Empacamos algo de comida para el almuerzo de dos días ya que nos quedaríamos a dormir al aire libre. Llevábamos una tienda de campaña, bolsas de dormir y cañas de pescar. Salimos del apartamento con dos grandes mochilas y nos dirigimos a nuestro destino, las afueras de konoha. Ahí encontraríamos el cauce de un río donde pescaríamos y a la orilla de este acamparíamos. No podía parar de sonreír. Estaba en un lugar realmente bello junto a la persona que más amaba en el mundo. Todo era perfecto.

Después de caminar por un largo tiempo llegamos a nuestro destino. Levantamos la tienda de campaña y pusimos nuestras cosas dentro.

-Todo esto es tan divertido, me gusta acampar- dije sonriendo.

-Me alegra que estes feliz- me dijo.

Lleve conmigo un traje de baño para meterme al lago. Me fui a cambiar y cuando salí vi sus ojos llenos de deseo posados en mi. Le indique que me acompañara y él rápidamente fue a cambiarse. Los dos estábamos dentro del agua.

Jugábamos cómo dos niños. Luego el se acerco a mi

-¿Estás seguro que no habra nadie cerca de aquí?- pregunté alejándome un poco.

-Estoy seguro, no te preocupes

Me acerque a él y le di un beso. El me correspondio. El beso se fue profundizando aún más. Sentí un calor en mi interior. Le puse fin al beso.

-Siento que alguien nos puede descubrir- Él se desanimó.

-Te entiendo. Si no quieres, no te obligare a nada- El siempre tan respetuoso, me hacia desearlo más.

-El problema es que sí quiero- dije sonrojada.

Me acerque a él sin que nada más me importara y empecé a besarlo intensamente mientras acariciaba su cuerpo mojado.

Podía sentir su creciente erección y comencé a tocarla. Él gimió.

-¿Te gusta?- le pregunté con una mirada pícara.

-Tu sabes que sí- me contestó dándome otro beso.

Empecé a quitarme el traje de baño hasta quedar completamente desnuda y lo invité a hacer lo mismo.

Gracias al agua pesaba menos y el me pudo cargar. La urgencia de ambos era tanta que no hubo juego previo. Yo estaba lista para recibirlo. Introdujo de una sola estocada su virilidad en mi interior y me robó un fuerte gemido.

Los vaivenes continuaron hasta que ambos quedamos sin aliento y llegamos juntos al clímax.

Salimos del agua y nos secamos. Entramos a la tienda para cambiarnos y luego decidimos comer algo; saque los sandwiches que había preparado antes de salir y nos pusimos a comer.

Luego nos sentamos a descansar al pie de un árbol.

-En que piensas?- Lo mire a los ojos.

-En que quisiera que este día nunca terminara- conteste.

-Lo se.

Por la noche encendimos una fogata y hablamos de todo un poco. Nos haciamos bromas el uno al otro. La pasabamos bien. A pesar de la diferencia de edades éramos almas gemelas.

Era hora de dormir. Hacía frío y los dos nos cubrimos con un cobertor grande que había traído. En la tienda de campaña habíamos dejado una especie de agujero en la parte de arriba para poder ver las estrellas y la luna. Él sabía que eso me encantaba. Para nuestra suerte había lluvia de estrellas. Pedí un deseo.

-Kakashi pide un deseo- le dije.

-¿Que debería pedir?- dijo el.

-Lo que tu quieras- Cerramos los ojos y pedimos nuestros deseos. El mío era estar siempre a su lado.

El calor que el emanaba me encantaba, hacia que me sintiera segura.

-Tengo ganas de ti.

Él empezó a besarme mientras paseaba su mano por todo mi cuerpo.

Sentí como sí tuviera mariposas en mi estómago. El solo hecho de estar tan cerca de el me quemaba.

Hicimos el amor, sentía que además de nuestros cuerpos también entregábamos nuestras almas. Todo.

