Uff, esto lo llamaré: " No estaba muerta, andaba de parranda" (:
Y si alguien aun sigue esta historia, no, sus ojos no los engañan. He actualizado, intentando salir del hiatus GOD, si no lo hacía me iban a perseguir con antorchas xD
Anyway, ya saben que no soy JK y que HP no me pertenece. Yo solo juego con ellos cuando la vida me lo permite
A leer! y que lo disfruten
Capítulo 9: Preludio
Hermione se agarró la cabeza por décima vez en la tarde antes de seguir dando vueltas a su habitación, aún no podía creer que había aceptado ir a esa cena en la Mansión Malfoy. ¡Por Morgana! ¡La última vez que había estado en esa mansión había sido torturada por una loca! y ahora iba a meterse en la boca del lobo nuevamente.
― ¡¿Qué hice para merecer esto?!― preguntó al aire, consciente de su autocompasión.
El sonido de unos golpes en la puerta de entrada la distrajo, haciéndola correr a abrir.
― ¡Luna! Qué bueno que llegaste. ― Fue el saludo que le dio a su amiga rubia, quien entró al departamento de la castaña dando pequeños saltitos.
― Buenas tardes, Hermione ― saludó la ex Ravenclaw, sonriéndole tranquilizadoramente a su amiga, quien le sonrió de vuelta.
― Buenas tardes, no sabes lo nerviosa que estoy por tener que ir a esa cena. ― La castaña se mordió el labio inferior mostrando su nerviosismo. ― ¿Crees que hice bien aceptando? Siento que estoy perdiendo los límites trazados con mis pacientes, no es posible que acepte ir a cenar con cuatro de ellos.
Hermione hizo aspavientos con sus manos y brazos, incapaz de serenarse. Luna ladeó su cabeza, haciendo que su largo pelo rubio siguiera aquel movimiento.
― Creo que cada día que pasa Draco Malfoy acorta el espacio que necesita, ya no son siete metros cuadrados, tampoco se ha reducido tanto, pero cada día siento como avanza y esta cena parece una buena idea. Además, Narcissa Malfoy dijo que somos amigas de la familia.
Luna sonrió ampliamente al terminar sus palabras, logrando que Hermione se relajara levemente.
― Tienes razón― concluyó la castaña ―. Él ha avanzado mucho y Narcissa ha hecho ver que esto no es más que una cena. Y aun así no puedo dejar de estar nerviosa, ¿cómo lo soportas? Luna, tú fuiste prisionera en esa mansión.
La rubia cerró los ojos, balanceándose sobre sus talones ―adelante y atrás―, considerando la pregunta de su amiga.
―Ustedes me rescataron ― susurró, abriendo los ojos con parsimonia ―. Y los Malfoy nunca me trataron mal a pesar de ser su prisionera. Draco Malfoy solía encargarse de mí, no hablaba mucho y apenas me miraba, pero me daba más comida de la que debía…siempre me decía que me apresurara en comer, sino podrían descubrirnos. Unos días antes de que me rescataran, Bellatrix Lestrange se hizo cargo de los prisioneros, no fue nada buena, Hermione.
La chica de rizos se tensó, angustiada por las palabras de su amiga, recordando la guerra y la crueldad de aquella mujer.
― Los Malfoy no fueron buenos en esa época, pero no fueron malos conmigo ni con otros prisioneros…de eso se encargaba Bellatrix Lestrange ― concluyó la rubia, con los ojos muy abiertos y sus labios apretados en una tensa línea.
― Creo que entiendo tu punto, Luna ― susurró Granger, recordar aquella época no era fácil para nadie ―. Ellos intentan hacer las cosas bien, encajar y no lo van a lograr fácilmente si no les ayudamos.
Hermione suspiró, resignada, mientras observaba el brillo en los ojos azules de la ex Ravenclaw, quien sonreía con los labios juntos.
― Así es, Hermione― dijo, sin borrar la sonrisa de su rostro.
― Vamos, Luna, debemos vestirnos para esa cena ― dijo la castaña, internándose en su habitación y siendo seguida por los pasitos de la rubia. Armándose con el famoso valor Gryffindoriano para soportar el volver a pisar esa antigua casa de torturas.
