¡Buenas noches mis criaturillas! Al fin hoy se iluminó mi ser y se me ocurrió una que otra cosilla para continuar la historia _9 Sólo sé que soy un poco perversa, me gusta molestar a Miyuki y traerles mucha diversión y momentos comprometedores jojojo…Cuando terminen de leer el capítulo entenderán un poco mis desvaríos. Ya no me extiendo más *-* Enjoy it~~
Capítulo 13
Answer is easy
La interpretación había concluido hacía varios minutos ya. Sin embargo, aquel par de espectadores continuaban riéndose escandalosamente, en su cara y sin dejar de señalarlos; al menos había quienes estaban disfrutando su salida al karaoke.
—Debí suponer que…saldría con algo como esto —Miu no podría recuperar su dignidad en mucho tiempo. Sus mejillas le quemaban de lo rojas que estaban.
—Realmente no la hicieron…Tsk —refunfuñaba Kuramochi con la cara roja de la pena. Vaya show que se montaron esa noche.
—Estuvieron muy bien —felicitaba la pelinegra, secándose las lagrimillas que se le habían escurrido por las mejillas a causa de tanta risa. Incluso estaba recuperando el aliento—. Tienen mucha razón. Salir con ustedes es divertido.
—Si no triunfas en el béisbol podrías intentar ser bailarín —decía risueñamente Miyuki con esa sonrisa de oreja a oreja en sus labios. Sí que había disfrutado de todo.
—…Ya vayámonos de aquí…—susurraron los humillados adolescentes.
Si bien Kazuya y Sora pensaron que tras abandonar el karaoke podrían irse felizmente y olvidarse de todo ese caótico día, estaban completamente errados. Esos dos todavía tenían suficiente cuerda y ansias de cobrarse la humillación que les propinaron.
—¿Por qué pones esa cara, Sora? Estoy segura que haber estado cantando por dos horas debió de abrirte el apetito —fueron las dulces palabras de la pelirroja mientras le daba unas cuantas palmadas a la ofuscada chica.
—La verdad es que no tengo apetito, por lo que yo…—sus intentos de escaparate se quedarían en eso. Antes de siquiera poderse dar la vuelta y evitarse el entrar a ese restaurante, se encontró con Youichi y más material comprometedor—. Tal vez una hamburguesa y papas fritas no caigan mal.
—El día todavía no termina, Miyuki —con esas palabras de consuelo, el de gafas prefería que no le dijera nada.
El interior del restaurante resultaba de lo más concurrido; especialmente por estudiantes y universitarios que al igual que ellos habían aprovechado para salir y divertirse un poco para olvidarse de lo opresivos que podrían ser los estudios.
Tomaron una mesa pegada a la ventana y esperaron con paciencia a que les trajeran sus respectivos platillos. Y cuando ese momento llegó, un mal augurio recorrió los espinazos de Kazuya y Yuki.
—Necesitarás esto —Kuramochi había entregado amablemente ese par de palillos a Sora. ¿Pero por qué motivos?
—Esos son míos —estipulaba el castaño, mirando al divertido corredor.
—Lo sé. Por eso se los he dado —con esa sencilla declaración el rompecabezas en sus cabezas se ensambló en un parpadeo y obtuvieron una desagradable conclusión.
—¿No es propio de una novia el darle de comer a su pareja de vez en cuando?
—¡C-Claro que no! Eso es innecesario y arcaico —Sora por poco y rompe los palillos entre sus manos.
—Como dije antes, el día aún no termina —miró detenidamente a ambos, indicándoles que entre más rápido cooperaran, sería mejor o se le ocurriría que hicieron algo mucho peor.
—Ya…entendí…—la pelinegra tragó saliva con lentitud y esfuerzo mientras dividía los palillos. Miró de soslayo al castaño y después a ese apetecible tonkatsu—. Te lo advierto, más te vale que abras esa boca cuando tome esa chuleta y te la dé de comer —amenazó sutilmente mientras tomaba un trozo de la chuleta capeada y se preparaba mentalmente para la bochornosa tarea que le fue ordenada cumplir.
En su vida le había dado de comer en la boca a alguien. Ni siquiera a esos pequeños primos que la visitaban en vacaciones y se comportaban infantilmente. Pero ahí estaba, dándole de cenar al chico que le sacaba de sus casillas y que le sonría con total burla; porque claramente se divertía con su predicamento.
