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Helga estaba nerviosa al salir con su amado Arnold, también porque las cosas no las iba poder hacer como planeaba, aquel día Edward no dejo terminarla, insistía en que solo debían volver a estar juntos, que solo era estrés el que la rubia tenia.

-¿Cómo te sientes, Helga?

-Me siento feliz por mantecado, Phoebs pero… ¡¿Qué demonios le pasa a tu primo?!

La oriental se sonrojo levemente, odiaba ver a su amiga tan mal, hablando emocionalmente por culpa de su primo –Lo lamento, creo que es por lo del divorcio de mis tíos.

-¡¿Se están divorciando?!

-Si ¿No te lo dijo?

-No, tal vez por eso reacciono así el otro día…cuando estaba terminando con el

-Sí, esto apenas es reciente y me imagino que deseaba platicártelo pero con lo que le dijiste, pues tal vez exploto

-Entiendo, creo que…lo mejor es que espere un tiempo

-No tienes que…

-Ya está decidido, Phoebs, ahora ayúdame a ver que me pondré ¿Qué te parece este?

Saco un vestido azul celeste con blanco, no era tan corto y tenía un escote en v, la oriental sonrió -¿Qué te parece el rosa?

-Siempre tan lista, hermana –Tomo el vestido rosa que era su favorito y comenzó a cambiarse.

Mientras tanto Sonia observaba todo desde lejos.

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Al llegar el mediodía un rubio camino en dirección a la casa de Helga, sonriente, se le notaba que aquello le hacía muy feliz, por fin tendría aquella cita con su amada Helga, llevaba otra rosa en su mano para dársela, llevaba puesto un pantalón de mezclilla azul y una camisa de cuadros roja con azul.

Al llegar a la casa que conocía a la perfección, antes de tocar ya habían abierto la puerta pero no se esperaba lo que pasaría entonces.

-Estoy lista, Arnold

-¿Sonia?

-Vamos, Arnold, no quiero llegar tarde

-Pero…

-¿Arnold?

-Hola, Phoebe

La oriental había bajado por algo para Helga, cuando vislumbro la silueta de Arnold y de otra persona, al ver lo que planeaba aquella chica, simplemente frunció el ceño molesta mirándola, pero trato de controlarse –Helga baja en un momento, pasa

-Gracias

Arnold ingreso rápidamente a la casa, mientras Sonia miraba molesta a la oriental –Te vas a arrepentir

-Lo dudo, y aunque así fuera no dejare que le arruines la vida a Helga, ella es mi hermana.

-Gran diferencia entre sentir que es tu hermana y que en realidad lo sea

-No importa, para nosotras así es y no permitiré que…

-¡Phoebe! ¡Demonios! –Escucharon bastante ruido arriba, antes de que la rubia apareciera con su vestido rosa que le llegaba a la rodilla, un poco pegado, con un listón alrededor de su cintura color blanco y mangas cortas, el cabello suelto haciendo que…

-¡Cecil! –Arnold estaba sorprendido al ver aquella rubia, aquella… ¡Helga era Cecil!

-¡¿Arnold?!

-Helga tu…

-¡¿Qué son esos gritos?! –Bob Pataki había salido de su habitación para ver qué era lo que sucedía, observo a Arnold y luego a su hija –Mas te vale jovencito que no quieras pasarte de listo…

-Buenas tardes Sr. Pataki….claro que no…disculpe por… -Dijo algo nervioso el rubio mientras se sobaba la nuca

-No quiero que la traigas tarde ¿Entendido?

-Claro…si Sr. Pataki

-Ponte un suéter, hija

-Papa…

-Si ya se –Beso a su hija para después irse

-Lo lamento, Helga, ten –Dijo la oriental dándole la diadema que había ido a buscar.

-Gracias, aunque ya no tiene mucho caso –Murmuro la joven nerviosa

-Diviértete –Dijo Phoebe mientras le colocaba la diadema

-Si como sea

Arnold espero a que la rubia estuviera lista para que ambos se fueran, una vez afuera Sonia trato de alcanzarlos pero…

-Ni siquiera lo pienses

Sonia sonrió maliciosamente antes de irse a su alcoba, pues tenía un plan B.

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-Estas hermosa, Cecil

-¡Cállate Arnoldo!

-Quiero imaginar porque lo hiciste –Dijo sonriéndole pícaramente -¿Puedo decirte mis conclusiones?

