Capítulo 6

A la mañana siguiente, Kikyo y Koga esperaban a Kagome afuera de una cabaña abandonada, su amiga se había ofrecido en ayudarla para vestirse pero Kagome se había negado, ella prefería hacerlo sola.

Pero ahora se lamentaba el no haber aceptado su ayuda, desatar un vestido era una tarea de dos personas no de una, pero con el esfuerzo logrado conseguirlo.

Kikyo sospechó al escuchar un juramento de su amiga, en todo el tiempo que la conocía nunca le había escuchado una mala palabra.

Minutos después ambos escucharon el crujir de la madera, Koga y Kikyo alzaron la vista y se encontraron con Kagome.

- ¿En serio tengo que salir así? - declaró señalando su vestimenta

―Es parte de tu entrenamiento - respondió Koga entre suspiros y sonrisas

Kagome se miró de pies a brazos, llevaba unos pantalones grises y una camisa blanca, pañuelo negro atado al cuello –que le costó mucho controlar el nudo, era peor que desatar o abrochar un botón de su vestido - y saco en color gris, además había estado su cabello en una colección con un listón.

―Me siento ridícula - cree con profundo pesar, a estas alturas del partido comenzando arrepentirse - Nadie creeá esta farsa

―Si estás buscando echarte para atrás. Lamento decirte que ya no se va a poder. Ayer mismo en la noche le mande a mi superior el éxito de mi visita. Él y todos confiamos en ti Kagome

―Bien - ella asintió desesperada - En primer lugar no me voy arrepentir, te di mi palabra y en segundo lugar puedes confiar en que haré esto mejor que nadie

―Te ves muy bien - encontraron Kikyo para calmar la tensión que rodeaba a Kagome― Todo un galán

―Anda, sube al caballo –ordenó Koga

Esa mañana habían salido de la mansión, con la excusa de ir a montar con sus amigos, ya que no quería que ningún criado viera su apariencia, y cuando llegaron a esa cabaña vieja, ella quiso entrar sola a vestirse.

De hecho la noche anterior buscó ropa de su esposo que él había dejado allí, tuvo suerte al encontrar varias prendas abandonadas por él, así como lo había hecho con ella.

Kagome montó al animal y Koga le dio un taco para golpear la pelota de madera.

― ¿Qué vamos hacer? – preguntó Kagome tomando el taco

―Vamos a jugar polo – respondió Koga y al ver la frustración en el rostro de Kagome preguntó ― ¿Sabes cómo jugarlo verdad?

―Por supuesto – Kagome asintió – Se trata de golpear esa pelotita de madera – señaló la única pelota que había en el campo ― con este palo e introducirlo en aquel agujero– explicó de una manera sarcástica y juguetona a la vez

Una gota de sudor apareció en la frente de Koga al ver como su amiga le explicaba cómo se jugaba el polo.

―Si – asintió – Más o menos así se juega

Koga había preparado el campo tan solo unos minutos antes de que Kagome entrara y lo había hecho bajo la mirada de Kikyo, quien no lo había dejado de ver ni un segundo.

Koga se subió al caballo, aunque no jugaba Polo sabía muy bien cómo se jugaba, conocía sus reglas y las técnicas tanto de Inuyasha como de Naraku, algo que podría ayudarle a Kagome.

Kikyo se acercó a él y le entregó su taco.

―Buena suerte – dijo ella con una amplia sonrisa

―Gracias milady – hizo una pequeña reverencia con su cabeza

Kagome era un completo desastre, perdía por muchos tantos y ella no había conseguido hacer ninguna anotación, se sentía frustrada, enfadada, si pensaba que ese juego era de lo más sencillo ahora estaba completamente equivocada. No era fácil controlar a un caballo y mantener al mismo tiempo la vista en la pelota.

―Inclinante un poco más hacia el costado del caballo – sugirió Koga – Así tendrás mejor ángulo

Kagome asintió y se acordó de Inuyasha y la primera vez que lo vio jugar al polo, sus movimientos, como se inclinaba a un costado del caballo, como dominaba su taco y golpeaba la pelota, todos esos movimientos vinieron a ella como por arte de magia y decidió imitarlos.

Pero se inclinó de más, además de no tener suficiente fuerza en sus piernas, todos esos factores terminaron por hacer que ella cayera boca abajo a la no tan suave tierra.

Koga suspiró – Hay un largo camino que recorrer – dijo frustrado

Kagome permaneció ahí, con la cabeza apoyada en la tierra, afortunadamente había puesto los brazos y esto amortiguo el golpe. Kikyo quiso ir en su ayuda pero a la distancia, Koga le hizo una seña de que no se acercara.

― ¿Piensas quedarte ahí todo el tiempo? – Dijo en un tono más serio – Levántate – ordenó

―No puedo – dijo Kagome entre sollozos

―Si puedes – el tono de Koga era más severo, como si con él, quería hacerle entender a su amiga que esto no era un juego. Terminó por acercarse a ella aun montado sobre su caballo – Piensa si te viera Inuyasha en estos momentos, seguramente pensaría que eres patética. Yo creo que por eso te dejo – dijo con astucia. Sabía que esto le iba a provocar a Kagome rabia y vaya que si lo consiguió – Ahora entiendo porque se buscó una amante. Porque su esposa es una niña caprichosa

Esas palabras habían agujerado el corazón de Kagome, no era una niña mimada ni mucho menos caprichosa.

Los recuerdos de la noche de bodas, esas caricias, su promesa de verlo humillado ante ella aparición en su cabeza, si quería cumplir con ese objetivo, era mejor de dejar de pensar que no se podía.

