¡Buenas noches! Espero estén disfrutando de su miércoles por la noche; y si no es así, aquí les traigo la actualización C: Ya nos leeremos en la próxima actualización.

Capítulo 21

Dreamer

—¿En verdad es buena idea que hagamos esto? Los chicos deberían estar descansando tal como lo ha indicado el entrenador —fue el comentario que emergió por parte de Kazuyoshi en cuanto vio instalados a los jugadores de Seidou en la cancha de béisbol que improvisaron en la parte trasera del hostal.

—Ha sido el deseo de los chicos el querer jugar, así que no podemos frenar su motivación de esta manera —alegó la directora asistente del equipo de béisbol—. No pasará nada si dejamos que se diviertan un poco.

—¿No se les hará raro que ese chico se les una? —Outa sonaba tan preocupado como cuando Sawamura empezaba a fallar y pedía que le cambiaran por Kawakami.

—No hay nada de qué preocuparse —Rei ajustó sus lentes y sonrió confiada—. Él estará en el equipo de los de primero junto con Sawamura.

—Tal parece que el equipo de Sawamura será el primero en lanzar —Sachiko ya tenía su libreta y lapicero en mano, más que dispuesta a hacer las anotaciones correspondientes.

—Y han dejado a Tatsuhisa-kun como jardinero izquierdo —mencionó Yui al ver al joven desplazarse hacia ese punto—. Resalta bastante por no usar el uniforme del equipo como el resto.

—Realmente estoy sorprendida de que todos hayan traído su uniforme cuando se supone que sabían que no iban a jugar nada de béisbol el fin de semana—Sora veía al joven Eijun gritando a todo pulmón mientras se disculpaba de antemano por las posibles bolas que saldrían volando.

Aun cuando habían visto los lanzamientos de Sawamura un centenar de veces, jamás se cansaban de apreciarlos en directo; especialmente cuando lograba ponchar a cada bateador que se paraba frente a él. Aunque un evento como ese siempre motivaba al resto a hacerlo mucho mejor y demostrarle que todavía le quedaba un largo camino por mejorar.

Los lanzamientos rápidos de Furuya producían un hermoso sonido cuando se estampaban de lleno contra el guante de Miyuki; eran bolas pesadas, rápidas, y por ende, aterradores.

No tengo suficiente información sobre sus hábitos de bateo, pero por lo poco que vi, lo último que debo de hacer es darle un lanzamiento fácil o lo mandará a volar sin problema alguno —Miyuki sonrió ladinamente ante lo que planeaba para el concentrado rubio.

El slider de Furuya había estado más que perfecto, entrando sin dificultad alguna en la zona de strike sin que el bateador abanicara ni una sola vez.

Diría que no está acostumbrado a los lanzamientos rápidos como los de Furuya, pero el hecho de que no abanicó me hace pensar que está esperando por algo más fácil de manejar —algo que claramente él no iba a darle.

El split-finger fastball era uno de los lanzamientos más característicos del oriundo de Hokkaido, y simultáneamente, uno de los mayores dolores de cabeza para muchos a la hora de batearlo. Sin embargo, alguien parecía estar esperando por ello.

Y entonces, sucedió. La pelota salió volando con la suficiente potencia como para llegar hasta lo más profundo del jardín central.

Ey, no me digan que él estaba aguardando por ese lanzamiento en especial. ¿Es que acaso no ha reaccionado al primero a propósito? —su sonrisa se ensanchó más. Usualmente los bateadores buscaban lanzamientos sencillos, no los complicados. Pero allí estaba el primer espécimen que conocía que buscaba eso—. No sé si decir que lo ha hecho por mera presunción o para ver el alcance de sus propias habilidades aprovechando que está en un juego real. Lo que fuere lo puede conducir a mejorar enormemente o a autodestruirse.

—Vaya, es muy bueno bateando las rectas —Outa sabía reconocer lo bueno de un jugador cuando se hacía presente.

—Parece que a Furuya-kun no le gustó aquello —soltó con cierta diversión la profesora—. Con lo que acaba de pasar realmente querrá ponchar a Souh-kun en el siguiente turno.

Sawamura volvió a lanzar, esta vez con mayor ímpetu que en la primera entrada. Tal vez el ver la molestia de su gran rival le motivó un poco más. Aunque eso no evitó que algunas bolas salieran volando hacia los jardines externo; menos mal que los jardineros eran de confianza y lograron conectar sin mayor problema con los jugadores que protegían las bases.

