¡Hola mundo! Oh sí, esta vez regresé mucho antes de lo esperado. Hasta yo me sorprendí de mí misma. Pero creo que la musa de la inspiración no fue tan mala conmigo y me dejó escribir algo decente que pudiera publicar XD Estoy segura de que se divertirán con este capítulo, digo, me la vivo complicando las cosas a más no poder. ¡Pero! Lo hago por ustedes, para que se entretengan, no crean que disfruto molestar a los personajes :D Ya me darán su opinión y percepciones cuando terminen de leer. Ahora rueguen porque vuelva actualizar así de rápido XD

Cote.- ¡Gracias por pasarte por la historia y dejarme un review! Me alegra que te guste y sí, irremediablemente esas escenas llegarán sí o sí (es de las cosas que más me caracteriza cuando escribo historias de romance). Pero debes tener paciencia :D

Joha.- Te agradezco que leas mi historia y comentes. Ya no tendrás que esperar más, al fin sabrás que pasa aunque creo que el efecto al terminar de leer será el mismo XD

Capítulo 14

Out of Control

Había perdido el número de veces que llevaba marcando a ese número de teléfono que se había olvidado por completo de que no se encontraba sola y que por ende, tenía que mantener la templanza si no quería formar parte de las burlas de cierto castaño. Sin embargo, ¿cómo podía hacerlo cuando la única respuesta que había obtenido de esa amiga suya era un mensaje de texto que le decía que tuviera cuidado eligiendo el hotel para pasar la noche?

Con amigas como esas era preferible quedarse totalmente solo.

—Justo lo que me faltaba…que ella estuviera muy ocupada recreándose en una fiesta…No le bastó la salida que tuvimos esta noche y todavía se fue a buscar más diversión…—suspiró con cansancio y resignación. Si tenía suerte podría encontrar una manera de entrar a su casa.

—Parece que te han dejado completamente a tu suerte —habló Kazuya. Sora le miró de reojo, un tanto confusa; juraba que ese chico se había marchado en cuanto terminó de escuchar la carta que le dejaron sus padres.

—Búrlate todo lo que quieras —dictaminó. No tenía ganas de discutir con nadie; la vida ya estaba desilusionándola de más.

—…Conozco un sitio que podría ser de utilidad, sin embargo…

—¿Cuál es el inconveniente? —cuestionó con interés. Ya que le ofreciera ayuda era un gran paso, aunque igualmente no se confiaba.

—La pregunta es si realmente no te importa la clase de lugar.

—A este punto aceptaría dormir hasta en una caja de cartón —todo era mejor que la intemperie. Además ¿qué tan malo podría ser?

Admitía que le cruzaron numerosas ideas por la cabeza cuando Miyui le ofertó su mano ayuda, pero nunca consideró la pequeña posibilidad de que la opción que tenía en mente estuviera precisamente dentro de los dormitorios de Seidou. ¿Es que estaba loco?¿No sabía lo que pasaría si algún profesor se diera cuenta de que hay una chica en el lugar? Y no se diga si descubrían que había pasado la noche en un sitio donde solamente hay tíos.

Le observó con cierto desdén y mala leche. Ahora entendía el porqué de su "amabilidad".

—¿Te vas a ir? —le preguntó en cuanto notó que la chica quería esfumarse en la brevedad posible.

—Si querías tomarme el pelo había modos más simples que estos —recriminó—. ¿Pero cómo se atreve a traerme a un lugarcomo este? Me meteré en tremendos problemas si alguien descubre que estoy aquí a estas horas —claramente pasaban de las diez de la noche y ya no debía estar rondando los dormitorios.

—Hay varios cuartos que se encuentran desocupados y que nadie se molesta en visitar —dijo el castaño con normalidad—. Si nadie te descubre no tendrías por qué meterte en problemas.

—¿Si te das cuenta de que si Kataoka-sensei se entera me despellejará viva? —el de gafas solamente sonrío cínicamente, como si eso no fuera la gran cosa. Era un bribón de buenas a primeras.

