¡Buenas noches! Hoy les traje un capítulo nuevo y más corto que los anteriores, pero eso es mejor a nada, ¿no? Así que disfruten del bulleo y la buena vibra de estas dos parejitas. Y por cierto, si alguien se lo preguntó o le dio curiosidad, Annaisha Harada es una OC creada por NaylaKei; quien también es una ficker y ama a Miyuki Kazuya con la misma intensidad que Luffy ama su carne XD Pero también adora a Mei y pues que se la pido prestada :v Sin más, ¡lean!
Capítulo 33
Unexpected
—¿Y el sabor será? —repitió la pregunta, esperando a obtener una contestación totalmente diferente.
—Marmolado de vainilla con salsa de chocolate —contestó Kazuya sin dilación.
—Suena bastante rico y glamuroso. Hasta se me ha antojado —comentaba a la vez que dejaba en absoluta libertad la mano del moreno; regresándole de esa manera, la tranquilidad y estabilidad que le habían sido arrebatadas con un gesto tan simple—. Pero me quedaré con el sabor a café.
—Adicta.
—Tal vez. Pero no importa demasiado —era cuando él se preguntaba por qué se hallaba tan fresca tras lo que hizo, tras ese pequeño tramo que recorrieron tomados de la mano, siendo observados por más de un transeúnte curioso. Y él en cambio, se había paralizado—. Debemos acelerar el paso porque Narumiya-kun y Harada-kun se nos han adelantado bastante.
—¿Y de quién crees que es la culpa? —de la descarada novia que tenía, claro estaba.
—Tuya, por supuesto —si él fuera más cooperativo y sincero la vida sería más sencilla para ambos—. Por cierto, ¿por qué hueles al perfume de Narumiya-kun? —era imposible que no notara la fragancia que usaba el rubio en su persona. Este lo había bañado totalmente.
—Rociarme con su perfume al punto de intentar ahogarme, fue una de las tantas cosas que hizo para "cobrarse" lo que le hice —omitiría el motivo real por el que Narumiya acabó haciendo algo como eso.
—Eso te pasa por no saber leer el ambiente —¿de verdad se lo estaba diciendo la persona que no notó sus obvias intenciones antes de que ella misma se declarara?—. Si ya sabes cómo es él, para qué te metes en sus asuntos personales.
—Porque es divertido.
—Al menos todos salimos ganando al final —miró la pantalla de su celular con una sonrisa burlona dibujándosele en los labios—. Eras tan bajito en secundaria.
—¡Borra esas fotos!
—Intenta quitarme el celular y te dejaré eliminarlas —era tan tentador intentarlo, tan fácil pensarlo y tan complicado llevarlo a cabo. Porque después de todo, esa aparentemente inofensiva pelinegra tenía la fuerza y las habilidades para tramitarle una cita con el suelo.
—Ni te atrevas a mostrárselas a Kuramochi o a Sawamura —ya que no podía desaparecerlas, por lo menos podía convencerla de que no las mirara nadie más que no fuera ella.
—¡Oh! Parece que tú también tuviste que pasar por una vergonzosa obra de teatro.
—¿Qué te parece si te ofrezco algo a cambio de que tú elimines esas fotos? —ya estaba teniendo una idea de qué época y qué eventos englobaban aquellas fotografías, por lo que deseaba ahorrarse los comentarios bochornosos que recibiría; es que sencillamente había episodios de su pasado que era mejor que no fueran expuestos a la luz.
—Escucho tu oferta.
No era de sorprender que Mei y Annaisha fueran los primeros en llegar a la heladería y pedir en caja el helado que era de su total preferencia. Y tampoco les molestaba demasiado esperar a que llegaran ese par, porque así podían pasar un rato a solas y conversar cómodamente.
—¿Qué te tiene tan pensativo, Narumiya-kun? —la pelinegra sabía que el blondo amaba su helado de ron con pasas con la misma intensidad que al béisbol por lo que estaba sorprendida de que ni siquiera se hubiera comido la mitad de este.
—Creo que me he pasado con Kazuya. No debí de haber sido tan vengativo.
—No creo que te hayas excedido —dijo en apoyo—. Se lo ganó con creces.
