¡Buenas noches gente bonita! Vengo a manifestarme con un capítulo nuevo de esta reciente historia. Agradezco a quienes se han detenido para darle una oportunidad para leerla y espero seguir contando con su apoyo hasta el final. Liadan M, gracias por poner en favoritos mi fanfiction *-* Me has hecho mucha ilusión. Y bueno, ya no me enrollo más y les dejo leer. ¡Hasta la próxima! Matta ne~
Capítulo 3
Interests
—¡¿De verdad has aceptado así como así?! —fue la exclamación llena de incredulidad que emergió de sus labios. Incluso esas verdes pupilas no dejaban de saltar de un lado a otro ante lo que había escuchado.
Un pequeño mutismo envolvió por completo el cómodo interior de la habitación. Por lo que el único sonido que se percibía era el de las manecillas del reloj de pared anunciando que pronto serían las diez de la noche.
—No me creyó en lo más mínimo. O eso fue lo que pretendió —espetó secamente antes de dejar su maletín a un lado de su cama—. Estoy segura de que existe un motivo detrás de todo esto.
—¿Y si le has interesado a ese apuesto cátcher, eh? —la sola insinuación de la pelirroja provocó una horda de suspiros en la pelinegra.
—Eso sería lo último en cruzar por mi mente, Miu —soltó sin más. Incluso tomó asiento al margen de su cama mientras retiraba con desgano ese moño de su blusa escolar—. Seguramente quiere hallar al culpable o sencillamente molestarme.
—Si ese es el caso, ¿entonces por qué aceptar? No tiene mucha lógica que digamos, Sora —y tenía un buen punto en manos.
—Prácticamente toda la escuela sabe que me le declaré…Así que queda mejor que se diga que anduve con él y todo terminó precipitadamente a ser la rechazada —mencionó con tranquilidad.
—¡¿Ah…?! De modo que planeas terminar con él…—acarició su mentón y esbozó una sonrisa digna de un comercial de belleza—. Es un buen plan. Especialmente porque nadie además de mí, cree que de verdad tú no fuiste.
—Odio admitirlo, pero Kuramochi tenía razón. No hay otra chica que se llame Sora en toda la escuela además de mí —masajeó su frente, intentando alejar todo ese estrés que la asedió desde el momento en que se enteró de que formaba parte de un buen chisme.
—Existen varias posibilidades…—ilustraba la joven tras jalar la silla de escritorio y sentarse cómodamente; se veía como una abogada a punto de ofertar un buen trato a la fiscalía—. La que seguramente tienes en mente es la que te dice que alguien hizo esto para fastidiarte la vida; y justamente eligió de blanco a la clase de chico que más urticaria te saca.
—También podrían haberlo hecho para meterse con él… O tal vez, si exista esa admiradora secreta y se haya equivocado al poner su nombre y esas cosas…
—¿Quién sería tan idiota para no poner bien su nombre? Al menos pudo haber dejado la clase de la cual era —señaló vilmente. Y es que estaba en santa razón.
—Podría ser muy tímida.
—Triste, pero cierto…—tomó aire y alejó el pensamiento de su mente de que allá afuera habían bastantes tías lo suficientemente patosas, incapaces de declararse como era debido—. Pero cambiando de tema, ¿qué hay en esa bolsa plástica? —porque a su aguda vista no se le iba una.
—Viene algo así como mi uniforme —sin mayor pérdida de tiempo sacó lo que el plástico guardaba, extendiendo la vestimenta con ambas manos.
—Oh, yo he visto en algún sitio…
—Sí, lo usan las managers del equipo de béisbol —informó campante.
—¿Y para que querrías tú algo como eso si no eres manager? —calló en cuanto entendió que su pregunta estaba de más—. ¡¿Qué?! —se puso de golpe como alma que lleva el diablo ante lo que su querida amiga había hecho—. ¡¿También vas a hacer algo como eso?!
—No tengo nada mejor que hacer por las tardes —fue su simple pero brutalmente honesta respuesta.
—¡Claro que lo tienes! —vociferó—. ¿Qué hay del club de Arquería, nuestras salidas y los estudios?
—Te preocupas por nada, Miu —la llamó a la calma total—. El club no era la gran cosa…Papá puede apañárselas solo en el restaurante y puedes acompañarme en las prácticas para que no me eches de menos —confesó animadamente.