—Tus opciones son limitadas —le recordó por si ya se le había olvidado.

Lamentablemente no tengo dinero suficiente para ir a un cuarto de hotel y tampoco creo que pedirle prestado a Miyuki sea una opción…Las ventanas de mi casa tienen protección y lamentablemente no tengo el don para abrir puertas usando objetos cotidianos…Miu me ha dado la espalda y no creo que meterme a la escuela a estas horas sea una idea prudente…De manera que…—devolvió su atención en el cátcher, suspiró, se maldijo numerosas veces y se resignó—. Dime a dónde tengo que ir…

Ciertamente se notaba a leguas que aun cuando los dormitorios no eran empleados por ningún jugador se encargaban de mantenerlos en perfectas condiciones por si llegara a presentarse algún improvisto; y gracias a ello no debía preocuparse por la suciedad o el polvo.

El cuarto no era demasiado espacioso, pero contaba con el área suficiente para albergar dos camas individuales, una mesa central, un escritorio y un modesto ropero. Era más de lo que estaba esperando encontrar.

—Te felicitaré por tener una buena idea —no eran horas para ponerse a examinar todo y pasar el dedo por cada superficie, pero esa parte obsesiva de su persona no le permitía estar si no se cercioraba de que todo estaba limpio—. Aunque lo que me sorprende es que hayas podido abrir este sito sin contar con llave —observó al tranquilo joven; tal vez contaba con más cualidades que el béisbol.

—Encárgate de ponerle seguro a la puerta o podrías llevarte una sorpresa desagradable —advirtió.

—Claro que lo haré —colocó su bolso sobre la cama al tiempo que ese cuyo comenzaba a olfatear todo su alrededor con suma curiosidad—. Al menos algo bueno surgió de salir con el uniforme —una preocupación menos a su larga lista—…Aunque esto me recuerda que…tendré que bañarme…¡Esperen un momento!

—Tendrás que despertarte antes que todos o se darán cuenta de que estás aquí —continúo con sus sugerencias el castaño—. Tendrás que salir de aquí antes que el entrenador llegue.

—Lo haces sonar fácil, pero ese hombre madruga demasiado —ella odiaba levantarse temprano. Siempre tenía la necesidad de dormir sus ocho horas diarias.

—Bueno, no digas que no te lo advertí.

—¿En verdad estás disfrutando de todo esto, no es cierto? —el silencio presente se encargó de responder cualquier duda que pudiera tener—. Me pararé tan temprano que ninguno de ustedes me verá por aquí mañana.

—Ya que has entendido la situación, te dejo descansar. Yo también estoy bastante fatigado por la salida de esta noche…y el horrible día que tuve gracias a las bromitas de Kuramochi…

—Sí, nos veremos después —se despidió de quien ya había abandonado la habitación—. Hay tantos inconvenientes que no sé ni siquiera por dónde comenzar…—llevó la palma de su mano hasta su frente, intentando tranquilizarse—. ¿Qué fue lo que hice para merecerme esto?

Pero existían eventos que no pasaban desapercibidos dentro de los dormitorios de Seidou, especialmente si se consideraba que existían jugadores que perdían la noción del tiempo cuando del entrenamiento extra se trataba. Y ese era justamente el caso de ese grupo de chicos que se habían escondido rápidamente en el instante en que se percataron que el capitán había vuelto.

—¿Por qué razón nos hemos escondido, Kuramochi-senpai? —la escandalosa voz de Sawamura recibió como castigo el ser totalmente suprimida por el peli verde—. ¡¿Kuramochi-senpai?!

—Shhh…Cállate imbécil o se dará cuenta de que lo hemos visto…—su preciado lugar de resguardo consistía en una expendedora de bebidas energéticas. Desde allí se podía apreciar muy bien los dormitorios—. Y yo que pensaba que había vuelto desde hace rato.