—Aún así...—su moral tenía el mal hábito de tocar a su puerta cuando debía seguir derecho y proseguir con su viaje—. No me di cuenta y le envié a Sora sin querer, un álbum que no debía...—reía nerviosamente ante su pequeño errorcito—. Si Kazuya se entera seré hombre muerto.
—Mei, se ve que estás disfrutando mucho de tu helado —si el blondo no gritó como una niña asustada en cuanto vio al castaño fue porque tenía a Harada a su lado y tenía una imagen que cuidar.
—K-Kazuya, Sora, ya llegaron —la pareja se había desplazado hasta su mesa. Y aunque Yūki se le veía de lo más tranquila, el castaño era un mundo aparte—. ¿Quieres un poco? —ofreció amablemente para quien pese estaba sonriendo no dejaba contemplar su mirada a causa del reflejo de sus gafas.
—No.
—¿Te apetece de otro sabor?
—No —la manera tan seca en la que le respondía activaba el botón de pánico de Mei.
—¡Kazuya, te juro que las mandé por error! ¡Yo nunca hubiera querido que esas fotos fueran expuestas al mundo! ¡Sé que Sora es una buena chica y no se las mostrará a nadie! —era el momento correcto para clamar por misericordia y perdón.
—Ya las eliminé, así que no tendrías nada de qué preocuparte —habló Sora para quien obviamente estaba mosqueado pero no lo quería admitir—. Solamente esas porque no formaban parte del trato que tenía con Narumiya-kun. El resto se irán hasta que vea cumplida tu promesa.
—¿Eh? ¿De qué me he perdido? ¡Díganme! —demandaba el pitcher a esos dos que parecían haber convenido en no decir demasiado acerca del trato al que habían llegado—. Kazuya, no me digas que le has propuesto algo indecoroso a Sora con tal de que se deshaga de todas esas fotografías —lo peor era el tono con el que le insinuaba que era un pervertido en busca de la más pequeña oportunidad para sobrepasarse con su novia. ¿En qué concepto lo tenía?—. Eres todo un pillo.
—En realidad no se trata de nada comprometedor —habló Sora para interceder en pos del moreno—. Sólo es interesante y raro a la vez.
—Kazuya, siempre estás decepcionándome cuando de mujeres se trata —había pasado de elogiarlo a recriminarlo, todo en cuestión de segundos—. Sora, tendrás que ser tú la que tome la iniciativa. Ven, acércate, te daré algunos tips para hacer que Kazuya se interese por recorrer la primera y segunda base a tu lado.
Y antes de que los maliciosos consejos del As de Inashiro llegaran a los oídos de la hermana menor de Tetsuya, Kazuya rápida y hábilmente se la llevó de allí. Era el momento correcto para comprar helado y desaparecer del radar del rubio.
Degustaron sus helados hasta la última gota y partieron de inmediato. El restaurante de ramen se ubicaba a unas cinco cuadras al noroeste por lo que consideraron como prudente el tomar un taxi; era lo mínimo que podían hacer por esas dos jovencitas que estuvieron en la jaula de bateo usando calzado tan poco cómodo y adecuado.
Eligieron una mesa, tomaron asiento y contemplaron la carta que fue traída por el amable mesero para decidir qué variedad de ramen se ajustaba más a sus exigencias culinarias.
—Este sitio es famoso por albergar una gran variedad de ramen. Así que se puede probar los diferentes estilos que hay a lo largo del país —Narumiya estaba resultando ser un gran anfitrión para salidas en pareja.
—Quisiera el Hakata Ramen —Annaisha estaba dispuesta a probar una variedad ajena a la que comía de manera local.
—Un Kioto Ramen para mí —Mei fue el segundo en ordenar.
—Un Sapporo Ramen por favor —expresó el castaño, seguro de haber elegido la mejor variante de todas.
—Tráigame un Muroran Ramen para mí —para Sora había sido una elección sumamente complicada porque todos los ramen se leían muy deliciosos.
—Y de beber deseamos una jarra de té verde helado por favor —a Mei no se le olvidaba que con algo debían bajar toda la pasta que ingerirían.
—En un momento traeré su orden. Por favor esperen —el mesero hizo una pequeña reverencia y se retiró.
