¡Buenas tardes! Aquí estoy, con un OS que he pedido por comisión a Nayla Kei ( * - *)9 Quien escribe súper bonito y todo lo relacionado con JOvenciTOS le queda de película. Y si se preguntan por qué he pagado para que escriban algo que yo misma podría hacer... Pues la respuesta es simple: Soy manca al escribir cosas jotas y tenía ganas de leer algo sobre esta parejita. Y cuando se puede, ¿no? =3= Disfruten de este grandioso oneshot lleno de fuertes y bonitas emociones... ¡Ay, qué bellos son Miyuki y Okumura juntos!
**La portada ha sido elaborada por Nayla Kei. Sí, esta muchachita es multifuncional.
**La artista del fanart es AmCresc.
Rain
Era una tarde a finales de julio. Afuera llovía y el apartamento se sentía frío; aparentemente, no era un buen momento para molestarse con su pareja. En situaciones así, lo que más convenía era resguardarse con el calor humano que otra persona podía compartir de primera mano.
Sin embargo, pese a lo helado que se sintiera aun con el abrigo sobre él, Okumura rechazó la invitación de Miyuki de sentarse a su lado a ver un aburrido show. En cambio, cual berrinche adolescente, se paseó por el lugar con una vieja radio en la cintura. Oía a un alto volumen un especial de un grupo británico que realmente no conocía muy bien.
—Podemos buscar en internet la misma película que quedamos de ver, Okumura, no hay necesidad de salir. —Le dijo Miyuki tras la tercera vez que se cruzó frente a él, con la voz del locutor molestándole los tímpanos.
—Quiero oír este programa —replicó el rubio casi entre un gruñido. Aun tras diez años de conocerse, ese hábito en Koushuu permanecía intacto. Incluso con el sentimiento que los unía y que los mantenía viviendo en el mismo techo, no era para nada raro que el chico hiciera gala de su eterno apodo.
—No puedes mentirme, ni siquiera te sabes los nombres de los integrantes. —Lo retó y la expresión de confusión de su compañero le dio la razón. Eran cuatro, eran británicos y fueron amigos; ¿a quién le importaba cuáles fueran sus nombres?
Pero como respuesta, sin querer ceder, Koushuu simplemente subió el volumen del viejo aparato.
«Versionada en varias ocasiones y por artistas de diversas nacionalidades, hoy conmemoramos la grabación de You really got a hold on me, canción original de The Miracles, pero cuya fama llegó con la versión de 1963 cantada por The Beatles.» Dijo la voz en la radio. Y a sabiendas de que quizá recibieran alguna queja por parte de los vecinos, Miyuki alzó el volumen de la televisión.
Lo que él veía en la pantalla no era ni siquiera la mitad de interesante que un partido de béisbol, los reallity shows nunca fueron de su agrado; pero sólo buscaba tener alguna distracción mientras Koushuu permaneciera molesto. Lo entendía, debido a que ambos jugaban para equipos contrarios, era muy difícil encontrar un día en el que pudieran pasarla juntos. Lo natural para cualquier pareja era salir, divertirse, disfrutar cada instante que pudieran; pero para ellos, quienes apenas podían creer que no se habían separado tras cinco años de relación y diez de conocerse, lo «natural» no servía. Aun así, salir cuando la lluvia parecía arreciar a cada segundo, era impensable incluso para una pareja como la suya.
—No me dejas escuchar la versión de Michael Jackson —reclamó Koushuu mientras se acercaba una vez más al sillón, con la intención de arrebatarle el control. Miyuki escondió el control en su espalda y fingió que miraba el pésimo programa de retos a famosos que, irónicamente, desconocía—. Conectaré la radio al sonido de la televisión —advirtió colocándose frente a la pantalla.
Kazuya miró su rostro y sonrió. Sí, era capaz de hacerlo.
—Hazlo y canta la canción —dijo. Y entonces Koushuu frunció el entrecejo aún más—. Si me demuestras que de verdad te gusta esa canción, te daré el control de las bocinas y juntos oiremos las decenas de covers de esa cosa.
