¡Buenas! Ya llegué para darles una pequeña dosis hetero de Diamond no Ace xD De momento agradecer sus lecturas, comentarios y demás cosillas que le dan felicidad a mi oscuro y torcido corazón. Y creo que ahora les quedará claro lo mucho que me gusta meterme con el pobre de Kazuya; pero es así como demuestro mi amor por él (?). Como sea, disfruten, comenten, quéjense o coman pizza XD ¡Lindo inicio de semana, au revoir!

Capítulo 5

This is Karma

No fue para nada complicado arrebatarle el celular al gracioso que se encargó de fotografiarles cuando ese momento vergonzoso ocurrió. Pero lo que no se habían imaginado es que esa comprometedora escena ya había llegado a la pantallita del móvil de Kuramochi; y eso significaba problemas con todas las de la ley.

—Yahahaha —esa enorme sonrisa no se disipaba de sus labios y únicamente se tornaba mucho más grande y gratificante conforme más los miraba. Aceptaba que verlos cabreados le daba un enorme placer—. Así se hace, capitán —una felicitación disfrazada de mofa y cinismo—. Y descuiden, todos en el equipo podrán saber lo bueno que es, capitán.

—¡Si serás un…! —nada como cerrar los puños para darle una buena tunda al moreno.

—Deja que te eche una mano —la perversa sonrisa de Miyuki no se hizo esperar y que ambos estuvieran literalmente ardiendo por las llamas de la venganza no ayudaba en lo más mínimo.

—No tengo remordimiento alguno, he tenido una buena vida —espetaba con enorme seriedad y satisfacción el valiente Youichi ante lo que le esperaba.

—Tendremos que conseguirnos otro bateador…—suspiró lánguidamente el castaño.

—¡Eijun-kun, no digas esas cosas! —Haruichi, el único que se angustiaba por el oscuro futuro de Kuramochi.

No era el nuevo día de clases lo que causaba estupor en sus personas, sino más bien lo que pudiera llegar a ocurrir sabiendo de antemano que no habían sido capaces de impedir el envío de tan comprometedora foto; incluso cuando se deshicieron del celular de Kuramochi y Sawamura.

Tampoco ayudaba que se hubieran encontrado en el pasillo y se les viera ascendiendo las escaleras lado a lado, como toda la parejita que no eran.

—Debiste de haber tomado asiento en otro lado, Miyuki.

—Te recuerdo que fuiste tú la que no se quiso mover. Así que la que causó todo esto fuiste tú —alegó sin dignarse a mirarla.

—No es como si un beso fuera la gran cosa, pero todos arman mucho jaleo con algo así. Todo porque eres un retraído social que no se le ve más allá que practicando béisbol.

—¿Gracias? —ironizó—. Tienes una lengua muy filosa para tener un rostro tan agradable.

—Gracias por lo primero —sonrió con cierta mesura—. ¿A quién de los dos nos irá peor este día?

—Quisiera apostar sobre algo menos tortuoso. Si fuera solamente tu caso estaría bien.

—No cantes victoria antes de tiempo, Ore-sama —sus palabras sonaban tan firmes que Miyuki pudo asegurar por unos cuantos segundos que podía saber lo que sería de su día a causa de esa foto viral.

—¡¿Ore-sama?! —replicó.

—Miyuki es demasiado mainstream —dijo divertida de la vida ante de apresurar el paso y dirigirse hacia el salón de clases antes que él.

A Kazuya no le quedó más remedio que seguir su camino, optando por olvidar las ocurrencias de esa mujer y enfocarse en lo único que interesaba de momento. Sin embargo, en cuanto entró al salón no pudo ignorar las miradillas que se colaban hacia su persona, una tras otra, como si hubiera cometido el peor de los crímenes. Y gracias a que era bueno pasando de todo y de todos, pudo llegar a su lugar y sentarse cómodamente; por ahora lo que interesaba era evaluar el avance del equipo.

—Miyuki-kun, ¿crees que podrías explicarme algunas cosas sobre la lección de ayer? Es que me he quedado algo confusa y sé que a ti se te dan bien los números —no podían haberle venido a interrumpir en mejor momento.