—Vamos, vamos, díganlo, con confianza —sus palabras estaban dirigidas para quienes estaban sentados frente a él—. No sean tímidos.
—Deberías ocupar todo ese tiempo libre que tienes para entrenar como se debe —comentario que solamente podía venir por parte de cierto castaño.
—Si te dedicaras a la organización de eventos sociales, estoy segura de que te iría muy bien —no era lo que estaba esperando escuchar, pero estaba medianamente satisfecho.
—Y bien, ¿cómo fue que se conocieron? ¿Desde cuándo están saliendo? ¿Quién se le declaró a quién? ¿Ya han tenido citas antes? —la abrumadora lluvia de interrogantes que el rubio vació encima de esos dos los dejó aturdidos hasta el punto en que guardaron silencio.
—Ahí va de nuevo...—Miyuki suspiró. Sabía que el pitcher era bastante cotilla cuando se trataba de sus relaciones personales con alguna chica—. No tiene sentido que hablemos sobre ello. Al final de cuentas lo que vale es que estamos saliendo y accedimos a esto.
—Kazuya, siempre eres tan frío —el moren jamás cooperaba para esas cosas y eso le molestaba un poco. ¿No entendía esa parte en que los buenos amigos se comparten experiencias?—. Sora-chan~ —momento para recurrir a quien sí podría despejar sus incógnitas.
—Vamos en el mismo salón de clases. Además, soy mánager del club de béisbol de Seidou —respondió escuetamente para quien le prestaba más atención de la que debería—. Y nuestra relación nació como un mutuo acuerdo por allá del mes de octubre —existían detalles que ninguno iba a ventilar.
—Mei, si pensabas que Sora te diría todo lo que quieres saber sólo con ponerle esa cara de cachorro triste, te has equivocado completamente —es cuando agradecía que ella tuviera esa particular personalidad.
—Qué aburridos son...
—Mejor cuéntanos cómo fue que Harada-kun y tú se conocieron. Estoy segura de que es una historia mucho más emocionante que la nuestra —para Sora era mejor que el pitcher se centrara en sí mismo que en ella o Kazuya.
—Conocí a Anna gracias a Carlos —ni él se imaginaba una locura como esa—. Él siempre anda buscando chicas. Pero siempre se asustan y huyen porque se quita la camisa cuando las está invitando a salir —¿estaba bien que quemara de ese modo a un miembro del equipo de Inashiro? ¿No eran esa clase de secretos que había que guardarse?—. Estaba necio de que quería que fuera a ver a las bellezas que tenía nuestro equipo de sóftbol este año, por lo que me arrastró hasta allá Yūki.
—Parece que siempre hay un jugador amante de las chicas en cada equipo —para , Kuramochi era el elegido para llevar ese título—. Al menos él no se quita la camisa.
—En ese momento cuando llegamos las chicas estaban teniendo un juego de práctica, por lo que nos quedamos a ver el partido hasta el final —era un buen recuerdo para él o no estaría sonriendo de oreja a oreja como lo estaba haciendo justo ahora—. Ciertamente había chicas muy bonitas que sabían lo que estaban haciendo. No obstante —hizo una pausa y miró a quien tenía a su lado—, mi interés se centró totalmente en la persona que estaba dirigiendo a la pitcher para conducir al equipo hacia la victoria —Annaisha no podía verlo, pero sus mejillas se habían ruborizado en cuanto él la enfocó solamente a ella—. No temía en pedir lanzamientos arriesgados porque confiaba plenamente en las habilidades de la pitcher. Y cuando esta empezaba a dudar, se encargaba de tranquilizarla y llevarla por el camino correcto —a veces Annaisha adoraba y odiaba la facilidad con la que se expresaba—. Ella es grandiosa.
—N-Narumiya-kun —ese chico sabía perfectamente cómo acelerarle el corazón—. Tú también eres increíble. Eres digno de ser el As de Inashiro.
—Pidamos la comida para llevar y dejémoslos a solas o el ramen va a caerme fatal.
—Solamente está emocionado. Déjalo ser que en nada te afecta —no eran las circunstancias bajo las que se conocieron esos dos las que removieron algo dentro de ella, sino el modo en que la miraba, la forma en que se expresaba, las emociones que percibía a través de esas vibrantes y celestes pupilas; era todo ese conjunto de gestos que evidenciaban que el blondo había caído en las pegajosas redes del enamoramiento.
