Muy buenas tardes a todas :D Espero que estén teniendo una buena semana y hayan disfrutado del capítulo de DnA de este lunes O Porque yo sí y me duele saber que ya se va a acabar TT_TT Pero al menos tenemos el manga (?); si se dignan a traducirlo ¬_¬ a una lengua más entendible para el resto de los mortales. Pero pasando a tema, ya les traigo la continuación. La iba a subir ayer, pero creo que me odia y no quería dejarme iniciar sesión…así que GG para mí. Y de paso darle las gracias a Shirakaru Kazuya tanto por su review como por darle Fav a la historia y que prepares tus feelings porque esta historia no será corta y soy conocida por ser una autora de Angst total e_e. ¡Sin más, disfruten la lectura y nos veremos cuando los astros vuelvan a alinearse! XD
Capítulo 10
I'm
—Se me hace de lo más raro que vengas a mi salón de clases a almorzar conmigo, Miu —Sora había empezado el día con pie derecho, hasta el punto en que ninguno de esos dos burlones beisbolistas se encontraban cerca.
—¿Hay algo de malo en que venga a visitar a mi amiga de toda la vida? —preguntó con drama y lagrimillas falsas incluidas mientras se deslizaba hasta su pupitre y se acomodaba para comer amenamente frente a la pelinegra.
—Bueno, llevo en esta escuela prácticamente dos meses y en todo ese tiempo es la primera vez que vienes a desayunar conmigo —si buscaba exactitud, ella la tenía—. Así qué dime, ¿qué es lo que quieres?
—Sabes que Kenichi era muy acaparador y siempre deseaba que estuviera con él a la hora de los almuerzos —contó, con aquellos palillos de madera en su mano derecha, apuntándole.
—¿Era?¿Acaso terminaron? —si su premisa era cierta eso explicaría por qué estaba allí.
—No entiendo a los hombres y su fetichismo con los pechos grandes. Esas cosas no son más que cúmulos de grasa que tarde o temprano terminarán siendo víctimas de la gravedad —era sorprendente que pudiera comer con la misma velocidad con la que se quejaba de la obvia bajeza que le había aplicado su ahora ex pareja—. Y no lo digo por ti Sora. Tú tienes la copa correcta: ni muy poco ni mucho.
—Sinceramente siempre pensé que era un idiota —ella por su lado bebía tranquilamente de su leche de fresa—. Pero no te quejes. Siempre sales con los chicos más populares y bien parecidos… Tienes esa pequeña fijación —la regañó. La pelirroja simplemente suspiró, dándole la razón.
—No todos eran malos, Sora —ella sabía que había hecho buenas elecciones aún con todos sus malos aciertos—. Yoshima era muy detallista y siempre me esperaba después de clases.
—Terminaste con él porque intentó sobrepasarse contigo cuando fuimos a ese paseo escolar.
—Ah, es verdad… ¡Aunque! Reiji era un chico de familia, con buenos principios y todo un caballero.
—Se dejaba manipular por su hermana mayor y por eso terminó contigo…—aclaró, por si se le había olvidado—. Y el resto de la lista tampoco es muy memorable.
—¿Por qué demonios dejaste que anduviera con chicos como ésos? Eres mi amiga y tu deber moral era detenerme —ahí estaban esos ojitos de cachorrito abandonado bajo la lluvia que funcionaban con todos menos con ella.
—…Decías que les tenía manía porque eran bien parecidos y me dijiste que estaba exagerando al decirte que debías pensártelo antes de salir con alguno de ellos…—obviamente la oji verde recordaba ese sermón, pero ahora prefería hacerse la occisa—. Pero vele el lado positivo, ya tienes tiempo libre y puedes ocuparte en hacer lo que más quieras.
—…Olvidaba…lo fría que puedes llegar a ser para estas cosas…—su rostro tenía una panorámica maravillosa del pupitre que estaba empleado. Alguien parecía estar en verdad deprimida.
—Ni siquiera lo querías. Solamente te atraía por su exterior —sabía cuándo comenzaba con sus exageraciones sentimentales—. Te ha gustado ser el centro de atención desde que te conozco.
