Capítulo 2
Meses después.
Se miraba al espejo de cuerpo completo, para el día siguiente después de su boda ya no sería virgen. Casarse tan rápido no había sido su idea, recordaba que meses atrás después de haber tenido un encuentro con el legendario Lord Inalcanzable, fue en busca de sus padres pero ellos no se encontraban por ninguna parte, los buscó por cada uno de los rincones hasta que se encontró con él semi desnudo, aun no se ponía sus pantalones y justamente cuando él se percató de su presencia había sido demasiado tarde, un tercero más los había visto pensando mal de ellos.
Flash Back
―Lady Higurashi ¿Qué hace aquí?
Kagome giró sobre sus talones y se encontró con el rostro de la Duquesa Mason, en él mostraba decepción y negaba con la cabeza, en señal de desaprobación.
―No es lo que parece Lady Mason – se apresuró en decir ella
―¿No? – Ella se cruzó de brazos― Señorita Higurashi, me ha decepcionado. Verla con este…
―¿Con este qué? – dijo Inuyasha terminándose de vestir
―Usted ni hable― lo regañó la duquesa― Por su culpa la reputación de esta señorita esta arruinada
En ese momento más personas se acercaban a la escena, Kagome quería morir, que se la tragara la tierra, sus padres, el conde Wickham estaban ahí, observando el espectáculo.
El padre de Kagome la tomó del brazo – Hablaremos en otra parte – dijo él mirando a su hija y a ese hombre – Los tres
Los Duques Mason le prestaron su despacho a Lord Higurashi.
Kagome no podía contener las lágrimas ¿Cómo era posible que su padre creyera lo que la Duquesa había dicho? Eso solo significaba que no le tenía confianza, simplemente había estado en el momento y en el lugar equivocado.
―Padre, no pasó nada
―Silencio – gruñó su padre – Tú no hables. ¿Que no ves que tu reputación esta arruinada? ¿Que ya no podrás formar una alianza con nadie? Y que la única solución es – miró al Lord Inalcanzable
―Asumo toda mi responsabilidad – dijo Inuyasha – Así como también una alianza entre la señorita y yo
No, ella negó ante ese comentario, él estaba aceptando comprometerse con ella, de atarse a un matrimonio no deseado, cuando lo menos que él deseaba era eso, siempre se había escabullido de las madres casaderas y ahora una inocente virgen lo había hecho caer en una trampa sin salida.
―Si usted desea que me case con su hija – prosiguió él – Así será
―Sabia decisión muchacho – dijo el padre de la joven – La boda se realizara en dos meses. Hasta entonces no se volverán a ver
Y así el señor Higurashi salió del despacho y dejó solos a los futuros esposos.
―Yo…― ella tenía deseos de disculparse
―No hables – la cortó de una manera tajante, sus ojos se posaron en los de ella, había enfado, ira, coraje – Estoy seguro que todo eso fue planeado por tu familia y por ti
―No – ella negó con la cabeza – Se equivoca, yo estaba buscando a mis padres cuando de casualidad lo encontré a usted….― vaciló un poco ―…Vistiéndose
Inuyasha soltó una risa – Por favor señorita, es mejor que deje de fingir. Reconozco que las madres casaderas me han puesto en bandeja de plata a sus hijas y que siempre logro escabullirme gracias a mis sirvientes. Pero lo que usted ha hecho es sobrepasar los límites. Espiar a una pareja, después colarse para fingir que fue con usted con quien copule. Eso sí que no tiene nombre
―Bueno ya basta – alzó la vista de una manera altiva, no era espía ni mucho menos andaba maquinando planes perversos en contra de nadie – Piense lo que quiera de mi – se levantó de su silla – Pero yo soy inocente de todo lo que me acusa, simplemente estaba en lugar incorrecto
Él también se había levantado de su silla y ambos parecían estar en un duelo de miradas.
―Tenga por seguro que pienso seguir con las ordenes de su padre – comentó él – No la veré hasta el día de la boda
Y dicho esto salió del despacho dejándola sola, ella se quería derrumbar, quería morir, una boda así no era lo que ella había deseado. Deseaba un cortejo, donde su futuro prometido fuera todo un caballero, que le recitara poemas de amor, que le regalara flores, en cambio, solo tenía a uno que era muy frio y sobre todo con esa fama de libertino que caía sobre sus hombros.
Inuyasha había mantenido su palabra, no la había visto en los dos meses previo a la boda, solo en una ocasión cuando se hizo formal el compromiso y éste le regaló un anillo y como no lo iba a olvidar, si ese día había sido el más humillante de toda su vida, él se había citado en los jardines de su propia casa con su amante.
