Capítulo 15

"Tal vez su esposa se consiguió un amante, incluso mucho mejor en la cama"

Esas palabras habían herido su ego, en ese momento no le importaba, pero ahora que estaba solo, en el medio de la cama se detuvo a pensar, incluso, había rechazado la oferta tentadora de aquella moza, pues las palabras aun fluían en su mente y no dejaba entrar otra cosa.

¿Y si Kagome lo engañaba con otro?

El solo hecho de imaginar que alguien más estuviera en esos momentos tocando ese cuerpo tan suave lo hacía arder rabia.

No, Kagome era una mujer muy sumisa, no era capaz de hacer nada por ella misma, si no fue capaz de defenderse cuando los vieron a ellos dos en una situación comprometedora, tal vez en estos momentos ella se esté lamentando haberse casado con él.

—No eres capaz de hacerlo

Su único pensamiento era como iba a conquistar a Safira, había pensado en un par de cosas, mañana por la mañana iniciaría su cortejo y utilizaría todo el poder de su seducción para cortejar aquella dama hasta lograr que ella se convirtiera en su amante, por ningún motivo le iba a dejar la partida libre a Naraku.

A la mañana siguiente…

Kagome estaba en un dilema, no sabía que vestido iba a usar en la primera cita que iba a tener Safira con Inuyasha. Kikyo le había mostrado varios atuendos pero ninguno la convencía.

Rojo, verde, rosa,…

—Siempre he creído que el rojo te favorece – comentó Kikyo

—Recuerda que usé uno el día del baile

—Bueno – su amiga roló los ojos y le dio uno turquesa – Éste se te vería bien

Kagome lo contempló y si, era perfecto, así que se pusieron manos a la obra y Kikyo comenzó a ayudarle.

—Hay algo que no te he dicho – dijo Kikyo mientras ataba los nudos del vestido

— ¿Qué es? – preguntó Kagome, haciéndose el cabello hacia atrás para que su amiga tuviera el camino libre

—Koga me besó – respondió sonrojada

Kagome abrió los ojos en par en par ante esa noticia, y esbozó una sonrisa, no sé esperaba eso, siempre se había mostrado reservado con Kikyo, pero si solo la quería como amante le diría un par de cosas.

Ya estaba harta de escuchar de las amantes de caballeros reconocidos, ella misma llevaba en sus hombros todo el peso de la reputación de su marido.

Ella giró sobre sus talones y miró a su amiga, la tomó de las manos y esbozó una sonrisa.

—Me alegra escuchar eso – comentó feliz – Koga es un buen hombre, en todo el tiempo que nos conocemos, no le he escuchado tener una amante. Si te besó es porque a lo mejor siente algo por ti

Kikyo esbozó una sonrisa, aunque ella misma pensaba que tal vez él buscaba una amante y que quizás quería proponerle que lo fuera, no tenía que dolerle, era una cortesana y a eso se dedicaba, a complacer a su protector, pero había algo en él que hacía que no lo viera como tal, sino como otra cosa, parte de ella.

—No sé – ella negó, encogiéndose de hombros mientras hacía girar a Kagome para continuar abrochando el vestido – Tal vez me quiera solo para ser su amante – comentó ella, triste

Kagome suspiró – Los hombres son un asco. ¿Por qué conseguirse una amante, si tienen a una esposa dispuesta a ofrecerles todo? Una esposa ofrece amor puro, incondicional, mientras que una amante solo está de vez en cuando y les absorbe dinero…

Ella se mordió el labio inferior ante su comentario, sin querer había herido a Kikyo.

—Kikyo, yo no…lo…

—No te preocupes Kagome – ella suspiró y sonrío de tras de la espalda de su amiga – Yo no elegí esta vida, pero si me hubieran dado la oportunidad de hacerlo, créeme que habría sido distinta a esta

Kagome volvió a girar sobre sus talones y la abrazó, y esbozó una sonrisa, prometiéndose que no solo se vengaría de su esposo, atraparía a Naraku, sino que también ayudaría a sus dos mejores amigos a unir sus vidas, después de eso podría irse a donde fuera, al fin de cuentas tenía algunos ahorros y bien podría vivir, o tal vez regresaría a casa de sus padres….No, no lo haría, era mejor hacer un viaje largo, quizás ir a Francia.

