El sol estaba por salir, la suave luz antes del amanecer ya iluminaba toda la mansión. Los sonidos de la mañana se podían escuchar dentro de la mansión, acompañados del sonido de unos pasos bajando las escaleras y el balbuceo de un bebé.

Draco ya estaba acostumbrado a despertar mucho antes que el resto, gracias a Scorpius.

–"Dormía poco y tomaba mucho café", debería ser mi lema, ¿No Scorp? – Scorpius lanzó un chillido agudo de alegría.

-Baja la voz, no todos despiertan tan temprano como tú y yo- El bebé le entendió porque dejó de chillar para poner su dedo pulgar en su boca.

Draco suspiró y lo dejó en su sillita alta ahora que habían llegado a la cocina. Estaba cansado de intentar quitarle ese gesto y que él no cooperara.

En algún punto de su vida, Draco se había acostumbrado a hacer algunos quehaceres antes de que el elfo de la casa llegara a hacer las labores. Justo pensaba en las legislaciones mágicas mientras preparaba la tetera para cuatro personas.

-¡Buenos días!- Theo entraba por la puerta aún somnoliento. Scorpius volvió a soltar un chillido de alegría al verlo.

Draco le lanzó un hechizó para evitar que se cayera de la sillita. –Theo, no lo emociones tanto- y se subió los lentes con un dedo.

-Yo no tengo la culpa de que me quiera más que a ti, ¿verdad amigo? - Theo le dio un beso en la coronilla y se dispuso a mover escandalosamente los platos en una alacena grande como un closet sin puertas. Draco rodó los ojos y conjuró un hechizo para tostar pan.

Cuando todos habían quedado de acuerdo en vivir en Surrey, notaron que tampoco les molestaba la idea de vivir juntos; así que después de varias reuniones legales y administrativas, se encontraron viviendo en un piso distinto de la misma mansión.

Minutos después también entraron Pansy y Blaise, ambos combinados con batas de seda negras que les llegaban casi a los pies. Pansy leia El Profeta mientras Blaise cuidaba que no fuera a tropezar.

Draco se ajustó los anteojos para ver cómo la cocina se llenaba de gente

-¿Noticias interesantes Pansy?-

Pansy no respondió enseguida sólo se recargó en la isla de la cocina, inmersa en la lectura del diario.

-Si, Weasley desapareció.

Todos voltearon a verla con ojos llenos de dudas.

–¿Cuál de todos los Weasleys? - preguntó Theo.

-Ronald Weasley- Dijo mientras Blaise miraba el periódico sobre su hombro.

–Lideraba la caza de Dolohov. Yo esperaba que hubiera muerto hace años ese cretino- Dijo Blaise sin dejar de leer el periódico. Theo, con los platos en las manos, ya se había unido a Blaise.

Draco, ajustando los anteojos por la mitad, se acercó también para leer. Pansy le dejó el periódico a Blaise para ocuparse del desayuno que Draco había dejado incompleto.

- Recuerdo bien a Dolohov, ese maldito cretino utilizaba mi alcoba para torturar gente- Murmuró Draco.

Blaise se encogió de hombros y le pasó el periódico a Theo, quien no dejaba de devorar con los ojos la noticia. –Pues ese maldito cretino odiaba dejar vivas a sus víctimas. No espero que encuentren vivo a Weasley.

Pansy volteó a verlo enojada y Blaise se repuso de inmediato –Cariño no es algo que le desee a Weasley, pero conocemos a Dolohov.

Theo, quien no había hablado desde que empezó a leer el periódico, dijo –Olvidemos por un momento el tema mientras desayunamos. ¿Narcissa no vendrá a desayunar?

Draco le respondió –No, dijo que estaba muy cansada para bajar. Necesito que vuelvas a vigilar sus comidas Theo- el aludido asintió muy serio. Draco también dejó de leer y se concentró en hacer el desayuno de su hijo.

Blaise de pronto se puso muy serio, volteó a ver a Pansy, quien solo asintió. Draco había notado ese intercambio de miradas.