—Y a mí, y a mí. Yo tampoco entiendo algunas cosas.

—¿Chicas…? —sólo atendió unos minutos su cuadernillo y ahora ya tenía a tres compañeras suyas alrededor con libreta en mano.

—No tomara mucho tiempo, Miyuki-kun —el problema no era que se posara a su lado, sino más bien que estuvieran invadiendo peligrosamente su espacio personal.

Demasiado cerca…—se limitó a levantarse y así recuperar su espacio vital—. No soy tan bueno como creen —quería librarse de esas tediosas clases explicativas.

—Oh, Miyuki-kun, no seas tímido. No se lo diremos a tu adorable novia —comentó la que ahora se había prendado del brazo del castaño. Sí, el haberse parado solamente mejoró las maniobras que podrían usar esas jovencitas para acercársele.

—Hasta donde sabemos, Sora-chan no es nada celosa. Así que no debes preocuparte por nada —mencionó quien le miraba con una descarada coquetería.

—Ahora empecemos con las lecciones, Miyuki-sensei —la sonrisa descarada de la chica no era lo que le sabía mal a Kazuya, sino más bien que al tener tan apretado su brazo contra ella, podía experimentar una suavidad innegable que despertaría la envidia de más de uno.

—La clase ya está a punto de dar inicio, así que…¿qué les parece si lo dejamos para otro momento? —no es como si se cohibiera con algo tan simple; no, él era de los que gustaban de poner a la chica en jaque mate. Pero era alguien que disfrutaba de su espacio y no le gustaba que quisieran cruzar esa línea.

Y efectivamente el profesor no demoró en entrar y calmar las aguas momentáneamente.

Ese Kuramochi me la ha hecho…Tsk… No dejaré que obtenga lo que quiere —sonrió con enorme seguridad. Sencillamente no iba a dejar que alguien como Youichi se metiera en su cabeza y jugara como se le diera la gana; no cuando él era un total experto en hacerlo con los demás—. ¿Ah?¿Quién sigue mandando papelitos en estos tiempos? —para cuando enfocó sus castaños ojos en su cuaderno habían tres pequeños papeles perfectamente doblados. ¿Acaso se trataría de esas chicas? —. Imposible. Estamos demasiado separados como para que se arriesguen de esa manera. ¿Entonces? —los abrió guiado por su curiosidad. Y al poco rato un largo suspiro abandonó sus pulmones. Justo lo que le faltaba—…Los chicos también empezarán a liármela…—sus pensamientos aterrizaron en cuanto contempló que el profesor se había ido y eso únicamente significaba una sola cosa.

—Ey, Miyuki. ¿No eres un poco egoísta?

—Una cosa es que seas el capitán del equipo de béisbol y otra muy distinta a que quieras acaparar a todas las tías buenas de la escuela —excelente, ahora su panorámica era la de un grupillo de tres chicos que no estaban nada felices de que les arruinaran el negocio del fino arte del flirteo.

—Se han hecho una idea equivocada —sus brazos se deslizaron hasta detrás de su nuca, cruzándose cómodamente para un mejor descanso. Esa pose llena de despreocupación sólo crispó el humor de los chicos; a su parecer les indicaba lo engreído que podía llegar a ser Kazuya Miyuki.

—Nosotros vimos cómo te coqueteaban Ayumi-chan y las demás, y no hiciste absolutamente nada al respecto. Parecías disfrutarlo de hecho.

—Así que más te vale que te mantengas al margen o Sora-chan se enterará de la clase de noviecito que tiene —amenazó.

—Ah, no, sería problemático que eso sucediera —habló con fingida preocupación—. Lo que pasa es que ellas solamente querían ayuda con cosas que no entendieron, pero estoy seguro de que si ustedes se lo explican, lograrán conquistarlas —recomendó con una sonrisa de oreja a oreja.

—¿Será eso de integrales y esas cosas? La verdad es que yo tampoco caché nada al respecto.

—Pueden hacer un grupo de estudio e invitarlas. Eso siempre funciona —aseveraba el de gafas. Ellos parecían haberse tragado el cuento de momento.

—Ven, les dije que Miyuki no era tan mala persona como todos decían.

