¡Antes que nada, Feliz Año Nuevo a todas! Espero la hayan pasado bonito y se hayan atragantado como dice la santa biblia : v Si no fue así, aún están a tiempo de hacerlo. Y mientras lo hacen, pueden irse leyendo el capítulo nuevo que les traigo, el primero de este año 2020 C :
Capítulo 36
No Return
La biblioteca era uno de los sitios más silenciosos que existían dentro de las instalaciones escolares debido a su normativa como por su poco atractivo para el cuerpo estudiantil. Era en pocas palabras, el lugar adecuado para a alguien que gustaba de estar en absoluta tranquilidad mientras se dedicaba a la lectura.
—Debí suponer que aquí era donde te encontrabas —una voz familiar la llevó a apartar su visión de la hoja que leía con tanto interés mientras yacía cómodamente sobre su asiento.
—Miu —nombró en cuanto alzó la vista hacia la pelirroja—. ¿Sucede algo?
—¡Claro que sí!
—Estamos en un biblioteca, por lo cual no deberías gritar —le recordó a quien no frecuentaba esos lares.
—Yūki Sora, ¿cómo es posible que hayas caído en las redes de ese embustero? —la atacada cerró su libro y miró a la joven como señal de que no quería ahondar sobre ese tema—. Ese noviazgo debía terminar y no volverse real.
—Pasó y ya —no iba a complicarse dando explicaciones demasiado profundas para algo que era tan simple—. Por lo que no hay necesidad de que hablemos más al respecto.
—Después de todas las advertencias que te hice y mira cómo acabó todo —suspiró con exasperación, como si en verdad se estuviera lamentando por la situación de su amiga.
—Soy la más consciente de ello —e hizo lo que pudo por evitar tal situación; pero al final todo fue en vano.
—Ahora entiendo por qué motivo empecé a escuchar esos rumores...
—¿De qué rumores hablas? —demandó saber de manera muy pasiva.
—Anda circulando por la escuela que Oshiro-kun ha empezado a hacer de las suyas. Que de nuevo intenta fastidiar a Miyuki-kun.
—¿Conoces a Oshiro-kun? —en cierto modo le sorprendía aquello.
—Todas las chicas de esta escuela la conocen simple y llanamente por ser la ex del embaucador de Miyuki-kun —y seguramente para ella aplicaba lo mismo por ser su pareja en turno—. Aunque al final se hizo más conocida por "hablar mal" de ese sujeto. Aunque tú y yo sabemos que no es un santo ni tampoco el tipo perfecto, sus fanáticas allá afuera están cegadas y no aceptan que se hable pestes de él.
—Me sorprende que no se metan con Oshiro-kun —porque a ella le habían dado un cálido recibimiento que se extendió por varios días.
—Su hermano menor está en el Club de Judo. Y por lo que escuché es bastante corpulento y sobre-protector, por lo que la gente es lista y no se meten con ella a menos que quieran salir un poco maltratado.
—Eso lo explica todo —el único hermano intimidante que tenía era el menor y ni siquiera había entrado a la preparatoria.
—Ya te fue a importunar, ¿cierto? —Sora asintió. La pelirroja suspiró—. Miyuki-kun te está dando más problemas que cosas buenas. Así que lo mínimo que debería hacer por ti es hablar con esa chica para que le baje dos rayas a su intensidad.
—No es necesario —expresó para quien le fruncía el ceño por la negativa dada.
—Sora, vas a mal acostumbrarlo. Se volverá un novio inútil. Deja que te defienda para variar.
—Puedo valerme por mí misma. Así que no necesito que Kazuya haga algo como eso —Miu ya estaba esperándose una respuesta como esa, pero creía ilusamente que para variar la sorprendiera con algo diferente—. Además, tú misma lo dijiste. Su hermano menor practica Judo.
—Sí, lo dije. Pero, ¿eso qué tiene que ver?
—Debo apresurarme y llegar al Club de Béisbol —se levantó de su asiento y tomó el libro que estaba leyendo hasta hace poco—. Así que nos vemos después.
—¡Ey regresa que no hemos terminado de hablar de la obsesionada esa! —gritó en vano. Su amiga se había ido con mucha prisa.
Gracias a la charla que tuvo con la pelirroja llegó con un poco de atraso al club, por lo que se apresuró en cambiarse y buscar a las chicas para ver qué actividades desempeñaría esa tarde.