—Solamente quiero un chico que me entienda, que no le importen mis defectos, que sea cariñoso, que me haga reír y que también sea detallista… Que tengamos algunas cosas en común… ¿Es mucho pedir? —versó, levantando su rostro hacia su amiga. Parecía que sus peticiones eran reales.
—Podría presentarte con algunos amigos que tengo. Seguramente uno entiende tu incomprendida alma —se lo decía en serio, pero también se estaba burlando.
—Sora agradezco tu aprecio, pero…dudo que alguna de tus amistades sea capaz de entenderme —¿de dónde venía tanto cinismo y soberbia? La pelinegra optó por seguir comiendo y no decir nada más—. ¿Y si vamos de compras hoy saliendo de clases?
—Tengo todas las tardes ocupadas. Y ahora también las noches —le dejó más que claro que una experiencia como ésa no sería viable con su actual estilo de vida.
—Al principio pensaba que sería divertido que estuvieras en el club de béisbol como manager, porque sé lo mucho que odias hacer esa clase de tareas, pero ahora ya no pienso lo mismo —bufó, cruzándose de brazos—. Creo que hasta le estás tomando el gusto.
—Como dije, no tengo nada mejor que hacer por las tardes.
—Con que aquí estabas —Yuki sólo rodó los ojos en cuanto vio entrar al salón a cierto primer bateador. Uno que traía dos bolsas de frituras consigo—. Te he estado buscando desde hace rato. No vas a creer lo que ha hecho Sawamura —guardó silencio en cuanto se percató de que la oji gris no estaba sola, como era usual a la hora del almuerzo y que la persona con la que estaba era de lo más llamativa.
—Funaki Miu —presentó Sora a su particular amiga.
—…Kuramochi Youichi —su atención había pasado de la pelinegra a la extraña. Examinó con cuidado esos curiosos ojos verdes y esas tímidas pecas que apenas y se divisaban sobre sus mejillas y nariz. Se percató a sí mismo del suave maquillaje que portaba y su ondulada cabellera que llegaba a media espalda—. Es un gusto —extendió su mano hacia ella con cordialidad y ella pronto le regresó su gesto; aun cuando eso significaba ponerse de pie.
—Espero que mi amiga no esté dándole problemas —agregó, sonriente.
—Para nada —comentaba el muchacho, con una sonrisilla de oreja a oreja—. Es nuestro estúpido capitán el que está causándole cada clase de inconvenientes. Nos disculpamos por ello —si el agraciado rostro no era suficiente para sus estándares, el resto de su anatomía se encargaría del resto.
—¿Uh?¿Está siendo…amable?¿Él, de verdad? —Sora permanecía en total silencio, viendo la escena. Lo único que recordaba del peli verde eran sus majaderías hacia Eijun, sus comentarios burlescos hacia ella y lo mucho que gustaba de meterse con Miyuki. Pero no estaba imaginándose que pudiera ser bien portado, condescendiente y amigable a ese nivel—…Quizás estoy pensando demasiado las cosas…
—Ya te hablaré en la noche, Sora —se despidió de ambos con una pequeña sonrisa.
—Este sabor es extraño, pero bastante bueno —alguien había optado mejor por ponerse a probar uno de los empaques de papas. Justamente las que sabían a tocino con queso y algas marinas.
—¿Y desde cuándo se conocen? —Youichi por su lado prefirió quedarse con las frituras sabor a pulpo.
—¿No me digas que te llamó la atención? —claramente estaba esperando que él le dijera que no—. La conozco desde que íbamos en primaria. Fuimos a la misma secundaria y ahora nos encontramos aquí por casual —el moreno estaba prestando atención a sus palabras, por primera vez—. Y por esa razónte recomiendo que vayas por otra chica.
—¿Por qué lo dices? —parpadeó confundido un par de veces. Incluso se sentía un tanto insultado.
—Porque ella no te conviene en lo más mínimo —Kuramochi no estaba muy seguro del porqué de sus palabras. De hecho estaba esperando una reacción totalmente opuesta de su parte.
La práctica había dado por terminada y eso sólo significaba que podían romper filas y darse una refrescante y ansiada ducha. Y aunque muchos ya se habían dispersado, existía un pequeño grupo que todavía permanecía por los alrededores, un tanto curiosos.
