Los milagros existen. El que esté aquí, después de más de un año sin actualizar, lo demuestra. Y créanme, yo también estoy sorprendida de haber regresado al fandom de DnA y haber tenido las ganas e inspiración para continuar con esta historia.
Sí, sé que les debo una enorme disculpa por semejante ausentismo. Pero sé que no hay palabras que corrijan semejante falla D: Así que me limitaré a dejarles este capítulo, esperando que sea de su agrado y les haga olvidar los malos sabores que hayan tenido a lo largo de la semana. Sin más, disfruten y esperemos vernos pronto.
*Guest: Muchas gracias por dejar tu comentario/mensaje preguntando por la actualización. Espero que seas capaz de ver esta actualización y puedas disfrutar de la continuación. Una enorme disculpa por la espera. Que los altos dioses del olimpo me perdonen.
*Cote: Bueno, no es que me olvide de este fanfic, más bien que se fueron las ganas e inspiración. Son cosas que me pasan más seguido de lo que me gustaría. Pero bueno, al menos aquí está la continuación. Espero pensar pronto en el siguiente capítulo.
Capítulo 18
What do you got?
—¿Piensas quedarte ahí pasmada mirando por la ventana como si fueras una resentida social que maldice la felicidad de los demás? —ese fue el bonito cuestionamiento lleno de veneno que Kuramochi le dedicó para sacarle de su pequeño trance.
—¿Tú no aborrecerías al mundo si estuviera en mi misma posición? —respondió con otro cuestionamiento y sin dignarse a verlo.
—A mí la vida sí me ha tratado bien —dijo con una sonrisa socarrona—. No sé por qué te quejas tanto. El resto de las chicas hasta se toman fotos vestidas de esa manera —él simple y llanamente no comprendía a las mujeres; especialmente a Sora.
—¿Qué tipo de alegría mundana puede existir en usar un traje de sirvienta como este, eh? —ahora esas punzantes pupilas grisáceas estaban clavadas en su persona—. Me parece que está demasiado corto para mi gusto —y ahí estaba, bajándose inútilmente la falda. No se sentía segura—. No comprendo a las chicas de estos días.
—Te has estado quejando toda la mañana. Déjame descansar —le decía, dando un prolongado bostezo—. Yo también tengo que usar este estúpido traje y no me ves lloriqueando.
—Critícame cuando uses una mini falda en vez de un pantalón —no había manera de ganarle a esa terca pelinegra.
—Y bien, ¿qué vas a hacer?
—¿A qué te refieres?
—Nuestro turno ha terminado, así que podemos disfrutar al fin del Festival Cultural —le recalcó.
—Ah, es cierto. Hemos terminado de atender —la mirada se le iluminó por completo. ¿Ese era su estoico modo de mostrar felicidad? —. Salgamos inmediatamente de aquí —por un lado lo decía y por otro ya se encontraba dirigiéndose hacia la salida del salón—. Al fin podré olvidarme de este tonto Café Maid.
—Es una exagerada —suspiró y le siguió—. ¿Y ahora por qué te has vuelto a quedar pasmada? —Yuki se había quedado en medio del pasillo, viendo en todas direcciones. ¿Es que estaba viendo hacia dónde dirigirse o trataba de hallar alguna clase interesante por visitar?
—Sawamura está en el piso de abajo. Ellos hicieron una casa del terror —sabía que preguntaría por lo que haría la clase del moreno, así que se adelantó a sus pensamientos.
—¿Una casa de terror? Mmm… Suena interesante. Podríamos irla a visitar —mencionó con cierta pizca de emoción—. Creo que hay una casa del ramen y otra que se dedica a los postres… Si organizo adecuadamente los tiempos, podríamos visitar todos los puestos en el tiempo que tenemos.
—¡¿Eh?! ¡Espera! ¡¿Cómo que nosotros?! ¡En ningún momento dije que desperdiciaría mi tiempo libre yendo contigo de acá para allá! —vociferó, importándole un bledo que todos le escucharan. Ante los ojos de todos parecían un par de novios que estaban peleándose—. Si quieres que alguien esté detrás de ti como perro faldero, pídeselo a Miyuki. Es tu hombre después de todo.
