¡Oh, Rasen ha aparecido una vez más para traerles felicidad! Antes que nada agradecer sus lecturas y paciencia; ya ves que actualizo cada cierto tiempo e_e Pero la vida del adulto responsable no deja tiempo para lo que una tanto ama ¬3¬. Al menos el capítulo de este día está larguito y nos permitirá conocer un poco más sobre el pasado de Sora –chan, chan, chan-.
¡Disfruten la lectura! Nos leemos en la próxima actualización :D Au revoir~
Capítulo 7
Apparances
—¿Y esas caras llenas de confusión? —los pensamientos de ambos hombres se desviaron de inmediato en cuanto cruzaron mirada con la persona que recién había vuelto al salón de clases y parecía estarse preguntando el porqué de su estado de estupefacción.
—Nada en realidad —respondió el de gafas con actitud despreocupada.
—Parece que tienes pensado en ir al viaje escolar —mencionó Kuramochi en cuanto se percató que Sora llevaba consigo aquella hoja que marcaba las fechas de salida y cómo estaban organizados los grupos.
—En realidad no es que me atraiga mucho la idea —se encogió de hombros y guardó la hoja en el bolsillo de su falda—. Ustedes deberían ir y disfrutar su juventud —nada como mofarse del estado social tan precario que todos los del equipo de Seidou poseían.
—No tenemos pensado perder —aseguraba Miyuki, sonriendo como si supiera de antemano que la victoria ya era prácticamente suya.
—Esa es una excusa para no salir a ninguna parte —decía con vileza—. Aunque admito que lo hicieron bastante bien en el partido contra Teito. Una pena que hayan sacado al pobre de Furuya, pero Sawamura lo hizo espléndidamente —esa era una felicitación de lo más indirecta.
—¿No podrías ser más sincera?¡¿Y por qué demonios pareces feliz por lo último que dijiste?! —se quejaba Youichi.
—¿No será que te has enamorado de él? —lanzó burlesco Kazuya, clavando esas castañas pupilas en ella, aguardando por ver su reacción. Ella se limitó a sonreírle, como si hubiera entendido de inmediato su pequeña jugarreta y estuviera pensándose cómo responderle.
—…No me quejaría de que hubieran hecho todo este malentendido con él…—suspiró pesadamente. Incluso se le veía de lo más pensativa—. ¿Y ya vieron la manera en que sonríe cuando se dispone a lanzar?
—¡Esa sonrisa da miedo! —exclamaba el peli verde. Y es que hasta al castaño le provocaba escalofríos de solo recordarla.
—Son unos nenitas que no aguantan nada —les echó en cara. La verdad es que disfrutaba de verles así—. Mírenlo, se ve tan lleno de paz —y por si no los había maltratado lo suficiente, habría de mostrarles una fotografía del aludido con aquella sonrisa que por razones desconocidas a la única a la que no le provocaba incomodidad era a ella.
—¡Quita eso de mi vista! —Kuramochi quiso robar el móvil de Yuki, pero todo se quedó en banales deseos. Ella poseía mejores reflejos de los que él pudo imaginarse.
—Debería imprimírselas y poner una a mayor escala en sus habitaciones —esos dos hombres la creían muy capaz de eso y más; tenían que asegurarse de eliminar esa fotografía antes de que les causara un trauma de por vida.
Y antes de que pudiera seguir amedrentando sus jóvenes mentes, la persona menos esperada se presentó a la entrada del salón de clases. Era imposible no reconocerlo.
—Tetsu-san —saludó con formalidad Miyuki.
—Felicidades por su victoria —elogió en cuanto se encontró cerca de los pupitres de ese par de ex compañeros suyos—. Lo están haciendo muy bien —sonrió, lleno de orgullo y ansias por ver su futuro desarrollo dentro del torneo.
—Muchas gracias —para Kazuya no era muy común que ese ex capitán suyo fuera a visitarles. Pero suponía que tenía que ver en cierto modo, con Sora.
—Quiero hablar contigo un momento —los dorados ojos del moreno se deslizaron rápidamente hacia su querida hermana.
Para ella era extraño tener que dirigirse hacia la azotea del edificio, pero estaba consciente de que a Tetsuya no le gustaba tener mucha concurrencia cuando quería hablar con alguien en privado.
