¡Buenas noches! Hoy se cae el cielo porque me he dignado a aparecer XD Es que me he tomado unos días del trabajo y me dieron ganas de escribir después de ver el hermoso capítulo de este lunes. Así que por eso he venido para darles un poco de comedia y feelings. Ya saben, lo de siempre *3*9 ¡Disfruten la lectura y ya nos estaremos viendo en algún futuro! Matta ne~
Capítulo 9
Mirror
En cuanto descendió por esas rechinantes escaleras pudo sentir cómo el olor a humedad y polvo se estampaban de lleno contra sus fosas nasales, provocándole un ataque casi frenético de estornudos. Sencillamente nadie podía estar allí abajo sin sufrir semejantes consecuencias.
O así lo pensó hasta que contempló a esa vieja compañera suya con un cubre bocas, el pelo perfectamente recogidos y todas las ganas de acomodar y limpiar cada objeto que había sido almacenado por años en ese frío lugar.
—¡Yuki-san! —esa voz chillona en combinación con la euforia que imprimía en su lado era más que suficiente para molestar cualquier oído sensible.
—Estoy bastante ocupada como para estar lidiando contigo en estos momentos, Kokone —su mirada no se despegaba ni un solo momento de la tarea que tenía entre manos—. Así que te pediré que vuelvas en otra ocasión.
—¡Yuki-san, tengo importantes noticias para ti!
—¿Por qué estás ignorándome? —suspiró con fatiga y no tuvo mayor elección que dedicarle una mirada a tan hiperactiva muchacha—. ¿Por qué mi madre te habrá dejado entrar en primer lugar?
—Míralo con tus propios ojos —la muchacha liberó de su bolsillo un panfleto que estaba doblado cuidadosamente. Y en cuestión de nada se lo entregó—. Es dentro de unos días. Sería grandioso que pudieras asistir. Ya les dije a todas las demás que irás.
—Ungh… Pero si esto es…—sus manos instintivamente sujetaron el pedazo de papel con la fuerza suficiente para corrugarlo.
—Pero eso no es lo mejor… Esa persona también estará allí… Es la oportunidad perfecta para devolverle el favor…¿No lo cree así, Yuki-san? —podía escuchársele sumamente motivada, pero al mismo tiempo, existía un tono rasposo de aversión.
Sora guardó silencio tras su confesión, pero no espetó palabra alguna. Ni siquiera un pequeño monosílabo escapó de sus labios. Lo único que quedaba a la mirada de todos era esa plana sonrisa que escondía más de lo que su mirada era capaz de proporcionar.
—No estoy interesada en algo tan infantil como eso —ese anuncio no era más que una bola de basura que había sido apilada junto con el resto de barreduras que había acumulado hasta ese momento—. Y lo mejor será que te olvides de ese tema de una buena vez por todas.
—Pero Yuki-san…—no quería desistir sobre el tema porque estaba consciente de lo que significaba para esa terca senpai suya.
—…Ella es problemática…No querrás terminar del mismo modo que yo, ¿o sí? —no estaba amenazándole. Solamente le estaba advirtiendo sobre lo que pasaría si continuaba presionando sobre algo que no le competía; ese era su manera de preocuparse por su seguridad—. Yo tuve suerte en esa ocasión… Pero cosas como ésas no suceden siempre…
—Lo sé muy bien —agachó su ambarina mirada y sintió cómo el arrepentimiento zarandeaba cada fracción de su pequeño ser. Estaba avergonzada por ser tan egoísta y actuar solamente por su mera conveniencia.
—Si lo entiendes, está bien —suavizó un poco el tono de su voz. Tampoco estaba deseando ser una completa tirana con la pobre chica—. Y si tienes tanta energía, ven y ayúdame con todo esto.
—¡Claro que sí, Yuki-san! —y nuevamente se llenó de ánimos. Era bastante voluble.
—Ambos eventos tenían que ser precisamente el mismo día… Justo cuando Seidou enfrente a Ugamori… Qué extraña coincidencia, ¿no?
Un par de manos extras siempre es algo beneficioso, especialmente a la hora de limpiar. Y gracias a ello ya habían terminado y podían darse el lujo de tener una pequeña merienda.
—Las cosas que cocina tu padre siempre son deliciosas —Namikawa era feliz con el obento que el padre de la pelinegra les había preparado antes de irse a abrir el restaurante.
—Jamás pensé que hubiera tanta basura aquí.
