¡Buenas tardes! Ya llegué con un nuevo capítulo, aprovechando que hoy es el cumpleaños del más sensual cátcher de todo el mundillo de DnA * - * Así que espero que lo disfruten tanto como yo disfrutaré el puentecito de mañana XD Nos vemos~

Capítulo 30

Emotion

Incluso cuando la sensación y humedad de sus labios no eran más que una memoria vívida y difícil de borrar de su mente, el cosquilleo que su aliento ígneo provocaba en cada milímetro de su piel era tanto desesperante como agradable; era una sensación que le paralizaba, que la dejaba en el mismo punto donde el acercamiento ocurrió y donde ninguno de los dos se alejaba.

Su boca permanecía sellada. Había tanto que expresar pero tan poco temple para trasmitirlo; no sólo había hurtado descaradamente sus labios, sino que también la había dejado sin habla. ¿Es que un simple beso poseía tan aterrador control o era la consecuencia de haber recibido la respuesta opuesta a la que buscaba recibir?

Estaba confundida. No entendía por qué su declaración había tenido aquel final que en ningún momento imaginó; o no quiso imaginar. Y él se percató de la duda que tenía a través del constante tambaleo que sufrían sus grisáceas pupilas mientras carecían de la capacidad de mirar algo más que no fuera a él.

La satisfacción se reflejaba en la sonrisa que inició como una mueca divertida y se transformó en el gesto que más le caracterizaba, y el que mejor embonaba en su rostro. ¿Por qué el contemplarla tal vulnerable, tan expuesta a lo que hiciera, le hacía sentir tan bien? ¿Se debía a la naturaleza de la joven que no orillaba a pensar a que pudiera ser tan vulnerable por un chico o tal vez, y sólo tal vez, a que le gustaba más de lo que él mismo se pudiera imaginar? La primera opción le hinchaba el ego; la segunda, le aterraba y preocupaba un poco.

—¿Qué significa todo esto? —se había perdido demasiado tiempo en esos hermosos ojos café. Más de lo necesario. Tenía que reaccionar—. ¿Por qué has hecho algo así? ¿Qué pretendes?

Esa era una reacción que él no esperaba recibir. Nunca la creyó viable. Ella era la primera chica que se mostraba reacia a sus muestras de interés; casi como si pensara que estaba haciendo una broma de muy mal gusto.

—Creo que es obvio —la pelinegra había pasado de estar a su total merced a mostrarse totalmente a la defensiva.

—Contigo nada es demasiado evidente. Siempre escondes tus verdaderas intenciones —Kazuya se abstuvo de reír ante la naturaleza arisca de la joven porque terminaría complicándolo todo; no buscaba retroceder justo ahora cuando las circunstancias se habían dado tal y como él quería—. Si es uno de tus juegos, detente.

—Sora —la llamó por su nombre como tantas otra veces atrás—, sólo hago esto con las chicas que me interesan.

Ella podía controlar sus palabras, pero no el modo en que su cuerpo decidía reaccionar ante las claras palabras del castaño; es que sus mejillas estaban tan rojas que las cerezas debían estarse muriendo de la envidia.

—E-Espera... Eso quiere decir que...—se estaría engañando a sí misma si dijera que no quiso vagamente que todo fuese mutuo. Sin embargo, se había deshecho de ese fantasioso y fatídico pensamiento por su propio bienestar.

—Sí, bueno —probablemente la adrenalina que lo llevó a besarla como respuesta a su confesión se estaba desvaneciendo, dejando tras de sí un ligero bochorno que colorearía tenuemente sus mofletes—. Estamos en el mismo bote.

Esto no puede ser posible. No hay manera de que alguien como él pudiera mostrar interés en una persona como yo...—los opuestos se atraían, pero jamás al punto que ellos lo hacían—. Aunque al final solamente es un simple gustar... Una persona te puede atraer de manera superficial con mucha facilidad... No es la primera vez que me ocurre. Y debe ser el mismo caso para él...Miyuki

—¿Sí?

—¿Qué es lo que somos ahora? —no quería ser quien preguntara eso, pero tenía que. Aclararlo todo antes de que se dieran más malos entendidos era primordial para ella.