—¿A ti también te ha dado náuseas el verlos comportarse así? —preguntó alguien que resultaba ser bastante capullo y burlón a la vez.
—No —solamente la habían hecho conmemorar eventos que no debían resurgir en su presente—. Es sólo que me sorprende que cuando en ambos es tan obvio que se atraen ninguno se atreve a dar el siguiente paso.
—Estoy seguro de que Mei se ha estado aguantando las ganas de hacerlo.
—¿Está esperando al momento correcto?
—Sí, porque es un maniático consumado.
—¡Ey, los estoy escuchando! ¡No finjan demencia!
—Llegaron justo a tiempo —el caldo de cerdo y miso rojo acompañado con chashu, huevos hervidos, carne de cerdo picada, col, jengibre, maíz dulce y nuez de mantequilla, olía demasiado bien que al castaño le estaba costando contenerse.
—Tiene una pinta excelente —expresaba Harada. Los fideos finos y rectos de su ramen se aderezaban con chashu, cebolletas, setas oreja de madera y hojas de mostaza picante.
—Justo como me gusta, sin tanta cosa encima —el caldo de pollo en combinación con finos fideos, cebollino y pasta de judías picante, era del gusto total del blondo.
—Huele muy bien —su ramen de cerdo al curry se sazonaba con chashu, cebolleta y hojas de mostaza—. Pues comamos antes de que se enfríe.
El silencio reinó durante el tiempo que le llevó a esos chicos terminar de comer todo el contenido de sus platillos. Después de todo, nadie deseaba hacer otra cosa que no fuera saborear hasta el último mililitro de caldo de sus exquisitos ramen.
—Estuvo sumamente delicioso —Annaisha estaba satisfecha. En ese punto sólo le cabía el té verde que aún estaba servido en su vaso.
—Yo he tenido suficiente —Narumiya continuaba siendo un melindroso por lo que casi siempre comía lo mínimo recomendado.
—No me cabe nada más —el estómago de Miyuki sólo duplicaba su capacidad cuando tocaba ir al comedor de Seidou.
—Quisiera un Hakata Ramen por favor —pedía Yūki al mesero que estaba recogiendo los tazones vacíos—. Y una limonada también.
—¡¿Vas a comer más?! —el rubio estaba incrédulo. Nunca antes conoció a una chica que pudiera comerse más de un plato de ramen.
—Todavía no me he llenado.
El platillo llegó y pasó directamente a ser deleitado por quien deseaba mitigar por completo su hambre. Y en cuanto se lo terminó, causó asombro en quienes desconocían que poseía semejante apetito.
—¡Se lo terminó! —Narumiya llevó sus manos hasta sus mejillas, estirándose el rostro. Era como contemplar una dúplica del cuadro de El Grito.
—Señorita, aquí tiene su flan de café con nata —una comida no estaba completa sin el postre.
—Gracias.
—¡Espera! ¿En qué momento lo pidió? —Mei no daba crédito a lo que veía—. Se comió dos platos de ramen, bebió té verde y limonada, y ahora se está comiendo un flan —las chicas no comían tanto, estaba seguro de ello.
—Está riquísimo —con cada cucharada que se llevaba a su boca se sentía tocar el cielo—. Podría comerlo hasta hartarme.
—Ey Sora, ¿cuánto pesas? —Kazuya le estaba haciendo señas para que se retractara inmediatamente de esa pregunta indiscreta pero o no las entendió o le valieron un rábano—. Pregunto porque comes mucho.
—Inashiro está a punto de quedarse sin su As... Lo cual no es tan malo como suena. Dejemos que Mei cabe su propia tumba —los breves segundos de preocupación que tenía por su viejo amigo se esfumaron.
—¿Y para qué quieres saberlo? —podía tolerar cualquier insulto hacia su persona. Pero meterse con su peso, eso sí era un tema delicado con el que no le gustaba jugar.
—Solamente dime.
—No.
—Kazuya, dime cuál es el peso de tu novia —el aludido no entendía para qué demonios necesitaba esa información tan insustancial y por qué la quería conocer con tanta insistencia.
