¡Buenas noches! Regresé más pronto de lo que esperaba, pero bueno, sé que no habrá quejas XD Hay que exprimir a la musa de la inspiración, aprovechando a que se dignó a venir para este fandom. Disfruten su lectura c:
Capítulo 27
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Sorpresa. Esa fue la primera emoción que la abordó en cuanto abandonó la protección de su hogar y se encontró con la de aquel confiado corredor; él parecía estarse riendo en silencio de su reacción porque sus labios esbozaron una enorme y guasona sonrisa.
—Esa es la cara de alguien que no creía en que cumpliría con mi palabra —Kuramochi la atrapó por completo. Y su victoria trajo consigo el silencio de la joven—. Será mejor que te muevas o no cumpliremos la meta.
—De verdad me has impresionado —se aproximó hasta el moreno—. No volveré a decir que eres poco confiable.
—Ey, ¿cómo demonios debo interpretar eso? —era demasiado temprano para sulfurarse pero ella ya lo había logrado.
—Como que eres un hombre de palabra. Ya no eres el yankee de tus años mozos de secundaria —llevó sus manos hasta sus hombros y les dio suaves y rápidas palmadas. ¿Ese era su modo de felicitarle?
—Síguele así y me largaré de aquí —una amenaza que estaba dispuesto a cumplir en un santiamén si continuaba con aquello.
—Ya, ya, sabes que sólo estoy bromeando contigo —se disculpó, mirándole directamente a los ojos, como si con ello quisiera mostrarle que estaba siendo sincera y dejara de cabrearse de una buena vez—. Oye, pero si vas a correr como el resto de la gente normal, ¿verdad?
—Correremos a mi ritmo.
—¡Estás loco! —exclamó con sobresalto ante lo que él dijo tan a la ligera—. Kuramochi, eres el más veloz de todo Seidou. No existe manera de que alguien como yo pueda correr a tu nivel.
—Pues tendrás que esforzarte. ¡Yahahahaha! —Sora estaba muy segura que el esfuerzo no sería suficiente para lograr lo que ese guepardo humano deseaba—. Piensa en ese peso extra que tienes y entonces todo será más fácil.
—Kuramochi, la vida no funciona de esa manera —suspiró, intentando obtener toda la fuerza de voluntad necesaria para realizar aquel ejercicio matutino.
Claramente sabía que salir a correr en compañía del más rápido de todo el equipo de béisbol era una especie de suicidio que más pronto que tarde la orillaría a renunciar y buscar otro método menos demandante para cuidar su peso. No obstante, pese a lo rudo que podía llegar a ser Yōichi, había tenido la delicadeza de bajar su velocidad para que ella no tuviera que morir en el intento; incluso le había dado algunos tips para correr sin tanto esfuerzo y le advirtió sobre lo que no debía hacer para evitar salir lesionada.
Sí, era bueno enseñando y parecía poseer más paciencia de la que ella se había imaginado.
—¿Seguro que tendrás energía para el entrenamiento de la mañana? —habían terminado por lo que se encontraban sentados en el escalón inferior de la pequeña escalinata que conducía al interior del domicilio de la familia Yuki. Ambos estaban hidratándose un poco.
—Por supuesto que sí —aseguró—. Esto fue como un juego de niños para mí.
—Gracias por bajar tu ritmo o estoy segura de que hubiera claudicado en algún punto del camino si te ponías a correr como lo haces en los partidos —el moreno no estaba esperando a que le agradeciera por ello. Así que le fue inevitable no sentirse plenamente desconcertado.
—Aun así tienes resistencia y soportaste bastante bien —adjetivos tan positivos no solían salir muy seguido de la boca del oriundo de Chiba, por lo que ella optó por escuchar atentamente—. Pero si consideramos a lo que te dedicabas, resulta normal que correr no sea lo tuyo… Además…
—¿Además? —preguntó, mirándole de soslayo.
—También tienes otro obstáculo en manos por el cual te resultará algo impráctico el correr —que le evadiera la mirada al tiempo que las mejillas se le colorearan tenuemente de rojo lo volvía todo muy sospechoso.
—¿Y puedo saber a qué obstáculo te estás refiriendo, Kuramochi Yōichi? —solamente su madre lo llamaba por su nombre completo. Así era hasta que ella lo hizo, provocándole algo parecido a la incomodidad y la vergüenza; definitivamente no dejaría que lo volviera a nombrar de esa forma nunca más.
