¡Hello gente! Ya que ando en mi ciudad y tengo la gracia del internet, decidí subir el siguiente capítulo. Las cosas quizás —a primera vista— parezcan demasiado precipitadas, pero no se dejen engañar XD Todo era estrictamente necesario para que la trama pudiera desarrollarse del mejor modo posible. Sin más, disfruten la lectura y nos estaremos viendo en próximas actualizaciones. ¡Au revoir!

Capítulo 2

Selfish

No era el creciente barullo a su alrededor lo que comenzaba a incordiarle, sino más bien esa enorme sonrisa socarrona que no dejaba de dibujarse en su rostro y que había sido causada por ese trozo de papel que sostenía entre sus manos.

Era un momento que alguien como Kuramochi no podía ni debía pasar por alto. Ya que situaciones como ésas no se veían todos los días.

—¿Y quién ha sido la pobre incrédula que te ha visto interesante, eh Miyuki? —preguntó con inocencia fingida el castaño, como si quisiera ocultar sus verdaderas y oscuras intenciones.

—Parece que aún quedan personas con buenos gustos en esta escuela —siseó con humor pasando su mirada de él hasta el reverso del sobre rosa.

—¡Deja de hacerte el interesante y chulo! —gracias a su temperamental persona era fácil para Kazuya sacarlo de sus cabales—. Mejor dime el nombre de la pobre chica que ha tenido la desgracia de fijarse en ti —una parte de él no creía que algo como eso sucediera.

—Lo mejor será que nos enfoquemos en el entrenamiento de esta tarde. Posiblemente podríamos…-y continuaría hablando al respecto si alguien no le hubiera arrebatado el objeto de la actual burla.

—Mmm, veamos —examinó en la brevedad posible el exterior del bonito sobre rosa, encontrando con lo que tanto ansiaba conocer—. ¿Y. Sora? —y por extraño que pareciera, se le veía más que serio pensando si ese nombre pertenecía a la persona que ambos conocían.

—Si pusieras ese empeño en los entrenamientos quizás ganaríamos partidos más fácil…-claramente Youichi no iba a dejarle terminar ninguna oración esa mañana de lunes.

—¡…Tiene que ser una broma…!—gritó el hombre importándole poca cosa que todos posicionaran su atención en ellos dos. Genial, más miradas indeseables—. Alguien como tú no podría lograr que una chica como ella te mirara de esa manera —Kazuya simplemente se limitó a atravesarle con la mirada; le estaba insultando abiertamente.

Después de que el actual capitán de Seidou decidiera salir del salón de clases a tomar un poco de aire fresco y tener sus ansiados minutos de paz, podía encargarse de deshacerse de esa carta que tantos problemas le había causado y pensar en la manera para evitar en la medida posible que aquel escandaloso hablara de más ante sus kouhais.

—¿Por qué me estás mirando de esa manera, Kuramochi? —fue la pregunta que la pelinegra hizo desde el instante en que entró al salón de clases y tomó asiento. El moreno le observaba con enorme diversión, como si tuviera el mejor chiste de la historia pegado en la cara.

—Nada en particular —fingió demencia. Lo mejor era evaluar la situación un poco más antes de decir algo respecto a cierta bochornosa carta—. ¿Realmente alguien como ella habrá escrito esa carta comprometedora? Es decir, se sientan lado a lado y charlan entre ellos ocasionalmente…Y esa es más convivencia de la que le he visto a Miyuki en todo un año escolar…¿Eso es suficiente para lograr que una chica se fijé en alguien como él? —entre más lo pensaba, más se irritaba. Inclusive sus facciones se torcieron abruptamente. Sora sencillamente no comprendía qué le pasaba.

—¿Te ha hecho enfadar Miyuki? —porque no se necesitaba ser un lumbreras para percatarse de que amaban reñirse mutuamente.

—Ni me menciones a ese idiota insensible —gruñó. Incluso chasqueó la lengua.

