Hablemos de vosotros

Jou se lo dijo así, sin tapujos: "Tenemos que hablar de vosotros".

Takeru se olía desde hacía tiempo que ya era hora de tener "la conversación". No era muy de su agrado, pero al fin y al cabo eran sus amigos. Debía hacer un esfuerzo por hacerles comprender. Porque si había alguien a quien a Takeru le importase que comprendiesen, esos eran sus más allegados.

Así que allí se sentaron, en los acolchados asientos de la casa de Jou, cada uno en un hueco y mirándose de frente, separados por una mesa de mantel blanco con dibujitos de Gomamon.

—Prácticamente vivís en la misma casa e incluso dormís en la misma cama.

No es que Jou hubo saltado directamente a esa frase. Hubo un montón de —según Takeru— irrelevantes frases más antes de llegar al premio gordo.

—Exacto —dijo el rubio.

—Pero insiste en que solo sois amigos.

—Si.

Hubo un silencio, un silencio que a Jou se le hizo más incómodo de lo que esperaba.

—Repito: —volvió a la carga el médico—. Que no os metéis juntos en la ducha de milagro.

—Evidentemente —La sonrisa de Takeru no flaqueó ni un solo instante—, por obvios motivos.

—Pero sí que coméis juntos y dormís juntos —presionó Jou.

—Jou "senpai" —lo detuvo Takeru, añadiendo aquella jerarquía, quizás para provocar distancia, o quizás como una simple burla—. ¿Puede llegar al grano de todo esto?

—Takeru, la cuestión es que no hay grano al que llegar si tú no quieres "llegarlo".

—En ese caso te diré que el problema no es mío, es vuestro, por tener una mala perspectiva de nuestra relación.

Esto hizo que Jou echase la espalda hacia atrás y abriese mucho los ojos, colocándose bien las gafas con el empuje de su dedo anular.

—Jou —procedió Takeru, una vez se hubo asegurado de que le cedían la palabra—, ¿has tenido alguna vez un amigo con el que te llevases muy bien?

—Por supuesto, un amigo varón.

—Eso es un ejemplo perfecto —continuó—. ¿Y me estas diciendo que nunca invitaste a tu amigo a comer, a dormir, a ver películas oa cualquier otra cosa?

—Pues claro que lo he invitado a todo eso.

—Está claro que tú has hecho todo eso. Entonces, exactamente, ¿cuál es la diferencia en que Hikari y yo hagamos lo mismo? ¿Qué es una chica?

—Bueno, es evidente que hay cambio bastante importante.

—Entonces, Jou, si un día descubrieras que tu amigo del alma, con el que hiciste todas esas cosas, fue homosexual, por poner un ejemplo, tu perspectiva de todas esas experiencias cambiaría radicalmente, ¿no es así?

Jou se quedó pensando durante unos segundos.

—Probablemente sí —accedió—, sin embargo, eso no quita que siguiese siendo mi amigo.

—¿Porqué no lo quita? ¿Crees que al descubrir que tu amigo era gay marcarías distancia?

—Si tal y como dices, estamos hablando de ese amigo con el que me llevo tan bien, en primer lugar, debería ser el primero en saberlo.

—¿Crees que él te lo diría?

—¿Por qué no iba a decírmelo?

—Quizá por una cuestión de perspectivas. Digamos que tu amigo te lo dice, lo que significa que confía en ti. Pero ahora imaginemos que no te lo dice, lo que indicaría que busca ocultártelo por algún motivo.

—¿Cómo cuál?

—Como que empieces a juzgarlo por su sexualidad y no por su mentalidad. ¿Y sabes porqué es? Porque vivimos en una sociedad muy sexualizada.

—Tienes razón en ese punto. Es evidente que pareciese que los homosexuales tienen menos derecho a pasar tiempo con gente de su mismo sexo porque ya tienen una predisposición ha sentirse atraídos por el mismo.

—Lo que no indica que vayan a hacerlo, pero para el resto de la gente basta con que exista esa posibilidad para sexualizarlo. ¿Crees que un homosexual tiene menos derecho a pasar tiempo con su mejor amigo hombre sin sentirse atraído por este?

