¡Buenas noches! Espero estén teniendo un buen viernes por la noche y si no es así, pueden leer este nuevo capítulo y reírse de los predicamentos por los que están atravesando nuestros protagonistas XD Saludos y nos leemos hasta la próxima!
Capítulo 24
Dilemma
Había concluido con sus tareas antes de lo previsto y gracias a la diligencia de las otras mánager ya no tenía nada más que hacer por el momento. Así que tomó asiento frente a la gran cacha de béisbol mientras sostenía una bolsa de malvaviscos entre sus manos; por el momento se entretendría viendo la práctica de fildeo de los chicos.
—Si no te los vas a comer, dámelos —la pelinegra se sobresaltó ante la demanda del corredor en corto. ¿Qué hacía allí cuando se supone que tenía que estar entrenando?
—Deberías estar allí y no aquí —era su modo particular de decirle que esos bombones eran suyos y no quería compartirlos.
—Ya terminé —poco o nada le interesaba tomar asiento a un costado de la tacaña chica—. Esperaré a que inicie la práctica de bateo.
—Me sorprende que no estés molestando a Sawamura —porque el moreno amaba hacerle bullying; que por algo era uno de sus pasatiempos favoritos.
—Ya me aburrí de meterme con él —a Sora se le cayó su preciada bolsa ante semejante confesión. Ella sabía que era imposible que Kuramochi se cansara de meterse con el menor.
—¿Y qué me dices de Miyuki? Tú siempre lo molestas.
—Desde que empezó a llevarse más con Tatsuhisa estar a su alrededor se ha vuelto sofocante por todas esas locas que los acechan como si fueran la gran cosa.
—Yo escuché que Souh le ha estado pidiendo consejos para mejorar su bateo —e iba a agregar algo más pero sintió la mirada hostil del corredor y guardó silencio.
—Me los comeré yo ya que tú no los quieres —él recogió la bolsa y empezó a meterse un bombón tras otro.
—Kuramochi...¿sucede algo? —es que tampoco estaba hostigándola a ella y eso era muy raro—. ¿Volviste a deliquir?
—¡Claro que no! —por lo menos había reaccionado como solía hacerlo y eso tranquilizó un poco a la pelinegra—. Ni que fuera un delincuente.
—Sawamura me contó que en secundaria eras un criminal que se teñía el pelo de rubio. Y gracias a eso ninguna preparatoria te quería y por eso te viniste a Tokio donde nadie conocía tu histórico —expresó con burla. Él por su lado estaba que echaba humo ante el idiota que había ido a contarle su vida a esa chica.
—¡Voy a golpearlo la próxima vez que lo veo! Maldito Sawamura —las únicas víctimas de su cólera eran esas esponjosas golosinas que estaban siendo aplastadas entre sus manos.
—Deja de desquitarte con mis malvaviscos —pidió con enfado.
—Hasta tú eres molesta —Sora como pago por su insulto le acomodó un zape en la nuca— ¡Auch! ¡Oye deja de estar de salvaje! Maldición, todas son iguales —resopló con soberana molestia.
—¿"Todas"? —él se había desahogado sin pensárselo y gracias a ello había ofertado una pista sobre el motivo por el cual estaba así—. Kuramochi, ¿de casualidad estás así porque sucedió algo entre Miu y tú? —el moreno se calló y continúo comiendo esos bombones—. Me estás dando la razón con ello.
—Tráeme más de estos —exigía. Ella suspiró largamente y se puso de pie para irse—. Es la primera vez que pruebo unos de este sabor —miró el empaque con cierto interés—. Mira que es glotona para ponerse a comer esto sin más —y de nuevo tenía una bolsa llena de esas golosinas con sabor a café—. ¿Ah? —estaba patidifuso ante la acción de la pelinegra—. Realmente trajiste una...—obviamente esperaba que ella lo mandara al garete y no regresara.
—Tienes suerte de que trajera una extra en mi mochila —expresó con enorme orgullo.
—¡¿Qué tanto te gustan estas cosas que traes tantos contigo?!