—¿Y los hombres se atreven a decir que nosotras somos complicadas?

Y para cuando las clases concluyeron la hora de la práctica llegó y eso significaba empezar a correr alrededor de la cancha pese al extremoso sol que se cernía sobre sus cabezas. Pero no existía otro modo si deseaban estar en forma para el torneo de otoño que estaba a nada de dar inicio. No obstante, parecía existir cierto barullo en la parte trasera de ese grupo de jugadores.

—¡Kuramochi-senpai, deje de golpearme!¡No he hecho nada en esta ocasión! —las fuertes quejas de maltrato de Eijun se escucharon hasta donde permanecía el entrenador, pero poco o nada les importaba eso a todos. Ya estaban acostumbrados a ello.

—Un idiota como él no puede conseguirse una novia antes que yo. Primero tú y luego ese narcisista —bufó mientras continuaba ofertándole suaves y amigables patadas a la espalda del pobre pitcher.

—¡Que Wakana no es mi novia! —gruñó enfurecido.

—Parece ser que Kuramochi-senpai está de peor humor que de costumbre —le susurraba el peli rosa a su amigo.

—¡Qué deje de golpearme! —nada como abusar de tus lindos kouhais.

—Ah, creo que ya me siento más tranquilo ahora —otra vez Youichi volvía a ser el mismo de siempre. Todo gracias a la terapia que Eijun le proporcionó.

—…Quiero lanzar ya…—palabras que no podían venir de nadie menos que Furuya.

—¿Algo malo ha pasado? —curioseaba Haruichi a su senpai.

—Tsk…El idiota de Miyuki recibió una carta de amor esta mañana…—relató, provocando que esos dos compañeros suyos quedaran con cara de extrañeza. Por lo visto no era el único que consideraba un evento como ése como algo improbable.

—Seguramente es una broma —por algo Sawamura le caía tan bien. Ambos compartían su misma visión hacia su actual capitán.

—Vamos, Miyuki-senpai no es tan mala persona como creen. Tiene puntos buenos a su favor —Kominato había sido ignorado totalmente por esos dos—. ¿Chicos…?

—Como iba diciendo, es imposible que él haya atraído una chica como ésa.

—¿Por qué lo dice Kuramochi-senpai? —su pregunta era movida tanto por curiosidad como por esa palpable oportunidad de cobrarse alguno de los abusos verbales del castaño.

—¿Quieres conocerla? —invitó sonriente y burlón el buen senpai.

El momento de la comida era de los pocos espacios en los que podían respirar y descansar antes de continuar con los espartanos entrenamientos auspiciados por Kataoka. Y por ello se encontraban lejos del comedor con dirección clara hacia los jardines traseros de la escuela.

Y como no se podían privar de la valiosa comida tanto porque morían de hambre como por el hecho de que sin ella no soportarían el resto de la tarde, habían llevado sus sagrados alimentos consigo.

—¿Y este lugar?

—Sawamura, ¿cómo es posible que no conozcas este sitio? —regañaba su superior.

—Estamos en el área donde el equipo de arquería práctica diariamente —ilustraba el siempre bien enterado Haruichi.

—¿Y entonces, quién es? —hablaba como bien podía porque tenía los mofletes atascados de arroz.

—Justamente la chica que no está practicando. La que permanece sentada en la banca mientras se pone la dragonera.

La atención de ambos chicos fue directo hacia donde su senpai señalaba sin descaro alguno. E ignorando al grupo de jovencitas que lucían de lo más animadas ejecutando tiro al blanco, se encontraba la chica de quien ya se rumoreaba en todo el equipo de béisbol gracias a cierto cotilla que no pudo resistirse a soltar todo el chisme en medio de la comida.

Y mientras la inocencia e inexperiencia de Sawamura y Kominato les llevaba a examinar a la chica de manera superficial, cierto amigo suyo no se limitaba únicamente a esas trivialidades. Él hondaba más en la anatomía prácticamente palpable de la víctima de su escrutinio.