—El jardinero izquierdo debe tener un brazo fuerte que le permita ejecutar lanzamientos de larga distancia. Sin mencionar que debe reaccionar rápido y ser bueno con el fildeo —Takashima lucía complacida con lo que acababa de ver—. Al verlo batear me quedó claro que esa sería la posición ideal para él.

—Aun con la mala racha que está teniendo Sawamura se están divirtiendo enormemente —comentaba la de coletas al ver a los jóvenes haciendo pequeñas bromas sobre el castaño mientras se preparaban para batear.

El resto del partido se llevó a cabo sin percance alguno, demostrándose una vez más que las agallas y el espíritu competitivo de ambos equipos estaba totalmente encendido, llevándoles a mostrar lo mejor de sí mismos como jugadores.

Aunque hubo algo que sin duda fue el interés principal durante todo el juego.

—Odio admitirlo, pero es muy bueno bateando las bolas rápidas —comentaba Kuramochi mientras se desprendía de sus guantes.

—Furuya terminó bastante frustrado, por lo que disfrutó en grande cuando lograba poncharlo cuando se dirigía a alguna base —Miyuki había terminado de secar todo el sudor que tenía a los lados de la sien. Incluso estaba hidratándose—. Pero también es algo de lo que puede aprender y sacar provecho. Por lo que mejorará.

—Siempre y cuando no se meta en problemas antes —Maezono señaló al introvertido pitcher que estaba frente al rubio sin decirle nada pero emanando un aura intimidante.

—Chicos, lo han hecho bastante bien, así que, ¿por qué no comen unos bocadillos mientras descansan? —Takashima había llegado y justo detrás venían las mánagers con charolas repletas de bolas de arroz.

—¡Qué bien! —exclamaron unos cuantos que ya estaban muertos de hambre.

—Los que están rellenos de salmón son los mejores —Eijun podía tanto hablar como comer.

—Pues este que está relleno de camarón no está nada mal —Souh parecía disfrutar bastante de su bola de arroz.

—Lo hiciste bien. Aunque no te creas demasiado por ello. Yajajajaja —nadie se escapaba de sus típicas patadas; ni siquiera ese chico que ni siquiera pertenecía a Seidou—. Y más te vale que te prepares, porque nuestro pitcher no tendrá piedad para la próxima vez después de lo que le has hecho —allí estaba su tenebrosa sonrisa—. También pienso destrozarte en ese juego de lucha.

—Eres tal cual te describió Eijun —claramente se había descolocado un poco tras aquella muestra de salvajismo pero se reincorporó tan pronto como pudo.

—¡Ey Sawamura, ¿qué demonios le andas contando de mí al cara bonita este?! —momento de educar a golpes a su compañero de cuarto.

—¿Me acaba de decir "cara bonita"? —Tatsuhisa parpadeó un par de veces ante semejante apodo—. Ese es un sobrenombre muy extraño.

—Parece que te especializas en batear bolas rápidas. Y debo reconocer que tienes una buena técnica y bastante poder ofensivo —Maezono, después de todo, era uno de los cañoneros del equipo y toparse con alguien que le rivalizaba le despertaba ciertos sentimientos encontrados.

—Sí, bueno, eso se debe más que nada a que el chico con el que entrenaba se especializa en dichos lanzamientos —relató para el grandote con cierta normalidad.

—Así que por eso fuiste sobre Sawamura que es todo lo opuesto —decía Kazuya, colocando su mirar en el rubio—. Bueno, enfrentarte a alguien como él sin duda te aportará una buena experiencia. Aunque puede que te mire feo por un rato.

—Todos aquí pensamos que te tiñes el cabello —agregaba Youichi con diversión.

—Siento decirlo, pero es mi tono natural —estableció.

—Tal parece que todos se llevan muy bien —Haruno veía una sana convivencia entre chicos, el resto de las mánager veía a un montón de chicos de preparatoria intentando divertirse con el rubio sin demasiado éxito.

—¿Y qué tal? ¿Te has divertido? —preguntó la pelinegra en cuanto se halló frente al muchacho y le extendía una toalla para secarse al sudor.