—¡¿Q-Q-Qué…han hecho?! —no había ni siquiera terminado el penoso acto cuando escuchó ese click tan familiar. Sí, Kuramochi se encargó de fotografiar el momento con sumo detalle.
—Con esto realmente lucen como una verdadera pareja…Yahahaha —al diablo las apariencias y los buenos modelos, lo único que interesaba era recuperar ese teléfono y destruirlo de ser necesario—. ¡Ey, ey, suél-talo!
Pero su forcejeo no terminó del mejor modo. Lo supieron en cuanto vieron el electrónico salir volando y estamparse justamente sobre la cabeza de un pobre incauto que estaba pasando por allí con su orden en manos.
—…¿Ves lo que ocasionas? —se quejaba el peli verde. Obvio le iba a echar la culpa a ella.
—Esto no habría pasado si tú te hubieras comportado y no pidieras cosas como éstas —se defendió.
—¿Miyuki-kun?¿Realmente eres tú? —las miradas se dirigieron hacia el aludido de forma automática. Y el castaño parecía sentirse igual o más extrañado que sus acompañantes ante el hecho de encontrarse con alguien que le conociera—. ¿Acaso no me recuerdas? Estuvimos juntos en el mismo equipo de béisbol durante la secundaria —informaba el pelinegro con una sonrisilla.
—Oh, eres tú Sawano —más vale tarde que nunca—. Qué coincidencia.
—Lo mismo digo, Miyuki —y como si le hubieran invitado a cenar con ellos, tomó asiento, empujando a Sora aún más contra el de gafas—. No recuerdo que fueras alguien tan sociable en secundaria.
—¿Cómo rayos fui a terminar en medio de estos dos? Parezco el relleno del sándwich —Sora tenía razones de sobra para quejarse. Ahora estaba más pegada a Kazuya de lo que desearía.
—Digamos…que sucedieron ciertas cosas —expresó sin mucho humor. Incluso ahora estaba peor que hace unos instantes atrás. Estaba demasiado junto a la pelinegra y lo peor, es que tenía un agregado más a la cena.
—¡Oh, así que están saliendo en parejas! No estaba esperando algo como eso —de todos los que pudo haberse encontrado, tuvo que ser el más parlanchín de todos—. Se nota que con el tiempo las personas cambian… Y pensar que antes eras más reservado cuando de pareja se trataba. Hasta te encargabas de que nadie se diera cuenta de ello.
—¿En serio? Cuesta creerlo, considerando que Miyuki-kun es bastante extrovertido —le fue imposible a la pelirroja no hablar al respecto.
—Y nosotros que pensábamos que sólo vivías para el béisbol —Youichi sentía cierto interés al respecto. Especialmente porque podría usar esa información para su propio beneficio.
—Y aquí entre nos, su novia era sumamente bonita —cuchicheó para ese par de entrometidos.
—…Agradezco enormemente que no me topé con alguien que me conociera y fuera tan lengua larga como este chico…—la sabia decisión de Yuki fue guardar absoluto silencio.
—¿No creen que ya se nos está haciendo tarde? —Kazuya quería irse de allí cuanto antes. Ya habían ventilado suficiente de su vida privada.
—Lamento estar interrumpiendo su cita —¿por qué dirigió su atención precisamente hacia ella?¿Qué es lo que estaba buscando?¿Por qué sentía como si estuviera evaluándole al mismo tiempo que parecía estar desilusionado?
—Descuida, no sucede nada —ella también podía verle tan fijamente como él—. Las cenas son más divertidas entre más sean, ¿no? —que sonriera alertó a una única persona de la mesa: la que le conocía mejor que todos—. Por cierto, Sawano-kun, ¿asistes actualmente a Tsuriuka-Kita?
—Sí, justamente —respondió inmediatamente—. ¿Lo conoces?
—Asistí allí por año y medio, prácticamente —no era secreto. Pero no se imaginaba volver a ver ese uniforme nuevamente, considerando lo distanciada que se encontraba la escuela de donde permanecían.
—Pensaba que solamente era una escuela para chicas —comentaba Miu, viendo a la pelinegra en busca de respuestas.
