Capítulo 5
Hampshire, 1812
Sus ojos chocolates contemplaban desde la ventana de su habitación otro amanecer, no tenía ni idea cuantas veces lo había hecho, pero no era solo para contemplar los primeros rayos del sol, si él había regresado, cada despertar hacía lo mismo, pero sus esperanzas se fueron apagando día con día al grado de convertirlo en algo cotidiano.
Aun no entendía por qué lo esperaba. Si al día siguiente después de su noche de bodas él la había dejado en esa mansión fría, él la había dejado ahí, como s fuera algo no deseado, odioso para él. Comprendía su odio, él aún seguía pensando que su boda había sido planeada por ella y su madre y esta vez ya no se preocuparía por darle una explicación, que pensara lo que él quisiera pensar, su conciencia estaba limpia y tranquila.
Pero aun los recuerdos de su noche de bodas estaban vivos en su mente, aun sentía sus ardientes caricias recorrer su cuerpo desnudo, esos labios apasionados que le habían robado más de un suspiro, pero sobre todo la manera en como la había despertado a la pasión, pasión que ya no volvería a sentir por él.
Debía olvidarse de ese momento, de él.
No tenía caso seguirse atormentando de esa manera. Él había tomado la decisión de dejarla ahí, además al parecer se había olvidado completamente de ella, ya que llegaban rumores que el amante favorito, el Lord Inalcanzable, había retomado su aventura amorosa con la marquesa Lady Ayame, viuda de Rushforth, viéndolos en los eventos sociales del año, en el teatro, operas.
Se rumoraba que una semana duraron en la habitación de la viuda, haciendo dios quien sabe que cosas.
Y eso había pasado al día siguiente de haberla dejado!
Ya no se iba a lamentar más, si alguna vez lloró por él ya no lo haría. Para la fortuna de él y de ella, después de la noche de bodas no hubo ningún fruto, por lo que ambos solo estaban atados por un contrato de matrimonio.
Dejó de contemplar el amanecer, así que se dirigió a la tina donde ya estaba preparado su baño, se arrodilló ante ella y con la yema de sus dedos tocó la tibia agua, se levantó, comenzó a desnudarse y al poco tiempo ya estaba en el interior de la tina, esbozó una sonrisa de placer.
En estos siete años se había ganado el respeto y la confianza de cada uno de los sirvientes de la mansión, incluso la cocinera le llegó a confesar que no había otro señor en la casa más que ella y que toda su lealtad era para ella, a lo que la joven se había sentido orgullosa de sus logros.
No solo la confianza había sido ganada, sino que esa propiedad se iba levantando poco a poco y todo por el trabajo y dedicación que ella había tomado. Había tomado el rol de señor y señora de la casa.
Para su fortuna no se sentía completamente sola, pues una mujer se había mudado a lado de su propiedad, sus sirvientes le habían dicho que no era bueno hacer amistad con ese tipo de personas.
Muchos juzgaban a las cortesanas, pero nunca se habían puesto del lado contrario, lo que ellas sentían, pensaban, por qué se dedicaban a esa profesión, era más fácil criticarlas que llegar a comprenderlas.
Kikyo no sólo había sido una buena compañía sino que había resultado ser una gran amiga, sabía todo sobre el arte de seducción, como hacer que un hombre te desee de una manera apasionada y de algún modo ella iba aprendiendo de ella.
Incluso una vez le llegó a preguntar si conocía a su esposo, pero ella afirmó conocer su reputación, pero que nunca tuvo la oportunidad de conocerlo.
Había recibido una carta muy extraña de su amigo, en el cual le informaba que en un par de días iría a visitarla, ya que tenía algunos pequeños favores que tenía que pedirle y eso solo se podían discutir personalmente.
Al cabo de terminar de arreglarse, salió de la habitación y fue al comedor a desayunar, pero en ese momento entró una de sus sirvientas.
―Señora tiene visita – informó la joven
Kagome arqueó una ceja, que ella pensaba no esperaba a nadie ese día.
―¿De quién se trata?
―Es esa señorita…su vecina – comentó la joven – Además acaba de llegar un amigo de usted de Londres. Me dio el nombre de Koga Wolfe
Kagome se levantó apresuradamente para encontrarse con sus visitas, pero en cuanto entró a la habitación se encontró a Kikyo y a Koga charlando animadamente, era la primera vez que ellos dos se veían y más sin embargo parecía que la química entre ellos dos fluya de una manera muy intensa.
Cuando la vieron entrar ambos guardaron silencio, Kikyo le regaló una sonrisa radiante.
―Kikyo, no te esperaba – dijo la joven dándole un beso en la mejilla
―Bueno, no tenía nada que hacer en esa casa grande. Supuse que tú te sentías igual así que vine a invitarte a dar un paseo a caballo
Ella conocía muy bien la historia de Kikyo, era una cortesana famosa en Cornwall, a lo que sabía y que ella comentaba, era que tenía un conde por amante, pero que se había enfrentado a duelo con otro todo por ella, su amante había resultado gravemente herido y la esposa le montó una escena de celos y por eso se vio obligada a abandonar esas tierras, su sueño era irse a vivir a un lugar tranquilo y comenzar una vida nueva con el dinero que tenía.