—¿Qué te he dicho de que me emparentes con ese presuntuoso? —le sonreía, pero no era sinónimo de nada bueno. De hecho, se encontraba jalando sus mejillas con la suficiente fuerza como para dejárselas totalmente rojas—. ¿Entendiste? —el moreno asintió lenta y temerosamente—. Buen chico. Ahora vayamos a la clase que ha puesto el establecimiento de ramen —¿de dónde había sacado aquel panfleto donde se veía lo que hacía cada clase? No lo sabía. De lo que sí estaba seguro es que no iba a ser un recorrido breve.
La primera parada de esos dos fue justamente en la clase del ex capitán de Seidou. Era allí donde se estaba llevando a cabo la venta de diversos y llamativos platillos de ramen; eran indudablemente todo un éxito porque tuvieron que esperar un poco para tener una mesa.
—Lo siento, pero seguimos sin tener una mesa libre —hablaba el hermano mayor de Sora con la propiedad que tanto le caracterizaba—. Aunque si no les importa compartir mesa con alguien, entonces…—no dijo más, Sora le hizo el ademán de que estaba de acuerdo con su propuesta—. Muy bien. Síganme.
—Tenemos hasta 15 tipos diferentes de ramen. Así que tómense su tiempo en elegir la mejor opción —el muchacho estaba efectuando perfectamente su papel de mesero—. Tomen asiento y llámenme cuando sepan qué pedir.
Sora se sintió inquieta después de que su hermano le sonriera con complicidad, como si estuvieran en la misma sintonía o como si le hubiera ayudado en algo que ella deseara. Sin embargo, no tuvo que esperar demasiado tiempo para esclarecer el porqué de su comportamiento. Todo se resolvió en el instante en que ambos se sentaron y se percataron del comensal que estaba ahí.
—Ah, pero si aquí era donde estabas —Kuramochi miraba divertidamente a quien les haría compañía—. No hay duda Sora, tienes mucha suerte…Yahahahaha —su bromista comentario recibió un manotazo en su nuca. Uno que le dolió hasta lo más hondo de su ser.
—Solo por eso vas a pagar lo que comamos los dos —una amenaza pasiva que el corredor debía acatar si no deseaba comprometer su integridad física.
—Ustedes realmente lucen y se comportan como una parejita de enamorados —la amplia sonrisa de Kazuya provocó en esos dos un chasquido de lengua y una mirada de pocos amigos—. Ustedes no son para nada divertidos.
—Es tu culpa por querer venir aquí primero. Te dije que fuéramos a la casa de terror de Sawamura.
—Creo que pediré el ramen especial para empezar —sí, ella estaba ignorando totalmente a Kuramochi—. Escuché que fuiste uno de los encargados de preparar los platillos de nuestro café.
—Cocinar es entretenido —dijo con sinceridad—. Y prefería eso a tener que vestirme tan ridículamente como ustedes dos —no necesitaba reírse para potenciar su burla hacia sus personas. Con esa mirada que se cargaba era más que suficiente.
—Tu traje de chef es bastante simplón y sin gracia alguna —Youichi no se iba a dejarse insultar, así como así.
—Dejen de reñir o me van a arruinar la comida —les pidió con un tono casi angelical. Lo cual significaba peligro.
Un par de minutos pasaron para que las órdenes de Yuki y Kuramochi fueran traídas. Por lo que ahora se encontraban saciando su apetito y degustando de lo que el cocinero se había esmerado en preparar.
—Ey, ¿no crees que está muy grande? —él y Miyuki miraban con cierto anonadamiento el "pequeño" tazón que le trajeron a la pelinegra. Y es que fácilmente era el doble que el de ellos—. ¿Segura que te lo vas a poder comer?
—Sé que tienes buen apetito, pero incluso sería demasiado para ti —comentaba con cierta vileza el de gafas—. Acabarás vomitando.