—Al fin las hallé —Sora las había ido a buscar por todos lados hasta que llegó al comedor; allí se encontraban reunidas las tres mánager.
—Vamos, vamos, siéntate —le invitaba Hachiko. Ella aceptó y tomó su lugar justo al lado de Haruno—. Antes de que llegaras estábamos organizando la fiesta que haremos por motivo de Navidad.
—Como bien sabes, los chicos tienen un campamento de invierno antes de salir de vacaciones. Así que queremos hacer algo antes de que regresen a casa —expresaba la idea la alegre de Yui.
—La idea es que sea una fiesta navideña con deliciosa comida y un enorme pastel —Yoshikawa no podía ocultar la emoción que esa futura celebración le causaba—. ¿Qué es lo que opinas?
—Ese una gran idea —las tres sonrieron al lograr el mutuo acuerdo—. ¿Ya tienen la lista de lo que necesitaremos, así como de las actividades a realizar?
—Sí —Umemoto mostró con enorme orgullo la lista donde enumeraba todo lo que requerían comprar—. Sólo tenemos que informarle a Takashima-sensei y al entrenador de lo que queremos hacer.
—Quieren que lo haga yo, ¿verdad? —para Sora fueron más que obvias porque las tres se le quedaron viendo—. Supongo que es mi castigo por llegar tarde...
—Nosotras empezaremos con las actividades mientras te encargas de ello, Yūki-kun —la sonrisa de Sachiko era de puro cinismo; justo como la de cierto capitán.
Con resignación, abandonó el comedor con una misión en manos.
—Espero que ningún chico haya molestado de más al entrenador o terminaré pagando los platos rotos —frenó cuando se encontró de frente con la profesora de inglés;uno de sus objetivos había aparecido en el momento adecuado—. Buenas tardes. Quisiera un momento para hablar con usted.
—Yūki-kun, buenas tardes. ¿Qué ocurre?
—Las chicas y yo queremos pedirle permiso a usted y al entrenador para llevar a cabo una pequeña fiesta por motivo de Navidad —dijo para quien la dejaría hablar hasta que estuviera satisfecha—. El evento sería en el comedor y nosotras nos encargaríamos de todo. Se llevaría a cabo al término del campamento de invierno que se celebra año con año.
—Es una grandiosa idea. Y un gran gesto de su parte hacia con los chicos —le sonrió conmovida—. Si necesitan ayuda o apoyo en algo no duden en decírmelo.
—Por supuesto —agradeció—. Ahora sólo debo informarle a Kataoka-sensei.
—Descuida. Yo me encargaré de pasarle tu mensaje.
—Gracias de antemano por ello —cierto era que le había quitado un gran peso de encima.
El resto de la tarde transcurrió tranquilamente y con la normalidad que ya era usual en Seidou. La mayor parte del escándalo se había esfumado en cuanto se dieron por terminadas las prácticas de la tarde.
—Si continúas ahí botada, acabarás enfermándote —advirtió Yōichi en cuanto encontró a Sora tumbada sobre el pasto; se le veía tan relajada, como si sólo sintiera paz interior en su vida.
—No soy tan enfermiza como crees —las nubes eran más interesantes de mirar que el moreno—. Además, desde aquí tienes una gran vista.
—Solamente hay nubes aburridas.
—Parece que los salvajes como tú no saben apreciar la naturaleza en todo su esplendor. Esperaba más de tu parte.
—¡¿Ah?! ¡Pero si tú eres la única salvaje aquí! —sus quejas no servían de nada; ella pasaba de él por completo.
—Solamente recuéstate y te darás cuenta de lo que hablo.
—Lo haré únicamente para echarte en cara lo equivocada que estás —se tumbó a su izquierda y llevó sus pupilas hasta el cielo; la coloración celeste se estaba perdiendo poco a poco, dejando a la vista tonos cálidos, casi otoñales. Incluso ese día las formaciones de las nubes eran más interesantes de lo usual.
—Te dije que no estaba tan mal.
—Tampoco creas que es la gran cosa —no le daba la razón nunca. Y no iba a empezar a dársela ahora.
—Ustedes dos, ¿qué están haciendo ahí tirados? —alguien había vuelto de su práctica en solitario de bateo y los había encontrado ahí tirados sobre el pasto, como si las preocupaciones no existieran en sus vidas.