-Si tienen que decirnos algo, hablen-

Blaise tomó un sorbo de su taza antes de hablar –Eh… Pansy y yo vamos a tener un hijo.

Theo gritó de alegría y Draco se quedó ahí, sordo de ambas orejas.

- ¡¿Cuándo iban a decirnos?!- Theo se lanzó para abrazar a la pareja, quienes se mostraban incómodos con la exagerada demostración de felicidad de Theo.

-Pues justo hoy cumple dos meses de embarazo y quisimos decirlo ahora porque necesitaremos de tu ayuda Draco.

-Me imagino que quieres cuidar a Pansy durante el embarazo; creo que entre Theo y yo podremos sacar adelante la empresa.

Pero Blaise ya estaba negando –No, Pansy me ha señalado que la sucursal del Caribe Americano no está dando los resultados que debería. Es un lugar muy clásico para pasar las vacaciones y muy pocos magos quieren ir a ese destino. Sabemos que las costas griegas, la costa de Australia, el Pacífico y Madagascar tienen muy buena afluencia de turimagos, pero si no incrementamos el flujo de turimagos, tendremos que cerrar esa sucursal.

- ¿Entonces qué quieres hacer? -

-No es una orden, queremos que lo pienses bien y nos digas la otra semana- Draco asintió sin entender qué querían que hiciera. Sabía bien que la condición financiera de esa sucursal no era la mejor, pero tenía esperanza que a largo plazo recuperaran la inversión, como había sucedido con la sucursal de las costas griegas, que había sido la primera que había abierto juntos.

–Queremos que te mudes a la costa americana.

El silencio que siguió a esa declaración fue interrumpido por Theo.

-Wow amigo, van a reemplazar a tu papá con un bebé nuevo- Scorpius volvió a chillar de emoción.

Blaise, Pansy y Draco rodaron los ojos.


Como cada tres meses, Theo emprendió el rumbo al ministerio para la renovación de los trasladores y sus permisos internacionales correspondientes para todos los destinos turísticos del consorcio.

Los demás dejaban con mucha alegría que se ocupara de los trámites burocráticos, sin embargo lo que era un trabajo tedioso para los demás, para él era un dia de campo; uno donde platicaba con casi todas las secretarias que le susurraban secretos de casi cualquier persona que posara un pie en el ministerio.

Un fuerte viento acompañado de una ligera y fría brizna le dio la bienvenida en cuanto salió de su lugar común de aparición, un callejón detrás de una antigua fábrica de colchones. Se fijó bien que ningún muggle hubiera estado cerca para verlo, se acomodó el cuello de la gabardina y salió caminando con dirección a su cafetería favorita.

No era el mejor café del mundo, la verdad es que ni sabía sobre café, pero tenía puesto el ojo en uno de los baristas y una propuesta para esa noche.

Aquella noche lo que menos quería era pensar que su familia se podría desintegrar dentro de poco.

Avanzó lo más rápido que pudo, tenía menos de una hora para llegar, coquetearle un poco, sacar el tema y llevarse por respuesta un si. Pero las fantasías subidas de tono sobre lo que pasaría al final de la cita se vieron interrumpidas cuando escuchó, en medio de una calle de un barrio muggle, su nombre.

-Hola Theodore Nott- Se detuvo bruscamente y buscó a su derecha la fuente de la voz pausada y la vió, resguardandose bajo un paraguas amarillo, una rubia con una gabardina del mismo color.

-¿hola?- Sentía que había visto antes esos ojos de azul profundo que lo miraban como si no tuviera donde esconderse.

-Soy Luna Lovegood,quizás me recuerdes mejor por luná…- pero él la interrumpió con sólo levantar la mano; ahora recordaba, jamás quiso usar ese apodo y no iba a empezar ahora. Era un Slytherin, un hijo de mortifago y durante su estancia en Hogwarts solo habló con los necesarios, pero el apodo de Lunática siempre le pareció cruel.

Luna avanzó hasta donde él se había detenido y le dio un beso en la mejilla; él empezó a sentir cómo sus mejillas se ponían calientes. Sólo pudo atinar a sonreír a medias.