Y fue así que mientras cierta personita se encargaba de terminar de limpiar el balde de pelotas que tenía frente a ella, Kuramochi y compañía le miraban desde la distancia.
—¿No creen que está siendo muy pasiva todos estos días? —fue la pregunta casual que emergió de los labios de Youichi.
—Me parece de lo más normal —alegaba Sawamura mirando la escena sin darle mucha importancia.
—Pero generalmente se le veía poco contenta cuando le ponían a hacer esa clase de cosas.
—Kuramochi-senpai tiene razón —apoyaba Haruichi.
—¿Qué se supone que están haciendo ustedes tres? —justo lo que faltaba, que el de gafas llegara y empezara a molestar.
—Espiando a tu novia —confesaba el peli verde sin más—. Ha estado muy servicial desde el fin de semana pasado.
—¿Y eso es malo? —todos condujeron sus miradas hacia el castaño y entendieron que su cuestionamiento era muy válido; no debería ser motivo de alerta que Sora al fin empezara a comportarse como una manager.
—No, no lo es. Pero es muy extraño —alegaba Youichi—. Algo debe estar pasando. Su sexto sentido se lo decía.
—El entrenador y ella hablaron la semana pasada. Quizá fue a raíz de eso —comentaba Kazuya echándole un vistazo a la joven; por lo visto había sido más veloz de lo que se imaginaba y ya había terminado con su labor—. Aunque ahora que lo mencionas, termina muy rápido.
—Y después se va inmediatamente —continuaba Eijun—. Probablemente te esté engañando con otro chico, Miyuki.
—No me sorprendería. De hecho sería lo más normal —le seguía el rollo el peli verde.
—¿Qué están haciendo aquí? Deberían estar dándose un buen baño, apestan —era claro que no eran discretos y que ella se daría cuenta de que andaban hablando muy literalmente a sus espaldas.
—Sí, esta es la Sora que yo conozco —remarcaba sonriente Kuramochi—. Has estado muy rara estos días.
—¿Existe algo de malo en que haga mi trabajo con eficiencia? —espetó con una sonrisilla—. Yo creo que no. De momento los dejo que debo ir a comprar algunas cosas.
—¿Ven? Nada de qué preocuparse —mencionó Miyuki tras la despedida y retirada de la pelinegra—. Mejor enfóquense en el entrenamiento de mañana —dijo burlonamente para los tres.
Sin embargo, cierto grupo de chicos no se quedó con la espinita de la duda y decidieron tomar cartas en el asunto. Por lo que de la manera más discreta siguieron cuidadosamente los pasos de Sora en cuanto ésta abandonó Seidou.
Las preguntas se amontonaron sobre sus hombros en cuanto contemplaron a qué lugar habían ido a dar después de su breve maratón de la tarde. Pero ya que estaban allí no podían simplemente dar media vuelta; tenían que llegar hasta el fondo del asunto.
—¿La Secundaria Privada Nisshinkan? —leyó en interrogante Sawamura en cuanto se encontraron frente al letrero de entrada de aquella institución.
Sin lugar a exageraciones la edificación que tenían prácticamente frente a ellos era por mucho, más grande de lo que su actual escuela era y al mismo tiempo se veía en mejores condiciones que numerosas secundarias que poblaban a todo Tokio.
Pero su incursión por sus instalaciones debería aguardar. Por ahora tenían que seguir el camino que ella recorrió.
—Estoy seguro de que se fue por aquí —espetaba Kuramochi en cuanto dobló hacia mano derecha después de que atravesaran un inmenso jardín.
—Este lugar es enorme —Eijun seguía detenidamente a Youichi, no quería extraviarse.
—Ey, ey, ¿por qué he tenido que acompañarlos? —interrumpió Miyuki, frunciendo el ceño, haciendo que todos se detuvieran.
—Tú fuiste el que se vino con nosotros. Nadie te invitó, idiota —gruñía el peli verde.
—Prácticamente lo trajiste a rastras, Kuramochi-senpai…—susurró Haruichi.
—Como sea, sigamos —por alguna extraña razón el más motivado era Youichi y eso pintaba un tanto sospechoso.
