Capítulo 10

El lujoso carruaje del Lord Inalcanzable se paró justo en la entrada de la casa de Kagura, la cortesana. Kagome quería salir de inmediato, el viaje había sido un completo martirio, haber soportado las miradas lascivas de su esposo, escuchar su respiración agitada, sus bellos e intensos ojos dorados.

El duque Taisho fue el primero en salir del carruaje e inmediato le tendió una mano a la joven para ayudarla a bajar.

Kagome dudó un momento, pero después apoyó una mano sobre la de Inuyasha y bajó del carruaje. Ella esbozó una sonrisa sensual y como le había dicho Kikyo, no se olvidó de pestañar suave y delicadamente.

—Gracias milord – dijo con sinceridad – No sé cómo agradecerle todo lo que ha hecho por mí en este día.

Ella lo vio sonrojarse y llevarse una mano a su cabello, ese cabello plateado que anhelaba tocar aunque fuera solo una vez. Negó para sí misma, ese tipo de pensamientos no debía permitírselos, estaba ahí por una razón, bueno por dos razones, la primera ayudar a su mejor amigo y la segunda vengarse de ese arrogante, sensual y encantador libertino que tenía como esposo.

—No me tiene que agradecer nada – dijo él, al mismo tiempo que la miraba embelesado y no perdía ninguno de sus movimientos…y esas pestañas color azabache que se movían delicadamente – Es lo que haría un caballero.

—En ese caso debo darle gracias al destino por haberlo puesto en mi cambio – entre más hablaba, mayor era la naturalidad de su voz sensual – Pero ¿Debe de haber una manera en la que pueda pagarle por lo que ha hecho por mí?

Si, asintió para sus adentros, pedirle que fuera su amante, simplemente la idea de ver sus delicadas cuervas, esos pechos redondos que moldeaban su cuerpo, lo hacían perder la cabeza y se la imaginaba a ella entre sabanas de seda, desnuda y anhelante de él, pero sabía que era muy pronto para tal proposición, apenas se habían visto un día y ya quería tenerla en su cama.

Pero estaba seguro, que cualquier hombre con sangre en las venas haría lo mismo, ante esos ojos color chocolate que brillaban con luz propia, esa boca, perfectamente delineada y carnosa, hechos para besar y ser besados, estaba seguro, que cualquiera se hubiera arrodillado ante ella pidiéndole, no más bien, rogándole que aceptara ser su amante.

—No se preocupe Lady Safira – respondió, aunque se moría de deseo por rogarle que fuera su amante.

—Yo creo que si – dijo "Safira" – Esta noche mi prima hará una fiesta en mi honor, con motivo de mi llegada. Me gustaría que usted asistiera.

Inuyasha dudó un poco, ya que casi no conocía a Kagura, había escuchado de ella, que compartía casa con otras cortesanas más, lo sabía gracias a su amigo Bankotsu, quien sostuvo un amorío con una de ellas.

Frecuentar una casa de cortesanas, sin duda iba ser otro agregado a la lista de las perversiones del Lord Inalcanzable, pero si se trataba de una belleza como Safira, cruzaría el propio inferno si era posible.

— ¿Y bien, asistiera? – preguntó Kagome, interrumpiendo los pensamientos de Inuyasha.

—De acuerdo – asintió, con tal de tenerla cerca y para él – Asistiré, solo por usted.

Safira esbozó una sonrisa – Perfecto, lo espero a las ocho.

Ella le tendió una mano en señal de despedida, Inuyasha la tomó y depositó un beso en ella.

—Estaré esperando con ansias a que sean las ocho.

Llamó la puerta, alguien abrió y ella entró, dejando a Inuyasha ahí, afuera.

Kagome se quedó recargada en la puerta, aun podía recordar la loción de su perfume, esos ojos dorados mirándola con pasión y deseo, por un momento estuvo a punto de mandar todo al demonio y decirle que era su esposa y no Safira, pero no podía ser así, solo se había dado cuenta de una cosa, que él no era digno de confianza, que se iba con cualquier mujer que veía incluso si era una desconocida.

No haría tal cosa de nuevo, pues se vengaría de él, lo atraparía en su red de seducción, y cuando estuviera clamando por un solo beso, lo haría sufrir, atormentándolo de puro deseo. Aunque debía de admitir, que sintió celos de Safira, él nunca la había visto así en el pasado, solo la había visto como la mujer que lo condenó al matrimonio.