—Lo que hemos venido siendo hasta el momento —eso significaba una sola cosa—. Únicamente que ya no sería una farsa —usar su tono juguetón no restaba seriedad al tema del que hablaban, pero sí la hacía sentir más nerviosa—. A menos que tú quieras otra cosa —demonios, ¿debía estar tan cerca mientras le decía eso? ¿Ya no existía eso del espacio personal?

—Yo no dije eso —sincerarse es el único camino que tenía. A menos que deseara dar por terminado lo que se había vuelto realidad en ese momento—. Pero nada te cuesta decirlo con claridad.

—Es más divertido de este modo —claro, no podía evitar aportar el comentario burlesco. Y a ella le fue inevitable no hacer un mohín por su actitud.

—Miyuki.

—Ya, ya, no te enfades. No quiero terminar en el piso —la hizo estremecer con sólo rozar sus labios con los suyos, con lentitud desesperante, como si le estuviera mostrando lo que podría ser suyo si cooperaba con todo lo que él le dijera—. La novia del capitán de béisbol de Seidou debe estar a la altura. Así que tendrás que esmerarte más~

—Engreído —susurró. Él ensanchó todavía más su sonrisa porque aun cuando lo recriminaba había caído redonda ante él—. Quita ese gesto.

—¿Vas a golpearme si no lo hago? —¿qué sería su vida si no la molestaba? Que ahora su noviazgo fuera oficial no significaba que iba a dejar de meterse con su persona.

—Jamás he golpeado a ninguna pareja antes, pero puedo hacer una excepción contigo.

—Dejemos las burlas para otro día.

—Estoy de acuerdo contigo —eran demasiadas emociones por un día que requería un poco de tranquilidad y un tiempo a solas; y sobre todo, necesitaba estar lejos de ese cátcher.

—Será mejor que regresemos —fue su sugerencia tras tomar un poco de distancia. Ella le agradeció el gesto en silencio—. O empezarán a pensar cosas que no.

—Kuramochi sería el primero en opinar al respecto —la imaginación de ese hombre era muy prolifera—. No quiero ni imaginarme cómo va a molestarme de ahora en adelante. Ahora tendré que soportar a los dos.

Abandonaron la solitaria zona y se desplazaron entre los dormitorios, manteniéndose en completo silencio. Por ahora preferían debatir lo ocurrido dentro de la protección de su cabeza; estado que se mantuvo justo antes de que llegaran a la entrada de los edificios en los que vivían los miembros del club de béisbol.

—¿Ocurre algo? —Kazuya preguntó al ver a la pelinegra detenerse en seco, como si hubiera visto a un espeluznante fantasma.

—Te lo diré luego. Ahora tenemos que escondernos antes de que nos vea —el castaño ni tiempo tuvo para objetar. Para cuando reaccionó ya había salido corriendo, siguiendo a la pelinegra que lo alaba de la mano hacia una dirección opuesta a la entrada.

—Bien. Esto es nuevo —su noviazgo recién había comenzado y ya había sido envuelto en un escaparate repentino.

—Aquí no va a hallarnos.

—No hay modo. Estamos en la bodega —alegaba el de gafas tras recargarse contra la pared que cubría tanto su espalda como la de Sora—. Y bien, ¿me dirás qué está pasando aquí? ¿O solamente buscabas un pretexto para meterme a un lugar oscuro y solitario? —estaba resultándole demasiado lucrativo el soltarle comentarios como esos porque terminaban perturbando el equilibrado juicio de la pelinegra.

—Por supuesto que no —refutaba, evadiéndole la mirada. Justo tenían que estar parados lado a lado, con unos cuantos centímetros de distancia—. Pero, ¿recuerdas del consejo que te pedí cuando te quedaste a cenar en mi casa?

—Sí. Cuando te inventaste que habías tenido otros novios además de mí.

—¡Que no me inventé nada, pelmazo! —estaba encerrando sus impulsos bajo llave o terminaría haciéndole mucho daño a cierto idiota que tenía por pareja—. La chica que estaba afuera de la entrada a los dormitorios se llama Hamasaki Yoshiko. Es la amiga de la infancia de mi hermano. Se conocen de años y bueno, ella está enamorada de Tetsu —si bien ya había resuelto su predicamento, eso no significaba que podía con otro más—. Pero él no parece haberse dado cuenta a pesar de lo obvia que es ella.