—Técnicamente estábamos contemplando el cielo, pero alguien terminó cayendo en el mundo de los sueños —a Sora le resultaba bastante cómico que Kuramochi se durmiera tan rápido y con algo tan simple.
—Sawamura me ha comentado que tiene el sueño pesado. Me pregunto si será verdad —ya estaba agachado frente al dormilón corredor con un marcador negro en manos.
—Se despertará y te dará tu merecido, Kazuya.
—Esto será rápido —Yūki se enderezó a la vez que contemplaba lo que el descarado cácher se encontraba haciendo; se le veía muy divertido dibujándole un mostacho bien abundante a Kuramochi—. Le queda.
—No olvides los lentes —tomó el plumón permanente y dibujó óvalos alrededor de las ojos cerrados del corredor. Incluso hizo las patas de estos.
—Agreguemos un poco más de vida —porque no existía nada de malo en añadir unas cuantas estrellas a su reciente obra de arte.
—Ahora sí se ve perfecto —Sora sonreía en armonía con su perverso novio; ambos habían disfrutado de colaborar en aquella bromita—. Vayámonos antes de que despierte o la armará en grande —fue su consejo de la tarde.
Se fueron, dejando al oriundo de Chiba a su suerte. Era lo mejor si no querían que él se diera cuenta de lo que le habían hecho.
—En el último día del entrenamiento tendremos una fiesta navideña —comunicó tras haberse desplazado varios metros de distancia de su posición anterior.
—Lo sé. Ya me pidieron que ayudara con la comida —a Yūki ya no le sorprendía el descaro de sus compañeras de club.
—¿Seguro que quieres hacerlo? No estás obligado. Y podemos recurrir a otras opciones.
—El menú no es demasiado complicado. Por lo que no hay problema —ya había cocinado para todos anteriormente, por lo que ya estaba mentalizado.
—Eso significa que tendré que comprar el pastel.
—Umemoto me dijo que entre ustedes lo harían.
—...Ah...—su rostro reflejaba el nulo entusiasmo que aquello le provocaba—. Me encargaré de ir a comprar todo lo que necesiten.
—Algún día tendrás que cocinar.
—Pero no va a ser ese día —sentenció. Miyuki se rio por lo bajo; era gracioso que fuera tan reacia para los temas de la cocina cuando ella amaba comer.
—Por cierto...
—¿Qué pasa?
—¿No han ocurrido cosas extrañas últimamente? —una pregunta que resultaba de lo más rara, especialmente porque venía de él.
—Mmm —odiaba que fuera tan disperso a la hora de cuestionar por algo. No obstante, si lo pensaba un poco sólo podía referirse a una sola cosa, o mas bien, a una persona—. No. Todo ha estado normal y aburrido como siempre. Hasta tus fanáticas me han dejado en paz.
—Ya veo.
—¿Todo normal de tu lado?
—Sí. Como siempre.
—¿Por qué me has preguntado algo como eso? —él despertaba su curiosidad por ese comportamiento tan ajeno a lo que estaba acostumbrado a ver en él.
—Por nada en particular.
—No te creo —sabía lo buen mentiroso que era y no iba a dejarse engañar solamente porque se escuchaba convincente—. Lo que esa chica tenga que decirme sobre ti no me interesa en lo más mínimo y ya se lo dejé claro —la tenue sonrisa de Kazuya se alisó, volviéndose una línea plana.
—Hmp —era bueno mintiendo cuando la situación lo ameritaba. Incluso había usado esa artimaña con ella un par de veces atrás. Pero en esta ocasión no había funcionado; y el que fueran pareja le daba cierto permiso para preguntar más a fondo.
Terminó de comer y se alistó tan rápido como le fue posible. Su madre no era una persona de mucha paciencia, por lo que hacerla esperar más tiempo del reglamentario, repercutiría negativamente en su humor y por ende, en la actividad que debían realizar esa misma tarde.
Tomaron el autobús y caminaron un par de cuadras hacia el noroeste. Y en poco tiempo se encontraron frente a su centro comercial predilecto; no sólo tenía un gran número de tiendas, sino que allí podían hallar gran variedad de productos importados a un precio razonable.