—Youichi —se dirigió a él por su nombre, provocando que le encarara de una buena vez por todas. Tal vez ese había sido el motivo real que le orilló a llamarle de esa manera—, te lo advertí —expresó con la severidad de una madre—. Te dije que ella no era una buena opción para ti y te importó un pepino que te lo dijera —el pelinegro abrió la bolsa y empezó a comer su contenido—. Genial, ahora vas a ignorarme—ironizó.
—Deja de sermonearme como si fueras mi madre.
—Y tú no deberías comer tantos bombones —recriminó—. Ya deja de darle la vuelta a ese asunto que no vale la pena ni mucho menos tu tiempo. Hay cosas más importantes en las que deberías ocuparte.
—¿No se supone que es tu amiga? —él sabía que entre mujeres se defendían sin importar qué.
—¿Y eso qué tiene que ver en todo esto? —el moreno se limitó a guardar silencio—. No voy a solapar el mal comportamiento de nadie y menos si es amigo mío —decretó. Kuramochi se quedó anonadado.
—Así que aquí has estado haciendo el vago, Kuramochi —el corredor en corto dio un salto del susto que le provocó oír la voz de su capitán.
—Pues tú tampoco te ves como alguien que ha estado entrenando arduamente —le echó en cara con soberana burla.
—Ya dejen de estar perdiendo el tiempo y váyanse a practicar o iré a acusarlos con el entrenador —sentenció para ambos jugadores.
—Miyuki, tienes que hacer algo para mejorar el humor de tu novia. Cada día se enoja con mayor facilidad —Kuramochi se puso de pie y le ofertó una espléndida sonrisa llena de guasa—. Así que deberías abrazarla o besarla más seguido.
—Tú eres el único que me pone de malhumor, idiota —expresaba la pelinegra antes de quedar a un costado del corredor en corto—. Me debes dos bolsas de malvaviscos —lo siguiente que emergió de los labios del moreno fue una queja de dolor.
—Esa fue una patada mágica —susurraba Kuramochi.
—Sí que lo fue —reafirmaba Kazuya. Ambos muchachos intercambiaron miradas para después ver con confusión la retirada de la muchacha—. Te dolió.
—Claro que no, imbécil —no iba a admitir que así había sido—. Además, debería ser a ti quien golpee.
— Eso de ser masoquista no se me da mucho como a ti. Por lo que paso —soltó con burla.
—Ey Miyuki.
—¿Qué sucede? ¿Quieres que te vuelva a pegar? —su graciosada le costó una patada nada suave en la espalda baja.
—¿Por qué has estado evitando a Sora?
—¿Qué te hace pensar que hago algo como eso? —contestó con otra interrogante—. Yo no estoy evitándola ni nada por el estilo. Son meras imaginaciones tuyas.
—Pues durante los recesos solían ponerse a pelear verbalmente y lo mismo cada que se topaban durante las prácticas. Sin mencionar que luego se unían para confabular en mi contra —¿tanto se confrontaban que a la gente se les hacía raro no verlos siendo conflictivos? ¿Es que no consideraban que podrían llegar a llevarse sin hostilidad de por medio?
—Ya se cansó de perder siempre contra mí.
—Miyuki, esa mujer tiene más argumentos que un maldito abogado. Dudo rotundamente que pierda contra ti y de llegar a pasar, es obvio que buscaría la revancha —eso se oyó como un insulto contra su inteligencia.
—Debió de haber encontrado a alguien que le gusta y quiere aparentar ser una buena chica para no asustarlo.
—De ser ese el caso ya te hubiera botado y no serías más que el ex estirado del que nadie quiere hablar —ese día estaba más filoso que un cuchillo—. Y justamente empezaste con ese comportamiento después de la noche en que fuiste a su casa a cenar. Lo cual vuelve todo muy sospechoso.
—No sé de dónde ves lo anormal.
—No me digas que intentaste hacer una jugada con ella y te mandó directo al jardín central. ¡Hyahahaha! —reírse del castaño ya formaba parte de su código de vida.
—¡Claro que no hice algo como eso! —replicó con molestia.
—Entonces fue ella y la rechazaste. La mandaste directo al bullpen —¿de dónde sacaba tantas analogías relacionadas con el béisbol?
—Mucho menos —pronunció con el mismo disgusto de hace un instante atrás.
