Capítulo 13
Ambos hombres se encontraron justo en la entrada de la casa de la cortesana Kagura, sus miradas parecían lanzar dardos venenosos a su oponente.
— ¿Qué haces aquí? – preguntó Naraku
—Vengo a ver a Lady Safira – respondió con naturalidad — ¿Y tú?
—Qué casualidad. También vengo a verla
— ¿Para qué?
—No te puedo decirlo, eso es algo que le concierne a ella y a mí – le guiño un ojo y comenzó a subir los peldaños que lo conducían a la puerta principal
Inuyasha lo siguió y lo agarró del antebrazo.
— ¿Vas a proponerle que sea tu amante? – preguntó con irá
—Ya te dije…—apartó la mano de Inuyasha y se sacudió el brazo como si hubiera dejado una estela de polvo – Que eso solo le concierne a ella. No a ti. Aparte, si le propongo que sea mi amante ¿A ti qué demonios te importa? Digo, tú ya tienes una amante fogosa en la cama, déjanos aunque sea a Safira
—Estas muy equivocado si piensas que te va aceptar
— ¿Y a ti si?
— ¿Cuánto apuestas que es a mí a quien va a elegir?
Los ojos de Naraku se agrandaron de diversión y esbozó una media sonrisa.
—Interesante. Solo pon el precio
— ¿Dos mil libras? – dijo sin pensarlo dos veces
Y si sus ojos se agrandaron, al escuchar la cifra se le agrandaron mucho más.
—Me parece justo – se llevó la mano al mentón analizando la oferta de Inuyasha – Ya me imagino, Safira y yo en la cama disfrutando de tus dos mil libras
Inuyasha curvó sus labios en una media sonrisa.
—No estés tan seguro, ella aun no elige.
Ambos terminaron de subir los peldaños y tocaron a la puerta al unisonó, un lacayo les abrió y preguntaron por Safira, pero lo que no les gustó fue que los hubiera dejado afuera en lugar de dejarlos pasar.
— ¿Cómo se atreve a tratarnos así? – Dijo furioso Naraku – A nosotros, que somos caballeros
Inuyasha roló los ojos y no quiso discutir ese punto con Naraku, de hecho, llegaba a pensar que ese hombre fingía ser lo que no era, pero eso no se lo iba a discutir, en sus ojos se reflejaba lo peligroso que podría llegar a ser.
Kagura miró al lacayo y después a Kikyo y a Kagome.
—Kikyo, llévate arriba a Kagome y ayúdala a vestirse – dijo, después regresó la vista a su lacayo – Hazlos pasar y condúcelos a la sala de estar
Kikyo y Kagome subieron las escaleras y se fueron directo a su habitación para ayudarle.
Kagura aprovechó para irse a la sala de estar y esperar a los dos hombres, tomó asiento en uno de los sofás a esperar a los dos caballeros.
En cuanto entraron le hicieron una pequeña reverencia a la dama y ella se levantó de su sofá e hizo lo mismo.
—Que gusto volver a verlo lord Taisho – sus palabras fueron suaves y delicadas – lord Naraku – y este nombre fue pronunciado como si para ella era una escoria…de hecho, lo era
—Señorita Kagura – Inuyasha la saludó amablemente — ¿Se encuentra su prima, Lady Safira?
—Si claro – ella asintió – Esta arriba, aún no termina de vestirse
—Veo que alguien más está interesado en ella – comentó Naraku al ver los arreglos florares — ¿Recibió mi presente?
—Por supuesto a ella…
—Me fascino…
Kagura había sido interrumpida por la voz dulce de Safira, los dos hombres giraron sobre sus talones y se encontraron con la causa de que ellos estuvieran ahí a primera hora del día.
Tanto Inuyasha como a Naraku se les cortó la respiración al verla con ese vestido color melón, su piel se veía cremosa con ese color y aun en plena luz del día era mucho más hermosa de lo que era.
—Bueno – interrumpió Kagura – Yo los dejo
Y se alejó de ahí dejándola sola, con esos dos hombres.
Su respiración era agitada, estaba nerviosa, era la primera vez que la dejaban sola con dos hombres, uno que era su esposo y el otro, un completo desconocido.
Pero ya no tenía por qué tener miedo, había superado esa faceta gracias a su papel de Derek Claymore, aunque en este caso estaba como una dama, no como un caballero.
Naraku se acercó a ella y la tomó de la mano para besarla, pero Inuyasha lo hizo al mismo tiempo, que solo hizo hacerla sentir más nerviosa, sus manos estaban suspendidas en el aire, siendo detenidas por dos manos, unas suaves como el terciopelo, que eran las de Inuyasha, y otras ásperas.
—Debo decir que es mucho más hermosa a la luz del día señorita – comentó Naraku
—Gracias – ella fingió estar alagada — ¿Pero debo saber cuál es el motivo de su visita, caballeros?