—…Yuki Sora…—presentó en automático Kuramochi. Esos dos continuaban observando los movimientos de la pelinegra.

—¿Estás seguro de que es ella? —meditaba el peli rosa.

—Es la única Sora que hay en toda la escuela —aseveró más que confiado de sus amplios conocimientos sobre el nombre de todas las tías que asistían a Seidou—. Además…

—¿Además? —porque Eijun estaba pasándose el último bocado de comida.

—¡Deja de hablar con la boca llena, imbécil! —menos mal que no lo golpeó lo suficientemente duro o hubiera ahogado a un elemento importante del equipo—. Como iba diciendo, ella es ni más ni menos que la hermanita de nuestro ex capitán…

—¡¿Qué…?! —es que ese par eran un poco lentos y no relacionaban los apellidos a la primera.

—¡Shhh! ¡No armen un escándalo o nos descubrirá, idiotas! —regañó. Su trabajo les había costado ocultarse entre los arbustos para no ser avistados.

—Creí que el líder sólo tenía un hermano menor —expresaba Eijun con cierto asombro.

—Ella apenas entró hace un par de semanas atrás. Es por eso que era imposible que la conocieran —Youichi y sus conocimientos inservibles sobre chicas.

—Quizás al que deberíamos conseguirle novia sea a usted, Kuramochi-senpai —pese a que sus palabras fueron un mero susurro, el otro le escuchó y le dio una calurosa patada.

—Parece bastante popular —susurraba el peli rosa contemplando la escena que descansaba a pocos metros de distancia. Sora parecía haberse vuelto parte central de la charla entre sus compañeras de quipo.

—¡Kuramochi-senpai, ¿a dónde va?! —vociferó el castaño en cuanto vio a su superior alejare y aproximarse con una seriedad abrumadora hacia ese grupo de jovencitas. Su resolución era más que evidente.

—¿Necesitas algo? —interrogó una de las cinco tías allí reunidas.

—Quizás ha venido a declarártele, Haruka —alegaba una segunda, observando de soslayo a una llamativa rubia. Ambas rieron ante la sola insinuación.

—En realidad vengo a hablar con ella —no sólo pasó de largo sus hostiles comentarios, sino también las hizo callar en cuanto contemplaron que sus asuntos iban con Sora y nadie más.

—¿Pasa algo, Kuramochi? —enfocó su gris mirar en el chico. Indudablemente estaba confundida por su aparición.

—Algo así…—rascó su nuquilla y delineó una sonrisa en sus labios—. Únicamente quiero comprobar algo. Un detalle sin mucha importancia.

—Soy toda oídos —por un lado iba hablando y por el otro se dirigía hacia la zona de tiro. Ya llevaba el arco y un par de flechas consigo.

—Se trata sobre una carta.

—¿Una carta…? —tensó su arco y ajustó la flecha para que colocarla en la posición óptima de disparo. Ahora visualizaba el centro de la diana.

—Esta mañana dejaste sobre el pupitre de Miyuki una carta donde confesabas tus sentimientos hacia él —esa simple revelación fue como una bomba atómica, como un tsunami que se tragaría entera una ciudad entera.

—¡¿Q-Qué…has…dicho?! —al diablo que su disparo hubiera ido de la diana a la copa de los árboles. Sencillamente debía estarle tomando el pelo.

—Ya lo dije…Que tú le has dejado una carta de amor a Miyuki —bravo, el cabrón lo había dicho lo suficientemente fuerte como para que todas allí lo escucharan y empezaran a susurrar quien sabe qué ocurrencia.

—¿Yo…? Jamás he hecho algo como eso —agregó presurosa—. Debes estar confundiéndome con alguien más Kuramochi —gesticuló rápidamente.

