Disclaimer: El Fandom de InuYasha y sus personajes no me pertenecen.
Otoño
Día VIII: Custodia.
Desde su posición, podía contemplar a Kagome custodiar del cachorro como jamás imaginó que la vería: después de ceder ante la chica y haber ido con Ayame, estaba casi seguro que él terminaría haciéndose cargo de aquel can, contribuyendo más de lo que la chica le había mencionado en un principio.
No obstante, y por primera vez, se había equivocado. Kagome había empezado a educar a aquel can con verdadera facilidad, como si el perro y ella pudieran entenderse con tanta facilidad. Aun así, debía darle algo de créditos a Yako. Quién parecía no sólo obedecer, sino también, ser capaz de ver los límites no marcados de aquel hogar: lo que Yako podía romper —porque eso pertenecía a Kagome y ella nunca le haría nada— y lo que ni siquiera debía tocar como lo eran sus pertenencias.
En todo el tiempo siempre había comparado a Kagome con una tormenta, desordenando todo lo que estaba a su alcance, incluso hasta llegar a alterarlo. Verla ahora custodiando a un cachorro, dando de sí para educarlo, era no solamente una imagen nueva, sino completamente contraria a todo lo que conocía.
Era un lado más tranquilo, como una suave brisa, de esas que disfrutas por las tardes cuando los deberes al fin tienen fin; aquella faceta le gustaba de igual manera, le cautivaba; le dejaba conocer un lado más de la chica con la que estaba compartiendo sus días, porque, aunque Kagome solamente estaba custodiando al can con tanto compromiso y amor, parte de sí estaba completamente seguro de que ella siempre había custodiado de aquella manera su corazón.
Porque este se encontraba en sus manos desde hace varios meses atrás; sólo después de quedarse con aquella imagen mental, pudo despegar su vista de aquel escenario, confiando que todo estaría bien. Y si no fuera así, sabía que ambos harían las cosas funcionar. Como siempre lo hicieron desde que los encuentros casuales se volvieron seguidos y sintieron que estaban en una sintonía mejor de lo que alguna vez pensaron.
Cuando se dieron cuenta que pasar el tiempo alejados, era de lejos, su deseo.