—Bastante —respondió antes de limpiarse el rostro y colocar la toalla sobre su hombro derecho—. Ha sido sumamente divertido —expresó, con una sonrisa de complacencia—. Estos chicos dan todo desde el momento en que pisan la cancha y esa es una manera de jugar que no todos poseen, y que admiro. No es algo que se aprenda a través de los entrenamientos. Es algo con lo que se nace. Así que tener la oportunidad de enfrentarme a ellos ha sido bastante genial —pronunció sin tapujo y con una sinceridad palpable. Los chicos que habían logrado escuchar, intercambiaron miradas y sonrieron de manera automática; habían sido elogiados y simultáneamente se habían logrado ganar eso conocido como respeto—. Gracias por mostrarme la manera en que se debe jugar al béisbol —dijo, haciendo una referencia a esos chicos en forma de agradecimiento.

—Me alegra saber eso —expresó con cierto toque de alegría. Incluso le sonreía tenuamente.

—Vamos, vamos, no seas tan formal —¿por qué darle una patada cuando se le pueden dar dos—. Oh, ¿pero qué es lo que tenemos aquí? Alguien está siendo bastante amable con un mero conocido de años atrás —tal vez para el resto la pequeña interacción que había tenido lugar entre Souh y Sora pasó desapercibida, pero no para él. Tenía una ligera sospecha y probablemente indagaría hasta hallar la respuesta—. ¡Esto podría ser de lo más interesante!

—¡Kuramochi-senpai, no sea irrespetuoso! —Sawamura había salido en defensa del rubio.

—¿Qué has dicho Bakamura? ¡Te haré respetar a tus superiores! —y allí estaba aplicándole una magnífica llave al moreno mientras todos se reían de la desgracia del pobre pitcher.

—Creí que habías dicho que era un chiquillo engreído y sin modales, pero parece que sabe comportarse —todo el relajo se terminó en cuanto se dieron cuenta de la persona que había llegado en compañía de un completo desconocido que emanaba la misma aura intimidante que su temible entrenador.

—¡Buenas tardes, entrenador! —gritaron los chicos en cuanto Tesshin puso su atención en ellos.

—Padre —pronunció el rubio cuando aquel alto y bien vestido hombre se halló al lado del entrenador de Seidou. Era imposible negar el lazo sanguíneo que los unía; aunque a diferencia del adolescente, el padre llevaba su rubia cabellera peinada hacia atrás.—. No esperaba que continuaras aquí.

—No pensaba marcharme de la ciudad sin haber arreglado tu situación —pronunció para Souh sin apartar su pesada mirada de él—. Veremos si realmente deseas dedicarte al béisbol o es un mero capricho que surgió repentinamente porque estabas aburrido —su hijo no pronunció palabra alguna, pero esa gélida mirada que le obsequiaba le decía todo—. Y es por ese motivo que a partir de este lunes empezarás a estudiar en la Preparatoria de Seidou.

—¿Eh? —había escuchado cada una de sus palabras con claridad. No obstante, no parecía haberlo asimilado del todo—. Eso significa que...

—Formarás parte del equipo de béisbol —sentenció—, sin embargo, el que seas elegido o no para jugar, será determinado completamente por tu desempeño. Por lo que no necesito decirte lo que es obvio —era cuando los chicos de Seidou se daban cuenta de que tener a un entrenador como Kataoka de dirigente no era tan malo en comparación a lo que debía vivir el rubio con un padre como ese.

—Lo sé perfectamente, por lo que no necesitas repetírmelo.

—Tesshin, sé que es mi hijo, pero no tengas compasión con él. Y si lo consideras necesario, ponlo a entrenar el doble que al resto —Sawamura y asociados ya sentían mucha pena por el oscuro futuro de su nuevo compañero de equipo.

—Si quiere jugar al mismo nivel que sus compañeros de equipo, tendrá que sudar y esforzarse el doble —ahora tenía la penetrante mirada del entrenador encima, echándole pasivamente una sentencia de muerte—. Así que espero que estés listo, mocoso.

—Claro que lo estoy —expresó sin vacilación.

—Disfruten del resto del día que mañana partiremos a primera hora para seguir con el entrenamiento. ¿Entendido?

—¡Sí entrenador! —tras su entusiasta exclamación el par de adultos se retiraron, restándole tensión al ambiente.

—Joder, tu viejo es bastante intimidante. Y no parece estar muy feliz o confiado de que juegues béisbol —Kuramochi tenía una lengua bastante suelta y franca.