-¿Qué haces en este barrio? no parece propio para tí- Si Luna había visto su nerviosismo, no parecía importarle tanto como el misterio de su presencia en un barrio muggle, como si aún tuviera prejuicios de sangre.

-Yo... iba de camino al ministerio- No supo porqué había evitado decir que antes pasaría a la cafetería, lo que sí es que de pronto su gabardina le estorbaba.

Luna sonrió de una manera que a él le pareció dulce -Creo que tomaste el camino más lejano, si quieres podemos ir juntos- Theo asintió y le ofreció su brazo.

-Gracias Theo, siempre supe que eras muy amable. Espero que no hayas tomado a mal mi comentario, es sólo que creo que estarás acostumbrado a barrios de lujo- Su declaración lo había dejado casi atónito y abrió los labios para decir algo, pero un gracias no creía que fuera lo correcto, así que solo la miró y volvió a sonreír a medias.

Caminaron lo más pegado uno al otro que pudieron bajo el paraguas amarillo de Luna -¿Que haces tu por aqui?-

-También voy hacia el ministerio, voy a visitar a Hermione- La sonrisa dulce y cálida fue reemplazada por una expresión de tristeza inmensa; Theo recordó de golpe el artículo en el periódico de aquella mañana. "Ronald Weasley, muerto en vida", en su opinión Barnabas Cuffe Jr. era un idiota y merecia que lo golpearan en la cara por haber permitido que semejante título desprovisto de sensibilidad hubiera sido aprobado.

Ambos se detuvieron en una esquina, esperando la luz roja en el semáforo para poder atravesar -¿No crees que deberías pasar a su casa primero? no creo que a Granger se le ocurra venir a trabajar desde lo que pasó con Weasley.

Luna lo miró y sonrió -Tu no la conoces, pero ella jamás dejaría sus responsabilidades, aunque eso signifique que tenga que dejar la vida en ello- Por alguna razón creyó que en esa frase guardaba más cosas que un significado simple, pero no quiso insistir más; vaya, que lo hubiera reconocido en la calle y que fuera colgada de su brazo no significaba que se iba a volcar en confesiones de intimidades, cuando en el colegio jamás se dirigieron la palabra.

No volvieron a hablar hasta que estuvieron en el atrio del ministerio.

-Espero que todo salga bien con Granger- el calor incómodo por todo el cuerpo aún no se había ido, ni tampoco los retortijones en su estómago.

-Gracias Theodore, espero que puedas resolver tus asuntos en el ministerio- Nuevamente sin pedir permiso (aunque tampoco se lo hubiera negado), volvió a darle un beso en la mejilla -¡Hasta pronto!- se despidió, avanzando entre la gente con su gabardina amarilla y su sombrilla a juego.


Hermione estaba tan concentrada en la carta que estaba escribiendo, que no escuchó cuando tocaron la puerta. Cuando levantó la vista, Luna estaba cerrando la puerta.

-Hola Hermione, tu secretaria me dijo que pasara.

Hermione le sonrió y asintió; la delgada rubia dejó su sombrilla amarilla en la cesta junto a la puerta y se dirigió hacia una de las cómodas sillas con respaldo y descansa brazos forrados en terciopelo rojo.

-Leiste el profeta de hoy- La castaña murmuró tan bajo que otra persona habría pensado que hablaba consigo misma.

Luna se encogió de hombros mientras buscaba en su bolso que traía escondido entre su gabardina, siguió a Hermione con la mirada cuando se levantó a dejar la carta con su secretaria y no pudo dejar de notar que su mirada, su postura y su caminar eran lúgubres. No había rastro de la heroína de guerra que ella recordaba.

Cuando regresó, Hermione se dejó caer en la otra silla, al lado de Luna y sonrió. Luna le extendió un termo y un paquete en una bolsa de papel.

-Traje té y bizcochos de tu cafeteria favorita- Hermione tomó ambas cosas y las contempló, Luna alzó la mano para acariciar su mejilla. -No tienes que esforzarte si no lo sientes. Estás segura aquí conmigo.

La castaña pareció quitarse un peso de encima de los hombros y lució más cansada y frágil de lo que ya parecía.