—¿Qué es lo que sucede hermano? —cuestionó en cuanto ambos quedaron parados frente al gran mallado que impedía que cualquier loco estudiante quisiera arrojarse desde las alturas.
—Solamente quería preguntarte cómo están yendo las cosas —mencionó serenamente, con su atención puesta en el mundo de abajo.
—…Me ha ido bien —respondió de inmediato. La verdad es que no había muchas cosas relevantes que comenzar.
—Al parecer has empezado a llevarte bien con los chicos. Incluso con Miyuki… —Sora estaba consciente que irremediablemente su hermano terminaría enterándose de "su relación" con el de lentes; sin embargo, no estaba esperando a que fuera a decírselo personalmente tan rápido.
—Ah, sobre eso… No es como tú crees —rascó su mejilla izquierda, como si fuera su nuevo tic nervioso que le ayudara a liberar la carga de estrés que llevaba a cuestas—. Todo…es un malentendido generalizado…
—Como tu hermano no me queda más remedio que felicitarte —la pelinegra se quedó estupefacta ante sus palabras. Sólo podía sentir las fuertes manos de su hermano sobre sus hombros y esa mirada seria puesta en su cara de póker—. Quizás debería decirle a Miyuki que cuide de ti. Aunque luzcas como una chica de carácter fuerte eres muy frágil.
—¡Ni se te ocurra! ¡Y no soy frágil! —exclamó a todo pulmón. Si él hacía algo como eso sería su total acabe; no hallaría modo de evadir las burlas de Kazuya. ¿Pero qué clase de hermano hacía esa clase de cosas? El suyo, porque se pasaba de sobreprotector a veces.
—¿Te da pena? —para él ese rostro totalmente rojo denotaba que estaba sumamente apenada. Y si bien era así, las razones diferían entre lo que él creía y en lo que realidad era.
—¡Obviamente no! —vociferó, intentando calmarse—. Solamente que no es necesario…—indicaba con una sonrisilla forzada—. N-Un…Nuestra relación va viento en popa —aseguró fieramente—. Tú no debes preocuparte por nada —una cosa era mentirle al resto del colegio, otra muy distinta hacerlo con su hermano—. Debo convencerlo o de lo contrario se volverá en mi acabe…
—Me alegra —volvió a sonreírle, pero en esta ocasión con enorme felicidad. Parecía estar más que contento por la relación que poseía ella y Miyuki.
—¿Por qué te ves tan feliz al respecto, hermano? Todos parecen estarlo disfrutando menos yo…
—No pudo pasar en mejor momento —había pocas personas en el mundo que la desconcertaban tanto como Tetsuya. Ya estaba de nuevo diciéndole algo que no captaba.
—¿Por qué…lo dices? —ya temía hasta preguntar.
—Por nada en particular —Sora solamente podía experimentar una mayor inquietud al respecto.
—¿A qué se estará refiriendo Tetsu…?
La victoria contra Nanamori significó para el equipo un enorme incentivo, la impulsada final que requerían para poder hacerle frente a sus rivales declarados; esos mismos que habían cortado de lleno sus sueños de llegar a las nacionales al lado de los de tercer año.
No obstante, cuando creyeron que ese ansiado anhelo iba a materializarse, las ironías de la vida golpearon a su puerta y trajeron consigo el funesto desenlace que vivió Inashiro contra Ugumori. La noticia simplemente tuvo reacciones variadas en cada uno de los jugadores. Y simultáneamente logró tensar la percepción de los jugadores hacia su actual capitán.
—No puedo creer que hayan perdido…—comentó Sora después de haber escuchado el informe detallado de Kuramochi sobre lo acaecido la noche de ayer cuando todo el equipo escuchó las palabras de Nabe.
—Todos quedamos igual de sorprendidos —mientras el peli verde hablaba, Sawamura continuaba armando tremendo jaleo en el bullpen; parecía estar sacando toda la frustración por no enfrentarse a quienes lo dejaron en semejante estado.
—Y parece que cierto chico terminó metiendo la pata…queriéndolo o no —decía mientras concluía su trenza de espiga; hacía bastante calor como para andar con todo el cabello suelto—. Aunque en cierto modo es comprensible su comportamiento, pero…quizás no debió haber usado esas palabras.