—Hace un par de años atrás se convirtió en un instituto mixto —informaba Sawano—. Y en este año se creó formalmente el equipo de béisbol —estaba más que lleno de júbilo al respecto—. Por lo que es posible que nos enfrentemos, Miyuki.
—Lo estaremos esperando ansiosos —comunicaba el de gafas con el humor recompuesto. Si se ponían a hablar sobre béisbol podría soportar la velada.
—No la tendrán nada fácil —agregaba Kuramochi. Pareciera que la actual temática estaba motivándoles de más.
—No debería de ser de otra manera —dictaminó—. Por cierto, disculpas por no haberme presentado. Mi nombre es Sawano Daisuke, encantado —extendió su mano hacia la oji gris y aunque dudó en devolverle el gesto, lo hizo.
—Yuki Sora.
—Miyuki-kun, tu novia es bastante seria y tímida —dijo deliberadamente—. Supongo que forma parte de su encanto.
—¿Cómo que "supones"? De un momento a otro empieza a convertirse en un pesado —tal vez estaba viendo cosas donde no, pero perjuraba que estaba comenzando a meterse con su persona—. No soy tímida. Y que sea seria no significa que no sepa divertirme. Por favor, no categorices cuando apenas hemos cruzado un par de palabras. Porque yo podría hacer exactamente lo mismo —su tono era tan calmado que le dio mala espina al bocón chico.
—L-La tienes…difícil, ¿verdad? —soltó quedito para el castaño.
—Alguien sabe cómo hacer callar a las personas sin demasiado esfuerzo. No cabe duda que es mejor no hacerla enfadar —sonreía internamente ante lo que había visto. El tío que más parloteaba durante las prácticas había sido callado con unas simples oraciones.
—Con que aquí estabas, Sawano. Te estuvimos esperando en la planta de arriba.
—Parece que sintió nostalgia en cuanto vio a Miyuki —no, ninguno de esos chicos se encontraban aluciando. Habían llegado otros tres nuevos rostros portando uniformes de béisbol.
—Eres más popular de lo que imaginaba —mencionaba la pelinegra para el de gafas.
—Justo lo que me faltaba…—el hablador era una cosa, pero los que habían llegado no eran tan soportables. Los reconoció sin demasiada dificultad; después de todo habían sido sus senpais mientras jugaba béisbol en secundaria.
—¿Por qué no jalamos unas sillas más y nos sentamos? Todavía queda espacio —propuso el más alto de ellos. Un pelinegro de cabello ridículamente corto y mirada arrogante.
—Por supuesto. No suena mala idea —secundaba uno más.
—¿Son tus amigos y tu novia? —genial, ya se venían los cuestionamientos.
—Así es —afirmaba Daisuke—. Su nombre es Sora-chan.
El parloteo continuaba y no se veía intenciones de que fuera a cesar. Y esa simpe condición estaba consumiendo la paciencia de quienes únicamente deseaban terminaban de cenar en paz.
—¿A dónde vas, Sora? —en cuanto vio de pie a su amiga, supo que ya estaba harta y se largaría de allí importándole un comino lo que fueran a pensar.
—Tenemos cosas que hacer, así que debemos irnos —habló para los que se terminaron auto-invitando—. Así que disfruten de su cena.
Se las arregló para abrirse paso entre los recién llegados. Y ante la sorpresa de todos, no huiría de escena sola; se encargaría de dejar a todo el público totalmente callado y sorprendido.
—¿Por qué ponen esa cara de anonadados?¿Que no es normal que las parejas se tomen de la mano cuando salen? —fueron las inocentes preguntas que lanzó para esos cuatro conocidos de Kazuya—. ¿O es que no han salido nunca con una chica? —eso último fue como una puñalada directa a sus orgullos.
—¡Por supuesto que sí! —replicaron todos en perfecta armonía.
—Y como la pareja ejemplar que son, no les importará demostrárnoslos —Sora asesinaba con la mirada al perverso de Kuramochi. ¿De qué lado se supone que estaba?
—Sí, sí. ¿Qué tal un beso?
—Eso es lo que hacen las parejas —ese grupo de palmazos estaban aprovechando de las ideas de Kuramochi para poner en jaque al de gafas. Y si bien cada uno poseía sus razones para meterse con ambos, quedaba más que claro lo que motivaba a esos ex compañeros de Kazuya.