Ya que si se podía.

Se levantó del paso, se sacudió su ropa, cara, pelo y después miró a su amigo.

―Ve a tomar tu lugar – ahora ella era la que sonaba severa – Verás lo que esta niña puede hacer

Koga esbozó una sonrisa complacido ante el cambio repentino de su amiga, después tomó las riendas de su caballo y acercó su gran cabeza a la de ella.

―Escúchame muy bien. Será mejor que cooperes, ya que si no lo haces te convertiré en mi cena y eso no te va a gustar

Ante esas amenazas volvió a subir al caballo y otra vez iniciaron una nueva partida de Polo.

Cansada y con profundo dolor de espalda se recargó en el respaldo de la tina, el agua tibia relajaba cada musculo tenso de su cuerpo, aún le faltaba mucho, pero estaba dispuesta aprender tanto de Koga como de Kikyo.

Por el día aprendía a jugar Polo, cartas, esgrima, como se comportaba un Lord, o lo que era preciso, como se comportaba un hombre. Los lugares que debía frecuentar mientras estaba con Marshall, averiguar cuáles eran sus más codiciados placeres.

Koga le había dado una lista a Kagome de los lugares que él más solía frecuentar, que los fines de semana le gustaba jugar Polo, por las tardes cartas y por las noches visitar la casa de algunas cortesanas.

De noche, aprendía las artes de seducción que una cortesana utilizaba para atrapar a un hombre y hacerlo su amante.

Kikyo era una mujer experta en ese tema, le había mostrado libros que les eran prohibidos leer a las jóvenes vírgenes, pero ella no era una virgen. Como se coquetear con un caballero, cuando era lo suficientemente atrevida con sus comentarios y cuando no. Mover su cuerpo de una manera sensual al igual que sus pestañas.

―No Kagome – Kikyo negó mientras esbozaba una sonrisa – No muevas mucho las pestañas

― ¿Por qué? – Preguntó encogiéndose de hombros – Así me lo dijiste

―Sí, pero lo que quiero decir es que las muevas con dulzura, con delicadeza – se levantó de su asiento – Observa muy bien

Koga estaba en la pequeña cantina que se encontraba en la sala de estar, Kikyo avanzó hacia él y movió con delicadeza sus pestañas al mismo tiempo que esbozaba una coqueta pero seductora sonrisa.

―Buenas noches My Lord

Koga alzó su copa de vino en dirección a ella – My Lady

― ¿Por qué tan solo? – preguntó aún más sensual

―Porque así es mi vida

A Kikyo le dolió el corazón, no podía creer que un hombre como él fuera tan solitario, ella sabía muy bien lo que era sentirse solo.

Kagome observaba cada uno de los movimientos de su amiga, cada gesto, mirada, sonrisa, los iba gravando en su mente para utilizarlos posteriormente. No había duda, su amiga era una mujer bella que necesitaba encontrar el amor, esbozó una sonrisa al ver a sus dos amigos muy cerca, sin duda formaban una hermosa pareja.

―Ahora observa si mueves mucho las pestañas – Kikyo movía sus pestañas rápidamente y Koga no podía ver sus ojos – Buenas noches My Lord

―My Lady – respondió Koga quien se esforzaba para verle los ojos, pero por más que lo intentaba no podía verla. Sin duda no era lo mismo

―Lo vez – Kikyo dejo de parpadear y fue con su amiga – Si mueves mucho las pestañas parecería como si estarías "urgida" en conseguir un amante, si las mueves poco y seductoramente, atraparas a cualquiera que tú desees

―Parpadear poco – ella asintió – Entendido

―Sutil y seductoramente –aclaró su amiga

Pasaron dos semanas exactamente, el arte del coqueteo ya lo dominaba a la perfección gracias a las enseñanzas de su amiga, las cartas y el esgrima habían sido más fáciles que las artes de seducción, lo que aún faltaba por dominar era el polo, pero estaba completamente decidida que ni un juego estúpido le iba a ganar.

Así, un día de aquellos, Kagome y Koga jugaban un partido de Polo como era costumbre, estaba por debajo de él tan solo por un punto, ambos fueron en dirección hacia la pelota, Kagome se inclinó lo suficiente al costado de su caballo, ejerciendo presión en sus piernas para no terminar en el piso, hizo girar el taco en círculos y le ganó el tiro a Koga, se hizo con la pelota para anotar y así empatar el marcador.

― ¿Qué opina, señor? – preguntó ella con voz masculina

―En que estás listo para un partido de polo más agresivo – dijo con profunda alegría al ver que su amiga había pasado cada una de sus pruebas

Esa misma noche, Kagome y Kikyo estaban en la habitación de ella, estaban contemplando el guardarropa que usaría Kagome, afortunadamente Koga le había llevado ropa de hombre a su medida y unos cuantos vestidos escotados, además le había dado la dirección que usaría en su representación como Derek Westmoreland, duque de Claymore.

Pero entre los vestidos que Koga le había traído, Kikyo también le había regalado algunos, en particular uno muy hermoso de color verde olivo y no dudó en probárselo, era ajustado de la cintura y el escote que había en su pecho dejaba mucho a la imaginación.

―Kikyo no te hubieras molestado – dijo mirándose al espejo

―No te preocupes – dijo ella acercándose a su amiga – Te vez muy hermosa, estoy segura que Marshall no solo caerá en las redes de Lady Safira sino que también lo hará el Lord Inalcanzable – acarició el rostro de su

Kagome fingió una sonrisa y asintió

- Solo esperemos que tanto a él como a Safira tengan suerte

―No dudes que la eviten. La vamos a tener.