Aunque por otro lado, también estaba ese otro caballero que fingió ser su ladrón, era alto, ojos dorados iguales a los de su esposo, si llegara a saber la existencia de un hermano por parte de Inuyasha, estaría segura que sería él.

Pero en esos ojos solo se demostraba arrogancia, con maíz frio y algo de tristeza en ellos, sin duda eran las cicatrices de una vida dura, deseaba verlo aunque fuera una sola vez, sin ese trapo cubriéndole el rostro.

No podía olvidar esa voz, ronca, suave, poderosa y con un gran destello de arrogancia…. Igual a la de Inuyasha.

Alto y fuerte y con ojos seductores….iguales a los de Inuyasha.

Kikyo pasaba por casualidad por el vestíbulo y vio a Kagome recargada en la puerta, con la mirada ensoñadora y los ojos resplandecientes.

—Kagome – dijo ella acercándose a su amiga, pero simplemente Kagome no respondía – Kagome – aplaudió enfrente de su rostro y solo así la pudo despertar de sus ensoñaciones

— ¿Dime? – parpadeó como si estuviera despertando de un sueño.

—Llevó media hora hablándote.

—Lo siento, no te había visto.

— ¿Y qué pasó? – Kikyo esbozó una media sonrisa — ¿El Lord Inalcanzable conoció por fin a Safira?

Kagome esbozó una sonrisa seductora y asintió, mientras que enderezaba y continuaba su camino hacia su habitación.

—Así es – asintió – Me conoció, y estoy segura que le atraigo. Su simple mirada lo dice todo – fingió una voz seductora, centrándose en su papel de cortesana – Naraku e Inuyasha conocerán esta noche a la mujer más pasional y seductora que hayan visto.

Kikyo negó con la vista, desconoció por un minuto a Kagome, ella no hubiera hablado de esa forma, simplemente se habría referido a que todo salió bien y que Inuyasha había caído, pero la actitud de su amiga había cambiado por completo.

En una taberna, lejos de ahí…

Un hombre se encontraba bebiendo whisky, sus ojos dorados contemplaban el líquido ámbar mientras hacía agitar su copa de un lado a otro.

Alguien tomó asiento a lado de él y tosió.

— ¿Aun sigues escupiendo tierra? – preguntó mientras observaba a su amigo.

El hombre alzó la vista y le lanzó una mirada fulminante.

—La próxima vez tú serás el cochero y yo el ladrón— dijo su amigo— Y cuando ese día llegue no quiero escuchar quejas ¿Estamos de acuerdo, Sesshomaru?

Sesshomaru, hombre alto y de ojos dorados, hombros anchos y brazos fuertes y largos, su cabello era plateado, muchos lo confundían con Inuyasha Taisho, pero simplemente les respondía que venía del seno de una familia humilde.

—Relájate Jaken – sugirió el ojidorado – De todos modos, estábamos ahí para sacarte de ese pozo – y ante ese comentario comenzó a reírse.

Jaken roló los ojos, suspiró y negó con resignación, era mejor dejar a su amigo que se riera de él.

—Es una mujer muy hermosa ¿No crees?

Al escuchar la pregunta de su amigo, Sesshomaru dejo de reír y tomó una postura más seria.

— ¿De quién hablar? – preguntó con indiferencia al mismo tiempo que bebía de su copa.

—Sabes de quien hablo – dijo su amigo – De cierta duquesa que ambos conocemos.

Él sabía a quién se refería, a Lady Taisho, si, era hermosa pero eso nunca lo iba admitir ante nadie, solo para sí mismo, esa frágil mujer hacia que despertara un enorme deseo de protegerla, simplemente ninguna mujer arriesgaría tanto incluso su propia reputación solo para desenmascarar a un bandido como Naraku.

—Bella pero nunca llegara a ser hermosa— respondió con tanta arrogancia – Además, no es mi tipo de mujer.

—Ah sí claro – dijo con sarcasmo Jaken – Se me estaba olvidando que a ti ya no te interesa ninguna mujer.

Ante ese comentario, Sesshomaru golpeó la mesa, sus ojos cambiaron de ámbar a rojo, su mirada se hizo más dura, no le gustaba que le recordaran su pasado y más si se trataba de su amigo, alguien que conocía a la perfección su historia.

—Solo una mujer me ha hecho actuar como estúpido – comentó serio – Y ninguna más lo hará – se levantó de su asiento y salió de la taberna dejando a su amigo solo.

No quería que lo vieran derramar una lagrima, habían pasado diez años y si creía que esa herida había sanado, estaba completamente equivocado.

¿Quién olvidaba más rápido? ¿Un hombre o una mujer?

