Capítulo 11

Antes de comenzar, Kagura había cerrado la puerta de la cocina con llave, recorrió las cortinas de la ventana para que ningún ojo fuera testigo de la transformación de Kagome.

Kagome se dejó hacer por las dos, observaba a sus dos amigas con atención mientras ambas hacían su trabajo.

—Pásame el polvo – dijo Kagura a su prima, atenta a lo que hacía.

—Kagome estira los brazos – dijo Kikyo.

Ella lo hizo y al instante Kikyo le quitó el saco, desató el nudo de su pañuelo y por ultimo desabrochaba los botones de la camisa.

Una vestía mientras que la otra la maquillaba y le ponían la peluca rojiza.

Kagome abrió los ojos de par en par al ver el vestido que Kikyo había tomado, en un principio se negó a usarlo.

—Ah no – negó con la cabeza echándose para atrás – No me pondré eso. ¡Es demasiado atrevido!

Kikyo esbozó una sonrisa, pues sabía de sobra que su amiga no iba a usar ese tipo de vestido.

—Es demasiado tarde para arrepentirte – comentó ella y avanzó hacía Kagome— Allá afuera está el Lord Inalcanzable, esperando a Lady Safira junto con Naraku. ¿No vas a dejarlos plantados o sí?

"Si" se dijo para ella misma, ya no sabía si estaba segura de seguir con la farsa, pero como Kikyo había dicho, era demasiado tarde, Inuyasha la había visto como Lady Safira y su desaparición iba ser muy extraña, lo mejor era enfrentar las cosas y fingir.

—Ya estamos aquí, así que será mejor que cooperes y dejes que te vita— concluyó su amiga.

Así que resignada, dejó que Kikyo terminara de vestirla, sentía la fina tela del vestido recorrer su cuerpo, los tirones que le provocaba su amiga cada vez que ataba los listones del vestido.

Minutos después, Kikyo y Kagura se miraron una a la otra y esbozaron una sonrisa y después voltearon al mismo tiempo para ver a Kagome en una señal de complicidad.

— ¿Qué? – Preguntó la joven nerviosa al verlas — ¿No quedé bien?

—Porque no lo compruebas por ti misma— comentó Kikyo y al instante le entregó un espejo.

Kagome lo tomó con manos temblorosas, no quería verse y llevarse una decepción, a pesar de verse bella como Lady Safira, sabía bien que aunque se disfrazara de ese personaje jamás le iba a llegar a los talones a Lady Ayame, la amante de su esposo.

Ella sí que era hermosa, fina, delicada y suave, en cambio ella, era un capullo ante una rosa roja en pleno invierno.

Pero se armó de valor y se miró en él, y al hacerlo, abrió los ojos de par en par, esa no podía ser ella, porque, esa pelirroja era una mujer muy hermosa, con una mirada seductora y con ojos ardientes de deseo.

—Ella no puedo ser yo—negó aun sin poder creerlo.

—Eres tú querida – confirmó Kagura – Una mujer hermosa, que está a punto de seducir a dos hombre al mismo tipo. Solo falta una cosa.

Kagura abrió una pequeña cajita y sacó de ella un pequeño lunar postizo colocándolo en el nacimiento de uno de sus pechos.

—Es solo para verte más seductora – dijo Kagura guiñándole un ojo.

Pero Kagome no le puso atención, ya que aún seguía mirándose al espejo, nunca en su vida se había visto tan hermosa.

—Bien, esto es lo que haremos – interrumpió Kikyo – Saldrás acompañada de Kagura, ella te presentara a sus amistades. Seducirás con tu hermosa mirada y sensual no solo a Inuyasha ni a Naraku, sino a más de un hombre y de eso estoy segura.

— ¿Qué harás tú mientras tanto?—preguntó alarmada.

—No te preocupes – Kikyo le regaló una sonrisa – Koga acaba de llegar, estaremos viéndote de cerca. Esta casa tiene un pasadizo secreto con una vista al salón de baile. Si llegas a tener problemas, Kagura estará al pendiente de ti.

—Vamos Kagome— Kagura la tomó del brazo.

Pero antes de que ella se la llevara, Kagome se soltó del brazo de Kagura y fue con Kikyo solo para darle un abrazo.

—Gracias – dijo ella con sinceridad – Durante ese tiempo has sido una gran amiga.