—La carta estaba firmada con tu nombre y apellido. No hay otra Sora en esta escuela —por si no le creía llevaba consigo la muestra del delito. A saber cómo logró quitársela a Miyuki.

—Déjame ver eso —pidió por mera cortesía porque ya tenía la carta entre sus manos—. Y. Sora…—gracias a que el sello había sido retirado podía apreciar el contenido del sobre sin inquirir en ninguna desfachatez—. "Sé que no hemos cruzado demasiadas palabras significativas y que quizá esto suene demasiado apresurado y vergonzoso, pero debo confesarte lo que siento por ti antes de que el tiempo siga corriendo…" —calló de golpe. Todo es mundo de palabrería era demasiado para ella.

—Estás roja como un tomate —soltó aquella carcajada que tanto le caracterizaba. Ella por su lado lo atravesó con una mirada de fusil.

—Yo no escribí nada de esto —replicó. Pero el suave tono carmesí en sus mejillas dejaba claro que era la autora intelectual.

—Tu cara te delata —Sora chasqueó la lengua ante la conclusión que estaba sacando el peli verde.

—Admito que la caligrafía es idéntica a la mía, pero eso no prueba nada. Alguien más pudo haber hecho esto —Youichi solamente sonreía más y más, sin desfachatez alguna.

—Ya todo mundo sabe que te le has confesado a Miyuki. ¿Qué puede ser más vergonzoso que algo como eso?

—¡¿Cómo que todos lo saben?! —vociferó ya con el humor un tanto perturbado.

—Ya sabes, Miyuki es muy egocentrista y no dudó ni un momento en presumir esta bonita carta con todos los de nuestra clase —era el momento de vengarse de cierto toca narices—. Bueno, teóricamente él no hizo nada, pero esos son detalles sin importancia. Lo que interesa es que reciba su merecido.

—Lo que me faltaba —apretó esa carta entre sus manos intentando calmar sus impulsos—. ¿Así que por esa razón sentía que todos me veían raro y cuchicheaban quién sabe qué cosas? Esto tiene que ser una mala broma…—sabía que no había sido ella, y por ende, la persona que le jugó la bromita posiblemente estaba esperando a que se volviera loca y actuara de manera precipitada—…¿Quién pudo haber hecho una broma de tan mal gusto? Espera un momento, quizá Kuramochi se haya adelantado en decir que soy la única Sora en todo el colegio. Mi nombre es tan común como el onigiri, así que seguramente hay alguien más…Debo tranquilizarme y pensar mejor las cosas; tal vez la verdadera Sora esté aguardando la respuesta de Miyuki y no la obtenga porque este cabeza hueca se piensa que se trata de mí…

—Tengo algo más que decirte —Yuki parpadeó con expectación. ¿Qué otra cosa querría agregar? —. Pensaba que tenías buenos gustos, Sora-chan, pero he errado —mencionó melodiosamente—. Tu hermano debe sentirse muy decepcionado por esto.

—¡Pequeño rufián!

Juraría que aquella noticia podría ser el sabor más amargo de su inicio de semana y que rápidamente pasaría a formar parte de su pasado en cuanto dejara de estar de moda. Pero estaba totalmente equivocada; lo supo en cuanto los días empezaron a correr y todo el ambiente escolar se impregnaba del rimbombante chisme del que todos parecían estar hablando.

¿A dónde se había ido el pudor, el respeto por la vida personal de cualquier ser humano?¿Por qué de repente empezaba a creer que hacían un melodrama entero por una absurda confesión que ni siquiera había hecho?¿Y qué era esa extraña hostilidad que se respiraba en el aire?

—Kuramochi, ¿no te aburres de hacer esto? —preguntaba sin despegar su atención en la revista que tenía entre sus manos. Todo era mejor que prestar atención a sus compañeros de clase.

—Vamos en el mismo salón —informó con su usual tono—. Estamos en la misma fila de hecho y Miyuki se sienta a un lado tuyo.