-No

-Vamos Helga, ¿Por qué estás tan molesta? Yo debería estarlo

-¿Tu porque?

-Todo este tiempo estuve tratando de encontrar a mi Cecil y siempre la tuve frente a mis ojos y nunca te compadeciste de mí.

-¡Oh vamos Arnold! Ni que hubiera sido tanta tortura

-Claro que sí, Helga

La rubia se ruborizo levemente, mientras ingresaban al cine, Arnold pago las entradas y le abrió la puerta, todo aquello que ella siempre deseo que fuera así, él le tomaba la mano suavemente, le sonreía, ponía esa cara de estúpido enamorado cuando alguien le gustaba solo para ella, lo tenía en aquel hermoso momento solo para ella, era como estar un minuto en el maravilloso cielo.

Nada podía ser más perfecto…caminaron hacia la sala después de comprar botanas y todo lo que Helga quiso; estuvieron atentos o al menos la rubia aparentaba estar atenta a la película pero en realidad no lograba concentrarse, solo pensaba en Arnold a su lado, hasta que…Arnold paso suavemente su brazo alrededor de su espalda, lo que hizo tensar más a la joven, se sonrojo mientras él la halaba hacia su pecho.

-Arnold…

-Me gustas, Helga, te amo –Susurro el rubio en el oído de la joven, mientras buscaba sus labios, ella supo entonces que era lo que él deseaba y ella también lo deseaba por lo que se fue acercando lentamente a él, mientras ambos cerraron lentamente los ojos para dejarse llevar por aquel tierno y dulce beso que los llevaría al cielo por un momento, mientras suavemente y gentilmente el rubio acariciaba su rostro del hermoso Angel que tenía enfrente.

El resto de la película la rubia la paso mucho mejor, pero en el fondo sabía que aquello estaba en cierto modo mal, porque Edward seguía siendo su novio y esto… ¿Era engañarlo no?

-Me gustó mucho, gracias Arnoldo

-Me alegra que lo hayas disfrutado tanto como yo –Dijo el rubio mientras seguía tomado de la mano de la rubia, mientras salían del cine.

-Si… -Helga se sonrojo más –Hay algo que debo decirte

-¿Te parece si vamos a Slaussen's por una malteada con mucha crema batida?

La rubia sonrió –Claro

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-¿Te gusto?

-Claro, gracias –Dijo la rubia sonrojada tomando lo último de su malteada

-¿Sabes a que me refería verdad?

-Si…

-¿Entonces, que pasara a partir de ahora, Helga?

-No lo sé…

-¿Porque…?

-No pude terminar con Edward

El rubio quedo sorprendido ante esa confesión, se sintió un poco incómodo ante la situación en la que estaba, nunca pensó que saldría así con la rubia, pues pensaba que para su cita, ella habría terminado con Edward como lo platicaron.

-¿Qué, te ato de manos? –Dijo molesto

-No, es solo que…

-¿Qué?

-Ahorita no puedo dejarlo…esta…

-Pero no lo quieres, ¿no crees que le hace más daño?

-No importa, debo esperar y no tengo porque darte explicaciones cabeza de balón

-Claro que me las debes, Cecil

-¡Basta con eso!

-Vamos te disfrazaste de Cecil para que saliera contigo en San Valentín, no lo niegues –Dijo provocando el sonrojo de la rubia –No soy tonto

-Si ya me di cuenta, que solo te haces el tono cabezón

-Dime ¿porque?

-No puedo dejarlo solo

-Vamos no es un niño, para que lo andes cuidando, no es tu responsabilidad

-¡Simplemente no puedo Arnoldo!

-¡Entonces ¿Qué hay de nosotros?!

-¡Nunca hubo un nosotros!

-¡Sabes que no es verdad!

-¡No volviste!

-¡Ya te dije porque, Helga!

-¡Bien, lo entiendo pero no por eso debo estar atada a ti!

-¡¿Eso es lo que sientes atadura?!

-¡Si y no deseo atarme ni a ti ni a ningún otro zopenco como tú!

Arnold le miro furioso, en un momento estuvo tocando el cielo y al siguiente estaba en el mismísimo infierno, trato de controlarse pero no podía, en aquel momento un fuerte trueno sonó en el cielo, Helga le miro sorprendida y un tanto intimidada pues sabía que era el rubio, era una demostración de su enojo y dolor.