Se sentía tan sola en un principio, temiendo que nadie la iba aceptar y cuando conoció a Kagome y ella le reveló lo que había sido se llevó una sorpresa al no ser juzgada, al contrario de lo que ella esperaba, Kagome le ofreció su amistad, a lo que ella acepto.
Cuando la confianza había crecido entre las dos, Kagome fue la segunda en contarle su historia, algo que la cortesana se había enfadado mucho y le aconsejaba que regresara a Londres a recuperar lo que por derecho le correspondía.
―Dar un paseo a caballo es una buena idea – respondió Kagome esbozando una sonrisa
Koga se aclaró la garganta al sentirse excluido por esas dos damas. Haber conversado tan solo unos segundos con esa mujer, había sido de lo más agradable.
―A ti te esperaba la otra semana – comentó Kagome al verlo
―Kagome – la abrazó como un hermano lo haría con su hermana – Haz cambiado mucho― dijo mirando las facciones de su amiga
Ella esbozó una sonrisa, al instante le pidió que les llevaran té y galletas, los tres estaban sentados cuando había llegado el té y las galletas, cada uno se sirvió conforme a su gusto.
―Y bien Koga – dijo Kagome ― ¿Cuál es el propósito de tu visita?
Koga dejó la taza de té sobre una mesita, agachó la cabeza y aclaró la garganta. No sabía cómo pedirle ese favor, conocía a su amiga, ella jamás aceptaría algo así, pero debía intentarlo, ella era su esperanza.
―Necesito tu ayuda – respondió él
―¿De qué se trata?
Pero antes de continuar, el ojiazul contempló a Kikyo quien se llevaba una galletita a la boca, no era que tuviera desconfianza, sino que el tema era algo serio y se necesitaba algo de discreción.
Su amiga pareció adivinar, pues acto seguido tomó la mano de su amiga entre las suyas.
―No te preocupes. Kikyo es una de mis mejores amigas y una persona de la cual se puede confiar – explicó ella
―De acuerdo – Koga asintió, aquí iba, pedirle a su amiga el favor más grande del mundo y por consiguiente más peligroso, sabía que su esposo no sospecharía nada, puesto que él se divertía de lo lindo con su amante, así que le había perdido la huella a su esposa hace mucho tiempo – ¿Seguramente han escuchado de los salteadores de caminos? – preguntó él
Pero antes de que Kagome respondiera a esa pregunta, su amiga Kikyo ya se había adelantado.
―Por supuesto – dijo ella llevándose una mano a la boca ― A mí una vez me asaltaron. Fue horrible
Kagome la tomó de la mano para tranquilizarla y sin dejar de ver a su amigo preguntó.
―¿Qué tiene que ver tu pregunta con tu visita? – preguntó Kagome
―Mucho― respondió Koga con una postura más seria –Creemos que un poderoso Lord es el líder de una de esas bandas
Kagome ya sabía a dónde se dirigí, quería que convenciera a Inuyasha de que fuera su espía, pero era algo que simplemente él no iba aceptar, una porque no toleraba la presencia de su amigo y la segunda porque estaba más al pendiente de ver lo que necesitaba su amante viuda, que su propia esposa.
―Koga, si quieres que hable con Inuyasha para convencerlo de que sea tu espía, pierdes tu tiempo
Koga esbozó una sonrisa, su amiga no había entendido, él no quería que Inuyasha fuera el espía sino ella.
La que si pareció darse cuenta fue su amiga.
―No quiero que tu esposo sea nuestro espía – aclaró él – Si no tú
―¡¿yo?! – exclamó sorprendida
―Si – asintió él – Veras, poco después de tu boda improvisada, un caballero de nombre Naraku Marshall llegó a Londres – explicó él ante las miradas atentas de las dos mujeres – Y junto con su llegado aumentaron los asaltos y creemos que él es el líder de una de esas bandas. Yo no puedo espiarlo, ya que el hombre me conoce bien, por eso pensé en ti, él no te conoce y no sabe quién eres. Así que es más fácil que tú logres acercarte a él
Kikyo al escuchar el nombre de ese hombre, tembló de miedo, por supuesto que lo conocía, en una ocasión habían tenido un desafortunado encuentro y después no se volvieron a ver, por lo que escuchaba de sus demás compañeras cortesanas, era un hombre despiadado que las obligaba a cumplir sus más bajas pasiones.
