Capítulo 12

Tanto Inuyasha como Naraku esperaban la respuesta de la joven, que simplemente se dedicó a mirar uno al otro.

Naraku la miraba con ojos llenos de perversión.

Inuyasha, igual, solo con un poco de lujuria y deseo.

El plan había dado resultado, ambos estaban clamando un baile con ella, lo que no sucedió el día de su presentación en la sociedad en tan solo su primera temporada. Simplemente se la había pasado sentada, oyendo las aburridas conversaciones que mantenía su madre con una soltera, y como no iba a recordar esa conversación, si la mayor parte de ella, estaba involucrada.

Ella le había dicho a su madre que esa era una señal clara que se avecinaba un cambio, y vaya que cambio, pues un par de días después terminó envuelta en un escándalo que la involucraba con el libertino más famoso de Londres.

Si pudiera regresar atrás, estaba segura que no cometería el grandísimo error de ir a buscar a sus padres, en cambio solo tuvo como resultado que su reputación se hubiera visto expuesto delante de los ojos de la duquesa Mason.

— ¿Entonces mi lady? – Interrumpió Naraku sus pensamientos — ¿Me haría el honor de bailar este vals conmigo? – dijo, extendiendo una mano en dirección hacia ella

El pequeño corazón de Kagome pegó un saltito, y más cuando sintió que Inuyasha la apretaba más hacia él.

Esbozó una sensual y encantadora sonrisa, mostrando sus dientes blancos y perfectamente alineados.

—Encantada milord – hizo una reverencia como pudo y acto seguido volteó a ver a Inuyasha – En cuanto este caballero me libere

Inuyasha se sonrojó al ver esos ojos chocolate, que se penetraron en su mirada y en todo su interior, no había sentido nada parecido, es decir, que nunca había deseado tanto que una mujer fuera su amante como esa pequeña y sensual mujer.

De muy mala gana la liberó y vio como Naraku la arrastraba con poca delicadeza hacia él, para comenzar el vals, se quedó estático en medio de la pista, no podía mover los pies, solo contemplaba la hermosura de esa mujer, la manera en como sonreía, la manera en como movía las pestañas y como bailaba con tanta delicadeza, era como la hoja de un árbol que se dejaba llevar por el viento.

Tuvo que hacer un esfuerzo para retirarse de la pista, un mesero pasó con una bandeja llena de copas de coñac y tomó una, y al instante se la bebió toda de un solo trago, no dejaba de verla ¿Y quién no lo haría?, esas cuervas y esos pechos estaban hechos para que unas manos expertas y llenas de pasión los acariciara.

Si, acariciar cada rincón de ese cuerpo que estaba convirtiéndose en un potente tormento, ella era mucho más hermosa que Ayame, mucho más hermosa que cualquier mujer hubiese estado en su cama.

—Veo que Naraku se llevó a tu pareja – comentó Bankotsu con una pequeña risa

—Solo por este vals – dijo él sin dejar de ver a la dama en cuestión – Terminando esa piza, le pediré que su carnet

— ¿Y crees que lo acepte? – Preguntó divertido – Amigo, esa clase de mujeres son muy peligrosas, es una alegría que nuestro joven amigo Derek no la haya visto, sino estoy seguro que también hubiese caído rendido ante ella.

—Si – asintió Inuyasha – Pero él ya tiene una amante

— En efecto – asintió Bankotsu – Pero, nada más mira esos ojos chocolate, tentadores…. – de pronto la miró más detalladamente y le recordó a alguien del pasado –…Me atrevo decir que tiene un gran parecido con tu esposa – comentó

Inuyasha al escuchar eso, miró de golpe a Safira, y si, tenían gran parecido, solo había una pequeña diferencia entre las dos, ella era pelirroja y Kagome tenía el cabello color azabache, el pelo más sedoso, que pudo haber sentido en toda su vida.

Y luego cayó en la cuenta, iba a buscarla con la intención de verla y disculparse por su actitud, cuando esa exuberante dama había hecho su aparición o más bien se cruzó en su camino, haciendo que se olvidara por completo de ella.