—Ya que eres su novia, ve y dale consuelo —la vileza de Youichi era proporcional a su estruendosa carcajada. Sora intentó golpearlo, pero éste se escabulló grácilmente.
—Me las vas a pagar pequeño bribón…—se limitó a callar sus maldiciones y dar media vuelta. No obstante, pronto habría de chocar sin querer—. Genial, lo que me faltaba.
—¿De nuevo ya estás con esa cara de pocos amigos? —lanzó con elocuencia—. Ni porque me ves todos los días se te quita ese malhumor.
—Es justamente porque te veo que estoy de este modo —le aclaró.
—Envejecerás antes de tiempo —prosiguió con su burla.
—Como sea —suspiró con cansancio. Cada día tenía menos energías para discutir con ese hombre—. Ya escuché que Inashiro perdió —si Kazuya quería olvidar ese tema estaba muy equivocado; por lo que no pudo ocultar esa pizca de enojo que le provocaba el recordar eso—. Me dijeron que te enfadaste por lo de ese tal Mei.
—¡Qué no! —ahora temía de todo lo que pudieron haberle contado a esa mujer.
—Supongo que es normal, considerando que eres un cátcher y debes evitar que el pitcher termine destruyéndose durante un partido —al menos era así como ella lo veía—. No sé, ustedes se complican mucho las cosas.
—Mira quién lo dice —ya se encargaría de poner en su sitio a Kuramochi por estar de lengua suelta.
—Por cierto… ¿Te gusta ser capitán? —fue apenas perceptible el ligero salto que sus castañas pupilas experimentaron ante tan simples palabras. Unas que habían estado repitiéndose en su cabeza desde hace mucho; y seguramente en la del resto del equipo también—. A veces las personas no nacen para ser líderes natos y aunque intenten serlo, ocasionalmente fracasan y causan la amargura y frustración de los que le rodean —calló y le miró con detenimiento—. Reconozco que tienes un gran talento para el béisbol. Pero, ¿tienes la vocación para ser el capitán que lleve a Seidou a la victoria?
No esperaba que fuera precisamente ella la que viniera con semejantes cuestionamientos y menos en ese justo momento de tensión que se vivía entre él y el resto del equipo. No obstante, debió preverlo si consideraba que era la hermana de Tetsuya; estaba claro que quería saber si el actual capitán podría llenar la expectativa que quedó tras la partida de su hermano.
—…No se puede ser bueno en todo, ¿no lo crees? —no existía ni una suave curva que indicara que pronto sonreiría con despreocupación. Y su mirada se le observaba tranquila, imperturbable, de algún modo, lejana.
—En realidad no —añadió, encogiéndose de hombros—. No tienes que tensionarte por mis palabras. No estoy aquí para evaluarte y compararte con mi hermano. Tengo mis dudas de por qué te eligió para el papel de capitán, pero eso irremediablemente saldrá a la vista tarde o temprano.
—Eres muy sincera o una buena embustera —soltó tan bajo como pudo, pero ella le escuchó magníficamente—. No dije nada —allí estaba de nuevo esa sonrisa, ese gesto engañoso que a Sora le incomodaba porque no sabía lo que en verdad se ocultaba tras éste.
—No soy el único que se dedica a eso, Miyuki —apuntó a decir con una doble intención.
—Será mejor que te vayas a casa. Las demás ya se fueron.
—Siempre termino perdiendo la noción del tiempo cuando me pongo a hacerle caso a las bobadas de Kuramochi y Sawamura —y es que era divertido verlos pelearse y hablar de tontería y media.
—Eso es porque eres igual de simple que ellos —rio por lo bajo. Ya estaba de nuevo metiéndose con su persona.
—En todo caso, me retiro. Ya nos veremos mañana —se despidió moviendo su mano suavemente y dirigiéndose hacia la salida.
—¿No piensas acompañarla hoy? —Youichi estaba en todo. No sorprendía que hubiera abordado al de gafas en compañía de Sawamura.
—No es tan tarde —justificó.
—Miyuki, deja de ser un insensible y ve con ella —hasta Eijun le daba sermones—. Es la única mujer que no parece molestarle tu horrible forma de ser.
—Ciertamente es así, Sawamura —¿desde cuándo le daba la razón al pitcher? Tal vez desde que era un buen comentario para meterse con el de gafas.
—Ey, les recuerdo que soy el capitán. Respétenme —ordenó.