—Ey, Yuki-san —le llamó y ésta se limitó a escucharle—. ¿Es cierto que estás saliendo con ese tal Miyuki-baka?
—Ese es un buen apodo… Aunque…¡¿cómo demonios sabes tú eso?! Tu escuela está del otro lado de la ciudad —espantarse no estaba de más, no cuando un chisme como ése había sido esparcido hasta allí. Había llegado la hora del pánico.
—Tengo compañeras de equipo que tienen amigas en tu escuela…
—Eso sigue sin aclarar nada, ¿sabes? —su momento de paz había sido perturbado nuevamente y por el mismo sujeto. De verdad que ya urgía que el de gafas le cortara de una buena vez por todas.
—Ah, es que al parecer en mi salón de clases hay una chica que estuvo en secundaria con él…y creo que fueron algo más que meros amigos…—canturreó en voz baja, como si se tratase de un secreto nacional.
—De modo que antes sí era semi normal y todo —masajeó su barbilla y meditó sobre los posibles problemas que podrían venírsele encima con esa supuesta chica.
—Y por lo que me cuentan se le veía muy sorprendida por la noticia… Supongo que no creía que él se echaría novia después de ella…
—Siento que me han insultado —se quejó, torciendo el entrecejo.
—En realidad lo han hecho, Yuki-san.
—Gracias por solventar mi duda —ironizó.
—Pero no tiene nada de qué preocuparse —aseguró, sonriente—. Yo misma les he dicho que la actual novia de Miyuki-baka es una chica hermosa, de buen cuerpo, buena en los estudios y atlética por naturaleza. Y que claramente tiene un mundo de cualidades —alguien estaba muy feliz por la promoción que había estado haciendo a las espaldas de Sora.
—…Acabas de cavar mi propia tumba, Kokone…—justo lo que le faltaba, que alguien se dedicara a echarle flores a su persona. Ahora en definitiva no podía estar más jodida.
—Usted puede ser todo eso y más si se lo propone —le echaba porras con una miradilla de cría que al fin ha podido reunirse con sus más amados idols.
—…Eres…demasiado fantasiosa…—jaqueca, así se llamaba lo que estaba a punto de darle.
Levantarse temprano se había convertido en parte de su rutina diaria. Pero a lo que aún no se acostumbraba era a lidiar con la euforia que su padre experimentaba por el béisbol y lo que esto ocasionaba cada que se enteraba que debía ir a un partido oficial a echar porras.
Era así como terminaba llamando al resto de las managers para que le dieran una mano y poder de ese modo, llevar esos paquetes de obento para los jugadores de Seidou.
—Apenas y lo logramos —Haruno había sorprendido a todas por no tropezarse con nada en ese día.
—Tu padre nos ha dado bastante —Yui miró esas tres cajas llenas de almuerzos. Todos lucían impecables y con una buena porción de carne.
—Así es él… Se emociona como un niño en una juguetería —comentaba Sora para las chicas mientras jugaba con el megáfono que tenía en sus manos—. Y por eso he terminado con todos estos obento… ¿Por qué no tengo padres normales como el resto?
—Será mejor que nos formemos pronto. Que el juego no demorará en dar inicio —sugirió animosamente Natsukawa.
—Suena bien —agregaba Yuki—. A esta hora debería de estar dando inicio… Para haberle dado ese sermón a Kokone, estoy muy ansiosa por saber lo que ocurrirá allí… Qué hipócrita me he vuelto…
Había intentado concentrarse en el partido, en todos esos giros cargados de adrenalina y tensión que volvieron locos a cada uno de los miembros de la audiencia. Sin embargo, lo único que podía hacer era imitar las acciones de sus compañeras y fingir que tenía la cabeza allí y no en otro lugar.
Y para cuando al fin pudo centrarse, ya era demasiado tarde para emocionarse o lanzar alguna buena porra. Seidou se había alzado con la victoria en un cierre espectacular que solamente alguien como Sawamura Eijun era capaz de ofertar.
—Bien, vayamos con los chicos ahora. Deben de estar hambrientos —propuso Yu.
—El partido ha estado espectacular —y las palabras de Haruno no estaban erradas en lo más mínimo. Solamente que Sora no había estado viendo realmente el partido.