—¡Kuramochi-senpai, ¿qué sucede?! —al fin el hombre había sido liberado de la llave que casi cesa por completo la oxigenación a todo su cuerpo.

—Miyuki acaba de regresar apenas…Pero eso no es todo —él se había dado cuenta de que el castaño había estado en una zona dentro de los dormitorios que no formaba parte de su camino usual para llegar hasta su cuarto—. Me pregunto qué estará ocultando.

La curiosidad era una virtud y un defecto, pero a Youichi eso no le importaba. Él tenía una corazonada y no se iba a ir sin esclarecerla; así que allí estaba, recorriendo el pasillo que contenía los cuartos que no tenían dueño.

—¿Por qué razón estamos aquí? —no es que Eijun estuviera interesado en las actividades del moreno, pero ya que había sido arrastrado a todo eso al menos quería saber qué estaban haciendo allí.

—Tú sólo quédate callado. Deja que yo me encargue —se detuvo en cuanto notó la anomalía existente en el último cuarto al que fue a dar—. ¿La luz está encendida? ¿Pero cómo? Se supone que no hay nadie aquí —hizo a un lado su anonadamiento y pegó su oreja a la puerta, siendo cauteloso de no hacer el más mínimo ruido—…Hay alguien allí dentro y eso no es todo…¡se trata de una chica! —lo único que podía diferenciar era que la voz pertenecía a un fémina pero no era lo suficientemente clara para identificarla—…¿Acaso Miyuki ha traído a una chica aquí?¡¿En serio ÉL sería capaz de algo tan atrevido?! —sonreía cada vez más de imaginarse lo que ese serio y devoto cátcher podría querer hacer al tener a una chica completamente sola en una habitación que nadie visitaba—. Esto lo tienen que saber todos los demás.

—¿Por qué razón tiene esa mirada tan…extraña y aterradora, Kuramochi-senpai? —Sawamura hacía bien en temer. De hecho, la opción más sana era irse de allí y dejar a ese hombre solo fraguando quién sabe qué planes.

—Regresemos a nuestros dormitorios, Sawamura —le indicó al castaño que no expresaba más que dudas por el gesto plasmado en su rostro—. Volveremos más al rato a investigar. Justo cuando todos estén dormidos.

Las horas transcurrieron y con ello llegó el momento en que cierto chico debía abandonar su cama, encender la luz, despertar a su atolondrado compañero de cuarto y proseguir con el plan que tenía en manos.

—Ey Swamura, levántate de una buena vez —nada como una amable llave para traer al mundo de los conscientes al pobre pitcher.

—¡¿Qué sucede?!¡¿A quién hay que golpear?! —Eijun se levantó de golpe, ofuscado y lanzando ganchos al aire una y otra vez.

—Idiota, cálmate —le dio un buen coscorrón y se encaminó hacia la puerta—. Tenemos que averiguar a quién ha metido de contrabando el tonto de Miyuki.

—¿Eso significa que está engañando a la hermana del líder? ¡Eso es imperdonable! Ya decía yo que Miyuki tenía una personalidad demasiado torcida —el pobre jamás superaría lo que el de gafas le hizo el primer día que llegó a Seidou.

—Entonces averigüémoslo por nosotros mismos —sonreía bribón. Estaba decidido a disfrutar de los acontecimientos.

Ambos chicos salieron de su cuarto cual ninjas, sigilosos y dispuestos a aprovechar que todos se encontraban profundamente dormidos. Y como bien pudieron se desplazaron hasta el cuarto problema.

—No creo que sea buena idea entrar a la habitación de una chica, Kuramochi-senpai. Podríamos meternos en grandes problemas —el castaño, siempre queriendo hacer lo correcto. Una pena que Kuramochi no tuviera esa pura percepción del mundo.

—Lo único que haremos será encargarnos de que ella esté bien —mentía magistralmente, Kuramochi—. ¿Qué tal si ha venido aquí contra su voluntad? De Miyuki se pueden esperar muchas cosas.