Sora no demoró demasiado tiempo en tomar sus cosas e iniciar su usual retirada. Sin embargo, en cuanto estuvo a punto de abandonar la pequeña área que empleaban las managers para guardar sus pertenencias, algo robó su atención por completo.
¿Qué era esa libreta en particular¡?¿Y a quién de las tres chicas pertenecería?
—Hasta donde recuerdo, Haruno siempre está escribiendo algo en esta libreta….¿Un diario de Seidou? —el título le causó cierta curiosidad, así como su claro contenido. Pero de momento procedería a guardarlo y entregárselo mañana a su respectiva dueña—. ¿Qué es lo que querrá Miu a estas horas? —suspiró tras haber leído el mensaje recién llegado.
Había pasado un largo tiempo desde que visitó aquella cafetería que ahora le resultaba un sitio de lo más ajeno a sus viejos recuerdos. Incluso juraba que habían un par de establecimientos que no estaban en esos añorantes años de secundaria; simplemente ese viejo barrio le pareció de lo más nostálgico.
Miró la hora en su celular y curioseó en todas direcciones; aún no había señales de Miu. Y sin más ganas de esperarle de pie, decidió tomar asiento en una de las solitarias mesas exteriores con las que gozaba el modesto lugar.
—Ya era hora de que llegaras —dictaminaba la pelinegra, encasquetando sus grisáceas pupilas en ella—. Estas no son horas para reunirnos.
—Me amarás cuando sepas la razón por la que te he llamado —sonrió cínica y con enorme confianza de que obtendría su perdón—. Así que quita esa mala mirada y ve lo que tengo conmigo —se sentó de una buena vez y sacó de su bolsillo lo que indudablemente lucía como un folleto—. Léelo —extendió el maltratado papel hacia ella.
—¿Y qué quieres que haga precisamente con esto? —fue su interrogante para cuando leyó la información que se manejaba allí.
—Sé que podría interesarte —estableció—. Eso sería un gran apoyo.
—¿Como para qué? —es que estaba que no cachaba las indirectas de la pelirroja.
—Sora, Sora, eres más lenta de lo que pensaba —le regañó con descaro—. Deberías darte una vuelta por nuestra querida secundaria —sugirió.
—No hay nada ni remotamente interesante allí y lo sabes.
—¿Y qué tal han estado tus tardes desde que te uniste al equipo de béisbol de Seidou?¿Y tu queridísimo novio? —nada como echarle en cara todo lo que había vivido con ese capitán burlón.
—No sé cómo lo hizo, pero mis padres lo adoraron pese a que lo han visto una vez —expresó abiertamente, torciendo los labios. Estaba molesta—. ¿Puedes creerlo? —tronó la lengua ante semejante desgracia—. Solamente fueron engañados por su faceta de chico bien portado y comprensible.
—Suenas como si lo odiaras rotundamente.
—¿Aborrecerlo? No, claro que no —habló de inmediato, no quería que ella malinterpretara su descontento—. Eso sería darle mucha importancia y es justamente lo que él desea.
—…No quiero ni imaginarme cómo es que se llevan cuando cruzan palabra…
—Y luego está Kuramochi que se la vive metiéndome en sus jugarretas para molestar a Miyuki —prosiguió—. Al menos hay gente decente en el equipo como Sawamura y Kominato. Furuya no dice mucho que digamos, pero parece un buen tipo.
—Pero querías meterte de manager. Nadie te mandó a ello —le echaba en cara con todas sus letras. Disfrutaba esos momentos cuando tenía la razón absoluta—. Ahora guárdate tus quejas y cumple con tus responsabilidades.
—No me estoy quejando. Estoy expresando mi sentir contigo, quien se supone que es mi amiga pero no veo mucho su apoyo —objetó, inflando sus mejillas.
—Te traje ese folleto y te pasé el tic para que vayas a darte una vuelta por la secundaria.
—Eso no es apoyo. Eso es explotación —dictaminó, cruzándose de brazos en modo de protesta.
—Es una sugerencia muy buena —le animó—. Estoy segura que con esto serás la mejor manager de todas —la emocionada parecía ser ella y no necesariamente Sora.
—Cada uno de ustedes vienen y me causan dolores de cabeza —ella únicamente quería irse a dormir y olvidarse de todo.
