¡Muy buenas tardes a todas! Sí, ahora sí que ha llegado actualización prontamente, pero ya no aseguro nada de la siguiente :D Más que nada porque mi agenda laboral se vuelve más apretada y futuras guardias nocturnas me auguran sólo dormir XD y comer~ Espero no morir lol.

Y para quienes querían saber un poco más sobre el pasado de Sora, aquí lo tienen :D ¡Disfruten y nos andamos leyendo! =D

Capítulo 8

The Wolf in sheep's clothing

Tener un conteo de todas las veces que había desviado su camino para dirigirse a tan popular lugar resultaría imposible, y al mismo tiempo, innecesario. Lo único que deseaba cada vez que sus pies tocaban ese suave césped era divertirse en cada una de las atracciones que tenía a su alrededor y olvidarse de que la tarde al fin había caído.

Se deslizó un par de veces por aquella pronunciada resbaladilla antes de dirigir presurosamente sus pasos hacia la caja de arena. Adoraba ponerse a elaborar pequeñas figuras mientras luchaba para que no se derrumbaran tan fácilmente; posiblemente soñaba con crear un esplendoroso castillo.

Pero el momento de esparcimiento de todos los allí presentes fue cortado de golpe por la abrupta llegada de aquellos cinco infantes.

—¿Crees que eres muy listo no es así? No te creas demasiado solamente porque te ha salido bien en una ocasión —pronunció con irritación el más alto y cuya mirada no denotaba en lo más mínimo agrado por quien estaba resultando ser el violentado.

—¿Y ustedes que están mirando, eh? —la voz intimidante del segundo arremetió contra los espectadores. Mismos que se retiraron en cuanto sintieron el peligro; sino se iban serían ellos los siguientes en verse en problemas.

—Ahora en lo que estábamos —carraspeó el tercero, quien había osado en tomar al niño del cuello y obligarle que le mirara a los ojos.

—Después es mi turno. Yo también quiero ponerlo en su sitio —soltó una burda carcajada el cuarto.

—¿No creen que estamos siendo demasiado violentos? Podríamos tener problemas con sus padres —el quinto muchacho no parecía estar muy seguro de lo que iban a hacer sus amigos.

—Por favor, eso no va a pasar. Él no abrirá la boca… Se cree demasiado como para ser un simple soplón. Y tampoco parece que sus padres hagan un gran alboroto por ello.

—Gracias —se apresuró a decir el intimidado, con una radiante sonrisa en sus labios. Incluso su mirada se veía calma, como si no temiera en lo más mínimo.

—¡No era un halago! —gritaron todos a la par.

Los pocos espectadores que quedaban salieron huyendo a toda marcha en cuanto la cruel diversión dio inicio. Nadie quería verse arrastrado por esa pequeña riña, y tampoco es como si alguno conociera a quien estaba siendo atacado.

El pequeño no intentaba siquiera luchar e impedir que el abuso continuara. Era de alguna manera como si estuviera acostumbrado o como si tuviera sus propios motivos para no alterarse ante sus provocaciones.

—¡Ey, ustedes, deténganse! —todos se giraron en automático y enfocaron sus miradas en quien había osado en demandarles semejante cosa. Ninguno se mostraba en lo más mínimo contento.

—¿Acaso eres amiga de este tonto? —sopesó quien se había encargado de iniciar aquella paliza.

—Nunca lo había visto antes —respondió—. Pero eso no importa. Dejen de meterse con él sólo porque es pequeño —argumentó, clavando ferozmente esos grisáceos ojos en ellos.

—Lo que faltaba, que una niña viniera a salvarte —todos rieron ante sus palabras, restándoles importancia y retornando su atención en lo que realmente importa.

—Se los advertí —fue lo último que escucharon de su boca.