—¿Por qué mejor no admites que te metiste de manager porque quieres librarte del club y tu padre?¿Y tu honestidad y decoro dónde ha quedado Yuki Sora? —murmuró, sin despegar su mirada de la acusada.
—Aún no me la pruebo, pero estoy segura de que me quedará bastante bien —ella estaba en su mundo, admirando en detalle su nueva blusa—. Debería hablarle a Tetsu para decirle sobre esta buena noticia.
—¡Deja de ignorarme!
Para muchos el inicio de sábado significaba horas extras de sueño, descanso, salidas con los amigos y olvidarse por un momento de que existía algo conocido como deberes escolares. Al menos así era para la gran mayoría que no formaba parte de un club deportivo que no conocía la palabra descanso y que estaban más que centrados en seguir su duro entrenamiento al pie de la letra.
Y mientras los vigorosos chicos del equipo de béisbol continuaban ensayando sus jugadas y se olvidaban de que el tiempo había volado en un parpadeo, aquel grupo de chicas se hallaban de lo más ocupadas en el comedor comunitario de los dormitorios de Seidou.
—¿Estás segura de que no quieres intentarlo, Sora-chan? —la mirada de Yui fue directo hacia la aludida, quien se mantenía al margen de las actividades culinarias que esas tres se encontraban realizando.
—Yo no soy buena para esa clase de cosas. Prefiero no arruinarlo —comentó con sinceridad—. Así que optaré por irlas ordenando conforme vayan terminándolas.
—Estoy más que segura de que Miyuki-kun se sentiría muy feliz de comer una bola de arroz hecha por ti —habló Sachiko con picardía.
—Chicas, harán que Sora-chan se apene —les regañó la buena Haruno.
—No hay problema, Yoshikawa —aseguraba la pelinegra con una sonrisilla—. Mejor terminemos pronto o estaremos en problemas para cuando acaben los chicos la primera parte de su entrenamiento.
Las bolas de arroz estuvieron listas para la hora acordada, así que esos hambrientos muchachos pudieron encontrar un poco del paraíso terrenal en cada mordida que le propinaban a su merienda.
Para la nueva manager no era extraño que los jugadores comieran sentados en el suelo, formando pequeños círculos con sus compañeros más allegados, pero lo que indudablemente le resultaba raro y hasta cierto punto sospechoso, era que hubiera terminado llevándole la comida al capitán.
—Gracias —fue la escueta palabra que emitió Miyuki en cuanto la joven le entregó ese plato con tres bolas de arroz.
—Quizá sólo esté sacando conclusiones apresuradas, pero pareciera como si todos estuvieran muy al pendiente de lo que hacemos y hablamos…
—¿Piensas quedarte todo el tiempo allí parada? —una sonrisa se asomó por los labios del cátcher. Su mirada incluso lucía divertida.
—No estoy acostumbrada a esta clase de cosas —de momento podía perdonarse sentarse en el suelo y quedar de lado al burlesco chico.
—No imaginaba que las cosas terminarían de esta manera —habló tras terminarse su primer onigiri.
—Bienvenido al club —no le iba a hacer ningún mal comer, así que tomó su primer bocado—. En verdad está bueno…—pero pronto cambió de tema—. ¿Qué estás planeando en realidad, Miyuki? —desvió su atención en el joven y éste parecía estárselo pensando seriamente.
—¿A qué te refieres? —interrogó inocente—. Yo soy el que se hace esa pregunta contigo, Sora-chan —no le enfadó que se hiciera el desentendido, lo que en realidad le crispó los nervios fue la manera en que se dirigió a ella; simplemente no toleraba ese honorífico.
—Tenemos la misma edad, Miyuki —por si no sabía al respecto.
—Uff…Esto ha estado bastante bien. Aunque creo que aún tengo un poco de hambre —mencionó como sí nada.
—No ignores mis quejas —refunfuñó—. Y si tienes hambre, comételas —Kazuya posiblemente esperaba a que se enfadara por su clara insinuación de mandarla por más bocadillos, pero en cambio tenía frente a sí ese plato con dos bolas de arroz.
—¿Ah?
—Comí hace poco, así que estoy más que satisfecha. Sería grosero que esta comida se desperdiciara, así que si quieres puedes comértelas —ofreció nuevamente, con una pequeña sonrisilla.
