Capítulo 7
El sol brillaba en lo alto del cielo, todos los jugadores de polo llegaban, algunos con sus familias otros con sus prometidas, un joven de pelo rubio y ojos color chocolate contemplaba la escena y estuvo a punto de vomitar en dos veces, era su primer juego oficial y no sabía cómo hacerlo.
Para el Lord Derek Westmoreland, era estar ahí acompañado de su fiel amante y su amiga inseparable.
El día anterior de su partida, Kikyo le enseñó a Kagome como elaborar una peluca, hicieron dos, una en color rojizo para esconderse detrás del papel de Safira y otra en color rubio para su papel como el Lord Westmoreland.
Para ese día Kagome había utilizado unas botas negras, pantalones color caqui, camisa blanca, un saco en color azul marino y un pañuelo en color gris. Además Kikyo le había puesto un ligero bigote del mismo color que la peluca rubia.
Su cortesana amiga le confesó que había aprendido a disfrazarse gracias a una prima que era actriz y que caprichos malos del destino se convirtió en cortesana
Posó sus ojos al único hombre al que no dejaba de verlo o verla más bien dicho.
Ahí estaba ese maldito, un hombre que era a la vez dulce y cruel. ¿Cómo podía existir un hombre así? Pero sin embargo, no podía negar que era muy atractivo, con una sonrisa devastadora, que derretía a más de un solo corazón, y estaba decidida que detrás de su papal como cortesana, le iba a regresar no solo las que él le había hecho a ella, sino se vengaría por todos esos corazones que había roto en el pasado.
Ante todos presumía a su amante como si estuviera orgulloso de ella, era ilógico que durante tanto tiempo aun siguieran siendo amanes. Él le sonreía todo el tiempo, al igual que le susurraba palabras que hacían sonrojar a la viuda Rusforth, algo que la hizo experimentar por primera vez celos.
―No es bueno que Lord Westmoreland este triste – comentó Kikyo al ver sus ojos chocolates. Después ella esbozó una sonrisa y comenzó a echarse aire con su abanico de mano
―No estoy triste – ella negó – Simplemente pienso que será un placer vengarme del encantador Lord Inalcanzable. La venganza será lo que más disfrute de todo eso – entornó los ojos hacia él –Seré feliz hasta lograr ver a ese maldito miserable de rodillas ante Safira, rogándole, pidiéndole que sea su amante
Kikyo se vio obligada a forzar una sonrisa al verla así, con esos ojos brillantes y sedientos de venganza por su marido, se preguntaba si había hecho bien enseñarle todo sobre una cortesana.
Mientras tanto, a lo lejos, Inuyasha sintió la mirada penetrante de alguien, alzó la cabeza y se encontró con un hombre rubio que al verlo le hizo un saludo con la cabeza, era muy joven y la mujer que lo acompañaba era muy hermosa, de hecho le recordaba tanto a Kagome.
― ¿A quién ves cariño? – preguntó Ayame
―A nadie – él negó con la cabeza y se volvió la mirada a su amante
En ese momento se acercó a ellos Bankotsu.
―Esta vez vamos a tener suerte – comentó él – Marshall no va a jugar con nosotros
―Es un milagro – dijo Inuyasha alegre – Ya que el pobre hombre no juega nada bien al polo
―Lo sé – Bankotsu se encogió de hombros – Creo que dijo que se uniría a un tal Derek Westmoreland
― ¿Quién es él? – preguntó Ayame sin dejar de soltar el brazo de Inuyasha
―Bueno― señaló al hombre con la vista y tanto Inuyasha como Ayame siguieron la mirada ― A lo que me dicen es que acaba de llegar a Londres, es duque de Claymore y está aquí con su amante
Ayame fulminó con la vista a la mujer que acompañaba a ese hombre, ¿Cómo podía un hombre como el fijarse en una vulgar mujerzuela? Ya que a simple vista se podía diferenciar a una mujer de sociedad a una cortesana.
Kagome sintió la mirada de los tres y mejor les dio la espalda, el juego ya iba a iniciar y ya tenía su equipo definido, iba a enfrentarse contra Inuyasha y su amigo Wickham, mientras que ella estaría de lado de Marshall, ese iba a ser el comienzo de una cercanía.