—No hagas eso.
—¿Hacer qué exactamente?
—Sonreír.
Por supuesto, ante esa petición, lo único que pudo hacer el otro cátcher fue reír. Y esa risa, lejos de encantar a su interlocutor, provocó que éste al fin gruñera.
Desde los quince años, toleró esa risa en su vida. El sentido del humor de Miyuki Kazuya siempre fue un enigma para sus compañeros en Seidou; pero nadie tenía la menor idea de que esa risa apenas era la punta del iceberg que escondía ese sujeto.
Por cuestiones de suerte –nunca supo si buena o mala– los cátchers que una vez se consideraron rivales, se encontraron nuevamente en la universidad. Para todos fue una sorpresa que el cátcher estrella de Seidou no fuera directamente a la liga profesional y, en cambio, aceptara una beca deportiva para una universidad reconocida. Su excusa: no podía decidirse sobre a qué equipo debía ir y prefería pensarlo uno o dos años más. Por supuesto, tenía la confianza de que las puertas no se le cerrarían.
Así, cuando Koushuu ingresó a la universidad –bajo una excusa similar a la de su predecesor– no le asombró el hecho de que el mismo Miyuki lo buscase para compartir experiencias y opiniones sobre tal o cual lanzamiento.
—Los otros cátchers suelen ser cerrados conmigo, ¿sabes? No entiendo por qué —dijo Kazuya una vez, mientras almorzaban juntos. Okumura esperó a que su superior riera, que le dejara entrever que estaba bromeando, como siempre lo hacía.
—Tienes una personalidad terrible, senpai —contestó al final, tras ver la real confusión en su rostro—. Debe ser por eso.
Y aunque no esperaba que el otro cátcher se tomara el comentario como un verdadero insulto, tampoco se esperaba que comenzara a reír. Mas, pese a su sorpresa, se encontró acostumbrado en mayor medida a ese sonido.
—Sí, me lo dicen muy a menudo. Qué divertido. —Le sonrió.
—¿Qué te hace feliz de eso? Por eso te dejan a un lado o te critican a tus espaldas.
—¿También has oído lo que dicen de mí? —Rio— La competencia por la titularidad es muy pesada, ¿verdad?
No lo entendía. Sin importar cuánto lo escuchara hablar, Koushuu sencillamente no podía entender cómo era que Kazuya toleraba todo eso con tanta gracia. ¿Ésa era su verdadera cara o simplemente usaba la risa como una máscara?
Las preguntas respecto a él crecían cada vez que lo veía reír por esa clase de cosas. Sin lugar a dudas, Miyuki era el mejor cátcher del equipo universitario; era a quien más visitaban los buscadores de talentos. Por lo tanto, también era quien más envidias recibía por parte de los otros cátchers; y aunque los pitchers tenían diversas opiniones respecto a él, lo cierto era que intimidaba el hecho de que gran parte de los receptores fueran tan altos y fornidos. Temían a una represalia física si se ponían del lado de Miyuki.
Empero, incluso con esa evidente soledad, Kazuya no dejó de entregar la misma pasión en cada partido o entrenamiento. Su actitud en el campo y fuera de éste, no cambió ni un ápice. Koushuu llegó a la universidad cuando Kazuya ya tenía dos años ahí; ya sabía cómo funcionaban las cosas en ese lugar… Y no les temía.
En los vestidores, Koushuu era testigo del gran número de moretones en el torso y espalda de su superior. No todos eran producto de su trabajo como cátcher, mas nunca lo vio quejarse sobre ello.
—Lo importante es que puedo jugar —dijo en otra ocasión, cuando Okumura le cuestionó sobre esos golpes—. Saben que si me lastimo de verdad, ellos serán los únicos que paguen. Y no son tan buenos como para suplantarme; por eso te delego el puesto a ti. —Volvió a sonreír. Confiaba en él.
