El día había llegado finalmente y la noche previa casi no había dormido, demasiado preocupada con lo que pasaría y era justo por eso que me encontraba con los ojos abiertos desde el amanecer, contemplando el techo de mi habitación, procesando que esa sería la última vez que lo vería en mucho tiempo, casi un mes si los vientos favorecían al barco.
Quizá estaba tomando una decisión precipitada pero ya estaba hecha, primero era mi deber a Narnia, y segundo, estaba convencida de que me ayudaría a olvidarme de Peter, bueno, al menos en el aspecto romántico porque si de algo estaba segura es que nunca podría dejar de importarme por más que me empeñara en eso.
El día previo cené con mis amigos, incluido Peter, que se la pasó en silencio todo el tiempo que estuvimos juntos, cosa que en verdad me dolía, pero no sería yo quien diera el primer paso, él fue quien estuvo mal.
Al cabo de un rato llegó Talise, me levanté de la cama y di inicio a mi último día en Cair Paravel. Me vestí con ropa adecuada para navegar la cual mi dulce amiga dríada había dejado fuera de mi baúl para hoy ya que este se encontraba listo desde ayer para el viaje. Recogió mi cabello en diversas trenzas que se iban entrelazando unas con otras, siempre insistía en peinarme de diferentes formas y como no nos veríamos por una temporada pensé que sería lindo, además ella tenía la costumbre de cantar mientras lo hacía, y si alguna vez han escuchado a una dríada comprenderían lo único que era eso.
Terminé preparativos, desayuné en mi habitación y en ese momento, finalmente me encontraba en la playa, esperando a mis reyes y mientras lo hacía observaba el majestuoso barco en el que viajaría; en el mástil tenía una bella talla del farol donde todo comenzó.
–¿Sabes? Ese árbol siempre me pareció raro – detrás de mi escuché a Bran y sonreí, volteando con ella.
–No es un árbol– reí viéndola acercarse.
–Ya se, "farol" – para gracia mía enfatizó la palabra como si le fuera extraña–tú y los reyes se han encargado de establecer eso, pero para mí siempre será un árbol raro– aseguró volviendo de nuevo la vista al mástil.
–Te voy a extrañar mucho– admití con una sonrisa nostálgica a sabiendas de que podía quitar mi cara de "estoy bien" con ella viendo a otro lado.
–No tenías que ofrecerte a ir– se acercó un poco más y me arrodillé para quedar lo más posible a su altura.
–Sabes porque lo hice, soy la mejor opción– comencé a explicarle de nuevo manteniendo mi voz neutral.
–Lena, sabes que no soy tonta, no intentes engañarme, te conozco tal vez los reyes decidieran no presionarte para que dijeras la verdad y aunque sé que eres leal a Narnia y a Aslan, también sé que tienes otro motivo – desvié la mirada- un motivo con nombre y varios títulos.
–No me juzgues, por favor, Bran, trata de entenderme, lo mejor es distanciarme, lo que siento comienza a interferir con mi deber– apreté mis manos en puños sobre mis piernas profundizando cada respiración y volviéndome consciente de ello para no romperme. Era obvio que ella no se creería mi razón a medias.
–Solo lo hace porque no le has dicho nada, Helena, escucha, eres la única persona en todo este castillo que no parece darse cuenta de que el Gran Rey siente más que solo una amistad por ti– me dio un toque con la nariz intentando convencerme, pero me negué a verla.
–Te equivocas, lo conozco mejor que tú y sé que no es ese el caso, no ayuda que intentes darme esperanzas, al final si me permito creer eso me dolerá más– la escuché suspirar y luego colocó una pata sobre una de mis manos.
–Eres demasiado terca, solo espero que cuando vuelvas no sea demasiado tarde y te arrepientas de no haberte dado cuenta antes– quitó la pata y yo alcé la vista para verla. Ojalá pudiera creerle, pero sé que se equivoca, Peter se porta igual que siempre, bueno, al menos lo hacía hasta antes de la pelea.