Despertamos a primera hora de la mañana, aun podía sentir sus manos rodeando mi cuerpo. Era una sensación sin igual. Quería quedarme así toda la vida, pero teníamos que regresar a la realidad.

Me levanté y vi que la fogata se estaba convirtiendo en cenizas. Me apresure a poner más leña y encenderla de nuevo. Planeaba que pescaramos algo y comiéramos pescado.

Kakashi se levantó y le comente el plan que tenía. El asintió y luego de encender la fogata, nos acercamos al río a pescar. Pasó un buen rato en el que no pescábamos nada y yo comenzaba a desesperarme.

-Tranquila, ya picarán- me sonrió.

Me sonroje a su mirada y de repente sentí que algo jalaba la cuerda de mi caña de pescar. La agarre y maniobré con la caña, el pez se sentía grande, me costó un poco sacarlo del agua. Enrolle la cuerda y logre pescarlo. Era enorme. Kakashi se sorprendió del tamaño y de que yo haya podido sacarlo sola.

Atravesé el pescado con una rama y lo acerque a la fogata. Luego que estuviera bien cocinado lo comimos.

-Estuvo delicioso y también fue divertido pescarlo- dije riendo. Kakashi solo me miraba.

Más tarde teníamos que regresar a la aldea. Teníamos que regresar a la realidad. Empacamos nuestras cosas y partimos.

-Gracias por esto. Me encanto nuestra cita- le sonreí.

-Me alegro que hayas disfrutado el fin de semana- me dijo sonriendo.

Caminamos y cada vez estábamos más cerca de la aldea. Me paré en seco y comencé a llorar.

-Que ocurre princesa?,¿ porque lloras?- él se paró frente a mi y levanto mi mentón y vio mis ojos rojos.

-No quiero regresar- dije entre lágrimas.

-Lo sé, tampoco yo- limpio mis lágrimas con sus manos y me dio un beso. En ese momento el tiempo se detuvo. Ese beso me dio fuerzas para seguir. Suspire.

-Sigamos adelante- dije no muy convencida pero sabía que tenía que regresar al hospital, a mi entrenamiento. No podía decepcionarme a mi misma. Tenía que ser fuerte.

Llegamos a la aldea y nos encontramos a Naruto.

-Chicos, ¿donde han estado?.

Las palabras no salían de mi boca.

-Fuimos a entrenar en las afueras de Konoha, Sakura me pidió que la ayudara con su agilidad y velocidad- yo solamente asentí.

-Ya veo.

¿Se habrá tragado la mentira? Naruto no era tonto y creo que empezaba a sospechar algo.

-Con su permiso, estoy muy cansada, iré a descansar a mi casa, nos vemos- los deje a los dos atrás y me fui. No me gustaba ser indiferente pero no podía despedirme cómo quería.

Llegue a mi casa y tiré la maleta en el suelo. Subí a mi habitación y me tumbe en la cama.

-Sakura…. Tsunade me ha mandado a una misión de 1 mes… quería venir y despedirme…. Me iré en unas horas.- Odiaba que él tuviera misiones tan largas.

-Entiendo… sabes que te extrañaré y te estaré esperando….- Me pare enfrente de él y lo abrace para sentir el olor de su piel y grabarlo en mi memoria.

-Te amo- me dio un beso tan tierno que me hizo llorar. Lo estaba empezando a extrañar.

-También te amo- logré decirle antes que él desapareciera.

Al día siguiente me presente en el hospital muy temprano. Tsunade-sama me asignó las consultas del día y me dijo que al terminar fuera a ver a Sasuke. Asenti. Termine las consultas y fui directamente a la habitación de Sasuke.

-Hola, Sakura, ¿porque no habías venido?- sus ojos negros se clavaron en mi. Sentí que me estaba juzgando, que sabía todo de mi y mi sensei.

-Yo…. Tuve el fin de semana libre.- alcance a decir.