—….Es algo que escucho a menudo —rio por lo bajo.

Gracias a su simple plan había logrado quitarse de encima a esos alborotadores chicos. Sin embargo, por alguna razón todavía no se sentía del todo seguro. No cuando aquella aguda mirada dorada se clavaba en él como un frío puñal.

¿Por qué razón le veía con tanto odio?¿Y cómo es que su rostro no le resultaba ni en lo más mínimo familiar?

No recuerdo haberle hecho nada malo, ni tampoco la reconozco…—y de pronto cayó en cuenta. Hace dos semanas había llegado una chica nueva al salón de a lado y posiblemente se trataría de ella.

—Eres más decepcionante de lo que esperaba —esos pequeños labios al fin soltaron un par de palabras mordaces hacia su persona.

—¿Disculpa?¿Nos conocemos de algún lado? —¿cómo era eso que venían rotundos desconocidos a meterse con su persona? Estaba bien que no tenía la mejor fama del mundo, pero tampoco era para que le acosaran así.

—No —su monosílabo fue rasposo, como si de verdad le odiara—. Pero creo que no queda más remedio que ése —Kazuya no podía estar más confundido—. Mi nombre es Namikawa Kokone, pero tú puedes llamarme Nami-san —ya que se había tomado las molestias de ir hasta su lugar, lo mínimo que podía hacer era estrechar su mano, ¿no?

—Kazuya Miyuki, pero creo que eso ya lo sabes, ¿verdad? —en el instante en que sus manos hicieron contacto, se lamentó de haber estrechado su cordial saludo—. ¿Lo está haciendo a propósito? Está apretando demasiado fuerte…Ungh…

—Parece ser que eres muy popular entre el alumnado, Miyuki-kun —habló una vez más, manteniéndose de pie.

—No tanto como piensas.

—Umm, ya veo —tomó asiento al lado para poder hacer contacto visual—. Todos dicen que eres el novio de Yuki-san.

La mirada de Kazuya se enfocó casi inconscientemente en esas dos coletas que resaltaban a la vista sin problema alguno; recogidas con lo que parecían ser un par de lazos que formaban un impecable conejito.

Lo segundo que resaltaba era ese flequillo central y ese rostro un tanto aniñado. Así como lo bajita que era.

—¿Qué es lo que te causa tanta risa, Miyuki-kun? —cuestionó con una mirada inquisidora. Y es que el castaño se echó a reír justo después de haber visto el peinado que llevaba consigo la castaña.

—¿Es qué quien va a preparatoria usando esa clase de peinado? —sus manos se fueron instintivamente hacia su estómago, intentando mitigar el dolor que tanta risa le había ocasionado; incluso un par de lagrimillas se le escaparon.

—Tienes muchos pantalones para decirme algo como eso —mencionó como si nunca hubiera sido insultada—. Pero que no se te suman los humos a la cabeza o ella podría cortarte la cabeza.

—¿"Ella"? —sentía que le estaban hablando en otro idioma. Sencillamente no comprendía el punto de su charla ni nada.

—Parece que no estás enterado…—su oración fue como un rezo que no pudo ser escuchado por el castaño—. Como sea, ten una buena mañana —se levantó y se fue sin más.

—Otra rarita…

El receso había sido hecho para descansar de las pesadas clases y poder restablecer energías. Un momento sagrado que era respetado por todos. Al menos así era para ella hasta que no sólo ese ruidoso chico decidió acompañarle a merendar, sino también el otro con complejo de ore-sama.

Lo peor es que habían logrado dar con ella pese a que se había ido hasta la azotea para comer en paz. De modo que ahora estaban allí, sentados en el frío piso.

—¿Cómo es que dieron conmigo? —preguntó globalmente a esos dos chicos que comían tranquilos de la vida.

—Todos te conocen en la escuela, así que pregunté —hablaba como podía Kuramochi.

—Yo lo encontré a él y lo seguí —soltó Miyuki con un par de bolas de arroz en manos.

—Entiendo…—se hizo la desentendida y optó por comer.

—¿Qué tal tu día, eh? —nada como echarle sal a la llaga.