Tras aquella pequeña reunión al fin pudo dirigirse de inmediato hacia su domicilio y enfocarse en las cosas que aún necesitaba realizar; las cuales para su disgusto no eran pocas. Nunca se imaginó que esa semana todos sus profesores tuvieran la brillante idea de dejar diversos trabajos.
Llegó a casa, tomó algo del refrigerador para mantenerse despierta y subió sin mayor dilación a su habitación.
Lo primero que debía de hacer eran las tareas del profesor Kataoka; quien le pareció muy interesante dejar un ensayo sobre la historia japonesa a través de los años con un mínimo de quince hojas.
—Estoy empezando a dudar si estas latas de café frío serán suficientes para soportar la noche haciendo mis deberes —estaba sentada frente a su pequeño escritorio blanco, aguardando a que su portátil encendiera—. Ni siquiera he leído las lecciones de las que se supone debe ser el trabajo —lamentarse no iba a aligerarle la carga, pero de momento le hacía sentir mejor—. Aunque…—aquel cuadernillo que había traído consigo permanecía al borde de su cama, totalmente cerrado.
—Hija, ¿hasta cuándo piensas estar despierta? —la voz de su madre la hizo salir de su momento de abstracción. Pasaban de las dos de la mañana y Sora permanecía sentada en medio de su cama, en medio de un montón de papeles.
—Ah, madre. Es que aún no termino toda mi tarea —lo cual era cierto. Aunque se había atrasado por sus severas distracciones.
—Me da mucho gusto que te estés esmerando tanto en el club de béisbol —había decidido entrar a la habitación y pasar su mirada por todo el lugar—. Hacía un tiempo que no te veía tan centrada en algo.
—Lo dices como si no hiciera las cosas como debería —bufó.
—Sabes a lo que me refiero, Sora —tomó asiento en la esquina de la cama y observó fijamente a su hija.
—Eso es agua pasada —concluyó, devolviéndole la mirada—. Simplemente estoy haciendo mi papel dentro del equipo, es todo —alegaba, ordenando cada una de esas hojas que hasta hace un momento atrás estaban en un total desorden.
—Por supuesto y estar al pendiente de tu lindo novio —canturreó con una sonrisa burlona en sus labios. Su hija por su lado se limitó a torcer la boca ante semejante hecho.
—No es tan lindo como crees. Es un engreído, egoísta, narcisista, mentiroso, chantajista, burlón y embaucador —enunció cada uno de los defectos del capitán sin pensárselo siquiera.
—Pues para ser así, estoy sorprendida de que hayan terminado saliendo.
—Mmm…Es algo complicado de explicar madre. Pero bueno, ya no hablemos sobre ese tema en particular —lo mejor era cambiar de tópico y hacer a un lado a Miyuki; demasiadas menciones sobre su persona por un solo día.
—Podrías llevarle un delicioso desayuno para mañana —planteó la madre. Ella no quitaba el dedo del renglón.
—Incluso si existiera la remota posibilidad de que quisiera hacerlo, no sé cocinar —¿qué tenía su madre que le gustaba molestarla tanto con ese hombre? O mejor dicho, ¿qué tenía el mundo contra ella?
—Puedo enseñarte a aprender algo sencillo.
—Prefiero dormir a desperdiciar mi tiempo en esa tarea —y olímpicamente evadió la miradilla inquisidora de su madre.
El café era la bebida de los dioses que le había permitido terminar con rotundo éxito cada una de sus tareas escolares, pero no era lo suficientemente milagrosa como para permitirle mantenerse totalmente atente y despierta a las cansinas y largas clases del día.
Lástima que le tocó dormirse en la clase del profesor Kataoka y sentir todo el rigor del estricto profesor.
—Yo, de verdad lo lamento —fue su escueta disculpa propinada al pelinegro antes de salir del salón de clases con un hermoso y sensual pase para la dirección—. De todas las clases en las que pude quedarme dormida tenía que ser la del entrenador… Es la primera vez que me pasa algo como esto en todo el tiempo que llevo de estudiante…
—¿Hacia la dirección? —adiós al sueño, hola al momento de breve humillación cortesía de Miyuki Kazuya. Había sido un mal momento para que sus tiempos conectaran en el pasillo.