El siguiente impacto contra su rostro se quedó en un intento banal. Ahora sus castañas pupilas avistaban a su agresor tendido contra el suelo mientras el resto parecía estar totalmente extrañados. Todo pasó demasiado rápido que les costó un poco el asimilarlo.

Fue ese día en que se dieron cuenta que las palabras pueden tornarse en veraces acciones. Y si se pensaban que la diferencia de tamaño y sexo marcarían una diferencia, estaban completamente errados.

Aquel que era el líder estaba en el suelo, con aquella niña a la que despreció, encima, dándole lo que cualquier bravucón necesita para que las ideas cimienten adecuadamente.

—¡Les dije que lo dejaran en paz! —si los demás creían que se salvarían estaban locos. Ahora eran ellos los que habían empezado a correr alrededor del parque, intentando huir de quien tumbó sin mucho esfuerzo a su líder—. ¡Deben aprender su lección, niños tontos!

Y así lo hicieron en cuanto fueron alcanzados. Era irónico que fueran ellos los que salieran corriendo y amenazándole de que sus padres iban a saber de esto.

—¡Espero y hayan aprendido su lección! —les gritó a todo pulmón antes de que esos niños se perdieran en la lejanía—. Ey, ¿estás bien niño? —el chico a quien le había salvado el pellejo apenas se había puesto de pie.

—Nada que no tuviera bajo control —sacudió sus ropas y le sonrió, como si todos esos raspones no significaran nada.

—Siempre hay tontos como esos en todos lados —bufó—. No deberías dejar que se metieran contigo tan fácilmente. Al menos intenta defenderte —le regañó con enorme severidad—. Eres un chico, así que debes comportarte como tal.

—Eres una niña y actúas como una salvaje —refutó cantarinamente—. ¡Ey! —sus manos ahora sobaban el buen coscorrón que le propinó ella—. Eso dolió. Pegas muy duro.

—Tú eres un delicadito. Te van a comer vivo allá afuera —objetó—. Como sea, tengo que irme —poco le importaba que el overol que llevaba puesto fuera un rotundo fiasco y que tuviera polvo en todos lados.

—¡Ey vengan, Ōkami ha vuelto a pelearse!

—La ha vuelto a hacer —parecía que aquella pequeña riña había atraído rápidamente a un nuevo público; a niños que por lo visto conocían de antemano a la brusca jovencita.

—¡Que no me llamen así tontos! Tengo nombre y deben usarlo —recriminó a esos entrometidos; quienes solamente rieron ávidamente.

—¿Ōkami?

—Tú tampoco me digas así —otro buen golpe en la cabeza para el graciosito.

—¡No me pegues! —gesticuló, torciendo el ceño.

—¡Rayos, ya es tarde!¡Voy retrasada!

—Se ha ido...—ella le había dejado solo, con las palabras en la boca y una enorme confusión. ¿Quién iba por allí involucrándose en riñas que no le competían?

Ese silencio incómodo que tanto odiaba se hizo presente en cuanto su mente terminó de excavar dentro de las perecederas memorias de su infancia. Como si ahora no supiera qué decir con exactitud o como si se hubiera quedado perpleja ante lo que ella misma había hecho hace varios años atrás.

¿Por qué olvidó ese acontecimiento?¿Cómo es que él aún lo recordaba?¿Y qué tanto peso tenía aquel sobrenombre como para haberle traído a colación sus añorantes días de primaria?

—…Espero que hayas aprendido la lección después de ese día…—no le hacía ni la más mínima gracia que él conociera esa fracción de su pasado.

—Nunca me ha gusto ser violento —masculló, viéndole de soslayo con una suave sonrisa.

—Una cosa es que no te guste, y otra totalmente distinta que permitas que se metan contigo a diestra y siniestra —alegó, viéndole fríamente.

—Entonces, ¿cuál es el significado tras ese sobrenombre?

—Eres listo, piénsalo por ti mismo —incluso a ella le parecía lejano el motivo por el cual decidieron decirle de ese modo y olvidarse de que tenía un nombre como todos los demás—. No recordaba que nos habíamos visto antes.