-Kingsley me ha sugerido un año sabático- Luna asintió, comprendiendo a la perfección lo que significaba para ella.

-Tu trabajo ha sido muy importante para el ministerio y la comunidad mágica. Necesitas este tiempo para dedicartelo a ti y a Rose-

Los ojos miel de la castaña parpadearon un par de veces para ahuyentar las lágrimas que querían salir de sus ojos; seguía contemplando el termo y el paquete de papel que tenia entre sus manos.

Su voz quebrada la traicionó, como si creyera que Luna no se había dado cuenta de nada. -¿Soy egoísta si esperaba que me consolaran a mi, en vez de hacerlo con Molly?

Luna la tomó de las manos -No es egoísta esperar empatía, la última persona que podría describir como egoísta, serías tú.

Ambas se quedaron calladas. En los últimos años, habían desarrollado un vínculo muy especial donde no necesitaban palabras para explicarse lo que pasaba.

-Lorcan y...

-Están con mi papá ayudando a escribir el siguiente número del quisquilloso.

Hermione sonrió por primera vez. -Pensé que los dejarías con Rolf- Luna negó con una sonrisa -Rolf necesita tiempo para escribir su libro de plantas mágicas.

Ambas asintieron y entonces Hermione decidió que ya era hora de desayunar.


Ya era casi la hora de la comida cuando Theo pudo dirigirse a las chimeneas del ministerio. El papeleo le llevaba por mucho una hora, pero hablar con sus amigas del ministerio era algo que simplemente no podía dejar de hacer. Aunque no tuviera nada que hacer en el ministerio, Theo iría de igual forma a visitarlas, o simplemente les enviaba regalos en sus cumpleaños y navidad.

Estando junto a la fuente, se dio cuenta que Luna también estaba dirigiéndose a las chimeneas y un impulso lo hizo correr hasta donde estaba ella.

-¡Luna!- La aludida volteó y sonrió. Theo volvió a sentir sus mejillas calientes.

-Hola de nuevo. ¿Pudiste terminar tus trámites?

El carraspeo de un mago ya entrado en años, los hizo retirarse de las chimeneas. Un mago canoso y con túnica verde miró de mala forma a Theo antes de entrar a la chimenea a la que Luna se había dirigido.

-Si, todo ha estado bien- Las secretarias ese día se habían dedicado exclusivamente a hablar sobre Granger y Weasley y no podía evitar sentir compasión por lo que estaba atravesando.

La mirada de Luna adivinó aquello y de pronto Theo sintió que haberla buscado había estado totalmente fuera de lugar; porque, ¿quién era él? ni siquiera recordaba que alguna vez hubiera cruzado un saludo amistoso con Granger o con Lovegood, pero la pregunta de la rubia lo sacó de sus pensamientos -¿estarías de acuerdo en ir al callejón diagon en este momento?

Theo volvió a asentir sin saber muy bien por qué y ambos se dirigieron a la chimenea que los llevaría al callejón Diagon.

Un lugar discreto junto a Gringotts fue el lugar ideal; a la hora de la comida, el caldero Chorreante era el lugar más concurrido y aquella pequeña tienda de té, quedaba fuera de la vista de los transeúntes.

Un par de horas después Theo se sentía muy confundido. Siempre había estado seguro de sí mismo; no tenía dudas de su sexualidad, los ocasionales amantes que había coleccionado a través de los años, la certidumbre de que un día encontraría a ese hombre que lo amaría como a él le gustaba, incluso buscó entre los pocos comensales que les acompañaban en el establecimiento, alguno que encajara con sus gustos para cerciorarse de algo que ya tenía muy seguro.

No podía dejar de sentirse atraído por aquella rubia de ojos grises y ensoñadores. La mirada acerada de Draco nunca tenía esa calidez, que ella parecía emanar en cada mirada que le lanzaba cuando levantaba su taza para beber. Evitaba con cuidado sentir celos de Rolf, pero no podía dejar de pensar que era un tipo con mucha suerte.

-Hermione es mi amiga y me duele mucho que esté guardando su dolor para que el dolor de Molly sea más visible.