—La carne está en su punto correcto. Los fideos tienen una buena consistencia y el caldo le ha dado un sabor realmente apetecible —versaba mientras comía tranquila y educadamente como la dama que era—. Esto no parece que haya sido cocinado por un novato —nada como elogiar al cocinero—. He hecho la elección correcta al empezar con el especial del día.
—¡E-Espera! ¡¿En qué momento?! —se distrajo con su charla que no notó la velocidad que llevaba y lo mucho que le había bajado a su tazón—. Y-Ya casi…acaba…
—Ey, tienes que estar de broma…—a Kazuya se le cayeron los palillos en cuanto vio el trasto vacío de Sora y a ella completamente tranquila, limpiando la comisura de sus labios con una servilleta.
—Parece que he llegado justo a tiempo —Tetsuya había llegado y llevaba consigo otro tazón de ramen. Uno que ninguno de esos dos había pedido y que supieron a quién pertenecía en cuanto vieron en dónde lo colocaron—. Mientras te acabas ese, pediré el otro.
—Te lo agradezco, Tetsu —tomó sus palillos y dio inicio con la degustación de su pasta—. Umm…Está picoso. Pero es realmente sabroso.
—¡¿Cómo demonios sigues comiendo después de lo que te has zampado?! —el corredor no daba crédito de que una chica tuviera un apetito tan voraz.
—Sora siempre ha sido de buen apetito desde que éramos pequeños —relataba Tetsuya con una sonrisa en sus labios y cierto entusiasmo—. Nunca pudimos ganarle Masa ni yo.
—E-Es imposible que coma más que un jugador de béisbol —eso pensaba Miyuki hasta ese momento—. ¿En algún momento va a llenarse?
—Quisiera un refresco de melón —pedía la chica a su hermano—. Bueno, mejor que sean dos. Me va a dar bastante sed cuando acabe con esto.
—Kuramochi, Miyuki, ¿quieren algo más?
—No. Nada más. De verla ya nos hemos llenado —expresaron los mencionados.
Era de lo más gracioso que pese a que solo comieron un tazón de ramen cada uno, se sentían con la pesadez de alguien que se ha engullido todo lo que le pusieran en frente. Y es que lo más indignante de todo es que la persona que había barrido de esa manera tan magistral con casi medio menú caminaba tranquilamente a la vez que comía una paleta helada de limón.
—Es un monstruo…
—Un barril sin fondo…—complementaba el capitán de Seidou—. Aun cuando se comió 7 tazones sigue como si nada…
—Esperaba que los jugadores de Seidou comieran un poco más, pero veo que no es así —comentaba para ese par—. Me han decepcionado.
—¡Lo que pasa es que tú comes demasiado! —le gritoneaba Youichi.
—Oh, esto suena interesante —la chica se detuvo frente a una pizarra donde había un anuncio bastante llamativo—. No suena mala idea participar.
—Los rally se volvieron bastante populares de un tiempo para acá durante los festivales culturales —informaba el de lentes—. Y parece que este año el premio es bastante gordo.
—Un viaje a las aguas termales suena bastante bien. Los de tercero de verdad se la han currado este año —leía Kuramochi—. Aunque hay un problema, Sora.
—¿Y ese sería? —el moreno señaló el punto fundamental de todo el evento—. ¿Pareja? —ladeó la cabeza, como quien no ha logrado entender del todo lo que ha leído—. ¡¿Un rally de parejas?!
—Al parecer solamente pueden participar chica y chico. De modo que tendrás que conseguirte a alguien si deseas participar —¿por qué había sacado su celular? ¿Por qué tecleaba tan rápidamente? Un mal presentimiento llegó a Sora y a Kazuya.
—Participa conmigo —si tenía que recurrir a alguno de los dos, elegiría mil veces a Youichi.
—Lo siento. Pero ya voy a participar con alguien más —expresó, rompiéndole todas sus ilusiones.
—¿Cómo que vas a participar con alguien más? Recién te acabas de enterar de esto —ya estaba zarandeando al pobre corredor—. No mientas pequeño rufián.