—Te aclaro que todo ha sido tu culpa, Kuramochi. Fuiste quien envió esa foto a todos los del club.

—¿Qué culpa tengo yo de que ellos decidieran enviarla a todos sus conocidos? —agregó cómico—. Yahahaha.

—Esa fotografía lo empeoró todo —suspiró Sora.

—¿Qué te hicieron hoy? —curioseaba con interés Kazuya. Si sería capullo.

—Pusieron tachuelas en su asiento, su silla estaba destornillada, garabatearon en su pupitre y cosas como ésas —resumió Youichi para el castaño. Incluso cuando era el colmo ya que iban en el mismo salón; se notaba lo mucho que a Kazuya le importaba lo que ocurría a su alrededor.

—Sus intentos fracasaron totalmente.

—¿Y no piensas hacer nada al respecto? —quizás no la conocía demasiado, pero estaba segurísimo de que no era de las que solían quedarse de brazos cruzados cuando se meten con su persona.

—Hoy traje pastelillos para ti, Miyuki —agregó con una sonrisilla. Él otro parpadeó confuso.

—¿Ah? Eso no fue lo que te pregunté —añadió—. Aunque…¿y mis pastelillos?

—Sencillamente desaparecieron —continuaba el peli verde.

—¿Ah? —Miyuki no estaba en sintonía con ninguno de los dos.

—Los dejé en mi pupitre y después de que regresé del tocador sencillamente se habían esfumado —relató con pena fingida.

—Y lucían tan bien —se lamentaba Kuramochi.

—¿Por qué presiento que planean algo ustedes dos?

—Deberías preocuparte más por tu propio bienestar físico que por el nuestro, Ore-sama.

—¡Deja de decirme así!

—Eres muy delicado para mi gusto —añadió bribona.

—Bueno, me voy yendo —Miyuki sencillamente se levantó y se despidió con un ademán simple.

—¿Crees que funcionará, Sora?

—Irremediablemente caerán, así que habrá que tener paciencia —su mirada mostraba un brillo inmaculado. Se le veía de lo más emocionada—. No suelo hacer esta clase de cosas porque no van conmigo, pero no estoy en mi vieja escuela, así que debo acoplarme a lo que hay.

La idea de haber abandonado a esos dos le pesaría en el preciso instante en que viera a esas chicas que ansiaban que le diera clases privadas y que no dudarían en hacérsela pesada una vez que lograran avistarlo; así que solamente tenía una salida de momento y que al mismo tiempo concordaba con sus necesidades básicas del momento.

En el interior de esas frías cuatro paredes se sentía seguro, tranquilo y podía ignorar por unos breves instantes que su día escolar estaba siendo un verdadero cansancio.

Agradecía enormemente que no hubiera nadie más en el baño y pudiera desplazarse hacia el urinario de su preferencia. Sí, todo era perfecto y rezaría si fuera necesario para que la situación se mantuviera así hasta el momento en que llegara la práctica.

—Esto en verdad está empezando a salirse de control —el rápido sonido de su cremallera invadió todo el lugar sin mayor dilación. Pudiendo así descansar de la presión que condicionaba la estabilidad de su vejiga.

El rechinido de la puerta resopló con cierta fuerza, alertándole de que pronto habría alguien más que terminaría haciéndole compañía. Pero en cuanto miró por el rabillo del ojo los particulares zapatos que estaban a escasa distancia de donde plantó sus pasos, se acongojó de pies a cabeza. Y no era para menos.

Como bien pudo se las apañó para resguardar su hombría y empezó a retroceder lenta pero consistentemente al tiempo que intentaba abrocharse los pantalones como bien podía.

—¡Este es el baño de chico!¡¿Qué demonios estás haciendo aquí?! —al fin estaba totalmente íntegro. Pero era una pena que ahora estuviera siendo acorralado por una chica. ¿Es que nadie iba a entrar y estropear los planes de esa tía?

—No nos parece justo que ella sea la única que disfrute de ti, Miyuki-kun —decía cantarina, como si careciera de un poco de pudor. ¿A dónde se había ido la decencia estos días, a dónde?