Alguien abrió la puerta y era Kagura.

—Acaba de llegar tu esposo – informó ella

Kagome asintió, Kikyo le puso la peluca y la acomodó bien para que ésta no se cayera.

—Ya estas lista–dijo esbozando una sonrisa – Lady Safira, es usted hermosa. Representa una competencia muy dura para nosotras…las verdaderas cortesanas – le guiñó un ojo y Kagome se echó a reír

—Entonces que escondan a sus amantes– Comentó divertida

Kagome bajó los escalones y fue esta la sala de estar, donde estaba su esposo, sentado en un sofá con elegancia mientras bebía café.

Al verla, él se levantó y le hizo una reverencia.

—Buenos días Lady Safira

—Milord – respondió haciendo lo mismo que él

Él se apresuró y cortó la distancia que había entre los dos, la tomó de una mano y la besó, dejándose llevar por el aroma que desprendía la joven.

—Mucho más hermosa que en días anteriores

—Siempre tan halagador, milord

—Inuyasha – repuso él –Me gustaría que me llamaras por mi nombre de pila, nada de milord

—De acuerdo – ella asintió – Inuyasha

Inuyasha le ofreció su brazo y ambos salieron de la casa, subieron a su carruaje y le indicó al cochero que se pusiera en movimiento.

— ¿Puedo preguntar a dónde vamos? – preguntó curiosa

—Sorpresa – él le guiñó un ojo

Kagome se sentía completamente nerviosa, lo tenía en frente de ella y era consciente de que la miraba, así que desvió su mirada hacía la ventanilla, pero no pudo evitar mirar el interior del carruaje, ese era el mismo que había utilizado para llevarla a Hampshire y al instante un sinfín de recuerdos vinieron a su mente.

Pero ¿Cuántas mujeres habían subido a ese mismo carruaje? ¿Habían hecho algo más que conversar? No quería ni saberlo ya que solo pensarlo le provocaba un dolor en el corazón.

— ¿En qué piensas?

Lo escuchó preguntar, vaya, había tomado una gran confianza entre ellos dos y ahora le hablaba de tú, ella aparó la mirada de la ventanilla y del carruaje y lo miró, regalándole una encantadora sonrisa.

—Simplemente pensaba ¿Cuál será nuestro destino?

Él esbozó una media sonrisa y se recargó en el respaldo del carruaje.

—Ya te dije que es una sorpresa

Kagome negó con la cabeza – No me gustan las sorpresas. Inuyasha, si quieres ganar puntos esa no es una buena forma de hacerlo

—Confío en que, después de este día, me lleve por lo menos diez puntos

—Yo que tú no estaría tan seguro

—De acuerdo – él asintió y Kagome pensó que le diría realmente a dónde irían – Me voy arriesgar y no te diré a donde vamos

Después de varios minutos, el cochero se detuvo e Inuyasha bajó del carruaje y la ayudó a bajar.

Kagome se detuvo a mirar el paisaje, no había nada, solo árboles y más árboles.

— ¿Lista? – preguntó él, ofreciendo su brazo para que la joven apoyara su mano y la condujera más adentro del bosque.

Y de pronto se detuvieron en un hermoso prado, un lago corría cerca de ahí, había flores de distintos colores y se podía escuchar el canto de los pajarillos, en centro había una manta blanca sobre el césped, con una canasta de comida, dos copas de vino tinto.

Kagome se maravilló al verlo, nunca se había puesto a pensar que su esposo hubiese planeado algo así, ella había tenido algo más en mente, como un paseo por el parque y comer algún helado o lo que sea.

— ¿Y bien? – preguntó esbozando una sonrisa

—Debo admitir que no esperaba esto del Lord Inalcanzable – admitió ella

Inuyasha la condujo hasta la manta, tomaron asiento y sirvió dos copas, una para ella y la otra para él.