—En cierto modo no puedo culparlo por ello. Sin embargo, eso no significa que claudicaré y volveré con la cola entre las patas —aseveró, viendo de soslayo al corredor—. No pienso desaprovechar la oportunidad que el entrenador Kataoka me ha dado.

—¿Por qué sonríes de esa manera tan sospechosa? —cuestionó Sora a quien había sonreído tan descaradamente tras la partida de ese par de adultos.

—Me lo he estado preguntando desde hace un tiempo. ¿Por qué tienes esa loca idea de que estoy pensando en algo malo cada vez que sonrío? —inquirió a la pelinegra.

—Porque cada vez que lo haces, Sawamura y Furuya terminan mosqueados o peleándose entre ellos —el castaño se cruzó de brazos y fingió demencia ante lo dicho—. Y estoy segura de que has pensando en algo justamente ahora.

—Vamos, vamos, no seas tan desconfiada —que le diera un par de palmadas en la espalda, no le ayudaba a fomentar confianza mutua—. Solamente estaba pensando en que las cosas se pondrán muy interesantes de ahora en adelante.

—Deja de disfrutar de la desgracia ajena —soltó, suspirando.

—Piensa en lo mucho que mejorarán los bateadores al sentirse amenazados de que el nuevo les quite su puesto en el equipo principal —y allí estaba, riéndose de lo lindo, importándole un bledo el haber sido escuchado—. Tal parece que el entrenador desea que nuestros bateadores crezcan tanto como les sea posible y se ha valido de un buen método para ello.

—Tal vez deberían aprovechar y meter a un nuevo catcher para que el que ya tenemos sienta la presión y se ponga a trabajar como debe —comentó, casual.

—¿Dónde encontrarán a otro catcher tan carismático y genial como yo? Claramente en ninguna parte. Así que es imposible —Yuki exhaló, buscando hallar la paciencia que se le extraviaba cada que Kazuya abría la boca.

—No me quejaría de que nuestro catcher fuera alguien serio, responsable y confiable como Harada-kun.

—Pero si tiene un semblante de que está sufriendo en todo momento —comentaba burlonamente—. Aunque no puedo culparlo, tiene que lidiar con Mei todo el tiempo ¡Espera un momento! ¿Cómo que no soy confiable? —ella desvió su mirada hacia otro lado—. Furuya te ha pegado sus malos hábitos.

—Incluso si tuviéramos a Masu-kun no me quejaría en lo más mínimo. Se le ve carismático y dispuesto a trabajar en armonía con su pitcher sin importar qué tan difícil sea este.

—Te recuerdo que fue su pitcher el que se me echó encima como un animal salvaje —porque haber pasado tres semanas sin practicar ni participar en partidos oficiales no le hizo ni puñetera gracia—. Además es bajito y simplón para el equipo.

—Trece centímetros no son la gran cosa. Y si a esas vamos, Harada-kun es más alto que tú —aseguró.

—¿Cómo es que sabes datos tan irrelevantes como esos? —una cosa era que conociera a esos catcher y otra muy diferente que supiera sus estaturas.

—Soy buena memorizando información numérica.

—Eres más rara de lo que pensé.

—Y tú cada día más capullo, pero de igual modo debo soportarte por el bien del equipo —sentenció, frunciéndole el ceño. ¿Por qué tenía que lidiar con gente como esa cuando no gozaba del don de la paciencia?

—No veo qué tenga que ver una cosa con la otra.

—Por tu integridad física, es mejor que sea de ese modo —estipuló, con una pequeña sonrisa.

—¿Por qué tengo esa sensación de que me has amenazado pasivamente?

—Ya debes estar muy cansado de descansar tanto, por lo que debes estar imaginando cosas —indicó, dándole una palmada sobre la espalda.

—¿Cómo demonios se puede estar cansado de descansar? —y no obtuvo ninguna respuesta—. ¡Ey, deja de fingir que revisas tu celular cuando te estoy hablando!

—¿Sucede algo, líder en entrenamiento? —interrogó, inocente, tras despegar su mirada del electrónico.

—Deja de relacionarte con Sawamura y Furuya.

—Sora —le llamó el rubio antes de encontrarse completamente cerca de ambos—, ¿crees que tengas un momento?