—Ya debo regresar a Seidou antes de que se den cuenta que me escabullí. Así que nos vemos en clases —nada como ejecutar un escaparate antes de que fuera un hombre muerto.
—Huyó —el muy bribón había hecho gaje de su celeridad para escapársele a la pelinegra—. Lo dejaré pasar por esta ocasión ya que me está ayudando.
Kuramochi no tenía problema alguno por la parte del ejercicio extra del que se había hecho acreedor desde que decidió ayudar a Sora. No obstante, el madrugar tanto, empezaba a cobrarle factura; y claramente era algo que no pasaba desapercibido por quienes convivían a diario con él en el aula de clases.
—¿Otra vez te has desvelado jugando videojuegos? —preguntaba Miyuki para quien ya llevaba su quinto bostezo desde que inició el receso—. Tatsuhisa, si dejas que el vicio te consuma terminarás del mismo modo que él —el moreno permanecía sentado frente al puesto del cátcher con el rostro descansándole en el pupitre y el blondo yacía a un costado de este, sorbiendo un jugo de caja.
—Juego de manera moderada —se defendía Souh.
—No he jugado en toda la semana —alegaba el corredor en corto, viendo de mala manera al de gafas. Lo último que necesitaba era que se metiera con él—. Solamente he tenido noches en las que no he podido conciliar el sueño apropiadamente.
—Kuramochi, te recuerdo que tenemos un trabajo de traducción muy importante que entregar para la clase de inglés —el rubio le recordó a cierto descuidado muchacho que los deberes no se hacían solos—. Pero descuida, ya lo terminé y puse tu nombre en él —lo cual mencionó hasta después de que el pobre Yōichi se levantara todo atormentado, pensando cuándo iban a hacerlo.
—¡Maldito!¡¿Por qué no dijiste eso desde un principio?! —por un momento sus fuerzas le regresaron al cuerpo y ya se encontraba agrediendo el cuello de la camisa del bateador.
—A todo esto, ¿no tenemos un reporte de Historia por hacer? —Kazuya recordó que lo habían emparejado con Tatsuhisa en aquella clase tan aburrida y que tenían algo importante que hacer—. Se me había olvidado porque hemos estado bastante ocupados con el entrenamiento y los partidos.
—Ah sí. Lo tenemos —ahora era el de gafas el que se notaba en apuros por no tener adelantos del susodicho deber. Y es que ni siquiera se acordaba de qué iba—. Pero no hay nada de qué angustiarse —¿de verdad? —. Ya está terminado igualmente.
—¿Qué? ¿Qué ya lo acabaste? —Kazuya estaba que flipaba. No podía creer sus palabras. Y por eso mismo el rubio se encargó de sacar un folder de su mochila y depositarlo en su asiento—. Pero si es…—en sus manos estaba un paquete de hojas sujetas con un clip. Y por lo que vio, todo estaba en orden y forma; incluso tenía una portada bien elaborada—. ¿En qué momento?
—Tú entrenas tanto como todos nosotros. Así que no entiendo cómo es que haces tus tareas en tiempo y forma… Incluso los adelantas —Yōichi no era el único que veía a Tatsuhisa como un bicho raro—. ¿En qué momento lo haces? ¿Le pagas a alguien para que te hagan los deberes?
—La vida sería más fácil si le pagara a alguien por hacerme la tarea, pero no es así —vio a esos dos muchachos que empezaban a dudar de que fuera un ser humano o que durmiera más de cinco horas diarias—. Mi familia es muy estricta en el ámbito académico. Por lo que el hecho de que forme parte de un club deportivo, no es excusa para que mis notas sean mediocres —y no tenían duda alguna de ello tras recordar al intimidante padre de joven bateador—. Aunque al final sólo es cuestión de que te organices bien. También es como una costumbre.
—Viejo, tu vida suena a una total pesadilla —Kuramochi ya se hubiera vuelto loco con un estilo de vida tan exigente como ese—. Vive un poco o te volverás loco.
—Si la vivo demasiado me meteré en problemas —el corredor en corto se echó a reír ante lo dicho. Después del lío que los llevó a ser castigados, sabía a la perfección que ese muchacho tenía el potencial de meterse en muchos líos.