Theo tampoco entendía muy bien porqué los Weasleys habían hecho a un lado a Granger si era la esposa y aunque su madre hubiese perdido dos hijos a manos de personas con las que alguna vez estuvo vinculado, por lo que Luna estaba contando, Granger no estaba guardando su dolor, estaba guardando rencor. ¡Merlín! si hasta él estaba empezando a sentir rencor.

Lo sorprendió la mano de Luna cubriendo su hombro unos segundos antes de que él lo retirara bruscamente.

Se sintió como un idiota y trató de explicarse -No quise ser grosero, pero no estoy acostumbrado al contacto. No con todos.

Luna le dio una de esas sonrisas que encendían sus ojos con un cariño que jamás alguien le había proporcionado. Bueno, Scorpius sí que lo había hecho.

-Esta bien, siempre hay cosas que debemos desaprender y volver a aprender de una manera distinta. ¿Es algo que trajo la guerra para ti?

No quería hablar de eso y ella lo captó al instante -¿Es algo normal para ti usar legeremancia sin autorización?- le preguntó un poco irritado, tomó un sorbo de té al saber que la pregunta no había sido bien formulada, pero ya lo había hecho. Ni hablar.

-Yo solo observo, el resto de la gente mira.

Aquella frase había sido muy profunda para esa conversación y volvió a retomar el tema central.

-¿Por qué me cuentas todo esto de Granger? creo que sería mejor si lo hablaras con alguno de sus amigos. Ellos podrían ayudarte mejor.

Ella suspiró y su tristeza parecía lavar todo el color que los rodeaba.

-¿A quien le digo? Harry ha maniobrado con medio ministerio para que no la jubilen por adelantado, su rendimiento como directora de seguridad mágica ha bajado y no ha sido cosa de risa para el ministro. Ginny y Fleur la ayudan con Rose, y yo vengo para cerciorarme de que no tenga un colapso - Cuando finalizó, se tapó la cara con sus manos y dejó caer los codos en la mesa.

Era una escena casi extraña, Luna Lovegood, parecía derrotada y no tenía ni la menor idea de cómo ayudarla.

-Calma Lovegood, pensaré en algo para ayudarla.

Luna levantó su mirada que lucía esperanzadora -¿En serio? jamás podría pagarte este favor.

Theo se removió en su silla, incómodo -Bueno, de hecho pienso que si puede haber una forma para que me pagues este favor.

"pareces un adolescente caliente". Había sonado totalmente inapropiado y podía ver un ligero rubor coloreando sus blancas mejillas.

-¡No! no quise decir… quise decir… no es lo que piensas…

Luna volvió a intentar poner su mano sobre su hombro y esta vez no se quitó.

-No pensé nada malo, simplemente sonó mal. ¿Cómo quieres que te pague este favor?

En el fondo había querido decirlo, simplemente porque era así, le gustaba jugar con sus prospectos, lanzar indirectas, tentar hasta que cayeran en su juego. Pero con Lovegood no podía hacerlo, estaba mal, fuera casada o no. Asi que no dejó de sentirse idiota aunque ella tratara de suavizar el tema.

-Jamás podrás decirle que yo le he hecho el favor. Nunca.

Luna lo miró con sus ojos grises por un largo rato, él no bajó la mirada.

-¿Tiene algo que ver con deudas de la guerra?

Theo asintió -Algo así.

Luna no insistió, pero supuso que más adelante, cuando tuviera más confianza, podría hablar sobre sus secuelas de la guerra.


La oficina del único consorcio turístico internacional para magos se encontraba en el Soho en una casa de dos pisos que parecía muy estrecha por fuera, pero por dentro tenían todas las oficinas necesarias para cada una de las sucursales turísticas.

Draco era el encargado financiero del consorcio y su oficina, contrario a lo habitual, se encontraba en un caos. Draco había estado hablando con su madre y a ninguno de los dos les pareció una mala idea el caribe americano. Sólo iban a ir por tres años.

Hoy iba a entregar los balances y la oficina para que Pansy la ocupara en lo que regresaba.

