Capítulo 9
Había pasado exactamente una semana, Kagome no había logrado conseguir pruebas que pusieran al descubierto a Naraku, por los días se la pasaba jugando Polo, por las noches cartas en su club. Esa era su rutina del día, rutina que estaba comenzando por fastidiarla.
Para su desconcierto, Inuyasha estaba cada vez más cerca de "él", le hacía preguntas que muy difícil pudo contestar, en el fondo sentía que él estaba comenzando a sospechar algo.
Esa noche iría como de costumbre al club de Naraku y no se iría de ahí hasta conseguir algo, fingir ir al baño y buscar en su despacho aunque fuera una prueba esa sería una buena idea.
Todos estaban ahí, menos Inuyasha y la sola idea de pensar que pudiera estar con su amante le causaba nauseas.
—¿Dónde está Taisho? – preguntó ella sin una nota de interés
Bankotsu suspiró – Dijo que esta noche no vendría – respondió mientras analizaba sus cartas – Al parecer viajará mañana temprano a Hampshire a ver su esposa
Kagome casi se atragantaba con el vino, abrió los ojos de golpe, sus manos comenzaron a sudar, las palpitaciones de su corazón se hicieron más fuertes y comenzó a experimentar nervios, muchos nervios.
No, él no podía ir a verla ya que sin duda significaría el fin, él no debía averiguar nada no sin antes vengarse de él por medio de Safira.
—Creí que no la quería – respondió de lo más natural
—Inuyasha solo se quiere así mismo – comentó Naraku
—No es verdad – intervino Bankotsu – Según él, está preocupado por su esposa – hizo una pausa y se echó a reír
—¿Por qué la risa? – preguntó Kagome arqueando una ceja
—Porque ese cretino no se ha preocupado por ella durante siete años – respondió sin remordimiento – Aparte, hace años yo estaba interesado en ella, tanto que quise cortejarla para casarme. Kagome Higurashi es una mujer muy bella, no entiendo porque le puso esa tr…— de repente sintió que habló de más y guardó silencio
—¿Ponerle, qué? – volvió a preguntar Kagome
—Lo siento – dijo Bankotsu llevándose una copa de vino a la boca – Hablé de más, eso sólo le concierne a él
—Vamos, habla – lo animó Naraku — ¿De qué se trata?
—Si tanto estás interesado, pregúntale al propio Inuyasha — dijo Bankotsu – Yo no diré nada, no pienso traicionar a un amigo
Kagome guardó silencio, analizando las palabras de Bankotsu. ¿Qué es lo que realmente había querido decir? ¿Y por qué se quedó callado justo al terminar la frase?
Parpadeó, no debía pensar en el pasado, debía pensar en el presente, él iba a buscarla y debía pensar en algo ya.
¿Pero qué?
No se le ocurría nada, solo al menos hacer que la cortesana Safira apareciera de una vez por todas, así mataría dos pájaros de un tiro, seduciría a Inuyasha para que no fuera a buscarla y por el otro lado averiguaría más cosas sobre Naraku.
—Si me disculpan caballeros – se levantó de la silla – Debo irme
—Pero si aún es temprano – dijo Naraku
—Lo sé, pero mañana voy a pasar todo el día con la señorita Kikyo – le guiñó un ojo – Y debo estar bien para ella
Bankotsu esbozó una media sonrisa – Disfrútala mientras puedas, no vaya ser que otro te la quite
—A diferencia de ustedes. No soy celoso, si ella encuentra a alguien más, no me interpondré en su camino y le dejaré libre el camino
Miraba los ojos verdes de la pelirroja, esos ojos que mostraban una furia. Ella estaba parada justamente en frente de él con los brazos cruzados.
— ¿Así que pretendes ir a buscarla? – preguntó aún más furiosa
—Si – Inuyasha asintió
—Pero ha pasado mucho tiempo ¿No crees que a ella le seas solo indiferente?
—Estoy consciente de eso, ella también me resulta indiferente, pero han pasado muchos años. Quiero saber si nuestra unión dio fruta
Ayame suspiró, el solo hecho de pensar que su querido amante fuera casado y que estuviera mostrando signos de interés hacía una esposa que abandonó hace mucho tiempo, le resultaba peligroso, debía retenerlo.
—Cariño – ella se acercó a él – Estoy segura de que si tu unión con ella dio como resultado un embarazo, tu mujer te lo habría dicho por medio de una carta, así como tú se lo sugeriste – enredó sus brazo en el cuello de Inuyasha – Así que mejor abandona esa idea absurda y mejor disfrutemos de esto que tenemos
—Lo siento – él negó y apartó los brazos de Ayame de su cuello –Pero no puedo
Pero su visita no tenía nada que ver con saber si esa noche ambos habían engendrado un hijo, aunque esa idea no le desagradaba, ser padre iba a ser una experiencia nueva a la cual tenía que acostumbrarse, pero lo que más deseaba ver eran esos ojos color chocolate que no podría olvidar.
Aun sentía su aroma, su cálida piel, sedosa y exquisita.
