Capítulo 14

Sesshomaru volvió a suspirar para sí mismo, había querido ser discreto vigilando a esa mujer, pero según parecía era muy lista, se dejó descubrir de una manera tan fácil que quedó en evidencia.

Lo único que le quedaba era negarlo todo.

—No sé a qué se refiere, caballero – encogió los hombros y negó con la cabeza de una manera natural

¡Santo Dios! Esa era la voz, tan inconfundible y con cierto destellos de arrogancia en ella, que solo lograban hacerlo más atractivo ante sus ojos.

— ¿Me va a negar que estaba siguiéndome? – preguntó nerviosa ante ese monumento de hombre

El curvó sus labios en una media sonrisa, se llevó las manos a los bolsillos de su pantalón y ahí las dejó.

—No tengo que afirmar y negar nada – otro dardo de arrogancia –Ya le he dicho, no sé a qué se refiere

Kagome arqueó una ceja y como si sus piernas tomaran vida propia, avanzó hacia él, como si algo la atrajera a él.

—Vamos si sabe – lo alentó ella – Lo he visto seguirme desde hyde park y ahora aquí – hizo una pausa — ¿Qué es lo que desea?

Y Sesshomaru se rindió, esa mujer era muy persistente y si no admitía su derrota ante ella probablemente esa pequeña discusión duraría un poco más de tiempo.

Pero antes, lo intentaría de nuevo.

—Las calles son libres, uno puede andar donde sea – comentó, pero ahora con cierto tono de diversión

—Pero no por el mismo camino que otros, sin pisarle los talones a nadie.

Él estalló en una profunda risa, logrando que Kagome se confundiera un poco más.

— ¿He dicho alguna broma? – preguntó furiosa ante la reacción de él, solo quería una respuesta clara, no mitades

Sesshomaru guardó la compostura.

—Para fingir ser lo que no es, lo hace muy bien

Kagome abrió los ojos como platos ante su comentario. ¿Acaso ese hombre sabía algo que ella no? Esas palabras la habían desconcertado…"fingir ser lo que no es". Realmente ya se estaba cansando de ser tres papeles a la vez, no sabía quién era realmente, un día era una cortesana, otro, un hombre, y llegó a la cuenta de que en el transcurso de ese pequeño tiempo no había sido ella misma.

Pero las cosas eran muy distintas, no podía salir como Lady Taisho, porque rápido se correría el rumor de que la esposa abandonada del Lord Inalcanzable estaba de regreso en Londres, aunque le hubiera gustado eso, así le diría un par de verdades a su vanidoso esposo, que dejaba el futuro de una mujer en manos de una simple moneda.

No le extrañaba que hasta quizás hubiera apostado por Lady Safira.

¿Y si lo hizo? ¿Sería capaz?

—"De él puedo esperar todo" – se dijo así misma

Pero el punto no era su esposo, si no el hombre que tenía en frente de ella, tenía parecido con Inuyasha, pero el desconocido era mucho más atractivo, aun podía ver la tristeza reflejada en sus ojos dorados, eras cejas que se arqueaban ante ella como si estuviera esperando una respuesta.

— ¿Fingir ser lo que no soy? – Kagome repitió las palabras de ese hombre en una pregunta, ante un desconocido no iba admitir quien era realmente.

Entonces, él hizo una reverencia.

—Veo que ha logrado conseguir su objetivo – comentó— Dígame ¿Lady Safira ya tiene rendidos a sus pies a Taisho y a Marshall?

—No sé a qué se refiere – Kagome utilizó el mismo tono de evasión que él había usado

Sesshomaru esbozó una media sonrisa al escuchar sus mismas palabras en los labios de esa dama, volvió hacer una reverencia.

—Sesshomaru Gray – se presentó con elegancia – Amigo de Koga, tal vez no se acuerde de mí, pero fingí ser su agresor el día que en Safira conoció al Lord Inalcanzable

—Lady Kagome Taisho – le hizo una pequeña reverencia –Ahora que terminamos con las presentaciones ¿Me dirá el motivo por el cual me seguía?

Ambos salieron del callejón y comenzaron a caminar por las calles, mientras él le explicaba sus motivos, que Koga le había pedido que la vigilara de cerca por si llegara a necesitar ayuda.

Así que se detuvo y lo miró.

—Gracias – asintió – Pero no necesito la ayuda de nadie

—A mí me lo parece

—Escuche bien señor Gray – ella se puso delante de él – Se lo agradezco, pero le aseguro que no la necesito. Yo sola puedo controlar al mujeriego de mi marido y soportar las miradas depravadas del lord Marshall

Sesshomaru se llevó una mano al pelo, lleno de frustración, ella era más desesperante que cualquier mujer que haya conocido.