A pesar de que Koushuu le repetía que no simpatizaba con la idea de divertirse con los diferentes estilos en un pitcher o de reírse al crear nuevas estrategias contra el equipo adversario, Miyuki seguía compartiendo con él esa extraña confianza. Koushuu sentía que lo había convertido en una nueva versión de Kuramochi. Molesto.
Le molestaba, pero sobre todo le molestaba la impasibilidad con la cual se enfrentaba a todos esos evidentes comentarios en los vestidores y en el campo. Y es que ése era el tercer año consecutivo en el que los buscadores de Los Gigantes de Yomiuri lo invitaban a comer y a conocer sus instalaciones. Parecía ser como si el resto de los cátchers no existiera y Miyuki fuera el único que valía la pena visitar. Koushuu entendía, como receptor, la frustración de sus compañeros: sin importar cuánto se esforzaran, Miyuki siempre terminaba ganándose la atención de los demás. Las noches en vela corriendo, entrenando, estudiando estrategias… Todo parecía en vano pues ante cada cosa buena que uno hiciera, Kazuya hacía tres.
Empero, también como receptor, Koushuu era capaz de apreciar la habilidad del cátcher estrella. Desde hacía ya varios años, reconoció que se encontraba frente a un cátcher de inigualable calidad; ya una vez intentó superarlo y ya una vez fracasó en ello. En ese entonces aprendió que lo mejor era tomar los consejos que éste le daba para brillar en su momento y, por lo menos, obtener el segundo lugar bajo sus propios méritos. Sí, Los Gigantes podrían fijarse en Miyuki y sólo en él; pero Los Tigres de Hanshin o Las Golondrinas de Tokio tal vez miraran a Koushuu. Lo importante, era buscar un buen lugar para él.
—Nadie volteará a verte mientras ese sujeto esté por aquí. —Le dijo uno de sus superiores, tras ver los esfuerzos que hacía para llamar la atención de un buscador de Chiba— Debería irse pronto para dejarnos trabajar.
—No hace falta superarlo a él; sólo basta superar a los demás —contestó Okumura. Porque no perdería su tiempo envidiando la suerte y la habilidad de Miyuki; sólo se ocuparía de mejorar su propia posición.
Y quizá por el hecho de no compartir las ideas de esos envidiosos receptores, pronto también se encontró aislado de ellos. Él era sólo un novato de primer año, un niño que no conocía el lugar en el que se encontraba. La jerarquía social le impediría hacer algo contra ellos; incluso el defenderse.
Al inicio, se trató de simplemente ignorar sus preguntas o peticiones; más tarde, le impedían tomar los apuntes de los partidos previos y las estadísticas de los equipos contrarios; al final, los mismos pitchers se oponían a lanzar para él. Ese chico buscaba ser el segundo mejor cátcher del equipo universitario; su intención era llamar la atención de aquellos equipos que estuvieran cansados de la indecisión de Miyuki. ¿Pero qué podría hacer si ni siquiera entrenaba como era debido? Desconocía la forma de jugar de los demás equipos, no había manera de que supiera cómo controlarlos. Sus errores lo llevarían a la banca; lo llevarían fuera del equipo.
A menos que pudiera hacer algo, incluso con todas las trabas frente a él. Si tan sólo pudiera encontrar algún video de otros equipos, podría indagar cuáles eran las estrategias que funcionaban en su contra. Si tan sólo encontrara otros pitchers similares a los de su equipo, podría deducir cómo era atrapar para ellos. Si tan sólo…
—A una de las mánagers le pareces atractivo. Me dijo que te presta su libreta si a cambio le compras un café. —Le dijo Miyuki en una ocasión mientras ponía frente a él un cuaderno de portada rosada. Era la hora de la cena y varios integrantes del equipo se encontraban a su alrededor, convirtiéndose en testigos de la escena— Y Sawamura dice que puede hacerse un espacio ese fin de semana para lanzar contigo; lo van a descansar unos días. —Tomó asiento a su lado, aun sin invitación previa.