—¿Eso es una tarjeta telefónica? —preguntó Sawamura en cuanto vio que el moreno estaba intentando hacer lo que podría ser considerado como legal; entiéndase, abrir la puerta usando ese simple plástico.

—¿Ah? Ha sido mucho más simple de lo que pensé —la puerta se encontraba ligeramente abierta. Y gracias a lo cuidadoso que fue, no había hecho el menor de los ruidos—. Maldición, está demasiado oscuro —masculló en tono quedito.

El primero en adentrarse fue Youichi, quien con el sigilo de un felino se arrastraba pecho tierra dentro de la habitación, encargándose de no hacer el más mínimo ruido y tratando de llegar hasta la cama.

Asomó su cabeza sobre el margen del lecho, pero sin importar la buena vista que poseyera, no vislumbraba nada. Lo único que podía escuchar era la tenue respiración de quien se encontrara durmiendo allí, tan plácidamente.

Si tomo una fotografía, el flash podría despertarla de inmediato y entonces tendría que salir corriendo de este sitio a toda marcha…También podría tomar algo suyo y sería evidencia suficiente para poner a Miyuki en jaque. Sin embargo, es demasiado oscuro como para estar curioseando por todos lados —cada uno de sus planes poseía contras. Entonces, ¿qué se supone que haría?—. Tsk…No queda más remedio que arriesgarse —se puso de pie, dispuesto a arriesgarse a tomar una fotografía panorámica y salir corriendo como alma que lleva el diablo—. Un par serán más que suficientes…

Y ante el asombro del mismo Kuramochi, había logrado su objetivo sin despertar a la dormilona chica. Por lo visto el flash no era suficiente para traerla de vuelta a la consciencia; no obstante, no todo lo planeado estaba destinado a ser.

—¡¿Pero qué…?! —gritó ahogadamente en cuanto sintió que "algo" había corrido ávidamente entre sus piernas, provocándole algo más que un terrible susto.

Si ejecutaba un solo movimiento en falso lo lamentaría enormemente. Sin embargo, ¿cómo se supone que podría mantenerse sereno sin meter la pata cuando literalmente se encontraba en una de las posiciones más peligrosas y envidiables que cualquier chico podría ansiar.

—…Esto…no es bueno…Tengo que encontrar un modo de salir de aquí o seré hombre muerto…—había caído prácticamente sobre la dormida jovencita, con sus dos manos salvándole de estrellarse de lleno contra ella. Sí, s alguien entraba y miraban la escena, entonces las cosas podrían ponerse demasiado feas—. Menos mal tiene el sueño pesado y pese a todo el ruido no escuchó nada…—lástima que los altos cielos no perdonarían su osadía y obtendría su castigo ejemplar.

¿Quién había tenido el atrevimiento y la estúpida idea de encender la luz como si ese cuarto le perteneciera?¿Quién se había encargado de convertir su sencilla misión en una de suicidio garantizado? Quizá el mismo que estaba postrado bajo el umbral de la puerta, sujetando a ese pequeño animalito que le miraba intrigado mientras movía su nariz de un lado a otro.

Youichi miró en total anonadamiento al sonriente Sawamura que parecía estar feliz de la vida por la tontería que acababa de hacer; después apreció al animal y le resultaba imposible no reconocerlo.

Tragó saliva y enfocó su atención en quien hasta hace unos momentos estaba muy feliz durmiendo. Observó esa grisácea mirada, bastante gélida y tranquila; y entonces conoció el significado real de lo que era el miedo.

—¿Cómo se supone que entraron aquí, eh? —Sora se había levantado de su cama, mirando con cierto reproche al pitcher de Seidou.

—E-E…Eres…un…una….m…—Youichi aprendió esa noche que lo peor que podría hacer era quedar en una posición como esa con alguien como ella, porque poseía la capacidad necesaria para darle una buena patada donde ningún hombre puede recuperarse de inmediato.