—…Sí. Sawamura lo ha hecho muy bien —comunicó con una sonrisilla. Debía parecer lo más enterada del partido o podrían empezar a cuestionarle sobre si le pasaba algo—. Iré al tocador. Las alcanzo en el autobús —se despidió sin más y salió de allí calmadamente. Lo mejor era reordenar sus ideas y sacarse unos temas de la cabeza—. Debo recordar cambiar de número…—su buzón de mensajes nunca se percibió tan numeroso como en ese instante. Durante todo el partido los había estado recibiendo y cada uno de ellos pertenecía a un grupo de chicas que ella conocía a la perfección.
No es que fuera torpe, sino más bien que no tenía la mirada puesta donde correspondía y eso irremediablemente le llevaría a chocar contra alguien que fuera en dirección contraria a la suya.
—¡…! Lo…siento —se excusó tan pronto se puso de pie y se percataba de quién había sido su víctima—. No estaba viendo por dónde iba.
—No te preocupes. Yo también estaba despistada…—fueron las amables palabras que surgieron de la jovencita que recién se había levantado del suelo.
—Bueno, hay que tener más cuidado la próxima vez —agregaba Sora con cierta pena. Odiaba ser patosa—. Lindo día —fue su despedida antes de continuar todo recto y poder llegar al punto al que quería llegar—. Ya quiero que este día termine…
Pudo haber tomado la misma ruta para volver con el resto del equipo, pero decidió una alterna y que la pudiera librar del gentío. Misma que le llevaría hasta una incómoda posición. Había sido un mal día para ir por allí con el uniforme de Seidou y toparse de lleno con los jugadores que habían perdido contra su equipo.
—Ah…¿Buenas tardes…? —no extrañaba que todas las miradas se clavaran en ella en cuanto la vieron—. ¿Y si finjo demencia y continúo derecho?
—Pero si es Sora-chan —tanto Yuki como el resto del equipo estaban más que confusos ante lo que había surgido de la mal hablada boca de Seiichi.
—¿La conoces, Ume-chan? —interrogaba Kondou.
—Así es —Umemiya no se cortaba con nada. Allí estaba con esa sonrisa socarrona y esa mirada encendida.
—¿Sei…? —parpadeó varias veces antes de que asimilara la situación. Ahora recordó que no estaba al tanto de los miembros del equipo de Ugumori y no lo notó cuando jugó porque estaba en las nubes.
—¡¿Por qué me miras como si estuvieras sorprendida, eh?! —se quejó con justa razón.
—¿Acaso serán viejos conocidos?
—Ambos se están llamando por su nombre —obviamente los murmullos no se hicieron esperar y menos teniendo algo de lo que podían sacarle mucho jugo.
—Dudo que sea su novia —reía uno al fondo—. Alguien como Ume-chan no podría conseguirse una chica como ella.
—¡Ey, idiotas, cállense! —les gritoneó a todo pulmón y con muchas ansias de golpearlos. Si serían cabrones sus queridos amigos.
—Sigues igual de ruidoso…—decía la pelinegra—. Supongo que unas palabras de ánimo estarían bien para la ocasión, ¿no?
—¡Ni se te ocurra! —le replicó—. Mejor ve y molesta a alguien más —sí, Sora había recordado en cierta parte la clase de relación que ambos compartían. Y claro, Seiichi tampoco demoró en conmemorarlo también.
—¿Estás despreciando mi buena voluntad, Seiichi? —quizás él podría sacarle casi veinte centímetros de altura, pero eso no le impedía lograr que se pusiera a su altura mientras jalaba sus mofletes.
—N-No, claro que no…—a todos los presentes no sabían qué le causaba más gracia, que una chiquilla estuviera poniendo en un predicamento a su estrella o que él se hubiera aplacado tan fácilmente.
—Nunca creí encontrar a alguien que te contuviera tan fácilmente, Umemiya-kun —porque esa sonrisa angelical de Nao siempre escondía dobles intenciones—. Cuando gustes puedes venir a visitarnos.
—¡No la invites! —vociferó la futura víctima.
—Deja de quejarte por todo —le recriminó—. Yuki Sora, mucho gusto —se presentó ante el manager del equipo en cuanto dejó de maltratar al gamberro.
—Matsubara Nao, encantado —Umemiya estaba aterrado por lo rápido que esos dos habían congeniado. Ya hasta estaban hablando tranquilamente.
—…Nada bueno surgirá…de que estos dos se junten…—al parecer sólo Seiichi podía oler el peligro de tan sana convivencia.
—Sei-chan, nos veremos en otra ocasión —una oración tan simple le regresó la serenidad al pobre pitcher, pero a la vez le causaba cierta controversia—. Hazle caso a Nao y sigue sus entrenamientos.