—No tienes que seguirles el juego —murmuró Miyuki a Sora para que solamente ella le escuchara. Él los conocía y sabía hacia dónde estaban dirigiendo todo—. Vámonos.
—¿Y dejar que se salgan con las suyas? Por supuesto que no, Miyuki. Haré que se traguen sus palabras sin importar lo que tenga que hacer —existía un grave problema con su obstinación. Y era que no le gustaba huir de nada ni nadie, y tampoco dejar que las personas se salieran con la suya cuando podía evitarlo. Si pensaban que se acobardaría, estaban equivocados.
Silencio. Eso fue lo que reinó en esa mesa en cuanto colocaron su total atención en quien había aceptado calladamente su desafío.
Las mujeres eran tan capaces de tomar la iniciativa como los chicos. Eso quedó demostrado en el momento en que Sora se encargó de halar al confundido chico hacia ella y robar momentáneamente lo que falsamente le pertenecía.
Claramente, el que no se podía creer lo que había ocurrido. Ahora se movía por inercia hacia la salida del restaurante, siendo conducido por el agarre de quien le calló usando sus labios como único medio posible.
—¡….! —todos esos años de observar cuidadosamente a los jugadores dentro de la cancha para analizar y destripar sus estrategias le permitía adelantarse a las jugadas que se podrían realizar dentro del campo de béisbol. Incluso podía aplicarlo en la gente de su vida diaria. No obstante, esa clase de análisis no podía ser aplicado con eficiencia en Sora
—Con esto nos hemos encargado de librarnos tanto de Kuramochi como de ese grupo de chicos. Así que puede considerar como una victoria —Miyuki continuaba estupefacto por lo que había hecho en su arranque por callar a todos. Y a la vez, estaba ciertamente aliviado de haberse ido de ese lugar—. ¿Te ha comido la lengua el ratón?
—Por supuesto que no —había recuperado la compostura, dejando el anonadamiento a un lado—. ¿Esa fue tu mejor solución? —interrogó, socarronamente.
—¿Se te ocurre algo mejor? —se detuvo, ante el semáforo que le advertía de que el paso estaba negado para los transeúntes.
—Solamente les has dado más material a ese par —apostaba que lo que había pasado entre ambos fue muy bien guardado—. Eres demasiado impulsiva.
—Y tú demasiado pasivo, ¿pero no ves que te lo esté echando en cara?
—En realidad lo estás haciendo en estos momentos —el comentario no molestó a Sora. Lo que realmente le hizo enfocar su atención hacia el frente fue el hecho de que todavía continuaba tomando de la mano al castaño pese a que ya estaban de lo más lejos de restaurante.
—La comida ni siquiera estaba demasiado buena —cambiar de tema era lo mejor antes de que le señalara que se había demorado en soltarle.
—¿Acaso te has apenado por lo que hiciste? —él sonría despreocupadamente, con sus manos dentro de los bolsillos y el frío aire de la noche agitando suavemente sus castaños cabellos—. Te comportaste muy ruda hace poco y ahora rehúyes la mirada.
—Claro que no —allí estaba, cayendo ante las provocaciones de Miyuki—. No soy una chica que se avergüence tan fácilmente como tú piensas —le veía de reojo, torciendo el entrecejo.
—A veces eres muy fácil de leer.
—Haciendo eso a un lado. Hay algo que he querido preguntarte desde hace tiempo.
—Qué extraño de tu parte.
—Deja de burlarte y déjame hablar, Ore-sama —ese apodo jamás iba a olvidarlo. Nunca—. Tú realmente no recordabas haberme conocido antes, ¿cierto?
—En realidad, no —confesó—. Pero después tu violento comportamiento se me hizo familiar.
—Comprendo —suspiró—. De hecho ni siquiera yo conmemoraba haberlo visto antes. No es como si tuviera cabeza para esa clase de cosas.
—Lo has tomado muy tranquilamente.
—Es un comentario que escucho con frecuencia —se alzó de hombros, restándole importancia—. No soy nadie para entrometerme en tu vida, ¿pero por qué no callaste a unos incordios como ésos?