Bueno que más daba un año más de espera, después de todo llevaba mucho tiempo alejado de ella, una amante más a su lista no iba a ocasionar problemas, cuando se aburriera de Safira iría en su búsqueda, mientras tanto, dedicaría por completo conseguir a esa mujer solo para él.

—No – negó con la cabeza – No tienen nada de parecido. Kagome es una mujer común, seguramente en estos momentos está lamentándose haberse casado conmigo

— ¿Lamentándose? –Bankotsu arqueó una ceja — ¿Quieres que te recuerde el motivo por el ella se casó contigo?

Inuyasha se puso rígido ante el último comentario de su amigo, dejó de mirar a Safira solo para verlo, sus ojos eran sombríos.

—Creo que este no es el momento para hablar de ese tema – comentó, con cierta furia

—Ah ya veo – él asintió – Sólo te digo, que Kagome, la condesa Taisho, fue una víctima más del Lord Inalcanzable

— ¿Ha que viene esto, perdón? – preguntó, arqueando una ceja

Bankotsu negó con la cabeza – Nada, solo te diré que si yo me hubiera casado con Kagome Higurashi, habría sido el hombre más feliz por tener a una mujer bella – volteó a ver a Safira y con aire de frialdad dijo – En lugar de tener una mujer fría en mi cama, habría tenido el calor y el amor que una esposa solo puede dar.

Y ante esas palabras, giró sobre sus talones y dejó solo a su amigo.

Esas palabras habían sido motivo para retarlo a duelo, ya que estaba hablando de su esposa.

Suspiró.

Volvió a suspirar.

Aunque no quisiera admitirlo él también tenía algo de culpa, se había dejado llevar por el deseo y se alejó de ahí con Ayame y después de un apasionado encuentro ella lo descubrió vistiéndose y de repente ambos fueron descubiertos por la duquesa Mason.

Pero por otro lado, no podía dejar de pensar que tal vez pudo haber sido una trampa, las madres casamenteras suelen colocarle a sus hijas en bandeja de plata a un caballero y comprometer el honor de éste para así conseguir su objetivo… que se casara con sus hijas.

No tenía ni la menor duda que tal vez ese encuentro había sido provocado por la señora Higurashi o por cualquier otra persona.

Pero en sus ojos se reflejaba inocencia, como si no entendiera nada de lo que estaba pasando y después accedió él a reparar los daños y casarse, solo para salvar la reputación de ella y su propio honor.

La noche que había pasado a su lado había sido….había sido…

—Inolvidable…. — concluyó él en voz baja para sí mismo

La música terminó interrumpiendo sus pensamientos, pero ya no estaba muy animado, gracias a su amigo, se había esfumado su deseo de bailar otra pieza con Lady Safira, así que se iría a casa sin despedirse de ella, mañana le diría que tuvo un asunto familiar el cual debía ser atendido.

Un lacayo de dio su abrigo y su sombrero, pero cuando estuvo a punto de salir, una voz suave y sensual lo hizo detenerse.

— ¿Se va tan pronto milord?

Giró sobre sus talones y se encontró con esos ojos color chocolate que la miraban con intensidad.

—Lady Safira – el esbozó una sonrisa e hizo una reverencia —Surgieron problemas que debo atender – mintió con tal de salir de ese lugar

Ella se acercó a él y le acarició sutilmente el brazo izquierdo.

—Quédese – sugirió ella – Estoy segura que mi compañía le vendrá bien

Él esbozó una sonrisa, lo cierto era sí, que probablemente ella sería la compañía que necesitaba, pero en tan solo unos minutos su humor se había apagado al recordarse que era un desgraciado sin sentido, un maldito que se aprovechó de una inocente joven.

—Lo siento miladi – él negó – Pero son asuntos muy importantes

—Ya veo – ella asintió

—Pero, le prometo que mañana vendré a visitarla

Safira esbozó una amplia sonrisa.

— ¿Lo promete?

Él le tomó una mano y la besó – Se lo prometo

Acto seguido lo vio alejarse de ella, subir a su carruaje y marcharse de ahí.