En cuanto admiraron el tamaño de ese gimnasio no les parecía raro imaginarse el coste de la colegiatura que se debía de pagar mes con mes para sufragar semejantes lujos. Sin embargo, no se dejaron apantallar por algo como eso y optaron por asomarse hacia el interior; deseaban saber qué era lo que mantenía todo en un silencio garrafal.
Los ojos de Kuramochi se abrieron de par en par en cuanto contempló que allí no existía más que una chica presente y era justamente la persona a la que habían seguido desde que abandonó la escuela.
—¿Pero qué rayos está haciendo…?
—Parece ser que esta noche tenemos espectadores muy particulares —el peli verde no fue el único en reaccionar de manera automática y sentir por unos breves segundos que su vida corría un grave peligro.
El hombre que estaba detrás de ellos en ese momento, intentando acceder al gimnasio, no sólo era lo suficientemente alto como para considerar que el basquetbol no se le daría en lo más mínimo mal, sino también se hallaba lo suficientemente bien ejercitado como para pensarse seriamente dos veces el quererse meterse con él en un embiste cuerpo a cuerpo.
—S-Señor…Nosotros solame…mente estamos aquí…de paso…—Sawamura creyó hasta ese día que la mirada de su entrenador era la única capaz de infundirle un enorme miedo; pero erró, ya que frente a él tenía la mirada menos amistosa y más caladora que se haya cruzado en su camino.
—Nosotros en realidad…—Haruichi cogió valor y habló.
—Venimos con ella —dijo Miyuki, señalando a la joven en cuestión con la mirada. Algo les había enseñado el miedo y eso era siempre buscar una excusa para salvarse.
—Es algo extraño que ella traiga compañía —argumentó el hombre con voz ronca y como que no creyéndoles—. Si causan problemas, no dudaré en sacarlos de aquí —amenazó abiertamente antes de dirigirse hacia el círculo que todos esos jóvenes habían hecho.
—Qué miedo…—susurraron los cuatro lo más bajo que pudieron.
—Los encuentros de clasificación están a la vuelta de la esquina y ustedes continúan durmiéndose en sus laureles —su grisácea mirada se postró en cada uno de los rostros allí presentes, como si quisiera comprobar si realmente estaban presentes en cuerpo y mente—. ¿Creen que con esa actitud tan mediocre podrán siquiera aspirar a llegar a las finales? Les recuerdo que sobre sus hombros descansa el prestigio de toda la escuela.
—Lo sabemos entrenador —añadía uno seriamente.
—Pues no veo que se lo estén tomando tan en serio como dicen hacerlo —dictaminó secamente, intimidando tenuemente al valiente joven—. Cada uno de ustedes aspira a llegar al equipo que participará en este torneo de invierno, pero sinceramente ninguno parece tener lo necesario para hacer sentir orgullosa a la escuela.
—Estaremos en forma para los juegos clasificatorios, entrenador —habló otro.
—Empiecen a calentar y después inicien con una combinación de cinco golpes durante media hora. Encárguense de realizar los cinco golpes en menos de dos segundos. Después combinaremos la rutina con patadas circulares y el golpe a las piernas para incrementar su resistencia —ordenó a cada uno de esos chicos. Y éstos obedecieron de inmediato.
—¿De qué me ocuparé en esta ocasión, entrenador Endo? —interrogó la única que no recibió el indicativo de calentar.
—Deduzco que ya hiciste el precalentamiento adecuado —ella asintió—. Te encargarás este día de la pelota medicinal.
—Entonces iré por ellas inmediatamente.
—Una cosa más —la pelinegra se detuvo y le miró fijamente—. Si vas a traer visitas contigo, avísame antes, ¿entendido?
Ella no supo de lo que el entrenador hablaba hasta que giró hacia la entrada del gimnasio y encaró a los polizontes que le habían seguido hasta allí.
—Tiene que ser una broma…Esto debió de haber sido idea de Kuramochi…Ah, lo siento. Fue todo muy de improviso. La siguiente vez se lo notificaré —dejando atrás al poco amigable entrenador, ahora debía lidiar con los infiltrados.