—Pues…gracias…—su plan se había ido a pique con la solución que ella ofreció—. Es muy extraña.
—Contemplo que se toman las cosas lo suficientemente en serio como para renunciar a sus únicos días libres.
—Hay muchos puntos flacos que combatir. Además…
—Sus bateadores son buenos, pero…
—Aún no lo suficiente —suspiró y terminó de comer esas dos bolas de arroz restantes. Ahora sus manos descansaban a su costado, contra el suelo, siendo su mayor soporte—. Pero tienen el espíritu para afrontar lo que se viene.
—El partido que tuvieron contra los de tercero fue increíble —mencionó con una sonrisa dibujándosele—. Disfruté mucho viendo a mi hermano y al resto dejarlo todo en la cancha, sin ningún remordimiento…Incluso hicieron carreras extras para que todos pudieran jugar. De sólo recordarlo es emocionante —comentaba hilarante—. Y ya superaron el primer obstáculo.
—Así que eres fanática de tu hermano —era obvio que se burlaba de su admiración hacia el ex capitán de Seidou—. Es algo tierno.
—Si te vas a reír…¡al menos hazlo bien! —le regañó. El otro por su lado había girado hacia el lado opuesto y se carcajeaba por lo bajo, intentando no ser estruendoso; fracaso total, todos le oían las risotadas—. Hermano, ¿por qué demonios lo elegiste como capitán? Hasta Kuramochi podría hacerlo un poco mejor…—una parte de ella quería golpearlo.
—Bueno, bueno. Llegó la hora de continuar —pasó olímpicamente de las quejas de Sora y se puso de pie. Momento de seguir entrenando—. ¡Chicos, sigamos! —levantó su voz tan alto como le era posible para que todos le escucharan sin excepción. Y en un resoplido colectivo todos respondieron a su llamado.
—Por lo menos tiene iniciativa y no es tan antipático como creía…—ella tampoco podía quedarse sentada en sus laureles; tenía obligaciones que cumplir—. Bien, ¿qué se supone que debo de hacer ahora?
Al término de la práctica le quedaron un par de cosas claras. Siempre habría algo en que ocupar su tiempo y había demasiadas pelotas de béisbol regadas por todo el diamante como para hacer que cualquier desesperado saliera corriendo de allí.
—Pero si son…—sus grisáceas pupilas enfocaban sin esfuerzo alguno a ese par de lanzadores. Estaban más que concentrados en su tarea.
Furuya se mantenía constante, lanzando con esa fuerza monstruosa que ya era un característico de su persona. Sin embargo, Eijun, siempre tan oscilante en su tiro a causa de sus emociones, no estaba haciéndolo particularmente bien y eso desencadenaría un episodio en lo más mínimo agradable.
—¡Cuidado!
Podía llamarlo golpe de suerte o algo así como una bendición divina. Lo que pudo haber sucedido hasta hace unos segundos atrás pudo ser catastrófico por más de una razón. Pero milagrosamente lo único que sentía era ese raspón en su mejilla derecha y ese brazo sobre su espalda; el mismo que le había hecho tumbarse contra el suelo.
—Ey, ¿estás bien?
—Sí, simplemente un poco empolvada. Pero nada grave —iba hablando al tiempo que se iba poniendo de pie—. Gracias.
—¡¿Sawamura, eres imbécil o qué?! ¡Cómo se te ocurre haber mandado ese lanzamiento tan malo contra el bullpen sin considerar que podría rebotar! —gritó con todas las ganas del mundo.
—¡L-Lo…Lo siento mucho! —el castaño se disculpó sonoramente, inclinando su cabeza una y otra vez hacia la posible víctima de sus malos lanzamientos.
—Debí de haber esperado a que terminaran de lanzar —porque estaba consciente de que la culpa era compartida—. Así que descuida, Sawamura —le hizo saber.
—Maezono Kenta, encantado —se presentó educadamente.
—Pero sí es uno de los chicos con los que me topé el primer día de clases y que me confundió con la novia de mi hermano. Un gusto en conocerte.
—De modo que ella es la novia del capitán, ¿no? —comentaba el grandulón.
—Así es —le seguía el juego el buen Kuramochi.