—Creo que todos tenemos el mismo derecho a pasar tiempo con la gente que queremos.

—¿Y qué hace diferente esa relación con mi relación con Hikari?

—No debería haber ninguna, en realidad.

—Y sien embargo, ambos debemos soportar que nuestros amigos y familia sexualicen nuestra relación. En ese caso tenemos tres opciones. La primera es distanciarnos, la segunda sucumbir y la tercera intentar permanecer en nuestro status quo . Y ahora te pregunto, Jou, ¿cuál te parece la más complicada?

—Es bastante difícil permanecer en la tercera opción cuando tienes la presión del grupo —cedió Jou.

—¿Sabes una cosa, Jou? Hace un tiempo me pregunté si los digimon tenían sexo, porque nunca les vi órganos genitales. Así que un día le pregunté a Angemon sobre el tema. Él me respondió que, efectivamente, no mantenían relaciones sexuales en el mundo digital.

—¡¿Le preguntaste eso a Angemon ?! —A Jou se le callaron las gafas.

—Ellos funcionan como el mito del ave Fénix: Al morir reencarnan en un huevo, así que no necesitan reproducirse, por lo tanto son asexuales.

—Tiene sentido.

—Entonces le pregunté por qué se refería a él mismo como varón, mientras que Angewomon hablaba de su persona como "ella", si ninguno de los dos tenía sexo.

—¿De verdad preguntaste eso? —Jou se masajeó el puente de la nariz.

—Y me dijo que, aunque no lo tuviera, si que tenían "identidad de género". Es decir, que cada digimon podía sentirse masculino o femenino.

—Entiendo.

—Entonces le pregunté que si estaba enamorado de Angewomon.

—¡Deja de preguntarle esas cosas a tu digimon!

—Me dijo que sí.

-Oh.

—Ahora bien, ¿cómo puede un digimon enamorarse si es asexual? La respuesta es sencilla, el amor nunca fue una variante del sexo, más bien todo lo contrario. Los digimon pueden amar tanto como puede amar un humano. ¿O acaso me estás diciendo que las madres, las cuales paren a sus hijos, se bañan con ellos, duermen con ellos y comen con ellos, están buscando sexualidad en todas esas acciones?

—Obviamente no.

—Obviamente no —repitió Takeru—. Que una madre te diga "te amo" es algo tan natural como la vida misma, pero todo esto cambia si un amigo le dice a otro "te amo", o si dos amigos, con predisposición sexual el uno hacia el otro, se dicen "te amo". ¿Está mal que dos amigos se amen?

—No debería.

—¿Está mal que una madre te ame?

—No, no está mal.

—¿Está mal que dos amigos se amen? —Repitió Takeru.

Jou comprendió a donde quería llegar.

—No, no está mal.

—Por supuesto que no está mal. El amor no es sexo, dejemos de sexualizarlo todo. El amor es amor, es reciprocidad, es emoción y, sobre todo, es felicidad. Así que no dejemos que los prejuicios nublen nuestra felicidad y, por una vez en la vida, amemos a nuestra familia ya nuestros amigos sin miedo a que te señalen con el dedo. Dejemos de hablar de "vosotros" y empecemos a hablar de "nosotros", de todos nosotros. Y dicho todo esto: —Takeru soltó el aire—. Sí, amo a Hikari.

—¡Lo sabía!

—Pero también te amo a ti, Jou. Os amo a todos.

Jou se había quedado quieto en su silla, blanco como una hoja. Al segundo soltó una carcajada, tal vez comprendiendo un poco más lo que quería decir Takeru.

—Tienes razón externa—. Te amo, Takeru, gracias por ser mi amigo.

Y Takeru sonrió satisfecho.

—Veo que lo has entendido.

Y bueno, al final resultó que la charla se la dio Takeru a Jou, porque estuvo todo el día pensando en aquello y dándole vueltas.

—Hola Aiko, hacer tiempo que no hablamos. Solo una pregunta, ¿eres homosexual?

Por una vez, dejemos de pensar en el sexo y pensemos solo en el amor.

Solo en el amor.