—Se llama tolerancia —soltó con una risilla—. Y veo que tú no la usas mucho que digamos.
—Mi paciencia no aplica para todas las personas —la luz verde les permitió el avance y simultáneamente les alertaba que tuvieran cuidado con la masa de personas que cruzaban en sentido contrario por ese camino de cebra.
—Ey, ¿estás bien? —preguntó tras ver la buena caída de la que había sido víctima la pelinegra.
—Ungh… Ese chico salió disparado hacia mí y terminó tirándome…—el problema no era que todavía estuviera sentada contra el suelo, sino que le faltara el bolso que llevaba consigo. Pero al menos había logrado salvar al pequeño cuyo que estuvo a nada de salir corriendo a toda marcha—. Justamente lo que me faltaba, un carterista… Al menos tú estás bien —dijo para el asustado animal que intentaba calmar con unas caricias.
—¿Piensas seguirlo? —sus palabras salieron en automático en cuanto contempló a la joven ponerse de pie más que dispuesta a seguirle la pista al descarado ladrón al tiempo que le entregaba al animalillo.
—Mi dinero y pertenencias iban en ese bolso. Tengo que recuperarlo —se había olvidado que no se encontraba sola y que independientemente de la personalidad del castaño, no dejaría que saliera corriendo en media de la noche persiguiendo a un individuo que podía ser potencialmente peligroso—. Déjame ir —exigió en cuanto se percató del agarre del chico.
—Lo mejor que podemos hacer es ir con la policía. No arreglaremos nada yendo tras él.
—Eres un aguafiestas.
—Y tú bastante despreocupada.
Costaba creer que los papeles se invirtieran tan abruptamente. Hasta hace poco ella lo había sacado del restaurante, jalándole como un crío de kínder, y ahora era él quien la llevaba del brazo directo a la jefatura de policía más cercana.
—No soy una niña de cinco años —protestó. No le gustaba que le trataran de ese modo y mucho menos porque se sentía exhibida ante todos.
—A veces te comportas como uno —su buen sentido del humor sencillamente no se iba.
—Toda la gente nos está mirando…—quisiera admitirlo o no, él tenía razón. Debía controlar sus arrebatos y atender a la solución más factible—. Esta noche solamente va de mal en peor.
—Hemos llegado —estableció Kazuya. Ella era libre al fin.
—Si eres tú, Sora —otra razón por la que la pelinegra no quería ir a la jefatura era precisamente porque la conocían—. ¿En qué problema te has metido en esta ocasión? —curioseó con normalidad el uniformado de castaños cabellos.
—En ninguno, Kitahara-san —desvió su atención al lado contrario donde permanecía Kazuya. Sabía que no era la mejor opción en ese momento—…Me robaron mi cartera y el ladrón salió corriendo…
—Es extraño que vengas a reportar algo como eso. Usualmente hubieras salido corriendo detrás de él —había llegado el segundo oficial, para aportar su granito de arena a la charla.
—De modo que esta era la razón real por la que no querías venir —Miyuki no había sido el único expuesto esa noche. Sin embargo, lo que venía enterándose sobre esa chica resultaba mucho más jugoso que su olvidada vida social de secundaria.
—Cállate y no le menciones esto a nadie.
—¿Por qué no entran a la jefatura y toman un poco de chocolate caliente mientras levantamos el acta de robo? —invitó cordialmente el castaño—. Ey Shikata, prepara un poco más para Sora y su amigo.
Mientras ella levantaba la denuncia ante el amable Kitahara, Miyuki permanecía tranquilamente sentado, disfrutando de su bebida caliente en compañía del otro policía.
—Menos mal que la detuviste —decía el de azabache cabellera—. Su impulsividad suele meterla en muchos problemas.
—No me sorprende —después de saber lo que le ocurrió a sus acosadoras y cómo pone en su sitio a Kuramochi, se hacía a la idea de que tenía los pantalones bien puestos para hacer cualquier locura.
—Pero lo más extraño es que haya accedido a venir hasta aquí… Con lo necia que es, no suele atender a la petición de las personas.
—A veces puede ser razonable —sonrió cínicamente ante sus palabras.
—Desde pequeña siempre se ha metido en problemas…—suspiró con cansancio—. Los niños del vecindario salían corriendo cuando la veían venir. Y por una u otra razón terminaba aquí, quejándose del mal comportamiento de los niños de la cuadra.