—No lo sé —él no iba por allí preguntándole a las tías que le gustaban cuánto pesaban. Eso era muy raro—. Y aunque lo supiera, no te lo diría. Porque sería hombre muerto.
—Eres todo un caballero, Kazuya. No esperaba menos de ti —Yūki quería echarse a reír por la percepción errónea que Mei tenía de su pareja pero se abstendría porque su flan de café era más importante que aclarar eso—. Un buen hombre jamás revelará el peso de la dama con la que sale.
—Eso significa que conoces el peso de Harada-kun —concluía la pelinegra. Él asintió.
—Igual sigo curioso con tu peso —rascó su barbilla, con la intriga reflejada en el rostro—. ¿Si te digo el peso de Kazuya me dirás el tuyo?
—¿Por qué me metes en todo? —quejarse es lo único que hacía desde que empezó la cita doble.
—Kazuya pesa 71 kilogramos y mide 1.79 metros. Y por tu parte, mides 1.74 metros y alcanzas un peso de 64 kilogramos —bien, ambos muchachos estaban viéndole con asombro—. ¿Me equivoqué?
—No —soltaron a la par.
—Esa es información bastante precisa —expresaba Annaisha.
—Es una maniática de las cifras —dijo Miyuki como "elogio"—. Cualquier información que lleve un número de por medio se la memoriza.
—Kazuya es bueno con cálculos mentales, pero en términos de desempeño escolar deja mucho que desear —ahí iba de nuevo al ataque.
—Tampoco es que tus calificaciones sean sobresalientes.
—Narumiya-kun es muy bueno en Historia Universal y Geografía. Que por nada son sus materias favoritas —alguien no dudaba en defender el desempeño escolar del rubio—. ¿Cuál es tu fuerte, Miyuki-kun?
—Economía Doméstica —Sora certificaba plenamente que el muchacho tenía un sazón impecable, digno de ser enaltecido—. Y en el resto de las asignaturas se desempeña por arriba de la media.
—Tú eres tan buena novia, defendiendo a la cosa que tomaste como pareja. Y él todo meco, comiéndose lo que quedaba de tu flan de café.
—¡Ey! ¿Por qué te lo comiste? —su plato estaba vacío. El último trozo fue a dar al estómago de su incordio—. Era mío.
—Tu madre te prohibió la cafeína. Yo contribuí a la causa a mi manera.
—Cuando te conviene estás de su parte.
—Mi madre y mis hermanas están ansiosas por conocerte, Anna. Les he hablado mucho de ti cuando voy a casa.
—Tal vez un día de estos puedas presentármelas —obviamente estaba ansiosa porque ese día llegara pero no iba a decírselo.
Los domingos eran los días predilectos para que las familias y las parejas salieran y tuvieran un momento de relajación. Por lo que muchos elegían ir al cine y dejarse envolver por una emocionante historia vista a través de la pantalla grande.
Pero antes de poder disfrutar de una película, debían elegir cuál verían y formarse para comprar los boletos.
—¿Cuál les apetece ver? —interrogaba Narumiya a las dos jóvenes que miraban con detenimiento la cartelera.
—Cualquiera menos esa —Kazuya hacía alusión a la película que llevaba por título "P.D. Te Amo". Las películas de ese género le provocaban repelús.
—La única opinión que importa aquí, es la de Anna y Sora, no la tuya. A ti ni te pregunté nada.
—¿Y si vemos esa? —Yūki señaló la que llevaba por nombre "Un Regalo Sangriento". Nada como una mujer de espaldas, con largo cabello oscuro mientras se miraba al espejo.
—Suena a que habrá muchas masacres y sangre. No es el tipo de terror que me guste.
—Esta tiene un nombre muy exótico, casi extravagante —Sora halló otro título que captaba la atención sin mucho esfuerzo—. Las películas coreanas de terror no suelen decepcionar.
—Siempre me inclino por cintas de suspenso y terror nipón —¿se arriesgaría con otro país, con otra cultura?—. Es bueno salir de la rutina. Así que veamos esa.
—Chicos, queremos ver esta —Yūki señaló el cartel del filme coreano que les cautivó y que a ellos les estaba gritando que la iban a pasar horriblemente mal allá adentro si no eran afectos al género del terror—. Harada-kun y yo iremos a comprar los boletos de una vez porque la función empieza en media hora —y tras decirlo, se marcharon.
