¡Hola! Espero hayan tenido un lindo fin de semana. Y si no es así, aquí tienen un capítulo nuevo para alegrarse la noche C:

Capítulo 22

Trigger

El recuerdo de las estruendosas risas y los comentarios burlescos que les dedicaron después de haber sido cazados sin piedad alguna por los peligrosos y certeros lanzamientos de aquella cabreada chica, solamente acentuaban el dolor que experimentaban cada vez que sus dedos rozaban las oscurecidas zonas de la piel que habían sido víctima del impacto del albo esférico.

—Ya han pasado cuatro días y todavía me duelen —se quejó Kuramochi tras haber terminado de comer su tercer tazón de arroz.

—Los moretones tampoco se han ido —comentaba Miyuki con resignación—. No esperaba que fuera capaz de lanzar con esa fuerza y puntería...—se le veía cierto arrepentimiento reflejado en un suave fruncimiento de su sien. ¿Es que se había imaginado que las cosas terminarían de ese modo?

—Y hemos sido la burla de todos desde el domingo —al corredor se le veía más que cabreado. Incluso sus palillos fueron cercenados en dos gracias a que los estaba presionando con más fuerza de la necesaria—. Obtendré mi revancha.

—No creo que esa sea una buena idea —no es como si deseara darle un buen consejo, sino más bien tenía el presentimiento de que lo que fuera a hacer, lo terminaría involucrando de un modo u otro a él; y por ende, acabaría en una situación puntiaguda.

—¿No me digas que le tienes miedo a tu propia novia? —¿le estaba haciendo una pregunta o se estaba burlando de él?—. Jamás pensé que te volverías tan cobarde cuando de una simple mujer se tratara.

—La hermana de Tetsu-san no es precisamente como el resto de chicas que hay en esta escuela —le refrescó la memoria por si su sed de venganza lo había cegado—.Lo siento, pero yo aún valoro mi vida. Así que paso.

—Tsk...Miyuki cobarde —e iba a seguir maldiciendo a su capitán pero cierto rubio tomó asiento a un par de lugares a la izquierda de donde estaba el de lentes—. Ey Tatsuhisa.

—Les aconsejé que corrieran —dijo mientras empezaba a degustar su pescado—. Vengarte no creo que sea la solución.

—¡¿Cómo demonios lo has sabido?!

—Prácticamente se te nota en la cara —Kazuya parecía estarse riendo de su torpeza.

—Si la dejo estar después estará insoportable. Así que debo ponerle un alto antes de que llegue ese momento —ambos jóvenes guardaron silencio, sin despegar su mirada de él—. ¡Malditos, ¿qué demonios me están viendo?!

—Lo único que lograrás es que te dé una buena paliza —cierto capullo estaba ansiando que sus palabras se hicieran realidad; y entre más pronto, mejor.

—Creo que todo se solucionaría si le dijeras que te gusta —pronunció el blondo, concentrando sus celestes y tranquilas pupilas en el moreno. Ambos adolescentes quedaron en shock.

—¡¿Pero qué demonios estás diciendo?! —se levantó abruptamente ante lo que Souh estaba insinuándole tan deliberadamente, como si no fuera una verdadera locura, como si una incongruencia como esa fuera posible—. ¡Claro que no! —refutó, torciendo tanto el entrecejo que resultaba más aterrador de lo usual—. No hay manera de que me sienta ni remotamente atraído por una salvaje como ella —y antes de que alguno pudiera soltar algún comentario, llevó su dedo índice hacia el capitán de Seidou—. Aquí el único con esos gustos tan excéntricos es ese idiota. Que por algo es su novia.

¿Eh?¿Por qué me están mirando tan fijamente? Empieza a ser incómodo —Kazuya se cruzó de brazos y permaneció en silencio. Algo le gritaba que debía mantener su boca sellada.

—Y no vas a creerlo, pero fue la misma Sora quien se le declaró a nuestro queridísimo capitán, poniendo todo de su esfuerzo para conquistarlo —alguien andaba muy lengua suelta—. Y ahora son una feliz y estable pareja. ¿No es así, capitán?

—Vaya, eso sí que ha resultado revelador —Tatsuhisa miraba de soslayo al reservado catcher, como si estuviera aguardando a que pronunciara palabra alguna.

—Si bien no podemos esperar a que Sora tenga buenos gustos con los hombres, tampoco creo que sea para tanto —Youichi siempre aprovechando la oportunidad para meterse con Miyuki—. Además, ¿qué quieres decir con "revelador"?