—No es mentira —aseguró—. Le he preguntado a Miu si quiere participar y me ha dicho que sí —ya estaba mostrándole el mensaje de texto que avalaba sus palabras—. La idea de las termas le ha fascinado.
—Maldita traidora —soltó al muchacho para poder lamentarse como era debido—. Con lo torpe que es Miu, dudo que lleguen a ganar —sí, estaba destilando su veneno contra el muchacho.
—Sora, no tienes nada de qué preocuparte. Frente a ti tienes al individuo perfecto para ti. A quien te complementará y será tu apoyo fiel durante esta competencia —sí, sabía que le saldría con un comentario como ese—. Y como pueden ver, se requiere mandar el nombre de ambos al número que pone aquí para quedar registrados y así poder participar —¿amabilidad o gilipollez? ¿Cuál de las dos? Seguramente lo que ese par deseaba era darle una buena paliza. El muy cabrón los había inscrito sin su consentimiento.
—En este momento mandaré un mensaje cancelando la participación —Sora no perdería tiempo.
—¿Segura que quieres hacer eso? —la chica se detuvo ante sus palabras—. Debo advertirte que el que está organizando esto es Morita… Y sabes lo que pasa cuando alguien desafía la autoridad de Morita.
—¿Morita no es ese chico de dos metros, un tanto llenito y capitán del club de sumo? —curioseaba Yuki—. Escuché que a los que abandonaron el torneo de clasificación los persiguió todas las tardes al salir de clases para que se arrepintieran…—ya no estaba tan segura de cancelar su participación—. No quiero ser perseguida por un hombre como ese. De modo que…—miró al de gafas y este sintió su nada pacífica petición en cada fibra de su ser.
—Creo que no me queda alternativa…Es el capitán de sumo o tú —expresaba con nerviosismo.
No eran ni las dos de la tarde y una gran cantidad de alumnos se encontraban reunidos en la cancha de futbol frente a una mesa rectangular, esperando en silencio a que el alto y robusto muchacho empezara a hablar sobre el rally que se llevaría a cabo.
—Las reglas para este rally son fáciles, así que no tendrán problema alguno en entenderlas. Y bueno, si quiebran alguna, serán descalificados de inmediato, por lo que sean cuidadosos —unas hojas empezaron a ser repartidas entre los futuros participantes—. El rally cuenta con tres fases: la física, la intelectual y la especializada. Cada una tiene diferentes pruebas y estas tienen cierto puntaje. Así que únicamente deben terminar todas las fases y venir a este stand para que revisemos la cartilla que en un momento les entregaran. Ahí les darán sus puntos.
—¿No es emocionante, Sora? Vamos a participar en un rally —Miu estaba tan jovial y llena de energía. Su amiga por su lado, la veía de reojo con una ecuanimidad envidiable—. No me digas que todavía sigues molesta porque acepté participar con Kuramochi —lo que obtuvo como respuesta fue la indiferencia de la pelinegra.
—Tan vengativa como siempre —mencionaba casual el cátcher.
—Ey Miyuki, ganaremos esto. Así que sé cooperativo por primera vez en tu vida —sí, estaba insultándole.
—¿Tantas ganas tienes de ir a las termas? —cuestionó con soberana guasa—. Sí que eres una chica extraña.
—Las termas me tienen sin cuidado —expresó, mirándole de soslayo—. Lo único que me importa es obtener la victoria a como dé lugar. No permitiré que mi orgullo sea mancillado de esta manera.
—¿De qué orgullo estás hablando? ¿Por qué te has puesto tan competitiva? —dio un largo y pesado suspiro. Estaba entre la espada y la pared—. ¿Por qué me han tenido que arrastrar en todo esto?
—La primera fase se llevará acabo aquí, así que vayan a la línea de salida junto con su pareja —pedía el grandulón—. El primer evento será una carrera de 500 metros. Fácil, ¿verdad? Claro que sí. ¡Solo tendrán que amarrar su tobillo con el de su pareja y correr a toda marcha! Y el que llegue primero obtendrá el mayor puntaje.
