmones de aire, justo en ese momento, El Oso lanzó la imperdonable al cuerpo del Mortífago. Draco se retorció ante el inesperado Crucio y el hombre frente a él se fue del lugar con una risa malvada que el joven Malfoy nunca fue capaz de olvidar.

La primera semana pasó sin pena ni gloria, salvo por el incidente del primer día, que le demostró a Draco que Alastor Moody siempre tenía razón sobre su "alerta permanente". Dormir no era una opción, no con El Oso rondando por su sección y mucho menos con sus secuaces a la vuelta de la esquina.

«Haré todo lo que tenga que hacer para sobrevivir» se repetía una y otra vez el joven Mortífago. Sin embargo, cada vez que su celda se abría, Draco tenía que controlar el temblor de su cuerpo. Se sentía indefenso frente a un mago que sí podía hacer uso de la magia y, aún más, frente a magos que sabían luchar cuerpo a cuerpo. Los reos de esa prisión tenían una ventaja de la que él carecía y que lo hacía vulnerable frente a ellos.

Draco intentaba no mostrar debilidades. Cada vez que su celda se abría para permitirle salir de ella y recorrer el pabellón en el que estaba encarcelado, él temía que alguien lo atacara ― ya sea por ser un Mortífago o por orden de El Oso―. Siempre mostraba su máscara de frialdad y altanería, cortesía de la educación recibida, nunca hablaba con nadie y evitaba a los grupos grandes y a Jackson y Zupy. Solía mantenerse en su celda, a pesar que le permitían un tiempo de recreación con sus compañeros de presidio.

Se enteró por medio de Jackson que a los reos le permitían un rato de recreación cada día. A los nuevos no los dejaban salir hasta después de dos semanas para darles un escarmiento. Draco ni siquiera notó esas dos semanas, el tiempo había dejado de tener significado para él la primera semana en esa prisión olvidada.

Jackson lo había golpeado hasta sangrar después de haberle dado esta información. Aquel sujeto lo había esperado afuera de su celda una vez las puertas se habían abierto, le había dicho que esa era otra bienvenida a la realidad de la prisión y se había ido sin mirar atrás.

El rubio los evitaba a toda costa, aunque eso no impedía que ellos lo encontraran y o golpearan o que El Oso se desquitara cada día con él. Draco había pensado en contar el tiempo a través de las maldiciones que le daba el carcelero, pero en un mismo día podía darle más de una y había desistido.

Su mente sólo pensaba en sobrevivir, aprender a defenderse y dejar ser el blanco del abuso de otros presos, pero el día que decidió contestar a los golpes de Zupy, éste se había reído en su cara luego de esquivar su puño. Zupy lo humilló, tratándolo de muñequita y atreviéndose a palmear el trasero y entrepierna de Draco.

El maldito se había atrevido a meter su mano debajo de la camiseta raída que usaba el rubio. Draco sintió su sangre helarse ante el contacto de la mano sucia de ese sujeto con su piel.

― Pero que piel más suavecita te gastas, chiquillo ― susurró Zupy en su oído, Draco pretendió empujarlo, pero el otro lo sujetó con fuerza inusitada ―. ¿Eres así de suave en todas partes o tienes algo duro que quieras mostrarme?

El asco no se hizo esperar y Malfoy escupió al hombre frente a él, repitiendo su intento de alejarlo de él. Zupy crispó su rostro y se preparó para meter su mano en el pantalón del rubio cuando una pesada mano lo tomó desde el hombro.

― Suficiente ― dijo una voz imponente, pero suave ―. Ve a acosar a otro, Sabandija, a menos que quieras que practique contigo.

El acosador de Draco tembló perceptiblemente antes de soltar a su víctima y girarse hacia el dueño de aquella voz.

― Armand ― susurró Zupy, levantando sus manos en señal de rendición ―. No sabía que este gatito fuera de tu propiedad.

El rubio observó a aquel hombre que lo había salvado de algo humillante. Era muy mayor, al menos unos setenta años, de cabello entre cano, aunque su constitución era atlética y firme. Le sacaba un palmo de cabeza a su acosador y sus ojos eran de un azul tan intenso que le recordaron a Theodore Nott. Aunque esos ojos denotaban peligro, algo que su intelectual amigo nunca había poseído.

― ¿Qué estupideces dices, Zupy? Este rubio no es ningún gato y si no sabes reconocer a una serpiente cuando la tienes en frente vas a tener una vida más corta de lo que imaginaba. ― El sujeto llamado Armand no dejaba de mirar a Draco y el muchacho no pudo separar sus ojos grises de los del anciano. ― Te sugiero que te largues antes de que te arrepientas.

El otro hombre no dudó en escapar, aquel viejo era de temer y no quería involucrarse con él. Si quería defender al gatito rubio él no lo iba a impedir, es más, le diría a El Oso que no contara con él para molestar al crio. Armand era más de lo que podía soportar y todos en ese lugar sabían que el anciano era peligroso, por algo todos los dejaban en paz, incluso los carceleros.