—¡Ey! —reaccionó ante las injurias del moreno.

—Bueno, nuestro capitán no es de la clase de chicos que le llaman la atención a Sora —pronunció con un gesto muy parecido a una burlesca sonrisa—. Pero supongo que debe de haber más de ti de lo que le has mostrado a los demás —sus miradas se encontraron en el momento en que Souh soltó algo tan curioso sobre quien no llevaba ni una semana de haber conocido. ¿Es que esos dos pitcher de primero abrieron de más el pico o es que el rubio era mucho más observador que el resto?—. Creía que eras mucho más extrovertido, pero veo que también puedes ser un poco reservado.

—Parece que no soy el único que está lleno de sorpresas —espetó, obsequiándole un gesto guason, tan propio de él—. Aunque te recomiendo que no te juntes mucho con Kuramochi o esos pitcher de primero o terminarás lamentándolo.

—¡No me metas en el mismo saco que esos dos!

—Con un padre tan estricto como el tuyo, sería realmente malo que recibieras la mal influencia de un yankee como lo es Kuramochi —nada como sacar su lado vengativo.

—La única mala influencia en este equipo eres tú, idiota.

—Se ve que son muy buenos amigos —comentó tras haberse terminado su tazón de arroz—. Justo como me contó Eijun, son tal para cual.

—¡Que no lo somos! —clamaron en perfecta armonía, logrando que el blondo sonriera bastante divertido.

—Con que aquí estaban ustedes tres —los aludidos se giraron hacia la entrada del comedor, encontrándose con Hachiko;y por alguna razón sintieron eso llamado desconfianza—. Pasen —ella no estaba hablando sola, sino con dos chicos que recién estaban entrando—. Ellos son los únicos que les faltan, ¿verdad?

—Sí, justamente ellos —el que respondió era un chico de gafas redondas y uniforme impecable. Y el que le seguía era un sujeto de estatura mediana y que sostenía una cámara de vídeo—. Estamos haciendo un artículo especial sobre los miembros del equipo de béisbol de nuestra escuela y esperábamos contar con su colaboración —expresó de lo más sonriente. Y es que ya estaba sentado frente al actual capitán—. Empezaremos contigo, Miyuki-kun.

—Ah —una de las cosas que más incordio le producían al castaño era dar entrevistas.

—Ya he terminado, así que iré a calentar antes de iniciar la práctica —Souh se puso de pie con su charola, dispuesto a irse. Una pena que Kazuya lo volviera a sentar—. Mmm —miraba con cierto mosqueo al culpable de que no se pudiera huir.

—Tatsuhisa, tú también eres un miembro valioso del equipo. Así que debes quedarte y atender a la entrevista —no iba a ser el único en pasar por aquello.

Kuramochi había intentando escapar, pero era una pena que se resbalara misteriosamente con un pequeño objeto no identificado que apareció justamente cuando iba a dar su segundo paso en un fútil intento de alcanzar la libertad.

—Deberías tener más cuidado, Kuramochi —el corredor en corto supo quién fue el causante de su caída en cuanto recibió la ayuda del blondo para ponerse de pie—. Deberías sentarte y reposar un poco.

—¡¿Fuiste tú pequeña sabandija?! —no sólo ya no podía escapar, sino que ahora se encontraba en medio de ambos fastidiosos chicos.

—Y ya que estamos listos, prosigamos —el entrevistador llevó su grabadora hacia el capitán de Seidou—. Miyuki-kun, ¿por qué no nos hablas acerca de cómo fue que te interesaste en el béisbol?

—Ey, ya dejen de estar de vagos y muevan su humanidad antes de que el entrenador llegue y los castigue por impuntuales. Ustedes son los únicos que faltan por llegar —su salvación había llegado en manos de la persona menos inesperada—. ¿Por esto han estado perdiendo el tiempo?

—Lo sentimos, pero tendremos que retirarnos —Kazuya se puso de pie con una discreta sonrisa.

—Nuestro entrenador espera por nosotros —Kuramochi fue el siguiente en alzarse—. Gracias al nuevo nuestros entrenamientos son más estrictos y demandantes. Así que no podemos perder más tiempo.

—Ya me disculpé por ello —se puso de pie el rubio.

—No, no, todavía no se vayan. Aun no hemos iniciado siquiera —pedía el de lentes.