—Ya que estamos aquí deberías aprovechar y comprar algo para él también —fue el comentario emitido por su progenitora en cuanto entraron a una de las tiendas departamentales más grandes de toda la plaza—. Sería lindo que le dieras algo en Navidad.
—No sé de quién me estás hablando —era la hora de volcar su atención en una vitrina llena de perfumes costosos franceses.
—Sabes perfectamente a quién me estoy refiriendo —Sora negó con un suave movimiento de su cabeza—. Hablo de Miyuki-kun.
—Ah, así que hablabas de él —y su plana respuesta obtuvo un jalón de mofletes por parte de su madre que la llevó a girarse en dirección a su persona—. Ey, eso duele mucho —y sus mejillas todas rojas lo avalaban.
—No creo que duela más que las palizas que les dabas a esos pobres niños del vecindario —hora de fingir demencia—. Sora Yūki —el ser llamada por su nombre completo significaba que su madre estaba perdiendo su buen humor.
—Ya le regalé cosas por su cumpleaños. Él no necesita más en su vida.
—No necesitas comprarle algo costoso, Sora. Estoy segura de que si le regalas algo hecho por ti, él estará contento —ella lucía tan entusiasmada y deseosa por ver a su pequeña realizar alguna manualidad; y ella por su lado empezaba a arrepentirse de pedir que la acompañara a hacer las compras navideñas.
—Cocinar no va a ser una opción —advirtió.
—Aprovechando la época puedes hacerle una bufanda o algo parecido —la joven iba a objetar pero la sonrisa engañosa de su madre le hizo desistir.
—Cuando termine mi lista, pensaré en ello —sostenía una hoja de papel con varios nombres y algo escrito al lado de estos—. Por ahora iré por los regalos para Tetsu y Masa.
—No nos iremos de aquí hasta que llevemos algo para Miyuki-kun, así que el orden de los factores no altera el producto.
—Pero te digo que no es... —calló abruptamente. Lo hizo porque esa sonrisa en los labios de su madre relucía más que mil soles. Y eso significaba peligro; que por algo ni su padre ni sus hermanos la cuestionaban cuando se ponía así.
En poco tiempo cada nombre de la lista fue tachado y una nueva bolsa era agregada a las manos de la joven. Y aunque todavía quedaban un par de presentes que comprar, consideraron prudente el detenerse en una fuente de sodas para comer y recuperar energías.
—A veces me preocupo por esa manía tuya de ser tan extremadamente organizada. Pero luego llegan estas fechas y me produce un gran alivio el que seas así de maniática —contemplaba a su retoño que disfrutaba con fervor de su panini y su limonada.
—No puedes venir a comprar si no sabes lo que quieres llevarte a casa. Y evaluar el mejor precio también es esencial para que el monedero no sufra demasiado.
—Espero ya le hayas avisado a Ki-chan sobre la cena navideña que tendremos en casa —le dio un mordisco a su deliciosa hamburguesa antes de continuar—. Si Rei-chan estuviera aquí sería como en los viejos tiempos.
—Sí, como en antaño —esas navidades pasadas se mantenían frescas en sus memorias, como si no hubiera pasado tanto tiempo, como si fuera cosa de meses atrás—. Pero él está allá cumpliendo sus sueños, así que no hay tiempo para ponernos melancólicos.
—¿Y si invitas a Miyuki-kun? Sería agradable que viniera a casa en esas fechas. De ese modo podríamos conocerlo un poco mejor —jamas podría entender las ideas de su madre con respecto a sus parejas y ese deseo de conocerlos o invitarlos seguido a su hogar.
—Haremos una fiesta navideña en el campus. De modo que dudo que tenga apetito para seguir celebrando —Kazuya era de buen comer pero no llegaba a semejantes niveles—. Además, al día siguiente se irán desde temprano a sus casas para pasar estas fechas, por lo que desvelarse no es una opción.
—Bueno. Tienes mucha razón —y Sora se sintió aliviada ante sus palabras.
—Lo último que quiero es que Kazuya se entere de más momentos bochornosos míos. Porque teniendo a mis hermanos y a Ki-chan bajo el mismo techo pueden ocurrir muchas cosas...
—A todo esto, he invitado a Shiko-chan y a su familia para que vengan a cenar en Navidad —ella estaba animada y anhelante por esa bella fecha del año y su hija estuvo a nada de ahogarse con el bocado que intentaba transitar por su garganta.