—¿Va a estar bien? —preguntaba Eijun por mera cortesía. Digo, se preocupó un poco al ver al pobre corredor tirado en el piso, maldiciendo a la pelinegra y llorando como un niño pequeño.

—Conociéndolo, esto debió haber sido su idea —pasó su venenosa y cabreada mirada en el fraguador de semejante acto inmoral—. Ese ese es el castigo que un chico rastrero como tú se merece.

—¿Y por qué está aquí? —interrogaba el castaño tras darle el pequeño animal a su dueña—. ¡¿Acaso ese maniático se encargó de encerrarla aquí?!

—No en realidad. Sino más bien…—bueno, no tenía inconveniente en contarle lo ocurrido a Sawamura.

—Quién diría…que se portaría decente…—poco a poco el peli verde volvía en sí.

—Como sea, váyanse a dormir y no le digan de esto a nadie… Y con nadie me refiero a ningún miembro del equipo de béisbol —claramente lo decía por cierto chico que era el que poseía la lengua más suelta de todo Seidou—. ¿Te quedó claro, Kuramochi? —su voz había sido tan suave y armoniosa que dejó más que claro lo que le haría si esparcía el rumor.

—¡No diré nada! —hombre prevenido vive más tiempo.

El nuevo día para alguien que tenía que levantarse a las cinco de la mañana llegó en un santiamén, resultando de lo más difícil el abandonar la cama. Pero tenía que dejar sus quejas para otro momento, lo que interesaba ahora era terminar de arreglar su arrugado uniforme, tomar sus cosas y salir del cuarto sin que nadie se diera cuenta. Sonaba bastante fácil, ¿pero podría hacerlo?

Gracias a que tuve que dormir con el uniforme puesto, está todo arrugado, sin mencionar que apuradamente pude hacer algo con el desastre de mi cabello—como bien había podido se había hecho un recogido con trenza—. Es lo suficientemente temprano como para que todo el sitio esté desierto…Bien, hora de escapar.

Rápidamente se desplazó por el pasillo, siempre manteniéndose atenta a que no hubiera moros en la costa. Y podría decirse que su misión estaba resultando ser un completo éxito; o así lo pensó hasta que sus pasos se detuvieron en seco cuando escuchó voces aproximándose en el sentido contrario.

Sí, fue en ese instante que el pánico la carcomió por completo y provocó en ella lo único que podía hacer: huir. ¿Pero era eso una buena idea? La respuesta la supo en cuanto chocó con quien intentaba ir en la dirección opuesta.

—…Ungh…—no era momento para estar exteriorizando el dolor causado por caer contra el suelo. No, lo que tenía que hacer era pararse y seguir corriendo.

—¿No te había dicho que tenías que pararte antes que todos? —fortuna o desgracia, la persona con la que terminó chocando era el mismísimo Kazuya. Él lucía tan fresca y ella cero glamurosa.

—¡Son las cinco y media de la mañana! Eso ya es demasiado temprano —objetó tras haberse puesto de pie—. Ustedes en verdad que son preocupantes. Deberían dormir más horas.

—¿Estás segura de querer desperdiciar tu tiempo aquí? —siseó divertidamente.

—Maldición…Vienen para acá —no podía ver a esos jugadores, pero los escuchaba claramente.

—Después de esta, me deberás una gorda —la pelinegra tenía que procesar sus palabras después. Ahora lo único que sabía era que había sido tomada bruscamente del brazo y jalada hacia el interior de uno de los cuartos del dormitorio de Seidou.

—¡¿Ah?! —por ella gritaría más si no hubiera sido el mismo Miyuki el que le tapó la boca antes de que alguien pudiera escucharla y descubrirlos.

—Shhh….No grites o se darán cuenta de que estás aquí —susurró mientras sus manos cubrían la boca de la chica y ponía atención afuera; estaba esperando a que dejaran de transitar por el pasillo—. Tendrás que esperar a que el desayuno sea servido para salir de aquí.