Tanto Naraku como Inuyasha no le soltaron la mano, estaban atentos del movimiento que hacia el otro.
—Voy a ir directo al grano lady Safira – habló Naraku – Desde la primera vez que la vi, me gustó y quiero que sea mi amante
Kagome quiso darle una bofetada ante la declaración poco caballerosa de ese hombre, su sola mirada la hacían querer vomitar.
Vaya, sí que había sido muy directo.
— ¿Y bien? – preguntó al ver que ella no respondía
—Yo…— Kagome vaciló un poco
—Acépteme a mí – ahora le tocaba el turno de Inuyasha – Le prometo que mientras dure nuestra relación nada le faltara, seré cuidadoso con usted y digno de ser su amante.
—Yo la cubriré de los mejores vestidos y joyas que nunca en su vida le han regalado sus antiguos amantes – contraatacó Naraku
—Pídame lo que quiera y será suyo – dijo Inuyasha – Conmigo no le faltara nada, quedará completamente satisfecha dentro y fuera de la cama
Kagome estaba perpleja, ambos hombres se le estaban declarando al mismo tiempo, pidiéndole que se convierta en su amante, sentía ese impulso de recuperar sus manos y darles un par de cachetadas a cada uno.
Kagura estaba escuchando desde un rincón junto con Kikyo.
—Debes intervenir – susurró Kikyo – Ella no sabe que responder
—Cállate – dijo Kagura – Te van a oír
—Pues hazlo ya – dijo aún más frustrada su amiga – Recuerda que ella no es cortesana, es una dama
—Bien – Kagura asintió – Lo haré
Kikyo asintió y entró a la sala, los hombres al verla la soltaron al mismo tiempo y Kagome suspiró aliviada, miró a su amiga con la esperanza de que le ayudara, y supo que así sería cuando ella esbozó una sonrisa.
—Pasaba por aquí y no pude resistir el impulso de escuchar – dijo divertida
—Tanto lord Taisho como lord Naraku quieren que sea su amante
Kagura se llevó una mano al mentón.
—Que interesante – comentó ella — ¿Y tú a quien elegirías?
Kagome miró a los dos hombres que se habían parado justo en frente de ella.
—Ya se lo he dicho, conmigo nada le faltara – Inuyasha lanzó su ultimo dardo
—Solo la hará sufrir, algo que conmigo no será así – finalizó Naraku
Kagura alzó las manos para que los dos hombres le prestaran atención, era evidente que si nadie ponía orden a este asunto nadie más lo haría, solo una cortesana con experiencia era capaz de arreglar este pequeño enredo.
Y ella tenía mucha experiencia en eso, pues en una ocasión se le habían juntado dos propuestas al mismo tiempo.
—Muy bien caballeros, si siguen así es probable que no la convenzan – dijo Kagura—Mejor dejémoslo a la suerte
— ¿Ah, sí? ¿Cómo? – Naraku se cursó de brazos esperando que Kagura dijera algo
—Me encantaría escuchar su solución – comentó Inuyasha
—Bueno – Kagura hizo una pausa – Ambos quieren que Safira sea su amante – dijo y los dos asintieron – Pero ella no sabe a quién elegir ¿Cierto? – Volteó a ver a su amiga y Kagome asintió – No me queda más remedio que sugerir una cosa. Que uno salga con ella durante una semana y vaya acumulando puntos, y después el otro la siguiente semana, es como si fuera un cortejo, pero, a la tercera semana se sumaran los puntos que ambos acumularon en su semana y el que haya tenido más, ese será el ganador y por consiguiente su premio será Safira.
Inuyasha y Naraku se miraron al mismo tiempo y asintieron.
—Justo – Inuyasha asintió
—De acuerdo – lo acompañó Naraku — ¿Quién inicia la primera semana?
— ¿Alguien tiene una moneda? – preguntó Kagura
Inuyasha se llevó la mano al bolsillo y sacó una moneda entregándosela a Kagura.
—Muy bien – la joven asintió — ¿Qué elige señor Taisho?
— ¿Por qué el primero? – se quejó Naraku
— ¿Tienes miedo que te gane la partida? – preguntó divertido Inuyasha
—No – respondió tajante – Pero eso te da la posibilidad de ganar
—Señor Marshall le recuerdo que los dos tienen las mismas posibilidades
Kagome solo contemplaba ese vil acto, ¿Cómo era posible que se juren la decisión de una mujer de esa manera? Simplemente esto le daba razones para odiar más a Inuyasha y así querer vengarse de él.
— ¿Qué eliges Taisho? – le preguntó Naraku cediendo el lugar que según él también se lo merecía
—Cara
— ¿Y usted señor Marshall? – preguntó mirando al otro hombre
—Cruz
—Perfecto – Kagura asintió – Una de una, la moneda elegirá al ganador y él será el primero en comenzar el "cortejo"
Kagura hizo girar la moneda por el aire, los cuatro no la perdieron de vista hasta que cayó en la mano de la cortesana y la cubrió con su otra mano para que nadie más la viera.