―¿Pasa algo, Kikyo? – preguntó Kagome al verla tan nerviosa
―Conozco a ese hombre – respondió ella – Es malo y peligroso Kagome. Piénsalo bien, no me gustaría que nada malo te pasara. Además me atrevo afirmar que tiene algo que ver con los salteadores de caminos
―No se preocupe por eso – intervino Koga en tono tranquilizador – Kagome estará vigilada todo el tiempo, si el hombre intenta propasarse con ella, no lo permitiremos
―¿Qué es lo que hay que hacer? – preguntó ella sin rastro de miedo
―Seguirle los pasos día a día, convertirse en su…
―¿Amante? – interrumpió Kikyo
―No precisamente – Koga negó con la cabeza – Que de noche sea toda una cortesana –miró a Kikyo – Pero de día todo un caballero. Sólo así podemos estar al pendiente de cada uno de sus movimientos
Kagome abrió la boca sorprendida y después la volvió a cerrar.
―¿Tienes idea de lo que me pides?
―Si― asintió – No te lo habría pedido si las cosas no fueran tan complicadas, pero en este caso sí lo es. Piénsalo, si aceptas mataríamos a dos pájaros de un solo tiro. Con tu ayuda tenemos las pruebas para refundir a Marshall y en tu papel de cortesana podrías seducir a tu esposo y así vengarte de él – dijo con astucia para hacer que su amiga aceptara
―¿Me das un segundo?
Koga asintió y al instante Kagome salió de la sala solo para meterse al estudio de su marido.
―¿Cree que acepte? – preguntó Kikyo una vez que estuvieras solos
―Por supuesto – Koga asintió con una amplia sonrisa, porque sabía que sus últimas palabras habían herido el orgullo de su amiga – Con tal de vengarse de su marido ella es capaz de hacer cualquier cosa. Lleva años esperando una oportunidad como esta y no la va dejar pasar.
Estando sola en el estudio, Kagome caminaba de un lado a otro.
¿De día Lord? ¿De noche Cortesana? Koga se había vuelto completamente loco, había un par de razones por las que no le creyeran su papel como un caballero, además que no tenía ni idea de cómo ser una cortesana.
Inuyasha si bien no la conocía, podría darse cuenta de ese engaño, pero por otra parte Naraku Marshall no tenía el gusto de conocerla, eso significaba una gran ventaja.
En su papel de cortesana, no tenía por qué preocuparse, con una peluca, un antifaz, su identidad quedaría bien cubierta.
Aún quedaba su papel de Lord, seguramente iba a necesitar algo más que una peluca.
Sabía que era una oportunidad de salir de ahí y regresar a Londres, no es que detestara la bonita mansión en la que vivía, sino que estando ahí se aburría mucho y un cambio de aire no le iba afectar nada, una vez se dejó influenciar por dos hombres, dos hombres que habían tomado una decisión por ella, su padre e Inuyasha.
Inuyasha, esbozó una sonrisa al pronunciar ese nombre en su mente, ahora era él quien iba a pagar cada uno los pedazos rotos de su corazón, ahora sería él a quien vería arrastrándose en el piso por ella, era él quien le pediría una explicación a lo pasado y ella con gusto no selo iba a dar.
No hasta que lo viera perdidamente seducido por ella.
Esbozó una sonrisa al imaginarse ese bello momento.
La decisión estaba tomada, al salir del estudio se dirigió hacia la sala de estar donde se encontraba Koga y Kikyo charlando sobre el tema.
Ambos al darse cuenta de su entrada, la vieron tomar asiento despreocupado en uno de los sofás.
―Y bien ¿Qué tengo que hacer?
―Sabía que aceptarías – Koga esbozó una sonrisa ―Marshall al igual que Inuyasha y Lord Wickham, es apasionado del Polo...― vio a Kagome lanzar un suspiro, él sabía que odiaba ese deporte y asintió – Si Kagome, tendrás que aprender a jugarlo, incluso un poco de cartas, además de esgrima, aunque ese no es problema. De pequeños aprendimos, pero no está de mal practicarlo una vez más, esos son los pasatiempos preferidos de Derek Westmoreland, Duque de Claymore
―¿Quién es el Duque de Claymore? – preguntó Kagome
―Eres tú – Koga esbozó una sonrisa – En tu papel de Lord
―¿Y que hay sobre mi papel de cortesana?
Hay si Koga no sabía que responder, no tenía idea de cómo ser una cortesana, él solo las veía de vista y nunca tuvo oportunidad de conversar con alguna de ellas, pero antes de que pudiera decir algo fue la propia Kikyo quien intervino en el tema.
―No te preocupes – hizo una pausa ― Antes que nada quiero formar parte de este plan. – Se levantó de su asiento y le hizo una delicada reverencia – Y con gusto te mostraré todos los secretos de una cortesana
Koga miró a Kagome un poco dudosa.
―Si no quieres no te preocupes. Puedo encontrar a alguien más
―No – Kagome negó – Mi decisión está tomada. Te ayudaré a atrapar a Lord Marshall y a la vez vengarme de Inuyasha
―Perfecto – Koga asintió – Mañana inicia tu preparación. Lord Cortesana