—Ellos deben practicar y no estar perdiendo el tiempo en nimiedades —la pelinegra ya se encontraba a un costado de esos insistentes chicos—. Así que les recomiendo que se marchen y regresen cuando ellos tengan un espacio.

—¡Pero el mundo quiere saber más cosas sobre nuestros brillantes jugadores de béisbol! No puedes privarnos de ello —refutaba el chico. Se le notaba la vena de periodista.

—Pero ellos no quieren saber nada de ustedes —estipuló, cruzándose de brazos—. Vayan y hagan esos artículos superficiales que todos aman leer cada lunes —les recomendó.

—Respeta nuestra libertad periodística —exigió.

—Y tú la privacidad de la gente —contraatacó—. Así que dejen de incordiar de una buena vez o tendré que tomar medidas poco ortodoxas —el joven le sonreía desafiante. No parecía de los que se dejaban intimidar—. Y este es otro motivo por el que los hombres mueren primero que las mujeres —el de lentes estaba desconcertado al verla abrir un empaque de pan que sacó de la bolsa de su sudadera. Lo siguiente que supo es que ese bocadillo estaba en su boca y no tuvo mayor remedio que masticarlo y tragárselo.

—No entiendo cómo es que esto...—su rostro pasó de azul a rojo en cosa de segundos. Es que literalmente podría escupir fuego allí mismo de la enchilada de la que había sido víctima; ahora sólo le quedaba salir corriendo de ahí, en busca de agua.

—Bien, será mejor que vayamos a la practica de una vez por todas —expresó para esos tres después de ver al camarógrafo huir también.

—¿Qué demonios le diste a ese pobre diablo? —quería saber Youichi para estar prevenido en el futuro.

—Un pan relleno de curry picante y salsa tabasco —esos tres la miraron, tan aparentemente frágil e incapaz de hacerle daño a alguien; luego tragaron saliva pesadamente—. Ya váyanse de una vez o les daré uno a cada quien.

Ya había terminado el entrenamiento de la tarde y quería ducharse en la brevedad posible para cenar y poder descansar un poco antes de irse a la cama. No obstante, ese día la suerte no estaba de su lado; el baño estaba totalmente lleno y demoraría un rato en estar libre

Así que sin más remedio empezó a caminar tranquilamente por el campus hasta llegar a la zona de gimnasio; un área que en teoría debería estar completamente sola a esas horas.

—Parece que siempre eres la última en irse —Miyuki vio a la joven que se encontraba sentada sobre el suelo con el móvil entre sus manos; parecía que estaba entretenida viendo algo.

—¿Miyuki? —la voz del castaño la hizo salir de su abstracción—. Oh, se me ha hecho tarde otra vez.

—Pues mejor regresa a casa o te saldrá algún acosador entre los callejones~

—Algo tan improbable como eso no sucederá —aseguraba—. Pero te haré caso solamente porque me estoy muriendo de hambre —y ella no era la única con ese mal. Lo supo en cuanto escuchó cierto ruido proviniendo del estómago del capitán de Seidou mientras este trataba de fingir que no había ocurrido tal acontecimiento vergonzoso—. Escuché que la cena se retrasará porque hubo una fuga de agua a medio día.

—No importa porque no tengo hambre.

—Tu estómago me acaba de decir todo lo contrario —decía Sora con cierta burla—. Ser honesto con algo tan simple no va a matarte —caminó, quedando frente a él—. Puedes venir a cenar a mi casa.

—¿Ah? —parpadeó confundido ante la repentina amabilidad de la pelinegra.

—Incluso puedes ducharte allá para que dejes de estar todo polvoriento —el castaño seguía patidifuso—. ¿Qué? —cuestionó con molestia.

—Tú jamás eres tan amable —ese comentario irritó a la joven—. Así que dime, ¿qué es lo que ganas con todo esto?

—Esto es lo que me pasa por ser una buena compañera —miró al infame capitán como si quisiera darle un buen golpe—. ¿Quieres comer o no?

Ya había pasado un tiempo desde que entró en aquella residencia y sin embargo, los padres de la pelinegra lo recordaban y le saludaban animosamente, como si fuera alguien que conocieran de años. Y contrario a lo que podría pensarse, no mostraron objeción alguna en dejarle usar el baño para que al fin pudiera ducharse como era debido.

Salió rejuvenecido del baño y sintiéndose algo extraño de cruzarse con su ex capitán justo antes de descender por las escaleras.