Ella fue la primera en verlo, y al ver el resultado esbozó una amplia sonrisa.
Miró al ganador.
—Felicidades, comienza usted inicia con el cortejo, Lord Inuyasha
Inuyasha esbozó una sonrisa de triunfo, Kagome un suspiro de alivio ya que no le hubiese gustado que Naraku fuera el ganador, algo había en ese hombre que le provocaba escalofrió, y el perdedor, en este caso Naraku simplemente hizo una mueca de disgusto.
—Muy bien, reconozco mi derrota –dijo Naraku mirando a Inuyasha – Pero recuerda Taisho, los últimos siempre seremos los mejores – después observó a Safira, tomó su mano y la besó – Esperaré con ardor la próxima semana
Hizo una pequeña reverencia y se retiró de allí, Kagura lo iba acompañar a la puerta pero él había dicho que no era necesario.
— ¿Puedo reclamar mi premio? – preguntó, esbozando una media sonrisa de satisfacción al sentirse el vencedor
En ese momento sólo pensaba en una cosa, besar esos labios que se habían convertido en su pequeño tormento.
—No tan rápido milord – dijo Kagome – Aun no ha ganado la partida
—Pero estoy seguro que voy a ganar— respondió Inuyasha, muy seguro de sí mismo
—No obstante – intervino Kagura –Mañana inicia su cortejo, así que le aconsejo que no gaste todas sus habilidades
Inuyasha suspiró y sólo tuvo que conformarse con darle un beso en la mejilla.
—Mañana pasaré temprano por usted – dijo
— ¿A dónde planea llevarme? – preguntó una Kagome muy curiosa
—Sorpresa cariño – le volvió a dar un beso en la mejilla y se marchó seguido por Kagura
Una vez estando allí sola, se llevó la mano a la mejilla, aun sentía su tibio contacto, esas palabras tan suaves y seductoras.
Aturdida, tomó asiento en un sofá y su mente estaba en otro lugar que no fuera ese.
— ¿En qué piensas?
Alzó la vista y se encontró con su amiga Kikyo y poco después se les unió Kagura.
—En que no sé si pueda resistirme a él durante esta semana. Tengo miedo a que…
Se interrumpió ella misma.
—A que te seduzca, te lleve a su cama para que luego descubra que Safira no es Safira, si no su esposa— finalizó Kikyo por ella y Kagome asintió – Sólo resiste Kagome, eres más fuerte que él.
Si, era fuerte, pero Inuyasha era un hombre muy experimentado, que sin seducirla, con la simple mirada hacia que le fallaran las rodillas.
Más tarde, Inuyasha, Bankotsu y Naraku se encontraban en su club de apuestas, jugando a las cartas, la pura expresión de Naraku decía todo….enojado y furioso.
— ¿Sigues molesto porque te gané la partida? – preguntó divertido Inuyasha
—Desde luego que no – negó, pero por dentro él sabía que era todo lo contrario, pero ante él y nadie lo iba admitir – Como te dije en la mañana, los últimos seremos siempre los mejores— acto seguido le guiñó un ojo – No te olvides de nuestra apuesta, en que obtenga más puntos se lleva las dos mil libras
—Si lo deseas puedes darme un anticipo – y estalló en una risa
—Idiota – dijo Naraku más frustrado de lo que ya estaba
Bankotsu no quiso intervenir, nunca había visto a Inuyasha tan entusiasmado con una mujer, pero él y Naraku eran como dos niños peleando por alguna tontería.
Kagome iba caminando por las calles de Londres en su papel de Derek Claymore y al menos en ese papel no tenía que soportar las miradas lascivas de los hombres y mucho menos se iba a sentir perseguida por uno de ellos, excepto por las madres casaderas claro estaba.
Pero estaba equivocada, ya que había sentido unos pasos de tras de ella, volteó pero sólo se encontró con un hombre alto, que al verla fingió mirar el atardecer.
Frunció el cejo, pero siguió su camino, pero aceleró el ritmo de sus pasos, miró de reojo y volvió a ver al mismo hombre, sólo que en esta ocasión contemplaba la hora.
Avanzó aún más rápido y él la siguió, pasó por un callejón y se metió sin pensarlo, pero se detuvo al ver que era un callejón sin salida, así que se ocultó entre las sombras y lo vio pasar delante de ella.
Él se detuvo y Kagome salió de las sombras deteniéndose justo detrás de él, tuvo mejor perspectiva ya que el hombre era alto y de hombros anchos.
— ¿Le puedo preguntar por qué me seguía, caballero? – preguntó en su tono varonil
Lo vio agachar la cabeza, después suspiró y giró sobre sus talones lentamente.
El corazón de Kagome se detuvo, el tiempo dejó de avanzar en ese momento y ella se perdió en esos color avellana, era él, lo sabía, algo en su interior le decía quién era.
—"Es él" – se dijo así misma