—Ya tienes una nueva víctima en mente y estás tan centrado en ella que pasas de su existencia. Y supongo que es algo normal, porque eres un catcher y te gusta recibir los lanzamientos de todos los pitcher que encuentres.
—¡Mucho menos! ¡¿Y a qué demonios vienen esas analogías?! —era oficial, estaba indignado y cabreado por todas las hipótesis sin fundamento del moreno.
—Te habrás aburrido de ella —a este chico no se le terminaban las ideas—. Eso o te ha empezado a gustar de verdad y no sabes cómo lidiar con ello. ¡Hyahahahaha! —se rio ante su propia teoría porque sonaba muy descabellada y poco probable.
—De ninguna manera se trata de eso —rebatió. Aunque parecía que lo decía más para él mismo que para Kuramochi.
—¿Umm? —era buen momento para observar con detenimiento al castaño—. Y entonces, ¿por qué te has sonrojado? —lanzó con un semblante lleno de complacencia. Era la primera vez que veía ese tenue carmesí sobre las mejillas de su capitán.
—Por nada de lo que has dicho, idiota —refutó. Incluso le dio la espalda—. Si tienes energía para estar importunando a la gente, entonces lleva tu trasero al campo de béisbol y ponte a entrenar —le dijo en un tono tan normal que llevó al moreno a chasquear la lengua.
—A mí no me engañas Miyuki. Aquí está pasando algo y estás fingiendo demencia —se limitó a ver al castaño retirarse sin decirle nada más—. Esto se pone cada vez más divertido.
La tarde recién empezaba a caer por lo que se sentía agradecida de haber llegado a casa para poder descansar como era debido. O esa fue su ingenua idea tras entrar y no darse cuenta de que contaba con una visita inesperada.
—Buenas noches y hasta mañana —fue lo que dijo para quien estaba felizmente sentada en la sala de su casa.
—¡Sora, no seas mala conmigo!—se quejó la pelirroja en cuanto su existencia pasó a segundo plano para la pelinegra.
—¿Qué estás haciendo aquí? —ya que sabía que no le dejaría de molestar tuvo que ceder a ponerle atención.
—Tú sólo ven a mi lado y te lo contaré todo —Yuuki se sentó con cierta duda. Lucía como un cachorro desconfiado ante el llamado de un extraño que podría dañarle—. Tengo la solución perfecta para ti.
—¿Para qué o sobre qué?
—Para tu problema con Miyuki —la otra no parecía captarle el hilo del tema—. Tonta, hablo sobre su relación falsa... Ya sé cómo puedes liberarte de él definitivamente y sin esforzarte en lo más mínimo. Puede decirse que todo se dará de manera natural y él probablemente terminé viéndose como el malo del cuento.
—No me estás diciendo nada.
—Hace unos días conocí a una chica de primer año, súper mona y carismática, con un pelo increíble y de hecho, ese fue el motivo por el que entablé conversación con ella.
—Al grano —odiaba cuando divagaba de esa forma.
—Tras hablar unas cuantas veces más me confesó que está muy interesada en ese catcher. Y que no le molestaría competir por su atención —a Sora no le sorprendía escuchar eso. El castaño era popular y muchas chicas querían una oportunidad con él—. Yo le comenté que "la relación" actual de Miyuki no estaba pasando por su mejor momento y que todo apuntaba a que pronto terminarían.
—Sí que le dijiste lo que ella deseaba escuchar.
—Me dijo que se alegraba de escuchar eso. Que entonces pondría todo de su parte para empezar a llamar su atención —era normal que esa jovencita tomara impulso tras haberle dicho prácticamente que tenía luz verde para cortejar a Kazuya.
—Ya veo —expresó con insipidez.
—Deberías escucharte más feliz y motivada con lo que te acabo de decir —su amiga estaba en todo lo cierto. Era de ese modo en que debería sentirse y sin embargo, no experimentaba esa sensación. Podría decirse que hasta le resultaba molesto todo ese asunto; y ella quería creer que se debía a que esa pelirroja estaba haciendo cosas innecesarias.
—He tenido un día muy sofocante. No tengo ganas de manifestar emociones más allá de las estrictamente necesarias.