—¿Y qué sucede ahora? —levantó su atención hacia él, aguardando a que le dijera lo obvio.

—¿Cómo puedes ser tan cursi? —Sora únicamente frunció el ceño y se abstuvo de responder precipitadamente—. Primero la carta, luego ese delicioso almuerzo con un enorme corazón —estaba disfrutando de lo grande con cada palabra que decía—, y esos pastelillos rosas…¿Y de qué manera lo haces sin que nadie se dé cuenta, estando sentada justamente a un lado?¿Madrugas?¿Mandas a alguien más a que entregue tus encargos? —podría seguir, pero enmudeció en cuanto sintió esa gélida mirada sobre su persona; en esos breves instantes sentía que estaba frente a su ex capitán cuando se concentraba totalmente a la hora de batear contra un gran pitcher.

—Como ya he mencionado desde la semana pasada, yo no le mandé nada a Miyuki —y si sus palabras no eran suficiente para que se diera cuenta de que no mentía, nada como azotar la palma de sus manos contra su pupitre—. Segundo, no sé cocinar nada.

—Pudiste mandarlo a hacer —rio estruendosamente antes de darle la espalda y sentarse como dios manda—. El amor te hace hacer cosas muy locas.

—¿Qué tanto odio le tienes a Miyuki como para estar haciendo todo este tipo de cosas?

—Yo simplemente quiero que conozca las mieles del amor y empiece a divertirse y no tenga arrepentimientos de que ha desperdiciado su juventud.

—Aclaro que ustedes viven, respiran y comen béisbol. Teóricamente no tienen vida social, no conocerán el amor y seguramente la gente piense que existe algo más que mero compañerismo entre todos ustedes por ausencia de todo lo antes mencionado. Y bueno, tú formas parte del equipo de Seidou…—expresó con una sonrisa de oreja a oreja, sintiéndose más que orgullosa por la reacción que había logrado en el moreno.

—¡Yo no le hago a esas cosas! —se levantó de golpe, señalando a la descarada joven que le ofertaba su mejor gesto de amabilidad.

—Pues no es lo que todos en la escuela piensan…—relataba sin darle mucho interés al asunto—. Pero el amor es el amor, ¿no? No importa si es un chico con otro.

—…Jamás creí que podía llegar a ser tan vengativa. Eso solamente significa que tengo que ser cuidadoso de ahora en adelante…—como el buen sabio y temeroso chico que era optó por ya no agregar más sal a la llaga.

El viernes al fin llegó y eso no significaba justamente descanso. Era solamente el suave precalentamiento para lo que vivirían el fin de semana. Pero ya estaban más que acostumbrados al entrenamiento militar que imperaba en el campo de béisbol.

Y mientras todos corrían a marcha forzada bajo las órdenes del capitán la situación que vivían las managers no eran menos ajetreadas. Parecían estar pasando un mal momento mientras movían numerosas cajas para meterlas en aquel depósito de materiales.

—Uff, muchas gracias Haruno —gratificaba Natsukawa en cuanto le quitaron ese peso extra de encima.

—Pensaba que terminarías tirando todo, Haruno —hablaba con humor Sachiko. Sin embargo, ambas se quedaron totalmente calladas en cuanto se dieron cuenta de que quien les había ayudado era una persona totalmente diferente—. ¿Yuki-san?

—Parece que la tienen bastante difícil ustedes. Son demasiadas cosas para un grupo de chicas —espetó antes de depositar la caja que llevaba consigo—. Por lo visto están siendo más populares que el año pasado.

—Ah, sí. No dejan de llegarnos este tipo de cosas —habló la de las coletas.

—¡Lo siento, de verdad lo siento! El profesor me retuvo para hablar de algunas cosas —al fin había llegado la patosa chica, apuradamente pudiendo respirar adecuadamente. Había corrido a toda marcha para llegar—. ¿Yuki-san…?