Él no dejaba de verla, se veía hermosa con ese vestido color turquesa, su cabello rojizo brillaba con los pocos rayos del sol que se filtraban desde las ramas de los árboles.

—Sabes…— comentó él, haciendo girar la copa – Al verte con ese vestido turquesa, me recordase una leyenda que mi madre me contaba cuando era pequeño

— ¿Cuál leyenda? – preguntó interesa

— ¿Cómo se supone que comienza un relato? – preguntó más para sí mismo – Ah sí, había una vez, un libertino que se enamoró de una enmascarada en un baile, ella llevaba un vestido turquesa, intentó por todos los medios acercarse a ella, pero jamás tuvo oportunidad, hasta que en un momento, ella salió al jardín a tomar aire fresco, aprovechó la oportunidad y le robó un beso de sus labios…

Kagome escuchaba con atención la historia, pues ella también la conocía.

—Pero ella huyó – interrumpió ella – Dejando como recuerdo un medallón, él decidió que dedicaría su vida en buscarla, pero, su intento se vio frustrado al comprometerse con una dama y poco tiempo después descubrió que su esposa era la misma mujer que había estado buscando durante tanto tiempo

—Así es – él asintió – Y juró amarla por toda la eternidad

Ella agachó la cabeza, cada vez que escuchaba ese relato la hacía sentir triste, de pequeña siempre soñaba con el amor verdadero, a primera vista, no un matrimonio falso y sin amor.

—Tengo entendido que eres casado – comentó ella

Inuyasha agachó la cabeza, no quería hablar de su esposa, esa mujer que le había utilizado sus artimañas para mandarlo directo al altar.

—Ella no es importante en estos momentos

— ¿Por qué? – Preguntó curiosa — ¿Acaso es tan malo estar casado con ella?

—Solo si estás enamorado – respondió triste – Su traición es algo que nunca se lo voy a perdonar

— ¿Te engañó?

Él negó con la cabeza – No, pero por ella fue que terminé casado

Y sin saber por qué, ella soltó una risa.

—No es gracioso – dijo Inuyasha

—Lo siento – Kagome se llevó una mano al corazón – Pero te escuchaste como si hubiera sido el fin del mundo

—Para mí lo fue – de pronto él hizo la copa a un lado y se acercó a ella – Mejor hablemos de ti – le susurró sensualmente al oído

— ¿Q—qué quieres saber? – preguntó nerviosa mirando esos ojos dorados que se habían vuelto sedientos de deseo

— ¿Qué es lo que te gusta hacer? – Su aliento estaba muy cerca de su rostro, sus manos tocaban sus sonrojadas mejillas — ¿Qué hace una mujer tan bella, sola?

—Yo…

Cuando ella trato de apartarlo fue demasiado tarde, pues sus labios se habían fundido en sus labios, sentía como acariciaba con una mano su espalda hasta colocarla por debajo de la nunca, en ese momento fue descendiendo poco a poco hasta estar recostada en el césped, sintiendo todo el peso de su cuerpo.

Ella se había dejado llevar por el beso y pasó sus manos alrededor de su cuello, era como la primera vez que había estado entre sus brazos, había sentido el calor de su cuerpo una noche como para poder recordarlo toda su vida.

La seductora, había sido seducida por un canalla más experto que ella.

—Inuyasha…— protestó ella en un susurró

—Shh – él colocó un dedo en sus labios – Te mostraré el motivo por el que me debes elegir

Sus manos expertas comenzaron a desatar el vestido de la dama hasta descubrir sus hombros y por ultimo uno de sus pechos.

Inuyasha capturó uno con su boca y en ese momento Kagome despertó de sus ensoñaciones y lo empujo, alzándose el vestido.

—Lo siento…— dijo apenado

—No se preocupe, pero le advierto. Llevarme a la cama no será un motivo para que yo lo elija

Kagome le dio la espalda y comenzó abrocharse el vestido, pero unas manos cálidas sustituyeron las suyas.