—Kazuya, no quiero ver esa película. ¡Ni siquiera puedo pronunciar su nombre! —ambos permanecían recargados contra la pared, viendo a la gente pasar, aguardando a que las chicas regresaran de comprar las entradas.
—Pues debiste de haber elegido la película y comprado los boletos sin preguntárselo —recriminó. Él tampoco estaba muy satisfecho con la elección de esas dos.
—Eso es algo que haría un tirano insensible como tú. Yo sí respeto la opinión de mi aún no novia.
—Entonces deja de quejarte o terminaré con un dolor de cabeza.
—¡Pero esas cosas no me gustan! —a veces se tenían que pagar precios muy altos en nombre del amor—. Le diré a Anna que me abrace.
—Lucen como si sus citas los hubieran dejado plantados —era cuando Mei y Kazuya se percataron de que ya no estaban tan solos como creían. Dos jovencitas se les habían aproximado para hacerles charla.
—Pueden entrar con nosotras al cine. O si eso les parece aburrido podemos ir a divertirnos a otra parte —enunció la segunda con una sonrisa coqueta para el castaño—. Por aquí hay varios establecimientos para chicos de nuestra edad.
—Chicas, agradecemos su gesto y buen gusto, pero no hemos sido plantados. De hecho, estamos esperando a nuestras parejas —Narumiya podría ser descarado y encantador, pero era fiel una vez que elegía a la chica con la que deseaba salir.
—Las cuales acaban de regresar —las desconocidas se giraron hacia atrás y se encontraron con dos chicas tan serias que les provocaban escalofríos.
—Quedan menos de quince minutos para que inicie la película. De modo que tenemos que dirigirnos hacia la sala correspondiente —Annaisha consideraba normal que el blondo tuviera el potencial de cautivar a cualquier chica que viera, por lo que la escena no le extrañaba. Y aunque no eran más que meros amigos, sabía que él no miraba a ninguna otra porque se lo había demostrado antes y continuaba haciéndolo. Y era exactamente lo mismo de su lado.
—Y yo tengo que pasar por mi frappé capuchino —después de lidiar con la panda de obsesionadas que no dejaban de acosarla por su relación con Miyuki, la verdad que poco o nada le importaba que una extraña estuviera clamando por la atención del moreno.
—Al rato alguien no va a poder dormir —Kazuya se desplazó hasta donde estaba Sora y le indicó con un ademán que era hora de retirarse. Mei y Annaisha los alcanzaron en breve.
Entraron a la sala. Y esos dos jugadores de béisbol no se sorprendieron en lo más mínimo que el lugar estuviera vacío. Es que nadie en su sano juicio llevaría a la familia o a la pareja a ver una cinta de miedo; y sin embargo, ahí estaban ellos dos, tomando asiento, aguardando a que apagaran las luces para que la función diera inicio sólo con ellos cuatro de espectadores.
—Ahora ya podré disfrutar plenamente de la película —porque sus caprichos se los cumplía sí o sí y no necesitaba del permiso de nadie—. Kazuya, quita esa cara de aburrido —el moreno estaba sentado a su derecha, tan callado como cuando aplicaba para un examen—. Ya la próxima vemos la película que tú quieras.
—Kazuya, más te vale que no me avergüences más de lo que ya lo has hecho hasta ahora —sí, Mei estaba a un lado del de gafas, no por buen amigo, sino porque no quería que Anna estuviera en medio de los dos.
—Ya está empezando —avisó Harada para los tres.
Ambos chicos empezaron a sentirse confusos al ver a un grupo de tres chicas, siendo acosadas por compañeras de la escuela. Y es que no entendían cómo un inicio como ese podía desembocar en una trama de terror.
—Si alguien se mete contigo lo único que debes hacer es enfrentarlo y ponerle un alto —hablaba el rubio sin quitar su atención de la pantalla grande.
—Creo que ellas prefirieron otro método —Kazuya no sabía qué era ese tablero de madera lleno de letras raras que pusieron en medio de la habitación, pero no le daba buena espina.