—¿En dónde se supone que estamos? —redujo su timbre de voz para que sólo él pudiera escucharle.

—Ah, es mi habitación —respondió campantemente. Ella parpadeó un centenar de veces ante la noticia.

—Oye, ¿pero si tu compañero de cuarto llega y me encuentra? —había que pensar en todas las posibilidades.

—No tendrás problema con eso. No tengo compañero de cuarto —bien, eso calmaba los nervios de la chica pero también le despertaba cierta inquietud.

—De modo que te gusta estar solo como un dedo.

—¿Por qué sentí como si estuvieras insultándome y sintiendo lastima por mí a la vez? —refutó.

—Tienes todo bastante ordenado —sí, a su punto de vista el cuarto lucía impecable, sin polvo, con todo lo necesario para salvaguardar las necesidades de un joven de su edad y una cama perfectamente hecha.

—No hagas ruido, ni se te ocurra abrirle a nadie y ponle seguro, ¿entendiste? —por algún motivo se sentía como una niña pequeña a la que van a dejar sola en su casa por primera vez.

—¿Quieres dejar de sonar como mi padre?

—Umm…Creo que lo mejor sería llevarme todo para no volver después o podría ser problemático si alguno de ellos decide seguirme hasta acá —ya que había preparado su mochila con todo lo necesario para no tener que retornar a su cuarto hasta después de la cena, no tenía mayores razones para permanecer allí.

—…Espero no haya escuchado nada…—si el mero hecho de estar en la habitación de un tío no fuera suficiente, justamente ahora su estómago tenía que hacer manifestación de que estaba hambriento—…Diviértete en la práctica…—tenía que fingir naturalidad, hacerle creer que no se había escuchado ningún ruido. Una pena que él había oído todo claramente y ahora estaba sonriendo vivarachamente con una risilla que comenzaba a molestar a Sora—. Si vas a reírte, ¡hazlo bien! —exclamó ahogadamente con un sonrojo en sus mejillas. Vaya vergüenza que estaba comenzando a sentir.

—No es la gran cosa, pero al menos te saciará durante un rato —¿era verdad lo que escuchaba y veía?¿Realmente ese bribón muchacho estaba dándole esa casi celestial bolsa de papas para que llenara su estómago? Estaba que no se lo creía.

—…G-Gracias…—sonrió tenuemente ante la llegada de la buena suerte—. Tal vez no es tan egoísta y embustero como creí. Al menos me ha dado esto para pasar el hambre.

—Yo realmente odio ese sabor, así que pensaba dárselas a Kuramochi o Sawamura. Pero ya que tú te andas muriendo de hambre, es mejor que te las quedes tú.

—Tonto —bufó con indignación después de haberle arrojado la bolsa de papas en su bonita y cínica cara.

—¡¿…?!

—Pero de todos modos las quiero, así que igualmente me las comeré —pronunció tras haber recogido la bolsa plástica. La muy cabrona ni siquiera iba a ofertarle disculpas—. Hablé demasiado pronto.

—…¡Al menos finge que lo lamentas! —espetó, viéndola fijamente. Ella únicamente se limitó a darle la espalda.

—Si continúas haciendo el vago llegarás tarde y el entrenador te hará dar veinte vueltas extra a todo el campo de entrenamiento —le recordó.

—Tsk…¡Se me hace tarde! —vio el reloj y supo de inmediato que debía correr a toda marcha o su pellejo peligraría.

—…No sé si decir si estoy mejor o peor…o condenada…—nuevamente estaba sola, con la libertad a nada pero siendo incapaz de irse—…Creo que eso de que dicen que el karma existe es bastante verídico…Aunque si es así, estoy…jodida…

El día había transcurrido sin percance alguno, con una normalidad abrumadora. Inclusive la hora de la práctica había concluido y cada jugador podía al fin cenar, relajarse, ducharse y encargarse de sus deberes escolares antes de irse a dormir.