—¿Acaso has venido a ver a Miyuki-kun? —lanzó sin descaro alguno Yui.

—De verdad tienes que ir en serio como para haberle mandado todos esos regalos en la semana —hablaba Sachiko despreocupadamente, como si fueran amigas de toda la vida.

—¿Chicas…? No creo que deberían de estar diciendo esa clase de cosas…—Yoshikawa, la única con la voz de la razón.

—Justamente vine por ese asunto —mencionó, causando la emoción de esas tres jóvenes. Nada como un drama romántico—. Para aclarar todo este malentendido.

—¿Malentendido? —esas tres estaban confundidas ante su repentina declaración.

—¿Así que no pudiste resistirte y al final decidiste venir a verlo? –genial, lo que le faltaba a Sora, que Kuramochi apareciera para continuar burlándose del malentendido que él mismo engrandeció para su deleite personal.

—Deberías estar entrenando —tenía razón, pero al otro le valía un bledo total.

—Tuve que ir al baño —se defendió.

—Está al lado contrario, Kuramochi —contraatacó.

—¡E-Eso…Eso duele! —podría ser muy hombrecito pero esos buenos jalones de mofletes no eran dulces caricias.

—Todo esto se ha salido de control por TU culpa Kuramochi. Eres el único causante de todos mis problemas —zarandear al pobre peli verde no iba a arreglar nada, pero al menos le ayudaba a liberar un poco de estrés.

—Te dije que aquí lo encontraríamos.

—¿No se supone que dijo que iba al baño? —nada como que Toujou y Kanemaru llegaran buscando al graciosito que se fue en otra dirección.

—¡Momento, ¿no es esa la chica que intenta conquistar al capitán?! —Shinji reconoció de inmediato a la pelinegra que ahora tenía al pobre bateador cogido por el cuello de su uniforme.

—Le dijiste a todo el equipo…—su tono podría sonar dulce y casi melodioso, pero Youichi podía sentir el miedo real recorriéndole la espalda.

—S-Sora-chan…S-Sabes que somos buenos amigos…—podrá golpear a diario al pobre de Eijun, pero nunca levantaría su mano contra una dama y menos si ésta era la hermanita querida de su ex capitán.

Pero ella no era la única que debía mantener la calma y pasar de largo de todos esos comentarios. No, Miyuki no la tenía nada fácil tampoco y menos cuando todos los miembros del equipo estaban enterados de aquella declaración amorosa y soltaban comentarios de vez en cuando para meterse con su persona.

Pareciera como si sus queridos y lindos kouhais quisieran cobrarse todo el abuso que ocasionalmente les ofertaba por ser tan brutalmente honesto.

—¿No crees que es de mala educación no responder a una confesión de amor, Haruichi? —nada como Eijun fingiendo que estaba concentrado lanzando la bola directo contra el guante.

—Alguien no quiere salir en el próximo partido —comentó inocentemente, mientras le sonreía ávidamente antes de devolverle la pelota.

—¡¿…?!¡Eres un tirano! —refutó, importándole poco no dirigirse con respecto a su superior. Bueno, en realidad nunca le respetó del todo—. ¡Yo sólo pregunto lo que todos desean saber! —y por extraño que pareciera, las palabras de Sawamura eran ciertas. Todos aun cuando se les veía metidos en la práctica paraban oreja para enterarse del chisme.

—Concéntrate y dame tu mejor lanzamiento Sawamura —demandó el capitán.

La práctica del día finalizó. Al fin les volvía el alma a todos y podían dirigirse a darse un refrescante y terapéutico baño. Así que con andar recompuesto se encaminaron hacia los dormitorios al tiempo que hablaban de cualquier trivialidad.

Al menos así era hasta que uno solo de ellos se detuvo y llamó la atención de todos para que enfocaran su atención en quien parecía estar esperando a que cierta personita concluyera su práctica.