—¡Es un demonio! —refutó—. Además, ¡¿ya tan rápido y le llamas por su nombre?!
—Él me dijo que no había problema —sonrió burlonamente—. No seas celoso que a ti también te llamo por tu nombre —que Umemiya fuera rudo e imponente no significaba que podía serlo con las chicas y menos cuando le lanzaban un guiño así de pícaro.
—¡Se ha sonrojado! —y más risas se acumularon ante el momento de vulnerabilidad que el As estaba mostrándoles. No lo habían visto así desde que lo conocían.
—¡Deja de hacer eso de una buena vez! —Sora únicamente ignoró su rabieta.
—Antes eras más divertido, Sei-chan.
¿Más valía tarde que nunca? Al menos esa era la norma que Sora quería aplicar para cuando retornara con los chicos. Gracias a que se encontró con Umemiya en el camino se distrajo un buen rato charlando con él y con aquel simpático manager.
Había sido un mal día para ser alguien social. Aunque por lo menos agradecía que el equipo estuviera siendo entretenido por el entrenador y apenas estuvieran ascendiendo al autobús. Pero eso al mismo tiempo la había condenado.
—¿Qué…significa todo esto…? —ser la última en subir al camión no era algo malo ni le importaba. Pero lo que sí le calaba era que el único asiento que quedaba libre estuviera justamente al lado del fastidioso capitán de Seidou. ¿Cómo podía ser eso posible? —. Esto tiene que ser obra de él —en cuanto miró a Kuramochi, éste simplemente sonrió más que divertido. Y el resto del equipo parecía compartir sus ánimos—. Vas a pagarme cada una de tus bromitas, Kuramochi.
—Creía que sólo Sawamura se perdía en el estadio, pero veo que otras personas también —porque no había nada más agradable que recibir comentarios así en cuanto se toma asiento y se intenta olvidar que se ha tenido un día cansino.
—No me perdí —aclaró, cruzándose de piernas y dedicándole su más cabreada mirada al castaño—. Me entretuve platicando con un viejo amigo, es todo.
—Por cierto, ¿por qué te has sentado aquí? —bravo, alguien quería hacerla explotar esa tarde.
—¿Quizá porque no hay otro lugar y los posibles asientos que deberían estar libres los ocuparon para poner sus maletas? —menos mal que el camión ya había empezado a moverse. Entre más rápido llegaran, mejor para ella.
—Alguien parece tener un mal día —nada como burlarse un poco de ella.
—Felicidades por su victoria —se tranquilizó tanto como pudo y optó por encararle desde otro ángulo.
—Todavía queda una brecha por zanjar, pero ya estamos mucho más cerca de nuestro objetivo —el impulso ganado por su victoria estaba presente tanto en él como en el resto de los jugadores. Las motivaciones sobraban y la perseverancia no faltaba en ninguno de ellos. No obstante, estaba ese pequeño ruido, fastidiándole y orillándole lentamente a perder el rumbo de su convicción.
—Pues vaya que suenas súper motivado —a su parecer sus palabras sonaron demasiado genéricas para alguien que había ganado—. Ser capitán debe ser un verdadero dolor de cabeza.
—Hmm.
—…Es en ese momento cuando la gente empieza a tener más expectativas sobre ti y creen que eres capaz de cumplirlas sin derramar ni una sola gota de sudor —Miyuki optó por quedarse callado. Una parte de él sentía curiosidad por lo que tuviera que decir y al mismo tiempo, era como si tratara de encontrar algo dentro de su palabrería. ¿Pero qué? —. En ese preciso momento te conviertes en una especie de imagen impecable que debe mantenerse de pie al filo del cañón ante cualquier inclemencia. Debes ser fuerte ante todo pronóstico…—calló por unos cuantos segundos, entrecerrando su mirada. Su única vista era el asiento delantero y nada más—. Posiblemente suene muy drástico, pero…es como si tuvieras la necesidad de olvidarte de tus propias debilidades y miedos, y tuvieras que concentrarte en el modo de solventar esos problemas en todos ellos que te miran así…—no era una sonrisa como tal la que quebrantó el estoico rostro de la chica, pero tampoco era un gesto que reflejara plena satisfacción por su propia conclusión—. Sí, todo tiene pinta de que ser capitán realmente apesta, ¿no?