Tal parece que es cosa de hermanos —de no ser tan parecidos, se hubiera percatado inmediatamente de las intenciones que tenía con ella con las señales que tan descaradamente le ofertó y que únicamente buscaban un objetivo en particular. Aunque gracias a la densidad que mostraba para esos temas, había logrado divertirse a sus anchas y apreciar facetas que no creyó que poseía alguien tan seria como lo era Sora—. Suena problemático.

—Más para mí que para mi propio hermano —miraba su calzado con un sentimiento de indecisión—. Verás, una amiga mía se iba a declarar hoy mismo a mi hermano. Incluso me mandó un mensaje, diciéndomelo —y allí estaba el verdadero motivo que le había llevado a casi ahogarse con su helado—. Tengo el presentimiento de que Yoshiko se enteró y por eso ha venido a buscarme —sino se dejaba caer sobre el suelo en ese momento era porque traía falsa.

—Estar en tu posición debe de apestar.

—Ya suficiente tengo contigo como para tener que lidiar con un triángulo amoroso.

—¡Ey! —¿así se expresaba de él después del buen momento que le dio? ¿No pensaba comportarse como una novia normal?

—Bueno, supongo que es como la ley de la selva. Quien encuentre primero a la presa, la devora —su analogía fue bastante ilustrativa, y hasta divertida.

—Estás comparando a Tetsu-san con un antílope.

—Y a esas dos con guepardos —el castaño se carcajeó ante semejante comparativa. ¿De verdad estaba diciendo tales cosas sobre su hermano y las dos muchachas que buscaban obtener su afecto? —. ¿Y si a mi hermano no le gustan las mujeres? ¿Y si es de "esos"? —eran pensamientos que a veces la abordaban y la preocupaban.

—¿Cómo que de "esos"? —su curiosidad podría salirle muy cara. Pero el que no arriesga no vive.

—Ya sabes… Que le gusten los chicos —Miyuki estaba más tieso que un cadáver con rigor mortis—. En el club son muchos chicos, así que no sería extraño… Soy su hermana y sería incapaz de juzgarlo.

—…Tetsu-san no batea de ese lado…—era su ex capitán, lo mínimo que podía hacer por él, era mantener limpio su nombre.

—Espero que tú tampoco —lo peor no era el sutil tono de amenaza que le daba entonación a cada palabra, sino que creyera en la posibilidad de que él podía tener semejantes inclinaciones.

—Te lo acabo de demostrar hace rato —y de nuevo sus miradas se encontraron, esta vez, como si se desafiaran—. Puedo hacerlo de nuevo por si te quedaste con la duda —debía aprender a lidiar con su manera tan desinhibida de ser o terminaría perdiendo la cordura por su culpa.

Si será desvergonzado —estaba siendo demasiado obvia con sus pensamientos porque él le respondió con una sonrisa guasona, orillándole a chasquear la lengua. Si así se iba a comportar de ahora en adelante tendría que hacerse de mucha paciencia y un poderoso temple—. Pues hazlo si te tienes tanta confianza —le provocó, manteniendo su atención en el castaño. Estaba segura de su resolución tanto como del hecho de que sabía que ese hombre no volvería repetir aquello.

—Eso me sonó a reto —y la vida misma sabía que aunque los disfrutaba plenamente dentro de la cancha, también podía sentir ese mismo goce por temas totalmente diferentes.

No. Era demasiado prematuro para que se acostumbrara al hecho de que él era su pareja y que sus labios podían ser tomados en el momento que se le pegara la gana. Y si tenía queja por su actuar, esta se hizo inaudible en el momento en que ese delicado beso tomó mucho más ritmo, mucho más ímpetu, hasta el punto en que tuvo que separarse para poder recuperar el aliento.

Esto es más divertido de lo que pensé que sería —su malvada risilla recibió como castigo un codazo por parte de quien ya había recuperado la palidez usual de su rostro—. Auch. Eso dolió.

—No seas mentiroso. Ni te golpeé tan fuerte.

—Te aclaro que no soy un masoquista como Kuramochi —él era un poco más delicado para aquellas cosas.

—Hay algo que me gustaría preguntarte.

—Más que la pregunta me sorprende que estés pidiendo permiso tan educadamente —y su chistecito le valió otro golpecito en sus costillas. Aunque bien que había valido la pena—. ¿Y qué sería?