—Ugh...—haberse zampado su bebida le salvó de atragantarse y le permitió vivir un día más—. ¿Qué fue lo que dijiste madre?
—Que Shiko-chan y su familia vendrán a la casa el 24 por la noche a cenar con todos nosotros —y lamentablemente no había escuchado mal.
—Olvidaba que mis padres se llevaban de maravilla con los de ella y esto iba a terminar pasando sí o sí —suspiró. Esa noticia recién recibida había sido como un balde de agua fría.
—Y ya con más participantes, el intercambio será mucho más divertido.
—¡No! De ninguna manera haremos ese intercambio este año con la familia de Shiko-chan —las mejillas se le colorearon con la misma celeridad con la que la sangre abandona el cuerpo a través de una herida.
—Sora, pero si es una tradición familiar.
—No. Eso será muy vergonzoso —expresó, ya con mejor cara pero sin ganas de ceder ante la propuesta de su madre—. Hagamos un intercambio normal y listo.
Desayunar al aire libre les ayudaba a olvidarse momentáneamente de las pesadas clases y de los compañeros cotilla de la clase, por lo que se les había vuelto ya un hábito el hacerlo. Y aunque el área de los jardines era un lugar adecuado para merendar, siempre terminaban inclinándose por la azotea del edificio de su escuela.
—¿Ya están preparados para su campamento infernal? —interrogó a ese par de jugadores que desayunaban en total silencio, como si estuvieran castigados.
—Si sobrevivimos el año pasado, podemos hacerlo otra vez —Kuramochi se limitaba a alimentarse nulamente sano con un pan de perro caliente lleno de yakisoba—. Pero no puedo decir lo mismo de los de primer año.
—Será divertido ver a Sawamura y los demás hacerlo —Miyuki hasta se imaginaba a esos pobres de primero en pleno sufrimiento, rogando por piedad.
—Deja de disfrutar con el sufrimiento de Sawamura y el resto. Compórtate como el capitán que eres —decía Yūki tras haber cerrado su caja de almuerzo—. Por cierto Kazuya, ¿hoy tendrás la noche libre?
—No es que tenga algo importante que hacer esta noche. Por lo que puede decirse que lo estoy.
—De modo que quieres un momento a solas con tu hombrecito, eh —Yōichi sabía valorar cada pequeña oportunidad que poseía para molestarlos—. Bueno, tal vez algo de acción sea benéfico para este idiota. De modo que no te contengas y demuéstrale todo lo que eres capaz de hacer. Porque de seguro él es un inútil y no sabe ni correr directo hasta segunda base sin ser ponchado por el lanzador.
—¡Yo sólo quiero invitarlo a cenar,idiota pervertido! —quería tomarlo del cuello y zarandearlo pero no podía hacerlo porque el bribón estaba sentado frente a ella y no lo alcanzaba.
—Tal parece que ella es la que hace las invitaciones y paga todo, y tú el que le devuelve sus atenciones enseñándole a cómo sostener el bat para batear de manera contundente. Es lo que llamo trabajo en equipo. Aunque no esperaba que fueras de "esa clase" de hombres, Miyuki. Me has impactado.
—¡Oye! Eso no es verdad —exclamó la actual víctima de las oraciones con doble sentido del corredor.
—Exacto. No es cierto. Porque únicamente se deja tomar de la mano y por breves segundos —esa aclaración fue como cavar la tumba del cácher y darle mucha más cuerda al más veloz de Seidou.
—¡Yahahahahaha! —reía tanto que el estómago le dolía. Pero eso no le impediría señalar a su capitán mientras no podía creer que pudiera ser tan mojigato.
—No tienes derecho de quejarte porque sabes que es verdad —una cínica consumada es lo que era su nada inofensiva novia—. Aunque es algo lindo.
—Mmm —era cuando se arrepentía de haber ido a desayunar con esos dos, porque siempre terminaba en medio de situaciones bochornosas de las que era incapaz de defenderse.
—Entonces, ¿podrás? —preguntó nuevamente a su pareja—. No será mucho tiempo por lo que volverás antes de que cierren los dormitorios.
—Sí, ¿por qué no?