—"¿Cuántas has conocido?" – su mente jugó con él.

Era verdad, no conocía a ninguna otra, solo una que había jugado con sus sentimientos, le entregó su corazón y ella simplemente lo pisoteó, dejándolo abandonado.

—No me lo haga complicado señora – comentó él

—Pues escuche bien. Se lo haré mucho más complicado si así lo deseo – lo miró, con el cejo fruncido – Así que gire sobre sus talones y vaya en busca de Koga y exprésele mis deseos

—Pero…

—Nada – lo interrumpió – No soy tan débil como creen que soy

Dicho esto, lo dejó en medio de la calle y comenzó su camino hacia el club de apuestas de Naraku, mañana le diría un par de cosas a su amigo.

—"Imbécil, ¿Quién se cree? Yo no necesito a nadie que me proteja"

Pero estaba equivocada, si necesitaba a alguien que la protegiera de las miradas sensuales de su esposo.

Kagome, o más bien Derek, llegó al club de apuestas de Naraku, no tenía humor como para soportar las estúpidas conversaciones sin sentido de esos hombres que jugaban a ser caballeros.

¿Acaso siempre hacían lo mismo? Apostar, beber, hablar de sus amantes y fumar, si así era la rutina de todos los días, que bueno era haber nacido siendo mujer, por lo menos no tendría que hacer lo mismo cada día.

—Hoy no lo encuentro de humor Claymore – preguntó Naraku, sacándolo de sus pensamientos

Ella simplemente negó con la cabeza y siguió contemplando sus cartas.

—No es nada – respondió en un suspiro

— ¿No será que su amante lo dejó? – preguntó divertido Inuyasha al mismo tiempo que soltaba una risa

Y esa fue la chispa que hizo arder su fuego interno y decidió pegarle en lo más bajo… en su ego.

—Mejor no diga nada, usted podría estar en las mismas condiciones

— ¿A qué se refiere? – toda la diversión desapareció de su rostro y clavó sus ojos en los de ese joven

—Tengo entendido que usted es casado y que dejó a su esposa a la suerte – ella roló los ojos buscando las palabras adecuadas –Mientras usted se da la vida de lujos, puede tener todas las amantes que deseé, pero se ha puesto a pensar, que, ¿Tal vez su esposa se consiguió un amante? ¿Qué se consiguió alguien mejor que usted, incluso, mucho mejor en la cama?

Y ganó, porque vio su irá reflejada en sus ojos dorados.

Inuyasha golpeó la mesa haciendo que ella se sobresaltara, se levantó y por consiguiente la tomó del cuello de su camisa, levantándola de una manera tan fácil, la acercó a pocos centímetros de su rostro.

Ella al verlo tragó saliva, en ese momento juraría que le iba a golpear y en ese momento se arrepintió de haber rechazado la ayuda de aquel hombre de ojos bellos.

—Ten cuidado niño, si no quieres dar veinte pasos al amanecer

—Lo…lo siento – se disculpó

—Disculpa aceptada – Inuyasha asintió – Pero te voy a dar un consejo. Eres joven y debes medir tus palabras, porque otro en mi lugar te habría retado a duelo solo por el simple hecho de hablar mal de su esposa

Naraku y Bankotsu se levantaron y apartaron a Inuyasha del niño.

—Tranquilo Inuyasha – dijo Bankotsu tomando las manos de su amigo y apartándolo del joven – Todos hemos tenido un mal día.

Inuyasha asintió y volvió a tomar asiento, y en pocos minutos el ambiente había cambiado, era como si ella no hubiera dicho nada.

Una dama se acercó a la mesa, llevaba un vestido muy ligero y escotado que dejaba a relucir sus encantos, cuando se acercó a Inuyasha para ofrecerle algo de tomar e incluso insinuarle algo más, una profunda irá se apoderó de ella.

— ¿Seguro que solo quiere coñac, milord? – ella preguntó anhelante, esperando un no, por parte de Inuyasha

Inuyasha esbozó una media sonrisa.

— ¿Qué me puedes ofrecer? – preguntó seductoramente

Kagome frunció el cejo, si él aceptaba algo más que coñac, se encargaría de que Safira no le diera ningún punto.

—Lo que usted deseé— ella pestañó los ojos – Sus amigos incluso se nos podrían unir

Ella se levantó de la mesa, no quería oír más, estaba decidida a irse a casa, vigilar a Naraku en su faceta de hombre era mucho más complicado de lo que pensaba, tener que soportar esa clase de perversiones.

¿Con que tipo de hombre se había casado?