—¿Por qué aceptaste tener un noviazgo falso con alguien que apenas y conocías de nombre? —ambos miraban hacia el frente, donde una pila de viejos rastrillos para jardín había sido dejada en el abandono.

—Puedo decir lo mismo de ti —si era sincero, creyó que le cuestionaría por esa decisión desde hace tiempo atrás.

—Ya te lo había dicho. Quiero encontrar al gracioso que nos metió en este embrollo y hacerle pagar por ello —sonaba tan a ella—. No voy a negar que en su momento todo fue una broma pesada y de mal gusto, que me causó muchos dolores de cabeza —porque tener que lidiar con las tipas obsesionadas con Kazuya no había sido precisamente un paseo por el paraíso sin mencionar a Kuramochi y sus bromas—. Pensé en varias ocasiones en terminar con la farsa pero tenía el presentimiento de que perdería la oportunidad de encontrar al que nos metió en todo esto —suspiró, tranquilizándose—. Y al final no sólo no encontré al culpable sino que terminé...en este predicamento —no estaba para repetir las palabras de su confesión.

—Esa persona debe estarse riendo de ambos en este momento —que a él tampoco le había hecho mucha gracia el haber sido parte del juego de alguien que buscaba fastidiarlo a él o a ella—. A este punto es difícil saber qué era lo que buscaba.

—Molestarnos, desquiciarnos, enloquecernos—sí, era lo más viable. Pero, ¿lo había conseguido? ¿O es que el resultado final no estaba en sus planes?—. Aún no escucho tu respuesta.

—Mera curiosidad.

—¿Eh? —le miraba, totalmente desconcertada. Como que eso era lo último que estaba esperando oír—. ¿Por qué?

—Porque eres extraña —parpadeó y después apartó su mirar de él. Hubo un breve silencio y después la escuchó reír por lo bajo, con claro disimulo—. ¿Hnm?

—Si te soy sincera estaba esperando que me dijeras que lo habías hecho para mantener a tus locas fans lejos de ti o tener a raya a alguna ex novia obsesionada enfermizamente contigo —el castaño mentiría si dijera que nunca pensó en darle un uso tan beneficioso a su falsa relación.

—Tienes mucha imaginación.

—Hablamos de ti, por lo que es muy viable —¿indirectamente le estaba clasificando como descarado o hacía alusión a que era lo suficientemente bien parecido para ser molestado constantemente por las chicas? —. Así que eso también te convierte en alguien raro.

—No aceptaré ese adjetivo de alguien tan extraña como tú —expresó burlesco.

—Pues dos raritos creyeron que nada malo ocurriría si mantenían un noviazgo falso y terminaron tragándose sus palabras —la vida estaba repleta de burdas ironías. Lo suyo era producto de ello—. Y ahora estoy aquí.

—Encerrado en una bodega, con la hermanita del ex capitán de Seidou mientras me hace proposiciones un tanto inmorales —Sora no sabía qué era peor, que la estuviera acusando de pervertirle o que todo lo que expresó lo soltara como si fuera la víctima, la persona que estaba llevándose la peor parte de todo.

—No tientes tu suerte, bribón.

—No puedes quejarte del buen servicio que recibes por parte del capitán —alguien amaba bromear y echarse un poco de flores encima.

—El servicio debe estar en mejora continua o el usuario se quejará. Así que todavía puedes esforzarte y brindar mejor atención al cliente —Miyuki quedó frío ante sus palabras por la connotación que estas poseían. Aunque la última bomba fue la pícara mirada que ella le estaba regalando en conjunto con una pequeña pero suave sonrisa; y sin quererlo, un tenue sonrojo se instaló en sus mejillas mientras su castaña mirada se escondía tras los lentes de sus gafas—. De seguro Yoshiko ya se fue a casa. Así que creo que está bien que salgamos de aquí.

—Mmm...Sí —vaya curva que le lanzó y que desgraciadamente se le escapó de las manos.

Salieron de su escondite en completo silencio y se integraron con naturalidad al camino que conducía hasta la entrada de los dormitorios.

El cielo de la tarde que los cobijaba y observaba, iba perdiendo sus cálidos y anaranjados tonos; señal de que la noche se asomaría en cualquier momento.