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Draco observó su reflejo en el espejo de cuerpo entero de su habitación y frunció su entrecejo, aflojando la corbata plateada que llevaba. Hacía mucho que no se vestía tan formal y sentía cómo si esa ropa ya no encajara con él. Su reflejo le daba la razón al mostrarle a un hombre demasiado delgado en un traje de tres piezas color gris grafito y camisa blanca, un rostro demacrado por los horrores de la prisión y un cabello largo y enmarañado que había descuidado hacía demasiado tiempo ya para recordarlo.
No, definitivamente no encajaba, pero su madre había insistido en que deseaba hacer aquella cena, además deseaba volver a ver a Blaise y Theo. Sobre todo, tenía asuntos pendientes con Theo o, más bien, sólo tenía un asunto con él, uno con nombre y apellido: Armand Nott.
Alguien golpeó la puerta de su habitación, sacándolo de golpe de sus preocupaciones. El rubio abrió la puerta, encontrándose con su hermosa madre al otro lado. Narcissa lucía espléndida en una túnica plateada, ella ingresó en la habitación sin pedir permiso, era ama y señora de ese lugar.
― Luces muy bien en ese traje, Draco. ― Fueron las palabras de su madre y él no pudo más que cerrar la puerta para evitar hacer una mueca de desagrado. Su madre había ido, claramente, a supervisarlo y él no tenía interés en ser tratado como a un niño manipulable. Además, estaba en total desacuerdo con ella, esa ropa era como un mal disfraz, ya no se sentía cómodo con ella.
― Madre. ― Fue su saludo, junto con una ligera inclinación de cabeza. Narcissa abrió mucho los ojos al darse cuenta que su hijo acababa de hablarle y él sintió cierta satisfacción al desconcertarla.
― Draco ― contestó ella, sonriéndole con afecto ―. Me alegra escuchar tu voz.
Se sinceró la rubia, acariciando la mejilla de su vástago, quien, contra todo pronóstico, la dejó hacer. Draco disfrutó de la caricia materna e, incluso, cerró los ojos ante el suave tacto de la mano femenina. A Narcissa se le llenaron los ojos de lágrimas que se obligó a contener. Estaba feliz por una simple palabra, al igual que la primera vez que su hijo habló y la llamó "mamá".
Los dedos de la mujer apartaron el cabello de su frente, intentando domarlo.
― Deberías cortártelo ― comentó, haciendo que Draco abriera los ojos ―. O podrías dejarme peinarte, definitivamente, no estás haciendo un buen trabajo con tu cabello.
El rubio resopló, apartándose de la mujer, pero dirigiéndose al baño. Era cierto que él ya no se preocupaba por peinarse ni domar las mechas rubias de su cabello, sin embargo, eso no significaba que iba a dejar a su madre tratarlo como a un crio.
Narcissa siguió con la mirada a su hijo, preocupada por haber traspasado la línea, creyendo que él se volvería a encerrar en sí mismo, impidiéndole escuchar su voz y acariciarlo. Pero el menor de los Malfoy le hizo ver su error al salir del baño con su pelo desenredado. Su hijo no se había peinado como antaño, con el cabello aplastado y con gel, pero sí había ordenado su cabello hacia atrás y lo había atado en una coleta baja, dejando al descubierto su frente.
Narcissa sonrió, él se veía muy bien a pesar del agotamiento en su rostro.
― Te ves muy guapo ― dijo ella, sonriendo abiertamente y acariciando la mejilla de él.
Draco suspiró, haber ordenado su pelo valía la pena al ver la sonrisa de su madre, quien se retiró de su habitación, pidiéndole que bajara pronto para recibir a los invitados.
El rubio cerró sus ojos, agotado emocionalmente, realmente estaba haciendo un esfuerzo por estar a la altura de las expectativas de su madre. De verdad estaba luchando contra su instinto ―el cual le instaba a dar media vuelta, deshacerse de esa ropa y no bajar en toda la velada, encerrándose en sí mismo―, todo para contentar a su madre y, aunque le doliera admitirlo, cumplir con lo que Granger le había pedido. Todo su esfuerzo valdría la pena cuando Armand fuera libre.
Una arruga surcó su frente al pensar en el anciano y su situación. La angustia y la ansiedad de ese pensamiento lo hizo contraerse en una arcada, ya había perdido demasiado tiempo.
Draco pasó ambas manos por su rostro y sus dedos se hundieron en su cabello amarrado, frustrado. Estaba cayendo en la desesperación cuando la imagen de Granger en el parque le vino a la mente, ella le había dicho que investigaría el asunto y que liberaría a Armand si era inocente.