—Me pregunto cómo habrá reaccionado Tetsu-san a esto —meditaba, como si en realidad fuera una preocupación en su vida.
—En verdad siento pena por ti, Miyuki.
—Respétame, soy tu superior —demandaba el castaño a un Sawamura burlón que quería aprovechar el momento para pasarse de listo.
—Empiezo a creer que haber renunciado a mis tardes en el restaurante fue la peor elección de mi vida —ya era demasiado tarde para arrepentimientos.
El resto de su fin de semana pasó sin pena ni gloria, especialmente porque no conoció lo que era tener un momento de paz y reflexión personal entre las charlas de sus nuevas compañeras de club y lo ruidosos que podían ser esos hombres sin importar lo que estuvieran haciendo. Pero no podía quejarse al respecto, ya que le había costado su trabajo convencer a su padre de que la dejara libre para poder desempeñarse como una manager con todas sus letras.
Y posiblemente el lunes por la mañana cruzaría por su cabeza la idea de que esos jugadores seguramente dejaban todo para último momento. Después de todo, había tenido que desvelarse para poder terminar sus tareas.
—Empiezo a preguntarme en qué momento hacen sus deberes. Con todo el trabajo que tuvimos apenas y pude respirar…Sin mencionar que ahora estoy un poco adolorida...—movía su humanidad como bien podía a través del pasillo y con cada escalón que la conducía hasta la segunda planta donde su salón de clases se ubicaba.
—Sólo tres días y ya te ves cansada —esa risilla era inconfundible para ella.
—Oh, eres tú, Miyuki…—ni se había percatado de que iban lado a lado prácticamente.
—Sé más efusiva. Estás hablando con el hombre al que te le declaraste —poco le importaba auto-señalarse con el pulgar. El castaño podía ser tan narcisista por momentos.
—El cansancio del fin de semana me impide ser amorosa contigo —añadió con cierta malicia. Él solamente se limitó a sonreír burlón.
—No es divertido si tienes esa clase de personalidad —farfulló, haciendo un suave puchero infantil.
—Me adelantaré que tengo que ir al salón de profesores a dejar un par de libros —se despidió la joven casi de inmediato.
—Error mío el creer que sería tan ingenua como su hermano —se alzó de brazos y continuó con su andar hacia su clase—. ¿Y ahora qué está sucediendo?
No podía culpar al resto de sus compañeros por no pasar por alto algo como eso. No cuando se trataba de un canasto repleto de coloridos y apetecibles macarons.
—Otra vez le han dejado algo a Miyuki-kun.
—Por lo visto Yuki-kun no se ha dado por vencida —el silencio había sido transformado en constantes murmullos que de alguna manera empezaban a ser irritantes.
—No otra vez…—suspiró internamente, pero ante su propio asombro se calmó y sonrió con autosuficiencia; incluso alguien como él poseía su ego y gustaba de esas atenciones.
Y la suerte por parte de Sora no podía ser ni remotamente parecida a la que experimentaba Miyuki en ese preciso instante. Allí estaba sentada tranquilamente, sacando los libros de la primera clase antes de contemplar una mano con el manicure perfecto, estamparse de golpe contra su pupitre.
—¿Sucede algo? —ante ella cuatro chicas estaban paradas alrededor de su pupitre, mirándole con enorme desagrado.
—No te hagas la inocente con nosotras, Yuki-kun —habló quien parecía ser la jefa de todas.
—Sabemos muy bien que no paras de mandarle obsequios a Miyuki-kun —agregaba una segunda con reproche absoluto.
—¿Qué nadie te enseñó las reglas que hay por aquí?
—Por nada es nueva —se burlaba la cuarta.
—¿De qué hablan? —no fingía demencia, de verdad que no tenía ni puñetera idea de qué diantres hablaban esas locas.
—Ninguna chica tiene derecho de salir con Miyuki-kun. Él es de todas, ¿entiendes?
—Limítate a admirarlo como al resto y no tendrás problema alguno.
—¿Esto se lo dicen a toda chica que se le declara? Digo, pregunto por curiosidad.
Ninguna de esas jóvenes pudo decir nada más. La persona menos oportuna estaba regresando al salón de clases con una sonrisa digna de comercial y esa particular confianza que le permitía decir cualquier cosa sin importar lo arrogante que sonara.