—Nos vemos mañana —Sora fue la primera en hablar tras su silenciosa caminata—. No fastidies demasiado a los de primero.

—Eso sería quitarle la diversión a la vida.

—Esa clase de entretenimiento un día te va a costar una llave por parte de Kuramochi —y el castaño le restó importancia a su advertencia; alguien amaba el peligro o era bueno huyendo del moreno—. No pienso defenderte de él.

—Pero si forma parte de tu trabajo como mi novia —hablaba con guasa. Nada como un último chascarrillo antes de despedirse.

—Tonto —¿qué pensaban sus estúpidas hormonas cuando decidieron alborotarse por ese cátcher?—. Ya me voy antes de que se haga más tarde.

—Bien. Nos vemos mañana.

—Sí, descansa Kazuya —oírle llamarle por su nombre lo desconcertó el tiempo suficiente para que ella se marchara y no dijera nada más; era algo extraño pero debía acostumbrarse, porque así sería de ahora en adelante.

Llegar a su domicilio le tomó menos de quince minutos, por lo que en cuanto entró saludó a su madre y su hermano menor antes de dirigió a su habitación; se quitó el calzado y los dejó sobre el suelo, sin intenciones de ponerlos en su sitio. Deshizo sus trenzas antes de dejarse caer sobre la cama, de espaldas. Golpeó sus mejillas y cerró los ojos.

Sus planes no se desarrollaron del modo que deseaba. Y aun estando consciente de ello, no hizo nada para cambiarlo; se dejó arrastrar por ese beso y las sensaciones adictivas que despertó en ella.

Soy una auténtica estúpida... Perdí contra ese presuntuoso cátcher. Y ahora de verdad somos...

—Sora, que bueno que te encuentro en casa —su hermano mayor estaba bajo el umbral de su cuarto, aguardando por su respuesta—. Quisiera consultarte algo.

—¿Qué ocurre, Tetsu? —se sentó y el pelinegro entró. Incluso ocupó un lugar al lado de su hermanita—. Te ves más serio de lo usual.

—Quiero consultar un tema contigo, aprovechando que eres una chica —la alarma de Sora se encendió. Su instinto femenino se lo gritaba a la cara.

—Por supuesto. Te escucho.

—Hoy Shiko-chan fue a verme mientras los chicos y yo practicábamos un poco. Incluso trajo algo para que comiéramos —a la pelinegra no se le hacía extraño; conocía a la joven y sabía que siempre buscaba una pequeña oportunidad para pasar un rato con él—. Cuando terminamos, me pidió un momento para hablar. Quería decirme algo importante —¿era normal que empezara a emocionarse por su relato?

—Vamos, no te calles en la mejor parte. Cuéntame todo.

—Ella me dijo que quería salir conmigo —Sora se puso de pie inmediatamente. Ahora estaba frente a su hermano con la curiosidad desbordándosele en la mirada.

—¿Y qué fue lo que le dijiste? —Tetsuya debería contarle todo de golpe y no por partes.

—Le agradecí por sus palabras y la elogié por el valor que tuvo para decirme todo tan directamente. No es algo que alguien pueda hacer tan a la ligera —¿cómo pasó de la ansiedad a la preocupación? Probablemente porque ella había escuchado ese mismo mensaje pero con diferentes palabras de la boca de Miu antes de que le dijera que los había rechazado.

—Significa entonces…—si Miyuki no la hubiera sorprendido con que era correspondida, tal vez podría haber acompañado a aquella joven en su dolor—. ¿Par qué querrías mi consejo si ya la rechazaste?

—Sora, yo le dije que antes de dar un paso tan importante teníamos que encargarnos de algunas cosas antes —¿tener un noviazgo lo era? Ella acababa de echarse uno así nada más, sin meditárselo demasiado, dejando que su parte irracional la condenara.

—E-Espera, ¡¿qué?! —no, definitivamente no sabía qué demonios estaba ocurriendo—. A ver, ¿la rechazaste o no?

—Ambos llegamos al mutuo acuerdo de que necesitábamos conocernos un poco más. Así que eso es lo que haremos —oficialmente Sora estaba más pérdida que Sawamura en su primer día en el club de beisbol.

—No entiendo para qué necesitas mi consejo…

—¿A una chica no le incomoda salir con un chico mayor que ella? —la pelinegra parpadeó, muy confundida—. Ella es joven aún. Podría tener la atención de cualquier chico que quisiera. De modo que no debería entorpecer su camino.