Las jóvenes cerraron los ojos tras haber puesto los nombres de las acosadoras en el tablero y comenzaron a pronunciar un nombre, una y otra vez, como un cántico maldito que nadie querría escuchar.
—Ey,Yoo-Jin, ¿por qué demonios no sigues tus propios consejos? Acabas de decirles que no abrieran los ojos y ahí vas a abrirlos. Mira que no tienes nada de sentido común.
—Creo que desde que decidieron hacer eso, quedó demostrado que no lo tienen —expresaba Miyuki para el blondo.
—Oye... ¿Qué es eso que está al lado de Yoo-Jin?
¿Qué era ese ruido tan extraño que les taladraba los pabellones auditivos? ¿Lo estaba provocando ese ser que en apariencia lucía como una joven de largo cabello, cuyo único perfil que les mostraba era el de su espalda?
¿Cuál era la manía que tenían los creadores de películas de terror por poner esos acercamientos tan bruscos? Nadie necesitaba una vista tan detallada y sorpresiva del espectro que estaba a nada de condenar la existencia de las protagonistas.
—Kazuya, ¿eso fue un grito tuyo?
—Ese grito lo diste tú, no yo —jamás admitirían lo que ese espectro coreano causó en ellos—. Te aterraste tanto que me tomaste de la mano —y no mentía. Sobre su mano derecha estaba la del blondo, bien sujeta.
—¡Deduje que tendrías miedo y por eso agarré tu mano! ¡Mal amigo, no valoras mis esfuerzos!
—Esa es una manera muy horrible de morir —Sora por su lado estaba totalmente tranquila bebiendo de su frappé—. Esas chicas se hubieran ahorrado la maldición si hubieran ido a darles su estate quieto.
—La violencia no soluciona todos los conflictos —le recordó el castaño.
—Sí, supongo que golpear a tus acosadoras es un crimen horrible e imperdonable. Por eso mejor que se pongan una bolsa encima en la cabeza y se quemen a sí mismas —puesto de ese modo el resolver diferencias mediante la fuerza bruta no sonaba nada mal.
Si creían que por ver a la policía involucrándose en el caso de asesinato ya no debían preocuparse por los momentos de tensión y suspenso donde no sabían si algo iba a saltar de golpe y darles el susto de sus jóvenes vidas, estaban muy equivocados.
No sabrían decir si habían sido efectos de calidad en combinación con una banda sonora increíblemente acertada o en verdad no digerían demasiado bien ese género. Pero ya no importaba, porque la última escena les había calado hasta tal punto en que lo inevitable, sucedió.
—Tanta intriga y misterio para que al final no hubieran más que un par de escenas que de verdad asustaran. ¿No piensas lo mismo, Na...? —Annaisha detuvo su interrogante en cuanto se giró a ver al rubio; al mismo chico que se encontraba fieramente abrazado al capitán de Seidou mientras mantenía los ojos fuertemente cerrados—. Ustedes sí que son unidos.
—Kazuya, la película ni siquiera daba miedo —era cuando se daba cuenta de que los hombres podían ser bastante patéticos a veces—. Igual esto le gustará a Kuramochi. Será su próximo regalo de cumpleaños —la tecnología era maravillosa; una aliada imperdible para quienes amaban inmortalizar los buenos momentos en una fotografía.
—¡Ey, borra eso! —Miyuki ya no iba a permitirse que tuviera más momentos bochornosos en su poder—. ¡Mei, suéltame! —el castaño intentaba arrebatarle el móvil a su novia y Narumiya por su parte, no lo liberaba.
—Chun Hee y Kim In-Sook al final obtuvieron su ansiada venganza —decía Yūki, guardando su teléfono celular y contemplando los créditos—. Es una emoción tan fuerte que trasciende más allá de la muerte.
—Solamente tuvieron que aguardar treinta años para ello —mencionaba Harada mientras le daba un mordisco a una tableta de chocolate—. Esta película nos ha enseñado una gran lección.
—Vente sola al cine a ver una película de terror porque los hombres son unos quejicas de lo peor —palabras que se clavaron directamente en el orgullo y hombría de esos dos jugadores—. ¿O te estabas refiriendo a que es mejor enfrentar a tus acosadoras en vez de usar métodos que impliquen llamar a un espíritu maligno?
—A ambas.