—Esta no es la manera…¿Y cómo que "nos"?¿Acaso hay más de ustedes? —miró en todas direcciones como un paranoico.

—Nos iremos turnando Miyuki, así que descuida. Será muy divertido —por un lado iba diciéndolo y por otro se iba desprendiendo del suéter que llevaba consigo.

—Alguien va a entra y se va a dar cuenta —su plan consistía en un fildeo y huir por la puerta como un potro desbocado. Idea que murió en cuanto escuchó la puerta ser cerrada desde afuera.

—Este sitio estará fuera de servicio por un tiempo —sonrió con malicia, mirando fijamente al ofuscado chico.

—¡¿Qué la han cerrado?! Se darán cuenta pronto de que todo es una farsa —otra opción era esconderse en uno de los baños y así alejarla.

—Nos divertiremos mucho, Miyuki-kun —eso dirá ella, pero él no tenía intenciones de que abusaran sexualmente de él y mucho menos en un baño y bajo las órdenes de quién sabe que loca.

—Lamentablemente se me hace tarde para mi clase, por lo que tendré que dejarte. Una lástima —era el momento de pensar rápido o las cosas se pondrían feas de verdad.

Solamente existía un modo por el cual podría escapar, pero no estaba totalmente seguro si lograría hacerlo a tiempo. Era una apuesta de todo por el todo.

Gracias a su buena condición física y que tenía el ímpetu del miedo tatuado sobre la piel logró hacer de la tapa del escusado una especie de apoyo que le permitiría agarrarse sin demasiado esfuerzo al marco de la ventana.

Ahora todo radicaba en qué tan rápido la abriera y se escurriera por allí.

—Oh, Miyuki-kun, no seas tímido. Pensé que eras más atrevido para esta clase de cosas —no le preocupaban sus palabras sino sus acciones; estaba más que dispuesta a que se quedara, incluso si eso significaba jalarle de los pantalones para que no huyera.

—No eres necesariamente mi tipo —porque aun cuando luchaba por salir, no pasaba oportunidad en responderle.

—Te convenceré de lo contrario —dijo más que gustosa—. Verás que no te defraudaremos, M-I-Y-U-K-I-K-U-N —ese deletreó crispó cada una de sus fibras capilares. Ella hablaba en serio y si perdía en la fuerza de poder pasaría a ser de su propiedad

—¡De ninguna manera! —fue su grito de guerra, su impulso final que le permitiría lograr lo que muchos considerarían como lo imposible.

Oh sí, la ansiada y desgarradora libertad había sido alcanzada, produciéndole un enorme regocijo interno que solamente podía ser equivalente al vencer a un digno rival dentro del campo de béisbol. Incluso el viento parecía estar a su favor, que podía sentirlo vibrante en cada centímetro de su piel.

—Espera un momento…¿por qué…? —no tuvo siquiera que terminar la pregunta para darse cuenta de que le faltaba algo, algo esencial y que lo metería en graves problemas si alguien se diera cuenta de que no lo tenía—….Mis pantalones…—se quedó totalmente frío. Era hombre muerto.

No obstante, las cosas tampoco eran menos calmadas del lado de cierta pelinegra.

No era que fuera tan vanidosa como para estarse mirando al espejo por más tiempo del requerido, sino más bien estaba enfocaba en hacer tiempo y aguardar a que las personas que le citaron en tan poco higiénico lugar por fin aparecieran.

—De verdad que será una lástima que ese bonito rostro quede totalmente arruinado —pronunció con perversión la última chica en entrar; la misma que se encargaba de ser la vigía de la puerta. No permitirían que nadie entrara y saliera de allí.

—¿Qué crees que estás haciendo, Sora-chan? —preguntó la líder, mostrando esa fotografía desde su celular táctil.

—Presionar mis labios con los de otra persona. Creo que lo conocen como besarse, pero no estoy totalmente segura de ello —no tenía ni deseos ni intenciones de girarse hacia ellas. Se limitaba a mirarlas desde su imagen en el espejo.

—¿Quieres hacerte la graciosa con todas nosotras, eh? —no era el interrogatorio el problema, sino que había decidido jalarle del pelo e inclinarla justamente haca el lavabo.