—Tetsu, ¿pero qué estás diciendo? —lo sujetó de los hombros, con fuerza, como si con ello quisiera hacerlo reaccionar—. Ella no quiere a ningún otro chico, te quiere a ti. Y el que seas un par de años mayor no le importa. Así que deja de tener esas ideas y cumple con la promesa que le hiciste —le enternecía que se preocupara más por el futuro de aquella chica que por lo que él deseaba. Era tan buen chico que estaba orgullosa de que fuera su hermano mayor.

—Invitarla a la casa a jugar shogi sería un buen comienzo —¿por qué le gustaba tanto ese juego en el que apestaba tanto? ¿Por qué creía que eso sería entretenido para una chica?

—Tetsu, tenemos que hablar sobre tus métodos para conquistar a una chica…

Tomó una refrescante y bien merecida ducha antes de dirigirse al comedor y saciar el apetito que se había mantenido calmo gracias a los postres helados que comió con anterioridad.

Él siempre comía en completo silencio mientras el resto de los jugadores se dedicaban a charlar de cualquier tema intrascendental. Sin embargo, estaban en completo mutismo; hasta el ruidoso de Sawamura estaba más callado que un cementerio a media noche.

Kazuya agradecía ese ambiente plagado de tranquilidad. Sobre todo por todo lo que ocurrió entre él y Sora hace poco. Pero también le estaba resultando un tanto incómodo; y es que hasta tenía la loca idea de que lo estaban mirando con bastante discreción.

—Miyuki —la última persona que deseaba que le hablara, lo estaba haciendo—, no cabe duda de que el título de capitán te embona de maravilla —el corredor se había sentado a su lado, deslizando su brazo alrededor del cuello del castaño, como si fueran los más cercanos—. Y bien, ¿te sientes contento de haber corrido hasta segunda base?

—¡¿Eh?! —exclamó ante las obvias insinuaciones de Kuramochi—. No sé de qué hablas.

—¡Ya sabía que eras un sujeto de personalidad torcida pero mira que hacerle eso a Sora-senpai! —Eijun estalló al fin.

—Supongo que es normal, porque son pareja, pero...deberían ser más discretos —Maezono se escuchaba inesperadamente avergonzado.

Esperen, ¿qué demonios están pensando? ¿Por qué de repente todos están viendo hacia acá? —Kazuya estaba acorralado entre todas esas miradas hasta el punto de sentirse realmente incómodo—. Parece que están confundidos.

—Yo mismo los vi cuando se dirigían hacia detrás de los dormitorios. Y tenías una sonrisa perversa en tus labios, como si estuvieras ansioso por algo —Furuya muy pocas veces hablaba, pero cuando lo hacía, solía tirar a matar. Y justamente eso hizo; ya la poca credibilidad que el castaño obtuvo con su declaración se fue al garete.

—Me tocó verlos cuando entraron a la bodega, a solas. Debieron haber demorado en abandonar el lugar porque jamás los vi salir —la estocada final vino de quien menos se lo esperó: de Nabe.

¡¿Ehhhhhhhhhhh?! —el cátcher lucía inmutable, estoico, sin atisbo de molestia o perturbación. Sin embargo, por dentro la panorámica era muy opuesta.

—Por eso dicen que los callados son los más peligrosos —vaya, había que poner la cereza al pastel y Yōichi era el indicado para ello—. Y ya demostraste que tus habilidades van más allá del béisbol.

¡Si serán...! —tendría que guardarse todas sus blasfemias para otro momento, porque cualquier cosa que dijera o hiciera ahora, sería usado en su contra.

Terminó rápidamente de cenar y se marchó en completo silencio, apostando su carrera de cátcher en que seguirían hablando más descaradamente de su vida personal pero sin limitación alguna debido a su ausencia.

Entró a su cuarto. Subió por la escalera que conducía a su tan ansiado lecho y tomó su máscara para los ojos que guardaba debajo de su almohada para ponérsela en cuanto estuviera listo para arrojarse a los brazos del buen Morfeo.