Ataron sus tobillos con el lazo ofertado por los organizadores y se colocaron sobre la línea de salida.
—Miyuki, ¿has hecho esto alguna vez?
—Solía ser bastante común en la secundaria a la que iba —mencionó tranquilamente—. Todo es cuestión de coordinación y no habrá problema alguno.
—Entonces no debo preocuparme al respecto —decía, con una sonrisa llena de ambición y entusiasmo. Algo muy extraño de ver en ella. Y es que hasta Miyuki estaba empezando a dudar si estaba con la misma Sora que él conocía.
—Sora se pone bastante entusiasta cuando se trata de rallys —porque Miu y Youichi se encontraban al costado del cátcher—. Técnicamente se vuelve otra cuando está dentro de uno de ellos —mencionaba alegremente—. Tu novia tiene más facetas de las que piensas, Miyuki-kun.
—Debes apreciar y atesorar estos momentos para toda tu vida —complementaba el peli verde. Kazuya solo podía pensar que ellos eran la peor dupla que pudiera encontrarse en la vida; ambos se habían unido para incordiarle de lo lindo.
La carrera inició y todos los corredores salieron a toda marcha, más que dispuestos a encabezar la competencia. No obstante, algunos olvidaron el pequeño detalle de que no competían en solitario y que requerían implementar una que otra medida si querían obtener la victoria.
Unas cuantas parejas tropezaron, otras más habían empezado a reñir por su pésima coordinación y luego estaban las que estaba haciéndolo bien y se mantenían a un ritmo constante. Y no era de sorprenderse que las parejas que encabezaran la competencia fueran las correspondientes a Sora y a Youichi.
—Para no soportarse mutuamente lo hacen bastante decentemente —para Kuramochi siempre existían oportunidades para molestar a esos dos.
—Tal vez se agraden más de lo que se atreven a confesar —porque la pelirroja también estaba dispuesta a hacer su aportación—. Ahora sí lucen como una verdadera parejita de enamorados.
—Esos dos hacen un mejor dúo de lo que podría haberme imaginado —estipulaba la pelinegra sin mucho gusto—. Pero Kuramochi sigue siendo Kuramochi —Kazuya sabía que esa sonrisa burlona no significaba nada bueno. Pronto supo qué era lo que tramaba—. Ey Miu, ¿recuerdas ese viaje escolar a la playa que tuviste con tu clase? Nunca me imaginé que pudieras usar algo como esto para impresionar al chico que te gustaba —las palabras no eran suficientes, así que ella estaba mostrándoles esa hermosa foto desde su celular; esa que dejaba apreciar a la pelirroja usando un atrevido y picante traje de baño. Algo que no fue pasado por alto por cierto corredor.
—¡Kura…! —exclamó su nombre de manera incompleta mientras caía al suelo gracias a que cierto chico se había enredado con sus propios pies. Sí, se había accidentado por haber visto aquel regalo divino—. Tsk… Maldición…—estaba frustrada sobre el suelo mientras Kuramochi sonreía bobamente con la cara roja atestada de pensamientos impuros.
—Creo que nos veremos en la siguiente competencia. Si es que logran llegar —decía cantarinamente Kazuya. Porque lo admitiera o no, estaba bastante complacido de que ese par obtuvieran su escarmiento por estarles molestando.
Como era de esperarse, el equipo de Sora y Kazuya obtuvieron la victoria de manera aplastante. Y eso los posicionaba por encima del resto. Pero no se dormirían en sus laureles, porque había quienes le seguían los talones peligrosamente.
¿Cuántas pruebas físicas habían tenido que atravesar como para que ahora se encontraran tan polvorientos y cansados? No tenían la menor idea. Lo único que les quedaba claro era que estaban empatados en puntos y eso era inadmisible. Así que dejarían que la siguiente fase decidiera quién llevaría la batuta.