Se recargó en el tronco de un árbol mientras la contemplaba. Para Kagome Higurashi su destino ya estaba escrito y dentro de un par de meses se casaría con aquel hombre que solo le había demostrado su indiferencia y frialdad, solo se mostraba cariñoso cuando estaban en público, en más de una ocasión él le hacía entender cuando la aborrecía.
Pero ¿Quién era Inuyasha Taisho? Era sin duda el hombre más apuesto, esos ojos dorados y esa sonrisa tremendamente seductora la hacían temblar cada vez que estaba cerca de ella. Pero no todo era hermosura y perfección, pues sin duda poseía una fama de libertino que no podía esconderse de ella, usaba su encanto para atraer a las mujeres y una vez que se rendían a sus pies, terminaban en un solo lugar….en su cama.
Odiaba admitirlo pero su corazón se aceleraba cada vez que él la miraba, le sonreía, pero de una cosa estaba segura, no sería como sus amantes que habían pasado por sus labios y en su cama.
En la fiesta el permaneció un par de minutos a su lado, pero después se apartó de ella y estuvo platicando muy alegre con una joven vida de cabello rojizo y unas pestañas largas, era sin duda más alta que ella, su delgada figura era de envidia. Si ella se comparaba con esa atractiva mujer salía perdiendo, sus ojos chocolate y su cabello café oscuro no tenían nada que competir con la joven rubia además si a esto le agregaba su pequeña figura.
Sus sentidos se pusieron en alerta cuando escuchó unos pasos que casualmente provenían de tras de ella.
―Ayame…Ayame
Esa voz ronca y seductora era difícil de olvidar, el corazón se contrajo y el pecho le oprimió fuerte, se llevó una mano a la boca para no dejar escapar ni una sola palabra.
―¿Qué quieres? – Inquirió la voz femenina – No me tienes muy contenta
―¿Por qué amor? – Su voz sonaba como un niño al que lo acababan de regañar por alguna travesura ― ¿Es por mi compromiso?
―¿Y lo dices así como si nada? – La mujer sonaba cada vez más molesta – Si querías una prometida me hubieras buscado a mí y no a esa estúpida niña de Kagome Higurashi
Estaban hablando de ella ¿Qué haría? ¿Intervendría o simplemente se quedaba en ese lugar a escuchar cómo hablaban de ella?... optó por lo segundo, tal vez él la defendería de las ofensas de Ayame.
―Esa niña es mi prometida – respondió él – Además no quería comprometerme con ella. Tú bien sabes que odio los compromisos, pero esa joven logró…
―Oh si – interrumpió Ayame – Logró pescar al Lord Inalcanzable poniéndote esa trampa. ¡Al diablo con esa historia! – Dijo con profundo coraje.
―¿Por qué? yo no la amo. Tú eres quien me vuelve loco – su voz comenzaba a ser dulce y seductora a la vez
―Por favor Inuyasha ¿Cuántas han escuchado eso de tus labios?
―Eres la primera y la única, lo juro – desde luego que había mentido para que la mujer cayera a su encanto
Kagome cerró sus ojos al escuchar esas palabras ¿Por qué sentía ese impulso de llorar? De salir de su rincón y mandar al diablo a ese par, pero no podía hacerlo ya que sentía cómo si sus pies se hubiesen pegado a la tierra.
―Con esas palabras dulces no pienso caer. Además ¿Qué diría tu prometida si no te ve en el salón principal?
―Me tiene sin importancia lo que piense esa niña
Y allí va otra puñalada más a su corazón. Recordó el día en que los padres de ambos los habían presentado por primera vez, en esa ocasión él se había comportado cómo todo un caballero, fue atento con ella e incluso habían mantenido una plática un poco larga, claro que para en ese tiempo él ya tenía la fama de mujeriego.
―Por favor – escucho suplicarle a la mujer – Olvida a Kagome Higurashi. Esta noche somos solo tú y yo
Cómo era posible que a unas cuantas horas de haberse comprometido él no guardara un poco de respeto por él. Era de hora de retirarse y ella lo sabía, tuvo que irse por otro camino y dejar a esos dos amantes con su encuentro clandestino.
Las lágrimas comenzaban a brotar de sus hermosos ojos, pero justamente antes de entrar al gran salón fue interceptada por su mejor amigo de toda la vida o más bien de la infancia, quien al ver su rostro húmedo no dudo en un segundo en tomarla del brazo y llevarla a un balcón.