—Y con un padre como el que tienes no me sorprende que te andes con cuidado —agregó Miyuki para quien dio un largo suspiro.
—Ahora que lo pienso. ¿De dónde se conocen tu padre y el entrenador? —ciertamente aquella relación no había sido aclarada del todo—. Se ven bastante cercanos.
—Se conocieron cuando el entrenador iba en la universidad. Él fue su alumno cuando mi padre trabajó un tiempo en la Universidad Meiji y desde entonces han estado en contacto. Incluso forjaron algo muy parecido a la amistad —ahora las cosas empezaban a cuadrar.
—Y ahora tú estás bajo la tutela y cuidado del entrenador. La vida sí que es irónica —decía Kazuya para cierto rubiecito que ahora estaba comiéndose un bollo dulce relleno de anko.
—No puedes imaginarte cuánto.
—Ciertamente la vida es jodidamente irónica en ocasiones —Kuramochi contemplaba en silencio a ambos jugadores, mientras sonreía con descaro y regodeo sin que ellos se percataran de su gesto porque estaban enfrascados en una conversación sobre béisbol profesional—. Por un lado está la ex pareja de Sora y por otro, el falso novio actual. Y para colmo, ambos están en el mismo club. ¿Es que esto podría ser más divertido?
El día al fin había concluido y no podía sentirse más agradecido en cuanto escuchó la voz del entrenador diciéndoles que ya podían retirarse a ducharse, cenar y descansar. Y eso era justamente lo que quería pero lamentablemente su retirada se vio interrumpida por uno de los incordios de su vida.
—¿Qué pasa? —porque ella no aparecía sólo porque sí. Y si consideraba que no la había visto durante toda la práctica, algo debía de estar ocurriendo.
—Tú sígueme y no cuestiones nada —la pelinegra se dio media vuelta y comenzó a avanzar. Él no tuvo más remedio que seguirla. Y de ese modo llegaron hasta la solitaria bodega que solía ser visitada más por las mánager que por los jugadores.
—¿Por qué tanto misticismo? —ahora la joven estaba husmeando dentro de una mochila negra que había puesto junto a la caja de pelotas—. ¿Y eso?
—Me supongo que debes estar hambriento, así que traje esto —el paquete que sacó de la mochila era una caja de obento de tres pisos; mismos que separó y colocó sobre el suelo tras haber extendido un pequeño mantel de cuadros rojos y blancos—. Come.
—¡Esto es demasiado! —era claro que era mucha comida para él solo. Sin embargo, la pinta era excelente y el olor que llegaba hasta sus fosas nasales no hacía más que abrirle el apetito—. Pero, ¿por qué has traído todo esto? —no se le podía por estar confundido ante lo que podía ser considerado como amabilidad.
—Es mi manera de agradecerte lo de esta semana —Yōichi parpadeó sin creerse lo que estaba escuchando. Pensó que estaba soñando, por lo que se pellizcó ambas mejillas—. Y descuida, lo prepararon en el restaurante de mis padres. Así que es comestible.
—En realidad…no tenías que hacer nada —podía seguir hablando todo lo que quisiera mientras ella lo hacía sentarse y le daba una de esas vistosas cajas en sus manos.
—Por supuesto que sí —objetaba, clavándole la mirada—. Toda la semana te has estado cabeceando en clases. Y todo como consecuencia de mi capricho, así que me disculpo —que alguien grabara ese momento porque probablemente no se repetiría nunca en su vida.
—Estás actuando muy extraña… ¿No estás en esos días especiales que toda chica posee cada mes? —estaba listo para recibir un buen golpe por parte de la pelinegra. Pero la arremetida jamás llegó—. ¿Ah? ¿Por qué no estoy tumbado en el piso, sufriendo? ¿Qué rayos está ocurriendo aquí?
—De ahora en adelante correré por mi cuenta, así que no tienes que venir a mi casa por las mañanas.
—Pero tú misma dijiste que correr sola te resultaba sumamente aburrido —para él era mejor poder dormir una hora más y sin embargo, allí estaba diciéndole indirectamente que estaba bien, que no había problema.
—Sí, sé que lo dije —y se veía arrepentida de haberlo mencionado—. Pero que estés en óptimas condiciones tanto para tus entrenamientos como para tus partidos, es mucho más apremiante. Además, ¿qué clase de persona sería si perjudico a uno de los miembros del equipo?