—Lo sospechaba —¿por qué tenía que estar sonriendo en todo momento?¿Por qué le molestaba un poco que fuera así cuando en apariencia no existía nada malo en que fuera así de risueño?

—¿Sentiste curiosidad por la mocosa que se metió ese día en una pelea que no le concernía, y por eso diste por hecho que no había escrito esa carta? —ya iba siendo hora de ir conociendo los motivos ocultos de Miyuki—. No soy tonta, así que no creas que no me di cuenta. Y menos si ahora sé que me conociste de antes.

—Sabía que alguien como tú no podía escribir algo como eso —planteó. Ella se limitó a sonreír a medias; él había dado en el blanco.

—No sé tú, pero yo conozco a un par de personas que tienen diferencias conmigo —si ya sabía un poco de su persona, qué más daba ahora que le dijera eso; lo deduciría por mera lógica—. Y esa carta sería un buen modo de darme un escarmiento.

—Seguramente golpeaste a tantas personas que alguna querría vengarse de ti —se divertía con el predicamento de Sora. Ella lo notó sin esfuerzo, pero como muchas veces atrás, guardó la calma y dejó que su silencio le diera la razón.

—Si realmente se hubiera tratado de una chica enamorada de ti ya hubiera aparecido para reclamar el malentendido —pausó y observó la nula reacción del castaño—. Y sabiendo la molesta personalidad que tienes, no me sorprendería que alguien quisiera jugártela.

—Ambos hemos obtenido algo a cambio.

—Yo no lo veo de esa manera —ahogó aquel suspiro que amenazaba con abandonar su boca—. ¿Este es tu modo de fastidiarle los planes a quien haya hecho esto, no? Posiblemente esa persona no se haya esperado el giro inesperado de las cosas…

—Al menos ya no me molestan todas esas chicas —obviamente él es quien había obtenido los mejores beneficios de esa enorme mentira.

Es demasiado cínico. De manera que no me sorprende que se metieran con él esos niños. Aunque hay algo que no entiendo de su personalidad… Estoy segura que le estoy dando muchas vueltas a algo que no tiene tanta importancia —sacudió mentalmente la idea. No iba a empezar a analizar la psicología del chico—. Miyuki, ¿crees que después de que llevemos todo esto pueda irme a casa?

—¿Ah?¿Tan cansada estás?

—No en realidad, pero necesito hacer algunas cosas y a la hora que salgo eso no sería factible. Es por esta vez —prometió.

—No creo que haya problema alguno —dictaminó—. Estaba esperando otro tipo de reacción cuando se diera cuenta de los verdaderos motivos detrás de todo este teatrito. Pero parece que me he equivocado…—sonrió con enorme disimulo.

Nostalgia. Era así como le sabía el ambiente que le circundaba y que hacía tiempo no visitaba; tanto por tiempo como deseo personal. Pero no se había trasladado hasta allí para tener esa clase de pensamientos pesimistas, sino más bien para atender a lo que ese regordete y canoso hombre tuviera que decirle.

—De todas las personas que han venido hasta mí, eres quien mayor sorpresa me causó. Nunca imaginé que pudieras estar interesada en algo como esto —habló seriamente, descansando sus codos sobre la superficie de su despejado escritorio.

—Los tiempos cambian, ¿no es así, director? —postró su vista sobre el impecable piso alfombrado y enfocó su atención en el auto retrato que descansaba justo detrás de esa enorme silla negra de cuero.

—No muchos saben sobre este asunto.

—Alguien me pasó el recado —dijo sin más—. Y si es que sigue en pie es porque nadie ha cerrado trato con usted.

—Veo que estás muy decidida —espetó seriamente.

—Sólo quiero saber si tenemos un trato o no. De lo contrario me marcho que tengo otras cosas en mente por hacer.