-¿Tienes tiempo?- La cabeza de Theo se asomaba por el marco de la puerta. Draco sin voltear a ver le indicó con la mano que pasara.

-¿Quieres ayudarme a acomodar las cajas? son los balances de los últimos años de la sucursal del Pacifico.

Entre los dos fueron acomodando cajas de papeles al fondo de la oficina.

-Creo que siempre has hecho un buen trabajo con las finanzas- Dijo Theo cuando al fin pudieron sentarse en la pequeña sala de piel de dragón.

Draco estaba exhausto, se ajustó los lentes y apareció una jarra con cerveza de mantequilla.

-¿Cómo te fue en el ministerio?- Draco le dio un gran sorbo a su cerveza de mantequilla, esperando la respuesta de Theo.

Theo desestimó la pregunta con la mano -ese trabajo podría hacerlo por lechuza si quisiera. Voy porque necesito alimentarme de mis hadas- Theo sonrió ampliamente, Draco rodó los ojos.

-Pero en serio. Hoy no platicaron más que el tema del momento. Weasley y Granger.

-Ambos son Weasley- corrigió Draco mientras se volvía a servir cerveza de mantequilla.

-Claro, pero me gusta más como suena Granger- dijo Theo quien empezó a beber de su primer vaso de cerveza.

-Llevamos una semana con ese tema y el profeta no deja de lanzar titulares sensacionales- Dijo Draco con una mueca de asco en la cara. Theo asintió y continuó-me dan ganas de vomitar con su idea de titulares creativos. Sin embargo hubo alguien distinto el día de hoy.

Draco lo miró y asintió para que continuara.

-Me encontré con Luna Lovegood.

El rostro de Draco se oscureció. Jamás olvidaría la estancia de la rubia en los calabozos de su antigua mansión.

Theo continuó, conociendo la razón de la incomodidad de su amigo. -Bueno, me contó lo que de verdad pasa con Granger. Draco, quiero hacer algo por ella, en verdad está mal.

Draco volvió a oscurecer su mirada. Había deudas invisibles que nunca terminaría de pagar y que no tenían que ver con el dinero. Sabía que si un día tuviera que ayudar a alguno del trío dorado, lo haría sin pensarlo, pero a escondidas.

-¿Qué piensas hacer? ¿Qué podemos hacer?

Pero Theo se encogió de hombros -No sé y por eso vengo a pedirte ayuda. Quiero ayudarlas.

Después de algunos minutos en silencio a Draco se le ocurrió algo. -Podríamos regalarle una estancia en cualquiera de los resorts.

Theo sopesó la idea y pareció gustarle -Hasta donde tengo entendido, quieren jubilarla. Podría ser de ayuda.

Draco abrió los ojos y casi se levanta de su asiento -Eso la mataría. Cualquiera que conozca a Granger lo sabe.

Theo asintió -Sí y Potter está haciendo lo posible por evitarlo, si logra que ella acepte un año sabático. No sé Draco, Granger nunca me simpatizó y sin embargo, quisiera ayudarla a como dé lugar; Lovegood dice que casi toda la familia la ha dejado sola por consolar a la madre de Weasley.

Draco sintió sintió cómo dos líquidos de diferentes densidades quisieran mezclarse dentro de él. Primero el enojo de saber que nadie estaba ayudándole, sobre todo cuando el profeta estaba monetizando con su dolor y su estatus de heroína de guerra. Después sintió empatía al saber que no solo él se sentía solo.

Entonces más que nunca quiso ayudarla.

-La vamos a ayudar, pero necesito que hagas todo lo posible porque no se entere que fuimos nosotros.

Theo asintió -Esa fue la condición que le puse a Lovegood.

-Bien, entonces tenemos que hablar con Pansy y Blaise esta noche.


¡Hola!

A veces pienso que nadie esta leyendo esta historia, a veces pienso en dejarla y otras veces pienso que es una deuda que tengo conmigo por no haber publicado esta historia en su momento. He tenido buena inspiración pero mi autosaboteo y depresión me ganan; pero no siempre.

Espero que les guste la historia y si les gusta no olviden dejar su amor.