—¿A dónde nos llevas ahora? —se quejaba Youichi en cuanto Sora les corrió discretamente del gimnasio. Ahora estaban fuera con el hermoso atardecer empezando a perecer.
—¿Por qué me siguieron? —obviamente les iba a preguntar algo como eso.
—Kuramochi fue el de la idea. Él nos arrastró hasta aquí —Kazuya, el sincero del grupo.
—¡Que nadie te obligó, idiota!
—Con ustedes simplemente no se puede —suspiró y se tranquilizó—. Si quieren quedarse está bien, pero no causen alboroto alguno…El entrenador es de pocas pulgas y los chicos que están allí dentro tampoco son muy tranquilos que digamos.
—Quién diría que la hermanita de nuestro ex capitán entrena algo tan poco femenino —se burló Kuramochi, clavando sus pupilas en ella.
—No es como si fuera un secreto —el peli verde empezaba a odiar un poco que ella ya no cayera en sus mordaces comentarios—. Así que no se metan en problemas.
—¿Y qué se supone que prácticas?¿Y por qué tan tarde?¿No es peligroso? El líder podría preocuparse —la lluvia de cuestionarios y palabrería por parte de Sawamura no se hizo esperar en lo más mínimo mientras examinaba la vestimenta de la chica —. ¿Y esos vendajes?¿Te has hecho daño?
—Idiota, los usa para protegerse cuando lleva los guantes puestos —habló muy seguro Youichi.
—Pareces saber al respecto —elogió.
—Tengo curiosidad sobre qué tan buena eres, así que me quedaré —rio estruendosamente.
—Te oyes como todo un yankee, Kuramochi —soltó vilmente Miyuki.
—Incluso antes se pintaba el pelo de rubio —cotilleó Sawamura—. Era un rebelde sin causa.
—Así que eras de esa clase de chicos —sonrió con comicidad—. No debías ser muy popular que digamos entre las chicas.
—¡Dejen de contarle sobre mí, pedazos de imbéciles!
Hasta ese día su mundo se limitaba únicamente al conocimiento que tenían sobre el béisbol y cada uno de sus componentes más básicos. Ahora entendían que no eran los únicos que tenían que vivir un infierno diario; no cuando contemplaban cómo esos pobres chicos debían mantener no sólo ritmo y constancia, sino tolerar los poco gratos comentarios del entrenador.
En ese momento empezaron a apreciar con sobremanera a Kataoka.
—¿Para qué se supone que hace algo como eso? —porque la curiosidad de Eijun le orilló a exteriorizar sus dudas.
—No esperaba que un jugador de béisbol entendiera totalmente el fin de las dinámicas que tenemos en este gimnasio —el castaño se arrepintió de ser curioso—. Lo que se espera conseguir haciendo uso de ese balón es que se estimule la adecuada respiración y el endurecimiento de los músculos de la base. Esto para que el peleador pueda absorber adecuadamente los golpes y patadas que le propinen.
—Esas pelotas pesan como 11 kgs —decía Kuromachi, observando detenidamente lo que Yuki estaba haciendo con ese objeto.
—Está en todo lo correcto jovencito —decía Endo tranquilamente—. Sora, deja que Tachibana se encargue del balón. Entrena con Kitahara y no seas blanda. Quiero que le enseñes sus errores o terminará lesionándose.
—Entendido —había ido por su mochila y sacado todo el equipamiento necesario para poder llevar a cabo el pedido del entrenador.
—No pongan esa cara de preocupación. Sabe lo que hace, que por eso está aquí como mi apoyo —habló Endo para calmar un poco los ánimos de quienes no parecían estar convencidos de su decisión.
Y claramente el mal encarado entrenador tenía toda la boca llena de razón. Allí el único que estaba pasando un desagradable momento era el muchacho al que habían mandado a entrenar con la pelinegra.
No era malo en lo más mínimo; de hecho podría decirse que nadie querría meterse con él en un encuentro directo. Pero que estuviera siendo detenido cada determinado momento empezaba a mosquearle.
—Ya te lo he dicho muchas veces. Debes mantener tus rodillas ligeramente inclinadas durante el entrenamiento. Tampoco las extiendas al momento de ejecutar las patadas. Si no lo tomas en cuenta podrías sufrir un desgarre —replicó Sora, enfocando toda su atención en el testarudo muchacho.