—Lo siento, pero no me gusta ser el bufón de nadie —estipuló secamente—. Les pediré amablemente que me dejen en paz. Odio que me acosen.

—Nosotras aborrecemos que las nuevas vengan a hacerse las chulas y meneen el trasero a los chicos. Eres bastante popular para ser tan aburrida.

—¿Qué les parece si les hacemos un cambio de look? Llevar el cabello tan largo es malo para la salud, además de que debe ser todo un problema el cuidarlo —no sólo eran palabras, sino futuras acciones que seguramente se harían realidad gracias a las tijeras que llevaba consigo.

—Mi cabello largo es de las cosas que más me gustan de mi persona. Así que aprendan su lugar de una buena vez por todas.

—Tsk…¡S-Suéltame…! —esos gestos de dolor no hacían más que incrementar conforme más presión era ejercida sobre su muñeca. Y el efecto deseado no demoró en ser apreciado—. ¡Maldita!

—No te atrevas a tocar mi cabello o te arrepentirás —sus buenos reflejos le aseguraron escaparse de las filosas hojas de esas tijeras. ¿Quién iba por allí agitando un objeto tan peligroso?—. Tengo un poco de experiencia con esta clase de cosas, ¿saben? Mi última pareja era un tanto popular.

—La suerte no te sonreirá, Yuki-kun.

—Lamento discernir de todas ustedes —les sonrió con encanto.

Ellas iban a hacer el primer movimiento, aprovechándose de que le superaban en número y la tenían totalmente arrinconada. Pero antes de que pudieran tocarle si quiera un pequeño cabello, se detuvieron.

Las graciosas muecas que invadieron sus rostros parecían ser el indicativo de que algo no estaba nada bien.

—No se ven nada bien. Es como si les hubiera caído algo mal…—mencionaba con sorpresa. Ellas le gruñeron con enfado y estuvieron a punto de profesar una buena sarta de groserías pero no podían; el retorcijón de sus tripas se los impedía—. Deberían usar los sanitarios, chicas. Se sentirán mejor —alentó amigablemente. Ninguna respondió porque corrieron de inmediato hacia el baño, cerrando la puerta de golpe—. Descuiden, me encargaré de que nadie las moleste.

Abandonó el tocador sin ningún apuro, con una sonrisa apenas perceptible en sus labios. Su pequeña travesura había salido a pedir de boca y dejaría que la madre naturaleza se hiciera cargo del resto.

—¿Les molestaría quedarse calladas y quietecitas, chicas? —fue la dulce pregunta que lanzó mientras sacaba de la bolsa de su falda una pequeña botella plástica.

Había pasado más de una hora desde ese incidente vergonzoso y no había abandonado la zona que había elegido para resguardarse. No podía simplemente salir de los arbustos y dirigirse hacia los dormitorios para coger unos pantalones y volver a ser el mismo de siempre; no cuando existía un enorme tramo que recorrer y nada que le atajara para pasar desapercibido.

Estaba en serios problemas y tenía que encontrar un modo de salir del aprieto antes de que esas locas optaran por ponerse a buscarlo.

—Mi celular se quedó en el bolsillo de mi pantalón…Debo atravesar la cancha de futbol y eso sólo significa…—por donde se viera era mala idea—…Estoy jodido…—frenó el tren de sus pensamientos en cuanto el sonido de pasos empezó a escucharse, rápidos y disipados; era como si estuvieran indagando por los alrededor—. Maldición, espero no se trate de ninguna de esas locas…

No se había cambiado siquiera antes de que esas tres compañeras suyas irrumpieran de golpe en los vestidores. Parecían por alguna extraña razón preocupadas y no lograba entender del todo el porqué; de manera que se limitó a atender a su relato hasta el final.

—Pero si sus cosas están, ¿a dónde se supone que se fue? No parece ser de los que se van de pinta y menos dejando todo atrás.

—Nadie lo vio regresar después del receso. Ya estuvimos buscándolo por todas partes, pero nada —comentó con preocupación Haruno.

—No ha llegado aún a la práctica y ninguno de los compañeros lo ha visto.