Draco sabía que el anciano era inocente, por ello, al recordar a la castaña toda su angustia desapareció. Granger era una mujer de palabra. El rubio se enderezó y cuadró sus hombros, dispuesto a aguantar esa cena con decisión, si Granger podía liberar a Armand, todo valdría la pena.
El ex Slytherin avanzó con paso decidido hacia fuera de su habitación, sin notar que mechones rebeldes de su cabello se habían soltado de su coleta y enmarcaban su rostro, desapareciendo el aire formal de su apariencia, que ya no encajaba con su nuevo yo.
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Narcissa observó bajar a su hijo y no pudo evitar fruncir su delicado ceño al notar los mechones rebeldes sobre su rostro. Iba a decir algo al respecto, cuando la red flu se iluminó, distrayéndola.
Draco bajó el último escalón justo cuando de entre las llamas verdes surgía Blaise Zabini. El moreno recorrió el vestíbulo con nostalgia, recordando los años pasados en aquella mansión. Entonces su mirada se topó con el matrimonio Malfoy y no pudo más que hacer una reverencia formal que ellos devolvieron con parsimonia.
El ex Slytherin alzó su mirada y se topó con el rubio, una sonrisa amplia y sincera se instaló en sus labios.
―¡Draco!― exclamó, mientras abría sus brazos para darle un abrazo a su amigo de antaño. Los ojos grises de Malfoy brillaron con añoranza y, sin pensarlo, se impulsó a envolver a su amigo entre sus brazos―.
Los padres del rubio cruzaron una mirada esperanzada y una sonrisa tenue, sin saber si deberían estar sonriendo o esperar algún tiempo más. Al fin y al cabo, estaban caminando por tejado de vidrio y éste, en cualquier momento se podría romper y regresarlos a una cruda realidad. Realidad donde su único hijo seguía mudo e inalcanzable.
― No sabes cuánto he esperado este momento ― dijo Blaise, apenas separándose de su amigo―. Aunque me cueste decirlo, he extrañado tu arrogancia, Dragón.
El rubio no pudo evitar soltar una risa corta y ligera. Con Blaise siempre era así, podía exasperarlo hasta el hastío como podía hacerlo reír hasta la locura. Su amigo era un huracán que lo volvía más humano con sus tonteras.
― ¿Sólo mi arrogancia? ― contestó Draco, levantando una ceja en un gesto que pensaba olvidado hace mucho, junto con esa misma arrogancia de la que hablaba el moreno ―. Si tuviera corazón, lo habrías roto.
Blaise rió con ganas, a pesar del tono desgastado en la voz de su amigo y del deterioro que había observado en el rubio apenas lo vio. Nada de eso importaba ahora, sólo quería volver a hablar con él, retomar su amistad y ayudarlo para construir su futuro. Al igual que a Theo.
Justo en el momento en que Zabini iba a replicar, la red flu se activó, dando paso al castaño de ojos azules.
―¡Draco!― exclamó Theodore Nott y el menor de los Malfoy esbozó una pequeña sonrisa. Añoraba a esos dos ―. ¡Hey! ¿qué es eso de la colita?
Theo acompañó sus palabras con un leve tirón en la coleta baja del rubio, quien frunció el ceño, fastidiado. Blaise volvió a reír y Nott abrazó al rubio, conteniendo la risa.
―¡Que alegría tenerlos aquí!― comentó Narcissa, avanzando hasta sus invitados, Nott soltó al rubio para hacerle una reverencia a la matriarca Malfoy y tomar su mano para depositar un pequeño beso en su dorso ―. No es necesaria tanta formalidad, Theo.
La risa cantarina y recatada de la rubia hizo sonreír a los hombres en el vestíbulo. Draco no pudo dejar de admirar lo distinta que se veía su madre, lucía esplendorosa, totalmente diferente a la mujer con la que compartió exilio.
Lucius se acercó a su mujer y saludó a los jóvenes sin mediar palabras, pero esbozando una ínfima sonrisa. El patriarca Malfoy sentía algo cálido en su pecho al ver a su hijo interactuar con sus amigos. Draco estaba avanzando a pasos agigantados y, sin embargo, Lucius no quería albergar esperanzas, en cualquier momento todo se podía derrumbar.
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La conversación siguió entre Narcissa y los amigos de su hijo, pero él ya no prestaba atención, tanta interacción estaba cobrando su cuota en Draco, quien volvió a aflojar la corbata de su traje.