—Con lo que me gustan los acertijos…—Sora suspiró tras haber terminado de leer la hoja que les fue entregada en cuanto entraron al laboratorio de ciencias.
—"¿Cómo puedes cruzar el puente con tres amigos en diecisiete minutos si tú te tardas 1 minuto, el segundo tarda 2, el tercero tarda 5 y el cuarto demora 10?" —leyó Kazuya—. Es bastante sencillo si lo piensas por un momento.
—¿Ah sí? Pues yo no lo veo muy claro que digamos.
—Los dos más rápidos cruzan el puente. Uno de ellos regresa y entonces los dos más lentos atraviesan el puente. Entonces el segundo más rápido llega hasta el primero y ambos cruzan de regreso —fue la respuesta que le dio a la pelinegra. Ella en cambio, le extendió la hoja para que él escribiera la respuesta, ya que solo logró confundirla—. Parece que estas cosas no son tu fuerte.
—Parlotea menos y escribe más rápido —demandaba, desviándole la mirada—. Al menos no estoy en el mismo hoyo que esos dos —porque Youichi y Miu estaban peor en la comprensión de aquellos acertijos que ella.
—Creo que has hablado muy rápido —el moreno le extendió la segunda hoja de la prueba. Se trataba de problemas de física y matemáticas, y no tenían muy buena finta.
—Al parecer los rumores eran ciertos —susurraba Sora al tiempo que tomaba esa hoja entre sus manos—. El que hizo esto es el presidente del club de física y matemáticas. Aunque lo que más me sorprende es que haya un club como ese.
—Los primeros cinco son bastante sencillos, así que no hay que preocuparse por ellos. Pero el resto…
—Bueno, puedo encargarme de esto. Así que termina con los acertijos —le propuso. Él por su lado se limitó a seguir con lo suyo.
—No vayas a acabar como esos dos —fue lo primero que dijo Kazuya en cuanto acabó con su parte. Y es que esa parejita tan ruidosa se encontraba con la cabeza echándole humo.
—He terminado —expresó tras entregarle su hoja al moreno—. Esta clase de ejercicios me hacen recordar esos días en la academia para mujeres. Nunca nos tuvieron piedad.
—"Una partícula se mueve a lo largo del eje OX de un sistema de coordenadas con aceleración constante. En el instante inicial pasa por la posición x(0)= -10m con una velocidad v(0)= -20 ms-s y en t= 3s su posición x(3)= -52m…." —no siguió leyendo, todo aquel enunciado le provocó una pequeña migraña—. ¿En verdad lo has entendido y resuelto?
—Siento como si no me creyeras —señaló, cruzándose de brazos—. Aunque te cueste creerlo, me gustan los números. Así que cuando tengo tiempo libre me gusta resolver problemas de física y matemáticas. Es hermoso cuando me encuentro con algo que no soy capaz de resolver a la primera —proclamaba como si su hobby fuera el más divertido de todos.
—Es en la única materia que obtienes sobresaliente, ¿verdad?
—Cállate y entrega las hojas de una buena vez.
Si bien no fueron los únicos que lograron superar la fase de intelecto, si eran los que encabezaban la lista de puntos. De manera que ahora solamente les restaba ganar la última fase y obtendrían la victoria absoluta.
Y siguiendo las instrucciones del capitán de Sumo, se trasladaron hasta el gimnasio. Allí les esperaría un extraño escenario.
—¿Manteles y un canasto? —Sora y Kazuya fueron de los primeros en arribar al lugar. Y no entendían qué era lo que iba a pasar.
—Supongo que terminaremos recolectando cosas o algo así…—mencionó porque su curiosidad lo llevó a examinar lo que pudiera haber dentro del cesto; lo que halló allí lo dejó un tanto pensativo—. ¿Una parrilla? También hay utensilios de cocina y demás cosas…Pareciera como si esta última prueba consistiera en cocinar.
—¡En efecto! ¡De eso se trata la última fase! —se debían tener muy buenos pulmones para que sus palabras resonaran por todo el lugar y nadie fuera incapaz de escucharle—. Uno de ustedes se encargará de cocinar y el otro de traer todos los ingredientes necesarios para la realización del platillo.