—¿Qué? —cuestionó el rubio mientras hojeaba la libreta. Ahí se encontraban, revueltos, todos los datos estadísticos de los equipos contrarios; además de los diferentes estilos que manejaban los pitchers principales de su equipo.
—Supongo que extraña tu estilo. Los pitchers suelen decir que tienes un agarre muy cómodo. —Rio una vez más.
—Van a golpearte por esto —advirtió devolviéndole el cuaderno.
—Oh, no te preocupes por ello. Lo hicieron antes de venir, así que ya está pagado.
Koushuu lo miró no sólo con sorpresa y terror, sino también con fuertes deseos de llevarlo a algún terapeuta. Seguro estaba perdiendo más neuronas de las que debería a su edad.
—¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste?
—Ya te lo dije: quiero que tú seas mi sucesor en el puesto. Y no me iré del equipo hasta que obtengas ese lugar; así que apresúrate o perderé mi oportunidad con Los Gigantes.
Por supuesto, sonreía. Ese sujeto sonreía; se divertía con todo eso. Los abusos contra sí mismo y contra Koushuu, la locura por obtener un lugar en las profesionales, las envidias, los corajes… Todo eso le parecía sumamente divertido.
—Estás demente —musitó. Pero, para sorpresa de su interlocutor, volvió a abrir la libreta para estudiar los datos ahí mencionados.
—No olvides el café. Ella te estará esperando el viernes por la noche. —Le dijo antes de levantarse.
Era oficial. Estaban juntos en eso. No importaba su pasado y la forma como antes lo miró; no importaba todo lo que pensaba de él y lo extraño que se sintiera al saberlo su cómplice, ahora ambos formaban un equipo.
Lo que ocurrió después fue historia. El viernes, Koushuu fue a la cita que su superior arregló para él. Como lo esperaba, esa chica no le despertó ningún interés; al igual que todas a las que había conocido en su vida. Mas, lejos de llamarlo un fracaso, esa joven lo ayudó a encontrarse y a aceptarse. Sobre todo, se volvió en la única en saber su secreta orientación sexual.
Y mientras Miyuki creía que ahí se desarrollaba una tierna pareja sentimental, se dedicó a entrenar y a ayudar a su sucesor a no perder el ritmo. Y cuando ella se encontraba cerca, él sonreía y hacía alguna broma al respecto. Esa sonrisa… De repente, Koushuu se encontró odiando esa sonrisa.
Meses después, cuando Los Gigantes volvieron a llamar a Miyuki, éste por fin accedió. Había completado los créditos necesarios para graduarse de los cursos básicos y preparó como deseó a su sucesor. La despedida, no obstante, resultó no ser lo que esperaba.
Claro que el resto de los cátchers celebraba su partida, mas creyó ver que los ojos de Okumura mostraban algo de tristeza. Rio a causa de la ironía.
—Creí que serías el primero en abrir la botella de champán. —Se burló.
Se encontraban en la estación cercana a la universidad. Okumura fue el único del equipo que quiso acompañarlo hasta allá.
—Deja de reírte, sé que no es gracioso para ti —advirtió y entonces Miyuki desvió la mirada. Sí, posiblemente ese muchacho ahora lo conociera mejor que otros.
—Si insistes… Pero entonces tendrás que alcanzarme, ¿de acuerdo? Si los otros cátchers siguen odiándome, voy a necesitar a alguien con quien reír.
Sí, ambos se habían acostumbrado al otro. Pero algo les decía que quizá se tratara de algo más que un simple hábito.
—Tú te ríes solo. Y es tu pésima personalidad la que provoca eso; ni siquiera a mí me agrada. —Miyuki no sonrió esta vez. Por primera vez, parecía algo ofendido por esa aseveración— Daré lo mejor de mí para que Los Gigantes me busquen —prometió con una reverencia.