Para él era difícil olvidarla, esa sonrisa sensual, esos labios rojos, su perfume que lograba dominar todos sus sentidos, aun no la había olvidado, aun no olvidaba su traición.

Se había jurado que cuando volviera a ver a esa mujer, la estrangularía con sus manos, pero bien sabía que no podría hacerlo, porque si la veía a los ojos, estaría seguro que terminaría por besarla y hacerle el amor.

Esa misma noche…

Kagura había convertido el salón en un atentico salón de baile, Kagome nunca había asistido a un baile de cortesanas y estaba emocionada, era su primera vez, sin duda si su madre se llegará a enterar de que estuvo en un evento así, le daría la espalda y por consiguiente se reputación sería arruinada incluyendo la de su esposo.

Tanto ella como Kikyo habían decidido que primero se hiciera presente el Lord Westmoreland y después de un escape espectacular, se logarían colar por la perta de la cocina para llegar hasta una de las habitaciones y así cambiarse por su atuendo de cortesana.

Pero no estaba ahí ni como Kagome ni como Safira, estaba como Derek Westmoreland, acompañado de su fiel amiga y cortesana Kikyo, aunque ella se encontraba en la pista bailando con un caballero que no dejaba de verla con mirada lasciva.

—Si yo fuera usted, retaría a duelo a ese caballero – sugirió Naraku – Le está robando a su mujer.

El duque esbozó una amplia sonrisa – A comparación de lo que usted piense amigo, no soy tan posesivo. A mi dama siempre le he dado la oportunidad de elegir y si llega alguien que le ofrece más que yo, simplemente la dejare ir

—Que complaciente es usted – comentó Bankotsu que también estaba a un lado de ellos.

—A propósito ¿Y el señor Taisho? – prefirió cambiar de tema.

Ya que realmente la aparición de Inuyasha tenía mucho que ver en este asunto, si él no vendría no tendría caso que apareciera Safira.

—Según él, dijo que vendría después de las ocho – respondió Bankotsu.

—Pero ya pasan de las ocho – comentó Kagome.

—Su interés por Inuyasha es extraño – dijo Bankotsu.

—Simplemente curiosidad – explicó Kagome.

De pronto el susodicho salió justamente de tras de ella, Kagome no pudo evitar mirarlo de reojo, cielos, lucía tan atractivo y varonil.

—Espero que no estén hablando mal de mí – comentó Inuyasha entre risas.

—Oh desde luego que no – Naraku negó con la cabeza.

Para la sorpresa de Kagome, Inuyasha pasó su brazo alrededor de los hombros de ella.

—Sé que ambos no iniciamos bien señor Claymore – explicó Inuyasha – Pero quiero que a partir de ese momento dejemos todo atrás y comencemos de nuevo ¿Le parece bien? – extendió una mano hacia él.

Kagome dudó y después terminó por estrecharla con la de él.

—Por supuesto.

Kikyo supo que había llegado el momento, pues Kagome le había pedido que en cuanto Inuyasha apareciera que fuera por ella y fingiera estar mal.

Y así lo hizo, se despidió de su pareja de baile y fue directo hacia donde estaba él.

—Caballero ¿Les importa si me robo por un momento a mi hombre? – ella miró a todos y ellos negaron.

No pudieron escuchar lo que ambos comentaban en secreto, pero entre ellas se decían que había llegado la hora de la retirada.

Él fingió asentir, se apartó de ella solo para despedirse de sus amigos.

—Lo siento, pero debo retirarme.

—Pero si la noche es larga – dijo Inuyasha, quien no dejaba de ver alrededor del salón con la esperanza de encontrase con ella.

—Así es. Por eso me retiro – les guiño un ojos.

Y todos comprendieron el verdadero significado de las palabras de Claymore. Así que ella y Kikyo salieron por la puerta principal y se fueron a hurtadillas sin que nadie las viera hasta llegar a la puerta de la cocina, donde ya las esperaba Kagura con todo lo necesario para la trasformación.

—Llevo media hora esperándolas – se quejó.

—Lo sentimos, El Lord Inalcanzable aun no llegaba – comentó Kagome.

—Bien – Kikyo asintió – Es hora del primer baile de Safira en Londres, recuerda cuál es tu objetivo principal, Naraku y en segundo Inuyasha.

Kagome asintió y así tanto Kikyo como Kagura la ayudaban a vestirse.


Hola!

Actualizado desde Internet Explorer igual con traducción desactivada.

Comparen cual salió mejor!

Saludos!

BPB