–Te aseguro que para cuando vuelva me habré olvidado para siempre de esto que siento, volveré a mi yo de siempre y todo este drama será como si nunca hubiese pasado– le sonreí con un poco de tristeza antes de ponerme de pie al ver como llegaba el resto de mis amigos.
Me despedí de Glenwood, Cypress, Talise, los castores, el señor Tumnus y Rowtag, a quien le dije que dejara de hacerse el tonto y hablara de una vez por todas con Branwen en vez de hacerla enfadar siempre por portarse como un cachorro. Su respuesta fue muy apropiada para él ya que solo sonrió de lado y me dijo que lo consideraría. Ese zorro era todo un caso, pero era perfecto para mi amiga.
Después de mis amigos narnianos, pasé a despedirme según las formalidades de los Pevensie aunque claro, no me había terminado de enderezar tras mi reverencia cuando las chicas me envolvieron en un poderoso abrazo, una a cada lado mío.
–Más te vale volver con bien, ¿de acuerdo?– la mirada firme de Su me encontró, hablando con autoridad; haciéndome sentir pequeña a pesar de que ella era más joven que yo; a lo que asentí y entonces apareció su ya tan conocida sonrisa, satisfecha con mi respuesta.
–Te prometo que a mi regreso tendré cientos de historias para contarte– me dirigí a Lu que en ese momento me veía con ojos bien abiertos aunque con menos brillo al de siempre.
–Solo vuelve– me volvió a abrazar con más fuerza como si algo en ella temiera que yo no lo hiciera– y cuando lo hagas arregla las cosas con Peter ¿sí? Quizá no lo parezca pero también le duele estar mal contigo, lo sé, solo que es igual de cabeza dura que tu- finalmente me regaló una sonrisa traviesa muy parecida a la sabelotodo que era tan propia de Susan; no sé qué otra cosa esperaba sí sé que son hermanas.
–Está bien, cuando vuelva, concuerdo contigo en que tenemos que hablar bien pero ahora no hay tiempo para eso– me separé de ella asintiendo en afirmación a mis palabras. Confiaba en que para cuando volviera mis sentimientos se habrán apagado permitiéndome volver a nuestra amistad como si nada, ya sin sentir esa horrible presión en el pecho que me había estado carcomiendo desde el baile.
Después de eso le di unas palmadas a Ed en el hombro, bromeando y con más fuerza de la necesaria ganándome una mueca por su parte a la cual reí, me hubiera gustado un abrazo de su parte pero el pelinegro seguía sin ser fan de las demostraciones físicas de afecto.
–Si quieres puedes quedarte en Doorn– reí de nuevo por su comentario mientras intentaba parecer molesto hasta que al fin lo vi sonreír de lado– bien, solo bromeo, aunque definitivamente no extrañaré que me molestes.
–Ya verás que si lo harás, además soy quien más batalla puede darte en ajedrez, te haré más falta de lo que crees– repliqué guiñándole un ojo dando fin a nuestro intercambio, siempre había sido así el trato entre nosotros dos.
Llegó finalmente el momento en el que no sabía cómo comportarme, puesto que solo faltaba Peter que me miraba con seriedad. Clavé mis ojos en la arena bajo mis botas, jugando distraídamente con la empuñadura de mi espada, asegurándome de que estuviera bien acomodada. Vamos Helena, ya estas grande para portarte como una niña regañada, alza la cara y voltea a verlo. Lo vi a la cara y luego de ver esos ojos azules que tan bien conocía, mirarme inmutables, sentí el picor en mi nariz y ojos típico de cuando las lágrimas quieren aparecer. Parpadeé varias veces ahuyentando la molesta agua salada, asentí en su dirección, otra reverencia y me di la vuelta, comenzando a caminar al barco.
–¡Lena! – mi corazón se detuvo en ese instante, era la primera vez desde nuestra pelea en que me llamaba por ese diminutivo y hasta ese momento no me había dado cuenta de que lo había extrañado tanto. Volteé y vi su expresión suavizarse, mandíbula relajada y esos ojos que tanto quería eran tan calmos como siempre lo fueron– buen viaje– levantó la mano despidiéndose y yo lo imité sin poder contener mi gran sonrisa, que por primera vez en semanas me jalaba toda la cara. Solo espera a que vuelva Peter, te prometo que volveremos a la normalidad, sanaré y me voy a desenamorar.