—¿Otra vez a reunirte con tus acosadoras en el baño? —porque ella no se iba a dejar de él tan fácilmente—. Parece que te gustan esa clase de cosas… Incluso que te saquen fotos en momentos tan vergonzosos como ésos —lo único bueno de ser mandada a la dirección había sido ver esa pokerface del castaño en cuanto comentó eso último.
—¿Eh? Espera…¡¿Cómo que una foto?! —exclamó patidifuso. No podía existir una evidencia como ésa.
—Sí, esas chicas tenían una foto tuya cuando anduviste en paños menores —comunicó con una pequeña sonrisilla—. Deberías tener cuidado. Ya sabes, nunca faltan los chantajes malintencionados.
—Debe ser una broma. Algo como eso no debe estarme pasando —murmuraba vagamente. Aquel pequeño trauma no lo abandonaba del todo.
—Pero ya no existe algo como eso, así que quita ese penoso gesto de tu rostro —rio animadamente, con todas las ganas del mundo. Es que esas muecas le resultaron de lo más divertidas—. ¿Qué? Fue divertido. Acéptalo.
—Para ti —espabiló y volvió a ser el mismo de siempre.
—Como sea, tengo que ir a la dirección o Kataoka-sensei va a crucificarme viva —se despidió y siguió su camino.
—Por cierto, cuando terminen las clases necesito que me acompañes a un lugar. Así que te veo fuera de tu salón de clases —fue el comunicado exprés del chico antes de retirarse.
—¿A dónde se supone que iremos? Con Miyuki no supone nada bueno.
Su día había comenzado mal y no tenía ni las más mínimas intenciones de componerse. No sólo fue ese tendido sermón sobre la importancia de prestar atención en clases y que debía cuidar sus horas de sueño, sino también la cuestionable petición del capitán de Seidou; y a eso se sumaba que tenía ganas de dormir y no despertar hasta el día siguiente.
—Te ves realmente horrible —fue el bello comentario que recibió en su cara en cuanto cruzaron mirada.
—Vámonos de una buena vez —exigió nada amable.
—Vamos, vamos, relájate —como él no era el desvelado y con la atención de Kataoka encima.
—Hazlo antes de que decida entregarte a esas mujeres para que te hagan lo impensable —se la dejó caer. Él optó por callarse y empezar a caminar—. Siempre tan confiable, capitán.
En cuanto salieron de Seidou y arribaron a tan vistosa tienda, todo quedó más que claro. Aunque seguía preguntándose qué era lo que necesitaban explícitamente de allí y si sería demasiada carga como para que dos personas pudieran llevarlo sin problema alguno.
—¿Esto no lo hacen el resto de instructores bajo el mando del entrenador? —preguntó, enfocando esa hilera de manoplas que tenía frente a ella.
—El entrenador me confió que revisara cuál era la mejor elección —su respuesta era vaga y no hacía más que confundirla. Y que estuviera evaluando las manoplas que cruzaban por su mirada, tampoco era confortable.
—Sé claro —demandó.
—Por lo visto el director ha obtenido un poco de fondos adicionales para el equipo y podemos costearnos una lanzadora decente —nada como un buen guante entre sus manos.
—Pero yo no sé nada sobre esa clase de máquinas.
—Por eso el entrenador me pidió que te trajera conmigo. Eres la nueva después de todo —relataba sin prestarle atención. Sus ojos sólo se encargaban de analizar la mercancía que tenía frente a él.
—Así que no quiere que sea una carga. O acaso él… Bueno, no me sorprendería; él es demasiado observador. Demasiado para mi gusto. Y entonces, ¿cuál es nuestro presupuesto?
—Primero empecemos con las diferencias entre el guante del cátcher y los jardineros —nuevamente estaba pasando de sus preguntas.
Lo que empezó siendo una suave explicación sobre la diferencia en tamaño de las manoplas se convirtió en una exposición extensa sobre la clasificación de los lanzamientos, los tipos de pitchers, las maneras más efectivas de bateo y las reglas más básicas que el deporte del béisbol albergaba.
Ella guardó silencio y se limitó a escucharle atentamente. No consideraba como propio interrumpirle, incluso cuando no le quedaba del todo claro un concepto; ya tendría tiempo para solventar sus dudas. Pero por ahora solamente le dejaba explayarse a sus anchas.