—Cada quien tiene su propio punto de vista al respecto —su mirada se había concentrado en el fragmento de atardecer que su ventanilla le permitía admirar. Estando de ese modo sólo podía percibir lo que estaba más allá del cristal y a su propio reflejo—. No estaba esperando tener esta clase de conversaciones con ella. Además, algo no parece encajar…
—En eso tienes mucha razón —agregó, sonriendo fugazmente—. Pero tampoco significa que todo sea malo… La satisfacción de fortalecerte a su lado y que confíen en ti tan plenamente, es posiblemente una de las mejores dichas que se pueden llegar a tener…
Le miró de reojo por mero acto reflejo. Lo último dicho parecía haber tocado una fibra sensible en su persona. La misma que le hizo conmemorar las razones por las que se convirtió en el capitán, la incógnita de por qué Tetsuya lo consideró como el mejor candidato a dicho cargo y a la vez, los roces que había estado viviendo con los miembros de su equipo.
Sí, existían demasiadas preguntas y no tenía nada claro. Lo único que había estado haciendo hasta ese momento era seguir la corriente y tratar de cumplir con las expectativas que todos pusieron en él.
¿Era eso lo correcto?
—Te oyes como toda una experta —inquirió con una sonrisa bribona. Jamás se mostraría perturbado ante nadir y menos frente a ella.
—Sólo doy mi punto de vista objetivo —comunicó—. Para mí es fácil decirlo, porque no lo he vivido. Pero supongo que algo de verdad debe de haber en ello… Tú eres el capitán, así que sabrás.
—Exageraste en todo —mencionó campante, con esa risilla que incitaba a Sora a querer golpearle.
—Mejor quédate callado. Me agradas más así —tan pronto y se había arrepentido de ser buena gente con el castaño—. Vaya manera más divertida de terminar mi día.
No era sorpresa para ella permanecer más tiempo del necesario dentro de aquel campus, ni siquiera cuando recién habían vuelto de un partido oficial, así como tampoco que esos jugadores aún estuvieran en el comedor hablando de la victoria de ese día; sino más bien esa tensión que imperaba dentro del lugar y que había surgido en cuanto Zono y Miyuki cruzaron palabra.
—Este ambiente es asfixiante…—por mero acto reflejo se hizo a un lado, dejando pasar a Kazuya. Por lo visto no estaba interesado en continuar más tiempo allí—. Escuché por Kuramochi que esos dos estaban peleados, pero no pensé que siguieran con ello.
—Pensé que ya te habías ido —ese era el peli verde quien miraba a la joven acercarse hasta donde estaba él, peleándose con el pobre de Eijun.
—Se me hizo tarde, como siempre —tomó asiento y enfocó su mirada en ese intimidante bateador—. Me sorprende que sigan con esos roces —Youichi se calló y observó a ambas partes.
—Él es quien no lo entiende —añadió aún molesto.
—Ambos tienen la razón —claramente Kuramochi compartía su punto de vista, pero no iba por allí echándoselo en cara a alguien tan volátil como Zono—. No tiene caso enojarse por algo que no pueden decidir ninguno de los dos.
—¡Lo ha dicho!¡La ha hecho en grande! —Youichi no estaba sorprendido de que ahora ese bateador estuviera más que encendido por lo que la pelinegra había dicho.
—¡¿Qué has dicho?!
—Que no tiene sentido que se estén peleando por una diferencia de opiniones cuando aquí el único que importa y tiene la última palabra es Watanabe-kun —estipuló firmemente y sin despegar su atención del muchacho—. No puedes obligar a nadie a permanecer en un equipo si él no quiere, por la razón que sea. Y tampoco está mal indicarle que es un miembro importante y debería pensárselo dos veces antes de claudicar. Pero corres el riesgo de que sólo se quede porque ha sentido presión en esas palabras de ánimo…—todos permanecieron en total silencio. En cierto modo quedaron pasmados por lo poco que le importaba a esa chica decirle las cosas en la cara a alguien como a Kenta—. Deben dejar que él mismo decida si quiere quedarse o no, pero basado en sus propias convicciones y deseos… Ustedes solamente pueden alentarlo, pero no influir sobre su decisión… No serán ustedes los que se arrepientan después…
—¿Has venido a decirme eso para defenderlo? —a su parecer era la razón de todo ese sermoncito.
—Lo que he dicho ha sido por mí y nadie más, Maezono —siseó secamente—. Es mi opinión al respecto y la de nadie más… Pero puedes tomarla como una agresión si así lo prefieres —bien, oficialmente esa chica tenía un temple digno de la hermana de Tetsuya. Pero al mismo tiempo, y sin demasiado esfuerzo, comprendieron que su mal carácter podría ser algo con lo que serían incapaces de lidiar—. Solamente dejen de comportarse como un par de niños de primaria que en verdad es patético —y podrían continuar con la plática pero la chica optó por irse de allí sin más.