Kazuya sonrió. Y esta vez, fue una sonrisa distinta a la que Koushuu acostumbraba mirar en él.
—Estaré esperando, Okumura.
Después se fue. El tren partió y Koushuu volvió a las instalaciones de la universidad.
El objetivo a corto plazo era convertirse en el cátcher principal del equipo. Lo consiguió casi de inmediato. El objetivo a largo plazo era volverse profesional. De ser posible, y por motivos tal vez personales, dentro del equipo de Los Gigantes.
Empero, un año después de la partida de Miyuki, Okumura firmó para Las Golondrinas de Tokio. No era lo que él deseó o prometió, pero al menos se trataba de uno de los equipos principales de la Liga Central. Además, no estaba tan lejos del Tokyo dome, sede de Los Gigantes.
Al volverlo a ver, a Miyuki, Okumura no pudo evitar abrir la boca para proponer algo que ni siquiera él era consciente de desearlo:
—Hay que vivir juntos.
Estaban rodeados por compañeros nuevos y antiguos, en el estacionamiento del Estadio Meji-Jingu, tras el término de un partido de temporada regular en la que Las Golondrinas salieron ganadoras. Fue quizá la tercera frase compartida después de un año. Y, tal y como era de esperarse, Kazuya soltó una carcajada.
—Eh, Kazuya, no me dijiste que estabas saliendo con tu rival. —Le dijo Narumiya, colgándose del hombro de su amigo.
—No estamos saliendo —aclaró Koushuu. Miyuki entonces pausó sus carcajadas sólo para intervenir:
—Pues más nos vale empezar a salir o no tendrá sentido vivir juntos entonces. —Después de eso, continuó con su risa. Y un par de semanas más tarde, Okumura se mudó al apartamento de Miyuki.
Por lo inesperado de la situación, en realidad desconocían la fecha en la cual comenzó su relación. Pues aunque Kazuya dijo aquello como una broma, la realización de los planes de Okumura terminó por mostrar que su intención no era mantenerse como su amigo. En palabras suyas, ni siquiera lo llegó a considerar como tal. Todavía había demasiadas cosas que le desagradaban de él: detestaba su falta de tacto, su egolatría, su insistencia por divertirse con temas absurdos…
—Detesto cuando sonríes para ocultar algo. —Le dijo Koushuu esa tarde de lluvia— No voy a cantar y no voy a conectar la radio a la televisión, pero deja de sonreír.
—Pero qué autoritario. ¿Y si sonrío por algo más? —sugirió mientras se estiraba para tomar su brazo.
Su mirada cambió. Después de todo ese tiempo, no sólo Koushuu era capaz de descifrar lo que implicaba cada sonrisa en su antiguo capitán; sino que éste podía leer en sus ojos lo que le preocupaba o lo que recordaba tras apenas un solo gesto. Sabía que aunque no pasaron juntos mucho tiempo en la universidad, a Koushuu no le gustaba recordar esos tiempos tan llenos de envidia y rencores. Aunque aparentara ser un chico serio y apático, lo cierto era que no toleraba ver o saber que Miyuki estuviese herido. Del mismo modo, Kazuya ya estaba cansado de preocupar a la persona que tanto pensaba en él.
Okumura era un chico que, luego del trauma en la secundaria, pocas veces se atrevía a confiar en alguien. Verlo sonreír era tan extraño como ver una estrella fugaz en un cielo nublado; pero aun con las sonrisas contadas, Miyuki solía decir que él era muy divertido y amigable. Para él, no hacía falta verlo sonreír para saber cuándo se encontraba feliz; en ocasiones, incluso sus gruñidos tenían un matiz alegre si se le sabía escuchar.
—Ven aquí —susurró a su pareja, quien no opuso resistencia cuando sintió las manos del otro sobre su rostro—. Sé que estás feliz de estar conmigo, no tienes que ocultarlo —dijo en tono burlón, cerca de sus labios.
Okumura gruñó.
—Ni siquiera me agradas —respondió antes de sentir el primer beso corto de su novio.