Kikyo esbozó una sonrisa – También lo eres tú. Gracias por ofrecerme tu amistad. Pero no es momento para sentimentalismos, tenemos mucho que hacer esta noche.

Ambas salieron de la cocina y caminaron por l largo pasillo que conducía hacia el salón de baile, se detuvieron solo a unos centímetros de la puerta principal solo para que Kagura afinara unos detalles en el peinado de Kagome y al ver que no había nada más que hacer, asintió.

El momento había llegado.

Y con aire de elegancia, ambas entraron al salón entre risas, si alguna de las dos hubiera dicho una broma, y al escucharlas, los invitados interrumpieron sus pláticas e incluso algunos su baile.

—Les presento a mi prima— dijo Kagura, levantando uno de los brazos de Kagome – Lady Safira.

Inuyasha al escuchar ese nombre, giró la cabeza en dirección hacia ella, y lo que vio hizo que le provocara una ola de deseo, ella era la mismísima Afrodita, la diosa de la belleza, el vestido rojo de seda se moldeaba perfectamente a su cuerpo, con ese provocativo escote hacia resaltar el nacimiento de sus pechos y ese lunar, era demasiado excitante, todo ella lo excitaba aún más y lo volvía loco.

— ¿Quién es esa hermosa?

Escuchó preguntar a Naraku y por primera vez en su vida sintió celos, nunca lo había sentido por parte de sus exámenes, solo con ella y eso era lo que más le desconcertaba, hacía que el instinto de posesión de hiciera presente, ella iba ser suya y de nadie más.

No la iba a compartir con nadie.

—Olvídalo Naraku – dijo él, esbozando una media sonrisa – Yo la vi primero.

—No mi buen amigo – él negó – Ambos la vimos al mismo tiempo.

Una gran multitud se había arremolinado alrededor de Kagome., incluyendo el propio Naraku, la joven se sentía como una pequeño conejo indefenso ante su depredador, sentía las miradas pervertidas de todos, pero en ningún momento dejó de sonreír, así que de disculpó con los caballeros y buscó con la mirada a su principal objetivo.

Inuyasha.

Y lo vio en un rincón, bebiendo una copa de whisky y se acercó más a él.

—Pensé que no vendría, milord – comentó ella.

—Como podría no hacerlo. Una mujer hermosa como usted se merece toda la atención.

Ella esbozó una sonrisa.

— ¿Es así como el Lord Inalcanzable conquista a una mujer? ¿Siendo tan…encantador?

Inuyasha esbozó una amarga sonrisa, así que no perdió su tiempo en averiguar sobre él, eso sin duda decía mucho, que le interesaba y se alegró por eso.

—Veo que no perdió el tiempo en averiguar de sobre mí, señorita.

—Debía hacerlo, quería saber sobre mi héroe.

Kikyo entró al pequeño pasadizo donde ya la estaba esperando Koga. Y antes de que ella legara, él se encontraba espiando detrás de una pintura el desenvolvimiento de su amiga.

— ¿Cómo está saliendo todo?— preguntó Kikyo, acercándose solo para mirar tras la pintura.

—Perfecta, el papel de Safira le sienta bien. Ha cautivado a su esposo y el imbécil no se da cuenta quien es en realidad.

—Pues es un completo idiota al no darse cuenta del parecido entre, Lady Safira, Derek Claymore y Kagome.

Ella se rio y Koga se perdió en su maravillosa sonrisa.

—Gracias – dijo él – Todo lo que has hecho por ella.

—Kagome es una gran amiga, ella me ofreció su amistad y simplemente la acepté

Hubo un silencio mientras observaban a Kagome bailar con su esposo.

— ¿Cómo fue que ustedes dos llegaron a ser amigos?

La pregunta que ella había hecho hizo que Koga se desconcentrara de lo que estaba viendo.

—Nuestros padres siempre han sido amigos, así que cada vez que frecuentaba a la familia Higurashi, Kagome y yo hicimos una amistad – esbozó y por último se echó a reír — Ella y yo acostumbrábamos a jugar a guerras de lodo, claro que siempre la dejaba ganar, a nuestras madres casi les provocábamos un desmayo cada vez que nos veían sucios. Ellos esperaban que esa amistad terminara en matrimonio una vez que ella fuera presentada en sociedad.

—Pero se casó con Inuyasha Taisho – dijo ella — ¿Cómo fue que se casó con ese patán?