—Ya lo sé, no tienes que estármelo diciendo a cada rato —gruñó molesto.
—Si no quieres estarlo escuchando a cada rato, entonces hazlo bien y no tendremos esta clase de interrupciones —enunció secamente. Si él pensaba que ella agacharía la mirada sólo porque usó esa voz altanera, estaba equivocado.
—Tsk…Sigamos de una buena vez —demandó con prisa el chico.
Sus sentidos se centraron tanto en lo que estaba haciendo que olvidó por completo que no estaba sola en aquel entrenamiento como los días anteriores, sino que gozaba de un público muy particular que para su sorpresa no se había ido pese a lo aburrido que podría llegar a ser una práctica de un deporte que no les competía en lo más mínimo.
El entrenador se había marchado hace poco y apuradamente quedaban un par de chicos más además de ella.
—No imaginé que continuarían aquí —fue lo que les dijo antes de ponerse aquella chamarra y tomar sus cosas.
—Ohh, Yuki-senpai, enséñame a hacer eso que hiciste con el codo —pedía muy eufórico cierto chico.
—Si algo le llega pasar a tus brazos el entrenador me asesinaría, así que no. Tú debes seguir entrenando y olvidarte de cosas como éstas —regañó—. Eres un beisbolista, así que tienes que centrarte únicamente en ello.
—Kuramochi, debes tener cuidado de hacerla enojar o te dejará como esos dos chicos —comentaba Kazuya para el que más solía meterse con Sora.
—Ya que han venido hasta acá, vayamos a cenar —invitó la chica. Aunque antes se carcajeó un poco en sus caras—. ¿Cómo se les ocurrió venir hasta aquí con los uniformes puestos, eh? —todos señalaron sin escrúpulo alguno a Youichi—. Pensaba mantener esto en total secreto, pero no estaba esperando que ellos terminaran siguiéndome. Bueno, mientras ellos no conozcan los verdaderos motivos, dudo que exista problema alguno —suspiró y sonrió esporádicamente; el peli verde ya estaba haciéndole una buena llave a Eijun mientras Haruichi intentaba salvarle y Miyuki se burlaba como solamente él podía hacerlo—. Admito que al menos es divertido verlos pelear. Supongo que es su manera de demostrar su torcida amistad.
Fue así que ante simple invitación empezaron a desplazarse sin mayor dilación. Y mientras el escandaloso de Sawamura continuaba buscando motivos para burlarse de su querido capitán, otros parecían seguirles desde una distancia prudente.
—¿Qué fue todo lo de anoche, eh? —y ella pensaba que los dolores de cabeza no continuarían amedrentándole. Pero vaya error en el que estaba.
—Mejor encárgate de vigilar a tus queridos kouhais, Kuramochi —nada como una caminata en compañía de tan ameno personaje.
—Pues para ser alguien que no estaba defendiendo a Miyuki, te veías demasiado cabreada —Sora maldecía en sus adentros el buen ojo que tenía el chico. No podía seguir siendo tan impulsiva frente a él.
—No lo he hecho por él —reiteró—. No te hagas ideas extrañas.
—No todos pensarán lo mismo —y tenía razón en lo que decía.
—Hmm…—ella dio un largo suspiro y detuvo su andar. ¿Por qué las cosas habían concluido de ese modo?¿Era consecuencia posiblemente de ese panfleto y lo que se escondía tras ello?¿O quizá fue el haber estado hablando con Miyuki sobre la capitanía o el problema que él poseía con Maezono? —. No soy tan buena persona como piensas…para haber hecho eso por él.
—¿Ah? —ella siempre encontraba maneras de desconcertarle. Esa noche no era la excepción—. ¿Qué quieres decir con eso?
—Lo que hice fue por mero capricho mío…—sonrió a medias, con cierto reproche. Incluso optó por adelantarse y proporcionarle una panorámica de su espalda—. Sólo es mera autosatisfacción personal, Kuramochi…Cada una de mis acciones no son más que producto de mi propio intento para corregir mi incompetencia… Un modo para pagar por mis propios fallos…