—Eres muy extraña —no era eso lo que quería decir, pero fue lo primero que carburó su cabeza para transformarlo en palabras—. Pero no quiero discutir sobre ello. De modo que será cómo tú quieras.
—¡Excelente! —parece que había otra cosa que la joven trajo consigo—. Ninguna cena está completa sin su correspondiente postre —era una cajita blanca y de cartón la que había dejado frente a él—. Saben muy bien.
—Tengo el presentimiento de que estás intentando engordarme.
—Claro que no. Son alucinaciones tuyas. Así que come —Kuramochi le dio una primera probada y después siguió devorando el resto de su cena; la verdad que entre el hambre que se cargaba y lo bien que cocinaban los padres de Sora, fue inevitable que no devorara la primera caja de obento en tiempo récord—. Mastica bien o te vas a ahogar.
—¡Eso no va a pasar! —replicaba, con la boca totalmente llena.
—Debes ser más cuidadoso con los bats. No puedes estarlos estropeando de esa manera —la voz que ambos escucharon era inconfundible y los llevó a voltear hacia la entrada, topándose inevitablemente con la mirada del cátcher titular de Seidou—. ¿Umm?
—¡Sora-senpai, Kuramochi-senpai, buenas! —porque allá donde fuera Miyuki iba Sawamura. Eran como mamá gallina y su pollito.
—¡Maldición! Justamente tenían que llegar estos dos —Yōichi estaba pensando en una excusa que sonara creíble y que le salvara el pellejo.
—¡Oh, eso se ve muy bien! —Eijun no se detenía a pensar en el porqué de las cosas; él se limitaba a disfrutar de la vida, así que pronto estaba al lado del moreno, babeando ante las cajas de almuerzo que quedaban—. Eso tiene muy buena pinta.
—Puedes tomar uno si gustas —invitaba la pelinegra a quien claramente le había aflorado el hambre.
—¡Muchas gracias! —no necesito que le dijeran dos veces. Él ya estaba comiendo muy plácidamente.
—Y bien, ¿a qué se debe esto? —sí, ambos estaban esperándose a que el de gafas hablara. La cuestión era en si tenían una respuesta que fuera satisfactoria.
—Mi madre me mandó comida con Masa, ya que Tetsu se iba a quedar a estudiar hasta tarde en la biblioteca. Pero como siempre, se excedió e hizo más de los que mi hermano podía comer. Así que me quedé con los almuerzos extra y pensé en compartirlos con ustedes —incluso ya se había levantado para darle esa tercera caja al castaño.
—Vaya que pesa —Kazuya sabía que esa caja contenía mucho más de lo que contemplaba a la vista—. Tus padres siempre se exceden.
—Ya sabes, ellos y sus ideas extravagantes de que son deportistas y deben alimentarse bien —Yōichi estaba asombrado ante lo buena que era Yuki para mentir cuando la situación lo requería. Era como una profesional enfrentándose a otro—. Pero si no lo quieres, puedo dárselo a otro de los chicos —e iba a quitarle la caja pero el cátcher la había sujetado bien.
—Nunca dije que no la aceptaría —¿quién va por la vida rechazando comida, que además de deliciosa es gratuita? Nadie—. Solamente que me parece extraño.
—¿Qué es lo que parece raro? —Sawamura y Kuramochi ya veían venir una futura discusión entre esos dos, por lo que se mantuvieron en sus lugares y fingieron que no estaban escuchando absolutamente nada.
—Que no estés comiendo tú también —¿iba a empezar de nuevo con ese tema? Tenía que estar de joda.
—Para tu información, ya comí y estoy más que satisfecha.
—Así que estás a dieta —los oyentes se sorprendían más y más de la gran idiotez que poseía su capitán frente a las mujeres; ya solamente estaban aguardando el momento en que la chica se exasperara y lo mandara al suelo.
—Claro que no —jamás admitiría que estaba comiendo más saludable para cuidar su peso. No frente a él.
—Entonces un bocado extra no te hará daño —lo peor es que ya tenía un pedazo de camarón empanizado bien sujeto con sus palillos, dirigiéndolos hacia su persona.