Podría ser un pesado tanto para ella como para sus compañeros de equipo, sin embargo, quedaba más que claro que le profesaba un enorme amor y dedicación al béisbol. Lo sabía sólo con oírle hablar tan entusiasmadamente como lo hacía.
Y esa clase de actitud removió algo dentro sí. Algo que le resultaba espantosamente familiar.
—Es todo.
—Hablaste muy rápido. Hay cosas que no me quedaron claras.
—Ahora vayamos a ver las máquinas o el entrenador se enfadará de que demoremos tanto —el muy pillo empezó a avanzar sin decirle nada más—. No suena mala idea pasar por un bocadillo de vuelta.
—Pido mucha paciencia para no golpearlo —rogó a los altos cielos.
Habían avanzado un par de cuadras desde que salieron de la tienda deportiva con unas cuantas cajas en manos. Decidieron que era un buen momento para tomar un breve descanso; ni el peso de las mercancías ni el calor estaban ayudándoles a llevar a cabo amenamente su tarea.
Su alrededor podría ser definido como un parque infantil que hacía mucho tiempo había dejado de ser mantenido y ahora se apreciaban las marcas de su abandono.
Había una caja de arena, coloridos toboganes que representaban la larga trompa de un elefante y un grupo de columpios cuyo óxido hacía desistir a cualquiera de querer subirse en ellos.
—¿Era necesario que compráramos todo esto? —habló al fin, tras haber tomado asiento en una de esas pequeñas bancas que bordeaban al abandonado parque infantil. Las cajas que había estado cargando yacían sobre el suelo, una sobre la otra.
—Aprovechamos el viaje simplemente —él estaba sentado a su lado, con la vista puesta en la caja de arena. También estaba un poco fatigado por todo lo que caminaron—. Tú sólo llevas los guantes, no te quejes.
—Gracias por darme una vista rápida a mis obligaciones —ironizó.
—No hay de qué —sonrió con la clara intención de hacerla enojar.
—Como sea…—no es que se hubiera acostumbrado a su manía de hacerla enfadar, pero estaba lo suficientemente fatigada como para dejarle estar. Incluso un prolongado bostezo no se hizo esperar—. Estoy segura de que esa lanzadora será de gran ayuda para los bateadores. Al menos ahora podrán practicar con diversos lanzamientos sin tener que explotar a los pobres pitchers —se burló.
—Ahora deberán entrenar el doble —agregó feliz de la vida, mostrando sus perfectos y blancos dientes.
—Eres un tirano —le señaló—. Pero de igual modo ellos entrenarán sin descanso. Son demasiado dedicados que ejercicio extra no les molestará… Todos parecen ser una panda de masoquistas —sonrió a medias, como si lo recién dicho le causara hasta cierto punto admiración—. Son igual de cabezotas que Tetsu.
—Tenemos una meta que cumplir. No podemos permitir que sus esfuerzos sean en vano… En esta ocasión tenemos que conseguirlo —reconocía ese tono. Era el mismo que muchas veces escuchó de su hermano cuando mencionaba el tema de las nacionales; ese lejano sueño que se había quedado únicamente en eso para él y los de tercero.
—Sería grandioso que pudieran hacerlo —aseveró—. Los harían sentir orgullosos. Es como si sobre sus hombros descansara el sueño de cada uno de sus ex compañeros de equipo —calló por unos breves segundos, como si recordara algo que permaneció por mucho tiempo en sus adentros; como si fuera indeseable y no necesario para su presente.
—¿Ummm?¿Dijiste algo? —allí estaba su tono de burla y esa despreocupación digna de un sujeto cínico e incapaz de mantenerse serio por demasiado tiempo. Ella se limitó a darle un buen golpe en la cabeza por estropear sus nobles palabras—. ¡Auch!¡Oye, no soy Kuramochi para que me estés pegando!
—Tú te lo ganaste —si pensaba que se iba a retractar estaba de lo más errado.
—…Eres igual de violenta que en ese entonces…
—¿Ah?¿Qué has dicho? —confusión era lo único que se apreciaba en sus pupilas por esas palabras dichas. ¿Pero cómo no estarlo? Estaba diciéndole que en algún momento sus pasos se cruzaron; y eso sonaba totalmente imposible. De ser verdad, lo recordaría sin problema.
—…Después de ese día tuve curiosidad de por qué esos niños te llamaban Ōkami…