—Dicen que lo vieron por última vez yendo hacia el baño —añadía Yui. Las tres jóvenes intercambiaron miradas con enorme duda.

—¿Pues en dónde podría estar metido?

No había pasado demasiado tiempo desde que Haruno y las demás abandonaron los vestidores, pero pronto un par de voces se colaron desde la entrada; tornándose mucho más fuertes y familiares. Y ese simple hecho le llevó instintivamente a tomar sus cosas y esconderse.

Lo peor que podía hacer era que se percataran de que estaba allí.

—¿En serio no lo encontraste por ninguna parte? —ese tono mostraba una total frustración.

—Te juro que revisé por todos lados, pero esto es lo único que tenemos —mencionó la otra, mostrándole la prenda que mantenía oculta dentro de su mochila.

—No pudo ir muy lejos estando en esa condición —bufó con enorme cabrío—. Mira que escapar de la ventana de ese modo, sacrificando sus pantalones. Debo admitir que tiene agallas.

—¿Qué haremos entonces? Todo nuestro plan se vino abajo. Y el resto no ha aparecido desde que hicieron que Yuki-kun se reuniera con ellas en el baño de las chicas.

¿Pero qué fue lo que hicieron?¿Cómo que tienen los pantalones de Miyuki? —se contuvo las ganas de salir y decirle un par de cosas a esas brabuconas que habían estado metiéndose con su persona, pero consideró que era mucho mejor terminar de fastidiarle los planes.

—Pero hay algo que sin duda nos será de gran ayuda.

—¿Algo? Acaso podría tratarse…

—Ha sido una gran puntada —se le escuchaba más que feliz por lo que fuera que tuviera en sus manos en ese preciso momento—. Pensé que usaría algo un poco menos…evidente. Pero creo que es un loco obsesionado al béisbol.

—Lo sé. Pero igualmente se le ven bastante bien —comentaba risueñamente la otra—. Ayumi casi lo atrapó, pero escapó por la ventana dejándonos esto. Incluso su celular.

—¿Estás pensando lo mismo que yo? —inquiría con malicia palpable.

¿Qué tan locas pueden estar como para haberle hecho una fotografía así…? Ahora queda claro porque nadie lo ha visto. No es como si fuera a andar por allí en boxers.

—Llamémosle a su querida novia y hablémosle sobre su lindo novio, y el porqué nos ha dejado su celular.

Chicas, esto ya no es sano…Además, hasta donde sé él no tiene mi número telefónico…Así que…

—No está por ninguna parte. Su nombre sencillamente no está…Y de hecho solamente tiene guardado los números de los chicos de béisbol.

Tengo dos opciones. Podría cobrarme todas las desfachateces de Miyuki y dejar que lo chantajearan con esa fotografía comprometedora —sonrió ampliamente de imaginarse todo el teatrito que armaría el castaño y lo mucho que disfrutarían esas mujeres de él—…o detenerlas ahora mismo, quitarles la única manera que tienen de chantajearlo y portarme como una persona moralmente correcta…—las decisiones siempre eran difíciles, más si ponían el disfrute personal de por medio.

¿Por qué de todas las personas que podría encontrarle, tenía que ser justamente ella?¿Y cómo es que se le veía de lo más tranquila, como si poco o nada le interesara el ver que la parte inferior de sus ropas no se encontraba y que gracias a la larga camisa de su uniforme podía cubrirse adecuadamente?¿Qué era ese incómodo silencio que se formó entre ambos?

—Ah, ¿Namikawa-kun? —sencillamente no se le ocurrió nada mejor que decir. La otra por su lado simplemente levantó su mirada hacia las ramas más frondosas del árbol que tenía frente sí.

—Te dije que me llamaras Nami-san —se quejó con el ceño fruncido—. ¿Es que acaso te atraparon en medio de una jugarreta?

—¡Claro que no! Espera, ¿cómo demonios me viste? —había tantas preguntas que le atormentaban.

—Escarabajos —fue su simplona respuesta—. Generalmente están en las partes más altas de los árboles, así que siempre hay que mirar hacia arriba. ¿Por qué te trepaste?¿Acaso querías suicidarte?