―Mucha suerte My Lord – Kikyo le hizo una reverencia al mismo tiempo que esbozaba una sonrisa de complicidad
―My Lady – Kagome, en su papel de Lord, tomó la mano de la joven y la besó – Le dedicó el juego
―Gracias – respondió sonrojándose levemente –Es un honor para mi
Kagome subió a su caballo, sabía que todos las estaban viendo, seguramente algunos se preguntaban quién era y por qué estaba con esa mujer, pero esas mismas miradas le daban fuerza para demostrarse a ella misma que podía hacer este papel mejor que nadie.
Ser tres personas a la vez no iba a ser nada fácil para ella.
Podía escuchar a lo lejos algunas damas preguntaban quién era él y de que linaje provenía, o comentarios como "tan joven y guapo", ella esbozó una sonrisa, giró al animal y le dedicó una encañadora sonrisa.
―La veo después mi hermosa señora – le guiñó un ojo y salió directo al campo, seguramente eso les daría más de que hablar
El partido dio inicio y en pocos minutos iban perdiendo, la joven tuvo que suspirar, su equipo era pésimo, el único que era más o menos bueno era ese tal Lord Marshall, estudiaba cada uno de sus movimientos, era muy agresivo jugando, hacía correr de una manera violenta su caballo, no tenía compasión de él. Nunca lo había persona, se lo imaginaba distinto a comparación de lo que veía, y en sus ojos casi rojos pudo sentir que ese hombre era muy peligroso, que debía de ir con cuidado si quería que todo saliera bien.
Después su mismo objetivo metía una anotación a favor de su equipo y así empataba el marcador.
Miró a Inuyasha acercase a la pelota, así que ella espolvoreó el caballo y corrió hacia él solo para ganarle el tiro, y así fue, tal y como lo había hecho con Koga, se inclinó sobre su caballo y con el tacó golpeó la pelota, pasándosela a un hombre de su equipo quien hizo una anotación y así ganaban el partido.
Inuyasha se había quedado ahí, estático, observando como ese joven le había ganado el tiro, era como si hubiera leído cada uno de sus movimientos.
― ¿Qué pasó, Taisho? – Lord Marshall lo sacó de sus pensamientos – Has perdido tu toque, ahora resulta que un pequeño mocoso te gana – y ante esto soltó una carcajada
―Fue suerte– inclinó su cabeza ante él –Aun no pierdo mi toque, y en cuanto a ese niño, también, tuvo suerte – giró su caballo y se alejó de ahí
¿Cómo era posible que alguien tan joven como ese muchacho le hubiera ganado a él, al Lord Inalcanzable? Todos habían visto la forma en la que él apareció y le quitó la bola solo para anotarla a favor de su marcador.
Pero ante todo, era buen jugador y reconocía el juego de otra persona, así que lo mejor era ir a saludarlo y expresarle su buen juego.
Se acercó a Kikyo, bajó del caballo y se quitó el casco.
―Excelente partido mi señor – esbozó una sonrisa ― Nunca imaginé que podrías ganarle el tiro a tu esposo – eso se lo susurró al oído
―Eso se lo debo a un buen amigo
Unas damas pasaron a lado de ellas, coqueteando descaradamente con ella, y a su acompañante la miraban de una manera despreciable, ya que sabían el tipo de mujer que era ella….una cortesana.
Kikyo se sintió menos y agachó la cabeza.
―No debí venir – ella negó – Ni siquiera debí mezclarme en todo esto
Kagome la abrazó – No digas eso, mientras estés a mi lado, lo de más sale sobrando. Se sienten celosas de que una mujer como tú, este a lado de mi
Kikyo soltó una carcajada al ver a su amiga actuar como hombre.
―Kagome Taisho, creo que has comenzado a creerte ese papel
―Tal vez
―Buen juego señor…
Kagome abrió los ojos como platos y dejó de abrazar a su amiga cuando escuchó esa voz tan familiar e inconfundible, era su marido que estaba detrás de ella.
Kikyo le dio valor para que ella girara sobre sus talones y encontrarse nuevamente con su marido, comenzó a sentirse nerviosa, era la primera vez que se veían desde hace años y ahora estar frente a él aun le provocaba las mismas emociones.
―Lord Westmoreland – extendió una mano hacía él – Duque de Claymore
Inuyasha apretó su mano con la de él, al principio había sentido frágil el apretón, pero después se hizo más fuerte, era extraño, pero algo en el resultaba tan familiar, tan ¿querido?, algo o…alguien que había dejado atrás.
Negó para sí mismo y ambos retiraron la mano al mismo tiempo.
―Juega excelente al polo – comentó Inuyasha ― ¿Así como juega tan bien, me imagino que es bueno en cartas?