—Espero que mañana no sigan con todo eso —era más un ruego que un deseo—. Por hoy dormiré temprano —era un magnífico plan que no vería cumplido de inmediato porque algo vibraba sobre la superficie de su cama—. ¿Una llamada? ¿Pero quién? —tomó su móvil, lo abrió y contempló el nombre que aparecía en pantalla, meditando si debía atender o no. Al final aceptó tomar la llamada—. ¿Qué sucede Mei?

—¡Kazuya! —la euforia del rubio ya ni le sorprendía—. Sé que te preguntas por qué razón te estoy llamando —casi podía imaginarse el semblante del As de Inashiro al soltarle aquello con tanto entusiasmo.

—No en realidad.

—Vamos, no seas tan aburrido e intenta adivinar —algunas cosas no cambiaban y eso incluían las actitudes que Narumiya tenía hacia su persona.

—Contigo se puede esperar cualquier cosa.

—¿Cómo está tu agenda para el siguiente domingo? ¿Estarás muy ocupado? —no era raro que le hiciera preguntas como esas, porque en ocasiones ambos salían y platicaban de béisbol por horas. No obstante, hoy presentía que había otro motivo detrás.

—No lo sé. No he visto.

—Kazuya, no te haría mal el salir y divertirte un poco. Y que mejor que al lado del mejor pitcher de todo Japón.

—Ocupa mejor ese tiempo en practicar.

—Aburrido~ —respingó con los mofletes inflados. Lucía como una adorable ardilla con la boca llena de nueces—. Salgamos juntos el siguiente domingo.

—Tienes compañeros de equipo. Sal con ellos.

—No quiero —objetó. Kazuya suspiró; estaba acostumbrado a lo caprichoso que era Mei—. Tienes que ser tú. Después de todo, se trata de una cita doble.

—¿Una cita doble? —por algo sintió desconfianza en cuanto le propuso salir—. No es mi estilo. Además...

—¿Además? —curioseó.

—Ya estoy saliendo con alguien.

—¡¿Hablas en serio?! —lo oía y no lo creía.

—¿Por qué mentiría?

—Porque eres Miyuki Kazuya. Y como tal dirías cualquier clase de mentiras con tal de no hacer algo que no quieres —el castaño guardó silencio, dándole en cierto modo, la razón—. Y bien, ¿cómo se llama? ¿Es bonita? ¿Cómo se conocieron? ¿Asiste a la misma escuela que tú? —el cátcher se maldijo por haberle dicho la verdad para variar.

—Estamos en la misma escuela. Es todo lo que necesitas saber —siempre tan reservado con sus temas personales.

—No seas aguafiestas, Kazuya —se quejó con ese tono aniñado que siempre usaba cuando algo no salía como él deseaba—. Dile que vaya contigo a la cita doble. Así salimos y aprovecho para conocerla.

—A ella no le gustan esa clase de cosas —la verdad no lo sabía pero podía deducirlo al contemplar la personalidad de Sora—. Diviértete por tu cuenta

—¡Kazuya! ¡Vamos!

—Si tienes tanta energía anda a entrenar y déjame dormir.

—Un buen novio lleva a su chica a una cita de vez en cuando. Y claramente tú debes ser uno, así que vamos —a Kazuya esos temas lo tenían sin cuidado. Jamás se había preocupado por ser visto como un buen novio; tampoco es como si tuviera un historial envidiable de relaciones sentimentales. Él era más de los que avanzaban en su vida y si algún interés se cruzaba en su camino, pues decidía si lo tomaba o no.

—Le preguntaré a ella. Si está de acuerdo, entonces nos veremos el siguiente domingo.

—¡Claramente aceptará Kazuya! ¡No sólo va a salir contigo sino que también tendrá el enorme privilegio de conocerme en persona! ¿Qué más podría pedir?

—Ya zanjado este asunto. Te dejo Mei.

—Más te vale que me avises, Kazuya —lo amenazó sin sutilezas porque sabía lo mañoso que era ese amigo suyo.

—Sí. Despreocúpate —el rubio se despidió y él finalizó la llamada. Dejó su móvil a un costado suyo; se retiró los lentes y se colocó su antifaz para dormir—. Ya a media semana le diré que Sora tenía otros planes y no podía cancelarlos —¿quién lo diría? Tener pareja le estaba proporcionando diversos beneficios. Tal vez al final, no había sido tan mala idea el haberse dejado llevar por su parte irracional.