—¡Eres un pequeño…! —tenía que calmarse. Porque si se dejaba llevar por su temperamento y las burlas del moreno, las cosas no solamente terminarían en su contra, sino que le daría a él la indiscutible victoria; y su orgullo no podía permitirle semejante desliz—. Lo correcto sería que comieras tú. Debes estar hambriento tras hacer todo ese extenuante ejercicio. Por lo que no te cortes —Kazuya no supo lo que le esperaba hasta que fue demasiado tarde; aquel camarón estaba dentro de su boca tras la rápida maniobra ejecutada por Sora—. Delicioso, ¿verdad? —él masticó y tragó, sólo para que otro camarón fuera directo hacia su boca.
—Puedo comer por mí mismo —¿vergüenza, incomodidad, desconcierto? ¿Qué era exactamente lo que sentía al recibir la comida, directamente a la boca? Eso es lo que hacían las parejitas, no obstante, ellos no eran una real. Ella únicamente lo estaba haciendo para molestarlo. Y siendo ese el caso, ¿la dejaría ganar? —. Pero si tanto quieres seguir de este modo, no hay problema —había detectado lo que quería hacer y lo estaba usando en su contra con tremenda maestría.
—¿Qué es lo que hace, Kuramochi-senpai? —el menor había visto al corredor sacar su celular mientras sonría con vileza.
—Shhh. Guarda silencio idiota —le dedicó una mala mirada que paralizó al muchacho—. Esta es una gran oportunidad. Una que no va a repetirse.
—¿De qué está hablando?
—Claramente estoy hablando de nuestro capitán —Sawamura miró de nuevo al odioso cátcher; este continuaba degustando su obento gracias a la ayuda de cierta pelinegra que muy "amablemente" le estaba dando de comer directamente en la boca—. Momentos como estos no son algo que se vea todos los días. Así que hay que inmortalizarlo y si es necesario, compartirlo con otras personas para que sean testigos de este evento sin precedentes.
—Pero si ese es el...—Eijun reconocía perfectamente el nombre del chat que había abierto Kuramochi, por lo que se quedó a la expectativa. Y en cosa de segundos, el corredor mandó una sola imagen—. ¡Están escribiendo!
—A esta hora todos tienen un momento libre así que pueden estar en sus celulares un rato —¿cuánto se habría metido Miyuki con su persona para disfrutar de tal modo el haber mandado aquella foto en el chat grupal del equipo de Seidou mientras todos empezaban a escribir, uno tras otro? ¿Tanta risa le producían los comentarios de los chicos que no podía evitar sonreír?—. Y gracias a que ese tonto sólo se comunica por mail, no existe manera de que se entere de lo que está pasando hasta que sea demasiado tarde. Así que es perfecto.
—Kuramochi-senpai, mire todas las respuestas. ¡Son demasiadas! —y efectivamente las notificaciones no dejaban de sonar hasta el punto en que tuvieron que silenciar sus móviles por el bien de sus oídos.
—Esto es mejor de lo que esperaba —Yōichi aprovecharía a tomar otro par de fotos para subirlas de inmediato al grupo. Los chicos amaban el cotilleo y más si este involucraba a su reservado capitán—. Y como Sora tampoco está en el chat, tampoco se enterará de nada. ¡Esto va a ser muy divertido!
—¿Pasa algo? —¿en verdad tenía el descaro de preguntarle algo así cuando él era el motivo por el que la situación se desarrolló de tal modo?
—En lo absoluto —negó. No iba a claudicar en ese momento; no después de que casi terminaba de "alimentar tan amorosamente a su novio"—. ¿Tendría que ocurrir algo?
—Yo supongo que no —muchas chicas estarían pérdidas en su amplia sonrisa, logrando caer ante él y su claro atractivo. Sin embargo, a ella le producía quitársela de los labios de maneras nada gentiles.
—¿Por qué tiene que ser así de cínico? ¡El muy desvergonzado se está divirtiendo con todo esto! Él el verdad me desquicia —y era un milagro que no descargara su frustración con los palillos que usaba para darle de comer.
—Quién diría que ella misma cavaría su propia tumba —su día estaba siendo recompensado con poder molestarla como era debido—. Sora-chan~ —algunos amaban el peligro y luego estaba Miyuki Kazuya.