El esfuerzo por no huir de aquel lugar y el esfuerzo de entablar una conversación con sus amigos de antaño lo estaba asfixiando. Una parte de él se encontraba feliz de verlos y la añoranza que lo había golpeado era tan real que su pecho dolía. Dolía por recordar lo unidos que fueron y los golpes que la vida les había dado a todos ellos, su felicidad estaba opacada por oscuros recuerdos y el miedo al contacto humano. No por nada, dos años de su vida se resumía en golpiza tras golpiza, todas grabadas en su piel. El entramado de sus cicatrices era tan tirante que se sorprendía que nunca marcaran su rostro.
Observó a Theo y Blaise hablando animadamente con su madre y agradeció el parloteo incesante del moreno, el cual evitaba que tuviera que intervenir en la conversación. Haberlos saludado ya había implicado más autocontrol del que creía poseer. Cerró los ojos en un intento por aislarse del mundo y encontrar algo de calma, pero la bilis ascendió por su garganta y temió vomitar en frente de todos. Ese monstruo llamado pánico, que solía acosarlo, se estaba abriendo paso en aquel salón, ascendiendo por su espalda, envolviendo su piel en el frío que siempre traía consigo, hasta instalarse en su pecho y oprimirlo con zaña.
Los ojos de Draco se abrieron -atormentados- y una expresión de terror se grabó en ellos al tiempo que su color se oscurecía. Theodore notó la vacilación del rubio y el cambio de coloración en sus orbes, que pasaron de un gris claro apagado a un escalofriante y turbulento negro, con vetas grisaceas, cuan cielo borrascoso. La tensión se reflejaba en la piel cenicienta de Draco y el castaño estaba a punto de acercarse para contenerlo, cuando la red flu volvió a relucir y por ella apareció Hermione Granger.
La espectral luz verdosa distrajo lo suficiente al menor de los Malfoy como para recordar lo que era respirar con normalidad. Los ojos de Draco se dirigieron a la recién llegada y se perdió en la profundidad de esos ojos achocolatados.
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Hermione puso un pie fuera de la chimenea de forma insegura, nerviosa de estar en esa mansión después de la tortura sufrida ahí. Sin importar el tiempo que hubiera pasado, la cicatriz en su brazo era un recuerdo perpetuo de los horrores de la guerra. Sin embargo, apenas alzó su rostro, sus ojos conectaron con los turbulentos del rubio y no pudo apartarle la mirada.
Caminó, adquiriendo seguridad con cada paso y olvidando donde estaba. Sólo existía esa mirada perturbada que la necesitaba con más urgencia de la que él se atrevería a reconocer algún día. Hermione parpadeó con lentitud, sin desconectar su mirar de la turbulenta del rubio, apenas siendo consciente del saludo del resto de los comensales. Para ella, sólo existía el cielo doliente que eran los orbes del ex Slytherin.
El menor de los Malfoy sintió como sus latidos apaciguaban su ritmo frenético y esa garra que apresaba su pecho, cedía y lo liberaba, permitiéndole volver a respirar con normalidad. A su perturbada mente solo le vino el vago pensamiento de que ella estaba actuando como un bálsamo para sus ataques y que su serena mirada era un ancla que jamás creyó tener e, inesperadamente, ese pensamiento, llenó de una tenue calidez todo su ser, haciéndolo suspirar aliviado.
La intriga y la sorpresa lucharon por apoderarse de ella, al observar el cambio de coloración en los ojos del rubio, que pasaron de un tumultoso negro a un gris tan apacible que parecia la calma tras una tormenta. Hermione debía admitir que, como sujeto de estudio, Malfoy era toda una obra de arte. Sin embargo, su lado más humanitario no dejaba de sentir cierta compasión por su condición. Ni en sus momentos de ira suprema contra él, hubiera deseado que pasara por todo lo que había pasado, ni desearía el estado que él portaba.
Hermione sonrió tenuemente, reconociendo el avance de él, segura de que el cambio en su mirada era una mejoría palpable.
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Theodore Nott identificó el cambio en la vibra del ambiente y en la actitud de su rubio amigo, por lo que, no pudo dejar de estrechar sus ojos mientras observaba a Draco y a Granger interactuar de una forma demasiado íntima para él. Aunque estaba seguro que ninguno de ellos se daba cuenta de la complicidad que poseían, su personalidad instigadora no podía dejar pasar una oportunidad tan única para incomodarlos un poco y con su escaso filtro al hablar iba a interpelarlos, cuando la chimenea volvió a retumbar. Distrayéndolo.