—Y bien.
—¿Y bien qué?
—¿Cuándo estará bien que la chica empiece a pretender a tu novio falso?
—Cuando logres una relación estable que duré más de tres meses —aquello fue como una puñalada directo al ego de la pelirroja—. Seré yo misma quien se encargue de este problema a mi manera —remarcó para quien estaba intentando hacer la buena obra del día—. Tú mejor que nadie debería saber que no me gusta que se metan en mis asuntos personales.
—Claro que lo sé. Pero tampoco es para que reacciones así—sabía las pocas pulgas que era su amiga pero hasta ella se sorprendió por su repentina hostilidad—. Mejor dime que el narcisista ese ya empezó a gustarte y no quieres que ninguna te lo quite.
—¿Qué has dicho? —que alguien le repitiera el disparate que esa pelirroja le dijo.
—Que te gusta Miyuki Kazuya —efectivamente había escuchado correctamente.
—Por supuesto que no —objetó—. Algo como eso es totalmente inverosímil.
—Vamos Sora, ya pasamos por esto antes cuando te fijaste en ya sabes quién —Sora se cruzó de brazos y se recargó por completo en el sillón—. No querías admitirlo aunque era obvio. Y al final lo terminaste haciendo.
—Fue diferente porque se trató de la primera vez. Sin embargo, en la segunda ocasión no fue de ese modo. De hecho hasta...—acalló en cuanto reaccionó y se percató que se había dejado llevar de más, hasta el punto de haber mencionado algo que no debía—. ¡Mierda!
—¡Espera!, ¿cómo que una segunda vez? —la noticia le impactó a tal punto que le hizo ponerse de pie de golpe—. Yo sólo estoy enterada de ese chico y nada más.
—Mira qué tarde es y yo no he ido a hacer mis deberes de la escuela —era el momento perfecto para ejecutar una graciosa huida—. Siéntete como en tu casa, Miu. Nos veremos mañana temprano —lo peor fue que en verdad logró escapar de los intentos de agarre de la pelirroja y llegar sana y salvo hasta su habitación—. He dicho lo suficiente para cavar mi propia tumba —le puso seguro a su puerta por si las dudas—. Ya no sé qué es peor, que sepa que hubo alguien más después de él o que esté insinuando que me siento atraída por Miyuki —dejó caer su mochila contra el suelo y se tumbó boca arriba sobre su cama. Ahora su única panorámica era el techo—. Aunque ahora que lo pienso ha estado actuando algo extraño estos últimos días. Como si quisiera tener el menor contacto conmigo —se sentó abruptamente ante la idea que le vino de repente—. ¿Y si piensa que me gusta de verdad y eso le ha causado desagrado al punto que opta por guardar su distancia? —meditó seriamente—. Eso significa que debo aclararle que no es cierto —de nuevo se dejó caer en la suavidad de su colchón—. ¿Y por qué demonios debería explicárselo si lo que estoy buscando es justamente el distanciarme de él? De hecho, el que piense tal disparate es lo ideal —respiró unas cuantas veces para tranquilizarse, para volver de nuevo a su estado basal. Incluso le dio un par de palmadas a sus mejillas—. Ya que he vuelto en mí misma puedo seguir analizando la situación de manera objetiva. Como debe de ser —e iba a disponerse a cambiarse pero su móvil sonó ante una nueva notificación de Line—. ¿Kuramochi? "Considéralo como la paga por esos malvaviscos que comí esta tarde" —el mensaje en sí no tenía mucho sentido. No lo tuvo hasta que vio todos esos archivos que llegaban uno tras otro a su celular—. ¡¿Pero...?!
Era claro que el moreno ya se encontraba de mejor humor porque le habían vuelto las ganas de meterse con su persona como siempre lo hacía. No obstante, ¿por qué tenía que hacerlo de esa manera? ¿Por qué tenía que enviarle todas esas fotografías donde el único que salía ahí era el castaño? ¿De dónde había sacado tantas? ¿Cuántas se supone que le enviaría?