—Excelente —era bastante obvio que su respuesta le satisfizo y eso lo llevó a él a sonreír un poco, con satisfacción—. Me adelantaré porque tengo que ir a buscar el proyector para nuestra siguiente clase.
—Está bien —y ella se retiró, despidiéndose de ambos con un suave ademán.
—Nunca imaginé que fueran a ser una pareja tan acaramelada.
—No lo somos —replicó, frunciendo el celo.
La noche cayó y justo como habían acordado, se encontraron a la salida de los dormitorios. Abandonaron Seidou y caminaron con notoria tranquilidad por las nada despobladas calles de la ciudad.
Por eso y más, Tokio era una de las ciudades más avivadas cuando el sol se escondía; allí la vida nocturna era uno de los tantos aspectos que la definían y la volvían tan atractiva.
—Creí que iríamos al restaurante de tus padres —comentaba el cácher al darse cuenta que tomaban una dirección totalmente diferente a la usual.
—Era el plan inicial pero escuché sobre un nuevo restaurante cerca de la estación y me pareció buena idea ir a ver qué tal estaba.
—De seguro se trata de un restaurante dedicado exclusivamente al Okonomiyaki —con lo adicta que era a esa cosa, la probabilidad era alta.
—De hecho ni siquiera se trata de comida japonesa —bien, ahora estaba intrigado. ¿A qué gastronomía lo arrojaría esa noche?
—¿Entonces?
—Cuando lleguemos lo sabrás —le aseguró. Y él por su parte empezó a sentir más desconfianza que curiosidad.
A unos quince metros de la estación del metro se ubicaba un restaurante de anchura modesta y de un único piso cuya fachada poseía un punto medio entre lo tradicional y lo elegante. Y si eso no era suficiente para causar desconcierto en el capitán de Seidou, el nombre que identificaba a ese establecimiento de comida haría el resto.
Arribaron hasta su objetivo y entraron, hallando una mesa disponible justo a un costado de una de las tres ventanas que poseía el lugar.
—Ni siquiera puedo pronunciar el nombre de este restaurante —porque lo intentó, pero juraba que lo había hecho mal porque no sonó nada bien.
—No es necesario que lo hagas. Lo importante es la comida —lo cual era evidente pero cierto chico estaba más fijado en el nombre que en otra cosa.
—Ey, ey, yo no traje tanto dinero como para pagar una cena en un sitio como este —el que no supiera ni qué demonios era cada platillo que aparecía en el menú era el menor de sus problemas. El verdadero meollo residía en los precios; estaban por encima de la media—. Todavía estoy a tiempo de convencerla e ir a otro lugar más accesible...
—Kazuya —nombró para que le mirara y despegara su atención de la carta—, no debes preocuparte por la cuenta —¿tan obvio se había visto? De ser así, era algo muy vergonzoso—. Fui yo la que te invitó a cenar después de todo —eso ya lo sabía perfectamente. Y sin embargo, no implicaba que ella tuviera que pagar por todo cada vez que salieran.
—Eso lo sé. Pero no se siente...correcto —fue la mejor palabra que se le ocurrió para disfrazar la ligera culpa que estaba sintiendo.
—Eres mucho más chapado a la antigua de lo que creía —habló con sincera sorpresa—. No obstante, no hay necesidad. Me basta con que te aventures conmigo a probar la comida coreana —y ahí estaba viendo el menú con bastante duda sobre qué pedir.
—¿Soy tu conejillo de indias? —cuestionó, burlesco, arqueando su ceja derecha. Sinceramente le daba gracia que lo hubiera invitado a cenar para que fuera su compañero de aventuras gastronómicas; incluso eso podía ser un poco tierno de su parte.
—Ambos seremos parte del experimento. De modo que los dos somos conejillos de indias —cierto era. Pero a él le gustaba dramatizar un poco—. Elijamos unos cuantos platillos para probarlos entre ambos —fue su propuesta.
—Está bien. Hagámoslo.
Con la ayuda del mesero y unos minutos de deliberación entre ambos, pidieron su orden y empezó la espera para que trajeran sus platillos.
—Esto es a lo que se refería el chico —había seis pequeños platos en su mesa, cada uno con diferentes contenidos—. Creo que probaré esto de aquí —agarró sus palillos y tomó unos cuantos brotes de soja salteados con aceite de sésamo—. Mmm.. Bien, este sabor es bastante único.