—Mmm… Seguramente será problemático que un ex alumno preste ayuda a los actuales estudiantes del club, pero es innegable que naciste para hacer algo como eso. Y tras lo que ocurrió con Fuji…

—Es únicamente un sí o un no. No entiendo por qué se complica tanto —podría ser de mucha paciencia, pero él mencionó algo que no debía.

—Tenemos un trato entonces, Yuki-kun. Pero no quiero tener ni la más pequeña queja sobre ti o el trato se cancela y lo perderás todo —advirtió seriamente.

—Lo único que recibirá será buenas noticias, director —sonrió con confianza—. Es un placer hacer negocios con usted…—habrían de ser sus últimas palabras antes de abandonar la habitación y salir de una buena vez por todas de aquel colegio que le despertaba tantos recuerdos tan memorables como agridulces.

Debía admitir que estaba sumamente nerviosa y no podía relajarse ni un solo momento pese a que tenía a su lado la amable personalidad de Takashima Rei. Después de todo, el hombre no había despejado su atención del paquete de hojas que le había entregado y lo único que se recibía de él era su inmenso silencio.

Kataoka permanecía totalmente estático, en medio de la sala de profesores, leyendo con enorme cuidado lo que se planteaba en cada hoja.

—Esto es demasiado estresante. Al menos debería decir algo, lo que fuera.

—¿Qué te ha llevado a tener esta idea, Yuki? —ahora que al fin había hablado las buenas palabras se le escurrieron de las manos.

—No estoy en contra del menú que está establecido para los jugadores. Así que por favor, no piense que ataco al sistema. Es más bien una recomendación que contribuirá en cierta medida a que el crecimiento de los jugadores no se vea cortado.

—¿Fundamento? Aplicar un menú determinado a deportistas no es algo que se pueda hacer así sin más —quiso saber.

—Mi propia experiencia —especificó—. Yo no puedo comparar el deporte que practicaba con el que ellos realizan, pero tenía que estar muy al pendiente con lo que comía, la cantidad y los períodos en los que lo hacía porque eso repercutía demasiado en mi desempeño. Mi entrenador siempre me lo decía. Y por ello sé muy bien lo que un deportista debe comer, la frecuencia y la cantidad dependiente de la actividad física que realice y el esfuerzo motriz implicado. No estoy dándole esa información por sonar arrogante ni mucho menos.

—Te has esforzado bastante en proporcionar una serie de opciones de acuerdo a lo que se tiene en el comedor —felicitó, clavando esa caladora mirada en su persona—. Pero quisiera saber a ciencia cierta tus motivos.

—…Que el equipo esté lo mejor preparado posible para el torneo de invierno…—respondió en automático, sosteniéndole la mirada al entrenador—. Sé que piensa que estoy en todo esto por un asunto personal, pero no estaría haciendo todo esto solamente por una persona… ¿Hay algo de malo en que quiera ayudar con lo único que sé hacer bien?

—Tengo entendido que abandonaste tu antiguo club sin pensártelo siquiera dos veces —esa mirada era capaz de calarle. Ella se mantuvo firme con su convicción.

—Lo hice, pero en realidad jamás tuve intenciones de permanecer en ese club —añadió sin otra elección—. Pero tuve mis razones personales para ello. Lo cual no significa que sucederá lo mismo con mi papel como manager. Sin importar lo que suceda, no me iré de este club hasta que me gradúe —puntualizó tajantemente, con esas grisáceas pupilas incapaces de mentir.

—Confiaré en tu palabra. Así que no me decepciones y ve a hacer tu trabajo —sus palabras eran un poco más suaves y aprobatorias—.Deberás ingeniártelas para convencer a las cocineras.

—Descuide, tengo experiencia llegando a acuerdos —sonrió con entusiasmo. Estaba feliz de que las cosas hubieran salido bien—. Sin más nada que decir, me retiro entrenador. Lo veré en un par de horas en la práctica —se despidió y salió de allí sin más.