Luna Lovegood apareció ante todos con su aura de distracción infinita y se acercó al resto dando la impresión de que flotara en lugar de caminar; cautivando a cierto castaño de ojos azules, el cual olvidó su anterior cometido para centrarse en la sonrisa dulce de la rubia y en su cabello que flotaba tras ella como una nube mecida por la brisa primaveral.
Luna irradiaba tanta luz que Theo era atraído a ella irremediablemente y él era muy consciente de aquello, por lo mismo, había dejado de luchar contra la atracción que ella ejercía en él y la hizo parte de su descaro habitual a la hora de interactuar con la mujer. Y debía reconocer, que la indiferente amabilidad con la que lo trataba siempre, hacía que sonriera feliz de que ella nunca caería en sus oscuros encantos.
Theodore Nott se alegraba de poder interactuar con Luna Lovegood, coquetearle con desparpajo y saberla inmune a su impura existencia. Le daba un placer mórbido poder ser tan descarado con ella y saber que, por más sensual y pecaminoso que fuera, ella nunca caería en su trampa. Se alegraba de saberla segura lejos de él y a la vez, contar con el privilegio de su amabilidad. Porque la luz de Lovegood lo hacía sentir tan extasiado como una droga. Dulce e inocente, frágil y etérea. Para Theo, Luna era una ilusión tan sutil como sus más dulces sueños.
Al verla avanzar, tan vaporosa y encantadora, toda puya sarcástica dirigida a su terapeuta y a su rubio amigo, quedó olvidada, reemplazada por la calidez que siempre lo llenaba al estar junto a esa mujer tan irreal.
Una sonrisa sutil adornó el rostro del castaño y Luna pensó que él tenía un rostro muy inocente para ser tan oscuro y emanar un aura tan peligrosa. Ella sabía que el muchacho invitaba a pecar y que eran polos tan opuestos que las interacciones entre ellos rayaban en el embargo, ella no era religiosa y las criaturas peligrosas nunca la habían intimidado, al contrario, aquellos seres que no podía entender sólo aumentaban su curiosidad y Nott emanaba un aura tan misteriosa, a pesar de su personalidad desinhibida, que era el único al que no podía leer viéndolo a los ojos. Y ese detalle, esos muros infranqueables hacían de él un enigma que quería descifrar. No obstante, su lado más racional sabía que lo más seguro para ella era mantenerse alejada de él. Porque Theodore Nott era un demonio con rostro de ángel y ella ya había tenido suficiente de demonios como para involucrarse voluntariamente con otro.
Luna se detuvo a escasos pasos del resto de los asistentes y -ladeando su cabeza- los observó uno a uno, ampliando su sonrisa de labios juntos . Sus profundos y brillantes ojos azules daban a entender que Luna sabía cosas que ellos no y eso los hubiera perturbado si su cantarina voz y su distracción habitual no los hubiera descolocado lo suficiente como para olvidar la sabiduría tras sus ojos.
―¡Ah! Este parece ser un buen preludio para una cena― dijo, palmeando sus manos frente a su rostro.
Las palabras de Luna desconcertaron a la mayoría y crearon un escalofrío en la espalda de Draco, sin embargo, la animosa intervención de Narcissa Malfoy, solicitando que fueran al comedor, evitó que el menor de los Malfoy pudiera dejarse llevar por su mal presentimiento.
Draco sabía que su sexto sentido lo había salvado incontables veces en prisión y que cuando no le hacía caso, solían suceder cosas que no le agradaban. Pero vivir en relativa calma, lo habían hecho más descuidado de lo que imaginaba.
Y si, aquel había sido un buen preludio para tal cena. Demasiado tranquilo para el gusto de cualquier fatalista, que si viera las espaldas -de ese grupo tan dispar- mientras avanzaban campantes por el pasillo que los conducía hacia el comedor, seguramente afirmaría que esa era la calma antes de la tormenta.
Creo que no estoy tan oxidada o si? xD
No tengo mucho que decir, más que amé escribir el cap y que tenía que darle su toque dark. Espero que lo disfrutaran y volver pronto con otro cap y no en 3 años xdd
En serio, ¿hay alguien ahí?
¿R.E.V.I.E.W ?