—Miyuki, es bueno verte por aquí —Tetsuya saludó con un ademán al catcher—. No dudes en quedarte en cenar. El menú de esta noche es bastante bueno.

—Tu hermana se enfadaría si me fuera de aquí después de que amablemente me ha invitado a cenar a su casa. Por lo que me quedaré, así que disculpa las molestias, Tetsu-san.

—No tienes nada de qué disculparte, Miyuki —expresó con una sincera sonrisa—.Lo único que quiero pedirte es que cuides de Sora —pidió, mirándole fijamente—. Sé que tiene un carácter difícil y que muchas veces puede ser un poco brusca y meterse en problemas fácilmente, haciendo que la gente mantenga su distancia de ella. Pero, es una buena chica que se preocupa y cuida de las personas que son importantes para ella.

—Lo haré, así que no tienes que preocuparte por eso, Tetsu-san —las mentiras, la mayoría de las veces, le eran fácil pronunciarlas y hacerlas pasar como una verdad. No obstante, ahora sus palabras le sabían amargas con un toque de remordimiento.

—La cena ya está lista, así que dense prisa —llamaba Sora desde la planta baja—. Dejen el shogi para otro momento.

Miyuki descendió y sintió de lleno el delicioso aroma del queso, la salsa de tomate y demás especias e ingredientes, que hacían de la pizza uno de los platillos más deliciosos que existían. Pero antes de que pudiera encaminarse al comedor, la pelinegra le interceptó, indicándole que le siguiera.

Cruzó la puerta y se encontró con una mesa baja de madera en medio de la habitación y debajo de esta una mullida alfombra con los colores del arcoíris. A un costado de esta se apreciaba un pequeño librero de un metro de altura y sobre este, un televisor y un reproductor de DVDs.

Al fondo estaba una cama individual con cojines mullidos y frente a ella existían numerosas repisas con toda clase de cosas encima.

—¿Tu habitación? —se aventuró a decir el castaño.

—Sí —ella había entrado, colocando una pizza napolitana sobre la mesita—. Toma asiento mientras voy por las cosas que faltan —él obedeció por cortesía.

Con que pizza casera —pronto tenía un plato frente suyo y un vaso lleno de frío refresco.

—Come antes de que se enfríe —ella encendió el televisor antes de sentarse y tomar la primera rebanada—. ¿No te gusta la pizza?

—Ah, claro que sí —cogió un pedazo y le dio el primer mordisco. Sus expresiones faciales indicaban lo buena que estaba—. Está realmente deliciosa.

—Lo sé —apoyó—. Por eso una vez a la semana hacemos la noche de pizza —comentó con enorme ánimo—. Así que puedes comer todo lo que quieras porque todavía queda mucha pizza.

—¿Tus padres la han hecho? —ella asintió—. Debería pedirles la receta para intentar hacer algo como eso la próxima vez.

—¿Sabes cocinar? —cuestionó con curiosidad tras escucharle.

—Aprendí desde pequeño —respondió antes de terminar su rebanada—. Podría decirse que es como un pasatiempo.

—¿Y tu comida sabe bien? —¿qué le estaba insinuando?

—Por supuesto que sí —ella no parecía haberle creído y eso le mosqueaba un poco.

—Confiaré en tu palabra —bebió un poco y prosiguió con otra rebanada—. Por cierto, el entrenador ha estado muy intenso en la semana. Ahora sí que los ha puesto a practicar como si no existiera mañana.

—Siempre encuentra modos poco gratos para sorprendernos —estipulaba tras suspirar—. Por lo menos tu amigo no se ha quejado. Ha aguantado mucho mejor de lo que imaginábamos.

—Está muy centrado en lo que quiere, por lo que tolerará el castigo sin importar que duro sea —ciertamente tenía la mentalidad correcta—. Come y deja de pensar en béisbol por un momento.

Unos quince minutos fueron más que suficientes para que aquella exquisita pizza desapareciera y sólo quedaran unas cuantas migajas sobre la charola que la contenía. Sin embargo, pronto hubo otra delicia que podían probar sin cohibición alguna.

—¿Aceitunas, alcachofas, salami y pimiento? —enumeraba Kazuya a cada uno de los ingredientes que había probado en un simple mordisco—. Y tiene más cosas —no estaba acostumbrado a esa clase de combinaciones—. Es la primera vez que pruebo algo como esto.

—La llaman pizza cuatro estaciones —mencionaba Sora para quien disfrutaba de la nueva pizza que tenían—. Uno puede pensar que sabría mal con tantos ingredientes, pero es todo lo contrario.