—Veamos...—él por su parte se decantó por la ensalada de pepino picante.
—Tal parece que los coreanos sí se toman en serio el tema de lo picante o no eres bueno con ello —expresaba al tiempo que veía a su novio beber muy de prisa su vaso de agua—. Toma el mío. Lo necesitas más que yo.
Para cuando terminaron con las curiosas entradas, los platos principales fueron llegando uno a uno; siendo repartidos sobre la superficie de la mesa, decorándola con sus atractivos y vividos colores que no dejaban indiferente a ningún comensal.
—Así que este es el famoso "Kimchi" —nombró Sora en cuanto dio un primer bocado a ese platillo de col fermentada—. Sí que es un sabor muy distintivo. Y no estoy segura que me pueda volver fanática de él.
—Al menos esto sabe tan bien como se ve —la tortilla de vieiras que sirvió sobre su plato y de la que no dudó probar un pedazo, sabía exquisita—. Gambas, calamar, almejas, ostras y mejillones. Y un toque de salsa de soja —alguien no sólo era bueno cocinando, sino que también poseía un paladar digno de un catador de alimentos.
—Pues deberías probar esto. Sabe muy rico pese a que tiene un nombre tan raro como "Japchae" —los fideos hechos a base de pasta de boniato podrían ganarse un lugar en su corazón—. La ternera está en su punto. Y las verduras salteadas con soja y aceite de sésamo le dan un toque extra.
—Esto luce bastante japonés —un bol de arroz blanco, pasta de soja, pasta de chile, ternera y un huevo frito, estaba frente a él, gritándole silenciosamente que lo probara.
—Kazuya, ¿cuál es tu color predilecto?
—¿Umm? No es que tenga uno en especial. Supongo que el rojo o el negro están bien.
—Ambos te quedan —no sabía qué le llamaba más la atención, si esa pregunta fuera de lugar o su elogio.
—Por cierto, hay algo que me da curiosidad.
—¿A ti? ¿Sobre qué? —detuvo su proceso de alimentación y enfocó sus grisáceas pupilas en él.
—¿Desde hace cuánto que juegas sóftbol? —Sora enmudeció ante su interrogante. Porque de todo lo que él podía preguntarle terminó tocando el tema menos esperado y del que menos deseaba hablar.
—Para empezar, ¿qué te ha hecho tener una idea como esa? —respondió con parsimonia.
—La caja de bateo.
—Fue el mismo Narumiya-kun el que me enseñó cómo hacerlo bien. Y me dio una imagen visual para pegar con más fuerza —Miyuki no podría olvidar aquello porque con cada golpe que le daba a la pelota su humanidad se estremecía al pensar que lo visualizaba a él en cada esférico.
—Mei es bueno enseñando y motivando a la gente, pero bateaste mejor de lo que lo haría alguien que recién ha tomado un bat en su vida —y ella que juraba que él no le había puesto atención. Y aunque era un detalle del que se alegraba enterarse, también le estaba resultando problemático—. Podrás haberlo engañado a él, pero no a mí.
—Mis dos hermanos son bateadores. Por lo que era inevitable que terminara aprendiéndoles algo. ¿No te parece? —dejó sus palillos sobre la mesa, se cruzó de brazos, y frunció involuntariamente los labios. Pocas veces era descuidada con los gestos faciales que hacía, mas cuando no quería dejar sembrada la duda en quien tuviera en frente; pero se había descuidado—. E independientemente de que me haya visto inmiscuida o no en ese deporte, no creo que sea algo que importe en este momento.
—Para alguien que es directa sin importar del tema del que se esté hablando, es extraño que me hayas salido con una evasiva —no era justo que fuera él quien estuviera analizándola. No se suponía que las cosas fueran de esa manera.
¿Qué se supone que hiciera? Ella no consideraba como algo negativo el no hablarle sobre esa etapa de su vida. Después de todo, no era delito el reservarse para sí misma episodios de su pasado. Pero también estaba esa parte de la comunicación y la confianza mutua que las parejas debían manejar siempre para que la relación funcionara apropiadamente.
Y también estaba el hecho de que había sido explícitamente él quien le cuestionara al respecto, independientemente del motivo que lo orillara a ello. A final de cuentas era una manifestación de curiosidad e interés hacia su persona y una parte de ella no quería ignorar eso.