—Luce mucho más entusiasta que cuando se unió a nosotros —comentaba Rei mirando seriamente al entrenador.

Persuadir a aquellas amables mujeres de cambiar los menús diarios no era una misión imposible, pero si un tanto complicada. Pero probablemente si se explicaba cuidadosamente, ellas le entenderían y accederían a su particular petición.

Y tras aquel asunto resuelto, debía ocuparse del otro aspecto que tenía pendiente. Y ese era justamente el devolver esa libreta que no le pertenecía.

—Menos mal que alguien lo había encontrado —Haruno no podía sentirme más dichosa que en ese momento en que tuvo de vuelta en sus mano tan valioso objeto—. Muchísimas gracias, Sora.

—¿Otra vez perdiendo las cosas? Realmente no tienes remedio —amonestaba Yui.

—Debes ser más cuidadosa.

—Odio decir esto, pero terminé leyendo todo lo que allí ponía —confesó la pelinegra a sus compañeras. Éstas más que enfadadas parecían estar felices ante ese hecho. ¿Pero por qué? —. ¿Sucede algo?

—Estábamos preocupadas de que estuvieras aquí sólo por Miyuki-kun —habló Sachiko sin pelos en la lengua—. Para nosotros el equipo es muy importante y siempre estábamos esforzándonos por ayudar a los chicos en lo que podamos.

—Sería descortés que alguien estuviera aquí por mero capricho, ¿me entiendes?

—Lo comprendo, Yui —decía con una sonrisa forzada—. Estoy con ustedes chicas.

—Ahora llevemos las pelotas o los chicos comenzarán a desesperarse —sugería Natsukawa.

Pese al poco tiempo que llevaba dentro del club se había acostumbrado a las tareas que como manager debía de desempeñar, así como las horas de tiempo que debía dedicarle al club. Pero algo que siempre le dejaba tanto pensativa como asombrada eran la dedicación y perseverancia que cada jugador mostraba a la hora del entrenamiento; incluso aquellos que no formaban parte del equipo principal no se dormían en sus laureles.

No sólo estaba latente la frustración de haber perdido la oportunidad de llegar a las nacionales, sino también yacía la férrea convicción de superarse a sí mismos, de probarse que eran capaces de afrontar cualquier obstáculo por más grande que éste fuera. También estaba ese fuerte sentido de trabajo en el equipo, como si fuera un lema silencioso que todos conocían pero que ninguno gritaba a voces.

Sí, ese era el equipo de Seidou, vibrante, estrepitoso y hambriento de victoria.

Este es el equipo que tanto amabas y defendías, hermano. Ese que deseabas llevar hasta las nacionales, con el que querías llegar hasta lo más alto… Aún no son lo suficientemente buenos, pero…no se han dado por vencidos y siguen luchando por superar lo que pasó el verano pasado…—sonrió ante sus propios deseos, como si fuera una reacción involuntaria nacida ante sus propios pensamientos—…Y debo admitir que les tengo mucha envidia…

—¿A quiénes? —Sora se sobresaltó ante la repentina pregunta.

—¿Qué estás haciendo aquí?¿No tendrías que seguir entrenando? —regañó al peli verde en cuanto cruzaron miraron. Vaya manera de acercarse a su persona y meterle tremendo susto.

—Acabamos de terminar y vamos a comer. Vine a buscarte a petición de los demás —aclaró—. ¿Qué tanto murmuras?¿Te volviste loca ya?

—Por supuesto que no, Kuromachi —porque poco o nada le importaba golpearle la cabeza—. Solamente estaba teniendo mis momentos de reflexión.

—Estar con Miyuki ya te está haciendo daño.

—Más bien le echo la culpa a todos en general —empezó a movilizarse y el otro simplemente lo siguió sin entender bien—. Tengo hambre.