— ¿Por qué tienes que ser tan condenadamente encantador, Inuyasha? ¿Por qué?

A la mañana siguiente…

El baile había sido un excito, no solo consiguió llamar la atención de Inuyasha y de Naraku, sino de unos cuanto lores más, lores con título.

Esa noche ella había decidido quedarse en casa de Kagura, no tenía intención de irse a la casa de Koga había conseguido para ella, no quería dormir en una cosa sola y vacía, así que Kagura estuvo feliz en recibirla.

Bajó las escaleras como la persona quien realmente era, Kagome Taisho, pero antes de pisar el primer escalón se llevó una sorpresa, la casa estaba repleta de arreglos florares, y la puerta no paraba de sonar, mientras un lacayo abría otro acomodaba los arreglos.

Kikyo y Kagura supervisaban en que los acomodaran a la perfección.

Se apresuró en bajar las escaleras y fue hasta el vestíbulo, donde había un arreglo de orquídeas blancas justo en la mesa de la entrada.

— ¿Qué es esto? – preguntó mientras tomaba la nota que sobresalía de ese arreglo

Las orquídeas eran sus flores favoritas y a pesar de que el caballero no la conocía, sabía sus gustos.

—Es el impacto que dejó Safira anoche – comentó Kagura con una amplia sonrisa, miró a un lacayo – Ese ponlo aquí

La puerta volvió a sonar, el mismo lacayo la abrió se encontró con una mujer que llevaba una pequeña caja en color azul marino.

—Para la señorita Safira – dijo la joven entregándole la caja al lacayo

Este asintió y cerró la puerta, se acercó a las tres mujeres y se la entregó a Kagura.

—Gracias – ella asintió – Puedes retirarte

El hombre asintió y las dejó solas a las tres.

Kagura esbozó una sonrisa.

—Este es de Naraku – dijo ella emocionada – Y aquí está su nota

Kagura le entregó la caja junto con la nota, abrió primero la caja y cuando lo hizo las tres mujeres abrieron los ojos como platos.

—Es hermoso – comentó Kikyo – Debió costarle una fortuna

—Es precioso – a Kagura se le iluminaron los ojos

—Es ostentoso – Kagome hizo una mueca de desagrado – No me pondré algo tan llamativo

—Kagome ¡Son Zafiros Azules! – Exclamó ella – ¡Son demasiado caros!

—Si – ella asintió — En ese caso son tuyos, porque a mí no me interesan

—Lee la nota – dijo Kikyo

Kagome asintió dejando la pequeña caja en la misma mesa donde estaba ese hermoso arreglo de orquídeas.

Abrió la nota y comenzó a leer en voz queda solo para que sus amigas y ella la escucharan.

—"Para que convine con su belleza, usted es la mujer más apasionada que he visto en toda mi vida" – hizo una pequeña pausa –Que tipo tan desagradable – dejó la nota arriba de la caja y le prestó más atención a las orquídeas, acarició una y después preguntó — ¿Quién envió este arreglo?

—No sé – Kagura negó con la cabeza – Aun no hemos leído la nota

Kagome tomó la nota entre sus manos y comenzó a leerla igual que la primera.

—Tendría que cerrar los ojos, tendría que quedarme ciego y no recordar más que la imagen de tu ternura, debería guardar toda tu belleza en un pensamiento y no volver a ver más que tu luz. Atte.: Inuyasha Taisho…PD: Perdón por lo de anoche, prometo que lo compensaré"

—Veo que los has cautivado a los dos – comentó Kagura – La pregunta es ¿A quién eliges?

La puerta sonó y un lacayo fue abrirla.

—Seguramente es otro regalo de otro admirador– comentó Kikyo divertida

—Señora – interrumpió el lacayo

— ¿Qué? – preguntó Kagura sin prestar atención

—Afuera está el Lord Taisho junto con el Lord Marshall. Solicitan ver a la señorita Safira

Las tres se quedaron viendo una a la otra, pero Kikyo y Kagura miraban más a Kagome, no podían dejar que la vieran así, ya que si lo hacían todo este juego se vendría abajo.