―Las cartas son mi especialidad señor – respondió Kagome en tono varonil
―De ninguna manera voy a permitir que se diviertan sin mí – intervino otra voz por detrás de la espalda de Inuyasha
Kagome sintió temblar a Kikyo cuando Lord Marshall se había acercado con ellos, así que le apretó la mano para darle apoyo, pero sobre todo para relajarla.
―Deberíamos mostrarle a estos niños de lo que somos capaz― Naraku frunció el cejo, ya que ni sabía cómo se llamaba el que había sido su compañero de juego ― ¿Cómo dijo que se llamaba?
―Derek Westmoreland, Duque de Claymore – Kagome extendió su mano para saludar a al que sería su objetivo durante algún tiempo
―Mucho gusto señor – Naraku estrechó la su mano con la de ese hombre ― Esta noche habrá una partida de cartas en mi club. Me gustaría que usted fuera
―Gracias por su invitación– inclinó su cabeza – Pero le prometí a una bella dama de mi compañía – le esbozó una sonrisa a Kikyo – Y no puedo faltar a mi promesa
Para fortuna de Kikyo, Naraku no la había reconocido, pero no podía negar que la miraba con ojos de perversión y esto la hizo sentir más incómoda.
―Una bella dama – Naraku hizo una reverencia ante ella
―Así es – asintió Kagome – Ahora si me disculpan caballeros. Tenemos cosas que hacer – les guiñó un ojo y ambas se retiraron del lugar
Kagome suspiró al verse alejada ante las miradas de esos dos hombres y solo cuando estuvieron adentro del carruaje pudo dejarse caer.
―Para ser tu primer día fue magnífico – comentó Kikyo
―Lo único que quiero es llegar a casa para descansar y olvidarme de este día – respondió Kagome
Había estado tenada en armarle una escena de celos a Inuyasha, de pedirle explicaciones del porque se paseaba con su amante tan descaradamente, pero debía guardar compostura, estaba ahí como Derek Westmoreland, no como Lady Kagome Taisho.
―La segunda etapa es hacer que Safira aparezca – comentó Kikyo
―Si – Kagome asintió – Pero no tengo idea de cómo será su aparición
Kikyo esbozó una sonrisa – No te preocupes, eso déjamelo a mi
―Pero su aparición será una semana después – comentó Kagome – No quiero que comiencen a sospechar
―De acuerdo. Se hará como usted diga, Lord Westmoreland
El silencio se hizo entre las dos, ya que Kagome estaba perdida en sus pensamientos, si creía que iba a poder vengarse de su marido, estaba equivocada, porque aunque le costará negar, seguía enamorada de él, y en lugar de darle una bofetada, estuvo a punto de arrojarse a sus brazos, besarlo y decirle que era ella. Pero se iba a ver mal que un Lord bese a otro Lord.
Ella no quiso llegar a la casa que Koga había alquilado para ella, a cambio de esto, le pidió a su amiga que la llevara a otro lugar, a lo que Kikyo accedió sin decirle el lugar al que iban.
El carruaje se detuvo justo en frente de una casa de dos pisos, con un amplio jardín, era muy agradable, pero antes de salir, su amiga le dio una capa en color rojo para ser la pusiera y así evitar ser reconocido, los únicos que sabían quién era realmente era ella, Kikyo y el cochero.
Ya que debían guardar a toda costa la reputación del duque, si lo vieran entrar en una casa donde vivían cinco cortesanas, probablemente les daría de que hablar a todo Londres.
Kikyo tocó la puerta y solo unos segundos después una mujer parecida a ella abrió la puerta.
La mujer al verla, esbozó una sonrisa y se abalanzó sobre ella.
―Kikyo – dijo la mujer abrazándola más fuerte
―Kagura – ella también la abrazó de la misma forma
Kagome se quedó un rato mirando como ambas mujeres se saludaban, ojalá cuando alguien la viera la saludara de la misma forma, el único que lo había hecho era Koga, y dudaba que tanto Inuyasha como sus padres lo hicieran.
―Cuanto tiempo prima – comentó la joven, quien después miró a Kagome ― ¿Es tu amante?
Kikyo negó con la cabeza – Es una larga historia – comentó Kikyo ― ¿Podemos pasar? Así te explicaríamos todo
Kagura asintió y las dejó pasar.
Una vez que estaban instaladas en la sala de estar, Kagome se dejó caer sobre un sofá, quitándose peluca y bigote falso ante la mirada atónita de Kagura.