—Come con nosotros. Te desafío a que te acabes los tres platos de arroz —oh sí, ansiaba ver cómo la chica ingería todo eso para terminar corriendo al baño para vomitar. Era un poco perverso al fin y al cabo.

—Esos son muchos tazones de arroz —le regañó.

—Si logras comértelos todos te contaré un secreto vergonzoso de Miyuki para que puedas usarlo en su contra cada vez que se quiera meter contigo —esa propuesta era tan seductora como traicionera—. ¿Qué me dices?

No sólo eran esos tres tazones de arroz lo que habían causado su silencio total, sino el resto de comida que se encontraba en su charola. ¿Cómo se supone que pudiera comerse todo eso sin que quisiera devolverlo al poco rato?

Fue ingenua al creer que Kuramochi únicamente le daría el arroz para comer.

—E-Eso es demasiado…—fue el comentario de Eijun en cuanto contempló todo lo que tenía la pelinegra a la mesa.

—Podrías terminar enfermándote —dijo Kominato.

—Yahahahaha… Aún puedes echarte para atrás —le indicaba Kuramochi, sonriente y sin despegar su atención de ella; estaba sentado justamente al lado de Sora para ver todo con lujo de detalle.

—¿De verdad piensa comerse algo como eso?

—Es una locura.

—Va a vomitar —no se podía pedir discreción cuando todos esos tíos estaban en el comedor mirando discretamente hacia donde permanecía sentada la pelinegra.

—Sería muy cobarde claudicar ahora, así que asumiré las consecuencias de lo que sea que pase —tomó el primer tazón y de ese modo empezó la apuesta.

—No olvides la sopa y los acompañamientos —Youichi siempre tan atento.

—¡Vamos, vamos Yuki-senpai, usted puede! —allí el único que parecía estar del lado de Sora era el eufórico de Sawamura.

El primer tazón bajó fácilmente. Incluso la sopa de miso y el resto de acompañamientos quedaron en vagos recuerdos.

—Aún quedan dos platos —Kuramochi sentía la victoria en manos. Sabía que una mujer no podía ingerir más de lo que ya había llegado a comer Sora.

Era muy extraño que todos los chicos guardaran silencio de golpe y más a la hora de comida. No obstante, lo que estaban viendo los había dejado a la gran mayoría boquiabiertos. Así que incapaces de despegar su atención del último cuenco que terminaba de ser arrasado, contemplaron lo que podría considerarse totalmente improbable.

—…Demonios, tenía más apetito del que creía…—mencionó. Los que permanecían en su mesa no despegaban su atención de su persona; probablemente estaban aguardando a que potara en cualquier momento

—Oye, oye, esto no puede ser cierto —espetaba Kuramochi observando que la chica estaba totalmente tranquila, sin indicios de náuseas o algo parecido—. Deberías estar corriendo al baño en este momento.

—¡Eres increíble, Yuki-senpai! —alabó Eijun con sinceridad y una sonrisa eufórica en sus labios. Él la primera vez que tuvo que comer tanto terminó desfalleciendo allí mismo.

—Te ves totalmente bien —Haruichi estaba asombrado y no era el único.

—¿Cómo es que conserva esa figura si come tanto?

—¿Acaso es normal?¿Será porque es hermana del ex capitán?

—Estoy esperando escuchar ese vergonzoso secreto, Kuramochi —un reto era un reto y había llegado el momento de cumplir.

—Pues verás, esto sucedió cuando…—lo mejor era susurrárselo directamente al oído. Era información confidencial y no debía ser escuchada por nadie más.

—¿De verdad? Me cuesta créemelo.

—Créeme, todo lo que te digo es cierto —aseveró.

—En el fondo realmente se quieren mucho y son buenos amigos, ¿verdad? —lo dijo con todas las intenciones de cabrearlo. Kuramochi gruñó ante "semejante insulto"—. El que te enfades tanto solamente me da la razón.