—¡Sora-chan, muchas gracias por el obsequio! —la pelinegra se quedó helada ante esas palabras, especialmente porque llevaba entre sus manos esas delicias francesas que obviamente no le dio ella.
—¡¿….?! —su garganta se había cerrado por completo y no podía expresar su sentir. No podía creer que él fuera tan cínico y perverso.
—¿Miyuki-kun, qué significa esto?¿Acaso no está molestándole?
—Aquí la única a la que fastidian es a mí, no al capullo que tienen allí parado…jactándose de lo popular que es.
—Para nada, para nada —sus labios se entreabrieron, mostrando esos blancos e inmaculados dientes—. Tenemos un lazo especial.
—¡¿Especial?! —vaya golpe más duro que vivían esas fieles admiradoras del castaño—. ¿Por qué demonios me están mirando todos? —estaban observándole, ansiosos por sus reacciones—. Formamos algo así como…¿una batería? —mencionó ella, no muy convencida.
—¡En cristiano! —pidieron todos.
—Estamos saliendo —claro, él tenía ser el que rematara todo. Ella se limitó a suspirar e ignorar las miradas de asombro de todos.
—Tsk…Lucen como si hubiera conquistado al tío más guapo de todo el colegio.
—Esto no se va a quedar así, ¿entendiste? —fueron las suaves palabras de despedida susurradas a su oído por la líder de ese séquito de seguidoras.
—¿Pero qué sucede con esas chicas? —iba a decirle un par de palabras al castaño, pero el muy cobarde ya se había ido de allí.
—¿Tan temprano y ya están armando un jaleo entero? Ustedes sí que gustan de llamar la atención —su mañana no podía ser perfecta si no venía Kuramochi a darle unas cuantas palabras de aliento—. Ey, no me mires de ese modo. Es tu novio el que lo ha provocado todo —tomó asiento, ladeándose hacia ella, descansando su antebrazo en su pupitre.
—¿Qué tan popular es Miyuki?
—Es inusual que preguntes por él. Tal vez ya estés picada —canturreó feliz de la vida.
—Sé lo buen observador que eres Kuramochi y claramente si estás molestando es únicamente por tu disfrute personal y vengarte de Miyuki —cruzó sus brazos, sonriéndole con satisfacción—. ¿O me equivoco?
—Lo suficiente para tener un club de fans —añadió con cierta molestia—. Y justamente son las que vinieron a saludarte.
—Suponía que se trataba de algo como eso.
—Ten cuidado, son bastante maliciosas —añadió un tanto serio—. A la última chica que intentó hacer un movimiento con Miyuki terminó con el pelo teñido de verde.
—Qué fastidio…—pronto se dejó caer contra el pupitre, deseando que todo no fuera más que una pesadilla de la que despertaría de un instante a otro—. Siendo tan popular debería tener un par de novias por allí escondidas.
—Es bastante reservado con esas cosas —comunicaba—. Para cuando nos enterábamos ya habían terminado.
—Me sorprende que haya tenido tiempo si no hace más que pensar en béisbol…—nada como la frialdad de sus libretas para acariciarle el rostro.
—Posiblemente por eso lo terminaban —él se burlaría de Miyuki cada que la ocasión se lo permitiera.
—Siendo tan adorable y guapo, suena casi fantasioso que algo como eso pueda suceder.
—Eres un poco perversa —rio por lo bajo—. Tú y yo podríamos llevarnos muy bien.
—Así que estabas cansado de tu séquito de acosadoras y quisiste echarme la bola a mí, pequeño granuja. Voy a felicitarte por tener los pantalones suficientes para arrastrarme a tus asuntos de este modo, pero no dejaré que la corriente vaya a tu ritmo. De ninguna manera…Esto está poniéndome de mal humor. Sin embargo, puedo hacer algo al respecto…—al diablo que se viera encantadora con esa sonrisa y mirada de ensueño, el moreno olía el peligro y prefería mantenerse alejado.
—Estaba preocupado…por lo mal que pudieras pasarla con Miyuki, pero seguramente…el que deba temer sea él…—susurró con precaución. Esos lindos y grisáceos ojos poseían un fulgor encantador que denotaban claramente que se le había ocurrido una perversa idea—. Las mujeres…dan mucho miedo…—fue en ese momento en que agradecía estar soltero.