―¿Qué tienes Kagome? – él joven sacó un pañuelo y le secó las lágrimas ― ¿Esas lagrimas son de felicidad o de tristeza?
―Koga – ella lo abrazó fuerte y hundió su pequeño rostro en el ancho pecho de su amigo
Koga era más alto que ella, tenía cabello negro y corto, ojos azules.
Él espero unos minutos a que su amiga se calmara en sus brazos, él sentía un gran cariño por ella, sabía que no era amor ya que solo la quería como una hermana.
―¿Más tranquila? – preguntó al escuchar cómo los sollozos de su amiga se apagaban cada vez al mismo tiempo que le entregaba un pañuelo
―Supongo – ella asintió mirándolo a los ojos y tomando el pañuelo
―Muy bien. Ahora dime ¿Por qué llorabas?
―Koga…― Kagome agachó la mirada, no sabía que decirle o mentía o decía la verdad y esta vez no tuvo que elegir ninguna de las dos ya que él se había adelantado
―Esos ojos tristes y esas lagrimas fueron provocadas por alguien –su amigo la interrumpió – Y ese alguien es Inuyasha Taisho ¿Cierto?
―No – se apresuró en negarlo – Te equivocas. Es solo que me da nostalgia el compromiso, eso es todo– Mintió lo mejor que pudo para que su amigo no viera la verdad en sus ojos
―Eres una gran mentirosa – Kagome esbozó una sonrisa, tocó la mejilla de su amiga – Nunca has sido buena para mentir y eso lo sabes – seguía acariciando las mejillas de Kagome
Ambos se quedaron mirándose a los ojos, pero antes de que Kagome pudiera decir algo, fue interrumpida por una tercera voz.
―¿Interrumpo algo?
Inuyasha Taisho estaba justamente recargado en el marco de la ventana, mantenía sus brazos cruzados y una mirada de seria al ver a su prometida en brazos de ese hombre.
Kagome se apartó de Koga, no era que no estaban haciendo algo malo pero sabía que Inuyasha podría malinterpretar las cosas.
―Inuyasha –susurró Kagome
―Tu padre desea verte – informó – Quiere presentarnos a unos amigos
Kagome volteó a ver a su amigo, le regaló una tierna sonrisa y lo abrazó sin importarle que su prometido estuviese en frente de ellos.
―Gracias Koga – le susurró al oído para que Inuyasha no la escuchara
―Cuando quieras pequeña – su amigo le regaló una sonrisa – No dejes que nadie te lastime
Kagome asintió y salió del balcón sin la compañía de su prometido, ya que Inuyasha le había dicho que tenía que cruzar unas cuantas palabras con ese hombre.
Kagome asintió y salió del balcón sin la compañía de su prometido, ya que Inuyasha le había dicho que tenía que cruzar unas cuantas palabras con ese hombre, pero la joven había permanecido en un rincón del balcón para escuchar la conversación.
Ambos hombres mantenían la vista fija uno al otro, estudiando sus gestos y movimientos. Ese ambiente se había transformado en un total silencio.
―No quiero verte cerca de mi prometida – Inuyasha rompió el silencio – O de lo contrario sabrás de lo que soy capaz
―Deja de fingir interés por ella – hizo caso omiso a la advertencia de ese hombre – Ambos sabemos que no la amas
―¿Y tú sí? – Inuyasha inquirió arqueando una ceja
―Entre Kagome y yo solo hay un lazo de amistad. Algo que tú nunca llegarás a entender
―Sea como sea, no te quiero cerca de ella
―Lamento no poder acceder a tu petición – dijo en tono sarcástico – Pero yo veré a mi amiga cuantas veces quiera. Mejor regresa a los brazos de tu conquista – Koga le guiñó el ojo y esbozó una media sonrisa al ver la expresión de confusión en Inuyasha – Así es. Te vi a ti y a Lady Ayame muy juntos en el jardín
― Lady Ayame es solo una amiga
―Me quedo claro tu concepto de amistad. Pero déjame sugerirte algo – Koga cortó la distancia que había entre ellos dos con un solo paso – Cuando hagas tus citas clandestinas, procura que Kagome no esté cerca
―Gracias por tu sugerencia, lo tendré muy presente
Y así se había dado la vuelta y cuando vio que Kagome había escuchado toda la conversación no quiso discutir con ella, en cambio la había tomado de una manera poco dulce de brazo y se ambos fueron directo hacia el padre de la joven.
Fin flash Back
Alguien llamó a la puerta, ella giró levemente la cabeza y se encontró con su padre.
―Es hora – informó