—En ese caso, si te vas de aquí no regresas – amenazó ella
— ¿Estás segura? – Inuyasha arqueó una ceja
—Completamente – dijo más segura de su decisión – No pienso compartirte con ninguna mujer aunque sea tu esposa
—Bien – asintió él retrocediendo un paso para salir por la puerta – Espero que no te lamentes de tu decisión
Giró sobre sus talones y emprendió su camino, aunque escuchó la voz de Ayame tratándolo de detener y maldiciéndolo a la vez no se detuvo por nada del mundo, él tenía muy claro lo que quería hacer, además su madre le había preguntado varias veces por ella, y sobre todo los padres de Kagome, en todo Londres se rumoraba que él la dejó para retomar su relación con su amante, aunque esos rumores eran confirmados cada vez que los veían.
Sabía que no podía amar a su esposa, solo le podía ofrecer su cariño, amistad y nada más.
Subió a su carruaje y le pidió al cochero que lo llevara a casa, debía dormir ya que al día siguiente partiría muy temprano.
A la mañana siguiente…
Se encontraban en el campo, tanto Kagome, Koga y sus hombres montando una escena de robo, en cuanto Kagome le había contado a su amigo que él pretendía buscarla, casi le quiso dar un infarto, si Inuyasha llegaba a enterarse que ella no estaba en la mansión donde la había dejado hace años, ambos iban a estar en apuros y su plan para descubrir a Naraku se iría por la borda.
Habían colocado un carruaje sin caballos en medio del camino, varios hombres se habían tirado al piso cubiertos de sangre de animal fingiendo estar muertos.
—Bien, el carruaje de Inuyasha Taisho aparecerá en veinte minutos – informó Koga – Les daré la señal y cuando lo hago – miró a su amiga – Tú gritaras despavorida pidiendo ayuda – dijo Koga – Inuyasha se acercara a ti a ayudarte y peleara con algunos de mis hombres y por ultimo al ver lo fuerte que es, saldrán huyendo. Tú te encargas de hacer que lleve a Safira a casa de su prima Kagura ¿Entendido?
—Si – Kagome asintió – Entendido
—Perfecto, todos a sus lugares – miró por última vez a Kagome – Recuerda, a mi señal grita.
Kagome estaba parada justamente en medio del carruaje y un hombre que le apuntaba con un arma, llevaba la cara cubierta por un trapo en color rojo, antes de que Koga les diera la señal, los hombres que estaban tirados al suelo fingiendo estar muertos, bromeaban o decían cosas como "cuando termine esto, iré a tomar un buen tarro de cerveza"
El hombre que estaba en frente de ella la miraba y parecía como si le estuviera sonriendo, el hombre era más alto que ella, sus ojos eran de un color dorado, tan dorados como los rayos del sol, su pelo, largo y plateado atado en con un listón, la miraba con intensidad que la hiso sentir un cosquilleo en el estómago.
—No se preocupe – dijo él – Todo saldrá bien, procurare no hacerle daño a usted ni al señor Taisho
—Gracias
A pesar de tener el rostro cubierto era tan guapo, atractivo, algo la hacía querer arrojarse a los brazos de ese desconocido.
Sacudió la cabeza ante esos pensamientos, ¿Pero qué estaba diciendo? Ella era casada y probablemente su bello desconocido también lo era.
De pronto aquel hombre giró la cabeza y vio a Koga haciéndole una señal, había llegado la hora.
—Bien – dijo el hombre – Ha llegado el momento, disculpe si soy brusco con usted, pero la situación lo va a requerir
—No se preocupe – Kagome asintió
Un carruaje se asomó por el camino y Kagome vio como el hombre levantaba aún más la pistola hacia ella.
—Sus joyas – dijo él – Entréguemelas o si no aquí muere
—No tengo nada de valor – ella negó con la cabeza – ¡Auxilio! – Exclamó desesperado, como si la estuvieran asaltando de verdad – Por favor, que alguien me ayude
—Pedir ayuda no servirá de nada – el hombre levanto aún más la voz – Así que entrégueme sus joyas
Inuyasha se asomó por la ventana al escuchar un grito desgarrador de una mujer y cuando lo hizo vio precisamente a una dama siendo asaltada por una banda de maleantes, algunos estaban saqueando el carruaje, otro le estaba dando muerte al que probablemente era el cochero.
No pudo evitar esperar a que el carruaje se acercara, así que salió de ahí de un salto y fue directo hacia la dama en peligro mientras decía algo así como…
—Ni se te ocurra hacerle daño – dijo cuando por fin se acercó a ellos
El misterioso bandolero enarcó una ceja y le apuntó a Inuyasha con otra pistola.
—Usted no se meta si no quiere morir también
—Eres un maldito cobarde por asaltar a mujeres indefensas – lo acusó Inuyasha – Ven y pelea conmigo
Y así fue, sin pensarlo dos veces, los dos hombres se enfrentaron a golpes, pero el otro resto del grupo se acercaba a ellos para ayudarle a su líder, pero Inuyasha era más fuerte que ni cuatro hombres podían contra él, uno por uno fue huyendo, hasta que solo se quedó el líder, que lo miraba desde cerca antes de emprender su retirada.