—Déjame ayudarte

Ella no dijo nada y dejó que la ayudara, se hizo el cabello (o más bien, la peluca) y él al ver ese lunar abrió los ojos como platos.

En un principio creyó que había visto mal, pero cuando volvió abrirlos ese lunar en forma de corazón aún seguía ahí.

No quiso comentar nada, así que mejor prosiguió con terminar de atarle el vestido, ella giró sobre sus talones y se perdió en esos ojos color chocolate. Tres personas tenían el mismo lunar y el mismo color de ojos, Kagome, su esposa, Derek Claymore y Lady Safira. ¿Tenían algo en común ellos res?

Los reconoció, estando mucho más cerca, en la intimidad del bosque.

— ¿Pasa algo, Inuyasha?— preguntó Kagome

—No – él negó – No pasa nada

Pero, sea cual sea su juego, sin duda representaba una guerra, ella estaba jugando a ser una cortesana para seducirlo, bien, pues no se lo iba a dejar muy fácil, se encargaría de hacerle saber quién era en realidad Inuyasha Taisho.

"Vamos a ver quién gana"

Alguien llamó a la puerta y Kikyo al ver que no había nadie fue abrirla, llevándose una sorpresa al ver al visitante.

—Lord Wolfe – dijo nerviosa al verlo

—Buenas tardes, señorita Kikyo – hizo una pequeña reverencia.

Kikyo se hizo a un lado para cederle el paso y lo condujo hasta la sala de estar, donde le pidió a un mozo que les llevara té y galletas.

— ¿A qué se debe el motivo de su visita, milord?

Koga esbozó una media sonrisa.

—Por favor señorita Kikyo, me gustaría que me llamaras Koga – comentó él

Kikyo asintió — ¿A qué se debe u visita, Koga? – Corrigió su pregunta – Si vienes en busca de Kagome, ella no está. Lady Safira e Inuyasha tuvieron su primera cita

—No vine a verla a ella, sino a ti

Kagome abrió los ojos y su corazón latió con fuerza, pero eliminó esas sensaciones al recordar la conversación que había mantenido con Kagome, quizás sí, era verdad, él andaba en busca de una amante y ella estaba disponible, o tal vez vino a disculparse por lo del beso y esto le hizo sentir un vacío que nunca en su vida había sentido.

No quería que se disculpara.

—Si es por lo del beso – ella agachó la cabeza – No se preocupe

Koga abandonó el sofá donde estaba, solo para tomar asiento a lado de ella, tomó una de sus manos y la apoyó justo contra sus labios.

—No lo hare— confesó él, besando esa mano tan adorada – Porque para serte sincero, no estoy arrepentido

Se acercó un poco a ella para besarla.

—De hecho, en estos momentos deseo volver a besarla

—Milord…— Kikyo se había echó hacia atrás

—Koga…. — corrigió él

—Koga…

Pero antes de que sus labios se rozaran, escucharon como se azotaba la puerta de un solo golpe.

Ellos se apartaron y retomaron sus posiciones normales, y vieron a Kagome entrar a la sala.

— ¿Cómo te fue?— preguntó curiosa Kikyo

— ¿Se puede saber por qué estas de humor? – preguntó Koga al ver la cara de su amiga

—Cállate – respondió aún más furiosa – Te odio a ti y a toda tu raza

Dicho esto, giró sobre sus talones y subió las escaleras en dos en dos hasta llegar a su habitación.

—Algo le paso – dijo Koga, levantándose de su asiento

—Iré a ver que tiene

Pero antes de que ella se fuera, Koga la tomó de un brazo y la acercó hacia él.

—Tú y yo tenemos una conversación pendiente

Kagome había llegado a su habitación y cuando por fin estuvo sola se dejó caer en la cama, en esos momentos, en los que había estado entre sus brazos se había sentido débil, había pensado que seducirlo era lo más fácil, pero termino siendo seducida por su propio esposo y pero aún más, ese encuentro pudo haber acabado en otra cosa.

Pero es que, el haber estado así, una vez más entre sus brazos, la había hecho sentirse más viva que nunca.