—Pero me amas. —Se burló. Y cual coro, la canción en la radio de Koushuu reprodujo unas palabras similares. De nuevo, el cátcher rubio gruñó ante la casualidad— Me gusta esa canción.
—A mí no —contestó Koushuu. Enseguida, le cerró la boca a Kazuya con un beso. Uno que planeaba ser imponente, pero que su pareja arruinó con su ya clásica risa—. Cállate —advirtió, mordiéndole el labio inferior.
Ésa fue una amenaza que sí funcionó; más que por las palabras, por la acción que la acompañaba. Y es que bastaba una mordida así para que Miyuki Kazuya se perdiera ante los deseos de Okumura. No importaba que fuera mayor que él, Koushuu tenía un arma en su forma de morder que simplemente haría caer a cualquiera.
Las manos de Miyuki abandonaron el rostro de su compañero para pasearse apresuradas sobre su torso, sobre sus hombros. Era apenas una caricia, un paseo entre sus dedos; mas fue suficiente para impulsar a Okumura a empujar ligeramente a Kazuya hacia el respaldo del sillón. Y una vez recargada su espalda, Koushuu deshizo un momento el beso, para sentarse con las piernas abiertas sobre él. No perdió de vista las pupilas hambrientas de su acompañante; se sentía igual que él.
Con un movimiento, se deshizo de la radio en su cintura y la arrojó al otro lado del sillón. Y, aprovechando el espacio, Kazuya le desabrochó la camisa. Ya con el torso desnudo, Koushuu pidió lo mismo y alzó la playera de algodón del otro. No había conversación intermedia; no lo necesitaban pues el mensaje era bastante claro:
«Quiero sentirte.»
Tras volver de inmediato a los besos, Okumura palpó los envidiables músculos de Kazuya y acarició cada centímetro de esos sensibles músculos oblicuos. Era imposible la forma como amaba ese cuerpo ajeno. Cada caricia llevaba a una reacción y cada reacción suya lo volvía loco. Por si fuera poco, sus manos no eran las únicas que sabían dónde tocar.
Un punto muy sensible en su espalda baja lo obligaba a gemir despacio y a entrecerrar los puños. No era necesario describir lo que ocurría debajo de sus pantalones. Un apretón en sus glúteos lo hacía desear más.
Una vez más, sus labios se separaron y entonces Miyuki fue quien comenzó a besar su mejilla, su barbilla, su cuello. Koushuu giró el rostro para darle más espacio y pronto sintió sobre el lóbulo de su oreja una muy sensual mordida. Ese demonio sabía exactamente qué hacer con su cuerpo…
Sentía el calor emanando de todo su ser, sus pulsaciones aumentaron y su respiración agitada apenas era un signo de lo que le ocurría. Pequeños suspiros compartidos reflejaban el deseo mutuo. Y la forma como sus dígitos devoraban la piel del otro no dejaba duda de qué deseaban hacer después. De dónde querían posarse entonces…
Hasta que Miyuki habló:
—Sabía que lo querías —susurró en su oído. Y pese a que Okumura ya tenía las manos sobre el cierre en el pantalón ajeno, gruñó y detuvo todas sus acciones.
—Ya no —atajó poniéndose de pie e importándole poco que su erección fuese notoria para cualquiera que lo viera—. El noventa por ciento de estas oportunidades, las arruinas con sólo decir una palabra.
—Pero cómo disfrutamos el otro diez. —Sin vergüenza alguna, Kazuya seguía sonriendo.
—Te toca la cena —dijo Koushuu mientras recogía su camisa del suelo. Por supuesto estaba molesto, mas no sorprendido. Aunque quizá la estadística fuese imprecisa, sí era cierto que Miyuki metía la pata con frecuencia cuando se encontraban en esos momentos. No obstante, esos errores siempre se arreglaban más tarde; pues ambos quedaban demasiado sedientos del otro como para ocultarlo por más de doce horas.