—Suena engañosamente fácil —susurraba Yuki.
—Los ingredientes se encuentran repartidos a lo largo de todo el plantel educativo. Y descuiden, hay marcas claras indicándoles en donde y qué es lo que hay en determinado punto.
—Suena a un verdadero dolor de cabeza —el de gafas no estaba para esa clase de maratón.
—Si bien la mayor parte de los ingredientes hay en cantidades suficientes para que no haya problema. Hay otros que están en menor cantidad. Sin mencionar que hay uno que es el eje central de todo el platillo, por lo que solo hay un par de piezas disponibles.
—Esto se va a poner feo —Sora se cuestionaba si la victoria valía tantos sacrificios.
—Cuando hayan completado la lista, regresarán y se los entregarán a su pareja. El platillo resultante será evaluado por nuestros jueces y de ese modo se determinará al ganador. Así que mucho éxito.
—Te deseo suerte con la futura masacre —los buenos ánimos del cátcher no fueron bien recibidos por la muchacha—. Tendrás que correr mucho si quieres ganarle a Kuramochi.
—Más vale que el platillo que prepares sea digno de todo el esfuerzo físico que voy a invertir en él.
Los primeros ingredientes de la lista fueron de fácil obtención, ya que no solo estaban a la mano, sino que también los había en grandes cantidades. El problema real empezó en cuanto se iba por los últimos tres; esos que eran escasos y estaban perfectamente escondidos porque nadie lograba encontrarlos por ninguna parte.
—¿Pero a quién se le ocurrió dejar este frasquito de sal ahumada aquí? —porque claro, la estantería de libros que había en la sala de profesores era el mejor lugar para dejar un condimento—. Verduras diversas, salsa de soja dulce, sales gourmet, sal volcánica, sal ahumada…—solamente había un ingrediente que no estaba palomeado—. Falta la pieza de Kobe… Y al ser la pieza fundamental, encontrarlo va a ser mucho más complicado… ¿Dónde podrían haber puesto esos trozos costosos de carne?
Pero del lado de los que debían aguardar, la situación era mucho más tranquila y ausente de preocupaciones. Ahora lo único que ocupaba a los competidores era el tener todo listo para cuando los ingredientes llegaran.
—Pensé que al final te saldrías de la competencia —habló Miu en cuanto terminó de colocar su pequeña a improvisada cocina.
—No deseo que mi vida se vuelva más ruidosa de lo que ya es —con Sawamura le sobraba—. Así que la idea más inteligente es la de quedarme en la competencia.
—Ciertamente Sora no te hubiera dejado en paz. Siempre es así cuando de esta clase de cosas se trata —si por algo la conocía de tiempo—. Y ser correteado por el capitán de Sumo tampoco es mejor —miró al inmóvil chico y después suspiró—. Espero que Kuramochi no la haga enfadar.
—Vamos, ¿qué es lo peor que podría pasarle? —si bien su pregunta fue lanzada al aire, obtuvo una rápida respuesta. Todos allí habían logrado escuchar ese prolongado y atormentado grito.
—Le dije que no colmara su paciencia.
—Cosechó lo que sembró —Miyuki sonreía con descarada burla.
—No eres precisamente quién para decir eso —le acusaba con la mirada—. Eres igual de toca narices que él. O, mejor dicho, eres peor que él.
—Eso sí que no me lo habían dicho antes —expresó despreocupadamente—. Aunque no seré yo al que mañana le duela todo y sea incapaz de realizar las prácticas de béisbol —de un modo u otro había obtenido su recompensa por haber sido arrastrado en aquella competencia.
El lugar se llenó con el delicioso y exquisito olor de la carne que había sido previamente marinada antes de ser freída sobre la sartén. Y un ambiente como ese solamente despertaba el apetito de los participantes; una pena que esos platillos solo podrían ser degustados por unos pocos.
—Ya está —dijo para una impaciente chica que estaba sentada frente suyo con un platito entre manos, esperando a que le pasara un trozo de carne.