Y si bien los planes de Kazuya después de salir del baño consistían en irse a su cuarto a dormir, había quienes no querían dejarlo en paz; individuos como Sawamura que le insistía en dejarlo lanzar y Kuramochi que ya llevaba consigo todo lo necesario para usar su televisor e invitar a sus amigos gamer a divertirse un rato.

—¿No sería mejor que…descansaran o jugaran en otra habitación que no fuera la mía? —pronunciaba el castaño estando frente a la puerta de su cuarto, a nada de abrir y entrar.

—Vamos Miyuki, no seas aburrido —añadía Youichi desfachatadamente—. Tú tienes el mejor televisor de todos los dormitorios.

—Deja que Kuramochi-senpai juegue. Nosotros podemos practicar un poco antes de dormir —parloteaba Sawamura desde su espalda. ¿Cómo es que tenía tanta energía ese chico? Algo malo tenía que tener su organismo.

—Puedes llevártela si tanto te gusta —suspiró, se mentalizó en que no lograría que se fueran y meditó sobre sus opciones. Lamentablemente desde que comenzaron los roces con Maezono ya no podía irse a su habitación y salvarse.

Pero en cuanto la puerta se abrió, Kazuya hubiera preferido mil veces en atender a las egoístas propuestas de Sawamura y hasta irse a jugar un buen rato al cuarto de Kuramochi. Sí, si tan sólo hubiera tomado esas decisiones unos segundos antes su futuro no luciría tan catastrófico como lo percibía ahora mismo.

El castaño se había quedado completamente callado, con una oración incompleta en la boca y temblando como una gelatina recién sacada del molde. Sus dos acompañantes estaban totalmente callados, en shock y con la quijada casi por los suelos.

¿Qué es lo que estaba haciendo justamente ella allí?¿Por qué razón no se había ido cuando el momento correcto llegó? Y sobre todas las cosas, ¿cómo fue posible que se quedó totalmente dormida sobre el piso de la habitación como si las preocupaciones no existieran?

—¡¿Q-Q….Q…?! —Kazuya no podía decir nada, ni el más mundano de los monosílabos. Lo que estaba pasando en su habitación era un problema serio si consideraba quienes estaban allí de testigos.

—Hmm…¿Así que esto es lo que nos ocultas, capitán?¿Este es el modo en que te despejas de las prácticas cada noche? —para Youichi lo que estaba pasando era cremita de la buena. Un acontecimiento milagroso que no ocurre siempre y que debía aprovechar sí o sí.

—¡Senpai! —gritó Eijun a todo pulmón. Él pasaba su mirada rápidamente entre el cátcher y la dormida chica, como si no lo creyera, como si aguardara por una respuesta—. ¡Se lo diré al líder!

—…Mmm…¿Qué…rayos pasó? —no era momento para cuestionamientos triviales. El haber despertado y perder la noción de dónde se encontraba, era lo de menos—…¿Miyuki…? —si estaba somnolienta, toda sensación alguna se le fue en el instante en que notó el rostro de espanto de Sawamura y la cara perversa de Kuramochi—. E-Espera… No me digas…que me quedé dormida…—pronunciaba con horror mientras se percataba de que sí, efectivamente se había quedado totalmente dormida y no únicamente no se fue los dormitorios, sino que permaneció durante todo ese tiempo en el cuarto del castaño.

—Así que han estado de traviesos, ¿eh? Nunca lo pensé de ustedes dos…—habló con sorpresa fingida el bellaco de Kuramochi, viendo a esos dos estoicos chicos con enorme júbilo—. Descuiden, yo guardaré su secreto.

No era la risa medio maniática y sádica la que les producía pavor, sino el hecho de que estuviera tecleando su celular con una velocidad abismal mientras todo a su alrededor se llenaba de un aura negra y maligna.