Sin volver la vista hacia él, se metió al baño. Tomar una ducha arreglaría el problema en sus pantalones y le daría tiempo para relajarse. A veces todavía se preguntaba cómo era que aguantó ya cinco años viviendo así. Probablemente la razón más crucial era que Kazuya tenía razón: por algún motivo, lo amaba. Le desagradaba su personalidad y no comprendía su sentido del humor; pero aun así lo amaba y quería estar con él. Admiraba su habilidad en el campo y buscaba su presencia en cada evento importante. Sin importar que apenas pudiese mantener una conversación por dos minutos con él, sin dudar de su cordura, buscaba estar con él. Quería estar con él. Aun cuando sus amigos se burlasen de la ironía de su situación y le cuestionaban por qué seguía ahí si siempre llegaba con quejas al respecto, la respuesta era la misma:
—No me puedo ir porque no quiero.
Y es que aunque pareciera lo contrario, en verdad le gustaba estar ahí. En general, su vida con él no era para nada infeliz. Takuma decía que los ayudaba el ya haber compartido habitación antes, Kukki decía que el hecho de ser profesionales y pasar tanto tiempo alejados del otro era vital para que no se hartaran, Asada mencionaba que tal vez eran ambas cosas. Pero Koushuu tenía una cuarta explicación: desde que estaban en Seidou, se respetaron como cátchers y ese respeto fue el que los llevó a la camaradería durante la universidad. Se convirtieron en algo más íntimo cuando entregaron su confianza al otro y, después, la misma distancia y las promesas no realizadas terminaron por evolucionar esa confianza en un amor anhelado. Fue por ello que aunque Okumura sugirió que vivieran juntos, Miyuki tenía el mismo deseo antes de que alguien lo mencionara.
—Si tú no lo hubieras dicho, seguramente yo lo habría propuesto después —dijo en una ocasión, luego de mudarse juntos.
Mientras Okumura se bañaba, Kazuya apagó la televisión y permaneció un momento en el sillón. Pensaba en el poco tiempo que tenían en esa ocasión. Al día siguiente, Okumura partiría a Hyōgo; estaría toda la semana allá mientras Kazuya permanecería en Tokio. Los entrenamientos y los partidos harían difícil el comunicarse con frecuencia; así que sólo podrían llamarse por la noche y quizá, usar alguna aplicación de video para verse. Pero no sería suficiente, jamás lo era.
Miyuki sabía que al final de la semana, él ya lo extrañaría en demasía. Su juego no se vería afectado, pero sí su humor. Narumiya solía decir que cuando Miyuki extrañaba a su novio, adquiría su personalidad y gruñía por todo. Tal vez tuviese razón. Nadie lo podía culpar: era su única forma de llevarlo con él.
Así, Kazuya debía aprovechar cada momento que tuviese con Okumura. Ya fuera conversando, viendo una película con él o simplemente besándolo. Por lo pronto, le haría la cena y esperaría que la comida aliviara su enojo. Más tarde le entregaría todo eso que Koushuu anheló minutos atrás.
La radio en la sala siguió sonando. Hablaban sobre las diversas versiones que el grupo británico grabó y de aquélla mostrada en una antología especial que se hizo tras la famosa disolución en 1970. Okumura no era un real amante de la música, mucho menos de la extranjera; pero por influencia de sus amigos y compañeros, conocía a los clásicos grupos del rock y había llegado a encariñarse con algunos. Kazuya se acostumbró entonces a ver en su compartida lista de reproducción en Spotify, grupos como Led Zepellin o Queen. Ver a Los Beatles ahí era un poco más raro; sobre todo porque aunque Koushuu solía ser muy selectivo en cuanto a sus gustos musicales, importándole más la técnica que la letra, las canciones de Los Beatles que añadía siempre tenían una temática de romance. Aun éstas fueran de su primera época, las «menos trabajadas», Koushuu anteponía All my loving antes que Strawberry fields forever. Cuando le preguntaban al respecto, daba respuestas cortas y escuetas. Parecía como si ni siquiera él supiese la verdadera razón.