Volví a avanzar, esta vez más segura, sin mirar atrás, confiando en que mi viaje sirviera tanto para Narnia como para mí.
Una semana después
Gritos me despertaron a mitad de la noche, abrí los ojos justo a tiempo para ver a un enano alarmado entrar a mi camarote; y no cualquier enano sino el contramaestre.
–Beldrum, ¿qué está pasando?– me puse de pie, colocándome en un parpadeo una bata y mis botas, lista para lo que fuera que estuviese pasando afuera.
–Lady Helena, se desató una tormenta y nos está arrastrando, no se ve nada y solo queda esperar a que pase, por favor no vaya a salir miladi– trató de calmarme pero su semblante no le ayudaba y los gritos aumentaron así que el que debía ser mi siguiente movimiento estaba claro.
Sin pensarlo demasiado, salí corriendo a intentar ayudar y me alegraba de haberlo hecho porque justo encontré a nuestro capitán luchar por amarrar a otros tripulantes al mástil para evitar que la tormenta se los llevara. Corrí a ayudarle justo en el momento en que una enorme ola azotó contra el barco y me empujó a la orilla de éste, otra ola nos golpeó y caí por la borda.
Luché por llegar de nuevo a la superficie, amortiguada por el agua igual logré escuchar como llamaban mi nombre pero la fuerza del mar no me dejaba subir a tomar aire. Poco a poco las reservas de mis pulmones se agotaron, la cabeza comenzó a dolerme, el cuerpo a pesarme y de un modo muy familiar la oscuridad empezó a comerse todo dentro de mi campo de visión. Me iba hundiendo y cerré los ojos aceptando mi destino.
Su, lo siento, creo que no podré cumplir mi promesa. Ed, lo bueno de esto es que ya no volveré a molestarte. Lu, tenías razón, debí disculparme con Peter cuando tuve la oportunidad, di por hecho que tendría tiempo, fui descuidada. Peter, Peter, te quiero, mentira, te amo, más de lo que imaginé posible, fue tonto de mi parte pensar que podría olvidarme de ti y lamento tanto no haberte dicho lo que sentía, lamento aún más el haber dejado que eso alimentara mi miedo y provocara nuestra pelea, no debí darle tanta importancia y también debí alegrarme de que conocieras a alguien, Lady Aura es hermosa y parece una linda persona, espero que seas feliz y que sigan todos con su vida, al final, yo solo era un extra entre ustedes. Los amo.
Papá Aslan, si mi tiempo ha llegado a su fin, estoy lista.
Peter P.O.V.
–Ya deja eso, ¿quieres? Tu golpeteó al escritorio me va a dar un dolor de cabeza, además, se supone que leas a conciencia estos documentos, no puedes solo firmar cualquier cosa sin saber de qué trata– la voz de mi hermano me sacó de mi ensoñación y asentí, volviendo a leer el pergamino que tenía frente a mí.
Habían pasado casi dos semanas desde que Lena partió, llevábamos una semana sin noticias por parte de la tripulación y no podía quitarme de la nuca esa molesta sensación entre cosquilleo y pellizco que me hacía pensar que algo no estaba bien.
–¡Peter! – alcé la vista encontrándome a Ed molesto.
–¿Qué te pasa?- lo reprendí, estábamos en el mismo lugar, incluso en la misma mesa, no había ningún motivo para que me gritara.
–Podría preguntarte exactamente lo mismo, no me creas un tonto, has estado raro desde que hablaste con ese Lord de Archenland, Farley– tensé la mandíbula al escuchar ese nombre, era un buen socio comercial pero solo pensar en ese tipo hacía que me doliera el estómago.
–Creí que a ti también te molestaba la idea de que se llevara lejos a Lena– lo miré incrédulo de que me acusara como si yo fuese el único en contra de la propuesta que hizo, él y las chicas también se opusieron cuando se los dije.