-Bien, entonces quédate con Edward, seguramente no estas atada a él, seguro que lo amas desde que tenías 6 años ¿no?

Helga lo miro entre sorprendida y a la vez molesta –Eso no lo puedes saber…

-Es más que obvio, tal vez cuando éramos niños podías engañarme pero ya no –Respiro profundamente para calmarse –Si quieres esto, Helga está bien, no te insistiré más, solo espero que no te arrepientas después –Se puso de pie para salir del local –Te llevare a casa.

-No gracias

-Debo hacerlo, vamos

-Bien –Dijo la rubia conteniendo las lágrimas, pero no podía hacerle eso a Edward no después de lo que estaba pasando.

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Al llegar a la casa de la rubia, Arnold la tomo suavemente de la mano, lo cual sorprendió a la rubia –Lo lamento, Helga, no quería gritarte

-Pero lo hiciste…yo también te grite

Arnold sonrió de lado, mientras se acercaba –Lamento mucho si te asuste.

-Por favor Arnoldo, eso quisieras

Arnold rio divertido, para después mirarla serio –Me gustas y quiero estar contigo, Helga, pero deseo que lo hagas porque tú quieres también.

-No pude terminar con Edward –Dijo cabizbaja –No porque no quisiera, el…está mal y yo….él estuvo ahí cuando estaba triste y cuando….lo menos que puedo hacer es…

-¡Helga!

Ambos rubios voltearon a ver a Edward quien se acercaba realmente molesto, para inmediatamente tomar a Helga de la mano y halarla hacia el otro lado lejos del rubio.

-¡¿Qué demonios te pasa?!

-¡Cállate! –Miro al rubio molesto -¡Aléjate de mi novia, estúpido!

-Ella no es un objeto para ser de propiedad de nadie, ella puede decidir con quién estar o con quien no –Dijo Arnold molesto nuevamente

-No me importa, Shortman –Dijo Edward acerándose -¡Ella es mi novia y te prohíbo que te le acerques!

-¡No puedes prohibirme nada!

Helga observo al rubio, quien estaba perdiendo el control, por lo que opto por tratar de apaciguar la situación –Fue mi culpa, yo decidí salir con el –Edward le miro dolido y molesto –No puedes prohibirme salir con mis amigos.

-¡Eres mi novia!

-¡Pero no te pertenezco, yo puedo salir con quien quiera, para eso soy libre, no eres mi dueño y no te confundas Edward! –Respiro para dejar de gritar –Soy tu novia pero eso no te hace poseedor de mí y de mi vida, que te quede claro, zopenco

Edward no dijo nada, Arnold miraba asombrado a Helga, se le veía más hermosa cuando mostraba esa seguridad y determinación, que tanto amaba de ella.

-¿Pasas un momento o ya te vas? –Pregunto la rubia a su novio

-Nos vemos mañana, vendré por ti en la mañana

-Bien

El joven se fue molesto de ahí, dejando solos a los rubios –Ya voy a entrar, nos vemos Arnold –El joven la detuvo, necesitaba saber que aún tenía una esperanza de recuperarla, de rescatarla de las manos de aquel chico que no le causaba ninguna confianza.

-Helga, ¿Aun me amas?

La rubia sonrojada sonrió -¿Qué te parece si lo averiguas por ti mismo? Tal vez te sorprenderías más.

-Eso es me agrada

-Nos vemos

-Descansa –Se acercó y le dio un suave beso en sus labios, después dio media vuelta y se fue dejando a la rubia al borde del desmayo, pues pese a todo Arnold seguía ahí, pese a que ella siguiera en contra de su voluntad con Edward, el seguía ahí; entro a su casa y de pronto toda la felicidad que sintió, ese momento en el cielo, desapareció cuando ingreso a la casa.

-¡Papa!


hola queridos lectores

primero que nada muchas gracias por leer mi fic y espero que les siga gustando :D

MacaG26 holi una enorme disculpa porque no me habia llegado la notificacion de tu review anterior no se porque de pronto lo hace y ya no leo todos los reviews hasta que ingreso aqui :(

pero me alegra que te este gustando y tienes mucha razon respecto a edward y sonia, pero aun falta algo que la orillara por el mal camino jejeje no solo por culpa de edward claro ;D

espero te siga gustando :D

saludos