—Todas son fotografías de Miyuki...— su celular al fin había dejado de sonar y vibrar. Sí, la lluvia de fotos había cesado—. "¿Qué clase de novia serías si no tuvieras fotografías de tu novio en tu celular? Ahora podrás ponerlo de fondo de pantalla" —fue el mensaje de despedida del oriundo de Chiba—. ¡Aquí fácilmente hay más de cincuenta! —su pulgar pasaba foto tras foto como si no existiera mañana—. Oh, espera, estas son del día de su cumpleaños —justamente la fecha en que no había podido llegar a tiempo por razones externas—. Parece feliz —la sonrisa que apreciaba no era como esas llenas de burla que siempre le dedicaba cada que empezaban a pelear, sino una que conocía únicamente a través de esa foto—. Se divirtió... Mientras yo estaba en esa estúpida fiesta contra mi voluntad —y el malhumor le regresó—. Hasta hay una donde está burlándose del pobre de Sawamura...—cesó sus comentarios en cuanto se dio cuenta que estaba viendo cada foto en vez de pasar olímpicamente de ellas—. ¿Qué es lo que se supone que estoy haciendo, eh?
Había sido una tarde extenuante por lo que agradecía enormemente que de camino a los dormitorios no se hubiera topado con ninguno de los pitcher de primero. Al menos por esa noche tendría un poco de paz y se iría a dormir a buena hora.
Y aunque por lo general el pasillo que conducía a su habitación permanecía solitario, esa noche alguien había decidido contemplar los alrededores mientras yacía recargado sobre el barandal.
—Buenas noches —saludaba el blondo con su mano derecha; en la izquierda tenía una lata de zumo de kiwi.
—Me sorprende que no estés con Sawamura y los otros.
—Kuramochi sigue molesto de que le gané la última vez, así que por el momento no soy bien recibido en su dormitorio —relataba Tatsuhisa con una sonrisa divertida—. Por cierto...
—¿Qué sucede?
—Me dieron esto para que te lo entregara —Souh liberó de la bolsa de su pantalón un pequeño sobre rosa pastel con un sello en forma de corazón—. Creo que no necesito decirte de qué se trata.
—¿Otra? —tomó el sobre y lo contempló durante unos segundos antes de guardarlo sin más—. Últimamente han llegado varias. Aunque la mayoría son puestas en mi casilla.
—La chica iba a dártela personalmente, pero entró en pánico al verte. Así que terminó entregándomela a mí —comunicó en modo de aclaración—. Debe ser cansado ser alguien tan popular. La verdad no me gustaría ser tú.
—Me lo dice justamente quien está en la misma situación —le recordó por sí se le había olvidado.
—Sí, pero nuestras situaciones son diferentes —indicó—. Tú tienes novia y yo estoy completamente soltero —Miyuki había escuchado muchas veces ese término haciendo referencia a la pelinegra; no obstante, ahora parecía incordiarle un poco.
—Bueno, tampoco es como si les hiciera caso —dio un par de pasos, quedando a un costado del blondo. Ahora ambos miraban en la misma dirección—. Ni antes ni después de "mi relación".
—Mientras no te toque ninguna que pese a ser rechazada siga insistiendo, todo está bien —expresó tras haber tomado un trago de su fría bebida—. Esas son las peores.
—Te oyes como un experto —soltó con mofa.
—Algo por el estilo —dijo, restándole importancia al asunto—. Al menos se ve que tu novia no es celosa porque si no la pasarías muy mal —alguien estaba burlándose de él de manera muy ligera.
—Ah, no, ella no es celosa...Creo. La verdad es que jamás me he detenido a pensar en ello. Tampoco es como si fuera un asunto que me interesara. Después de todo, no somos nada en realidad.
—De igual modo se ven bien juntos. Hacen una buena pareja —ese era un comentario que no estaba esperando escuchar de alguien en particular y mucho menos de él. Fue algo que lo tomó totalmente en curva y le dejó silenciado por algunos segundos.
—Gracias...supongo —¿cómo debía tomar aquel halago? ¿Como algo bueno o malo? ¿Es que la gente no tenía muy claro cómo debía verse una pareja de adolescentes o habían considerado su modo de llevarse como la manera correcta, al menos para ellos dos? ¿Por qué sus palabras le trajeron más desconcierto?