—Capitán, parece que le están esperando impacientemente —porque no sorprendía en nada que Kuramochi estuviera al lado de Miyuki, codeándole y hablándole con ese tonito divertido.

—Parece que se ha cansado de esperar, capitán —porque el otro integrante del dúo cómico también estaba copiando la acción del moreno como monito cirquero.

—…Si serán…—él jamás fue alguien violento, pero aceptaba que en ese momento tenía muchos deseos de poner en su sitio a esos dos graciositos.

—Miyuki, necesito hablar contigo. Tengo un par de asuntos que aclarar antes de que pase mucho más tiempo —esos grisáceos ojos se posicionaron en el de gafas. Se le veía un tanto estoica

—Pero qué coincidencia. Justamente la persona con la que estaba buscando hablar —gesticuló, esbozando una media sonrisa cargada de cierta picardía—. Debo admitir que tus regalos y esa carta fueron algo…enternecedores —intentó sonar agradecido por los detalles, pero la manera en que hablaba ponía en manifiesto lo ególatra que podía llegar a ser.

—No es lo que parece —dijo, cortando la ilación del chico—. Yo no escribí esa carta y mucho menos te di esos regalos —era la verdad pero nadie estaba creyéndoselo. Todo parecía estar en su contra—. Así que…¿puedes olvidarte de todo eso? —eso era una orden pasiva con todas las de la ley. Kazuya lo sabía y únicamente le sonrió con naturalidad.

—Seguramente se siente mal porque Mizuki-senpai no respondió de inmediato —mencionaba alguien para los demás chismosos.

—Eso le pasa a cualquiera. Mira que hacer esperar a una chica tan linda por todo este tiempo —agregaba uno más.

Tsk…Estos chicos…—Kazuya preferiría no tener todo un público observándoles.

—En lo más mínimo. Yo no tengo ningún problema con ello porque no fui yo quien hizo nada de eso —habló de nuevo la pelinegra. Aunque todos parecían mirarla con cierta compasión por haberse fijado en un mal hombre—. No sé qué es peor…que no me crean que no fui yo…o que tengan en tan mala estima a Miyuki…

¿Me está mirando con lástima? —era un buen observador y deducía sin demasiado esfuerzo que ahora estaba viéndole con cierta pena ante los comentarios de sus compañeros de equipo.

—Y ya que he dicho lo que tenía que decir, me retiro —estaba lista para dar media vuelta y olvidarse de ese tema por completo. Una pena que las cosas nunca salgan como se planean.

—Espera —Sora despabiló en cuanto esa voz llegó hasta sus oídos; era Kazuya llamándole para que no se fuera aún.

—¿Qué sucede ahora? —ahora ansiaba el frenético barullo de todos los allí presente. Era el silencio lo que podía percibirse; malditos indiscretos que querían escucharlo todo.

—¿Te vas sin que te dé mi respuesta? —se cruzó de brazos con el orgullo de un capitán hecho y derecho.

—Lo he dicho miles de veces, no fui yo la que hizo todo esto.

—No seas tímida —se burló—. Solamente estaba tomándome mi tiempo de reflexión.

Espera…¿ha dicho…que se lo ha estado pensando?¿Él? Eso simplemente es impensable. Miyuki no parece del tipo que piense en cosas tan intrascendentales…Si fuera de Kuramochi lo creería.

—Así que decidí…—estuvo a punto de interrumpirle, pero él no se lo permitió, no con eso último que le soltó como tinaja de agua helada— darte una oportunidad.

—¡¿Q-Qué… has dicho…?!

Sora no era la única que había caído en un estado de shock total. El resto se encontraban igual que ella, totalmente anonadados y sin poder reaccionar de acuerdo al estado en el que se encontraban.

¿Qué demonios estaba ocurriendo en ese momento?¿Por qué Miyuki Kazuya había dicho semejante cosa? Y sobre todas las cosas, ¿qué se supone que haría ella ante algo a lo que fue empujada por una estúpida confusión?