Hola!
Los personajes le pertenecen a la gran S. Meyer y la historia es de Nicholas Sparks... Yo solo me divierto con la adaptación.
Capitulo 13
El día era una verdadera mierda. Había empezado como una mierda, y la tarde también había sido una mierda, incluso el tiempo era una mierda.
Jasper se sentía como si se estuviera muriendo. Llevaba horas lloviendo, tenía la camisa completamente empapada y, por más que lo intentaba, no podía controlar los temblores que se alternaban con los ataques de sudor.
Por lo que podía ver, Emmet tampoco tenía mejor aspecto que él. Al salir del hospital, apenas había sido capaz de ir hasta el coche por su propio pie. Pero eso no le había impedido dirigirse directamente hacia el cuarto trasero de su madriguera, donde guardaba todas las armas. Habían cargado la furgoneta antes de dirigirse a la casa de Carlisle.
El único problema era que allí no había nadie. Había dos coches aparcados en la explanada, frente a la casa, pero ni la más leve señal de vida. Jasper sabía que Edward y la chica regresarían. Tenían que hacerlo, porque habían dejado los coches allí aparcados, así que él y Emmet decidieron separarse para poder vigilar mejor, y se prepararon para esperar.
Y esperaron. Y esperaron más.
Por lo menos llevaban dos horas vigilando cuando empezó a llover. Otra hora bajo la lluvia, y entonces comenzaron de nuevo los espasmos. Cada vez que temblaba, se le quedaban los ojos en blanco por el dolor en el vientre. ¡Por Dios! Se sentía como si se estuviera muriendo. Intentó pensar en Alice para distraerse, pero lo único que consiguió fue preguntarse si ese tipo se pasaría de nuevo por el bar aquella noche. La idea lo sulfuró tanto que se puso a temblar aún más, y entonces empezó a sudar.
Se preguntó dónde diantre estaba Edward y qué diablos hacía él en ese maldito sitio. No sabía si creer lo que Emmet le había contado sobre Edward —de hecho, estaba bastante seguro de que se lo había inventado—, pero, al ver la expresión en la cara de su hermano, decidió mantener el pico cerrado.
Era evidente que Emmet no pensaba tirar la toalla. Por primera vez en su vida, Jasper tuvo miedo de cómo podría reaccionar si le decía que se largaba a casa.
Entre tanto, Alice y ese payaso estarían probablemente en el bar, flirteando y riendo como un par de idiotas. Solo con imaginarlos juntos, se le aceleró el pulso.
La lluvia arreció, y por un segundo estuvo seguro de que se iba a morir. Pensaba aniquilar a ese tipo, y después asegurarse de que Alice comprendía las reglas.
Pero primero tenía que acabar con ese mal rollo familiar, para que Emmet pudiera ir con él y ayudarlo, porque Jasper no estaba en condiciones de encargarse solo de ese tipo.
Pasó otra hora y el sol empezó su lento descenso por el cielo. Emmet estaba a punto de vomitar. Cada vez que se movía, notaba como si la cabeza le fuera a explotar, y le escocía tanto el brazo debajo de la maldita escayola que sentía ganas de arrancársela de cuajo. Apenas podía respirar, con la nariz tan hinchada, y lo único que deseaba era que Edward apareciera de una puñetera vez para acabar con él de una vez por todas.
Le daba igual si doña Jefa de las Animadoras estaba o no con él. El día anterior le preocupaba que pudiera haber testigos, pero ahora ya no. Se la cargaría también y luego la enterraría. Quizás en el pueblo la gente creyera que se habían fugado los dos juntos.
Pero ¿Dónde demonios estaba Edward? ¿Dónde se había metido durante todo el maldito día? ¿Y con esa lluvia? Tarde o temprano, regresaría. Al otro lado de la explanada, Jasper tenía aspecto de estar muriéndose, con la cara totalmente verde, pero Emmet no podía hacerlo solo. No con una sola mano, mientras su cerebro parecía una centrifugadora dentro de su cráneo. ¡Por Dios! Le dolía incluso respirar y, cuando se movía, se sentía tan mareado que tenía que aferrarse a algo para no darse un porrazo contra el suelo.
A medida que la oscuridad se extendía y la niebla iba ganando terreno, continuó diciéndose a sí mismo que ese par volverían en cualquier momento, aunque cada vez le costaba más convencerse de ello. No había probado bocado desde el día anterior. La sensación de mareo se iba agravando.
Eran las diez de la noche y todavía no había ni rastro de ellos. Luego, las once, y después, medianoche, con las estrellas entre las nubes, como un manto de luces titilantes sobre sus cabezas.
Emmet estaba entumecido y tenía frío, y de nuevo empezó a sentir arcadas. Entonces empezó a temblar incontrolablemente, incapaz de entrar en calor.
La una de la madrugada y todavía ni rastro de esos pájaros. A las dos, Jasper se acercó trastabillando; apenas se tenía en pie. Por entonces, incluso Emmet sabía que no iban a volver aquella noche, así que los dos hermanos se dirigieron bamboleándose hacia la furgoneta.
A duras penas recordaba nada del trayecto de vuelta hasta la propiedad familiar, ni cómo él y Jasper se habían aferrado el uno al otro mientras ascendían por la cuesta hasta sus casas. Lo único que recordaba era el sentimiento de rabia cuando se derrumbó sobre la cama. Después todo se volvió negro.
Este par da miedo... de la que se salvaron por quedarse una noche en el pequeño paraíso.
Gracias por leer.
Besos!