—¡Se lo advertí y aun así lo ha dicho! —pensó ingenuamente que el castaño no la llamaría así. Pero erró—. Lo ha hecho aprovechándose del momento —le daba crédito por hacerlo, incluso cuando lo amenazó—. ¿Pasa algo, Kazu-chan? —el castaño sintió una pequeña puñalada al escucharle dirigirse a él de una manera tan aberrante. Tenía que tolerarlo o habría perdido ante ella.
—Nada en realidad, Sora-chan —dijo, haciendo énfasis en su nombre.
—Oh, muy bien entonces, Kazu-chan~
—¡Mierda! A ninguno de los dos se le nota feliz mientras se dirigen el uno al otro con tal honorífico... ¡Esas sonrisas son falsas y esconden otras intenciones! —sabía que lo mejor era escapar y ponerse a salvo. No obstante, su sexto sentido le decía que se quedara, que aguardara, que algo relevante ocurriría.
—No vuelvas a llamarme de esa forma —Miyuki sabía que ella claudicaría mucho antes que él. Y por estar consciente de ello, había empezado a incordiarle—. Si vuelves a hacerlo te arrepentirás.
—Tenemos que trabajar con esa escasa paciencia que posees, Sora-chan —sabía que ella podía fácilmente atentar contra su integridad física sin dificultad alguna. Pero también era consciente de que no se atrevería a hacerle algo demasiado severo porque aún con sus diferencias, nunca lo lesionaría.
—Si continúas haciéndolo, te haré callar y no te gustará en lo más mínimo el método que usaré para ello —se oía más calmada. Y fue un detalle al que el castaño no prestó ni la más mínima atención.
—Sora-chan~
—Te lo advertí.
Aquellas castañas pupilas vibraban, temblaban ante lo que el resto del cuerpo sentía; y a su vez, reflejaban a quien había desatado esa cadena de reacciones.
Sus palabras se quedaron estancadas en su garganta mientras sus labios permanecían estáticos, envueltos en la calidez y la humedad de los de ella.
—Espero que con esto hayas escarmentado —de nuevo sentía su mirada en él, tan fija, como si quisiera indagar en sus pensamientos—. ¿Y ahora qué es lo que le causa tanta gracia? —aunque tal vez lo peor era que él estaba esbozando una sonrisa, tan amplia y juguetona como las que solía poner cada que algo se volvía sumamente interesante.
—Eso sí que me tomó por sorpresa. Sin embargo...—le sostuvo la mirada, inmutado por su acción. Ella tomó distancia. Pero eso no fue lo que captó su atención, sino ese carmín que afloró en sus mejillas.
—Sigue molestando con eso y haré algo mucho peor —Kazuya permaneció en silencio, viéndole—. Hmp... Me largo —dio media vuelta y se fue.
—¡Ella acaba de...! —Kuramochi estaba con la boca abierta ante lo que fue testigo. No esperaba que ella se atreviera a tanto. Y también estaba extrañado por el castaño; desde lo ocurrido había pasado de haber sonreído con cinismo a llevar su atención en otra dirección, mientras su dedo índice rascaba su mejilla con reiteración—. Un momento... ¡¿Se ha sonrojado?! ¿Por qué? No me digas que es a causa de...
—¡Jajajajajaja! ¡Kuramochi-senpai, yo también he hecho mi aportación al grupo! —exclamó orgulloso, como un hijo que ha hecho algo verdaderamente trascendental y necesita compartirlo con su progenitor.
—Esto es...—Yōichi aceptaría que al fin el castaño hizo algo bien para variar. Porque mientras él contemplaba el espectáculo suscitado entre Sora y Kazuya, Sawamura guardó el momento en una fotografía; una que mandó al grupo de Line—. ¡Esto no hace más que ponerse mejor!
Yuki ya se encontraba bastante lejos de la bodega. Lejos de los hostigosos comentarios del cátcher y de todo lo que había acaecido. Y sin embargo, la mirada y la sonrisa de él continuaban frescas en sus memorias; y de manera inevitable pensaba en lo que había hecho y eso traía como resultado una sensación opresiva y desagradable en su pecho.
—No sé qué demonios estaba pensando cuando se me ocurrió callarlo de esa manera... Golpearlo hubiera sido la mejor opción —de nada servía arrepentirse. No podía cambiar el pasado y ahora tenía que lidiar con las consecuencias de haber hecho tal estupidez—. Ahora va a molestarme con eso también...—estaba demasiado abstraída, tan metida en sus pensamientos que no se dio cuenta de la persona que se atravesó
en el camino y con la que terminó chocando—. ¡L-Lo siento! —se disculpó de inmediato.