—Claro que sí —expresó con cordialidad—. No me digas que estás preocupado por unirte a Seidou.

—De hecho estoy un tanto emocionado por empezar a practicar —aseguró con firmeza—. Aunque ya me advirtieron de los entrenamientos infernales del entrenador.

—¿Entonces? —el rubio dio un largo suspiro, como si no quisiera decir lo que tenía que comunicarle si es que quería resolver su problemática.

—Quiero entregarte algo que te mandó mi madre pero no había tenido la oportunidad de dártelo antes porque había estado entretenido con Eijun —se excusó.

—¿Algo que te dio tu mamá? ¿Pero cómo es que...? —él no tuvo que responderle de manera verbal porque le había dado su celular con la aplicación de Line abierta; allí se leía sin problema alguno un largo mensaje enviado por una persona sumamente familiar para ella—. ¡Mi propio hermano me ha traicionado!

—Mi hermana tampoco es mejor —dijo, con cierta molestia—. Ella leyó el mensaje y se lo contó a mi madre. Y por eso acabé con muchas cajas de galletas en mi equipaje.

—¿Has dicho...galletas? —era como si aquella palabra fuera capaz de otorgarle más brillo y vida a sus vibrantes pupilas. ¿Es que era tan fanática de aquellas golosinas?—. De esas de mantequilla que tan deliciosas le quedan a tu madre —era como ver a una niña pequeña más que emocionada por entrar a una tienda de juguetes por primera vez.

—Vaya, no pensé que fuera capaz de tener expresiones faciales como esas y menos por algo tan simple como unas galletas —Kuramochi sabía aprovechar muy bien su velocidad cuando del cotilleo se trataba—. Con que se lleva tan bien con la mamá, eh. Bueno, eso podría significar algo...Aunque...

—Con lo glotona que es no me sorprende en lo más mínimo~ —decía Kazuya con guasa—. Lo que sí me sorprende es que no esté rodando a este punto.

—Se desplazaría mucho más rápido por el campo de béisbol y podría recolectar las pelotas en menos tiempos —y allí estaban ese par de toca narices, riéndose a carcajadas, importándoles un bledo el despertar la cólera de la pelinegra.

—Ustedes siempre tan cómicos, ¿no es verdad? —era la primera vez que veían sonreír a Sora de esa manera tan fresca y encantadora; y eso mismo les alertó sobre el inminente peligro—. Muchas gracias, Sawamura —gratificó en cuanto vio una cubeta amarilla a su costado, llena de blancos esféricos.

—¡Espero que con estas sean suficientes! —la traición poseía nombre, apellido y una posición en el primer equipo de Seidou—. ¡Diviértase, Sora-senpai!

—Y no olvide usar esto para mayor comodidad —ahí estaba el otro Judas, entregándole un guantelete a la pelinegra—. Recuerde, la piedad es para los débiles.

—¡Yahahahaha! ¡Y yo que creía que nos golpearía o algo! —que le regalara una mirada desafiante a Yuki no estaba ayudándole con su humor—. No podemos esperar que una niña como ella sepa siquiera lanzar —le señaló para remarcarle su postura.

—De seguro su puntería apesta. Justo como los horribles lanzamientos que tenía Sawamura cuando entró al equipo —pareciera como si sólo se compenetraran bien cuando de joderle la vida se trataba. ¿Es que no tenían algo mejor que hacer?

—Será mejor que corran —les aconsejó Souh a ese par de morenos.

—Jamás huiremos de una mujer como ella. Y mucho menos si planea intimidarnos con unas pelotas de béisbol —Youichi, el macho.

Y antes de que se pudiera emitir el siguiente comentario burlesco, callaron abruptamente; no porque se sintieran mal por meterse tan injustamente con ella, sino porque algo cruzó a toda velocidad entre ambos hasta estrellarse contra la primera superficie sólida que halló.

—¡E-Espera...! Eso acaba de...—Kuramochi giró su cabeza hacia atrás, hacia el trayecto que había recorrido la pelota.

—...Una bola rápida...—concluía el experto en lanzamientos.

Ya tendrían otro momento para admirar lo que casi se estampa contra sus rostros. Por ahora en lo que debían concentrarse era en huir, en correr tanto como sus piernas se lo permitieran, porque solamente de esa manera evitarían que alguno de esos veloces lanzamientos se estrellaran contra alguna zona blanda de su ser.