― No logro imaginar que fue lo que hiciste para terminar aquí ― dijo el anciano, cruzando sus brazos sobre su pecho, sin quitar la vista de Draco, quien se estaba limpiando el sudor de la frente con un brazo ―. No sabes defenderte por tu cuenta, alguien como tú no pudo hacer nada muy grave ¿o si?

Draco no contestó, siguió observando con suspicacia al tal Armand, quien le ofreció una sonrisa afilada mientras estiraba su mano hacia el rubio.

― Soy Armand y llevo en este lugar más tiempo del que puedo recordar. ― Una risa amarga salió de los labios finos del hombre y Malfoy no dudó en estrechar la mano del sujeto. Ya descubriría si era de fiar. ― ¿Quién eres muchacho y que has hecho para caer en este hoyo?

― Soy Draco Malfoy, señor ― contestó reticente, Armand tenía algo atrayente y a la vez intimidante. Draco no podía soportar su curiosidad, por lo que tomó la mano que el anciano le ofrecía ―. Simplemente fui un estúpido.

Tras su declaración, Draco levantó su manga izquierda y dejó al descubierto la Marca Tenebrosa, Armand frunció el ceño.

― Los de tu clase no duran mucho aquí, chico, y jamás he visto a un hombre con esa marca que no sepa defenderse. ― Draco tapó su antebrazo izquierdo con un sudor frío cayendo por su frente. Las palabras del viejo no le agradaban. ― Tú durarás menos que ellos si no sabes defenderte. ¿Cómo es que alguien que no sabe luchar cuerpo a cuerpo terminó con ese tatuaje?

A Draco se le estrujó el estómago, el anciano sólo le estaba corroborando algo que ya sabía, no iba a sobrevivir en esa prisión. No sin aprender a defenderse. Entonces miró a Armand, el viejo lo miraba con curiosidad, midiéndolo, no podía imaginar qué incógnita se escondía tras ese chiquillo. Draco supo leer a través de la curiosidad del hombre mayor y decidió usarla en su favor.

Le contó su historia, quien era Voldemort y lo que había hecho. La amenaza a su madre y el final de la segunda guerra mágica. Su condena a Nurmengard. Armand escuchó con atención al joven Mortífago y tomó una decisión que nunca creyó que tendría.

― Muchacho, estoy encerrado aquí desde la época de Gellert Grindelwald, el maldito bastardo me encerró el mismo año en que fue derrotado por Dumbledore. Los malditos Aurores olvidaron soltarme. ― Una risa amarga salió de los labios del anciano y Draco tuvo que reprimir un escalofrío. ― Fui un opositor de ese bastardo y me capturó para encerrarme en este lugar, mi esposa e hijo quedaron en Inglaterra sin mí. Nunca volví a saber de ellos y dudo que sepa algo. Cuando aquel mago cayó, liberaron a todos sus opositores de esta prisión, a todos menos a mí.

― Señor ― susurró el rubio, sin saber qué decir o qué pretendía al dirigirse a él ―.

― Dime Armand, muchacho. Sé lo que es luchar por proteger a tu familia, por eso te protegeré, chico. ― Los ojos del rubio se abrieron sorprendidos ante esa declaración, no esperaba encontrar un aliado en ese lugar. ― Te enseñaré a defenderte, no sólo cuerpo a cuerpo. Aprenderás todo lo que no pude enseñarle a mi hijo. De ahora en adelante serás mi aprendiz.

«Haré todo lo que tenga que hacer para sobrevivir» pensó Draco, observando los ojos azules de Armand y su sonrisa afilada. Aquel mago que llevaba más de cincuenta años encerrado en esa prisión sería su aliado y él no desaprovecharía su oportunidad.

Su misión era sobrevivir y lo haría así tuviera que unirse a ese anciano desconocido.


Sé que es un cap cortito ito ito, pero tiene detalles importantes...sobre todo...quién es Armand?

PD: El nombre Armand lo he tomado de un vampiro que adoro jijiji, en honor a Armand de Cronicas Vampiricas de Anne Rice.

En fin, espero que sigan leyendo mis locuras, espero volver pronto con más caps y otro fic ;) besoooos

R.E.V.I.E.W? *-*

emmaaa: Hola bella! creo que escribir va a ser dificil de dejar aunque a veces me tome unos periodos largos de descanso jijiji. gracias linda! me alegro que te guste tanto el fic y que no solo te este dando curiosidad el dramione wiii! eso me pone feliz, saber que un personaje propio pueda provocar curiosidad en los lectores jiji. espero que tengas un lindo año y que sigas leyendo y comentando jijiji! besoooos y abrazos a la distancia :)

Any: hola! me alegra saber que te encanta! espero que siga así.