–Claro que me molestaba, Lena es mi amiga, pero es distinto a lo tuyo– arqueé una ceja apretando la boca y esperando a que explicara, distinto cómo?– no te hagas el tonto, todo mundo sabe que sientes algo por ella y honestamente se está volviendo molesto porque de un año hacia acá se la pasan jugando y luego hacen como si nada, es frustrante y ahora por eso te peleas con ella– lo vi rodar los ojos y chasquear la lengua.
–No es eso, solo me molestó que no me dijera nada, se supone que era mi mejor amiga– me crucé de brazos, finalmente dejando la pluma que usaba sobre el escritorio y cediendo a la conversación con Ed.
–En serio, no puedo creer que tu seas el gran rey– suspiró- Pete, ¿de verdad crees lo que estás diciendo?– desvié la mirada, apretando las manos en puño, molesto de verme descubierto.
Por Aslan, solo se suponía que fuera mi amiga, no debía sentir nada más pero luego de ese día en que casi la perdí, algo en mi cambió e intenté hacerlo a un lado. Siempre la había querido, eso sin duda alguna; era mi amiga de toda la vida; pero cuando nuestros padres fueron reclutados, ella fue mi compañera, la que me escuchaba y siempre estaba ahí para mi sin importar nada, regalándome su bella sonrisa y sus ojos brillando con magia en ellos. Pensándolo bien, siempre hubo indicios de que ella fue hecha para estar aquí. Supongo que por eso me molestaba tanto la poca consideración que acostumbraba tener por su propia vida, como si aún tuviera algo que probar. Era increíble para mí el cómo no se daba cuenta de que ella no tenía que ganarse su lugar, siempre fue su destino estar aquí y aunque no lo fuera, Aslan en persona la adoptó como su hija, todos lo sabían.
–Ella solo ve en mi a su amigo de la infancia, igual que a ti– respondí finalmente pues ya no tenía caso tratar de negarlo, me había enamorado de ella o tal vez siempre lo estuve y apenas me estaba dando cuenta. Edmund bufó con fastidió y arqueé una ceja en su dirección.
–Son perfectos uno para el otro, los dos ciegos y tan torpes– comentó mientras se le salía un gallo debido a su tono de mofa.
–Pero ¿Qué cosas estas diciendo? Te acabo de admitir que quiero a Lena y que sé que ella no me ve de la misma manera, no entiendo que es lo gracioso, me ve igual que a ti– el horrible sabor en el fondo de mi boca se volvió más intenso.
–¡Justamente eso!– me señaló para luego soltar una carcajada por la cual deseé matarlo ¿en serio se estaba riendo? Sigo sin entender el chiste– hermano, yo soy su amigo de la infancia, tu; por otro lado; eres un caso completamente aparte, tienes que darte cuenta, cielos, si solo la forma en que te mira como si fueses lo más grandioso aquí, te lo repito, es frustrante ver como los dos fingen que no pasa nada, pero solo entre ustedes porque todos los demás nos damos cuenta perfectamente– terminó de hablar, cruzándose de brazos viéndome entrecerrando los ojos pero con esa sonrisita burlona superada únicamente por la de los zorros que formaban parte de su equipo.
–Estas delirando, pero agradezco tu intento por animarme solo espero que esto se me pase para cuando ella vuelva– suspiré y volví a concentrarme en los papeles que tenía enfrente– por cierto, yo que tú me pondría a estudiar, el señor Tumnus de verdad se esfuerza mucho como tu tutor.
–El tutor de todos nosotros– suspira– yo solo te digo que si sigues así de denso, ella creerá que no te importa, aparecerá otro como Lord Farley al que ella no rechazará, que tal vez tenga éxito en llevársela lejos de Cair Paravel, serás miserable y no podrás quejarte porque el único culpable habrás sido tú por tonto al no atreverte a arriesgarte por ella– terminó de hablar antes de volver de nuevo su atención al libro sobre tradiciones que le habían dejado para estudiar.