—La carne Kobe es la más deliciosa de todas. Es la recompensa perfecta después de buscarla por cada rincón —tomó un pequeño pedazo y se lo metió a la boca. Saboreó en la medida posible semejante manjar—. Mi vida estaría completa si pudiera comer cosas como estas a diario.
—Necesitarías ser millonaria para cumplir un sueño como ese —Miyuki ya estaba al tanto de su glotonería, pero seguía resultándole de lo más extraño que se tornara tan expresiva cuando comía algo que realmente le gustaba.
—Ha estado delicioso —expresaba la joven tras haber saboreado el último trozo de aquella carne—. Odio admitirlo, pero la cocina se te da muy bien —indicó sin mucha alegría. De hecho, se le notaba molesta por ello—. Si pusieras un restaurante, seguramente sería un éxito.
—Tomaré tus palabras como un halago —soltó campante—. Espero no te haya dolido mucho el morderte el orgullo para decirme todo esto —él creía que molestar a Kuramochi y Sawamura era de lo más satisfactorio. Ese era su pensamiento hasta que se dio cuenta de que le provocaba el mismo regodeo sacar de sus casillos a la hermanita de su ex capitán.
—No debía de haberte dicho nada, pedazo de egocentrista —él por su lado se limitó a reírse burlonamente, en su cara y con la intención de cabrearle más—. Ojalá tu platillo sea descalificado.
Mirar el techo siempre le tranquilizaba y le hacía olvidarse de todo aquello que era innecesario para ella. Sin embargo, en esta ocasión no había tenido ese mismo efecto sanador. De hecho, le había provocado más agobio que alivio. ¿Y es que por qué tenía que recordar ese día, esa competencia y todo lo que le dijo a ese prepotente cátcher? ¿Es que se debía al festejo de esa noche y al espectáculo que le ofertó al capitán de Seidou?
Sí ese era el caso, apestaba de verdad.
—Todo es culpa del idiota de Kuramochi —se giró hacia la derecha, mirando sin mucho interés las cajas de madera que se resguardaban bajo su cama—. Parece que hoy es un buen día para hacer limpieza exhaustiva —su cabeza estaba pensando más de lo necesario en lo que pasó hace unos días atrás durante el festival cultural. También repensaba una y otra vez lo ocurrido con Miyuki hace unas horas atrás. Y si eso no era suficiente, se sentía molesta y ni siquiera sabía el porqué de ello. Ella solo deseaba que aquella intranquilidad se largara pronto de su cabeza—…De ninguna manera va a ser eso…Claro que no. Algo como eso es sencillamente imposible…
No era de los que asomaban la cabeza en el baúl de las memorias. Entonces, ¿por qué motivo se había puesto a conmemorar aquello? ¿Es que el haber tomado aquel boleto dorado entre sus manos tuvo algo que ver? Si era así, ¿por qué antes no ocurrió algo similar? Después de todo, aquel boleto permanecía sobre su pequeño librero, como una decoración más a la que no le daba la mayor importancia.
¿Y si todo había surgido a raíz del obsequio que le dio y las reacciones que le mostró cuando fue expuesta por Kuramochi? Si era así, ¿por qué todo eso tenía que sugestionarle para que recordara aquel desastroso día en el festival cultural? ¿Es que eso no era prueba de que ella alteraba de un modo u otro su estado basal? Y esa posibilidad no le gustaba; simple y llanamente no podía existir ni ser concebida.
¿Qué era lo que estaba pasando en realidad? ¿Por qué tenía esa sensación de contrariedad cuando recordaba el pasado y lo extrapolaba con su presente? ¿Qué fue lo que cambió entre ese lejano punto y el actual?
—Así que un viaje a las aguas termales, ¿eh? —sonrió ladinamente, de manera automática, sin despegar su mirar del llamativo boleto. Ese que fue ganado hace un par de semanas atrás. Y de nuevo se sintió extraño. ¿Qué era lo que le hacía sentirse tan inquieto?