—Obviamente estoy escondiéndome, no suicidándome —agregó con un par de venitas saltadas—. Esas locas estaban buscándome por todas partes. Era el único sitio seguro —liberó de su cabellera un par de hojas que se alojaron allí sin su consentimiento.

—¿Te das cuenta que estamos escondidos tras unos arbustos y si alguien nos encuentra sería muy difícil explicar la situación sin que lleguen a malinterpretarla? —que sonara tan inocente y le acompañara esa sonrisa de no rompo ni un plato, no estaba haciendo sentir mejor a Kazuya.

—¿Por qué demonios tuviste que encontrarme tú? —correr hasta el área de prácticas era mejor que estar soportando las ideas maquiavélicas de Kokone.

—Yo misma le diré que estás aquí. Así que debes ser paciente —y del mismo modo en que apareció, se esfumó y lo dejó solo con sus reflexiones.

—Que ya termine este día… El entrenador me va a asesinar…—era un triste pero seguro futuro.

No tuvo que esperar demasiado tiempo antes de que la realidad literalmente le golpeara bruscamente la cara y le hiciera reaccionar.

Entre sus manos tenía lo que hace varias horas atrás le habían arrebatado. Por fin podría sentirse salvaguardado; o eso era lo que creía hasta que notó a la persona que se había encargado de entregarle sus pantalones.

Estaba que no se lo creía. ¿Cómo es que ella se había hecho de esa prenda y dio con su paradero?

—Lindos boxers, Miyuki —se burló tanto como pudo. Incluso no soportó demasiado tiempo antes de echarse a reír de lo lindo.

—¡….!¡Deja de reírte! —exclamó con un tenue sonrojo sobre sus mejillas. Era ridículo estar en ese estado frente a alguien que indudablemente lo usaría para burlarse de él más adelante.

—Como si fuera tan especial el verte en paños menores —habló intentando sofocar otra revoltosa carcajada. Se había imaginado que se vería patético, pero nunca creyó que tanto—. Tuviste mucha suerte de que ningún profesor te viera o hubieras estado en problemas.

—Tsk…Por la culpa de esas tontas —nuevamente era un hombrecito con sus pantalones bien puestos—. Ya me las pagarán.

—Mejor date prisa y ve a la práctica o el entrenador hará carne picada contigo. Eres el capitán y debes poner el ejemplo —mencionó casual.

—Mmm…Supongo que te debo una —cada palabra le costó decirla, pero no estaba en posición de respingar nada. Por esta vez aceptaría que hizo algo positivo hacia su persona—. Me adelantaré —fue su simple despedida antes de irse a toda marcha.

—¿No vas a decirle nada sobre la fotografía?

—Algún día vas a matar a alguien de un susto, Kokone —indicaba calmadamente la pelinegra. Namikawa parecía más que feliz; incluso una sonrisa se dibujaba en sus labios como si estuviera disfrutando de algo que únicamente ella conocía.

—El que nos topáramos de camino ha sido un golpe de suerte. Pero no imaginaba que vendrías con las cosas de Miyuki.

—Fue mera coincidencia —aseguró—. Al menos sé que las cosas se calmarán de ahora en adelante.

—¿Pusiste en su sitio a esas tontas, verdad Yuki-san? —interrogó con enorme interés, como si ansiara el sí más que nada—. Dudo que hayan podido hacerte algo. Yuki-san siempre es tan genial.

—En realidad no hice la gran cosa —calló unos momentos y sacó aquel cubre bocas de su bolsillo—. Se supone que deberían estar despertando para cuando la escuela cierre.

—Si tan sólo volvieras con todas nosotras, Yuki-san —se lamentó, clavando sus doradas pupilas en ella.

—Las cosas nos siempre salen como las planeas, Kokone. Gracias por ayudarme con esas chicas, pero no vuelvas a hacerlo; nos meterás en problemas a las dos —pidió con amabilidad; incluso le obsequió una tenue sonrisa—. No lo odio, pero no es algo que vaya conmigo…

—Yuki-san…—no dijo más, la persona con la que tanto deseaba continuar charlando se había marchado—. Tal vez Miyuki no sea la persona que pueda hacerla entrar en razón…