—Al menos ya se comporta…o eso parece —tal vez había madurado o tal vez eso quería hacerles creer.
—¿No estarás contándole cosas innecesarias, verdad Shikata-kun? —la pequeña pesadilla había regresado y estaba frente a esos dos hombres.
—Nada que el vecindario no conozca de antemano —una cosa era que revolviera su cabello cuando iba en primaria y otra muy distinta es que lo hiciera ahora a su edad. Era vergonzoso y había provocado una suave risilla por parte de Kazuya.
—Tetsu-san la tenía difícil con una hermana como tú —dictaminada animadamente el castaño.
—Cómete esto y déjame en paz —nada como callarlo tras meterle aquel cuerno relleno de chocolate a la boca—. Ahora vayámonos.
—Bueno, eso tendrá que esperar un rato…—el dedo de Kitihara señaló hacia el exterior, hacia ese mundo nocturno siendo dominado por una torrencial lluvia.
—Tienen que estar bromeando…—Sora se despidió de la idea de llegar a casa y dormir. Ahora tenía que esperar a que el agua cediera porque ni ella ni Miyuki llevaban paraguas.
—Pero si tienen prisa, puedo prestarles mi paraguas para que regresen a casa —tanto el castaño como Yuki miraron al amable policía que les ofrecía su paraguas.
—¿Realmente…tenemos que usar…esa cosa?
—Si quieres salir de aquí, sí —sentenciaba Kazuya a la joven que permanecía recelosa de salir a la calle con "esa" clase de paraguas—. Tú decides.
Un cielo con escasas estrellas, la luna en cuarto menguante y la fría lluvia que creaba una sinfonía incesante, resultaban ser los elementos que los acompañaban esa noche y que debían superar si querían llegar hasta su destino final.
—…Jamás pensé que tendríamos tan mala suerte este día… Todo por culpa de Kuramochi —alguien se encontraba notablemente cabreada y maldiciendo al moreno—…Y lo peor es este…este paraguas…—el parasol cumplía con su función de manera eficiente, pero el tono rosa pastel y ese estampado de mariposas, arcoíris y pollitos, no la dejaban estar en paz.
—Podríamos estar peor.
—…Genial, tenías que abrir la boca —los altos cielos escucharon a Kazuya y en respuesta le mandaron a un vehículo que no se inmutó en reducir la velocidad y empaparlos totalmente de la cabeza a los pies—. Creo que ya no es necesario que usemos esto, ¿no lo piensas así?
Ninguno comentó nada más tras ser empapados por aquel coche. Lo único que hicieron fue avanzar, ignorar el ridículo diseño del paraguas prestado y desconocer por completo la ridícula tradición que se tenía cuando una chica y un chico comparten una sombrilla. Después de todo, ellos eran dos individuos fingiendo ser una pareja.
—…Al fin llegué…—allí estaban, parados frente a la puerta de la casa de la pelinegra—. Como mis llaves fueron robadas, no tengo más remedio que tocar —el timbre sonó una vez, dos, tres y cuatro veces más. Sin embargo, no hubo respuesta alguna.
—Mira, parece que te dejaron una nota —Kazuya no bromeaba. El susodicho mensaje se encontraba pegado a un costado suyo.
—"Sora, tu padre y yo hemos tenido que salir de la ciudad para abastecer las provisiones del restaurante, por lo que llegaremos mañana por la tarde. Pero descuida, hemos dejado suficiente comida para ti en el refrigerador, por lo que no deberías tener problema alguno"… —un tic nervioso se apoderó de su ojo izquierdo. Estaba que no se lo creía y no podía dejar de estrujar esa hoja. ¿Por qué tenían que salir de la ciudad justamente ese día?¿Qué tenía el mundo contra ella esa noche?—..¿Y Tetsu y Masa, dónde se supone que están? —pero para sus dudas existenciales existía la sección de postdata—. "Tampoco te angusties por tus hermanos. Tetsu fue a estudiar a casa de unos amigos, por lo que no pasará la noche en casa. Y Masa se ha ido con nosotros"… Alguien allá arriba debe de odiarme demasiado para hacerme pasar por todo esto en un solo día…
