Hola!
Los personajes le pertenecen a la gran S. Meyer y la historia es de Nicholas Sparks... Yo solo me divierto con la adaptación.


Capitulo 09

Jasper Masen sentía como si alguien le estuviera marcando el estómago con un hierro candente, y la fiebre todavía no había bajado, por lo que pensó que quizá debería consultar el estado de su herida con el médico la próxima vez que entrara en la habitación para examinar a Emmet. El problema era que, seguramente, decidirían ingresarlo, y de eso ni hablar. A lo mejor le harían preguntas que no estaba dispuesto a contestar.

Era tarde, casi medianoche, y por fin se había empezado a calmar el trajín en el hospital. Bajo la tenue luz, miró a su hermano y pensó que Edward lo había dejado para el arrastre. Como la última vez. Cuando lo vio junto al poste, creyó que estaba muerto, con la cara ensangrentada y el brazo doblado hacia el lado. Sin duda, Emmet se estaba volviendo descuidado. O bien eso, o bien Edward lo había estado esperando, lo que le hizo pensar que quizá tenía planes para vengarse también del resto de la familia.

Jasper sintió que el dolor se expandía como una llamarada por sus entrañas, y de nuevo volvieron las arcadas. Estar en aquel dichoso hospital tampoco lo ayudaba; aquello era un horno. La única razón por la que todavía seguía en la habitación era porque quería estar cerca cuando Emmet despertara, para averiguar si Edward planeaba algo. Sintió un escalofrío de paranoia, pero supuso que quizá no estaba razonando con claridad. Mejor que los antibióticos empezaran a surtir efecto, y pronto.

La noche había sido un infierno, y no solo por . Unas horas antes, había decidido pasar a ver a Alice, pero, cuando llegó al Tidewater, la mitad de los tíos en el bar estaban agolpados alrededor de ella. Le bastó una sola mirada para saber que Alice tramaba algo. Llevaba un top en forma de sujetador que dejaba ver casi todo lo que tenía y unos shorts cortísimos que apenas le cubrían las nalgas. Cuando lo vio entrar, ella se puso nerviosa al instante, como si la hubiera pillado haciendo algo malo. Además, saltaba a la vista que no parecía contenta de verlo. Le habría gustado sacarla a rastras del bar, sin vacilar, pero decidió que no era una buena idea, con tanta gente alrededor. Ya «hablaría» con ella más tarde, para asegurarse de que eso no volviera a suceder. Pero de momento lo mejor era averiguar exactamente por qué ella se había comportado como si se sintiera culpable o, mejor dicho, por quién se sentía culpable.

Porque de eso se trataba, seguro; más claro que el agua. Se trataba de algún tío del bar y, aunque Jasper todavía estaba mareado, con fiebre y con ardor de estómago, pensaba descubrir quién era el maldito pájaro. Así que se sentó a esperar y, después de un rato, ya había identificado a un tipo que le daba mala espina. Un tío joven, con el pelo negro, que flirteaba con Alice

con excesivo descaro para tratarse de una conversación normal y corriente entre un cliente y una camarera. Vio que ella le rozaba el brazo y le ofrecía una buena vista de su escote cuando le sirvió una cerveza, y él se inclinó más hacia delante para no perder detalle.

Pero en ese instante, empezó a sonar su teléfono. Edward estaba al otro lado de la línea. Al minuto siguiente, conducía como un loco hacia el hospital, con Emmet tumbado en la banqueta trasera del coche. Incluso mientras iba a gran velocidad hacia New Bern, no podía borrar de la mente la imagen de Alice con aquel payaso, desatándose el top en forma de sujetador y gimoteando como una gata en celo entre sus brazos.

En esos precisos instantes, ella debía de estar acabando ya su turno de trabajo, y la idea lo llenó de una rabia incontenible. Sabía exactamente quién la iba a acompañar hasta el coche, y Jasper no podía hacer nada por evitarlo. Porque en esos momentos, tenía que averiguar qué era lo que Edward se traía entre manos.

Emmet recuperó y volvió a perder la conciencia varias veces durante la noche. La medicación y la conmoción lo mantenían aturdido, incluso cuando estaba despierto, pero, al día siguiente, a media mañana, lo único que sentía era una rabia incontenible. Hacia Jasper, porque no paraba de preguntarle si Edward planeaba también ir a por él; hacia Rose, porque no dejaba de lloriquear y sorberse la nariz, y por los cuchicheos que podía oír de sus familiares en el pasillo, como si se estuvieran preguntando si todavía debían tenerle miedo. Sobre todo, sin embargo, su rabia iba dirigida hacia Edward y, allí tumbado en la cama, Emmet todavía intentaba comprender qué había pasado. Lo último que recordaba era a Edward de pie, delante de él. Le costó mucho entender lo que Jasper y Rose le contaban. Al final, los médicos tuvieron que atarlo a la cama y le advirtieron que llamarían a la policía si no se calmaba.

Desde aquel aviso, Emmet se había comportado de una forma más pacífica, porque sabía que era la única forma de salir de allí. Jasper estaba sentado en la silla, y Rose se hallaba en la cama, a su lado, sin parar de preocuparse por él. Emmet dominó la necesidad de darle un bofetón; estaba atado a la cama, así que tampoco habría podido hacerlo, aunque lo hubiera intentado. En vez de eso, se dedicó a inspeccionar de nuevo las correas que lo mantenían inmovilizado, sin dejar de pensar en Edward. Se lo iba a cargar, de eso no le quedaba la menor duda, y le importaba un pimiento la recomendación de ese maldito médico de permanecer otra noche en observación, o su aviso de que tenía que guardar reposo, porque moverse podría poner en peligro su vida. Pero Edward podía largarse del pueblo de un momento a otro.

Cuando oyó que Rose empezaba a hipar y a sollozar de nuevo, apretó los dientes y ladró:

—¡Lárgate! ¡Quiero hablar con Jasper!

Rose se secó la cara y abandonó la habitación sin decir nada. Cuando hubo cerrado la puerta, Emmet se volvió hacia su hermano. Al mirarlo, pensó que estaba jodido, con la cara toda roja y sudorosa. La infección. Jasper era quien necesitaba estar en el hospital, y no él.

—Sácame de aquí.

Jasper parpadeó varias veces seguidas y luego se inclinó hacia su hermano.

—¿Piensas cargártelo?

—No hemos terminado.

Jasper señaló hacia la escayola.

—¿Y cómo piensas liquidarlo, con un brazo roto? Si no lo conseguiste ayer,con los dos brazos…

—Porque tú me ayudarás. Primero pasaremos por casa, a recoger otra Glock, y luego tú y yo nos encargaremos de ese malnacido.

Jasper se arrellanó en la silla.

—¿Y por qué crees que voy a hacerlo?

Emmet le sostuvo la mirada, pensando las preguntas que su hermano le había hecho antes. Saltaba a la vista que estaba acojonado.

—Porque lo último que recuerdo antes de perder el conocimiento es que Edward me dijo que tú serías el próximo


Las cosas seguramente se complicaran con este par.

Gracias por leer.

Besos!