—Estas son las pizzas más sofisticadas que he probado hasta ahora —era el momento en que se preguntaba dónde conseguiría todos los ingredientes si pensaba hacer una pizza como esa—. Tus padres parecen ser especialistas en la comida italiana.

—Miyuki —le llamó y este devoró el último trozo que tenía en manos—, hay algo que me gustaría consultarte aprovechando que eres del sexo opuesto.

—¿De verdad? —no creía lo que estaba escuchando.

—Sí —inhaló y suspiró un par de veces para centrarse en el tema a tratar.

—Y bien, ¿de qué se trata? —la verdad es que estaba un poco intrigado. Ella no iba por el mundo pidiendo consejos y menos con buen modo.

—¿Existe una manera no violenta para que un chico se percate de los sentimientos de una chica sin tener que declarársele?

—¿Eh...? ¡¿Ehhh?! —oficialmente estaba anonadado. Esa curva no la vio venir—. ¿Acaso estás intentando enamorar a alguien y no sabes cómo hacerlo sin soltar toa la sopa? —era hora de molestarla un poco.

—No estamos hablando de mí —impugnó con adustez—. Se trata de mi hermano mayor...

—¿De Tetsu-san? —y la estupefacción no abandonaba sus expresiones faciales—. Él es astuto cuando se trata de béisbol.

—Tú lo dijiste, cuando se trata de béisbol, pero cuando se trata de chicas —llevó sus manos alrededor de su cabeza y dejó caer sus codos sobre la superficie de la mesa— la situación es totalmente la opuesta. Es mucho más denso que el agua.

—¿Y por qué te mortificas por algo como eso? —preguntó—. Al fin y al cabo es un asunto entre tu hermano y esa chica —lo cual era muy cierto.

—Quisiera no hacerlo, pero —algo le decía que no debía contarle el resto pero si no lo hacía la tacharía de hermana celosa que no acepta a ninguna mujer al lado de sus hermanos— el problema es que he terminado en medio de esta pequeña competencia. Y aunque quiera salirme no puedo —la vida no la había preparado para semejantes escenarios—. Una de ellas es la amiga de la infancia de Tetsuya y comparten el mismo amor por el béisbol. La otra es amiga mía y dos años menor que él, y aunque no tienen tantos gustos en común se llevan bien —suspiró con cansancio—. Ambas me escriben y me piden consejos...y mi hermano ni siquiera se da cuenta de las cosas.

—Vaya, no esperaba que tu hermano fuera tan popular —ciertamente era inesperada esa noticia—. Y mira que te tienen entre la espada y la pared —sonrió de lo más festivo—. Y bien, ¿qué harás?

—¿Por qué crees que te estoy pidiendo consejo?

—A tu hermano nunca le han gustado los rodeos y dudo que en el caso de las relaciones personales sea diferente. De modo que ir directo al grano sería la mejor estrategia —era su recomendación.

—Una apuesta del todo por el todo —versó un tanto pensativa—. Es lo mismo que pensé pero quería saber la opinión de alguien con más experiencia en el campo.

—Siento como si me tuvieras en el concepto de mujeriego.

—Te lo pregunté porque sé que eres popular y por ende, has de tener mucha experiencia con mujeres con respecto a declaraciones amorosas —y un silencio incómodo se hizo presente. ¿Cómo debía interpretar aquello?—. Digo, debes tener una larga lista de ex parejas —y él no dijo nada—. ¿Te gustan los chicos entonces?

—¡No! —vociferó un tanto cabreado ante semejante insinuación—. No soy de esa clase. Simplemente que no voy corriendo tras la primera falda que se cruza en mi camino —una manera nada sutil de decir que era de más quisquilloso con el género femenino.

—Eso se oye como si no hubieras tenido ninguna pareja hasta el momento.

—Claro que he tenido —compartir información tan privada de su vida no estaba a discusión. Sin embargo, semejantes insinuaciones hicieron que se dejara llevar y soltara algo tan sustancial así como así—. Estoy seguro de que la única persona que no ha tenido algo así, eres tú~ —el momento de la dulce venganza había llegado.

—Te sorprendería saber que estás errado —todo el estrés por el tema de su hermano le abrió el apetito, por lo que era hora de otra rebanada.

—Nuestra falsa relación no cuenta~

—¡Idiota, no estaba hablando de ti! —objetaba con el ceño fruncido.