Y aunque You really got a hold on me no estaba en su lista de reproducción, Miyuki se prometió que la añadiría al día siguiente. Se trataba de una simple casualidad, pero mucho de esa canción le recordaba a Koushuu.
—Apagaré la radio. Ni siquiera me agrada esa canción —mencionó Okumura al salir de la habitación, con el pijama ya puesto.
—¿Qué dices? Es muy buena. Me recuerda a ti.
—Lo sé, por eso no me agrada. —Las voces en el aparato cesaron— Hace que piense que vivir contigo es muy malo.
Kazuya rio genuinamente. Esa risa no le molestaba a su pareja, así que no hizo comentario alguno al respecto.
—Creí que pensabas exactamente eso. Te quejas todo el tiempo con Sawamura; me dijo que todavía crees que soy un demonio o algo parecido.
—Naciste en noviembre y tu personalidad sarcástica y malvada podrían ser indicios de ello. Además, eres atractivo, y las leyendas dicen que los demonios suelen ser atractivos porque así es más fácil atrapar a sus víctimas. —Se explicó mientras ponía a calentar un poco de agua. Kazuya siguió riendo— Pero no le dije que ésa fuera una razón para dejarte, así que no me quejé.
—¿Así que te dejarías atrapar, pequeño Koushuu? —musitó pasándole una mano por el cuello.
—Dije «demonio», no «vampiro». Aléjate de mi cuello —sentenció—. Y, no, no es como que me dejara atrapar. Me gusta estar aquí, y eso es algo que la canción no dice.
Miyuki sonrió. Eso lo sabía bien. Aun con todas las expectativas en su contra y con todas las reacciones de sus antiguos compañeros tras revelarles su relación, ambos estaban convencidos de que nadie los ataba a ese lugar. No estaban juntos por compasión o por costumbre. No se trataba tampoco de simple lujuria o de miedo a la soledad. Sin importar sus personalidades contrastantes o su problemático pasado, querían seguir juntos.
Y aunque por sus trabajos, el tiempo compartido fuese mínimo, aunque de doce meses, sólo tuviesen la oportunidad de compartir tres o cuatro aproximadamente, no cambiarían nada en su relación. Pues sabían que para una persona enamorada, doce meses no significaba nada. Así que incluso si ellos jugaran para el mismo equipo y tuviesen la oportunidad de viajar en el mismo avión por todo un año, no les sería suficiente.
—Más te vale no arrepentirte; ya he perdido el teléfono de la mánager del café y ella hacía tan linda pareja contigo —dijo Kazuya, volviendo la atención a la cena.
—Ella no fue mi novia —contrarrestó Koushuu mientras preparaba los tés.
—¿Eh? Creí que al menos salían en ese plan.
—No. Ella me dijo que yo te gustaba y me hizo ver que era algo recíproco. Deberías estar agradecido en lugar de celoso.
Kazuya se congeló un segundo, en el que asimiló que la única persona por la cual se sintió celoso en realidad siempre fue su aliada. Se podría decir que si ella hubiese estado en la caja de bateo mientras él atrapaba, seguramente la pelota se habría ido del campo. Rio por la comparación tan adecuada.
—No te rías.
—No, no. Esta vez no es para ocultar algo. Te lo contaré, es un chiste.
Y mientras Kazuya se desvivía para que Koushuu entendiera por qué hizo de su vida sentimental una paradoja de béisbol, la lluvia se detuvo. La función en el cine por la cual pagaron ya había terminado, y aunque había una función más tarde, ninguno quería salir de ahí.
Porque aunque para las personas ajenas a ellos, esa pareja no vivía feliz, ninguno podía encontrar un motivo por el cual no quisiesen permanecer así. En palabras cortas, ellos se amaban. Tal vez no de la forma tradicional, pero para ellos, no existía una forma mejor para amar.