"Te casaste con un desgraciado, mujeriego, vanidoso, infeliz, estúpido….

—Imbécil

Todos los pares de ojos voltearon a verla y ella se mordió el labio inferior. Siempre le solía pasar, pensaba una cosa y en ocasiones las decía.

— ¿Perdón? – Inuyasha arqueó una ceja confundido

—Que soy un imbécil – repuso ella de inmediato – Tenía que ver a alguien – inclinó la cabeza – Buenas noches caballeros

Salió de ahí lo más rápido que pudo, lo más rápido que le daban sus pies, casi tropezaba y caía al suelo, pero unos fuertes brazos la rodearon por la cintura, llevándola hacia un pecho ancho y duro.

—Tenga cuidado

Cerró los ojos al escucharlo.

"Otra vez él"

—Porque la próxima tal vez no esté para ayudarle

Ella se apartó de él, no era correcto que los vieran juntos, así, de una manera muy comprometedora, eso sin duda mancharía la reputación de Derek Claymore.

—Otra vez usted – dijo ella al verlo a los ojos — ¿No le quedó claro lo que le dije? ¿Qué no necesito de nadie?

—Quedó claro, pero no le entendí – bromeó Sesshomaru, esbozando una sonrisa y mostrando sus dientes blancos y perfectos

—Escuche, no estoy de humor para soportar otro comentario estúpido – comentó ella – Ya tengo mucho con….— se quedó callada al recordar a la dama que se le había insinuado a su marido

¿Estaría ella entre sus brazos? ¿Le estaría haciendo el amor? ¿Acaso Bankotsu y Naraku se les había unido?

—Le pido una disculpa – Sesshomaru interrumpió sus pensamientos

Él la había seguido después de su encuentro, le había prometido a Koga de cuidarla, por eso, cuando entró a ese club y tomó asiento en un lugar lejano, pero donde podría verla a la perfección, fue consciente de dos cosas, cuando su Inuyasha la alzó por el cuello y como esa mujer se le había insinuado.

— ¿Por qué? ¿Por qué me pide una disculpa? – preguntó ella confundida

—Por el mal momento que le hizo pasar su esposo – respondió él – Y por lo que está soportando con tal de atrapar a ese hombre

—Es parte de ayudar a Koga

Ambos comenzaron a caminar por las calles.

—No – él negó con la cabeza – Todo tiene su límite, aunque debo ser sincero, me hubiera gustado como "Derek Claymore" abofetea a su esposo y después arremete contra la mujer que lo seducía

Al escuchar ese comentario, Kagome soltó una risa, era la primera vez que no fingía hacerlo, había algo extraño en él, él la hacía sentir ella misma, que a pesar de no conocerlo podría confiar en él.

—Gracias – dijo después de un largo silencio – Es la primera vez que alguien me hace reír

Sesshomaru hizo una pequeña reverencia – Me alaga saber eso

—Pero eso no cambia mi opinión – dijo ella – No necesito de su protección

—Eso es lo que usted cree – él le guiño un ojo

La acompañó hasta la casa de Kagura, ya que al día siguiente Inuyasha pasaría por Lady Safira, pero no sin antes de cerciorarse que nadie los seguía.

Subieron los peldaños y se detuvieron en la entrada principal.

—Gracias – dijo una vez más – Por acompañarme

—Es parte de mi trabajo – él extendió una mano en señal de despedida, tomó la de Kagome y la besó – Nos vemos en otro momento Lord Claymore

Kagome esbozó una sonrisa al escucharlo.

—Lord Adams

Y así, lo vio girar sobre sus talones y marcharse con pasos elegantes.

Recargó la espalda en un muro de mármol, miró el cielo nocturno y suspiró, preguntándose hasta cuando iba a terminar todo esto, hasta cuando iba ser ella misma, extrañaba Hampshire, montar a caballo por las mañanas, pintar por las tardes y leer un libro por las noches.

Esos eran sus días ahí, alejado de todo esto, alejada de su esposo, aunque le costara admitir, le dolía su comportamiento, ella y él eran muy distintos en todos los sentidos, era evidente que solo representaba una carga para él.

Así que cuando todo esto pasara, ella no solo desaparecería de su vida, sino que nunca regresaría Hampshire, se irá lejos, total, él jamás la buscaría, solo era nada, a comparación de las mujeres bellas que tenía por amante.

Nunca notaría su presencia.

—Nunca la notaste y jamás lo harás…

Suspiró y entró a la casa.

Mañana sería un día complicado, soportar la primera semana que tenía Safira con su esposo, pero como dicen, la venganza era un plato que se come frio, y ella lo iba a gozar, por fin lo tendría en sus manos, por fin se podía vengar…