—No hay problema —genial, justo tenía que chocar contra ella.
—Tendré más cuidado la próxima vez —ahora lo mejor era irse de allí.
—Yuki-kun, ¿te encuentras bien?
—Sí. Estoy bien —¿por qué no tendría que estarlo?
—Es que tienes la cara roja —Sora sospechaba que sus mejillas estaban ruborizadas pero el que se lo dijera, lo empeoraba todo; ahora estaba apenada, lo que agravaba su situación.
—Es que los chicos hicieron algo vergonzoso —fue su excusa.
—¿Por qué no vienes con nosotras?
—¿A qué se refiere Takashima-sensei? —tal vez se perdió de algo y no se dio cuenta.
—Compré helado para las mánager en agradecimiento por su gran dedicación al equipo —sí, sonaba bien. El helado era delicioso y más si era gratis—. Así que dices, ¿no te apetece un poco?
—Claro que me gustaría —y entonces recordó la lista de prohibiciones que le dio su madre. Y ese postre frío estaba en ella—, pero estoy satisfecha. Acabo de comer.
—Yuki-kun —no fue el tono que empleó para dirigirse a ella lo que prendió la alarma, sino esa mirada llena de inquisición y desaprobación—, espero que no estés rechazando el helado porque estás haciendo una dieta absurda —la pelinegra mantuvo la calma. No iba a ser descubierta.
—No. En lo absoluto. Pero es que acabo de comerme unos cuantos soufflés de chocolate y he quedado empalagada —mentir se le daba genial cuando su pellejo estaba en juego—. Por eso estoy declinando su oferta. Aunque de igual modo le agradezco el gesto.
—Estoy segura de que a Miyuki-kun le gustas tal cual eres. Y que no se pondría quisquilloso con temas tan superficiales como lo es el peso —Yuki no sabía si pensar que ese hombre podía llegar a ser tan comprensivo en ese tema o que ella era muy ingenua con respecto al castaño—. Que por algo te eligió para que fueras su novia.
—Sí, supongo que tiene razón —el meollo es que ninguno de los dos se había elegido como pareja; ambos tenían una relación falsa y a este punto sonaba hasta absurdo que continuaran sosteniendo esa mentira.
—Vamos, no seas tan reservada —nada como unas palmaditas para romper la fachada de seriedad que poseía la pelinegra—. Vayamos a comer helado.
Sora quiso escapar, pero fue una causa perdida. Pronto estaba reunida con la profesora de inglés y el resto de las mánager en el comedor.
—Al final fui incapaz de huir. Y acabé aquí —había cuatro botes de helado en medio de la mesa. Y todas se habían servido, excepto ella.
—Toma. Te va a encantar —Yui le dio un plato hondo con cuatro bolas de helado; cada una era de chocolate, de menta, de vainilla y de fresa.
—Gracias —a este punto ya qué más daba caer en el pecado—. Sabe bastante bien.
—¿Ya vieron las fotos que mandaron al grupo? —preguntaba Sachiko con sumo interés.
—No. No las he visto —expresaba Haruno.
—¿Ahora qué hicieron? —Natsukawa podía esperarse cualquier cosa con los chicos.
—Oh, eso es bastante enternecedor —soltaba Rei tras ver las fotos de las que hablaba Umemoto. El resto compartía su opinión.
—Esto sabe a gloria —estaba tan feliz por comer algo alto en calorías que no notó de inmediato desde cuándo esas cuatro mujeres empezaron a verla fijamente mientras sonreían y llevaban su mano izquierda hasta sus labios, como si quisieran ocultar una risilla—. ¿Me he perdido de algo? —ellas intercambiaron miradas y después la contemplaron con cierto enternecimiento—. ¿Qué pasa? No estoy entendiendo…
Yoshikawa le mostró su celular, dejándole apreciar en todo su esplendor las dos fotografías que explicaban en su totalidad el comportamiento de las cuatro féminas. Y fue entonces cuando experimentó un pánico abrumador que le había llevado a dejar de comer e imaginarse todo lo que se vendría de ahora en adelante.
Todo estaba a nada de convertirse en una verdadera pesadilla.