—Nos vemos en otra ocasión – inclinó la cabeza hacia Kagome y se fue
El corazón de la joven latía con fuerza, aunque para ella había sido una falsa, para Inuyasha era real y ella estaba temiendo por más por él.
Inuyasha giró sobre sus talones y se encontró con la mujer más bella, pelo rojizo como las llamas del fuego, labios rojos como los pétalos de una rosa, cuerpo de sirena y de ensueño, era la mujer más bella que hubiera visto en toda su vida.
Y de pronto se le olvidó el objetivo de su viaje.
— ¿Está bien, señorita?— preguntó acercándose a ella
—No – Kagome negó – Estoy a punto de desmayarme. Esos bandidos nos asaltaron a mi cochero y a mí – miró al hombre que estaba tirado en el suelo
— ¿Viajaba sin escolta?
—Siempre lo hago – respondió ella – Pero gracias a dios que usted llegó – de repente su tono de voz cambió, de nerviosa a sensual — ¿A quién le debo las gracias?
Inuyasha se aclaró la garganta y se puso nervioso al ver esos ojos color chocolate.
—Inuyasha Taisho – extendió la mano hacia ella
—Gracias señor Taisho, o debo decir…mi héroe – esbozó una sonrisa sensual y terminó por estrechar la mano con él
— ¿Y cuál es el nombre de tan bella dama? – preguntó
—Safira Anderson – respondió más sensual
Ambos estrecharon sus manos, Inuyasha no podía dejar de verla, era tan hermosa, que con tan solo verla le producía un dolor en la entrepierna.
¿Quién era?
¿Por qué no la había visto antes?
¿Era casada? ¿Tenía amante?
— ¿Y a donde se dirigía? – preguntó para calmar el ambiente entre los dos
—Vengo de Cornwall, y viajé a Londres para ver a una prima – respondió ella – Bueno señor Taisho, debo seguir sola mi camino – miró a su cochero que yacía muerto en el suelo – Si no quiero encontrarme de nuevo con esos bandidos
Inuyasha frunció el cejo, como buen caballero no debía permitir que una mujer tan bella continuara su viaje sola, eso sería muy peligroso, tal vez en el camino se toparía de nuevo con esos bandidos y esta vez sería muy distintas las cosas.
—Si me lo permite ¿Puedo acompañarla? – Se ofreció él – El camino es muy peligroso y una mujer sola sería una carnada fácil para un bandido
Kagome esbozó una débil sonrisa – No soy tan indefensa señor Taisho, se cuidarme sola – y por ultimo le guiñó un ojo
—Insisto, déjeme acompañarla
Después de meditarlo varias veces Kagome asintió, así que de inmediato pasaron sus cosas al carruaje de Inuyasha, mientras ella esperaba adentro, él y su cochero preparaban cavaban una tumba para el acompañante de la dama.
No tardo ni una hora cuando él ya estaba de regreso, subió y miró a la joven.
— ¿Cuál era su destino antes de que se topara con esos bandidos?
—A la casa de la señorita Kagura Anderson – respondió ella – Es mi prima.
De pronto la sonrisa de Inuyasha se le borró de los labios, conocía a esa mujer, era una cortesana que vivía otras cuatro cortesanas en la misma casa.
— ¿Eres…
—¿Cortesana? – Lo interrumpió ella – Así es.
Él no dijo nada y le ordenó a su cochero que regresaran para llevar a la señorita a la casa de su prima. Mientras viajaban en silencio, Inuyasha se hacía mil preguntas en la cabeza.
Tales como…
¿Tenía algún protector?
¿Algunos de sus amantes la había dejado embarazada?
Debía averiguar más sobre ella, si no tenía amante, él la haría suya, esto sin duda iba a significar un golpe duro para Ayame, pero después de todo ella misma fue la que le puso fin a su relación.
Por otro lado, su viaje a Hampshire debía esperar un poco más, ¿Qué tano sería un año más?
Al ver a su amiga subir al coche de Inuyasha y dar marcha atrás, esbozó una sonrisa, su plan había dado resultado, sin duda alguna Kagome se veía radiante y seductora.
El misterioso hombre que fingió asaltar a Kagome se acercó a él y se quitó el trapo de la cara y tomó aire.
—¿Cómo salió todo? – preguntó en voz ronca.
—Todo salió perfecto – Koga esbozó una sonrisa – Estuviste genial Sesshomaru.
—Lo hago solo para ayudar – respondió él – Ahora la señora Taisho se encargará de hacer el resto – esbozó una media sonrisa, él no tenía duda de que ella lo iba a lograr.
—Quiero que estés al pendiente de ella, ahora que ha salido con su papel de cortesana, es cuando más va a estar en peligro.
—No te preocupes por eso – él se llevó una mano al corazón – Será un placer cuidar de ella a sus espaladas.
Hola!
Espero estén bien, me dieron un consejo de actualizar y desactivar el traductor de Google a ver si ese es lo que generaba el error de modificar algunas palabras.
Díganme si salió bien, ahorita actualizare pero desde Internet explorer para una comparativa.
Saludos!
BPB