En cuando abandonó el comedor y giró hacia su izquierda, más que con la convicción de marcharse y dejar de estar armando más jaleo, entendió que debía empezar a ser más precavida con lo que decía y en dónde lo hacía.
—¡¿No se supone que ya se había ido?! —se quedó totalmente helada en cuanto vio al muchacho sentado junto al banquillo que había justo al costado de la expendedora de bebidas—. Dudo que haya escuchado lo que dije… Espero que no o empezará con sus burlas.
—Empiezo a creer que quieres venirte a vivir aquí —fue su modo particular de saludarle.
—Suena bien, excepto por los entrenamientos infernales y que te vería más horas de las necesarias —comentó dulcemente.
—No tiene sentido que te metas en asuntos que no te competen —eso dejaba claro de que le había escuchado. Ella maldijo su mala suerte.
—Expresar un punto de vista no es meterse en los asuntos de terceros. Es una opinión al fin y al cabo. Que puede ser tanto ignorada como considerada —Kazuya suspiró ante la buena respuesta de Sora—. Te ves espantoso.
—Tú también.
—Mi caso está justificado —obviamente no se iba a dejar de sus abusos verbales—. ¿Sigues dándole vueltas a ese asunto? —ya se le había hecho tarde, qué más daba que se quedara un poco más a hablar con el castaño. En cierto modo ella también se relajaba charlando al respecto—. Entre más lo pienses es peor, al menos en tu caso —se sentó a su lado y miró hacia lo alto del cielo. Había unas pequeñas estrellas que brillaban tímidamente para ella.
—Tú misma te lo has preguntado.
—Pero es más simple para mí hallar la respuesta que tú —aseguró firmemente—. En cierto modo, creo que tengo una vaga idea al respecto… Pero los dos sabemos que lo que pasa por la cabeza de Tetsu es un total enigma.
—Tú también fuiste capitana…¿no es verdad? —nadie podría darle unas palabras así sin haber estado en esos zapatos.
—¿Qué te hace pensar una tontería como ésa? —le miró por el rabillo del ojo y observó claramente esa cínica sonrisa que invadió sus labios. Allí tenía su respuesta silenciosa—. El punto es que no eres tan malo como piensas… Y en cierto modo es normal que estés tan perdido y con esos conflictos de por medio —no le gustaba hablar sobre su pasado y mucho menos tocar esa parte que decidió borrar para su propia conveniencia. Sin embargo, estaba acorralada y no tenía mayor sentido el continuar negándolo—. Fui yo la que me condené sola al hablarle sobre eso de regreso acá… Para muchos es fácil hablar al respecto, pero hasta que no estás en esa posición, no entiendes lo que en realidad significa tener una posición donde todos te miran y juzgan.
No existía ninguna sonrisa sobre sus labios, tampoco ese ánimo burlón que siempre le acompañaba. Pero si podía sentir esa extraña punzada sobre su pecho, incordiándole de un modo extrañamente agradable. Era una mezcla irracional entre confort y pesadez. Una que estaba empezando a aligerarle.
Sus palabras podrían haber pecado de simples y directas. ¿Pero es que era necesario expresarlas de otro modo para que entregaran su mensaje?¿Acaso estaba esperando a que fuera precisamente ella la que tuviera que decirle algo como eso?
Se sentía ridículo por haberse expuesto de un modo como ese. Tal vez porque consideraba que una debilidad como esa no era permitida para alguien que ostenta el título de capitán.
—…Nunca sabrás lo que pasa si no lo intentas hasta el final… ¿No lo…? —fue incapaz de completar su interrogante en el instante en que sintió ese peso extra sobre su hombro. Ése que le indicaba que el silencio sembrado iba más allá de la incomodidad que le producía al castaño hablar sobre ese tema—. ¿Miyuki…? —el cansancio acumulado en conjunto con el estrés que había estado viviendo al fin le pasaron factura al animado cátcher y le doblegaron en el momento menos oportuno posible. ¿Qué se suponía que debía de hacer con ese dormido chico que había usado su hombro como una almohada provisional?—. Se quedó totalmente dormido… Supongo que en algún momento va a despertarse…—y simplemente se limitó a sonreír discretamente.