-Estoy listo para la terapia- me dijo serio. Me acerque a él y comencé con los ejercicios de calentamiento y los masajes. El no se quejaba del dolor pero su cara lo delataba.

-Bien ahora intenta pararte- El suspiro y trato de bajarse de la cama. Tambaleo y antes que cayera lo sostuve.

-¿Estas bien?- pregunte. Nuestros rostros estaban tan cerca que me hizo sonrojarme. A mi mente volvieron aquellos años en los que yo estuve perdidamente enamorada de él. Sacudí mi cabeza y lo ayude a sentarse de nuevo en la cama.

-Dame una oportunidad, Sakura- Quede en shock con sus palabras.

-¿De que hablas Sasuke-kun?- Me estaba haciendo la tonta.

-Sabes de qué hablo.- Evitó mi mirada y se sonrojó.

¿El me estaba pidiendo una oportunidad, ahora?. Después de todo lo mal que me había tratado en el pasado, ¿de pronto quería estar conmigo? Era demasiado tarde.

-Sasuke… yo…- Me di la vuelta y le di la espalda.

-Yo no te veo como algo más que mi amigo y compañero de equipo… lo siento.- No hubo ninguna reacción de su parte. Me di la vuelta y lo mire. Lucía enojado.

-¿Quién es?- Sentí una punzada en el corazón. Cómo sabía que había alguien más en mi vida. No había forma de que alguien supiera algo.

-¿Que dices? No hay nadie en mi vida- Esperaba que me creyera.

-Entonces déjame conquistarte- él volvió a insistir. Porque de pronto pasaba todo esto.

-Sasuke-kun, yo…- no logré terminar de hablar.

-Sakura Haruno se le solicita en la sala de emergencias de inmediato- por el altavoz alguien solicitaba mi presencia.

-No digas nada, solo déjame demostrarte que he cambiado.- Lo vi a los ojos, parecía sincero. Salí de la habitación corriendo hacia la sala de emergencias.

-¿Me llamó usted Tsunade-shishou?.

La hokage estaba seria. Habían llegado muchos ninjas heridos y ella necesitaba que yo la ayudara. Se me estrujo el corazón pensando en que quizás alguno de ellos fuese Kakashi. Revise los expedientes pero para mi suerte ninguno era el de Kakashi.

-Sakura necesito que atiendas las heridas de estos ninjas- Asenti.

Al terminar de revisarlos y curarlos me reporte con la hokage y me dejo ir a casa.

Pasaron dos semanas desde que Kakashi se había ido en una misión. De verdad lo extrañaba.

En el hospital Sasuke trataba de ganarse mi corazón. Me escribía pequeñas notas pidiéndome disculpas y elogiandome por lo buena doctora que era. Me parecía tierno pero nada iba a cambiar mis sentimientos. ¿O sí?

Casi se cumpliria el mes y yo estaba ansiosa de volver a ver a mi sensei. Me encontraba en el hospital atendiendo algunos heridos y luego como todos los días tenía que ayudar a Sasuke a volver a caminar. Había visto ciertos progresos pero aún él estaba muy débil como para volver a casa y hacer cosas por el mismo.

-Sasuke-kun, intenta pararte nuevamente- le animé.

Él se apoyó en mi y se levantó de la cama. Comenzó a dar unos cuantos pasos y luego se tambaleó. Logre sostenerlo. Una vez más nuestros rostros estaban cerca. El aprovechó la situación y me besó.

-Lo siento mucho por interrumpir- Me separe de Sasuke y vi que quien estaba enfrente de nosotros era nada más y nada menos que Kakashi-sensei. Me quedé helada. El salió de la habitación.

-Sasuke ¿porque lo hiciste?- mis lagrimas empezaron a salir. Salí de su habitación y trate de seguir a mi sensei.

-Kakashi-sensei espera, déjame explicarte, no es lo que piensas- grite. Él había desaparecido.