—Creo que eres del tipo que no está acostumbrado a que le digan esta clase de cosas —estipulaba con plena seguridad al ver la ligera mueca que torcía los labios del moreno—. Aunque tal vez sea otro motivo el que te está aquejando.
—Hmp —perfecto, el nuevo ya había notado que estaba actuando raro y no se cortaba en decírselo. Como si con Kuramochi no le fuera suficiente—. Creo que lo mejor sería que terminara con esta farsa. Después de todo, no hemos hallado a quién escribió la carta y a ambos nos han estado incordiando innecesariamente. Al final sólo han sido problemas para ambos.
—En las relaciones siempre hay problemas. Nunca puede ser perfecto —había terminado su bebida, por lo que aplastó la lata entre sus manos, como si fuera una simple basura—. Sin embargo, si la persona vale la pena, entonces no está permitido huir —¿se había pensado que lo que ocurría entre él y Sora eran roces que estaban condenando su relación y por eso le brindó ese consejo? ¿O es que él había visto algo más?
—Estos temas no son mi fuerte —las relaciones interpersonales en sí, no lo eran. Nunca lo fueron.
—Los de ella tampoco —dio media vuelta y llevó su mano hasta el pomo de su puerta. Se detuvo antes de abrir por completo la puerta; parecía querer dedicarle una última oración al castaño—. Pero ella se muestra relajada y tranquila a tu lado, sin esa desconfianza y distanciamiento que tanto le caracterizan —sus celestes pupilas se habían encontrado con aquellas castañas, llenas tanto de desconcierto como de sorpresa—. Y eso sólo significa que las cosas van bien entre ustedes dos —dijo como modo de despedida antes de perderse en la seguridad de su cuarto.
—¿Que las cosas van bien...entre nosotros dos? —lo dicho sacudió violentamente sus pensamientos, removiéndole cada uno de los recuerdos que habían compartido hasta ese momento para que los reviviera una vez más. Y entonces todo se estancó en aquella mañana donde había empezado una guerra de miradas que terminó con ambos rehuyéndose mutuamente—. Ella también terminó escapando...—pero, ¿por qué lo había hecho? Ella no era de ese tipo de personas que huyen y mucho menos de él. ¿Qué la había movido a tal reacción? ¿El mismo motivo que él? ¿Por qué se volvía más cansino el tema entre más lo pensaba?—. Tch...No debería estarle dando más vueltas a este asunto. Es innecesario —no perdió más el tiempo y abrió su cuarto. Cerró y se encaminó directamente hasta su lecho; por esa noche descansaría de los números y las estadísticas del béisbol—. Aunque, ¿sería posible que ella...? —sacudió su cabeza, intentando deshacerse de ese pensamiento—. No hay manera...de que ella se sienta atraída hacia mí. Sería una locura al mismo nivel de decir que ella me interesa para algo más que meros conocidos —suspiró, ya dispuesto a conciliar el sueño. Deseo que se vio interrumpido en cuanto escuchó un pequeño tono proveniente de su teléfono—. ¿Un correo a estas horas? —abrió su bandeja de entrada y no reconoció en lo más mínimo el correo hasta que empezó a leer el mensaje—. "De verdad, ¿quién se comunica hoy en día vía correo electrónico? Me supongo que sólo tú por ser tan extraño. Pero bueno, mira esto. ¡Será más que perfecto para cobrarnos lo que Kuramochi nos ha hecho hasta el momento! Nadie pensaría que tendría una faceta tan dulce —bajó el archivo que traía adjunto el correo y fue entonces cuando comprendió a la perfección a lo que se refería. Es que aquello era material altamente clasificado y por ende, un tesoro incomparable con el cual se podría causar mucho bullying a cierto corredor en corto—. Está claro que no es buena idea tener a esta mujer de enemigo —rio descaradamente ante lo que estaba contemplando, sobre el buen uso que le daría a tan preciado material fotográfico en el futuro—. Joder, ella de verdad es...—sonrió ladinamente, sintiendo lo agridulce de la ironía de la que recién empezaba a ser víctima—. Mierda, parece que realmente voy a tragarme cada una de mis palabras.