Koga se quedó callado por unos momentos ante esa pregunta, sabía muy bien la razón, una dama que había comprometido su reputación con el canalla más famoso de todo Londres.

—Inuyasha había comprometido la reputación de Kagome, así que para salvarla de la humillación y por consiguiente su propio honor, se casó con ella y por ultimo…

—La abandonó en Hampshire – concluyó ella y Koga asintió — ¿Por qué no le propusiste matrimonio? Estoy segura que sus vidas hubieran sido distintas.

—Porque Inuyasha se me adelantó – respondió él – Y fue lo mejor, ella hubiera aceptado casarse conmigo solo para ocultar las apariencias, pero entre nosotros no podría haber amor, porque nos queremos como hermanos.

— ¿Y por qué no te has casado? – Volvió a preguntar ella – Eres joven, apuesto, un buen hombre y excelente partido para una dama.

—Aún no ha llegado la mujer indicada, la que se adueñe de mi corazón y de mí.

Koga la miró y se echó a reír nuevamente.

Kikyo arqueó una ceja — ¿Por qué la risa, milord?

—De que usted me ha hecho muchas preguntas y yo no he tenido la oportunidad de hacerle una.

Kikyo se sonrojó y agradeció la poca luz que había en el pequeño pasadizo.

—Discúlpeme. — Dijo apenada – Pregunte lo que quiera.

Y Koga no dudó en hacerlo.

— ¿Por qué eres tan bella?

No supo que decir, solo que sintió el tibio aliento de Koga justo en su rostro, pero la música sonó, interrumpiendo ese momento, Kikyo parpadeó y aprovechó para apartarse y seguir viendo desde la pintura a su amiga.

—Kagome va a bailar con Inuyasha – dijo emocionada.

Koga tomó la mano de la joven — ¿Me concede esta pieza, señorita?

— ¿Aquí? Pero es un lugar muy estrecho.

—Cualquier lugar es ideal, lo único que importa es la compañía

Koga acercó el cuerpo de Kikyo hacia él, y ambos comenzaron a bailar, dejándose llevar por ritmo de la danza, suave y delicada que se filtraba por ese estrecho pasadizo, sus miradas se habían encontrado nuevamente, sus respiraciones cada vez estaban más cerca del uno del otro.

Él ya no pudo reprimir un minutos más ese deseo de besarla y lo hizo, besó esos labios que se habían convertido en las últimas semanas su tormento, ella le respondió de la misma forma.

Pero no duró mucho, ya que ella despertó de su ensoñación y se apartó de Koga, llevándose la mano a los labios, nunca había sentido ese tipo de sentimiento hacia una persona, y él lograba que se despertara cada vez más.

—Lo siento – se disculpó Koga – No pude contenerlo.

—No se preocupe, será mejor que nos concentremos en Kagome.

Koga asintió y ambos retomaron su espionaje, aunque sabían muy bien que nada sería igual después del beso.

Inuyasha no dejaba de admirar a "Safira", había algo extrañamente familiar, esos ojos se le hacían muy conocidos, al igual que sus labios carnosos y perfectamente delineados.

—Y dígame ¿Cómo supo de mi reputación? – preguntó.

"Porque soy tu esposa, grandísimo idiota", bueno aunque lo pensó, estaba segura que se lo diría siendo ella misma. Simplemente Kagome se limitó a sonreír.

¿Cuántas veces lo había hecho? No lo sabía, pero las mejillas ya le estaban doliendo de tanto sonreír.

—Le pregunté a mi prima por usted y me dijo quién era. ¿Es cierto que una vez saltó del balón de una dama, solo para que el marido no lo descubriera?

Inuyasha no pudo evitar echarse a reír.

—Mentiras – respondió negando con la cabeza – Chismes sin sentido.

— ¿En serio? – Ella arqueó una ceja — ¿Y qué me dice una donde hizo el amor en un carruaje justo en frente de un teatro?

—Otro rumor.

Pero antes de que siguieran bailando y Kagome prosiguiera con su interrogatorio, Naraku se acercó a ellos.

—Lord Taisho ¿Me permites bailar con la dama?

Inuyasha frunció el cejo y apretó a Safira contra su cuerpo, como en señal de posesión.

—Solo si la dama acepta.

Ambos voltearon a verla y ella al ver las miradas de los dos, se mordió el labio inferior sin saber que responder.